Podcast Aviva Nuestros Corazones

El poder de Dios para matrimonios reales

Annamarie Sauter: ¿Eres impaciente al esperar un cambio en otra persona, cuando Dios ha obrado pacientemente contigo y en ti?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: La humildad nos dice que estemos dispuestas a dejar que Dios coloque el microscopio en nuestros propios corazones, y luego que amemos a los demás con el amor que da mucho espacio y tiempo para que Dios se mueva.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es Génesis capítulos 35-38.

Esta semana hemos estado escuchando la serie de enseñanzas de Nancy titulada, «Una visión bíblica de la feminidad». Ella nos ha hablado acerca de la libertad, el gozo y la paz que vienen de abrazar nuestro rol dado por Dios como mujeres. Hoy estarán con nosotras algunas amigas que han escuchado estas enseñanzas y que nos ayudarán a ver cómo lucen en la vida real en el hogar. Para iniciar, escuchemos de María Johnson.

María: Recientemente, Nancy leyó una cita de Peggy Noonan que afirma que ella era una mujer fuerte a principios de los años 70. Era feminista. Un hombre había intentado ayudarla y ella le hizo saber en términos claros que ella era capaz de hacerlo por ella misma. Yo he hecho eso.

Ahora, mi pobre esposo vivió con ese tipo de mujer hasta hace unos diez años, y estamos llegando a los 38 años de casados. La diferencia en nuestra relación y su respuesta desde los primeros 28 años hasta los últimos 10 años de matrimonio, ha sido sorprendente.

Veo en Génesis 2, donde Dios hizo al hombre primero y le dio esa instrucción de cuidar el jardín. Después, creó a la mujer y ella iba a ser una ayuda idónea, un complemento para él. Mi interpretación de esto es hacer de él (de mi esposo) lo mejor que pueda ser, ser la persona que lo anima y cree en él más de lo que cree él en sí mismo.

Una vez que el Señor comenzó a corregir mi forma de pensar, hace unos diez años, mi esposo comenzó a cambiar. Déjame darte un ejemplo; hace un par de semanas, hubo una cosa sencilla que hice en casa, en privado, eso lo hizo verse bien. Yo ni siquiera me di cuenta.

Regresó a casa del trabajo y me dijo: «Los muchachos en el trabajo (él es mecánico y trabaja junto a otros hombres) no podían creer que me traes café en la mañana». Dijo: «Les dije algo a los muchachos de cuando me trajiste mi café esta mañana y me dijeron: “¿Qué?” No podían creer que yo me tomara un café en la cama por la mañana».

Esto lo hizo ver como un rey ante esos hombres. Es una cosa simple, pequeña, diminuta que hice en privado en nuestra casa. No lo estaba haciendo con ninguna intención, solo quería ser amable con él, y él llegó a casa con una sonrisa de oreja a oreja.

También, otra forma en que mi esposo pasaba su tiempo libre era jugando golf. Él ama el golf. Es un buen golfista y es un gran ejercicio. Literalmente puede jugar golf desde el amanecer hasta el anochecer. Y el fin de semana pasado noté que no jugó golf ni un día. Pasó todo el día conmigo comprando, conduciendo, comiendo, y pasamos el día juntos. Eso fue muy especial para mí. Me sentí muy honrada.

Luego, el día que jugó, jugó 18 hoyos y regresó a casa. Llegó a las tres y media de la tarde. Pensé: «Wow, Señor». La meta que el Señor puso en mi corazón hace 10 años, era hacerle sentir a mi esposo pesar al tener que irse por la mañana y alegría al regresar a casa. Quiero saludarlo con una sonrisa y un vaso de té helado. Eso le gusta. 

Quiero que esté tan contento de volver a casa—que sea un refugio. Hace dos semanas, el Señor me alegró cuando él regresó a casa diciendo que fue tan honrado porque recibió un café. Es una cosa tan simple. Es una cuestión de ayudarlo a ser lo mejor que pueda ser, no lo que yo voy a obtener de eso. Dios se va a encargar de satisfacer mis necesidades, no mi esposo.

Nancy: Y en el proceso, has descubierto que tu esposo satisface tus necesidades de maneras que no había sucedido antes.

María: Lo hace. Es verdad. Pero principalmente es Dios quien satisface mis necesidades emocionales y de todo tipo. Sí, nos hemos vuelto más y más cercanos y grandes amigos. De todas formas, solo es un testimonio de que el camino de Dios es el mejor.

Mientras hablabas, estaba pensando en algo como intentar jugar básquetbolcon un balón de fútbol americano. Así fue como lo hice los primeros 20 años de matrimonio. Sí, podría haber metido el balón en el aro y haber hecho algunas anotaciones, pero un balón de fútbol no rebota muy bien. Cuando funcionamos según el diseño de Dios, siempre será mejor. Puede que vaya en contra de lo que queremos (como le ocurrió a Eva), pero el orden de Dios no implica inferioridad. Su camino es siempre el mejor. Y todavía estoy aprendiendo.

Nancy: Gracias, María. Y ahora escuchemos a Kim Wagner compartir con nosotras un poco de su historia.

Kim Wagner: Durante los primeros 15 años de mi matrimonio, me describiría como una mujer muy fuerte, muy crítica, pero sentía que mis opiniones eran correctas y que eso estaba bien.

Crecí alrededor de muchos hombres, jóvenes y adultos, que eran muy expresivos y verbales, y aprendí a verbalizar mis opiniones, sin darme cuenta de que lo que estaba haciendo por medio de mis conductas era humillar a los hombres con los que tendía a estar en desacuerdo, o que me mostré irrespetuosa—sin siquiera darme cuenta.

Mi esposo es un pastor piadoso. Cuando lo conocí, él era un hombre muy seguro. Le dije que era el joven más masculino que había conocido. Pero para cuando teníamos 15 años de casados, él estaba muy retraído, muy abatido por lo que yo le había hecho, sin intención.

Nancy menciona el término feminista cristiana. Yo ejemplifiqué ese feminismo y ni siquiera me di cuenta. Habría dicho que no era feminista pues yo estaba sometida a mi marido. Si él me decía que hiciera algo, yo lo hacía. Pero no honré ni respeté a mi esposo en mi trato hacia él.

Ahora bien, en ese momento, si me preguntaras si respetaba a mi marido, habría dicho que sí. Pero si hubieras estado en nuestra casa y yo estuviera en desacuerdo con un principio que mi esposo estaba diciendo, o acerca de alguna dirección que quería seguir, el tono de mi voz—las palabras que le hubiera dicho, habrían sido muy deshonrosas. Pero yo no me daba cuenta.

Nuestro matrimonio se había vuelto muy tenso. No diría que estábamos considerando el divorcio porque éramos creyentes con convicción de que no debíamos hacerlo, y yo amo a Dios y él también ama a Dios. Yo tenía celo y pasión por Dios, pero no me daba cuenta de lo horrible que era como mujer y como esposa.

Me fui sola a un lugar por unos días. Realmente fui allí para preparar un estudio sobre 1 Pedro para mujeres, sin ni siquiera pensar en el capítulo 3—el clásico capítulo sobre la sumisión. Era solo un estudio versículo por versículo a lo largo de 1 Pedro.

En la providencia de Dios, de la anteportada de mi Biblia saqué un pequeño folleto, El retrato de la mujer bíblica, de (en ese tiempo) Nancy Leigh DeMoss. Ni siquiera sé cuándo o dónde lo tomé. Pero saqué ese pequeño folleto esa semana y Dios comenzó a revelar capa tras capa de pecado en mi vida, para descubrir quién era realmente.

Me di cuenta de que aún en ocasiones las palabras que usaba podían ser correctas, pero el tono en el que le hablaba a mi esposo lo hacía sentir como un tonto. Amaba a mi esposo, pero no lo honraba.

Regresé de ese fin de semana, senté a mis hijos y a mi esposo y les dije: «Necesito pedirles perdón, y perdón a su papá, porque no he caminado en sumisión bíblica. No he tratado a su padre con honra. No lo he respetado. Necesito pedirles perdón».

No fue un cambio instantáneo de la noche a la mañana. Ha sido un proceso de crecimiento y realmente un proceso de humildad y rendición, porque, aunque el feminismo es un fenómeno moderno, aunque el movimiento pudo haber iniciado en los años 60 y 70, el primer aliento del feminismo se produjo en Génesis capítulo 3, cuando la mujer decidió tomar el control, cuando la mujer eligió usurpar la autoridad de Dios en su vida.

Amigas, eso es lo que yo estaba haciendo como creyente con mi esposo en la forma en que le hablaba y en la forma en que lo trataba, intentando hacerme cargo y arreglando las cosas. Lo que Dios comenzó a mostrarme al humillarme ante Él –mi Señor– es que realmente se trataba de un asunto de confianza. ¿Vas a confiar en Mí como Dios y vas a obedecerme? ¿Vas a amar a tu marido sin importar qué?

Ahora, eso no significa que no haya ocasiones en que nuestros esposos no sean bíblicos. Nuestros esposos pueden estar actuando de manera poco sabia o a punto de tomar una decisión que no conviene. Pero he aprendido que antes que nada, debo pasar mucho tiempo en oración antes de abordar a mi esposo. Oro por si debo decirle algo a él o no. Voy a la Palabra y veo si esto es realmente un problema del que hay que hablar.

Entonces, si estoy segura de que Dios quiere que hable con él sobre esto, oro por ese momento. Después oro por mi actitud al acercarme a él. Luego me acerco a él, no como una maestra de la Biblia con mi dedo extendido y Biblia en mano diciendo: «No estás a la altura del problema» –con una ceja levantada y mi mano en la cadera– sino con un espíritu de humildad, a veces incluso de rodillas. Le digo: «Cariño, te amo mucho y tengo la necesidad de hablarte acerca de algo. Necesito preguntarte si me ayudarías con esta situación».

Entonces se lo expresas y lo dejas a él con estas palabras: «Confío en que vas a buscar a Dios en este asunto, y yo dependo de ti y de Él. Sé que tomarás la decisión que debe tomarse». Y déjaselo a él. Si él no toma la decisión que yo creo que debe tomarse, eso es entre él y Dios porque al menos yo le he expresado mis preocupaciones. Eso es entre él y Dios.

Esto es algo en lo que todavía tengo que aprender y crecer porque siempre hay nuevas oportunidades para practicarlo, no importa qué tan avanzado esté tu matrimonio. Recientemente tuve que llamar a una amiga, le dije: «Realmente estoy luchando con este problema, con esta preocupación acerca de una decisión que mi esposo está tomando».

Amigas, cuando tengan un problema con su esposo, no vayan con la amiga que va a desprestigiar a su esposo o que hablará de él negativamente. Acude a una mujer piadosa que te va a hablar verdad y que sea madura en la Palabra.

Mi amiga me recordó –y me lo recuerdo con frecuencia– «Kim, un día cuando te presentes ante Dios, Él no te va a preguntar: ¿Tu esposo lo hizo todo bien? ¿Tu esposo hizo todo de la forma en la que tú querías? ¿Tomó la decisión correcta en este asunto? Pero sí te preguntará: ¿Amaste a tu esposo? ¿Me amaste y me honraste al honrar a tu esposo? ¿Alentaste a tu esposo?»

Lo que necesito tener continuamente delante de mí es esa perspectiva. Cuando me presente ante Dios, Él me va a decir: «¿Me honraste en la forma en que honraste a tu esposo»? El asunto sobre el que llamé a mi amiga era una gran preocupación para mí. Dios respondió esa oración y Dios a Su manera cambió el corazón de mi esposo. No era nada que yo pudiera haber hecho, pero Dios intervino y se manifestó al cambiar el corazón de mi esposo.

Ahora bien, pude haberlo incomodado. Pude haberlo hecho sentir de una pulgada de alto. Eso habría deshonrado a Dios y eso no habría cumplido los propósitos de Dios. En cambio, Dios obró. Me encanta el hecho de que cuando venimos a Dios en dependencia y humildad, eso habilita Su gracia y Su poder para moverse en nuestras vidas. Cuando dependemos totalmente de Él, Él se manifiesta de maneras asombrosas.

Nancy: Me pregunto al ir concluyendo hoy, si hay algo que Dios te ha dicho y necesitas tomar un momento, reconocer y decir: «Señor, te he escuchado». Cada matrimonio es diferente. Cada esposo es diferente. Así que los detalles pueden ser diferentes. Pero, ¿hay algo en tu corazón que el Señor haya señalado y que necesitas decir: «Sí, Señor. Cámbiame. Haz la obra en mi corazón». Déjale tu esposo al Señor.

Ahora, sé que probablemente es mucho más fácil decirlo que hacerlo, y que no se logra de una sola vez. Es día a día, momento a momento. Pero ¿sabes qué? Dios tiene gracia para cada día y Dios tiene gracia para cada momento.

Puedes estar pensando: «Si suelto las riendas, ¿qué pasará dentro de dos meses cuando ...?» No estás viviendo en el futuro—dos meses hacia adelante. Dios te dará gracia para hacer lo que debes hacer hoy, y para ser la esposa que Él quiere que seas hoy, y para afirmar y alentar a tu esposo hoy.

Escuchamos a dos mujeres, cómo Dios ha transformado a sus esposos, realmente sin la presión de sus esposas. ¡¿No es increíble ?! Ahora, hay un sentido en el que Kim, tú ayudaste. Ayudaste al quitarte del camino. Ayudaste dejando que Dios trabajara en ti y a través de ti, pero también ayudaste al dar un paso hacia atrás para que Dios pudiera tratar directamente con tu esposo, y eso es ser una ayuda.

Ahora, esto no significa que nunca hables a su corazón. Creo que hemos escuchado detalladamente que hay maneras apropiadas de hacerlo. Pero también hay formas inapropiadas de hacerlo. Una vez más, no estamos hablando de una lista de «esto es lo que debes decir y esto es lo que no debes decir». Estamos hablando de la inclinación del corazón—de que confíes en que el Señor hará de tu esposo el hombre que Él quiere que sea. Parte de esa obra es que tú vivas la visión bíblica de la feminidad.

Eso es lo importante y esencial. Debes vivirlo. Para aquellas de ustedes que están solteras, deben vivirlo en su lugar de trabajo con los hombres que a veces no son ejemplo de masculinidad bíblica. El reto es que lo vivas y que permitas que Dios haga de tu vida una inspiración y una bendición, a tal punto que los hombres a tu alrededor digan: «Quiero rendirme a Cristo».

¿No te da gozo que Dios tenga paciencia con nosotras? ¿No crees que a veces somos impacientes para esperar que otras personas cambien cuando Dios nos da a nosotras el tiempo y el espacio para ver el cambio en nosotras? Hemos escuchado algunas mujeres aquí que han estado casadas un largo tiempo y dicen: «Dale tiempo a Dios. Deja que Dios se mueva. Déjalo hacerlo a Su manera. Déjalo obrar y no creas que tiene que pasar de la noche a la mañana».

Y espero que tu esposo te esté dando espacio a ti para crecer y que Dios te dé tiempo para cambiar tu vida, pero también espero que estés dispuesta a hacer lo mismo con él o con otros hombres en tu vida. Miramos las debilidades de otras personas a través de un microscopio y nuestras propias debilidades tendemos a mirarlas a través de un telescopio. La humildad nos dice que estemos dispuestas a dejar que Dios coloque el microscopio en nuestros propios corazones, y luego que amemos a los demás con el amor que da mucho espacio y tiempo para que Dios se mueva.

Kim: Sabes Nancy, estaba pensando en el capítulo 2 de Filipenses, en el contexto de lo que estás diciendo. Permíteme leerlo porque creo que la Palabra de Dios habla por sí misma tantas veces.

«Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión en el Espíritu, si algún afecto y compasión, haced completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito. Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. 

Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre» (Filipenses 2:1-11).

Es por eso que a veces tomamos decisiones difíciles y que continuamos tomando decisiones difíciles en matrimonios difíciles—a veces en circunstancias difíciles también. Porque la conclusión es: ¿Iré al Señor en humildad y le diré: «Padre, quiero que tú seas glorificado más de lo que quiero mi propia vida»? Esa es la pregunta que Dios nos está haciendo.

Nancy: Ese es un buen recordatorio, Kim, de que aquellos que se humillan, serán exaltados por Dios. Jesús se humilló a sí mismo y Dios lo exaltó. Él no consideraba el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse. ¿No nos habla esto de lo que hemos estado hablando a lo largo de esta serie?

¿Dónde está el énfasis en este tiempo? En aferrarse a la igualdad. Ahora, hay una igualdad allí, pero aquellos que se aferran o la exigen o insisten en ella, finalmente la pierden. Terminan en conflicto, en tensión, en matrimonios disueltos. Jesús tomó el camino de la cruz, el camino de la humildad. Nunca te equivocarás en el camino de la humildad. Dios lo exaltó.

Jesús no tenía que tomar el camino de la cruz. Él no tuvo pecado, nada por lo cual humillarse. Lo hizo por nosotros. Pero también lo hizo como un ejemplo para nosotros.

Tal vez tienes una relación, tu propio matrimonio u otra relación, donde Dios te pide que tomes el camino de la cruz y de la humildad, no para exigir tus derechos o tu lugar o tu opinión o para ser escuchada o para ser reconocida; sino que tomes el camino de la humildad, estimando a los demás como superiores a ti misma. Confiando en Dios. Dependiendo de Él y sabiendo que a la manera de Dios y en el tiempo de Dios, Él es tu protector.

Él es tu defensor. Él es quien levanta tu cabeza. Él exaltará a su debido tiempo a los que se humillan. El propósito no es que tú seas exaltada. El propósito es que Dios sea glorificado.

Eso es lo que queremos. Por eso nos inclinamos ante la cruz. Es por eso que nos inclinamos para servir. Es por eso que nos inclinamos para bendecir a otros. Es por eso que estamos dispuestas a humillarnos, para que Cristo sea magnificado, para que Él sea exaltado, para que Dios sea glorificado en y a través de nuestras vidas.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth ha estado hablando con algunas amigas acerca de la feminidad bíblica en el hogar. Aunque no siempre es fácil, abrazar tu rol dado por Dios te traerá profunda satisfacción y tendrá un impacto increíble en tu hogar.

Aquí en Aviva Nuestros Corazones hemos escuchado innumerables testimonios de esto. Permíteme compartir contigo uno de ellos. Escuchemos,

Sonia: Tengo 47 años, 15 años de casada, sin hijos. Mi esposo es el pastor de la iglesia. La esposa de otro pastor me compartió el ministerio de Aviva Nuestros Corazones, y de ahí empecé a escucharlo y a buscar las meditaciones anteriores, anteriores y anteriores...casi todas, por la necesidad que había en ese momento.

Mi vida estaba sumergida en un conflicto emocional, con amargura, sin poder perdonar. Al mismo tiempo con problemas en nuestro matrimonio y todo esto yo decía que sucedía tras bambalinas porque en la iglesia que servimos, en la familia y con amigos, siempre tenía que actuar; hasta que me armé de valor y le pedí ayuda a una sierva esposa de un pastor que con mucho amor y cuidado me ayudó.

Luego Dios convenció a mi esposo de acompañarme en la consejería, donde se uniría al esposo y pastor de esta hermana. Al ir avanzando en la consejería esta hermana me compartió los programas de Nancy, cuando llegué al punto del perdón. De ahí en adelante seguí el programa y la página de Aviva Nuestros Corazones. En seguida esta hermana me invitó a la conferencia en Querétaro, donde Dios me mostró cuán ajeno de Su vida estaba mi corazón y que caminaba lejos de Él y de Su Palabra

Después de asistir a la conferencia regresé con muchos deseos de que Jesús me enseñara. Lo primero que me enseñó fue el diseño de la feminidad bíblica, mi llamado al matrimonio y cómo ser ayuda idónea. Empecé a leer los diferentes libros de Nancy, y comprendí que no solo caminaba ajena a la vida de Dios, sino que lo había abandonado.

Había dejado mi primer amor, y eso había afectado todas las áreas de mi vida. Él me hizo aceptar que el problema y desastre que había que resolver y ordenar era yo. Hablaba a mi corazón diciéndome: «No hay nada de mí en tu corazón». Así que lo primero que hice, es aprender a pasar tiempo con Él, a relacionarme con Él a diario, y Él me fue enseñando, guiando y corrigiendo mi corazón.

Luego empecé a compartir las enseñanzas de Aviva Nuestros Corazones por audios, libros y videos de testimonios. Poco a poco en mi iglesia, amigas, familia, trabajo y ahora a nivel compañerismo de nuestras iglesias, dando de gracia lo que Dios me había dado por medio de Él a través de Aviva Nuestros Corazones.

Ahora mi motivación es Él. Solamente Jesús y Su Palabra son mi deleite. Solo Él puede formar en mí un corazón a Su imagen, un corazón de sierva, y usarme en mi matrimonio, en mi iglesia y con cada mujer que traiga a mi vida para compartirle de Su gracia. 

Annamarie: ¡Gloria a Dios por este testimonio! 

Continuamente aquí en Aviva Nuestros Corazones, escuchamos de la obra que Dios está haciendo en tantas mujeres. Ellas han experimentado libertad y plenitud en Cristo, y han fructificado abundantemente al abrazar Su diseño como mujeres.

Bueno, hoy vimos cómo luce la feminidad bíblica en el hogar pero, ¿cómo luce esta en la iglesia? Acompáñanos en el próximo programa para escuchar la respuesta. Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Permaneciendo en la Palabra de Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Me Rindo a Ti, Jonathan & Sarah Jerez ℗ 2016 Aviva Nuestros Corazones

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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