Podcast Aviva Nuestros Corazones

Dos cabezas no son mejores que una

Annamarie Sauter: Pasividad. ¿Describe esta palabra la sumisión bíblica?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Si una mujer entiende por sumisión que nunca debe abrir la boca para dar su opinión, entonces los problemas en ese matrimonio no son el resultado de la sumisión bíblica. Los problemas en ese matrimonio son el resultado de que el plan de Dios no se está viviendo a la manera de Dios, hay una distorsión de Su plan.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia de hoy es Génesis capítulos 31-34.

Ayer escuchamos acerca de lo importante que es entender que hay diferencias entre hombres y mujeres, dado que la feminidad y la masculinidad reflejan algo del carácter y la obra de Dios. Si te perdiste ese programa o cualquiera de los programas anteriores en esta serie, encuéntralos en AvivaNuestrosCorazones.com.

Hoy, escuchemos cómo luce –en términos prácticos en el hogar– vivir conforme a los roles bíblicos. Aquí está Nancy.

Nancy: Me han dicho que en el zoológico de San Diego hay una serpiente de dos cabezas. Eso suena realmente horrible. No la he visto con mis propios ojos, pero me han dicho que hay un anuncio al lado de esa serpiente que dice: «La serpiente de dos cabezas compite consigo misma por los alimentos y por otras funciones necesarias para la vida. En última instancia, se destruye a sí misma. No puede sobrevivir mucho tiempo».

¿No es esa una imagen de lo que sucede en muchos de nuestros hogares incluso en la cultura evangélica actual? Monstruos de dos, tres, cuatro cabezas que compiten entre sí, luchan y finalmente se destruyen el uno al otro.

Y por supuesto, cuando hay esa competencia Satanás se encuentra en su apogeo. Eso es exactamente lo que él quiere en tu matrimonio, en tu hogar, en tus relaciones; causar este trastorno, esa desorientación, esa disfunción. Él quiere que vivamos como en un cuadrilátero de boxeo, el uno contra el otro, en lugar de complementarnos y beneficiarnos de las fortalezas los unos de los otros, y ayudarnos en áreas de debilidad.

Hemos observado el propósito de la creación de Dios para los hombres y para las mujeres, varón y hembra Él los creó a imagen suya. En los programas anteriores en esta serie hemos hablado sobre el hecho de que las Escrituras enseñan igualdad entre hombres y mujeres. Pero también enseñan que hay diferencias entre hombres y mujeres y que dentro de esas diferencias debe haber unidad. Debemos complementarnos unos a otros.

Pero entonces surge esta pregunta: ¿Cómo se vive eso? ¿Cómo se ve esto—esta perspectiva complementaria de la que hemos estado hablando sobre los roles y las funciones masculinas/femeninas? ¿Cómo se ve eso en la casa? ¿Cómo se ve en la iglesia? ¿Cómo se ve en otras esferas y relaciones? De eso es que queremos hablar en los próximos programas.

Permíteme recordarte que tenemos todo un archivo de recursos en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Allí, donde dice «Recursos», podrás encontrar más programas, artículos y otros recursos por tema, por escritura o por autor. Encontrarás que hay mucho material que te ayudará a entender mejor todo esto. O quizás quieres tomar nota de lo que escuchas o ver las referencias en la Escritura. Allí en nuestro sitio web también podrás encontrar tanto el audio como la transcripción de este programa y de todos los programas anteriores. Puedes leer las transcripciones de cada uno de estos programas. Esto te ayudará a comprender mejor de qué es de lo que estamos hablando.

La feminidad bíblica, y también la masculinidad bíblica, en el hogar y en la iglesia, se define, más que por un conjunto de comportamientos y roles, por una disposición, una inclinación del corazón. Es una forma de pensar. Es una forma de verte a ti misma. Es una forma de ver a Dios. Es una forma de ver a las personas del sexo opuesto. Es una inclinación de nuestro corazón antes de convertirse en un conjunto de comportamientos.

Esa inclinación, esa disposición, se expresa en miles de maneras diferentes en las circunstancias y situaciones de la vida cotidiana. Quiero concentrarme hoy en cómo esa disposición, esa inclinación se expresa dentro del matrimonio. ¿Qué ha diseñado Dios en términos de las diferencias, las distinciones entre hombres y mujeres en el matrimonio?

Hicimos una encuesta hace un tiempo y descubrimos que al menos la mitad de las mujeres encuestadas son mujeres que no están casadas. Así que no te desconectes. No apagues tu radio. Si no estás casada todavía, necesitas saber lo que la Palabra de Dios enseña sobre el matrimonio.

Así que quiero animarte a que sigas conectada con el programa, porque, en primer lugar, la mayoría de ustedes que están solteras algún día estarán casadas. Y en segundo lugar, todas ustedes tienen amigas que están casadas y miembros de su familia que están casadas y necesitan entender la manera de pensar de Dios. Así que esto es algo que todas debemos entender, ya sea que estemos casadas o solteras.

Al hablar sobre parejas donde se complementan el uno al otro, recuerdo algo que leí acerca de una pareja—un matrimonio que celebraba su 50 aniversario, y estaban hablando acerca de la razón por la que habían tenido un matrimonio largo y feliz. El esposo dijo: «Básicamente se resume en esto, he tratado de nunca ser egoísta. Después de todo, no hay cabida para el "yo" en el matrimonio». Y a esto la esposa respondió: «Por mi parte, no vivo corrigiendo a mi esposo hasta en el más mínimo detalle. Y así es como hemos logrado que este matrimonio funcione por 50 años».

La Escritura dice en la primera carta del apóstol Pablo a los Corintios, capítulo 11 versículo 3: «Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios». Sin entrar en muchos detalles sobre esto, creo que está claro en las Escrituras que hay un orden.

Y así es como Dios diseñó el matrimonio para que haya un orden. La cabeza del hombre es Cristo. Eso significa que el marido no es el jefe de la casa. Cristo es la cabeza del hogar. El esposo es responsable de rendirle cuentas a Cristo por su familia como su autoridad directa. Y la cabeza de una esposa es su marido. Es importante que el esposo reciba su dirección del Señor para que sepa cómo proporcionar el liderazgo que necesita su familia.

La cabeza de Cristo es Dios. Así que hay un orden aquí. Y cuando seguimos este orden, cuando funcionamos según fuimos diseñadas, entonces hay paz. Hay armonía y hay bendición. Vemos este concepto en el pasaje clásico sobre el orden en el hogar y puedes ver cómo se conecta con el orden en la iglesia así como en Efesios 5 en varios versículos. Quizás estás familiarizada con ellos.

«Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el Salvador del cuerpo» (vv. 22 y 23). 

Ya desde el principio ves que este liderazgo no es un rol dictatorial o abusivo o autocrático. Cristo demuestra Su autoridad sobre la iglesia al dar Su vida por ella. Él es el Salvador de la iglesia.

Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse en todo a sus esposos. Dice el versículo 25:

«Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada. Así también deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama» (vv. 25-28).

Recuerden, esta no es una serie sobre la sumisión. Pero ¿no ves en este pasaje esta hermosa imagen de roles y relaciones complementarias como Dios las diseñó? Tengo que decir que no estamos a la altura de lo que Dios diseñó y por eso tenemos problemas en los matrimonios, por eso tenemos conflictos. Por eso nos divorciamos, por eso no cumplimos con nuestros roles.

Pero cuando las cosas se hacen como Dios las diseñó, evitamos los extremos y las trampas a uno y otro lado, la agresividad en un extremo y la pasividad en el otro. Y en el medio tenemos esta hermosa relación complementaria.

Déjame mostrarte lo que quiero decir con esto. Por ejemplo, el esposo tiene la responsabilidad de proporcionarle a su esposa un liderazgo amoroso, humilde, atento, dirección y autoridad. Pero, por un lado, él no debe ser severo, áspero, abusivo o dominante. En el otro extremo, él no debe ser pasivo ni perezoso. Él debe participar activamente en proporcionar ese liderazgo amoroso, humilde y atento a su esposa y a su familia.

Y luego tenemos a la esposa. Ella está llamada a mostrar una sumisión activa, inteligente y gozosa, al liderazgo de su esposo. Eso evita los dos extremos de cada lado. Por un lado, no significa que ella sea agresiva o dominante o menosprecie a su marido usurpando su autoridad. Esos son pecados que las esposas podrían cometer.

En el otro extremo, tenemos los pecados de pasividad. ¿Cuáles serían esos? Ella no es un robot pasivo que nunca habla, que nunca participa en el proceso de toma de decisiones, que nunca desafía a su esposo si él está equivocado. «Sí, cariño. Lo que digas, querido». Eso no es de lo que estamos hablando aquí.

Estamos hablando de una sumisión activa, inteligente y gozosa a su esposo como al Señor. De ambas partes debemos evitar estos pecados –tanto de irnos hacia la agresividad o hacia la pasividad. Esto es lo que la visión complementaria, la visión bíblica tal como entiendo, nos llama a hacer.

Esta visión de la sumisión de la esposa no significa que su esposo dirija cada detalle de su vida. En su libro, ¿El cristianismo aplasta a las mujeres? Rebecca Jones dice,

«La obediencia radical y positiva no es simplemente una pasividad a regañadientes. Una esposa no solo se queda en silencio y en neutro.

Para obedecer el mandato de Cristo de someterse, una esposa debe trabajar activamente en conocer y honrar los deseos del corazón de su esposo. Ella se adhiere y cede ante las alegrías del corazón de su esposo, sus instintos y sus pasiones. Y ella anima a los niños (si los tienen) a hacer lo mismo.

Someterse a su esposo es mucho más que evitar la tentación de menospreciarlo. Implica ponerlo en alto, honrarlo activamente en su corazón y ante otros, y alentarlo verbalmente».

Puedes aplicar el mismo concepto de roles distintos, no solo en el matrimonio, sino también más ampliamente en la familia, donde vemos que el esposo tiene la responsabilidad primordial de liderar, proveer y proteger a su familia. A medida que examinamos toda la Escritura y si reúnes todos los versículos que tienen algo que ver con el papel del esposo, el papel del hombre, los verías caer en estas categorías: liderar, proveer, y proteger a su familia.

Entonces verás que la esposa es la principal responsable de ayudar a su esposo a administrar la casa y a cuidar a los hijos. Eso no significa que ambos no participen en ambos aspectos. Ambos a menudo ayudarán al otro en su área principal de responsabilidad. Simplemente nos dice quién tiene la responsabilidad principal y la responsabilidad ante Dios.

Esta visión complementaria de la masculinidad y la feminidad dentro del hogar, no especifica quién realiza qué actividades. Por ejemplo quién saca la basura, quién lava los platos, quién organiza las finanzas. Simplemente dice que el esposo es responsable de la dirección general del hogar y la mujer es responsable de apoyar esa dirección.

Ahora, admito que existe el potencial para los abusos. Todas somos conscientes de situaciones en las que ha habido abusos, donde los hombres son autocráticos o abusivos en un extremo o pasivos en el otro. Hemos visto mujeres que han caído en estos pecados de agresividad o pasividad, y mujeres que han sido heridas y ofendidas como resultado de los pecados de sus maridos, y hombres que han sido heridos y agraviados como resultado de los pecados de sus esposas. 

Pero debemos reconocer que esos abusos no son el resultado del plan de Dios, son distorsiones del plan ideado por Dios. Si una mujer entiende por sumisión que nunca debe abrir la boca en su casa, entonces los problemas que resulten en ese matrimonio no son el resultado de la sumisión bíblica. Los problemas que resulten en ese matrimonio son el resultado de que el plan de Dios no se está viviendo a la manera de Dios, hay una distorsión del plan de Dios.

La solución no es desechar el plan de Dios porque ha habido algunos abusos. La solución es entender el plan de Dios, abrazarlo y permitirle a Él redimir nuestra quebrada y caída masculinidad y feminidad.

Quiero leerles un par de testimonios que he recibido de algunas mujeres, que creo ilustran mejor esto que estamos hablando.

Una amiga escribió y dijo:

«Creo que el mayor clamor entre las mujeres cristianas hoy en día es la renuencia de los hombres a ser líderes. Esta fue mi mayor lucha como joven esposa. Quería que mi esposo me guiara, pero él estaba contento con dejarme tomar la iniciativa». (Ahora, mucho de esto tiene que ver con la personalidad. Conozco a esta pareja. Él es un hombre tranquilo y ella es muy vivaz y sociable. No hay nada de malo en eso).

«Mientras esperaba su liderazgo, a veces había periodos incómodos de inactividad. Sin embargo, cuando me comprometí a esperar en el Señor esperando a mi esposo, lo vi comenzar a guiarme de manera sorprendente y poderosa.

Aprendí que un líder realmente se define como una persona que tiene a alguien que la sigue. Necesitaba seguirle sin importar qué».

Ahora, el «sin importar qué», no significa que lo sigas en algo que sea pecado, pero sí significa que lo sigues, incluso si está liderando de una manera en la que tú no lo harías. Porque Dios no te llamó a ti a liderar, Dios lo llamó a él a liderar. Ella continúa diciendo:

«Honestamente puedo decir que pocas cosas me traen tanta alegría y paz como ver cómo el Señor ha hecho de mi esposo un líder tan sabio y maravilloso. Francamente, cuando miro hacia atrás, quizás el mayor desafío en nuestro matrimonio fue que el Señor me humillara, para que él pudiera convertirse en el hombre que Dios había diseñado que él fuera».

¿Ves cómo la visión complementaria se lleva a cabo día a día, paso a paso en ese matrimonio? Ahora quiero leerles otra historia, un testimonio. 

Esta otra mujer dijo:

«Tengo 50 años y he estado básicamente sola durante 21 años. Nunca pensé que esta sería mi vida. En ningún momento me pasó por la cabeza que mi esposo me dejaría. Cuando miro hacia atrás, sé que cometí muchos errores en mi relación con mi esposo. No puedo responder por sus fracasos. Quién fue el mayor culpable, en realidad ahora no importa. Si hubiera sabido entonces lo que sé ahora acerca de los mandamientos de Dios para las esposas, lo que un hombre necesita y lo que yo pude haber hecho para satisfacer esas necesidades, eso pudo haber hecho toda la diferencia.

Cuando mi esposo actuaba egoístamente en casa, y su temperamento estallaba, y luego iba a la iglesia y actuaba como espiritual... Me alejé emocionalmente de él, permitiéndole ver mi cinismo y mi falta de confianza. Ojalá hubiera orado positivamente por él, ojalá hubiera confiado en Dios, mostrando abiertamente amor y aceptación, no simplemente esperando hasta que él actuara correctamente.

Cuando él le fallaba a nuestro hijo, cuando no tenía devocionales, cuando no era espiritual o no guiaba como debía, me decepcionaba en privado, pero él lo sabía. Desearía haber confiado completamente en Dios y haber mantenido la unidad, el honor, la reverencia y la sumisión con un corazón gozoso y confiado.

Cuando él hacía una declaración sobre alguien o algo, a menudo le rebatía, dejando de lado su opinión, haciéndole saber que estaba equivocado. Ojalá hubiera entendido sobre la conducta casta que describe 1 Pedro.

Cuando él intentaba compensar por algún fracaso, yo desearía no haber sido tan fría, esperando que él fuera más intenso y sincero al respecto. Cuando gastaba dinero, que yo pensaba que no teníamos, me causaba ansiedad y él lo sabía. Ojalá hubiera mostrado una confianza continua en él, independientemente de sus decisiones.

Cuando él quería que yo hiciera algo y yo no quería hacerlo, desearía haberlo cumplido alegremente en lugar de hacerle lamentar el habérmelo pedido. La terquedad no es un rasgo en la mujer, que atrae a un hombre.

Él necesitaba que alguien creyera en él, lo admirara, lo aprobara, lo aceptara, independientemente de sus fracasos. Ojalá hubiera sido yo quien le hubiera dado esas cosas. Tal vez no se hubiera ido y hubiera encontrado a otra mujer que ocupara mi lugar.

Cuando pensé que mostrarle sus defectos en la cara—las pequeñas cosas que hacía y decía, y que mantenerme un poco distante en mi aprobación hacia él, era la forma en que cambiaría; desearía que alguien me hubiera tomado y me hubiera dicho lo equivocada que estaba al pensar que era mi lugar aplicar y mantener la presión.

Cuando él no sabía mostrar amor y yo sentía ese vacío emocional, me daba por vencida y me dirigía a mis amigas y familiares para obtener apoyo emocional y suplir mis necesidades. Desearía haber soportado todas las cosas y haber esperado todas las cosas, haberlo amado de manera constante y plena, incondicional. Nunca vi la necesidad de darme a querer. Di por sentado que él cumpliría la obligación moral del marido de amarme. Ojalá hubiera ido a la escuela de belleza de Dios para la mujer, tanto para el espíritu como para el alma y el cuerpo.

El tiempo pasó. Nunca supe que mi matrimonio estaba siendo estrangulado. La separación y el divorcio llegaron. Estaba conmocionada, terriblemente asustada y avergonzada. Yo era una de esas mujeres que piensan que nunca les pasará. Me sentí como un fracaso. Como alguien tan acertadamente declaró, «el divorcio es como una muerte, excepto que nadie viene a traerte comida ni a consolarte».

Cuando mi esposo se fue, nos sumimos en la pobreza. Él ya no sentía el deseo natural de proteger ni de mantener a su familia».

Ella continúa describiendo muchas de las dificultades que ella y su hijo pasaron juntos. Y luego ella dice:

«A su debido tiempo, Dios me dio una familia en la iglesia que intervino y estuvo allí cuando los necesité. Nunca sabrán el enorme impacto que tuvieron en nuestras vidas. Fueron un regalo de Dios. Pero la soledad en el hogar, los sentimientos de rechazo y abandono, la lucha financiera seguían allí todos los días».

Y luego ella cita Isaías 48:18: «¡Si tan solo hubieras atendido a mis mandamientos! Entonces habría sido tu paz como un río, y tu justicia como las olas del mar».

Quiero decirte que tenemos un gran Dios redentor. Y Dios ha redimido y restaurado la vida de esta mujer, pero todavía hay remordimientos. ¿Por qué no elegir ahora el camino de la humildad, de la paciencia, del amor genuino y desinteresado, de la perseverancia y la fe?

Algunas de ustedes están en un lugar donde no es demasiado tarde. Otras ni siquiera están casadas todavía. Al mirar hacia adelante y al pensar en el matrimonio en el que Dios te ha puesto, tal vez en el matrimonio difícil en el que te encuentras ahora, a esta mujer le gustaría que su testimonio fuera una palabra de desafío para ti: «No vayas por donde yo fui. Hay una mejor manera. Ahí está el camino de Dios, el esposo y la esposa se complementan». 

Tú dices: «Bueno, mi marido no está allí. Él no hará eso». ¿Sabes qué? No puedes hacerlo por tu marido. Pero por la gracia de Dios puedes hacer tu parte. Puedes elegir ese camino. Y observar a Dios proveerte un camino a través del río, un camino a través del desierto, un camino sobre esa montaña.

No estoy diciendo que si cumples esta visión y tu parte en ella, tu esposo se convertirá automáticamente, o que necesariamente será un gran gigante espiritual. Él puede hacerlo o puede no hacerlo. Pero tú habrás hecho lo correcto delante de Dios. Y tendrás esa paz como un río de la que habla Isaías 48.

Quizás te diste cuenta en el relato de esta mujer cuántas veces dijo, «ojalá, desearía, si yo hubiera sabido, desearía haber hecho algo diferente». En este día mi oración por ti es que no tengas que mirar hacia atrás en tu vida y decir: «Ojalá lo hubiera hecho de manera diferente», sino que puedas mirar hacia atrás y decir con alegría: «Por la gracia de Dios, abracé Su visión para mi vida como mujer. Por la gracia de Dios la llevé a cabo, y mi paz es como un río».

Señor, te pido que alientes los corazones que están lastimados, y que las personas que están viviendo con remordimiento y han escuchado el testimonio y dicen, «esa es mi historia»; oro que les recuerdes que Tú eres un Dios redentor que eres capaz de hacernos nuevas, de hacernos completas.

Y oro por aquellas que todavía no están en el lugar en donde vienen esos remordimientos. Que escuchen esta advertencia, que escuchen estas palabras y elijan Tu camino. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado hablando acerca del gozo y la paz que vienen de abrazar nuestro rol dado por Dios como mujeres.

Imagina qué podría suceder si abuelas, hijas, esposas, madres, jóvenes y chicas entendieran y vivieran conforme a la feminidad bíblica. Los efectos en nuestras familias, iglesias y en el mundo serían increíbles. Es por eso que queremos invitarte a participar de la próxima Conferencia Mujer Verdadera 2020, los días 13 y 14 de marzo. Estarán con nosotras Nancy DeMoss Wolgemuth, Mary Kassian, Dannah Gresh, Dámaris Carbaugh y el pastor Sugel Michelén. En las alabanzas nos acompañarán Jonathan y Sarah Jerez.

¡Visita MujerVerdadera20.com y entérate de cómo puedes ser parte de este evento—que más que un evento es parte de un avivamiento! 

Aplicar los principios bíblicos en el hogar no siempre es fácil, pero puedes ver resultados sorprendentes. Eso es lo que una de nuestras oyentes ha descubierto. Ella es una mujer que ha estado aprendiendo acerca de la verdadera fortaleza de una mujer, y mañana escucharemos de ella. Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Permaneciendo en la Palabra de Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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