Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Annamarie Sauter: Anticipa lo que encuentras en Dios cuando le buscas de todo corazón.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Volverse honesto no es fácil –ser genuinos, ser auténticos, ser sinceros– pero luego de la limpieza, de la depuración, de la honestidad, viene una purificación, una llenura, una renovación, un avivamiento. Cuando venimos a Él, sin encubrir nuestros pecados, sino confesándolos y abandonándolos, encontraremos misericordia.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es 2 Samuel capítulos 4 al 6.

Hace unos 150 años, un grupo de creyentes fieles estaba orando por un avivamiento. Ellos perseveraron en oración sin saber cuál sería el resultado. Dios respondió trayendo transformación a su nación y un avivamiento genuino. 

Hoy escucharemos más de esta historia, pero antes, escucharemos la conclusión de la enseñanza de Nancy acerca de la honestidad. La honestidad es una de las marcas de un avivamiento verdadero, y hemos estado escuchando acerca de esto esta semana, como parte de la serie titulada, «En busca de Dios».

Nancy: Recientemente recibí un correo electrónico de una amiga que decía: «He estado orando para que Dios traiga un avivamiento a mi iglesia», y creo que muchos de nosotros nos podemos relacionar con esto. Queremos ver a Dios traer avivamiento a nuestras iglesias. Y ella continuó diciendo: «He estado rogando a Dios para que traiga un avivamiento a mi marido y a mi clase de escuela dominical, pero no fue sino hasta esta semana que Dios me mostró mi propia gran necesidad. Por fin estoy orando, «Dios mío, avívame a mí».

Toda esta semana hemos estado hablando sobre la honestidad —andar en luz, en una fe sincera, de tener un corazón honesto y hablar verdad delante Dios, confesando nuestros pecados, y sacándolos a la luz. Hemos estado hablando de quitar el techo, desnudar nuestra alma delante del Señor, de no dejar que nada se interponga entre nuestra alma y el Salvador; de ser honestas con Dios.

Una de las cosas sobre las que tenemos que aprender es a ser honestas con Dios, es en cuanto a nuestras necesidades; nuestra necesidad de avivamiento, nuestra necesidad de Él. Yo amo esa historia en Lucas capítulo 18, donde Jesús estaba entrando en Jericó, y había un hombre ciego, seguro lo recuerdan, el que estaba sentado junto al camino mendigando. Al oír que pasaba una multitud, preguntaba qué era aquello. Y le informaron, «está pasando por aquí Jesús de Nazaret».

El versículo 38 de Lucas 18 dice: «Entonces, gritó diciendo: ¡Jesús, Hijo de David ten misericordia de mí! Y los que iban delante lo reprendían para que se callara; pero él gritaba aún mucho más: ¡Hijo de David ten misericordia de mí!».

«En ese momento Jesús se detuvo y ordenó que se lo trajeran, y cuando estuvo cerca le preguntó: ¿Qué deseas que haga por ti?» En un principio puede parecer como una pregunta tonta. Es obvio. El hombre es ciego. Es un mendigo. Es pobre. ¿Por qué tiene que preguntar: «¿Qué deseas que haga por ti?»

Yo pienso que Jesús quería que este hombre hiciera lo mismo que Él quiere que nosotros hagamos, y es que le digamos a Él la verdad de lo que realmente necesitamos —-que seamos honestas con Él sobre nuestras necesidades. Él hombre le dijo: «Señor que recobre la vista». El hombre fue honesto acerca de sus necesidades. «Señor, yo soy ciego…si yo pudiera ver. Él pudiera haber pedido una serie de cosas más. Pero él le dijo al Señor honestamente, «esto es lo que quiero que me hagas».

Si vas a experimentar un avivamiento, tienes que venir ante el Señor y decir honestamente, «esto es lo que necesito, no estoy bien. Aquí estoy, Señor, soy yo, parada delante ti en necesidad de oración. Ten misericordia de mí». Tenemos que ser honestas con Dios acerca de nuestras necesidades y aún más, ponernos de acuerdo con Él cuando Él nos muestra nuestras faltas, nuestras necesidades, cuando nos convence de pecado, no llamándolo debilidades o problemas, no tratando de culpar a otros. No se trata de tu esposo —sino que puedas decir: «Señor, soy yo».

Necesitamos ser honestas, no solamente con Dios, sino honestas con nosotras mismas —-realmente honestas con nosotras mismas. Las Escrituras nos hablan de las diferentes formas en que nos hemos engañado a nosotras mismas, pero una de las más comunes es lo que leemos en Santiago capítulo 1, donde Santiago nos dice: No solo sean oidoras de la palabra, hagan lo que dice, porque si oyes y no haces, si sabes y no actúas te estás engañando a ti misma.

Tú te has convencido a ti misma de que eres una buena cristiana. Tú estás viviendo la vida cristiana. Tú sabes muchas verdades, sin embargo no estás haciendo lo que sabes.

Nos hemos engañado a nosotras mismas, así que permíteme preguntarte. Hay algunas verdades en la Palabra de Dios, quizás aun verdades que has enseñado a otras personas, las conoces en tu cabeza, pero… ¿son una realidad en tu vida? 

Tú sabes que debes perdonar. ¿Pero acaso hay alguna raíz de amargura en tu corazón? Tú sabes que debes ser una persona con dominio propio. Pero, ¿acaso estás siendo controlada por la comida o por cualquier otra adicción? Sé honesta contigo misma.

«Señor, tengo ídolos». Reconócelo delante de Dios, pero algunas veces tienes que verlo por ti misma primero. Deja que Dios te lo muestre primero y luego ponte de acuerdo con lo que Él te está diciendo. La alternativa es ignorar o resistir, o negar la convicción de pecado que el Espíritu de Dios te ha hecho sentir. Esto sucede cuando encubrimos nuestro pecado, y ¿qué aprendimos sobre eso? Que «el que encubre su pecado no prosperará».

Necesitamos ser honestas con Dios. Necesitamos ser honestas con nosotras mismas, y luego necesitamos aprender a ser honestas con otros. Aquí es donde realmente se pone difícil. ¿Sabes? Una cosa es ser honesta con Dios, aunque realmente Él ya lo sabe todo. Eso es quitar el techo, desnudar nuestros corazones delante de Él, pero entonces viene el derrumbar los muros entre nosotros y los demás. No sé si les ha ocurrido como a mí, pero algunas veces es con las personas más cercanas con las que se nos hace más difícil ser honestos y dejarles ver quienes somos realmente, o lo que realmente está en nuestro corazón.

Algunas de ustedes se van a la cama con sus esposos cada noche —-están viviendo como marido y mujer, pero no son honestas con sus esposos. Hay cosas en tu corazón, cosas en tu vida, cosas de tu pasado de las cuales tú no has sido honesta; no le has contado a tu esposo toda la verdad. Ya son una sola carne, pero aún le estás ocultando la verdad.

Pudiera ser lo que estás haciendo con la tarjeta de crédito, quizás estás gastando excesivamente. Pudieran ser temas de índole moral que le has estado ocultando. Una mujer me envió un correo electrónico diciendo: «Ayúdenme! Me estoy enamorando de un hombre que no es mi esposo. Por favor oren por mí». Una de las primeras cosas que esa mujer tiene que hacer —-ella pudiera estar necesitando consejería bíblica para saber qué es lo mejor que ella debería hacer— pero ella necesita decirle a su esposo que ella está luchando con esta situación. Yo sé que algunas personas no están de acuerdo conmigo sobre esto, pero necesitamos andar en la luz.

Tú no puedes vivir como una sola carne con un hombre quien es legalmente tu esposo, pero con quien tú no estás siendo totalmente honesta, abierta, vulnerable y transparente. Tú no puedes esperar tener ese tipo de vida y a la vez tener la relación que Dios quiso desde un principio que tuvieras con tu esposo. Tienes que ser honesta —-honesta con los demás, no dejando una mejor impresión de nosotros mismos de lo que es realmente honesto y verdadero.

¿Qué sería de nuestras iglesias si en vez de venir los domingos y solo tener las pequeñas conversaciones donde intentamos decirles a los demás qué hermosas nos vemos, o qué agradables somos, si en vez de esto fuésemos honestas unas con otras —-capaces de poder ser confiables, vulnerables, transparentes y dispuestas a decir la verdad sobre lo que está ocurriendo en nuestras vidas, en cualquier momento que Dios te pida que lo compartas con otra persona? De no ser así, estamos jugando a la iglesia. No somos una iglesia.

Dios quiere que seamos honestos. Algunas de ustedes tienen que ser honestas acerca de su pasado, de sus fracasos pasados. Algunas están viviendo en esclavitud a la culpa, o en hábitos del pasado; y una de las razones es porque han tratado de mantenerlo en secreto. Los secretos hacen que la esclavitud permanezca intacta. Se mantiene el dominio de ese hábito pecaminoso sobre tu vida.

Tú dirás: «Estoy avergonzada. ¿Qué va a pensar la gente?» Sin embargo, estás allí, sola; luchando y esforzándote por librarte. Probablemente no seas capaz de hacerlo por ti misma. Necesitas ser honesta con Dios; necesitas ser honesta con alguien más, alguien que te ame tanto que sea capaz de ayudarte a caminar a través de la situación. Te repito, tan pronto el secreto se descubre y dices la verdad y vienes a la luz, una vez se conoce el secreto, la esclavitud se rompe.

Ahora, esto no significa que no habrá un proceso durante el cual caminemos hacia la libertad, pero hay algo muy, muy poderoso acerca de la verdad. Necesitas estar dispuesta a exponer tu vida a otros, dispuesta a humillarte lo suficiente, a ser capaz de exponer tus necesidades. Ahora bien, quizás no tengan que ser tus secretos más oscuros, grandes secretos. Pero debes ser capaz de compartir tus luchas.

Sé genuina. Pide oración. Pide ayuda. Sé responsable. Si tomas la decisión de humillarte —con cada decisión de humildad que tomes, vas a recibir más y más de la gracia de Dios. Porque, ¿qué es lo que Dios hace a los altivos? Dios los resiste. Él se opone a ellos. No vas a obtener la victoria si estás caminando con orgullo. Si te humillas, si eres honesta, te darás cuenta que Dios derramará de Su gracia en tu vida.

Se trata de un proceso de depuración, de purificación. Volverse honesto no es fácil —-ser genuino, ser auténticos, ser sinceros– pero luego de la limpieza, de la depuración, de la honestidad, viene una purificación, una llenura, una renovación, un avivamiento. Cuando venimos a Él, sin encubrir nuestros pecados, sino confesándolos y abandonándolos, encontraremos misericordia.

Mi oración es que, no solamente en nuestras vidas individuales —-aunque debe ser allí primero— sino además nuestros hogares, nuestras iglesias, se conviertan en lugares donde las personas se vuelven genuinas, verdaderas. Ahora bien, esto pudiera ser complicado y hasta desagradable. Algunas veces es complicado, pero no hay mucho desorden en un cementerio. ¡Tampoco hay mucha vida! Algunas veces hace falta ese desorden para que se produzca un quebrantamiento, y entonces es ahí donde el Espíritu de Dios se derrama y es lo que se conoce como un avivamiento.

Annamarie: ¿Estás tú viviendo una vida de honestidad? Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado explicando que uno de los resultados del avivamiento es que las personas son honestas delante de Dios y delante de los hombres. No es fácil, pero hallaremos misericordia ante Dios.

Y ahora, como continuación de este programa, tenemos una historia que nos alienta a buscar a Dios. Escucharemos acerca de algo que sucedió hace unos cuantos años. 

Nancy: En una semana como esta, en que estamos grabando, hace aproximadamente 150 años, Dios se movió de una manera extraordinaria en nuestra nación, algo que los historiadores llamaron, El Gran Avivamiento de Oración.

Comenzó el 23 de septiembre del 1857, con un grupo de oración en la ciudad de Nueva York en la Iglesia Holandesa Reformada del Norte en la calle Fulton. Ese primer grupo fue pequeño y tuvo un comienzo no muy favorable. Pero pocas semanas después, el grupo de oración se había extendido al punto de formarse grupos de oración cada medio día a lo largo de toda la ciudad de Nueva York y más adelante a través de todo el país.

Durante este tiempo por lo menos un millón de personas vinieron al conocimiento del Señor Jesucristo. La repercusión de este avivamiento se sintió a través de toda la sociedad americana. A partir del próximo programa iremos aprendiendo más acerca de este dramático avivamiento. Pero primero quisiera echar un vistazo a los héroes que no se han mencionado y que trabajaron por años liderando este grupo de oración que clamaba por avivamiento.

El grupo de oración que comenzó en la calle Fulton el 23 de septiembre, de 1857, generalmente se considera como lo que inició el avivamiento, pero verdaderamente las personas habían estado orando por un avivamiento previo a este tiempo. Su historia no se conoce tan bien como esta, pero en los libros de historia del cielo, creo que Dios guarda un registro de las oraciones y de su importancia y de los resultados a largo plazo.

En el 1840, unas personas de la Iglesia de la calle Park, en Boston, comenzaron a orar en grupo. Ellos tenían carga por la vida espiritual de las personas en su ciudad. Bob Bakke, quien es director de la Oración de la Avanzada Nacional, explica lo que ocurrió cuando este grupo comenzó.

Bob Bakke: Esto duró alrededor de tres años, pero durante este tiempo que oraron por la ciudad de Boston, por todas las categorías que ellos oraban —bautismo, asistencia a iglesias evangélicas por los ministerios, por salvación— en las iglesias alrededor de la ciudad se reportó un gran crecimiento. La correlación del crecimiento con las oraciones fue sorprendente. Lo que es aún más sorprendente es que después de tres años ellos se cansaron y pararon de orar, y de igual manera se desvaneció y murió.

Nancy: Estos grupos de oración de Boston demuestran varias cosas. Primero, la oración puede ser bien difícil, y en segundo lugar puede ser bien efectiva.

Bob: Mientras ellos oraban, el efecto en la ciudad era medible y asombroso. En la medida que la oración murió, y que los grupos de oración fueron desapareciendo, todos los efectos de la oración desvanecieron con su desaparición; esta es una historia que nos debe alertar a todos.

Nancy: El grupo de oración en la Iglesia de la calle Park, eventualmente se convirtió en el modelo para un nuevo énfasis en la oración.

Bob: Bueno, unos diez años más tarde, algunos de los miembros de este grupo de oración se reunieron de nuevo porque no podían aceptar la idea que un esfuerzo de dicha magnitud se quedara sin fruto y decidieron comenzar de nuevo; pero esta vez no sería en una sola iglesia, sino que incluiría a todos los evangélicos de la ciudad de Boston.

Ellos escogieron un lugar neutro, aunque era una iglesia, a los ojos de muchos era un lugar neutro —se trataba de una iglesia llamada, La Vieja Iglesia Del Sur de Boston. No abrían al mediodía, sino que abrían todas las mañanas a excepción de los domingos; el día del Sabat. De manera que alrededor del 1850 o 51, ellos comenzaron estas oraciones diarias, mayormente con los que pasaban en su camino al trabajo.

Nancy: Aquellos que tenían carga para orar y que sacrificaban una hora de su ocupado día para orar cada mañana, no necesariamente mostraban mucha emoción. Ellos siguieron un horario regular y trataron de limitar la reunión de oración a una hora solamente.

Bob: Sí, cualquiera que se presentase allí a las siete podría estar seguro que ya para las ocho estaría afuera. Ellos tenían formas muy precisas de llevar a cabo la reunión y se aseguraban de que todo marchara de manera neutral; o sea, que no fueran a caer en intereses sectarios o en ningún tipo de debate teológico.

Nancy: Los organizadores sostenían una campana mientras las personas oraban.

Bob: Y si ellos estimaban que lo que se estaba orando en un momento determinado se estaba desviando hacia una dirección incorrecta, inmediatamente sonaban la campana, para que la persona corrigiese su oración o se detuviese.

Nancy: Estos grupos de oración comenzaron a crecer.

Bob: La asistencia era en los cientos cada mañana –entre 150 y 350 personas cada día en su camino al trabajo.

Nancy: Este grupo tenía tanta hambre de que Dios trajera un avivamiento entre su pueblo, que se reunían consistentemente y ayunaban una vez cada tres meses. A una de estas reuniones en Boston, llegó un visitante de la ciudad de Nueva York que se emocionó con la idea de una reunión diaria de oración: Jeremías Lanphier. Él incorporó algunos de los elementos de los grupos de oración de Boston. Él era organizado y puntual, y destacó la unidad entre las denominaciones.

Lanphier pasó a la historia como la persona que Dios usó para comenzar el avivamiento de oración de 1857. Escucharemos su dramática historia en el próximo programa. Pero antes de que Jeremías Lanphier estableciera sus famosos grupos de oración, grupos que tendrían resultados de alcance mundial, había grupos de personas trabajando tras bastidores, detrás de la escena.

Bob: Habían transcurrido ocho años durante los cuales oraban diariamente y dos años de ayunos trimestrales; ayunos que duraban todo el día y durante los cuales cientos de pastores y líderes al igual que laicos oraban en Boston para que Dios hiciera algo grande y nuevo allí. Y Él lo hizo.

Nancy: Lyle Dorsett es un profesor de formación cristiana de la Universidad de Wheaton, en Chicago.

Lyle: Hubo mucha oración y confesión personal. Se oró por un avivamiento. Se oró por el país. Se oraba por las instituciones financieras del país, pero también hubo mucha oración para que muchas personas sintieran convicción de pecado, y hubo confesión y arrepentimiento.

Nancy: El Dr. Dorsett nos explica por qué este tipo de oración es tan importante para que pueda producirse un avivamiento.

Lyle: Porque realmente comienza con el avivamiento de las personas, con la renovación personal, con individuos enderezando sus propias vidas, liberándose de ataduras y volviendo al Señor.

Nancy: Si alguien anhela un avivamiento hoy, lo mejor que puede hacer es…

Lyle: … Es ponerse de rodillas y pedirle al Espíritu Santo que escudriñe su corazón —-«Muéstrame mis pecados». Entonces si genuinamente confesaren sus pecados y se arrepintieren, veremos el comienzo de un avivamiento personal. Ese avivamiento se va a extender y extender, porque los hombres y las mujeres van a comenzar a confesar sus pecados y a pedir perdón a todos aquellos a quienes hayan ofendido. De tal manera que esas personas que han sido ofendidas se asombrarán, y no pasará mucho tiempo sin que esas mismas personas empiecen a arrepentirse. Todo gran avivamiento ha comenzado con este tipo de situación.

Nancy: Esa es la esperanza de muchos que observan el avivamiento y las oraciones de 1857 y claman, «¡Señor, vuelve a hacerlo!»

Jonathan Brownson: Mi oración y mi esperanza es que personas de todo el mundo se unan en oración.

Nancy: Este es Jonathan Brownson, ministro de oración de la Iglesia Reformada de América.

Jonathan: Ellos se pondrán de acuerdo en su deseo de que Dios se muestre de una forma mucho más grande de lo que hayamos visto en el pasado. Es una especie de renacimiento y de avivamiento de la iglesia y de transformación en el mundo.

Nancy: Como esos creyentes en Boston que oraron fielmente por ocho años antes de que comenzara el avivamiento del 1857, tú y yo pudiéramos estar siendo llamados a un tipo de oración que requiera persistencia. Y al hacerlo pudiera parecer como si nada estuviera pasando.

Jonathan: Es un proceso doloroso. Jesús lloró sobre Jerusalén, y yo he estado con muchos intercesores que literalmente se han quebrantado y han gemido por sus iglesias. Ellos dicen, «¿por qué es que Dios no se mueve?» O incluso, «no parece haber ningún cambio». Pero el llanto dura toda la noche, y el gozo vendrá en la mañana para aquellos que genuinamente buscan a Dios en oración. Yo solo creo que Dios está listo para hacer algo nuevo y que esas oraciones no son en vano y se pierden.

Lyle: La historia —la historia de la iglesia— siempre ha pasado por grandes períodos de avivamiento que incluso se esparcen a través de toda una ciudad y región o por toda una nación; períodos donde ha habido mucha confesión, arrepentimiento, y oración. Siempre hemos tenido estos tiempos, pero de manera consistente y concomitante con esos periodos de avivamiento y renacimiento, siempre ha existido una especie de mover de oración que se percibe como una corriente por debajo. Siempre ha habido personas clamando y buscando un avivamiento.

Jonathan: Mi corazón se conmueve por aquellos que se sienten solos en esta búsqueda, y también por ministerios como estos, involucrados en conectar esas personas —interesados en hacerles saber a sus oyentes que hay otros oyentes ahí afuera— que hay otras personas de oración, clamando al Señor también.

Nancy: En Aviva Nuestros Corazones, nosotros queremos conectar a las personas a través de la oración. No solamente estamos conmemorando este avivamiento de 1857, sino que además estamos llamando al pueblo de Dios a unirse en oración para clamar por un derramamiento de Su Espíritu en nuestros días.

Te invitamos a unirte a nosotros durante este tiempo para que juntas con cientos, quizás miles, de otros creyentes alrededor del país y del mundo, clamemos por un avivamiento.

Annamarie: A través de nuestra serie actual titulada, «En busca de Dios», queremos que experimentes el gozo de un avivamiento en tu relación personal con Dios. Esta serie es un estudio de doce semanas en el que estaremos viendo diversos temas que te guiarán en el proceso.

Y bueno, las cosas no siempre suceden como esperamos. Imagínate lo que sería asistir a una reunión de oración a la cual solo se presentan unas cuantas personas, y todas llegan tarde. Creo que no pensarás que a partir de esa reunión puede comenzar un avivamiento nacional... En el programa de mañana escucharás sobre una reunión de oración justo como la que te acabo de describir. Te darás cuenta de que Dios puede hacer mucho más de lo que esperamos a través de cualquier medio. 

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Viviendo juntas la belleza del evangelio, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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