Aviva Nuestros Corazones Podcast

¿Es Dios igual que tu Padre?

Annamarie Sauter: Todas hemos sido tentadas a pensar que Dios no es suficiente.

Nancy DeMoss Wolgemuth: ¿En qué otra cosa buscamos satisfacción aparte de Dios? ¿En un esposo? ¿En una relación de matrimonio? ¿En logros? Quizás… ¿en un trabajo? ¿En tratar de buscar aprobación, reconocimiento y satisfacción?

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura bíblica para hoy es Ezequiel capítulos 40 al 42.

Hoy Nancy continúa con la enseñanza a la que dimos inicio ayer, titulada, «Mentiras que las mujeres creen acerca de Dios».

Nancy: Dijimos que cuando creemos mentiras terminamos en esclavitud. Y es la verdad la que nos hace libres. Lo que creemos acerca de Dios es muy importante porque determina lo que creemos sobre todo lo demás.

Y recibí una carta de una mujer que decía, «las mentiras de que Dios no me ama, o de que Dios es solo como mi padre, me han esclavizado. Creer esas mentiras me ha puesto en una posición de no ser capaz de experimentar ni de sentir el amor de Dios por mí. Dios parecía impaciente, impredecible, difícil, si no, imposible de agradar. Y estas mentiras han hecho extremadamente difícil para mí, el tener este tipo de relación cercana, de relación íntima con Él».

En el día de hoy quiero tocar una de estas mentiras a las que esta mujer se refiere en su carta, la mentira de que «Dios es igual que mi padre». Ahora, como mujeres, nuestra imagen de Dios es a menudo moldeada e influenciada fuertemente por los hombres que hemos conocido en nuestras vidas, y más que nada por un padre o un esposo o hermanos, hombres que son cercanos a nosotras.

Estoy realmente agradecida de haber tenido un padre amoroso, involucrado y comprometido. Confieso que ha sido mucho más fácil para mí, confiar en nuestro Padre celestial y recibir Su amor por mí. Pero también estoy consciente de que hoy en día para muchas mujeres su experiencia es totalmente opuesta.

Si fuéramos de lugar en lugar preguntando lo que piensan de la palabra «padre» a las personas en nuestra audiencia, probablemente haya más pensamientos dolorosos que buenos o de bendición, cuando piensan en la relación con sus padres. Así que cuando hablo de Dios siendo nuestro Padre celestial, a muchas mujeres solo las hace estremecerse. Porque es un pensamiento doloroso.

Tu padre pudo ser distante, ausente; puede que nunca haya estado presente. Él puede que haya abandonado a tu familia cuando eras pequeña, o a lo mejor sí estuvo allí en casa, dominante, duro, o abusivo. O a lo mejor no era ninguno de estos dos extremos, solo que no supo cómo expresar amor.

A lo mejor tú te identificas con una o más de estas mujeres que han escrito acerca de este tema.

Una mujer escribió, «tuve un padrastro que fue cruel conmigo, y me es difícil aceptar que Dios no es para nada como él».

Otra mujer dijo, «mi padre es cristiano y un buen hombre, pero no he escuchado palabras de exhortación de parte de él. Por ejemplo, si me acercaba a él para ayudarlo a pintar, yo preguntaba, ¿esto se ve bien? Esperando escuchar, “sí , eso se ve realmente bien”; pero en su lugar él decía: “trata de no…”, cualquier cosa que fuera. A lo mejor es por eso que me imagino a Dios culpándome, en lugar de amándome incondicionalmente y aceptándome».

Otra mujer dijo, «mi padre me abandonó cuando tenía cuatro años. Tengo problemas relacionándome con Dios como padre. Una de las mentiras que he creído y que aún batallo es, “Dios realmente no está ahí”».

Ahora, si has sido lastimada por un padre o un esposo u otro hombre en el cual hayas confiado, puede que encuentres extremadamente difícil confiar en Dios. De hecho, puede que te encuentres temerosa de Dios o a lo mejor hasta enojada con Él.

Pero quiero recordarles que nuestro Padre que está en los cielos, no es como ningún hombre o mujer que ustedes hayan conocido. De hecho, Él es el más bondadoso, el más sabio, el más compasivo, el más tierno; cualquier padre terrenal es solo un débil reflejo de nuestro Padre celestial. En su mejor momento, todo hombre es una representación imperfecta de Dios. Es por eso que no debemos obtener nuestra visión de Dios de otras personas, ya sean hombres o mujeres.

Si quieres saber cómo es Dios en realidad, tienes que volver al lugar donde Él se revela a Sí mismo, y es en Su Palabra. Si quieres saber realmente cómo es Dios, necesitas conocer a Jesús porque la Escritura dice que Jesús es el resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de Su ser. Así que como luce Jesús así es como Dios es.

Jesús vino a revelarnos el corazón de Dios Padre para que sea posible que nosotros pasemos a ser parte de la familia de Dios como hijas adoptadas. Hay mujeres en nuestra audiencia—y no es que sepamos quiénes son—pero hay algunas de ustedes que son temerosas de Dios, le tienen miedo a Dios Padre, temerosas de que Él las vaya a abandonar, a desilusionar, que las denigre o les haga daño quizás como tu padre terrenal lo hizo. Pero puedo decirte que esto no viene del Espíritu de Dios hablándote.

El Espíritu de Dios en nosotras nos dice, Abba, Padre; y Abba es una palabra en arameo que expresa un término de intimidad y cariño. 1 Juan capítulo 3 nos dice: «Mirad cuán gran amor nos ha otorgado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios».

Dios conoce tu nombre. Él toma nota de cada detalle de tu vida. Él te ha otorgado un gran amor. Él sabe el número de células en tu cuerpo, el número de cabellos en tu cabeza, que en algunas de nosotras cambia muy seguido. Él pone, dice la Escritura, tus lágrimas en una redoma. Él está íntimamente relacionado contigo. Su corazón es movido a compasión hacia ti. Él se goza sobre ti con cánticos, y Él desea una relación íntima contigo. ¡Ese es el Dios de este Libro!

Ahora, eso no significa que nos da todo lo que nosotras queremos. Ningún padre sabio haría esto con sus hijos, y no significa que podamos entender siempre sus decisiones. Dios es demasiado grande para que seamos capaces de sondear las profundidades de todas sus decisiones. Y eso no quiere decir que Él nunca nos permitirá sufrir dolor.

De hecho, Hebreos capítulo 12 nos dice que Dios a veces nos provoca dolor. ¿Por qué? Porque nos ama. Y podrías decir, «bonita manera de mostrar el amor». Bueno, Hebreos capítulo 12 versículo 10, dice que «Él nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de Su santidad». Él nos está santificando, nos está transformando, Él está limando nuestras asperezas y nos está haciendo a imagen y semejanza de Jesús.

Así que independientemente de lo que sentimos o pensamos, la verdad es que Dios es un Padre bueno que ama inmensamente a sus hijos y podemos confiarle nuestras vidas. Cuando llegas a conocer el amor de tu Padre celestial, esto no solo te transforma la perspectiva de Dios, sino también tu habilidad de amar y de responder a otros.

Una mujer escribió:

«Solo ha habido dos hombres en mi vida: mi padre y mi esposo. Y he tratado de pensar en todas las maneras posibles en que ellos llegaron a amarme. Pero ambos hombres me abandonaron cuando más los necesité. Aprendí que solo Dios puede amarme de la manera que necesito ser amada. Mi padre nunca habló conmigo cuando era adolescente. Puedo contar con los dedos de la mano el número de veces que lo hizo, y cada una de esas veces fue para denigrarme.

Me casé con mi novio de la adolescencia y me divorcié después de veintisiete años de matrimonio. Pero una vez que entendí la magnitud del amor de Dios que sobrepasa todo entendimiento, descubrí que no necesito ganarme ese amor y fui capaz de perdonar y amar a mi padre y a mi exmarido».

El conocer a Dios como tu Padre es encontrar aceptación, seguridad y paz. Y me encanta el versículo del Salmo 27 donde la Escritura dice: «Porque aunque mi padre y mi madre me hayan abandonado, el Señor me recogerá» (27:10). Él es infinitamente diferente a cualquier padre humano u hombre que hayamos conocido. ¿Te resulta difícil aceptar que tu Padre celestial te ama, que Él te acepta? Quizás puedes saberlo en tu cabeza, pero ¿alguna vez has conectado esta verdad a tu corazón?

Y al estarme preparando para esta sesión, no dejé de pensar en una imagen en mi mente de un padre parado con los brazos extendidos con un niño, un niño pequeño, arriba de una mesa o arriba de un sillón, algo alto; y el padre le decía, «salta a los brazos de papá». Imagínese a ese niño sintiéndose tan inseguro, temeroso. «¿Qué pasa si salto y no está ahí?» Y todos tenemos esos sentimientos.

¿Qué pasa si saltamos a los brazos de nuestro Dios y nos damos cuenta de que no está? Pero ese papá sabe que ese niño no ha experimentado aún que esos brazos son seguros y fuertes. Y así imaginé al niño pequeño con nuestro Padre celestial diciendo, «¡salta! ¡salta a mis brazos!» Y por debajo encontrarás siempre los brazos eternos de nuestro Padre celestial».

Otra de las mentiras que muchas de nosotras creemos acerca de Dios es que «Dios realmente no es suficiente». La verdad es que cuando llegamos al fondo, muchas de nosotras no creemos que Dios es suficiente, que Su Palabra es suficiente para sobrellevar mis circunstancias, mis problemas, mi situación específica. Sentimos que necesitamos la Palabra de Dios, más..., necesitamos nuestra Biblia y lo que tiene que ofrecernos, pero también necesitamos estos seis libros mejor vendidos de la librería cristiana. O también necesitamos este consejero o esta terapia o este medicamento.

Necesitamos a Dios, más una lista completa de otras cosas que son importantes en nuestra vida… más buenas amigas, buena salud, un marido. ¿Creemos realmente que si tenemos a Dios, tenemos lo suficiente? ¿O somos como estas mujeres que han escrito para decirme cómo han sido llevadas a la esclavitud por esta mentira?

Una mujer dice:

«”Dios realmente no es suficiente”, y (lo pone como una cita) no sabía que creía esto hasta que me di cuenta cuánta confianza ponía en otras cosas y en las personas. Pensé que confiaba en Dios completamente y le decía a mi esposo que solo teníamos que confiar en Dios, pero después corría con mis amigas para discutir mi matrimonio o nuestras finanzas».

Y lo que ella está diciendo es, «descubrí, por la manera en que vivía, que realmente estaba creyendo que Dios no era suficiente».

Otra mujer dice:

«Negaba la verdad de que mi relación con Jesús sería suficiente para satisfacer mis anhelos. De la manera que vivo, le he mostrado a los que están a mi alrededor que necesito otras cosas para ser feliz. He sido crítica, me he quejado, y he estado irritada casi toda mi vida».

La única diferencia, por cierto, entre esta mujer y muchas de nosotras en nuestra audiencia, es que ella ha sido lo suficientemente honesta como para admitirlo. Ella dice, «he estado viviendo esta mentira».

Ella creyó la mentira, y ¿cuál fue el resultado? Se volvió crítica, quejumbrosa, e irritable. Verás, decimos que cada problema de pecado en nuestra vida puede remontarse, en última instancia, a haber creído una mentira. Cuando creemos en algo que no es cierto, vamos a terminar en desobediencia.

Durante los últimos dos días he estado intrigada por un pasaje en Génesis capítulo 29. Génesis capítulo 29 cuenta la historia de Lea, que era la mayor de las dos hijas de Labán. Jacob entra en escena y se enamora de la hermana menor, de Raquel, que la Escritura dice era preciosa, hermosa. Ella era una mujer atractiva. Y dice la Escritura que los ojos de Lea eran débiles. Ahora, yo no sé exactamente lo que eso significa. Pero, al parecer, no era tan hermosa como su hermana menor, Raquel.

Así que Jacob se enamora de Raquel, la bella. Y él hace un acuerdo con el papá de ella de trabajar durante siete años a cambio de Raquel como esposa. Labán engaña a Jacob –algunas de ustedes están familiarizadas con esta historia– y en su lugar, después de haber concluido los siete años de trabajo, le da a Lea a Jacob por mujer. Entonces, a cambio de otros siete años de trabajo, Labán le entrega a su hija, Raquel a Jacob, como esposa.

Y ahora llegamos a Génesis 29 versículo 31. Y hay un párrafo donde dice que Lea teniendo esta desesperante búsqueda de amor y de plenitud como esposa, buscando la aprobación, y la aceptación de su esposo –en el versículo 31 nos dice: «Vio el Señor que Lea era aborrecida, y le concedió hijos; pero Raquel era estéril. Y concibió Lea y dio a luz un hijo, y le puso por nombre Rubén» (vv. 31-32).

Ahora, la palabra Rubén en hebreo suena como la palabra que significa, «Él ha visto mi aflicción». Y el nombre significa «ve un hijo». Nombra al hijo Rubén, y le está diciendo a su esposo, mira te he dado un hijo, alguien que lleva tu nombre, nuestro linaje. Porque ella dijo: «Por cuanto el Señor ha visto mi aflicción, sin duda ahora mi marido me amará» (v.32).

«Concibió de nuevo», dice el siguiente versículo y dio a luz un hijo, y dijo: «Por cuanto el Señor ha oído que soy aborrecida, me ha dado también este hijo. Así que le puso por nombre Simeón» (v.33), que probablemente significa «aquel que oye»; ella está tratando de llamar la atención, el afecto de su esposo y por último conocer el favor de Dios y la aprobación, porque en esos días el tener hijos estaba conectado, en un sentido, a tener el favor de Dios.

Y el siguiente versículo dice: «Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: Ahora esta vez mi marido se apegará a mí, porque le he dado tres hijos. Así que le puso por nombre Leví» (v34). La palabra Leví en hebreo suena como la palabra apego. Ella estaba tratando de encontrar plenitud y satisfacción por su desempeño.

Y después leemos: «Concibió una vez más y dio a luz un hijo, y dijo: Esta vez alabaré al Señor; así que le puso por nombre Judá; y dejó de dar a luz» (v. 35).

Aquí puedes ver una mujer frenética, desesperada por aceptación. Quiere saber que es amada; siempre está necesitando algo más que la satisfaga. Pero llega a un punto en su vida donde dice, «lo que me ha dado Dios es suficiente. Alabaré al Señor. Si nunca recibo el amor o el afecto de mi esposo, Dios es suficiente».

¿Realmente pensamos que Dios es suficiente o estamos buscando otras cosas o personas para llenar ese vacío en nuestro corazón?

¿Cuáles son algunas de las cosas con las que tratamos de llenar los lugares vacíos de nuestros corazones? ¿Qué nos viene a la mente? ¿Algo que buscamos para obtener satisfacción? Como por ejemplo, ¿comida? Sabemos que nosotras muchas veces no comemos porque tenemos hambre, sino que estamos intentando llenar esos huecos vacíos de nuestros corazones.

¿Qué otra cosa buscamos para satisfacernos además de Dios? ¿Un marido? ¿Una relación matrimonial? ¿Hijos? ¿Relaciones con los hijos? ¿Aceptación de amigas? ¿Logros? Quizás alguien piensa en ¿un trabajo? La misma cosa, tratar de conseguir la aprobación y el reconocimiento, satisfacción y amor.

«Buscando amor», como dijo una mujer recientemente, «en los lugares equivocados». Ella reconoció que eso es lo que ella ha estado haciendo. ¿Creemos que Dios es suficiente para suplir no solo nuestras necesidades, sino también las necesidades de los que amamos?

Escuchen esta carta que recibí de una mujer. Ella dice:

«Yo pude ayudar a un miembro de la familia que sufría de depresión y alcoholismo cuando finalmente creí que Dios es la respuesta a todos sus problemas. El darme cuenta de esto cambió la forma en que oré por ella y hablé con ella. Ella comenzó a buscar a Dios y a dejar que Él la cambiara. Encontré esta libertad de confiar en Dios para satisfacer sus necesidades y las mías».

¿Y ves cómo creer la verdad de que «Dios es realmente suficiente» nos libera? La verdad es que Dios nos ha creado de una forma tal, que ninguna cosa pueda llenar esos profundos deseos ni suplir esas necesidades de nuestro corazón, sino solamente Él.

Y me encanta este pasaje en el Salmo 73, comenzando en el versículo 23, cuando el salmista reflexiona en todo lo que él tiene en Dios. Y aquí está su conclusión:

«Sin embargo, yo siempre estoy contigo; tú me has tomado de la mano derecha. Con tu consejo me guiarás, y después me recibirás en gloria».

Digo, cuando tienes todas estas cosas, ¿qué más necesitas? Cuando Dios está contigo, cuando Él te toma de la mano, cuando te está guiando según Su consejo, cuando Él promete un futuro y una esperanza al llevarte a Su gloria, ¿qué más necesitas? Y el salmista continúa diciendo:

«¿A quién tengo yo en los cielos, sino a ti? Y fuera de ti, nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón pueden desfallecer, pero Dios es la fortaleza de mi corazón y mi porción para siempre».

¿Sabes cuál es la conclusión? Y es ahí donde necesitamos aconsejar nuestro corazón conforme a la verdad. «El Señor es mi pastor, nada me faltará» (Salmo 23:1). En Él, con Él, en Cristo tenemos todas las cosas. La verdad es que Dios es realmente suficiente.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth regresará para orar. Esta enseñanza concluye la breve serie, «Mentiras que las mujeres creen acerca de Dios». Si te perdiste la primera parte, encuéntrala en AvivaNuestrosCorazones.com.

Creo que todas nos identificamos con alguno de los comentarios que Nancy compartió. Espero que escuchar este programa te haya animado a ser intencional en conocer más a tu Padre celestial a través de Su Palabra; y no solo conocerte tú, sino ser un reflejo de Él a aquellos que te rodean.

Escucha lo que otra mujer que ha encontrado libertad en el evangelio nos escribió:

«Me he sentido tan imperfecta y he sentido que Dios me mira con ojos de decepción, de molestia y que nunca seré agradable a sus ojos. Y yo sé, en mi conocimiento que tengo de Dios, que Él jamás me mira así porque es un Dios lento para airarse y lleno de amor. Siempre voy a Él por perdón, pero aun miro que no es suficiente porque no alcanzo a hacer lo mejor posible. Ahora veo que mi Señor no desea que sea perfecta (no condiciona su amor), Él me ve a través de Cristo y en Cristo soy perfecta».

Nancy: Padre, confesamos que tenemos una larga lista de necesidades, cosas que creemos necesitar aparte de ti. Y te agradezco por esos momentos cuando has quitado cosas de nuestras vidas que pensamos que no podíamos vivir sin ellas, para que así podamos encontrar que Cristo es lo único que necesitamos.

Sabemos que a lo mejor no nos daremos cuenta de que Cristo es lo único que necesitamos, hasta que Él sea lo único que tengamos. Pero te agradezco que cuando Él es lo único que tenemos, entonces nos damos cuenta de que Él es realmente lo único que necesitamos. Así que estamos satisfechas Señor contigo. Tú eres nuestro pastor, nada nos faltará. En el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Dios orquesta las circunstancias en nuestras vidas para contar la historia que Él ha escrito. Esto es algo que vemos en la Escritura, pero cuando Dios obra de manera similar en nuestras vidas no lo recibimos de la misma manera. En nuestra próxima serie, escucha un mensaje que ha hecho eco en miles de mujeres en la última década titulado, «Para un tiempo como este».

Nancy: Dios te ha colocado en un lugar para los propósitos de Su reino en este momento, y tú dices: «No me gustan mis circunstancias». Dios entiende eso, pero Él está llevando a cabo el drama celestial y tú desempeñas un papel en él. Él tiene propósitos que son grandes y eternos, y en este momento no sabemos cuáles son esos propósitos. No los podemos ver. Es por eso que tenemos que confiar en que son seguros.

Annamarie: Acompáñanos para este próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Ayudándote a contemplar la belleza del evangelio, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Te Amo Más, Jairo Puello, Sobre La Roca ℗ 2010 Arkangel Music.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca de los orador

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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