Podcast Aviva Nuestros Corazones

Es tan dulce confiar en Cristo

Temporada: Estad quietas

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Un día soleado de verano, Luisa, su esposo y su niña de cuatro años, Lily, prepararon el almuerzo para hacer un picnic en la playa de Long Island en NY cerca de su casa, para disfrutar de unas horas jugando en la arena y en el mar.

Annamarie Sauter: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy: Mientras disfrutaban del picnic, esta familia, escuchó un grito. Era de un joven dentro del agua que luchaba en contra del viento y la corriente por llegar a la orilla.

Bueno, el esposo de Luisa, entró al agua inmediatamente y nadó hasta donde el joven para ayudarlo. Puso su brazo alrededor del chico e intentó nadar de vuelta a la orilla, mientras Luisa y su pequeña observaban con impotencia desde la orilla mientras el joven seguía forcejeando. Eventualmente ambos el joven y el Sr. Stead, el esposo de Luisa fueron arrastrados por las olas y se ahogaron en el océano.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Quizás piensas que una persona que haya sufrido una tragedia como esta, jamás podría volver a cantar de nuevo. Pero, ¿sabías que uno de los himnos de consolación más preciosos, fue escrito por una mujer que sufrió una tragedia? Hoy Nancy nos contará esta historia como parte de nuestra serie actual, titulada, «Estad quietas».

Nancy: Alguien mencionó en nuestra última sesión, que realmente era una bendición que estas personas que escribieron los himnos hace ya más de cien años, pudieran escribir de su devoción y de su caminar con Dios. Esta persona estaba contenta de que hubieran escrito esos versos y de que se les hubiera puesto música. Y hoy en día, 100 o 200 años más tarde, podemos cantar esos grandes himnos y como resultado nuestras vidas son bendecidas.

Esto te hace desear que el fruto de nuestras vidas en esta generación sea tal, que de aquí a 100 años, si el Señor no ha venido antes, o doscientos años hacia el futuro, que las siguientes generaciones sean bendecidas por nuestro amor a Cristo. Me alegro por aquellos que están escribiendo himnos modernos. No tienes que ser un gran poeta o un excelente escritor de himnos, pero sí se puede expresar la devoción de tu corazón por Cristo, tu amor hacia Él, y compartirlo con las siguientes generaciones para que sea de bendición en su caminar con el Señor.

Esperamos que este CD pueda ministrar gracia, motivación y bendición para tu vida. La música es como un estilo devocional, tranquilo y reflexivo. Permite que nuestros corazones tengan la oportunidad de permanecer quietos y se deleiten en la presencia de nuestro Dios.

En el día de hoy quiero que conozcamos a otra no muy conocida poeta y escritora de himnos que ha bendecido a muchos con una de sus canciones.

Su nombre es Luisa Stead. Ella nació en 1850 en Dover, Inglaterra. Conoció a Cristo a la edad de nueve años. Desde que era adolescente sintió un llamado por convertirse en misionera en el extranjero. Cuando tenía veintiún años, emigró a los Estados Unidos. Durante sus años viviendo en los Estados Unidos, ella asistió a una reunión de avivamiento donde nuevamente sintió un fuerte sentimiento del llamado de Dios a su vida de convertirse en misionera, así que se ofreció para servir en el servicio misionero.

Su deseo era ir a China, pero como no estaba bien de salud no la aceptaron para ir.

Se casó con un hombre que tenía el apellido Stead. No pude encontrar su primer nombre. Estoy segura que estará en alguna parte dentro de los archivos. Pero, un día soleado de verano, Luisa, su esposo, y su hija de cuatro años Lily, prepararon el almuerzo para hacer un picnic en la playa de Long Island en NY, cerca de su casa, para disfrutar de unas horas jugando en la arena y en el mar.

Ahora, he leído varios registros de lo que sucedió luego, pero el resumen sería que mientras disfrutaban del picnic, la familia Stead escuchó un grito. Era un joven dentro del agua que luchaba en contra del viento y de la corriente por llegar a la orilla.

Bueno, el Sr. Stead entró al agua inmediatamente y nadó hasta donde estaba el joven. Pasó su brazo alrededor de él e intentó nadar de vuelta a la orilla con él. Pero Luisa y su pequeña hija observaron desde la orilla impotentes, mientras el joven seguía forcejeando, y cómo eventualmente ambos el joven y el Sr. Stead fueron halados por las olas y la corriente, y se hundieron en el océano.

Con el corazón roto, viuda y con una niña pequeña y sin su esposo, Luisa batalló para proveer para ella y para su hija. Le dijo a una amiga:

«Necesito fe y confianza para creer en que la providencia de Dios continúa obrando. Y que su mano me guiará por el desconcierto del porvenir».

Un día la despensa estaba vacía, no había nada para comer, así que Luisa y su pequeña hija le clamaron a Dios, diciéndole que Él conocía sus necesidades pidiéndole a Él, que proveyera de su abundancia.

La siguiente mañana, se levantaron y encontraron una canasta con provisiones frente a la puerta de su casa y un sobre con suficiente dinero para comprar unos zapatos para Lily. Luisa le dijo a su pequeña hija: «Hemos confiado en Dios y Él no nos ha defraudado, hemos confiado en Dios y Él no nos ha fallado». Qué lección más poderosa para que una niña aprenda en sus primeros años: «Hemos confiado en Dios y Él no nos ha fallado».

Algunas de ustedes han experimentado esos momentos increíbles donde no tienes a dónde más ir, donde no hay otra esperanza, nadie más que te ayude, solo volverte al Señor y decirle, «Señor, no sé qué hacer, pero mis ojos están puestos en Ti, confío en ti, dame la gracia para confiar más en Ti». Y luego que ves a Dios proveer, eso se convierte en un mensaje para tus hijos, para tus nietos y tus amigos más cercanos. «Confiamos en Dios y Él no nos ha fallado».

Bueno, de esta trágica experiencia de Luisa al perder a su esposo, y al ver la mano de Dios proveer para sus necesidades, ella se inspiró a escribir este poema:

Es tan dulce confiar en Cristo y entregarle el alma a Él, esperar en sus promesas y en sus sendas serle fiel.

«Es tan dulce confiar en Cristo»; ahora, mientras meditas en las palabras de este himno, mantén en tu mente que nuestra confianza, nuestra fe, no existe en el vacío. No es una de fantasía: «Oh, soñaré que así sea y así será o lo declararé y así será. Esto no es una teología de decláralo y reclámalo.

Nuestra confianza tiene un objeto, no somos nosotras mismas, no son nuestros sueños, no son nuestras esperanzas. Nuestra confianza está depositada en una Persona. «Es tan dulce confiar en Cristo». Nuestra confianza está basada en el fundamento sólido de Su Palabra.

«Es tan dulce confiar en Cristo, confiar en Su Palabra; esperar en Sus promesas». Eso es lo que hace que la fe sea fuerte y valiosa. No significa que nuestra fe sea fuerte sino que el objeto de nuestra fe es poderoso. Estamos confiando en Cristo, estamos confiando en Su Palabra, estamos confiando en Sus promesas eternas.

Ella dice en el coro: Jesucristo, Jesucristo, ya tu amor probaste en mí. Jesucristo, Jesucristo siempre puedo confiar en ti.

Mientras más conozcas Su obra y Su provisión, más querrás confiar en Él, y más querrás orar por gracia para seguir confiando aún más en Él.

Así que de su experiencia como viuda con una hija pequeña. Luisa confió en Jesús para su provisión material y práctica, y Dios respondió.

Dios vino en su ayuda en medio de su necesidad financiera en ese punto donde ella por la pérdida de su esposo no podía proveer para ella misma. Ella vio cómo Dios obró y proveyó.

Pero ella sabía que podía confiar en Jesús no solo para la provisión material, ella sabía eso, y sobre todo que se podía confiar en Jesús para la salvación eterna. ¿Porque de qué serviría tener todas las riquezas del mundo y morir sin tener a Jesús? No sería rica, sería realmente la más pobre. ¿No es verdad? Así que ella sabía que podía confiar en Jesús para su salvación, así que escribió la segunda estrofa:

Es muy dulce confiar en Jesús, y en simple fe sumergirme debajo del manantial de pureza y sanidad.

¿En qué estás confiando para tu salvación? ¿En qué estás confiando para el perdón de tus pecados en contra de un Dios Santo?

Escucha, nada de eso podrá salvarte. Nada de eso podrá perdonar ningún pecado, mucho menos una vida vivida completamente de espaldas a un Dios santo. Nada ni nadie, solo Jesús y Su sangre derramada es suficiente para tu salvación.

Y entonces, habiendo experimentado Su gracia salvadora, Luisa también halló en Jesús la gracia santificadora que la liberó de sí misma y de su pecado, y ella se refirió a esto en su tercera estrofa:

«Sí, es tan dulce confiar en Cristo, cuando de Él tomamos los tesoros de vida, reposo, gozo y paz».

«Es tan dulce confiar en Cristo». Es una vida de fe. Es una vida de descansar y apoyarnos en nuestro amado, como dice en el Cantar de los Cantares. Una vida no de luchar o de tratar de llenar la medida, no de mi propio desempeño, no del esfuerzo humano.

Algunas de nosotras vivimos nuestras vidas en el monte Sinaí donde la ley fue dada y tienes que tratar y luchar y luchar por cumplirla y por complacer a un Dios que no podemos complacer; o luchamos y nos aferramos y tratamos de tener una vida de gozo, paz y el fruto del espíritu, y decimos: «Voy a lograr tener esto aunque me mate» (y quizás te mate).

Pero Luisa reconoció que esta es una vida de fe, una vida de creer que todo lo que necesito, todo lo que quiero, todo lo que anhelo, todo lo que tengo para esta vida y para la venidera se halla en Jesús. Él ha consumado la obra. Nuestro trabajo es verlo a Él y creer: «Es tan dulce confiar en Cristo, solo de Jesús puedo tomar vida, reposo, gozo y paz».

Y vemos en la última estrofa que podemos confiar en Jesús, no solo en esta vida, sino durante toda la vida, hasta la meta final y la vida venidera. Ella dice:

«Estoy feliz, aprendí a confiar en Él».

Por cierto, no aprendes a confiar en Él a menos que te encuentres en circunstancias difíciles que te coloquen en una posición difícil. ¿No es cierto? Si siempre tienes lo que necesitas y nunca tienes retos que enfrentar, nunca has tenido problemas, nunca has tenido dificultades, ¿aprenderías a confiar en Cristo? ¿En quién confiaríamos? En nosotras mismas. ¿No es así? Seríamos autosuficientes, testarudas y orgullosas.

Pero ella dijo:

Estoy tan feliz, aprendí a confiar en Él.

Y lo que ella realmente está diciendo es: «Todo lo que me haga necesitar a Dios es una bendición». Nos hace confiar en Él.

Precioso Jesús, Salvador, amigo, yo sé que Él está conmigo, estará conmigo hasta el final.

Lo que ella experimentó en el pasado, sabía que iba a ser cierto en el futuro, y cualquier cosa que trajera aunque no pudiera verlo ahora.

Como puedes ver, nuestras necesidades, dificultades, retos, problemas, preocupaciones, todas son oportunidades para confiar en Jesús, para poner los ojos en el Señor, para descubrir Sus promesas, para probar Sus promesas, probar y conocer Su fidelidad.

Y como he dicho antes, si nunca pasáramos por esas dificultades, si nunca tuviéramos la necesidad de confiar en Él en esos momentos donde no sabemos cuál será el resultado final, ¿dónde estaríamos? Por eso Dios nos ama lo suficiente para crear circunstancias que nos quebranten y nos hagan darnos cuenta cuán desesperadamente lo necesitamos.

Usualmente antes de dar una conferencia yo oro, «Señor, esta semana antes de la conferencia, ¿podrías crear circunstancias en las vidas de las mujeres que asistirán, para que ellas se den cuenta de cuánto te necesitan? Haz que lleguen desesperadas por ti. De otra manera tratamos durante la primera mitad de la conferencia de captar la atención de la audiencia. ¿O no es así? Así que le pido a Dios que prepare los corazones al crear circunstancias que les muestren cuán desesperadas están por Él.

Creo que Dios responde esa oración. Y lo hace no solo por ellas. Lo hace también por mí. En las semanas antes de la conferencia, o cualquier semana, pueden surgir circunstancias que me hacen darme cuenta cuánto lo necesito. Y no es sino hasta cuando eso sucede cuando comienzo a caminar por fe y no por vista. «Es tan dulce confiar en Cristo».

Bueno, diez años después de la muerte de su esposo, Luisa se volvió a casar, y ella y su esposo sirvieron como misioneros, primero en Sur África, de donde era su esposo, y luego lo que se conoce como Zimbabue que era Rodesia del Sur. Sirvieron juntos como misioneros por muchos años. Ella finalmente se retiró y murió en ese país.

Es dulce mientras lo pienso, el hecho de que cuando ella era joven, una adolescente, ella sintió, dos veces, ese fuerte llamado de parte de Dios de convertirse en misionera. Ella lo intentó y la desestimaron por su salud. Y luego se casó con un norteamericano, y se asentaron en los Estados Unidos.

Pero Dios estaba escribiendo el guión. Dios estaba orquestando las piezas de su vida. Dios sabía que llegaría el tiempo en que el anhelo de ser misionera sería un hecho en su vida. No fue cuando ella pensó que sería, sino más tarde en su vida cuando su deseo se hizo realidad.

Incluso cuando viajó… Tú creerías que cuando llegas al ministerio es un trayecto suave de ahí en adelante, ¿verdad? Pero no. Ella debía continuar confiando en Jesús. Ella dijo una vez llegó al campo misionero:

Uno no puede evitar decir de cara a las dificultades: «¿Quién es suficiente para estas cosas? Yo no puedo manejar esto».

Veo aquí a mi amiga Jessica preparándose para tener a su tercer hijo. El mayor de sus hijos tiene tres años, el segundo tiene dos años y Jess se está preparando para tener el tercero. ¿Quién es suficiente para estas cosas? ¿Verdad? Y tú dirías, «¡oh, los bebés son fáciles, no traen problemas, espera a que sean adolescentes! ¿Quién es suficiente para estas cosas? O todos esos padres con jóvenes adultos y sus problemas ¿Quién es suficiente para estas cosas? O estar soltera y ser fiel al Señor y servirle solo a Él. ¿Quién es suficiente para estas cosas?

Eso fue lo que Luisa Stead experimentó cuando llegó al campo misionero. Pero ella decía: «Con confianza y determinación podríamos decir: Nuestra suficiencia viene de Dios». Y por supuesto ella citaba al apóstol Pablo: «No que seamos suficientes en nosotros mismos para pensar que cosa alguna procede de nosotros, sino que nuestra suficiencia es de Dios».

Pablo dice que Dios permite esas circunstancias, las dificultades que llegan a nuestras vidas, lo que a veces pareciera una cruel providencia, Dios lo permite en nuestra vidas para que nuestra confianza no esté en nosotras mismas sino en Dios quien resucita a los muertos, «el Dios que da vida eterna».

Luisa murió en Zimbabue. A los misioneros que sirvieron junto a ella siempre les encantó la canción que ella escribió: «Es tan dulce confiar en Cristo» y ellos escribieron este tributo después de su muerte.

La extrañamos mucho, pero su influencia continúa mientras los cinco mil cristianos nativos continúan cantando este himno en su lengua nativa.

Ese himno escrito como fruto del sufrimiento y el dolor se ha convertido en un medio de gozo, vida y bendición en múltiples idiomas, múltiples países y múltiples generaciones. Esa es la manera de Dios: La muerte trae vida.

Esa canción que ella escribió luego de la tragedia ha ministrado a millones alrededor del mundo, y ha inspirado a personas como nosotras en medio del dolor y de la pérdida, a confiar en Jesús, lo que me lleva a preguntarte lo siguiente: ¿Cuál es tu testimonio? ¿Cuál es el testimonio que Dios quiere escribir en y a través de tu vida?

En esos momentos difíciles Dios está escribiendo un testimonio. Él está escribiendo una canción, un poema. Puede que tú no logres que rime, yo no soy buena escribiendo poemas. Pero Dios quiere sacar himnos de nuestras vidas. ¿Cuál es tu legado?

Nuestra tendencia natural en las tribulaciones es a confiar en nuestros sentimientos o circunstancias, nuestra perspectiva es limitada, nuestro razonamiento es humano. ¡Cuando se trata de todas las cosas que hemos atravesado en la vida, no lo hubiésemos escrito de esa forma! ¿No es cierto? «Yo no hubiese escrito eso si fuera Dios»; bueno, gracias a Dios que no somos Dios. Y gracias a Dios que Él está escribiendo el guión.

Es por eso que Él dice, «confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócele en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas» (Prov. 3: 5-6).

Confía en Su Palabra, descansa en Su promesa, aunque no puedas ver lo que Él está haciendo, aunque no puedas ver el resultado, aunque sientas que al confiar estás cayendo al vacío y digas, «todos vamos a morir». Bien, puedes decir eso, pero ¿qué pasará después de eso? «Es tan dulce confiar en Cristo y descansar en Sus promesas».

Descansa en Su Palabra porque si mueres físicamente, tienes una vida mejor porvenir, la eternidad con Cristo.

El Salmo 9 versículo 10 nos recuerda: «En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron».

Isaías lo dijo de esta manera: «He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es Jehová, quien ha sido salvación para mí».

Déjame llevarte nuevamente al coro de la canción donde apreciamos la afirmación:

Jesucristo, Jesucristo, ya tu amor probaste en mí; Jesucristo, Jesucristo siempre puedo confiar en ti.

Esa es una afirmación de fe. Lo he visto acudir en mi ayuda, Él ha cubierto mis necesidades. Como Luisa le dijo a su hija Lily: «Hemos confiado en Dios y Él no nos ha fallado».

Esa fe crece a medida que la ponemos en práctica, crece con la experiencia. Hoy puedo confiar en Dios de una manera en la que no podía confiar en Dios hace treinta, cuarenta, cincuenta años, porque Él ha probado Su amor por mí. Eso no significa que confío en Él todo el tiempo, pero tengo más razones para hacerlo porque Él ha probado estar conmigo. «Jesucristo, Jesucristo, siempre puedo confiar en ti».

Y luego en la segunda parte del coro, ella hace una afirmación:

¡Jesucristo precioso Jesucristo! ¡Dame gracia para confiar más en ti!

Esa es una súplica por más fe. «Señor, creo, pero ayúdame en mi incredulidad». «Confío en Él, pero necesito confiar más en Él, necesito confiar más en Él».

Existe un elemento sobrenatural para la fe. No es solo algo que podemos crear o generar nosotras mismas. «Ok, voy a confiar en Jesús», no. Oramos, «Señor, dame gracia para confiar más en ti».

Sabemos que se supone que debemos confiar en las promesas de Dios y en Su presencia constante, pero muchas veces aún es difícil confiar. ¿No es verdad? A mí me pasa. Algunas veces, en especial para nosotras como mujeres, podemos simplemente cambiar rápidamente nuestros corazones y decir: «Ok Señor confío en ti con esto».

Pero entonces algunas veces es más difícil confiar en el Señor con otras cosas o personas con las que llevamos una carga, nuestros hijos, familiares y amigos. Muchas veces los veo a ellos y pienso, descansa, solo confía en el Señor. No puedo hacerlo por ellos, y ellos no pueden hacerlo por sí mismos. Necesitamos la gracia de Dios para confiar, y por eso es que debemos reconocer nuestra necesidad de Él. Pídele esa gracia.

«Jesucristo, Jesucristo, siempre puedo confiar en ti». Pídele que te dé la gracia para confiarle tus familiares y amigos.

Te necesito Cristo, sí te necesito, danos tu gracia. Señor, te necesitamos. Confiamos en ti, ya tu amor probaste en nosotras, pero necesitamos más de tu gracia. Necesitamos más fe. Danos de tu gracia para confiar más en ti.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado mostrando por qué debemos confiar en Jesús, aún a pesar de nuestras circunstancias.

Nancy nos ha estado hablando acerca del trasfondo del himno, «Es tan dulce confiar en Cristo», como parte de nuestra serie actual, «Estad quietas». A lo largo de esta serie Nancy nos estará enseñando el origen de siete himnos que han sido de mucha bendición para los creyentes a lo largo de la historia de la iglesia.

Estos himnos fueron interpretados a piano por Nancy en un CD instrumental. Este se llama «Be Still» (en español, «Estad quietas»). Este recurso te ayudará a aquietar tu alma y a acompañar tu tiempo de quietud o devocional, con música que te ayude a recordar las verdades contenidas en algunos himnos.

De hecho, la música que escuchas de fondo es precisamente de este CD, es el himno del que hemos hablado hoy, «Es tan dulce confiar en Cristo».

Obtén este CD, «Be Still», a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Sabías que el tema musical principal de Aviva Nuestros Corazones fue escrito por alguien que estaba en medio de una lucha con el pecado? Nancy te contará esta historia mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Buscando a Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Música: Come, Thou Fount of Every Blessing, Nancy Leigh DeMoss; Be Still ℗ 2013 Revive Our Hearts. Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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