Aviva Nuestros Corazones Podcast

Toma mi vida Señor

Temporada: Estad quietas

Recursos del Episodio

Archivo PDF «Toma mi vida y conságrala»

Annamarie Sauter: El salmista oró, «Señor, pon guarda a mi boca; vigila la puerta de mis labios».

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Revelan las palabras que salen de tu boca que tu corazón está completamente dedicado y rendido a Dios? ¿Estás llenando tu mente y tu corazón con la Palabra de Dios para que lo que salga de tu boca sean mensajes de Él?

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy continuamos en la serie, «Estad quietas». Nancy ha estado profundizando en el significado de algunos himnos que han sido parte de su herencia familiar. También son parte de nuestra herencia, pues han sido escritos por hermanos en Cristo, y la iglesia a lo largo de la historia, nuestra familia espiritual, ha sido bendecida con estos cánticos saturados de la verdad de Dios.

Hoy estaremos reflexionando sobre el himno, «Toma mi vida Señor». Aquí está Nancy con nosotras.

Nancy: Hay muchos tipos de himnos los cuales tienen diferentes temas y énfasis. Algunos de los himnos que más disfruto son los que expresan un corazón de consagración. Algunas veces son catalogados como himnos de aspiración, canciones o himnos de añoranza, expresando al Señor nuestro deseo de estar más cerca de Él, para conocerlo, caminar con Él y entonces estar consagradas totalmente a Él.

De ese tipo de himnos queremos ver en el día de hoy. Ayer hablamos acerca de Frances Ridley Havergal y su gran himno «Like a River Glorious» (que traducido es Cual la mar hermosa). Frances era una creyente comprometida, ella servía al Señor, pero cuando llegó a sus 35 años, sintió que algo aún faltaba en su vida cristiana.

Fue cuando descubrió un pequeño libro titulado All for Jesus (Todo por Jesús), que hablaba de la importancia de permitir a Jesús reinar sobre cada aspecto de nuestras vidas por más mínimo que fuera. Al leer ese libro, Frances llegó a una completa y fresca consagración hacia Cristo su Señor.

Años después ella escribió esta experiencia. Ella dijo que fue en un domingo de adviento, el 2 de diciembre del año 1873.

Por primera vez vi claramente la bienaventuranza de una consagración verdadera. Lo vi como una destello de luz, y lo que ves, ya nunca más lo puedes dejar de ver. Debe haber total rendición antes de que haya completa bienaventuranza.

¿Me explico? «Debe haber completa rendición antes de que haya completa bienaventuranza».

Después de un tiempo Frances pasó unos días visitando un hogar con otras personas. Había allí diez personas quedándose en ese hogar. Algunos de ellos eran inconversos; algunos no estaban caminando con el Señor y Frances oró, «Señor, ¿me darías a todos estos aquí para Ti?»

Empezó a testificarles uno por uno, desafiándoles con las demandas de Cristo y ministrándoles. Antes de irse, cada uno de ellos había comprometido su vida a Cristo. En la última noche, estaba tan emocionada que no podía dormir, por lo que Dios estaba haciendo en la vida de estas personas.

Ella estuvo despierta la mayor parte de la noche escribiendo lo que ahora es conocido como el gran himno de consagración, «Toma mi vida y conságrala para ti Señor». Ese término «consagración» o «consagrado», no forma parte de nuestro vocabulario diario, tristemente. Necesita volver a nuestro vocabulario.

Pero es un concepto que encontramos seguido a través de las Escrituras, el ser consagrado, el estar consagrado. Hablamos de ofrendas que han sido consagradas al Señor en el Antiguo Testamento. Muchas veces las Escrituras dicen, «Conságrate a ti mismo, para que mañana el Señor haga grandes cosas».

Consagración significa «declarar o ser apartado como santo, sagrado; dedicar solemnemente a un servicio o a una meta; para santificar». Significa dedicar la vida, el tiempo, las posesiones de uno a cualquier propósito en específico. La consagración no es algo que llega solo o entra por ósmosis. Es intencional, deliberada, es una continua ofrenda de sacrificio al Señor.

Queremos ser apartadas para Sus propósitos del reino.

Creo que a veces tenemos esta imagen de la consagración como algo antiguo, algo viejo, una palabra chapada a la antigua, eso es solo para las pocas personas que verdaderamente son santas que están especialmente consagradas al Señor… Personas como yo que solo enseñamos la Biblia y vivimos en nuestro pequeño cónclave o cualquier cosa que sea.

Pero la consagración no es solo para los selectos, es para cada creyente. Debería empezar en el punto de nuestra salvación, cuando decimos, «Señor, soy tuya. Tú diste tu vida por mí, así que yo doy la mía por ti». Al nosotras consagrarnos y nuestras vidas y todas nuestras cosas, nuestras familias y todo al Señor, solo le estamos dando de regreso lo que Él nos dio a nosotras.

Todo le pertenece a Él. Nada es nuestro. Estamos reconociendo, «¡Señor, soy tuya! ¡Todo es tuyo!» Así que la consagración es tanto una obligación, porque todo le pertenece a Él… mi dinero es de Él, así que lo consagro a Él para que sea usado para Sus propósitos. Pero no solo es una obligación sino que es un gran privilegio regresarle a Dios lo que por derecho le pertenece.

En la consagración vemos la demanda del amor y vemos el deleite del amor. Es requerido de nosotras, pero es un privilegio entregarnos a Dios. Creo que en todo el asunto de la consagración hay un «punto» y hay un «proceso», como es verdad en otros aspectos de la vida cristiana.

Aquí está como Frances Havergal lo dijo. Ella dijo, «completa consagración puede que sea en cierta manera un acto de un instante», un punto en el tiempo. Eso es lo que pasó cuando ella leyó ese libro, All for Jesus (Todo por Jesús). Ella llegó a un punto fresco de consagración en su vida para el Señor. Puede ser el acto de un instante.

Por otro lado, la consagración puede ser el trabajo de toda una vida, un proceso, un proceso continuo, diario. Ella dice, «tiene que ser completo para que sea real, aun así siendo real, siempre será incompleto». Estamos ofrendándonos completamente al Señor, pero siempre hay algo más que ofrecerle al Señor. Está incompleto.

Es un punto de descanso y a la vez una progresión perpetua. Punto y proceso.

Quiero aprovechar el tiempo que tenemos juntas en el día de hoy para caminar por las líneas de este gran himno de consagración, al ir haciendo algunas preguntas para que podamos hacerlo personal. Y lo más importante, para que podamos hacer esto personal para nuestra propia consagración al Señor.

Ahora, solo estoy leyendo o compartiendo con ustedes esta sesión con preguntas seleccionadas de una porción bastante grande disponible en Aviva Nuestros Corazones en un archivo PDF que se puede imprimir. Toma cada línea del himno, y hace preguntas que te ayudarán a hacerlo práctico.

Es algo que puedes usar y meditar, usarlo en tu devocional, o quizás compartirlo con otras en un estudio bíblico o en tu grupo pequeño. Es para poder preguntar, «¿cada parte de mi vida está consagrada al Señor?»

Por ejemplo toma la primera línea… Que mi vida entera esté consagrada a Ti Señor.

Hay otra línea que dice, «que mi tiempo todo esté consagrado a ti Señor». Una cosa es decir, «te doy mi vida», pero después nuestra vida está compuesta por varias partes. Así que ella repasa y detalla más específicamente lo que estamos consagrando u ofreciendo al Señor, lo que le estamos dedicando. Todos mis momentos, todos mis días.

La primera cosa es mi tiempo. ¿Está tu tiempo consagrado al Señor? «Toma mis días y mis momentos, permite que fluya alabanza sin cesar». Aquí hay algo en qué pensar.

¿O has reservado solo una parte de tu tiempo para la «categoría espiritual» de tu vida? «Voy a darle al Señor una hora el domingo por la mañana. Voy a darle al Señor tres minutos para orar antes de una comida o tal vez devocionales familiares, pero este tiempo es mío. Necesito mi tiempo».

Obvio que no lo decimos de esa manera. Pero ¿estás conscientemente dando al Señor, dedicándole a Él, tu tiempo, dándote cuenta que todo le pertenece a Él, tus momentos y tus días?

Aquí está otra pregunta:

Después ella habla de consagrar a Dios los miembros, las partes de nuestro cuerpo. Ella dice, «que a mis manos pueda guiar el impulso de tu amor». Pensé en esa frase mientras grababa este CD, tocando el piano. Mi oración era, «Señor toma mis manos y permite que se muevan al impulso de tu amor». Esto no es para mí, esto no se trata de mí. Esto es para ti. Esto es porque te amo y quiero declarar mi amor por ti.

«Señor que a mis manos pueda guiar el impulso de tu amor, que mis pies tan solo en pos de lo santo puedan ir». ¿Has rendido los miembros, las partes de tu cuerpo como instrumentos de justicia para Dios como dice Romanos capítulo 6? ¿Tus manos, tus pies, tus ojos, cada parte de ti, para el uso de Dios y Sus propósitos?

¿Usas los miembros de tu cuerpo para expresar el amor de Cristo a otros? ¿«Permites que se muevan al impulso de Su amor»? Tus manos pueden ser utilizadas para servir a otros o un toque cariñoso para tus hijos. ¿Estás usando los miembros de tu cuerpo para expresar el amor de Cristo a otros? Aquí hay otra pregunta:

¿Hay algún miembro de tu cuerpo, ojos, oídos, manos, pies, boca, que está siendo usado egoístamente? ¿O peor aún, para pecar contra Dios?

Pablo dice en Romanos, «ni presentéis los miembros de vuestro cuerpo al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia» (Ver Rom. 6:13).

Después ella dice, «y que a ti Señor mi voz se complazca en bendecir». Recuerda que Frances era una música con mucho talento. Pudo haber recibido muchos aplausos y gloria para ella misma, pero ella dijo, «no, solo usaré mi voz para traer gloria a mi Rey».

«Que mis labios al hablar hablen solo de tu amor». ¿Qué me dices de tu lengua? ¿Ha sido consagrada para el Señor? ¿La estás consagrando, dedicándola diariamente? Eso es lo que hacía el salmista cuando oraba, «Señor, pon guarda a mi boca; vigila la puerta de mis labios». No permitas que diga nada profano (Sal. 141:3).

Eso es lo que ella está diciendo cuando ella dice: «Que mis labios al hablar hablen solo de tu amor».

¿De dónde recibes los mensajes de Dios? Abres Su Libro. Te sumerges y lo estudias. Te llenas tanto de la Escritura que cuando eres retada o cuando hablas o cuando estás presionada... Y no me refiero solo a cuando estás en una plataforma para hablar. Es fácil hablar la verdad de Dios en ese momento.

Pero cuando estás bajo presión, cuando estás siendo empujada, cuando alguien en el trabajo te está presionando por causa de tu fe, cuando tu hijo te está desesperando, tu pareja o tú misma… ¿qué es lo que sale de tu boca?

¿Son mensajes de Dios porque tu corazón está lleno de Su Palabra? ¿Usas con intención tu lengua para hablar de Cristo y para exhortar a otros en su caminar con Dios? «Que mis labios al hablar hablen solo de tu amor». Toma mis labios y permite que sean llenos de mensajes que vengan de Ti. Una lengua consagrada para que pueda hablar de Cristo, buscando oportunidades cuando ande de aquí para allá haciendo diligencias, comprando, hablando con la gente con la que se rodea, al trabajar con proveedores o compañeros o miembros de la familia?

¿Uso mi lengua para hablar de que lo maravilloso que es Cristo y para dirigir a otros a una relación con Él? ¿Para exhortarlos en su caminar?

Después ella habla acerca de la consagración de nuestras posesiones a Dios. Ella dice, «toma mi plata y mi oro, ni una pizca voy a retener». ¿Acaso te recuerda esto a una historia de la Escritura? ¿Donde la viuda solo tenía un par de monedas y ella da todo lo que tiene?

Frances dice, «todo mi dinero, mis cosas, mis pertenencias todo es tuyo. No quiero retener nada para mí, al final de su vida, Frances Havergal escribió a una amiga y dijo,

«Toma mi plata y mi oro (ese himno que ella había escrito años atrás) ahora significa el envío de todos mis ornamentos, (su joyas) incluyendo un cajón lleno de joyas digno de una condesa, todo donado a la Sociedad de Iglesias Misioneras.

Y ella continuó diciendo solo retengo un broche para mi uso diario, el cual es un recuerdo de mis queridos padres, también es un relicario. No tenía ni idea de que tenía tal joyería, casi cincuenta artículos han sido empacados.

Y puede uno pensar, bueno, si lo ofreces todo, lo estás regalando, lo estas mandando para una inversión en la iglesia misionera (ella lo mandó a la iglesia misionera), esto debe ser bastante difícil pero ella terminó la carta diciendo,

«No creo que sea necesario decirte que nunca había empacado una caja con tanto gozo».

Hay una libertad cuando soltamos el puño, soltamos el puño y decimos, «Señor todo es tuyo». Ahora, ¿esto significa que debas ir a casa y empacar todas tus joyas, tu todo, tus cubiertos, tu vajilla, o tus muebles, y que los mandes al campo misionero? Si Dios lo pone en tu corazón, encontrarás gran gozo en hacerlo, pero no significa que Dios esté guiando a todos a dar de la misma manera.

Lo que sí significa es que en nuestros corazones entendemos que todo le pertenece a Él, y que solo somos administradoras de ello.

Si nos permite usarlo es para Su gloria, para Sus propósitos, no para nuestro bienestar. Es para Su bien y para Su gloria. También significa que Él puso Su dedo en algo y si el espíritu nos dirige y nos insta a darlo, debemos darlo.

Estoy una vez más en un proceso de limpieza extrema perpetuo. Veo en mi casa y me doy cuenta cuántas cosas tengo, ropa. Hay cosas que no uso, cosas que no necesito que solo están ahí haciendo bulto, desorden, dalo.

Hay tanta libertad cuando el Señor te insta a dar cosas para el reino, no solo acaparar. «¡¡Puede que lo necesite en 40 años!!» Bueno, puede que no vivas 40 años más y tus hijos tendrán que lidiar con todas esas cosas y ver qué van a hacer con ellas. Hazlo ahora cuando Dios lo pide. Así que la pregunta es:

«Toma mi plata, toma mi oro, ni una pizca quiero retener».

Después ella habla de consagrar su mente para el Señor. «Toma mi mente, toma mi intelecto».¿Recuerdas cuando hablamos de qué tan brillante era y cuántos idiomas hablaba y toda la Escritura que ella memorizó? Ella tenía un gran intelecto.

Pero ella dice, «toma mi intelecto y usa cada poder como tú decidas». Está consagrado a ti. Podrás decir, «bueno no tengo mucho intelecto. Yo no soy tan brillante. Apenas si puedo hablar español, imagínate otros idiomas. ¿Qué puedo darle a Dios?» Dale a Dios lo que tengas.

«Toma mi intelecto y usa cada poder como tú decidas».

Y ella después continúa diciendo, «toma mi voluntad y hazla tuya nada más, que deje de ser mía». ¿Esto te recuerda lo que dijo nuestro Salvador? «Padre, no mi voluntad sino la tuya». ¿Buscas la manera de conocer la voluntad de Dios de manera práctica en la vida cotidiana?

«Toma mi voluntad y hazla tuya nada más».

Y después, toma mi corazón, mis afectos. «Toma sí mi corazón, será tu trono real». ¿Qué acerca de permitir a Jesús tener tus afectos, tu corazón? Permitiéndole reinar sobre tus emociones ¿Permites que reine sobre tus afectos, tus emociones, tus reacciones?

¿Están tus deseos, tus apetitos, tus anhelos bajo el control de Cristo? «Mi corazón que sea tu trono real», consagrando mi corazón a Él.

Y entonces todo este asunto de las relaciones. Dice,«toma mi amor, Señor, que a tus pies vengo a poner». A quien amo, lo que amo, como amo, mis relaciones, mis amistades. Señor todo te lo entrego a ti. Como lo mencioné ayer, Frances Havergal nunca se casó, pero tuvo bastantes propuestas de matrimonio.

Había un hombre a quien amó profundamente, pero no compartía su fe en Cristo. Ella sabía que no podía obedecer al Señor y casarse con un inconverso. Así que lo rechazó; y dice en el himno, «toma tú mi amor que hoy a tus pies vengo a poner, toma todo lo que se soy toda tuya quiero ser». ¿Amas a Dios más que a cualquier otra relación terrenal?

¿Cómo lo sabes? Es algo diario el decir, «Señor, significas para mí más... ¿Importas más que cualquier otra relación terrenal? ¿He hecho un ídolo de esta persona? He hablado con varias mujeres que desean tanto ver a su esposo venir a Cristo que se ha convertido en un ídolo. O algunas mujeres anhelan tanto que sus hijos sean restaurados de ser pródigos, que sus hijos se convierten en ídolos.

Sí, tú oras. Sí, anhelas. Pero anhelas más a Cristo que cualquier otro anhelo de tener un esposo piadoso o unos hijos piadosos. ¿Te das cuenta que Dios quiere el corazón de tu pareja, de tus hijos, de tus amigas, de tu familia, aún más de lo que tú puedas anhelarlo?

Bueno, en la última estrofa en la última línea dice, «toma todo lo que soy…», así es como empezó. «Toma mi vida, Señor», y ella recorrió todas estas diferentes partes, consagradas al Señor. Y finalmente termina donde empezó, «toma mi vida solo tuya quiero ser».

De hecho, uno de los pequeños libros de Frances titulado «Kept for the Master’s use», (Guardada para el uso del Maestro), es una expresión de un corazón por una consagración completa, devota al Señor.

A lo largo del curso de su vida, Frances a menudo revisó estas palabras como un medio de la renovación de su propia consagración personal al Señor. Te animo a buscar ese PDF que tenemos a tu disposición en Avivanuestroscorazones.com imprímelo, quizás dóblalo y pegarlo en tu Biblia. Solo repasa a través de las líneas, de los párrafos, de este himno y de estas preguntas que te puedes estar haciendo: «¿En verdad mi vida está completamente consagrada al Señor?»

«Debe haber una total rendición antes de que pueda haber plena bendición», dijo ella. «Confiar y obedecer. No hay otra manera de ser feliz en Jesús, sino confiar y obedecer». Confía tu vida a Él. Él es digno. Él puede guardar tu vida, Él puede sostenerla. Él puede salvaguardarla.

Si te aferras a tu vida, la perderás. Si la entregas, si se la das a Cristo, la ganarás de regreso y mucho más. Como dijo el apóstol Pablo: «Os ruego, pues, hermanos, por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional» (Rom. 12:1).

Esto es lo que la adoración es. No es estar cantando las canciones, en última instancia. Es como decir: «Toma mi vida, Señor, y deja que sea consagrada a Ti». Esa es nuestra verdadera adoración. «Presentaos vosotros mismos a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia» (Rom. 6:13). Toma mi vida, Señor, y que sea consagrada a Ti.

Annamarie: Luego de escuchar esta enseñanza de Nancy DeMoss de Wolgemuth, atesoro este himno. Ella nos ha estado hablando sobre la historia del himno, «Toma mi vida Señor». Ella nos hizo una serie de preguntas importantes sobre cómo la letra de este himno aplica a nuestras vidas. Si no pudiste tomar notas, no te preocupes. Puedes obtener la transcripción de este programa, en AvivaNuestrosCorazones.com.

Bueno, y esta música que escuchas es el himno del cual Nancy nos habló hoy, intepretado por ella en el piano. Adquiere el CD instrumental que contiene este y otros nueve himnos, en AvivaNuestrosCorazones.com. El CD se titula «Be Still» (en español, «Estad quietas»). Este álbum te ayudará a guiar tu corazón a la paz de nuestro Señor Jesucristo.

El programa de hoy llega a su fin, pero mañana continuaremos con esta hermosa serie. Nancy nos hablará de otro himno que es parte de la historia de la iglesia, así que ¡no dejes de acompañarnos, aquí en Aviva Nuestros Corazones!

Buscando a Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Música: Take My Life and Let It Be Consecrated, Lord to Thee; Nancy Leigh DeMoss; Be Still ℗ 2013 Revive Our Hearts. Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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