Aviva Nuestros Corazones Podcast

Fuente de la vida eterna

Temporada: Estad quietas

Annamarie Sauter: Dios ve más allá de las apariencias externas. Él ve el corazón.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: No es tan difícil controlar el comportamiento. Podemos hacer eso con reglas, regulaciones, con listas, con esfuerzo humano. Pero se necesita el Espíritu de Dios y la gracia de Dios para mantener nuestros corazones siguiéndole a Él.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Reconoces la melodía de este himno?

Este es el tema musical de Aviva Nuestros Corazones, el himno titulado, «Fuente de la vida eterna». Este himno es precioso no solo por su melodía, sino que contiene verdades bíblicas que como creyentes necesitamos cantar y recordar.

Hoy Nancy nos hablará acerca de este himno y su trasfondo. El autor, al igual que nosotras, enfrentaba luchas y dudas. Nancy te contará su historia, como parte de la serie titulada, «Estad quietas».

Nancy: Bueno, espero que estés disfrutando de esta serie sobre algunos de los grandes himnos y canciones espirituales de nuestra fe. Me encantan. Son una parte tan importante de mi herencia. El canto de estos himnos fue una parte importante de cómo aprendí a conocer los caminos de Dios y Su gracia redentora, y esa es una de las razones por las que los cantamos.

Estoy pensando en Colosenses capítulo 3, que dice: «La Palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando canciones, himnos y canciones espirituales, con gracia en vuestros corazones al Señor» (v.16 ).

Así que muchos de estos himnos con los que crecí, algunas de ustedes también crecieron con ellos, son una parte de lo que me ayudó a que la Palabra de Cristo morara en mí ricamente durante mi infancia. Y muy a menudo cuando estoy en los momentos de estrés o en angustia o necesidad o simplemente necesito palabras para expresar mi alabanza al Señor como adulta, muchas de esas canciones e himnos de mi infancia vienen a mi mente.

Así que he disfrutado mucho trabajando en este proyecto, la grabación de diez de estos himnos en un CD, llamado Be Still.

Queremos hablar de unos cuantos himnos más de este CD. Si te gustaría tener una copia, visita AvivaNuestrosCorazones.com para que puedas informarte de cómo puedes obtenerla. También puedes llamar al 1-800-569-5959. Enviamos órdenes hacia los EEUU y Canadá.

Bueno y hoy vamos a hablar acerca de uno de mis himnos favoritos. Y entiendo por una de las encuestas que he visto, que este es uno de los favoritos de mucha gente, «Come Thou Fount of Every Blessing» (Fuente de la vida eterna). Este es en realidad el tema de Aviva Nuestros Corazones en la radio, el tema musical; usamos una versión un poco diferente. Pero estoy particularmente interesada en este himno, porque se escuchan fragmentos de él todos los días en Aviva Nuestros Corazones al comienzo del programa.

Este himno fue escrito por un hombre llamado Robert Robinson, quien nació en Norfolk, Inglaterra, en 1735. El padre de Robert murió cuando él era apenas un niño, y su madre viuda, por todas las cosas que he visto, era una mujer piadosa. Ella se quedó sin ningún medio de apoyo o sostén para su familia porque el padre de ella se había opuesto a que se casara con un plebeyo, como ella lo hizo.

Así que cuando el padre de Robert murió, el abuelo materno había desheredado a Robert. Así que realmente lo desamparó y él tuvo que ir a trabajar cuando era solo un niño.

Al llegar a la adolescencia se encontró con un grupo de malas compañías. Eran vándalos y burladores de la fe. Un domingo por la tarde se encontraron con una adivina, y se las arreglaron para conseguir que se emborrachara para poder burlarse de ella. En medio de todo esto, ella le dijo a Robert que él viviría para ver a sus hijos y a sus nietos, lo que hizo que él comenzara a pensar acerca de su vida y lo que estaba haciendo con ella, y la forma en que la estaba tirando a la basura.

En ese momento, a la edad de diecisiete años, fue a escuchar la predicación de un hombre llamado George Whitefield. Y Whitefield predicó el texto de Mateo capítulo 3 que dice: «¡Generación de víboras!, ¿quién os enseñó a huir de la ira venidera?» (v. 7).

Bueno, el corazón de Robert fue atrapado mientras se sentó bajo el ministerio de la Palabra, y el Espíritu Santo comenzó a trabajar en su vida. Durante los próximos tres años vivió bajo una profunda convicción de pecado. Él vivió con el miedo y el pavor del juicio y de la ira de Dios y por último, a la edad de veinte años, se encontró con lo que él llamó, «la paz en el creer». Él encontró la paz con Dios por medio de Cristo.

Inmediatamente comenzó a estudiar las Escrituras, una vida bastante diferente de la que había tenido a través de sus años de adolescencia. Se sintió llamado a predicar el evangelio, por lo que se convirtió en un predicador metodista, y en última instancia el pastor de una gran iglesia bautista en Cambridge, Inglaterra.

Dos años después de la conversión de Robert Robinson, escribió un himno, así que solo tenía 22 o 23 años, un himno que expresaba su alabanza por la gracia redentora de Dios. Y conocemos las palabras, en español dice así:

Fuente de la vida eterna

Y de toda bendición,

Ensalzar tu gracia tierna

Debe cada corazón;

Tu piedad inagotable,

Abundante en perdonar;

Único ser adorable,

Gloria a ti debemos dar.

De los cánticos celestes

Te quisiéramos cantar,

Entonados por las huestes

Que lograste rescatar;

Almas que a buscar viniste,

Porque les tuviste amor,

De ellas te compadeciste

Con tiernísimo favor.

De los cánticos celestes

Te quisiéramos cantar,

Entonados por las huestes

Que lograste rescatar;

Almas son que redimiste,

Porque les tuviste amor,

De ellas te compadeciste

Con tiernísimo favor.

Ahora quiero que vayamos a través de las estrofas de este himno y quiero elegir algunos temas clave que creo que nos señala. Vamos a hacerlo con la traducción literal del himno en inglés, para poder obtener el sentido del autor que lo escribió. El primer tema que se ve en la primera estrofa es que Dios es la fuente, Él es la fuente de toda bendición. Todo lo bueno viene de arriba. Él es la fuente de las bendiciones que se nombran en la estrofa, la gracia, la misericordia y el amor, todos vienen de Él.

El Salmo 36 dice:

«¡Cuán preciosa es, oh Dios tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se refugian a la sombra de tus alas. Se sacian de la abundancia de tu casa, y les das a beber del río de tus delicias. Porque en ti está la fuente de la vida; en tu luz vemos la luz» (vv. 7-9).

Dios es la fuente de todo lo que necesitamos para esta vida y para la siguiente. Este es un tema que podemos encontrar en un muchos de los grandes himnos. Toda bendición, toda gracia, arroyos de misericordia, torrentes de misericordia sin cesar, Su amor redentor, el hecho de que Él es nuestro ayudador. Y en las estrofas siguientes vemos, que Él nos buscó cuando éramos extraños, alejados del redil; que Él nos rescató del peligro; que Él interpuso Su preciosa sangre, Su bondad, Su gracia. Estas son todas las grandes bendiciones a que hace referencia este himno, y todas ellas vienen de la Fuente de toda bendición, quien es Dios mismo.

El segundo tema que veo aquí es que Dios merece la alabanza incondicional y de todo corazón de aquellos que han recibido Su misericordia y Su gracia. Es una fuente que siempre está burbujeando con la bendición y la gracia, la misericordia y el amor. ¿Y no es justo que nosotras le demos alabanza sincera de todo corazón en respuesta a sus bendiciones?

Él habla en la primera estrofa de las canciones de alabanza más fuertes, potentes y altas. Ahora, yo no soy realmente una persona muy expresiva. Veo algunas iglesias en sus servicios donde la gente es muy expresiva. Se ve con ciertos grupos étnicos o en ciertas denominaciones que tienden a ser más expresivos. Yo como que tiendo más naturalmente a ser del tipo de persona que expresa sus alabanzas de manera más reservada y quieta. Pero te diré que cuando veo los que son un poco menos reservados, es un buen recordatorio de que Dios es digno de nuestras canciones y alabanzas más potentes, fuertes. No podemos llegar a la expresión máxima de alabanza por más que tratemos y debemos hacerlo de todo corazón para nuestro Dios.

Pero necesitamos ayuda para alabar a Dios como Él merece. De este lado del cielo no podemos hacer esto bien por nuestra propia cuenta. Porque estamos limitadas. Y así, el escritor del himno ora y dice: «Afina mi corazón para cantar Tu gracia». Pon mi corazón a tono. En los últimos años toqué un par de instrumentos musicales; uno es la flauta y el otro el violonchelo. Es necesario afinarlos antes de tocarlos. En realidad, el piano tiene que ser ajustado y afinado, demasiado, pero te dan un afinador de pianos para hacer eso y por lo general, si tú eres pianista no puedes hacer esto por tu cuenta.

Cuando estábamos grabando este disco, las cuerdas del piano en realidad bajaron de tono tres veces en un mismo día en el estudio. Así que tuvimos que llamar de regreso al afinador, yo ni siquiera podía notar el problema. Sin embargo, nuestro productor, Brian Felton dijo, «esa nota está fuera de tono. Esa nota está desafinada. ¿Podemos traer de vuelta el afinador aquí? Necesitábamos ayuda para que pudiéramos hacer música que sonara afinada.

Bueno, pues así necesitamos la ayuda de Dios. Este himno dice, «afina mi corazón para cantar de tu gracia». Esa es una buena razón para orar cuando tú vas a la iglesia, mientras te diriges a la adoración corporativa, al tener tu tiempo de quietud, «Señor, afina mi corazón, pon mi corazón a tono para que esté listo y preparado para darte la alabanza que Tú mereces.

Entonces vemos que dependemos totalmente de la gracia de Dios y de Su ayuda en el pasado, en el presente y en el futuro. Escucha la segunda estrofa:

Aquí levanto mi Ebenezer; aquí por Tu ayuda estoy; y espero, por tu buena voluntad, seguro a casa llegar.

Ahora, como sé que algunas de estas frases no nos son tan familiares, lo que debemos hacer es detenernos y preguntarnos: «¿Qué significa eso?» «Aquí levanto mi Ebenezer». «Ebenezer» es una referencia que se halla en 1 Samuel capítulo 7, cuando Dios le dio una victoria sobrenatural a Israel. Y luego dice que: «Samuel tomó una piedra y la colocó... y llamó su nombre Ebenezer (una palabra hebrea que significa “piedra de ayuda”) diciendo: Hasta aquí nos ha ayudado el Señor» (v.12).

Así que él puso un marcador allí, así que cada vez que vieran la piedra, esto les recordaría, «hasta este lugar el Señor nos ha ayudado». Ebenezer. Piedra de ayuda. El Señor es nuestra ayuda. Y así, el compositor dice: «Aquí levanto mi Ebenezer».

Así que puso una piedra, una marca, y me doy cuenta que estoy en este lugar por Tu ayuda. No podría estar donde estoy sin la ayuda de Dios, Su gracia en cada paso del camino. Pero no solo me ha ayudado en el pasado, él dice: Y espero, o creo que por Tu buena voluntad Tú me guiarás seguro al hogar. Él me ayudó en el pasado y me ayudará todo el camino a casa.

Esto me recuerda otra estrofa quizás más familiar escrita por John Newton unos quince años después donde dice, «la gracia me ha traído a salvo hasta este momento, y la gracia me llevará a mi hogar». Es el mismo pensamiento. Dios me ha ayudado hasta ahora, me ha ayudado hasta este punto, y me ayudará todo el camino a casa.

Y entonces dice,

Jesús me buscó cuando era un extraño,

Vagando del redil de Dios;

Él, que me rescató del peligro,

Interpuso Su preciosa sangre.

Aquí vemos, como lo vemos en muchos de estos grandes himnos, la historia de la redención diciendo en música y en verso poético la historia de cómo Cristo dio Su vida, derramó Su sangre por nosotros que merecíamos morir por nuestros pecados, para salvarnos. «Él, para rescatarnos de peligro». ¿En qué peligro estábamos y nos encontrábamos? Peligro de la condenación eterna y de la ira de Dios que merecíamos por nuestros pecados, porque Dios es santo y nosotras somos pecadoras. Jesús vino al mundo para rescatarnos del peligro. Él dio Su preciosa sangre para que eso pudiera suceder.

Y la tercera estrofa:

Oh a la gracia que gran deudor

¡Diariamente estoy obligado a estar!

Que tu bondad, como un grillete,

Sujete mi errante corazón a ti.

Propenso a vagar, Señor, lo siento,

Propenso a dejar al Dios que amo;

Aquí está mi corazón, oh tómalo y séllalo,

Séllalo para Tus atrios celestiales.

Así que aquí está este joven creyente de 23 años de edad. Como joven cristiano, como hombre joven, Robert Robinson, reconociendo su debilidad, su corazón errante, su propensión a vagar, su incapacidad para ser fiel en esta vida cristiana de no ser por la protección de Dios y Su gracia sustentadora.

¿Sientes tú eso? «Señor, si Tú no me guardas, yo no voy a poder seguir. Si Tú no derramas Tu gracia sobre mi vida, no puedo vivir esta vida». Fue el caso de Robinson y es verdad de nosotras también. Él dice: «Yo estoy todos los días obligado a ser un deudor a esta gracia». Todos los días. No solo el número «x» de años atrás, cuando fui salvo que necesité la gracia de Dios, sino que necesito la gracia de Dios hoy, mañana y el día siguiente. ¡No podemos vivir un solo día sin Su gracia, Su ayuda y Su fuerza!

Y es Su bondad que une nuestros corazones inconstantes a Él, que nos mantiene amándolo y aferrándonos a Él y creyéndole. Dejadas a nosotras mismas, seríamos como las tontas ovejas que la Escritura habla que pasean y hacen sus propias cosas y hacen todo a su manera. Necesitamos Su bondad, Su gracia para unir nuestros corazones inconstantes a Él, nuestros corazones errantes.

Como puedes ver, no es tan difícil controlar el comportamiento. Podemos hacer eso con reglas, regulaciones, con listas, con esfuerzo humano. Pero se necesita el Espíritu de Dios y la gracia de Dios para mantener nuestros corazones siguiéndole a Él. No solo haciendo lo correcto, sino siendo lo correcto. Somos totalmente dependientes de Su gracia y de Su ayuda.

Esto me lleva a hacer una observación de que incluso aquellos que aman a Dios y han recibido Su misericordia están a veces, todavía propensos a vagar. Ahora, si tú has sido cristiana por más de diez minutos, es probable que tengas tu propio testimonio de esto. Tú sabes que es verdad. Pero creo que lo olvidamos y nos parece que que como hemos sido cristianas desde hace tanto tiempo, deberíamos tener todo esto bajo control.

Puedo recordarme a mí misma como joven observando a los cristianos mayores y pensando… «Oh, ¿debe ser maravilloso llegar a ese lugar en el que tú eres maduro en la fe y solo sigues tu desarrollo en la fe». No sé de dónde saqué esa idea, pero es una mentira de las que las mujeres creen, porque en realidad eso no es cierto.

Ahora que soy una creyente madura, todos los días recuerdo que no importa cuánto tiempo has conocido al Señor, cuánto lo amas, lo mucho que has recibido de Su misericordia, porque nuestros corazones se hallan aún hoy propensos a vagar.

Esto es de lo que Dios habla en Jeremías capítulo 2, donde Él dice:

«Porque dos males ha hecho mi pueblo: me han abandonado a mí, fuente de aguas vivas (fuente de toda bendición), y han cavado para sí cisternas, cisternas agrietadas que no retienen agua (v. 13).

Nos hemos apartado lejos del Señor, nos hemos alejado de Él, y en su lugar nos alejamos hacia otros lugares donde esperamos que podamos conseguir algo que nos satisfaga.

Así que nos alejamos hacia este campo o este otro campo, o a este lugar o aquel lugar. Tengo que tener esto, o tengo que tener un marido, o tengo que tener un marido diferente, tengo que tener un hijo, tengo que tener una casa, tengo que conseguir esos nuevos muebles para la sala, necesito un coche nuevo, necesito un amigo.

No hay nada de malo en esas cosas si son conforme a la voluntad de Dios, pero estas cosas no son las las cosas que satisfacen. Estas no son las cosas de donde obtenemos nuestra verdadera bendición. Así que estamos propensas a vagar (a apartarnos) en estas cosas, creemos que nos van a satisfacer. Y Dios dice, «este es un gran mal, porque Yo soy la fuente de toda bendición. Yo soy la fuente de agua viva, y quiero que tú bebas de Mí y que encuentres en Mí tu satisfacción».

Una vez más, en el libro de Jeremías, Dios recuerda la devoción pura de su pueblo cuando era una novia joven (ese primer amor). Ellos estaban recién dedicados a Él. Algunas de ustedes pueden quizás recordar cuando era de esa manera en su relación con el Señor. Pero ahora dice el profeta que han dejado de lado a Dios; le dejaron Él; se han extraviado; han seguido otros dioses y otros amantes.

Dios fue fiel todo el tiempo, pero Su pueblo fue infiel. Se trata de una condición crónica de la raza humana que somos propensos a vagar (a apartarnos). Creemos que algo o alguien más será mejor para nosotros, que va a hacer más por nosotros, significará más para nosotros, será más satisfactorio que la Fuente de toda bendición.

Y vemos que este autor de himnos siente la debilidad de su propia carne, de su corazón errante, su propensión a vagar (a apartarse). Él dice: «soy propenso a dejar al Dios que amo». No pienses que no te puede pasar a ti.

He estado leyendo recientemente en 2 Crónicas. Solo he estado mirando todos estos reyes. Algunos de ellos, un puñado de ellos, eran muy buenos reyes al principio. Y luego, a muchos de ellos algo les sucedió, algo se rompió, algo que se hicieron propensos a vagar (a apartarse). Se tornaron orgullosos, llegaron a ser autosuficientes, empezaron a pensar que las victorias que Dios había ganado por ellos eran sus propias victorias. Diferentes cosas sucedieron, pero se tornaron orgullosos. Así que muchos de los que empezaron bien no terminaron bien.

He descubierto que a medida que he estado leyendo ese libro en las últimas semanas, mi oración ha sido esta: «Señor, ayúdame a terminar bien. Soy propensa a deambular. Soy propensa a dejar al Dios que amo. «Si alguna vez llegas al lugar donde tú piensas que esto no te puede suceder a ti, te has convertido en vulnerable a dejar al Dios que amas.

La evidencia sugiere que las palabras de esta tercera estrofa resultaron ser tristemente autobiográficas para Robert Robinson. Más adelante en su vida como pastor, él parece haberse desviado doctrinalmente. Hay una historia muy contada, aunque no sabemos a ciencia cierta si se trata de los hechos reales. He tratado de comprobarlo. Lo he leído en un montón de lugares, y lo he oído de diferentes maneras.

Pero el quid de la cuestión es que un día, en una condición espiritual apóstata, ya como un hombre mayor, Robinson viajaba en una diligencia cuando oyó a una señora tararear el himno, «Fuente de la vida eterna», el himno que él había escrito. Ella le preguntó qué pensaba de ese himno, sin darse cuenta de que él era el que lo había escrito.

Y la historia cuenta que él respondió: «Señora, yo soy ese hombre pobre, infeliz que escribió ese himno hace muchos años, y yo daría mil mundos, si los tuviera, por disfrutar de los sentimientos que tenía entonces». Según un relato que leí, esta mujer le respondió suavemente con las mismas palabras de su himno: «Señor, los raudales de misericordia aún siguen fluyendo sin cesar».

Esos raudales están. Todavía estaban fluyendo, para él; todavía están fluyendo para ti; todavía están fluyendo para mí. «Raudales de misericordia sin cesar». Así que si tú te encuentras en esa condición de apostasía, no experimentas la realidad y la gracia de Cristo que hubo en un momento en tu vida, recuerda la Fuente de toda plenitud, la Fuente de toda bendición y corre hacia Él por misericordia.

Bueno, esta esperanza futura que tenemos en Cristo, las promesas de Dios, son las que nos inspiran a la perseverancia y a la fidelidad, mientras vivimos en el aquí y ahora. Este escritor de la canción dice: «Espero que por Tu complacencia con seguridad pueda llegar a casa». ¿Te das cuenta de que aún no estás en tu casa? El hecho de que nos dirigimos a casa nos ayuda a vivir aquí y ahora, a la luz de esa realidad última.

«Aquí está mi corazón, oh tómalo y séllalo, séllalo para tus atrios celestiales». Tenemos que seguir recordándonos a nosotras mismas en los momentos desagradables aquí y ahora, que hay un «allá y entonces» que viene, y que nos dará la gracia para ser fieles y para perseverar ahora.

Y entonces debemos tener la valentía que nos recuerda que se acerca el día en que seremos liberadas de toda tendencia a divagar, de todo nuestro pecado, y ese será el día en que veamos a Jesús.

Oh ese día cuando libres del pecado

Veamos su hermoso rostro

Vestidos entonces en lino lavado en sangre

Como cantaremos de su gracia soberana.

Vive hoy a la luz de esa esperanza ciertísima que tenemos de que se acerca el día en que seremos liberadas del pecado, de vagar (de apartarnos), y estaremos siempre unidas con el Señor que amamos. Nos aferramos a Él. Él nos amará por toda la eternidad y la fe será vista.

Cuando veamos Su rostro seremos transformadas a Su semejanza. Esa es la gran esperanza de todos los verdaderos cristianos, que podemos seguir en el camino, creyendo y viviendo unidos al Señor mientras vivimos la vida aquí en este mundo caído.

Annamarie: Has estado escuchando de Nancy DeMoss de Wolgemuth. Ella nos ha estado hablando acerca del trasfondo del himno, «Fuente de la vida eterna». También nos ha hablado acerca de lo importante que es que nos apoyemos en la gracia de Dios cada día. Ella interpreta el himno del que hemos estado hablado hoy, y otros himnos a piano, en el CD «Be Still» («Estad quietas»).

Nancy grabó este álbum para animarte a apartar un tiempo para buscar al Señor, alejarte del trajín diario y tener un tiempo de quietud para meditar en la verdad de la palabra de Dios. Adquiere este CD a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

William Cowper tenía la tendencia a caer en ciclos de depresión e incluso trató de quitarse la vida. Sin embargo, el Señor lo usó para escribir un himno que aún cantamos al día de hoy. Escucha esta historia en tu próximo programa.

Te animamos a participar activamente en tu iglesia local y a reencontrarte con nosotros de nuevo el lunes, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Buscando a Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Música: Come, Thou Fount of Every Blessing, Nancy Leigh DeMoss, Be Still ℗ 2013 Revive Our Hearts

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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