Podcast Aviva Nuestros Corazones

¿Escogerás la amargura o el gozo?

​​​​​​Carmen Espaillat: ¿Alguna vez has pensado, cómo te preparas para envejecer?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: La mejor preparación para envejecer es confiar en Dios y depender de Él cuando eres joven.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy Nancy continúa en la serie, «La fidelidad de Dios en la etapa final de tu vida».

Nancy: Tengo una amiga que está atravesando unas circunstancias terriblemente dolorosas. No es una mujer mayor pero está lidiando con años de trauma infantil y abuso sexual ya de adulta. Ella sabía que yo me estaba preparando para enseñar el Salmo 71.

Ella me envió un mensaje de texto hace unos días y me dijo, «no recuerdo lo que dice el Salmo 71, pero deberías hacer que se trate de cómo necesitamos que Jesús venga a rescatarnos pronto».

Bueno, en realidad ella no pudo haber pensado en una mejor descripción de este salmo. Se trata de cómo necesitamos que Jesús venga a rescatarnos rápidamente. Y en este salmo, como vimos ayer, el salmista está envejeciendo y está enfrentando debilidad, adversidad y oposición; y entonces convierte los desafíos en oración. El salmo completo es una oración. Así que quiero leer este salmo.

El año pasado a medida que se acercaban los días para cumplir mis sesenta años, comencé a meditar en él. Y ahora que ya los cumplí, no me siento deprimida o abatida o desalentada… bueno, algunos días sí me siento así, a decir verdad, pero eso no tiene que ver mucho con la vejez sino con el hecho de que algunos días son más difíciles que otros, y en algunos días es más tentador ceder al desánimo.

Pero quiero ser intencional acerca de envejecer, ser intencional acerca de una vida llena de gracia, dependiente de Cristo a medida que envejezco. Me imagino que no hay un mejor momento como el cumpleaños número sesenta para pensar en eso.

Así que permítanme leer este salmo. Es un poco extenso pero solo quiero lavarte con Su Palabra, sin importar tu edad, cualquiera que sea tu cumpleaños este año, porque este salmo tiene una visión hermosa y enriquecedora para nosotras en cada etapa de la vida. Y luego de leerlo, hablaremos un poco sobre él.

Esta es la Palabra del Señor:

«En ti, oh Señor, me refugio; jamás sea yo avergonzado. Líbrame en tu justicia, y rescátame…» (vv. 1-2).

Eso es lo que me dijo mi amiga, «necesito que este salmo se trate de cómo necesitamos que Jesús venga a rescatarnos pronto». Verás que este tema está a lo largo de todo el salmo.

«Líbrame en tu justicia, y rescátame; inclina a mí tu oído, y sálvame. Sé para mí una roca de refugio, a la cual pueda ir continuamente; tú has dado mandamiento para salvarme, porque tú eres mi roca y mi fortaleza.

Dios mío, rescátame de la mano del impío, de la mano del malhechor y del implacable, porque tú eres mi esperanza; oh Señor Dios, tú eres mi confianza desde mi juventud. De ti he recibido apoyo desde mi nacimiento; tú eres el que me sacó del seno de mi madre; para ti es continuamente mi alabanza.

He llegado a ser el asombro de muchos, porque tú eres mi refugio fuerte. Llena está mi boca de tu alabanza y de tu gloria todo el día. No me rechaces en el tiempo de la vejez; no me desampares cuando me falten las fuerzas.

Porque mis enemigos han hablado de mí; y los que acechan mi vida han consultado entre sí, diciendo: Dios lo ha desamparado; perseguidlo y apresadlo, pues no hay quien lo libre. Oh Dios, no estés lejos de mí; Dios mío, apresúrate a socorrerme. Sean avergonzados y consumidos los enemigos de mi alma; sean cubiertos de afrenta y de ignominia los que procuran mi mal.

Mas yo esperaré continuamente, y aún te alabaré más y más. Todo el día contará mi boca de tu justicia y de tu salvación, porque son innumerables. Vendré con los hechos poderosos de Dios el Señor; haré mención de tu justicia, de la tuya sola. Oh Dios, tú me has enseñado desde mi juventud, y hasta ahora he anunciado tus maravillas. Y aun en la vejez y las canas, no me desampares, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a esta generación, tu poderío a todos los que han de venir» (vv. 2-18).

Y luego vemos lo que creo que es uno de los puntos cruciales de este salmo en donde la oración y la alabanza se convierten en esperanza inquebrantable, confianza en el Señor. Versículo 19:

«Porque tu justicia, oh Dios, alcanza hasta los cielos, tú que has hecho grandes cosas; oh Dios, ¿quién como tú? Tú que me has hecho ver muchas angustias y aflicciones, me volverás a dar vida, y me levantarás de nuevo de las profundidades de la tierra. Aumenta tú mi grandeza, y vuelve a consolarme.Y yo te daré gracias con el arpa, cantaré tu verdad, Dios mío; a ti cantaré alabanzas con la lira, oh Santo de Israel. Darán voces de júbilo mis labios, cuando te cante alabanzas, y mi alma, que tú has redimido. También mi lengua hablará de tu justicia todo el día, porque han sido avergonzados, porque han sido humillados, los que procuran mi mal» (vv. 19-24).

Esta es la Palabra del Señor.

Oh Señor, aun cuando miramos a Ti y leemos este salmo, esta es la Palabra inspirada que Tú nos has dado para cada etapa de la vida. Pero especialmente para algunas de nosotras, a medida que vamos envejeciendo –bueno, todas estamos envejeciendo– algunas de nosotras estamos enfrentando la vejez, y damos gracias a Ti por cómo nos hablas en cada etapa de la vida. Así que danos oídos para escuchar y corazones para recibir lo que Tú quieres decirnos por Tu Espíritu en este día. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Quiero enfocarme en solo dos asuntos primarios hoy, y luego seguiremos con nuestras meditaciones sobre la vejez en este salmo, mañana. Pero vemos que el salmista mira hacia arriba y mira hacia atrás. Mañana hablaremos sobre cómo mira hacia afuera, pero hoy, él mira hacia arriba y hacia atrás.

Al leer este salmo, hay catorce referencias al Señor por Su nombre, y doce de esas referencias están dirigidas directamente al Señor. El salmista no está simplemente hablando sobre Dios, está hablando con Dios. Así que en su adversidad, en su fuerza disminuida a medida que está envejeciendo, alza sus ojos y clama a la Roca de Refugio.

Y él usa diferentes nombres para el Señor. Dice dos veces: oh SEÑOR, lo dice con mayúsculas, que es la palabra YHVH, Jehová (v.1). Y luego dice, oh Señor, en minúsculas, que es la palabra Adonai (v. 5). Así que él está familiarizado con estos diferentes nombres de Dios. Habla sobre Dios, Elohim, el poderoso, no sé exactamente si seis u ocho veces (vv. 11, 12, 17, 18, 19).

Luego en el versículo 16 habla sobre el Señor DIOS, esa es la frase AdonaiYHWH, es una combinación de dos nombres de Dios. Luego en el versículo 22 habla sobre el Santo de Israel.

¿No es dulce conocer a Dios por nombre a medida que envejecemos, y saber qué significan Sus nombres y qué nos prometen y cómo nos fortalecen? «El nombre del Señor es torre fuerte, a ella corre el justo y está a salvo», dice Proverbios 18:10.

¿A dónde corres cuando te encuentras afligida, agotada, necesitando aliento y fuerzas? ¿A dónde corres primero? ¿Corres al Señor?

A medida que lees esta oración, este salmo, ves que el salmista mira hacia arriba. Mira hacia al Señor. Y lo hace en dos formas: en oración y en alabanza. Ves esto a través de todo el salmo.

Este salmo es una oración. Esa es solo una observación acerca de este salmo. Pero creo que es una hermosa perspectiva acerca de cómo envejecer con gracia, y eso se hace al seguir hablando con Dios al respecto. Continúa hablando con Él acerca de lo que estás atravesando. Sé honesta con Él. Esta es tu primera línea de defensa, no tu última opción cuando ya no tienes más opciones. El salmista clama a Dios.

Versículo 2: «Líbrame en tu justicia, y rescátame; inclina a mí tu oído, y sálvame».

Versículo 3: «Sé para mí una roca de refugio, a la cual pueda ir continuamente».

Versículo 4: «Dios mío, rescátame de la mano del impío, de la mano del malhechor y del implacable».

Versículo 9: «No me rechaces en el tiempo de la vejez; no me desampares cuando me falten las fuerzas».

Cada etapa de la vida tiene sus desafíos, y algunas personas pueden enfrentar muchos desafíos -–físicos, emocionales, relacionales– que pueden suceder cuando tienes catorce años. Así que cualquiera que sea la etapa de la vida, el salmista trae sus problemas, sus preocupaciones, sus desafíos y sus necesidades al Señor.

Ahora, no quiero extenderme en esto, parece tan obvio, pero ¿por qué tantas veces el Señor es el último lugar al que acudimos? ¿Por qué no vamos a Él primero? ¿A dónde acudimos cuando estamos en problemas? ¿Cuál es el primer lugar que miramos? ¿Vamos corriendo hacia una amiga? ¿Vamos corriendo hacia una consejera? ¿Vamos corriendo hacia una pastilla? ¿Escapamos del problema? ¿A dónde vamos?

Ahora, gracias a Dios por los amigos. Gracias a Dios por consejeros piadosos. Gracias a Dios por medicinas que nos ayudan con ciertos problemas donde hay cosas físicas involucradas. Pero el primer lugar que necesitamos aprender a mirar en toda la vida es hacia arriba. Arriba, «dile todo en oración». ¿Recuerdas este antiguo himno? «¿Está el hombre desprovisto de paz, gozo y santo amor? Eso es porque no llevamos todo a Dios en oración».

Ahora, cuando oramos no significa que nuestros problemas desaparecerán. El salmista aún tiene problemas. Aún tiene enemigos. En la mayoría de los casos, Dios no agitará una varita mágica y todos los problemas desaparecerán. Esto precisamente es lo que hace que el salmista siga orando.

Me has escuchado decir muchas veces a lo largo de los años aquí en Aviva Nuestros Corazones que cualquier cosa que me haga necesitar a Dios es ¿qué? Es una bendición. Y ¿no piensas tal vez que es de la bondad y la generosidad de Dios que, a medida que envejecemos, Él nos mantiene necesitándole para que continuemos clamándole?

Y quizás cuando todos los otros medios de ayuda y soporte han fallado, o no están disponibles, o no sabemos a dónde más ir, o qué otra cosa hacer, tenemos que mirar hacia arriba. Oh Señor, oh Dios, oh Señor Dios, Elohim, Adonai, YHWH, cada uno de esos nombres dice algo precioso acerca de quién es Dios y cómo Él cuida a Su pueblo. Díselo a Dios en oración.

Me estoy predicando a mí misma en este momento porque puedo pensar en muchas cosas que hago tan a menudo antes de llevar el problema a Dios en oración. Ahora tengo un dulce esposo y puedo decírselo a él. Pero mi esposo no es Dios. Él quiere escuchar lo que hay en mi corazón pero lo más sabio que hace es sostener mi mano y decir, «oremos, llevémoslo a Dios en oración». Lo observo hacer eso circunstancia tras circunstancia. Y a medida que envejezco, eso es lo que quiero hacer, mirar hacia arriba en oración.

Ahora, el salmista también mira hacia arriba en alabanza. Él alaba incluso cuando no es fácil. Él ofrece el sacrificio de alabanza en medio del maltrato, el abuso y los acusadores falsos.

Entonces, ¿cómo alabas a Dios cuando tienes hombres crueles e injustos y los malvados a tu alrededor? Cuando tienes todas estas cosas conspirando contra ti, ¿cómo alabas a Dios? Bueno, la Escritura está llena de ejemplos de personas que hicieron eso.

Pablo y Silas en una prisión romana, sangrando por sus heridas. Y ¿qué hacían ellos a la media la noche? Cantaban himnos a Dios. Increíble.

He observado a Joni Tada hacer esto desde su silla de ruedas, alabando al Señor. Ella es una mujer que sabe cómo vencer al enemigo con la alabanza a Dios.

La alabanza hace que Satanás huya. Cambia nuestra propia perspectiva. Cuando nuestros ojos están llenos de lágrimas y alzamos nuestra vista y decimos, «Dios, eres fiel, eres bueno, eres verdadero», estamos aconsejando nuestros propios corazones con lo que es verdad. Y Dios viene corriendo a la escena de nuestra alabanza.

La Escritura nos dice que «Dios habita entre las alabanzas de Israel» (Sal. 22:3). Así que a medida que envejecemos, al tener estos enemigos, estas adversidades y estos adversarios, necesitamos levantar nuestra alabanza al Señor.

Y el salmista hace esto. Él alaba el carácter de Dios. A través de este salmo ves el carácter de Dios. Creo que cinco veces aquí se menciona su justicia.

Ahora, la justicia de Dios en este salmo se menciona en contraste a la crueldad y la injusticia de los hombres. De manera que puedes estar rodeada de gente cruel e injusta y ahí es donde debes levantar tus ojos hacia arriba y decir: «Te alabo, Dios, porque Tú no eres cruel, Tú no eres injusto, Tú eres justo, Tú no eres malvado, Tú eres justo».

Así que al mirar las circunstancias difíciles, las personas difíciles, el carácter de Dios es lo opuesto a eso. Entonces el salmista alaba la justicia de Dios.

  • Alaba la gloria de Dios en el versículo 8.
  • Habla sobre la salvación de Dios en el versículo 15.
  • Habla sobre las obras maravillosas de Dios en el versículo 17.
  • Habla sobre el poder y la fortaleza de Dios en el versículo 18.
  • Habla sobre la fidelidad de Dios en el versículo 22.

Él alaba el carácter, las obras, la salvación de Dios, y luego en el párrafo introductorio, los versículos del 3 al 5, dice: «Dios es mi refugio. Él es mi roca. Él es mi fortaleza. Él es mi esperanza. Él es mi confianza».

¿Cuál es la palabra que aparece en cada una de esas diferentes descripciones de Dios? La palabra mi. Él es mío. Él no es simplemente todas estas cosas para otras personas. Él no es simplemente todas estas cosas para el mundo entero en general. Por supuesto, Dios es un refugio. Él es una roca. Él es una fortaleza. Él es una esperanza. Él es una confianza. Pero Él es mi refugio. Él es mi roca. Él es mi fortaleza. Él es mi esperanza. Él es mi confianza. Él es todas estas cosas y más para mí.

A menudo debes decirte a ti misma estas cosas cuando incluso no estás segura de creerlas. Ciertamente cuando no las sientes. Y aconsejas tu corazón de acuerdo a la verdad. Esto es lo que la alabanza hace. La alabanza exalta quién es Dios porque es objetivamente verdad incluso cuando sentimos que no lo es.

«Señor, Tú eres mi refugio». Eso es hablar la verdad para combatir las mentiras del enemigo.

Pienso en esa canción que he escuchado, que Keith & Kristyn Getty cantan, quizás tú también la escuchaste:

Levantad en alto el nombre de Jesús,
De Jesús nuestro Rey.
Dad a conocer el poder de Su gracia,
La belleza de Su paz
Recuerda cómo Su gracia nos alcanzó
Y clamamos a Él
Él nos puso en tierra firme
De nuestro pecado nos libertó
Oh, canta alma mía
Proclama todo lo que Él ha hecho
¡Hasta que tierra y cielo sean llenos de Su gloria!

¿Cómo la tierra y los cielos se llenaron de la gloria de Dios? Bueno, una manera es el pueblo de Dios cantando y contando las alabanzas de Dios. ¿Alguna vez piensas en eso? Dices, «Dios, llena la tierra de Tu gloria».

Y Dios dice, «¿por qué no lo haces tú?»

Cuando hablamos la alabanza de Dios, cuando la contamos, cuando la proclamamos, cuando la elevamos a Dios, cuando la compartimos con otros, cuando decimos, «Él es mi refugio, Él es mi fortaleza, Él es mi roca, Él es mi esperanza, Él es mi confianza», estamos llenando la tierra, o por lo menos nuestro pequeño espacio en la tierra, con la gloria de Dios.

La alabanza consiste en las promesas de Dios. Le da gracias a Dios por adelantado de que Sus promesas se cumplirán.

¿Sabes? Lo opuesto de alabar es ¿qué? Murmurar, refunfuñar, quejarse, tener amargura, resentimiento, enojo, miedo.

Recientemente, me reuní con un grupo de mujeres. Ellas habían estado estudiando mi libro: «Adornadas». Estaban al final del estudio y estaban compartiendo algunas de las cosas sobre las que Dios les había hablado durante el estudio.

Había una mujer, quizás un poco mayor que yo, que dijo, «soy el producto de una madre muy muy amargada». No sé cuáles eran todas las circunstancias pero dijo, «he atravesado cosas muy difíciles en mi vida. He atravesado cosas muy difíciles en los últimos dos años». Y algo de eso parecía centrarse alrededor de su madre y ella dijo «Quiero que mi madre lea este libro» (risas).

Y luego dijo, «esto es lo que he aprendido: La amargura es una elección, como también lo es el gozo».

La amargura es una elección, como también lo es el gozo. Así que a esta mujer se le ha dado esta herencia de amargura, un espíritu enojado. Y ella dijo, «ahora tengo hijos y nietos». Y eso es lo que ella le pasaría a ellos, esa amargura que recibió de su madre. Pero ella dijo, «me di cuenta que no tengo que ser amargada. La amargura es una elección, como también lo es el gozo».

Y lo que ella estaba diciendo era, «elijo el gozo. Elijo el gozo. Alabaré al Señor. Sí, mis circunstancias son difíciles». (Alguien me dijo luego que «ella ha atravesado mucho en los últimos dos años»). No sé cuáles son los detalles. No sé cuáles son sus circunstancias pero tiene muchas razones para, humanamente hablando, estar resentida y enojada, pero ella dijo, «elegiré el gozo».

¿Cómo haces eso? Le das gracias a Dios. Le agradeces porque Él es tu refugio, tu fortaleza, tu protector, tu guardador, tu esperanza, tu confianza.

Así que el salmista mira hacia arriba. Mira hacia arriba en oración y en alabanza. Y luego mira hacia atrás, mira hacia atrás. Observa el versículo 5:

«Porque tú eres mi esperanza; oh Señor Dios, tú eres mi confianza desde mi juventud».

Claramente él ya no es joven, pero está mirando hacia su juventud y está diciendo «Señor, fuiste fiel conmigo en ese entonces».

«De ti he recibido apoyo desde mi nacimiento; tú eres el que me sacó del seno de mi madre» (v. 6).

Él dijo, «he pensado, he reflexionado acerca de todas las formas a lo largo de mi vida en que Dios ha estado presente. Dios ha intervenido. Dios ha sido fiel. Dios ha sido confiable. No podría haber nacido si el Señor no me hubiese sacado».

Dices, «es tu madre la que te dio a luz. Es el doctor el que asistió tu nacimiento». Pero el salmista está diciendo, oh, pero Dios estuvo allí. No podría haber vivido si Dios no hubiese estado allí, si Dios no hubiese sido fiel. Me he apoyado en Ti.

«Cuando me di cuenta, estaba dependiendo de Ti. Cuando tenía dos días de vida y no tenía conciencia de Ti, aun estaba dependiendo de Ti, aunque no sabía que lo estaba». Y luego, a medida que creció, hubo días en que conscientemente dependió del Señor. «Señor, Tú fuiste fiel. Tú fuiste verdadero».

Y en el versículo 17 dice: «Oh Dios, tú me has enseñado desde mi juventud, y hasta ahora he anunciado tus maravillas».

Solo tengo curiosidad, ¿cuántas de las que nos escuchan podrían decir que crecieron en un hogar cristiano y han seguido a Jesús prácticamente desde que eran niñas?

Esa es mi historia. He estado en la iglesia desde los nueve meses antes de nacer. Ahora, estar en la iglesia no te hace una persona cristiana, pero tuve el gozo de crecer en un hogar, como así también mi esposo, donde temíamos, amábamos, adorábamos, alabábamos y honrábamos a Dios. Su Palabra era exaltada. Crecimos escuchando la Palabra de Dios, escuchando el evangelio. Ambos conocimos a Cristo cuando éramos niños pequeños y hemos tenido el gozo de caminar con Él por muchos, muchos años.

Ahora, muchas veces cuando esa es tu historia, puede ser un poco tentador envidiar a aquellos que han tenido más historia, aquellos que conocieron a Cristo más adelante en sus vidas, luego de haber gustado y experimentado sus propios caminos. Ellos tienen un testimonio más dramático. Pueden recordar qué se sentía ser un enemigo de Dios. Sus historias de conversión son más parecidas a las de Saulo en el camino a Damasco.

A menudo escuchas esas historias y piensas, «¡Guau! ¿No sería genial tener esa historia que es más interesante?»

Esa puede ser tu historia, y si lo es, esa es tu historia. Y entonces, esa es la historia de la fidelidad de Dios en tu vida. Pero no hay nada de pequeño o insignificante acerca de una historia en la que Dios te guardó toda tu vida, caminando contigo, guiándote a amarlo, acercando tu corazón hacia Él.

De manera que el salmista mira hacia atrás en su vida y dice que está tan agradecido por una herencia piadosa. Quizás para ti, has tenido esa herencia toda tu vida. O quizás fue más adelante en tu vida, pero aun así, tienes historia con Dios.

Y eso es lo que el salmista dice, «tengo historia con Dios. Dios tiene historia conmigo». Él recuerda, reflexiona en las misericordias de Dios y la gracia de Dios en las dificultades pasadas. Y eso se convierte en la base de su esperanza ahora que es un hombre mayor y que está enfrentando nuevos desafíos, debilidad, aflicción, oposición.

Un comentarista de este salmo, William MacDonald, dijo:

Feliz es el hombre que puede decir que Dios ha sido su esperanza y su confianza desde la niñez. Si ha dependido de Jehová desde su nacimiento, no tendrá falta de apoyo en los últimos años de su vida.

¡Me encanta eso! De alguna manera, a medida que envejezco, parecería que hay más incógnitas. Robert y yo hemos estado trabajando en nuestros testamentos. Hemos estado buscando parcelas en el cementerio. (Esto no es un anuncio. No tenemos ninguna razón para pensar que esto está cerca, pero son cosas que probablemente debimos haber hecho algún tiempo atrás. Las estamos haciendo ahora. No sabemos). Al estar haciendo estas cosas, nos damos cuenta que hay más que no conocemos acerca del futuro que lo que sí conocemos, que es básicamente nada.

No sabemos cuál es la historia que Dios tiene para nosotros en el futuro, pero sabemos cuál fue Su historia para nosotros en el pasado. Lo vemos escribiendo nuestra historia, y partes de esa historia han sido difíciles. Robert perdió su primera esposa de cáncer luego de cuarenta y cuatro años de matrimonio, una batalla con el cáncer de ovario de dos años y medio. Esa fue una etapa muy difícil.

Has atravesado etapas difíciles. Pero miras hacia atrás y ves la fidelidad de Dios. Ves la bondad de Dios. Ves la misericordia de Dios. Ves la protección de Dios. Ves que Él ha provisto para tus necesidades, Su provisión.

Así que quiero decirles algo a las mujeres más jóvenes, algunas de ustedes, adolescentes que nos escuchan hoy, y mujeres jóvenes que están escuchando este programa. Por cierto, la mejor preparación para envejecer, y si no estás pensando acerca de la vejez, debes comenzar a hacerlo. Todas, sin importar la edad, deberíamos pensar acerca de esto. No estoy diciendo que deberías caminar por los cementerios todos los días de tu vida, pero sí deberías hacerlo ocasionalmente. Piensa acerca de esto.

La mejor preparación para la vejez es confiar en Él y depender de Él cuando eres joven. Cuanto más haces esto de joven, mayor será tu depósito de la fidelidad de Dios del que puedes tomar.

Si vas a intentar ser autosuficiente e independiente ahora, cuando piensas que eres fuerte como una mujer joven, no tendrás ningún lugar para recurrir cuando tus fuerzas comiencen a disminuir.

Así que honra a Dios ahora cuando eres joven. Confía en Él cuando piensas que eres fuerte. Y date cuenta que aparte de Él tú tienes y eres, nada. A medida que aprendes el hábito, la disciplina de depender de Él… Cantar de los Cantares dice, «(la novia) recostada sobre su amado» (Cant. 8:5); esa es una imagen que se convierte más y más preciosa para mí a medida que envejezco.

Así que años de conocer y caminar con Dios pueden establecer las bases para la vejez. Y a propósito, no es muy tarde para empezar. Si no has estado dependiendo, si no has estado confiando… y dices, «tengo sesenta y cinco años. Eso es extremadamente tarde», comienza hoy, dependiendo, confiando.

Confía en Él cuando eres joven si quieres tener la fortaleza, la inclinación, el corazón para seguirle cuando seas mayor.

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado hablándonos sobre lo que significa confiar en Dios y en su dirección para nuestras vidas desde la juventud hasta nuestros últimos años.

Este es el segundo programa de la serie que Nancy inició ayer, basada en el Salmo 71. Puedes encontrar el audio y la transcripción de estos programas en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

En la medida en que pasan los años, ¿te desanimas como si tuvieras menos que ofrecerle al Señor? Mañana, Nancy te mostrará cómo depender de Dios en medio de tu debilidad, y cómo hacer uso de Su fuerza para alentar a otros. No te pierdas el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Apoyándonos en Jesús en cada etapa de la vida, juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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