Aviva Nuestros Corazones Podcast

Pasa tu experiencia a la próxima generación

Carmen Espaillat: ¿Has pensando que no tienes nada que darle a otras personas?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Dios nos enseña para que podamos contarles a otras... no para absorberlo todo y morir, y luego ir al cielo llenas de toda la verdad bíblica, ¡sino para que podamos compartirla con las demás!

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

En los últimos programas, Nancy nos ha estado mostrando lo que la Biblia dice acerca de cómo envejecer bien, y cómo confiar en Dios cada día más. Este es el último programa de la serie basada en el Salmo 71, titulada, «La fidelidad de Dios en la etapa final de tu vida».

Si tienes una Biblia cerca, puedes abrirla en el Salmo 71, y acompañar a Nancy en la medida en que concluimos esta serie.

Nancy: Quiero invitarte a que vuelvas a abrir de nuevo el Salmo 71 en tu Biblia. Lo hemos estado viendo en los últimos días. Mientras me preparaba para cumplir sesenta años el año pasado, pasé un tiempo, en los últimos meses antes de mi cumpleaños, reflexionando, pidiéndole a Dios que preparara mi corazón para darme una idea de lo que Él tiene reservado para mí.

Hay cambios que están ocurriendo en todas nosotras a medida que envejecemos, pero quiero tener una idea de lo que Dios me está diciendo en medio de todo esto: cuáles son Sus propósitos, cómo puedo honrarlo y glorificarlo. Y una de las cosas por las que estoy muy cargada aquí en Aviva Nuestros Corazones es: ¿cómo seguimos equipando a las mujeres mayores para pasar el testigo de la verdad a la siguiente generación? Así que estoy siendo proactiva con respecto a este tema, y espero que tú también lo seas.

Al llegar al Salmo 71, hemos visto que el salmista está envejeciendo. ¿No lo estamos todas? Sé que él está enfrentando a algunas dificultades y desafíos intensos. Me encanta que él es honesto sobre lo que está pasando. Él no lo suaviza.

No pretende que «todo está bien», diciendo cosas como: «¡Si fuera espiritual, no notaría que estos hombres malvados, crueles e injustos están haciendo mi vida miserable!» Él no pretende que todo está bien, sino que clama al Señor.

Y a medida que lees este salmo, tienes la sensación de que él alterna entre suplicar a Dios que lo rescate y alabar a Dios por Su protección, Su poder y Su fidelidad. ¿Y no es esa una gran receta para cualquier edad, cualquier etapa de la vida? Rogarle a Dios por las cosas difíciles, diciéndole: «¡Señor, esto es difícil! No sé cómo lidiar con esto, esta situación matrimonial, este hijo pródigo, este problema de salud».

Le estamos presentando a Dios nuestras necesidades, pero al mismo tiempo estamos alabándole. Es como una tela, un tejido, un tapiz que está entretejido. No podemos segmentarlo y decir que los versículos del 1 al 10 son una oración y luego el resto del capítulo es alabanza. Todo está entretejido en esa tela, en ese tejido, ese tapiz de su vida.

Y esa es la forma como quiero vivir a medida que envejezco: orando y alabando, orando y alabando, orando y alabando todo el tiempo. ¡Qué gran receta!

Entonces, el Salmo 71... y quiero leer solo una parte del salmo hoy y luego hacer algunas observaciones adicionales mientras concluimos esta serie.

«En ti, oh Señor, me refugio; jamás sea yo avergonzado» (v. 1).

Y luego vemos que él apela al carácter de Dios, versículos del 2 al 4:

«Líbrame en tu justicia, y rescátame; inclina a mí tu oído, y sálvame. Sé para mí una roca de refugio, a la cual pueda ir continuamente; tú has dado mandamiento para salvarme, porque tú eres mi roca y mi fortaleza. Dios mío, rescátame de la mano del impío, de la mano del malhechor y del implacable». 

Por cierto, mientras leo este pasaje, no puedo evitar pensar que el Hijo de Dios no permitió que Dios lo rescatara de la cruz, de la mano de los impíos, de la mano del hombre injusto y cruel.

Pasó por la muerte, la cruz, la vergüenza, el reproche para que nosotras pudiéramos evitar la ira de Dios. Él tomó sobre sí esa ira por nuestros pecados, para que ahora podamos orar: «¡Señor, sálvame!» Y Él nos ha rescatado en Cristo. Él nos ha salvado en Cristo.

«Porque tú eres mi esperanza; oh Señor Dios, tú eres mi confianza desde mi juventud. De ti he recibido apoyo desde mi nacimiento; tú eres el que me sacó del seno de mi madre» (v. 5-6).

Puedes sentir que el salmista está poniendo toda su esperanza y su confianza en el Señor.

Y él razona de esta manera: «Dios siempre ha sido fiel conmigo». Él mira hacia atrás en su vida y puede ver tiempos difíciles, pero no puede ver un momento en que Dios lo haya abandonado. De manera que la implicación es, «Dios siempre ha sido fiel. ¡No dejará de serlo ahora!»

Muchas veces tengo que recordarme eso a mí misma: «Nancy, estás en un lugar difícil en este momento, sientes que estás atascada, sientes que no puedes librarte de este problema (cualquiera que sea). Pero Dios nunca te ha defraudado antes. ¡Nunca ha decepcionado a ninguno de sus hijos, nunca antes! ¿Crees que vas a ser la primera, alguna vez, en la historia de la raza humana, que verá a Dios fallar?» ¡No! ¡Absolutamente no!

Así que nos recordamos a nosotras mismas Su fidelidad pasada, y eso nos da esperanza en el presente y para el futuro. El salmista dice, continuando en el versículo 6: «Para ti es continuamente mi alabanza. He llegado a ser el asombro de muchos...» Esa palabra «asombro», los comentaristas la traducen de muchas maneras diferentes.

Algunos dicen que significa «una maravilla» o una «señal milagrosa». Creo que lo que dice es: «Algunas personas me miran y dicen: “Oh, wow, Dios lo ha juzgado porque su vida ha sido muy dura”».

Pero dice sin embargo, «tú eres mi refugio fuerte». Él confía en Dios incluso cuando la gente dice que Dios lo ha abandonado. «Llena está mi boca de tu alabanza y de tu gloria todo el día» (v. 8).

Ahora en este párrafo, en los versículos del 6 al 8, veo dos temas recurrentes en este salmo que están resaltados. Voy a centrarme un poco en ellos hoy. El primero es de lo que habla el salmista, de su boca, de su lengua.

Cuando el salmista está siendo atacado y difamado públicamente, ¿de qué habla? ¿Defiende su reputación? ¿Habla de todas las cosas buenas que ha hecho para servir al Señor? No. De lo que habla es de Dios. Él centra su atención en Dios.

Dice: «Para ti es continuamente mi alabanza» (v. 6). «Llena está mi boca de tu alabanza y de tu gloria» (v. 8). «Todo el día contará mi boca de tu justicia y de tu salvación» (v. 15). «Darán voces de júbilo mis labios, cuando te cante alabanzas» (v. 23). «También mi lengua hablará de tu justicia todo el día» (v. 24).

Hay mucho en este salmo sobre la boca, la lengua. ¡Y de lo que él habla es de Dios! lo que hablamos cuando estamos envejeciendo, o somos jóvenes, especialmente cuando estamos bajo presión, es realmente importante porque lo que hablamos fluye de lo que hay dentro de nosotras.

Lo que pensamos es sobre lo que finalmente hablamos. Y lo que pensamos y hablamos tiene un poder increíble para cambiar cómo nos sentimos acerca de nuestras circunstancias. Lo que quisiéramos hacer es decir: «¡Quiero sentirme diferente! ¡Quiero tener diferentes emociones! ¡No quiero luchar con este miedo o con esta ira».

Pero lo que debemos hacer es comenzar a pensar de manera diferente, comenzar a tener grandes pensamientos acerca de Dios y luego comenzar a hablar grandes cosas acerca de Dios. Y cuando pensamos y hablamos sobre lo que es eterno, bueno, puro y verdadero (Fil. 4:8), comenzaremos a sentirnos diferentes. Nuestras emociones van a fluir de lo que pensamos y de lo que hablamos.

Ahora, esto no es tan profundo, pero me he dado cuenta, no sé tú, que no puedes adorar y quejarte al mismo tiempo. ¡No puedes hacerlo! Así que cuando alabamos a Dios con nuestras lenguas, no hay lugar para quejarse y murmurar. La alabanza desplaza la amargura, la duda y el miedo.

De manera que cuando estamos bajo presión, a medida que envejecemos, cuando enfrentamos esos desafíos, debilidades y necesidades (falta de fuerzas, o lo que sea), no dejes de decirle a Dios cuán grande es Él. ¡Nosotras somos débiles, pero Él es fuerte! Está bien reconocer que somos débiles, pero no te quedes quedes ahí. No te olvides de decir, ¡«pero Señor, Tú eres fuerte!»

Mi esposo es un gran ejemplo para mí en esto, porque tiendo a enfocarme en lo que es difícil, lo que es negativo, y como que me quedo acampando allí. Robert me ayuda a levantar mis ojos y mis pensamientos, y a decirle a Dios y a otros, cuán grande es Él.

Mencioné a Joni Tada anteriormente en esta serie. Es una mujer que me viene a la mente cuando pienso en este hábito. La vida es tan dura para ella. Y ella ha sido durante más de cincuenta años cuadripléjica en una silla de ruedas. Es muy difícil, obviamente. Ella tiene un dolor constante y dificultades y desafíos.

No puede lavarse los dientes, ni arreglarse el cabello ni tomar por sí misma un poco de agua, pero es una mujer cuya boca está llena de alabanzas al Señor. Ella siempre está hablando de la grandeza de Dios, siempre está cantando himnos sobre la grandeza de Dios.

¿Sabes qué? Creo que es una estrategia de su parte. No creo que eso fluya naturalmente de nadie. Lo que fluye naturalmente es murmurar y quejarnos. Pero aquí tenemos una mujer que ha disciplinado su vida para hablar sobre cuán grande es Dios en lugar de estar resaltando sus problemas y sus dificultades.

Si eso puede ser cierto de Joni, ¿no podría serlo de nosotras también? ¿De qué hablas en casa, en el trabajo, en la iglesia, en el gimnasio, en el supermercado, en los juegos de pelota de tus nietos? ¿De qué hablas? ¿En qué te enfocas?

¿Es lo que es puro, bueno, verdadero, amable? ¿Qué es más bueno, verdadero, amable y puro que Cristo mismo? Así que tenemos este tema en el salmo de usar nuestra boca, nuestra lengua, para hablar las alabanzas del Señor.

Y luego tenemos otro tema recurrente en este salmo que es la palabra «continuamente» o la frase, «todo el día». Lo puedes ver varias veces a través de este salmo: diario, momento a momento, continuamente. ¿Qué hace el salmista? Bueno, él continuamente viene a Dios en busca de refugio.

Mira el versículo 3: «Sé para mí una roca de refugio, a la cual pueda ir continuamente». Tienes que seguir viniendo. Tienes que seguir yendo a la Roca de Refugio. Algunas de ustedes usan un quiropráctico, o tienen médicos. Van a ellos continuamente. Eso está bien, ¡pero no dejes de ir a Dios! Lo necesitas. Yo lo necesito. Nosotras lo necesitamos, continuamente, para que sea nuestro refugio.

¡Alábale continuamente! El versículo 6 dice: «para ti es continuamente mi alabanza». El versículo 8 dice: «Llena está mi boca de tu alabanza y de tu gloria todo el día». Mañana, tarde y noche. No solo cuando estás en la iglesia, no solo cuando estás con tu grupo pequeño o en tu estudio bíblico, sino todo el día, en todas partes, hablando, alabando ¡al Señor!

Continuamente esperando en Él. En el versículo 13 se habla de «enemigos» que buscan su mal; y luego, en el versículo 14, dice: «Mas yo esperaré continuamente, y aún te alabaré más y más». Entonces quiere decir que hay problemas continuos, pero él dice: «Voy a poner mi esperanza en el Señor continuamente».

Y luego, continuamente, cuéntales a otros acerca de Su gracia y Su poder. Mira el versículo 15: «Todo el día contará mi boca de tu justicia y de tu salvación». Versículo 24: «También mi lengua hablará de tu justicia todo el día».

Mientras leo este salmo, solo pienso que quiero ser una mujer que no pueda dejar de hablar de Jesús, de esperar en Jesús, de alabar a Jesús, contándole a otros sobre Jesús, y yendo a Jesús por rescate y refugio.

Quiero tener esta determinación firme a medida que envejezco, que no importa lo que esté experimentando, sin importar qué tan difíciles puedan ser esos desafíos, que el tema de mi vida, el tema de mis conversaciones todo el día sea, Jesús. ¡Creo que eso es especialmente importante a medida que envejecemos!

De nuevo, si no empiezas con esto cuando eres joven, no será un hábito fácil de tener cuando seas mayor. En lugar de quejarnos, y hablar de nuestros problemas, nuestros dolores (por supuesto que existen, y para la mayoría de nosotras irán en aumento a medida que estamos entre ahora y hasta que lleguemos al cielo), pero por encima de eso, alzar la vista y hablar continuamente sobre cuán grande es Él. Eso conlleva una determinación firme.

Y así el salmista dice en el versículo 9: «No me rechaces en el tiempo de la vejez; no me desampares cuando me falten las fuerzas». Esto dice que nuestras fuerzas desvanecerán. No importa lo que los anuncios te digan, llegará un momento en que tu fuerza fallará; va a declinar.

El versículo 16 en la Versión Reina Valera Antigua se traduce: «Vendré a las valentías del Señor Jehová». Cuando mi fuerza falle, iré en Su fuerza. Me encanta el Salmo 73:26: «¡Mi carne y mi corazón pueden desfallecer (¡y fallarán!), pero Dios es la fortaleza de mi corazón y mi porción para siempre!»

Entonces, cuando estás débil, cuando estás frágil, cuando sientes que estás desfalleciendo —física, emocionalmente, simplemente desmoronándote— «pero Dios es la fortaleza de mi corazón y mi porción para siempre».

Bueno, permíteme leer el resto de este salmo y hacer algunos comentarios finales, y luego quiero que escuchen a una mujer que está viviendo este mensaje.

Versículo 10: «Porque mis enemigos han hablado de mí; y los que acechan mi vida han consultado entre sí, diciendo: Dios lo ha desamparado; perseguidlo y apresadlo, pues no hay quien lo libre. Oh Dios (aquí hay una oración), no estés lejos de mí; Dios mío, apresúrate a socorrerme. Sean avergonzados y consumidos los enemigos de mi alma; sean cubiertos de afrenta y de ignominia los que procuran mi mal».

(Ellos hacen esto. Son enemigos. «Pero yo... ¿qué voy a hacer?» No voy a atacarlos también). «Mas yo esperaré continuamente, y aún te alabaré más y más. Todo el día (ahí está otra vez) contará mi boca de tu justicia y de tu salvación, porque son innumerables.

Vendré con los hechos poderosos de Dios el Señor; haré mención de tu justicia, de la tuya sola. Oh Dios, tú me has enseñado desde mi juventud, y hasta ahora he anunciado tus maravillas» (Tus obras) (vv. 10–17).

Quiero que veamos ese «anunciando tus maravillas» mientras resumimos el programa hoy.

Él dice: «tú me has enseñado desde mi juventud. . .» Dios ha enseñado al salmista y él dice: «Quiero enseñar a otros lo que me has enseñado a mí». He tenido la alegría de estudiar y aprender la Palabra de Dios desde que era tan joven como puedo recordar; escuela dominical, escuela cristiana, en nuestro hogar, devocionales familiares y mi vida devocional personal.

He tenido la alegría de sumergirme en la Palabra de Dios, escuchando predicaciones. Agradezco a Dios por la alegría, el regalo de crecer en iglesias donde la Palabra de Dios fue fielmente proclamada. Agradezco a Dios por el pastor Earl Connors, quien fue el pastor que me bautizó cuando tenía cinco años.

Agradezco a Dios por el pastor Bill Hogan, en cuyo ministerio crecí, y tuve el gozo de que nos casara a Robert y a mí, a mis cincuenta y siete años. ¡Bill estaba en sus ochenta! Él y Jane todavía oran por mí. ¡Pero muchas veces les he dicho cuán agradecida estoy por los años en los que estuve sentada escuchando la predicación de la Palabra de Dios de parte de este hombre tan valioso!

Así que he sido enseñada. Como dice el salmista: «Tú me has enseñado desde mi juventud, y hasta ahora he anunciado tus maravillas». Mujeres, Dios nos enseña para que podamos contarles a otras... no para absorberlo todo y morir, y luego ir al cielo llenas de toda la verdad bíblica, ¡sino para que podamos compartirla con las demás!

El versículo 18 dice: «Y aun en la vejez y las canas, no me desampares, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a esta generación, tu poderío a todos los que han de venir». Si tengo un versículo en esta etapa de mi vida, es este. «Y aun en la vejez y las canas». Bueno, las canas las he tenido desde hace mucho tiempo.

Pero, «aun en la vejez y las canas, no me desampares, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a esta generación, tu poderío a todos los que han de venir». ¡Este es nuestro llamado! Esta es nuestra misión como mujeres mayores que somos seguidoras de Jesús: ¡compartir con la próxima generación la gracia y el poder de nuestro Salvador!

Estamos supuestas a vivir con los demás en mente, no solo con nosotras mismas. Y eso es algo difícil, porque a medida que las personas envejecemos, como he visto, es fácil preocuparnos por nuestras propias necesidades. Pero el salmista dice: «No voy a vivir con mis necesidades en el centro de mi vida. Voy a vivir con los demás en mente, especialmente la próxima generación». «Hasta que anuncie tu poder a esta generación, tu poderío a todos los que han de venir». Esto nos puede impedir revolcarnos en la autocompasión, creo que a medida que nos hacemos mayores, debemos decirnos a nosotras mismas: «Tengo un propósito en la vida».

Sé que tenemos oyentes de más de ochenta años, y conozco mujeres como Jean, sé que ella está en Facebook. Sé que lo usa para decirle a la gente que Dios es bueno y que Él es fiel. Algunas de las mujeres más jóvenes la observamos y estamos siendo bendecidas por ella.

Cuando mi vida se siente dura o desafiante, pienso en mi amiga viuda de ochenta años, Jean Warren, y en la fidelidad con la que cuidaba a su esposo cuando estuvo enfermo hace años (hemos sido amigos durante mucho tiempo). Veo cuán fielmente Dios ha estado satisfaciendo sus necesidades en esta etapa.

Ella tiene un ministerio allí, y es un ministerio de Facebook. Tiene un ministerio con sus hijos y sus nietos. Los visita y puedo ser testigo de ver a Dios utilizándola a pesar de su avanzada edad. Quiero ser así, no quiero ser egoísta, egocéntrica, quiero vivir centrada en los demás.

Hay muchos creyentes mayores que me enseñaron mucho acerca de Cristo cuando era niña y aún cuando era joven. Y hay momentos ahora, a medida que envejezco, que simplemente me siento débil. Hay veces que me siento cansada. Hay veces que me siento desanimada. Hay veces que quiero tirar la toalla. Y ahí es cuando oro: «¡Señor, por favor, no me desampares!»

Y al final, lo que realmente importa no es que yo pueda ser fiel a Dios, sino que Él es fiel a mí. Eso es lo que me mantiene aferrándome a Él, no es que yo me aferre. Quiero hacerlo, pero habrá momentos en que mi mano quiera soltar la cuerda. Pero su mano está sobre mí, ¡Él me está sosteniendo!

Así que le digo: «Señor, ¡no me desampares! Ayúdame a ser fiel. ¡Ayúdame a seguir proclamando Tu verdad y Tu poder a las que vienen detrás de mí!» No sé cuánto tiempo más Dios me dará fuerzas para hacer eso. Espero que sea por mucho tiempo. Amo la Palabra de Dios, me encanta enseñarla. Me encanta ministrar a las mujeres, me encanta enseñar a la próxima generación.

Pero no tengo una garantía de que lo estaré haciendo para este tiempo el año que viene. . . ni tú tampoco. Entonces, usa los días que tienes, usa el tiempo que tienes, usa las oportunidades que tengas, no solo si tienes un micrófono frente a ti, pero tienes personas frente a ti. Tienes redes sociales frente a ti; tienes relaciones frente a ti. ¡Úsalas para proclamar Su poder a otra generación!

El versículo 19 dice: «Porque tu justicia, oh Dios, alcanza hasta los cielos, tú que has hecho grandes cosas; oh Dios, ¿quién como tú?» ¿Quién es como Tú Señor? Es un estilo de vida centrado en Dios. Eso es lo que hace que nuestra vida sea hermosa a medida que envejecemos. Es más hermosa porque conocemos mejor a Dios y confiamos más en Él.

Y luego, en los versículos 20 y 21, el salmista expresa fe y confianza en que Dios vendrá, que sus circunstancias actuales no son el final de la historia: «Tú que me has hecho ver muchas angustias y aflicciones». Oh, espera un minuto. Él dijo: «Tengo todos estos hombres malvados en mi vida». ¿Quién dejó que esos hombres malvados estén en la vida del salmista? Dios lo hizo.

«Tú que me has hecho ver muchas angustias y aflicciones, (Tú) me volverás a dar vida, y me levantarás de nuevo de las profundidades de la tierra. Aumenta tú mi grandeza, y vuelve a consolarme».

Esas son promesas: «Dios, lo harás... Lo harás... ¡Tú lo harás! Me volverás a dar vida. Me levantarás. Me consolarás. Tú incrementarás mi grandeza».

Lo que él dice es: «¡Mis luchas actuales no son el final de la historia!» Escucha, si todavía estás respirando, Dios no ha terminado contigo. Él todavía está obrando. Y así cerramos:

«Y yo te daré gracias con el arpa, cantaré tu verdad, Dios mío; a ti cantaré alabanzas con la lira, oh Santo de Israel. Darán voces de júbilo mis labios, cuando te cante alabanzas, y mi alma, que tú has redimido. También mi lengua hablará de tu justicia todo el día, porque han sido avergonzados, porque han sido humillados, los que procuran mi mal» (vv. 22-24).

Ahora, creo que está diciendo esto por fe. No creo que él haya visto el final de esas personas todavía. Pero lo que está diciendo es que el día vendrá en el que Dios corregirá todos los males. Mientras tanto, voy a seguir confiando en Él; voy a seguir aferrándome a Él; voy a seguir alabándole a Él.

Una de las mujeres que Dios ha usado en mi vida y en este ministerio para ser un gran ejemplo de cómo vivir el Salmo 71, es Susan Hunt. Si has estado en una conferencia de Mujer Verdadera (True Woman) o en una conferencia de Aviva Nuestros Corazones (Revive Our Hearts), es posible que hayas escuchado de ella.

En la conferencia de Aviva Nuestros Corazones '17, le pedimos a Susan que hablara sobre el tema del envejecimiento. Creo que hubo lágrimas en los ojos de prácticamente todas las que estuvimos ahí presentes. Esa participación fue de mucha bendición para las mujeres que estuvimos allí, no alabando a Susan sino al Dios que ella ama y sirve. Así que quiero que escuches un extracto de cómo cerró ese mensaje.

Creo que es un gran ejemplo para nosotras de lo que es correr bien. Susan está casi en sus ochenta ahora, ella no ha terminado aún su carrera, pero está terminando bien. Espero que al escucharla seas animada y tu corazón fortalecido, en cualquiera que sea la etapa en que te encuentres. Escuchemos a Susan Hunt.

Susan Hunt: Mis hermanas, dondequiera que se encuentren en su vida, cualquiera que sea su etapa de vida, comiencen ahora a orar por gracia para terminar fuertes. Cuanto más envejezco, más entiendo que terminar fuerte significa «terminar débil». Jesús dijo en 2 Corintios, en el capítulo 12, versículos 9 y 10: «Mi poder se perfecciona en la debilidad». Que nuestra respuesta sea como la de Pablo: «Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí... porque cuando soy débil, entonces soy fuerte».

Este versículo es muy cierto, muy precioso, y muy personal para mí. Siempre supe que de alguna manera yo era débil, pero se hizo todavía más evidente cuando, hace unos años, tuve un ataque repentino y grave de vértigo, que eventualmente reveló ser el resultado de un virus en mi oído interno. Esto me dejó con muy poco equilibrio. Así que el resto de mi cuerpo ha tenido que aprender a compensar, para poder mantenerme erguida. También, esto me dejó sorda de un oído; y mis ojos no siempre enfocan bien. ¡Pero a través de esto he aprendido del poder de Dios en mi debilidad!

Para mí, estar aquí con las luces brillando frente a mis ojos, no caerme y poder unir dos o tres oraciones, ¡es un tremendo testimonio del poder de Dios! Por tanto, me glorío en mi debilidad.

Pero la verdad es que… esta debilidad siempre ha estado allí, no solo en el momento en que sufrí de vértigo. Y cuanto antes reconozcamos nuestra total dependencia de Dios, más pronto conoceremos el poder de Su fuerza en nosotras. Así que no luches contra tu debilidad, y no niegues tu debilidad. ¡Deja que esta produzca una dependencia—como la de una niña— dependencia de nuestro fuerte Salvador!

Y… aún si amara a Jesús hasta el final de mis días, ¡nunca podré superar Su amor por mí! Él nos dice en Isaías 46,

«Escuchadme… los que habéis sido llevados por mí desde el vientre, cargados desde la matriz. Aun hasta vuestra vejez, yo seré el mismo, y hasta vuestros años avanzados, yo os sostendré. Yo lo he hecho, y yo os cargaré. Yo os sostendré, y yo os libraré» (v. 3–4).

Entonces, ¿cómo se siente ser una mujer mayor? Se siente como si fueras una pequeña niña feliz, pero cansada, dependiente, y siendo cargada en los brazos de su Padre. Y esta niña le dice a sus amigas: «¡Miren qué bueno y fuerte es mi Papá!» Y ella sabe, que cuando se quede dormida en los brazos de su Padre, abrirá los ojos en su hogar.

Carmen: Acabas a escuchar a Susan Hunt. Ella nos ha animado a confiar más y más en el Señor en cada etapa de la vida. Antes de escuchar a Susan, escuchaste de Nancy DeMoss de Wolgemuth. En esta serie ella ha estado profundizando con nosotras en el Salmo 71, dándonos una perspectiva bíblica del envejecimiento. Nancy regresará para orar.

Después de escuchar el programa de hoy sobre cómo servir al Señor todos los días de tu vida, quizás te estés preguntando cómo aplicar este mensaje a tu vida diaria. Bueno, algo que puedes comenzar a hacer es invertir en la próxima generación, ya sea enseñando a niños, entablando amistades con mujeres jóvenes, o algo por el estilo. Y más sencillo aún, puedes compartir con otras mujeres la verdad de la Palabra de Dios que has estado escuchando. Encuentra tanto el audio como las transcripciones de este programa en AvivaNuestroscorazones.com. Y allí también puedes compartirlo fácilmente con otras mujeres. Dios quiere que te involucres en el avance de Su reino. 

Para aprender más sobre el diseño de Dios con respecto a las relaciones de mentoría o discipulado, adquiere el libro de Nancy titulado, «Adornadas: Viviendo juntas la belleza del evangelio». Para más información sobre este recurso y otros visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com

En nuestra próxima serie, escucharás de Barbara Rainey. Ella cree que Dios le ha dado a toda pareja casada un mensaje muy particular para el mundo. Ella te explicará cómo tu esposo y tú pueden pintar un hermoso cuadro al mundo que les rodea, para la gloria de Dios.

Ahora Nancy regresa para cerrar nuestro tiempo juntas en oración.

Nancy: Padre, gracias porque a través del salmista y en las Escrituras y en la vida de personas como nuestras amigas Susan Hunt y Joni Tada, nos has mostrado ejemplos de lo que significa apoyarse en Ti, incluso en años de envejecimiento con muchas debilidades y mayor dependencia. Nos has enseñado a encontrarte, fuerte y capaz de llevarnos de regreso a casa.

Así que, Señor, nuestra oración es que nos ayudes a correr bien, a apoyarnos fuertemente, a escuchar, a alabar, a orar, a llenar nuestras bocas alabando y proclamando Tu bondad y Tu gracia para que la próxima generación nos mire y diga: «Quiero seguir a Jesús como lo hace ella».

Así que, Señor, mantennos fieles por Tu gracia hasta la meta final. Usa nuestras vidas para pasar el testigo de la fe a la siguiente generación para que ella pueda proclamar Tu bondad a los que aún están por venir. Oramos en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: Apoyándonos en Jesús en cada etapa de la vida, juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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