Podcast Aviva Nuestros Corazones

Está quieta, alma mía

Temporada:  Estad quietas

Annamarie Sauter: Hay momentos en que, en vez de escucharte a ti misma, ¡necesitas hablarte a ti misma!

Nancy DeMoss de Wolgemuth: A veces solo tenemos que tomarnos a nosotras mismas y mirarnos a la cara y decir: «Está quieta, mi alma».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

No es raro escuchar a alguien, o a ti misma, decir: «Tengo muchas cosas por hacer», «estoy cansada», «nunca voy a terminar mi lista de quehaceres». ¿Sabías que hay himnos con los que puedes llenar tu mente de la verdad de Dios, y experimentar Su paz? Hoy Nancy da inicio a una serie de programas en los que estará analizando las letras de algunos de estos himnos. Estos reflejan preciosas verdades bíblicas que debemos cantar y recordar.

Aquellos sobre los que escucharás a lo largo de esta serie, han formado parte de la crianza y peregrinaje espiritual de Nancy. Ella está aquí para dar inicio a la serie, «Estad quietas».

Nancy: Mi primer recuerdo consciente tuvo lugar el 14 de mayo de 1963, cuando me arrodillé junto a mi cama siendo una niña de cuatro años de edad, y confié en Jesús para salvarme. Yo no sabía mucho de teología, probablemente ni conocía esa palabra. No sabía muchos términos elegantes, pero yo sabía que Él era el Señor y que yo necesitaba un Salvador y que Él era un gran Salvador.

Le di todo lo que sabía de mí a todo lo que sabía de Él, y ese día Dios plantó en mi corazón semillas de una nueva vida, que no han dejado de echar raíces y de crecer hasta el día de hoy. Todavía me sorprende que Jesús hubiera querido salvarme, o a cualquiera, en ese caso.

Ese es el primer recuerdo consciente que tengo. Pero ese mismo año, con el ánimo de una madre talentosa musicalmente, empecé a tomar clases de piano. Mis piernas ni siquiera alcanzaban el suelo. Así que ya podrás imaginarte a esta niña con las piernas colgando de la banqueta del piano.

Eso se convirtió en una parte muy importante de mi experiencia al crecer; practicar todos los días, ir a clases de piano cada semana, tocar recitales cada año. Algunas de ustedes han estado allí; algunas de ustedes tienen hijos que están haciendo eso ahora. Eso fue una gran parte del ritmo de mis años de infancia y adolescencia.

Continué después de la secundaria, para obtener un título universitario en interpretación de piano. Toqué mi recital de último año, y luego no toqué durante treinta y cinco años prácticamente nada. Simplemente no tocaba con frecuencia. Tengo un hermoso piano que mis padres me regalaron cuando me gradué de la universidad, pero la vida continuaba en otras direcciones, y pasaba muy poco tiempo en el piano, ya no tanto como lo había hecho antes en mi vida.

Ahora, otra parte del tapiz que formó parte de aquellos primeros años de mi vida, fue la fiel asistencia a la iglesia como familia. En el transcurso de ir a la iglesia a través de todos esos años, llegué a conocer y a amar muchos, muchos himnos y canciones evangélicas (Gospel) —cantando todas las diferentes estrofas y aprendiendo la gran y rica teología que muchos de esos himnos y canciones nos enseñan.

Así que por algún tiempo a través de los años—pensando en todo ese gran trasfondo de conocer a Jesús y estudiar piano, y amarlo a Él— pensaba, algún día me gustaría grabar un CD de himnos en piano. Realmente no tengo una «lista de deseos», pero si tuviera una, eso sería lo único que estaría allí. Algún día me gustaría hacer eso.

Bueno pues, hace unos años celebré 50 años de conocer a Cristo. Alrededor de ese tiempo, también cumplí treinta y cinco años de servicio al Señor en el ministerio. Y simplemente me pareció un momento apropiado para emprender este proyecto en el que había pensado por tantos años.

Y con una gran cantidad de nerviosismo y ansiedad, hice un CD de himnos en piano. Me siento mucho más cómoda en este papel de enseñar la Palabra de Dios que sentada ante el piano, tocando. Pero yo quería que este CD fuera una expresión de mi más sincera gratitud al Señor por Su fidelidad, por Su amor de pacto, por todo lo que Él ha significado para mí durante todos estos años.

Un problema es que yo no toco de oído. Así que soy prácticamente un músico no funcional cuando se trata de una gran cantidad de música de la iglesia contemporánea. Pero seleccioné diez de mis himnos favoritos (y eso fue difícil, porque tengo muchos himnos favoritos, pero tuvimos que reducirlo a diez).

Entonces un amigo de un amigo que tiene talento en esa área, escribió algunos arreglos para que pudiera tocarlos en el piano. ¡Trabajé en los arreglos y fue una gran alegría para mí volver a practicar el piano! Hacía esto a veces ya tarde en la noche en la sala de mi casa.

Trabajaba en otras cosas hasta muy tarde en la noche, y luego me decía a mí misma como un tipo de recompensa: «Ahora ya puedes ir a tocar el piano». Bajaba las escaleras, a veces a la medianoche o a las once, y solo tocaba y tocaba y tocaba. Lo disfruté tanto, sobre todo con estas palabras de estos himnos recorriendo mi alma y mi corazón.

Una gran cantidad de estos himnos los escuchas muy rara vez hoy en día, pero fueron una parte importante del fundamento de mi comprensión teológica de quién es Dios y de Su obra redentora.

Así que trabajé en el aprendizaje de estos arreglos por un par de semanas, y luego nos fuimos a Nashville a un estudio de grabación allí, y de hecho los grabé con la ayuda de algunos músicos muy talentosos, como escucharás en el transcurso de los próximos días.

¡El CD ya está disponible! Quiero introducirlo, esta semana y la próxima, compartiendo el trasfondo de varios de estos himnos y reflexionando sobre sus letras. Las letras son tan bíblicas, nacidas de la Escritura y aconsejan nuestros corazones con la verdad, de acuerdo a la Palabra de Dios. Luego pondremos partes del CD en diferentes días durante esta próxima semana o algo parecido.

Estaba escuchando el CD esta mañana antes de venir a grabar, y la canción, «Está quieta, mi alma», y pensé, suena tan lento y tan sencillo. Verás, mis dedos no pueden hacer las cosas que hacían hace treinta y cinco años cuando estaba estudiando piano seriamente. Así que les dije: «estos arreglos tienen que ser muy sencillos», y lo son.

Los arreglos son lentos. Uno de mis pensamientos era, ¿crees que podrás poner estos en la radio cristiana y que haya alguien escuchándolos? Son tan diferentes a lo que normalmente se escucha. Entonces pensé, ¿sabes qué? Creo que nuestros corazones anhelan algo—no solo la música—sino momentos en nuestras vidas cuando nos detenemos y simplificamos las cosas, en donde solo estamos quietas ante el Señor. Así que mi oración por este CD y por esta serie en los próximos días, es que Dios use esta música y estas reflexiones sobre estos himnos para ministrar gracia, aliento y paz a los hijos de Dios.

En caso de que no estés familiarizada con las letras de estos himnos, porque que hay muchas personas hoy en día que no las saben, hemos puesto todas las letras adjunto a este CD para que puedas seguir y ser ministrada, no solo por la música, sino aún más importante con el texto de estos himnos.

Así que hoy quiero hablar de la primera canción, que es la canción del título del CD. Mientras estábamos en el estudio de grabación, primero toqué las partes del piano, y luego estos músicos entraron y añadieron lo que vas a oír (es un conjunto del oboe con el piano). Mientras escuchábamos a esta persona tocando el oboe, «Está quieta, mi alma», el productor y yo estábamos en el estudio escuchando. Fue simplemente precioso porque es mucho de lo que nuestros corazones quieren, estar quietos y conocer que Él es Dios.

De hecho, recibí un correo electrónico de una mujer a la que yo le envié una copia del CD. Ella me contestó,

Lo escuché una y otra vez, y la dulce paz de Dios llueve sobre mí cada vez que lo escucho. Hace varios meses, en medio de unas circunstancias extremadamente difíciles, el Señor me ministró de forma especial con el versículo 10 del Salmo 46. Una y otra vez a lo largo de estos días, el Señor me ha susurrado continuamente: «Estad quietos, y sabed que yo soy Dios».

Cuando abrí tu CD y vi el título, sonreí. ¡Incluso el título me ministró! Me encanta la forma en que Dios sabe exactamente cuándo necesitamos aliento.

Y espero que sea así para ti también.

Ahora vamos a hablar un poco del trasfondo de este himno, «Está quieta, mi alma», descansa mi alma. El avivamiento en el pueblo de Dios a menudo resulta en un fluir de nuevas canciones y el canto mismo. A mediados de la década de 1700, Inglaterra estaba viviendo el movimiento Puritano y Wesleyano.

También estaba sucediendo en Alemania algo que se llamó el Avivamiento Pietista. Catarina von Schlegel era una poeta que participó en este movimiento de avivamiento en Alemania. Ella escribió casi treinta himnos. Ella pudo haber conocido a Johann Sebastian Bach. Él nació doce años antes que ella y vivía a unas ochenta millas de distancia. Pero no sabemos si ella lo conoció o no.

Entonces, cien años después de que su poema fuera publicado por primera vez, fue traducido al inglés por una erudita en Escocia llamada Jane Borkwit. La melodía del himno que es una de las más familiares para nosotras que va con este conjunto de palabras es la de la canción Finlandia. Esta canción es originalmente parte de un poema sinfónico escrito por el compositor más conocido de Finlandia, Jean Sibelius, en 1899.

En 1927, la letra del himno de Catarina de mediados de los 1700, fue traducido por Jane Borkwit, fue unido a la melodía de Jean Sibelius, Finlandia, y los tres fueron puestos juntos. ¿No es interesante cómo Dios usó a tres personas, de tres países y de tres épocas diferentes, para darnos este himno que ha ministrado tal gracia al pueblo de Dios?

«Está quieta, mi alma» era un favorito de Eric Liddell. Tal vez puedas recordar el himno así como el héroe, o la figura, en la película Carros de fuego, que cuenta la historia de cómo él se negó a correr una de sus carreras en domingo en los Juegos Olímpicos de verano de 1924 en París, aunque terminó ganando la medalla de oro en otro evento para el cual él no había entrenado.

Después de las Olimpiadas, el siguiente año, 1925, Eric regresó a China, donde había crecido en una familia misionera. Él regresó a China para servir como misionero. Pero en 1941, la situación en China se volvió peligrosa debido a la agresión japonesa, y los ciudadanos británicos, todos fueron animados a salir del país.

La esposa de Liddell embarazada y sus niños se fueron a Canadá para ir a quedarse con la familia de ella, pero Eric decidió quedarse en China y continuar sus esfuerzos misioneros. En 1943, los japoneses tomaron la misión en la que estaba trabajando, y Liddell fue llevado a un campo de prisioneros de guerra.

Este era un campo que medía aproximadamente 137 por 183 metros, y tenía 1500 personas metidas en él. Liddell vivía en un dormitorio abarrotado de hombres, donde cada hombre tenía un espacio de aproximadamente dos por tres metros. Eric estaba a cargo de un edificio que albergaba niños misioneros que habían sido separados de sus padres por la guerra.

Durante su tiempo en el campo de prisioneros, continuó sirviendo y derramando su vida por los demás. Ese himno, «Está quieta, mi alma, descansa mi alma», fue uno de los que él le enseñó a los otros prisioneros. Justo antes de los Juegos Olímpicos de Beijing en el 2008 el gobierno chino reveló que Liddell tuvo la oportunidad de salir del campamento en un intercambio de prisioneros entre los japoneses y los británicos, pero que había rechazado la oferta porque quería dar su lugar a una mujer embarazada para que ella pudiera salir del campamento. Al parecer, ni siquiera los miembros de su familia supieron de esta elección sacrificial que él hizo.

En 1945, Liddell fue llevado al hospital del campo de prisioneros. Él pensó que estaba teniendo un ataque de nervios, debido al exceso de trabajo, pero resultó que tenía un tumor cerebral inoperable. El Ejército de Salvación tenía una banda en esa prisión que tocaba himnos alrededor de todo el campamento los domingos por la tarde.

Un domingo por la tarde, en febrero de 1945, la banda estaba tocando afuera del hospital del campo. La enfermera de guardia envió una nota a la banda diciendo que Eric Liddell estaba solicitando que tocaran el himno «Está quieta, mi alma». Permíteme leer un par de estrofas de este himno, y verás por qué fue tan significativo para él en esa situación:

Está quieta, mi alma; el Señor está a tu lado; Lleva pacientemente la cruz, aflicción, o dolor. Deja a tu Dios que Él ordene y provea; en cada cambio, Él fiel permanecerá. Está quieta, mi alma; tu mejor y tu celestial Amigo por caminos espinosos conduce a un final feliz.

Está quieta, mi alma; tu Dios llevará a cabo el futuro como lo ha hecho en el pasado. Tu esperanza, tu confianza, que en nada se agite; al final todo lo misterioso será claro por fin. Está quieta mi alma; las olas y los vientos conocen Su voz que los gobierna desde que Él todo lo creo.

Bueno, durante la semana que siguió, Eric Liddell murió, justamente cinco meses antes de que la guerra llegara a su fin. Fue entonces que él experimentó la realidad de esa tercera estrofa. . . ¿Recuerdas las palabras?

Está quieta, mi alma; la hora se apresura para cuando estemos siempre con el Señor, Cuando la decepción, el dolor y el miedo se hayan ido; angustia olvidada, las alegrías más puras del amor restauradas. Está quieta, mi alma; cuando el cambio y las lágrimas hayan pasado, todos salvos y bendecidos nos reuniremos al final.

Una de las cosas que me encanta de este himno, y de muchos otros grandes himnos, es que reconocen la realidad de circunstancias difíciles de la vida. Son inevitables y hay muchas de diferentes tipos. En nuestra audiencia están representadas muchas circunstancias difíciles de la vida, pero este himno habla de una cruz de aflicción o dolor. Habla de caminos espinosos, sobre un futuro incierto cuando no se puede ver lo que está por venir.

Habla de cuando todo lo que ahora es un misterio—no puedes ver lo que Dios está haciendo, a donde Él te está llevando, lo que está pasando en tu vida. No puedes entenderlo. Habla de las olas y los vientos, las temporadas tormentosas. Se habla en la última estrofa sobre decepción, dolor, miedo, tristeza, cambio y lágrimas.

Ahora, nuestra respuesta natural a todo este tipo de luchas y desafíos, ¿es estar quietas? En realidad no. En realidad, nuestra respuesta natural es más a menudo, probablemente, justamente lo opuesto a eso— estar inquietas, agitarnos, ser como niños inquietos, preocuparnos, estar ansiosas, murmurar, irritarnos contra nuestras circunstancias, manipular nuestras circunstancias, retorcernos bajo la presión.

En lugar de eso, este himno, como lo hace la Palabra de Dios, nos llama a estar quietas, a dejar de inquietarnos, a confiar en el Señor y a esperar que Él actúe, sabiendo de que a Su manera y en Su tiempo hará precisamente eso.

La frase del título, «Está quieta, mi alma» aparece seis veces en las tres estrofas de este himno, y es un recordatorio de que a veces tú tienes que hablarle a tu alma. ¿Sabes lo que quiero decir con eso? «Está quieta, mi alma». Solo tenemos que tomarnos a nosotras mismas y mirarnos a la cara y decirnos: «Alma, está quieta».

Pienso en algo que dijo Martín Lloyd-Jones (el gran predicador del siglo pasado), él dijo en un mensaje sobre el Salmo 42: «El principal problema en todo este asunto de la depresión espiritual es este: Que nosotros permitimos que nuestro yo nos hable en lugar de nosotros hablarle a nuestro yo». ¿Te das cuenta de que la mayor parte de tu infelicidad en la vida se debe al hecho de que te estás escuchando a ti misma en lugar de hablarte a ti misma?

¿Pensarías en eso? Qué tan a menudo empezamos a ensayar las circunstancias, y como mujeres, hacemos especialmente eso. Son solo bolas de nieve, y pensamos en eso. Algunas de ustedes se mantienen despiertas toda la noche, reflexionando, meditando y yendo a lo mismo una y otra vez, una y otra vez. Te estás escuchando a ti misma en lugar de hablar contigo misma.

Tal vez digas, «¡pero la gente pensaría que estoy loca si me hablo a mí misma!» Pero hay ciertas cosas que tenemos que decirnos, y una de ellas es: «¡Está quieta, mi alma!» Lloyd-Jones continúa diciendo,

Ahora, el tratamiento de este hombre en el Salmo 42 era este: En lugar de permitirse escuchar a su alma, él empieza a hablarle a su alma. «¿Por qué te abates, oh alma mía?», él pregunta. Debes decirle a tu alma, «¿Por qué te abates?» ¿Qué asunto tienes tú para estar inquieta? Debes decirte a ti misma como dice el salmo 42, «Espera en Dios», en lugar de murmurar de esta manera infeliz y deprimida.

¡Yo tengo que poner esto en un lugar donde pueda verlo más a menudo! Porque tiendo a murmurar de forma deprimida e infeliz muchas veces en muchas circunstancias. Él dice:

¡No! En lugar de ello, tienes que decirte a ti misma: «Espera en Dios». Tienes que ir y recordarte a ti misma de Dios, quién es Dios, lo que Dios ha hecho, y lo que Dios mismo se ha comprometido a hacer.

Esas tres cosas que se supone que debemos recordarnos a nosotras mismas, ves esas tres cosas en este himno. Tenemos que recordarnos quién es Dios. Si queremos que nuestras almas estén quietas y saber que Él es Dios, tenemos que recordarnos quién es Dios. En las tres estrofas de este himno hay ocho referencias a Dios.

Y así nos recordamos a nosotras mismas de Su carácter, de Su presencia, de Su actividad. «El Señor está a tu lado», dice este himno. «Él es fiel», dice. Dice que todo a nuestro alrededor puede cambiar, pero Él sigue siendo el mismo. Dice que Él ordena y provee para nuestras vidas, que es un amigo, que Él guía el pasado y el futuro. Recuérdate a ti misma de lo que sabes acerca de Dios.

Y luego, recuérdate lo que Dios ha hecho en el pasado. «Está quieta mi alma; las olas y los vientos aún conocen Su voz que los gobernó cuando Él todo lo creó». ¡Ve a las Escrituras! Mira todo lo que Dios ha hecho. Mira como Él calmó la tormenta a Su manera y en Su tiempo.

Mira como Él proveyó alimentos en el desierto para Su pueblo por cuarenta años. Y luego, mira hacia atrás en el paisaje de tu propia vida y recuerda lo que Dios ha hecho, cómo Él ha cumplido, cómo Él ha provisto para ti, cómo Él te ha dirigido.

Cuando el camino parece ser un desastre y sin esperanza justo ahora, mira hacia atrás y recuérdate a ti misma. Habla contigo misma acerca de lo que Dios ha hecho en el pasado. Dios no ha cambiado. Él sigue siendo Dios. Él sigue siendo fiel. Él sigue proveyendo. Él sigue guiando. Recuérdate a ti misma todo esto.

Y entonces, como dice Lloyd-Jones, recuerda lo que Dios mismo se ha comprometido a hacer en el futuro, lo que él hará. Cuando nos metemos en estas circunstancias difíciles, especialmente las que parecen seguir y seguir y seguir (no parece haber ninguna solución), pensamos, esto va a seguir para siempre. ¡No, no lo hará! ¡No lo hará!

La verdad es esta—y esto es lo que necesitamos decirnos a nosotras mismas— ¡estaremos con el Señor para siempre! Esta circunstancia es solo una leve tribulación momentánea. Pablo dice en 2 Corintios que esta circunstancia es una leve tribulación momentánea, pero tú dices: «Pero a mí no me parece muy “momentánea”. ¡Este es un momento largo! Llevo veintisiete años en esta circunstancia».

Pero a la luz de la eternidad, es momentáneo. Tú me dices: «es que no se siente como si fuera una leve aflicción». Bueno, tal vez no se siente ligera, pero en contraste con el peso de gloria que Dios está preparando para nosotras en el cielo, todas estas aflicciones un día parecerán haber sido muy, muy ligeras.

Así que recuérdate a ti misma lo que leímos en la Escritura. De nuevo, mientras leía en el libro de Apocalipsis recientemente –y aconseja tu corazón con estas promesas:

«Entonces oí una gran voz que decía desde el trono»: Apocalipsis capítulo 21, «He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos y ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos.

Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado. Y el que está sentado en el trono dijo: “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas”. Y añadió: “Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas”» (Ap. 21:3–5).

Recuérdate a ti misma lo que Dios ha prometido hacer, y luego aconseja tu corazón, dile a tu corazón, «está quieta, mi alma».

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth te ha estado mostrando cómo acallar tu alma delante del Señor, incluso cuando quieres preocuparte. Este mensaje es parte de la serie titulada, «Estad quietas». A lo largo de esta serie, Nancy estará analizando siete himnos significativos.

«Estad quietas» (en inglés «Be Still») es también el nombre del CD instrumental en el que Nancy interpreta algunos himnos a piano. Este fue grabado el año en que Nancy celebró su cumpleaños espiritual número 50. Adquiere este recurso a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCoraones.com. Escucha una pequeña muestra del himno, «Está quieta, alma mía».

El CD contiene diez de los himnos favoritos de Nancy. Adquiérelo hoy a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Bueno pero, ¿cómo puedes encontrar completa paz en medio de una tormenta? Mañana, Nancy te mostrará el ejemplo de una mujer que fue golpeada por una dificultad tras otra, sin embargo, ella sabía dónde encontrar paz. Regresa mañana, para tu próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Buscando a Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Música: Be Still, My Soul; Nancy Leigh DeMoss; Be Still ℗ 2013 Revive Our Hearts. Usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.