Aviva Nuestros Corazones Podcast

Recursos del Episodio

Serie, «Cómo orar por tus hijos»
Reto, «Reto de 30 días para madres»
Artículo, «31 Maneras de orar por sus hijos»

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Annamarie Sauter: Una madre tiene una grande y variada descripción de puesto. Con nosotras Holly Elliff.

Holly Elliff: Como madres estamos llamadas a enseñar, a entrenar, a nutrir, a amar, corregir y guiar a nuestros hijos. Tenemos el privilegio de convertirnos en partícipes del proceso de multiplicación de Dios y dar vida.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es Números, capítulos 14 y 15.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Ayer escuchamos la primera parte de un mensaje de Holly Elliff titulado, «Cambia de rumbo». Nos quedamos sorprendidas al ver algo de la aventura que viene con la maternidad, y vimos el privilegio de invertir en la siguiente generación. Holly es madre de ocho hijos. Es esposa de pastor y es una voz familiar para las oyentes de Aviva Nuestros Corazones.

Y si eres soltera o no has tenido hijos, te animo a permanecer sintonizada. Las verdades que escucharás serán de edificación para tu vida también.

Holly compartió este mensaje en la conferencia True Woman en el año 2008. Aquí está ella con la continuación de su enseñanza. 

Holly: Una forma en la que sabemos que la maternidad es importante para Dios, es que muchas madres son mencionadas por sus nombres en la Escritura. Jocabed fue una madre hebrea que se levantó contra el clima político de su época. En lugar de matar a su recién nacido como había ordenado el Faraón, lo protegió. 

¿Te imaginas tratar de esconder a ese bebé por tres meses para que nadie supiera que existía, para que se asumiera que había muerto al nacer según lo que había sido ordenado por el faraón? Dice la Escritura que cuando no pudo esconderlo más, lo entregó a la soberanía de Dios. 

Hizo una pequeña canasta de junco y la cubrió con brea. ¿Recuerdan que lo puso en el río? ¿Sabes que la palabra que describe la canasta es la misma palabra que describe el arca en la que Noé navegó? Dios orquestó ese momento en su vida como madre. Ella escuchó y obedeció, y su cooperación con el plan de Dios para su vida protegió a un niño que Dios usaría para liberar a todo el pueblo hebreo, y para entregar Sus mandamientos a la nación de Israel. 

Ana es una de mis mamás favoritas en la Escritura. ¿Saben por qué? Porque ser madre no fue natural para ella. Ana tuvo que tomar decisiones muy duras en su vida. Cuando la vemos al inicio de la Escritura en 1 Samuel, no se ve como una mujer de Proverbios 31, ¿verdad? Es miserable e infeliz, su matrimonio no es alegre y su hogar tampoco, y no está plena. Es una mujer miserable. 

¿Pero saben qué? Sus circunstancias estaban fuera de su control. Esperó por mucho tiempo para que Dios las cambiara. Hubo un momento maravilloso en la vida de Ana registrado en las Escrituras, en el que ya no pudo más y murió a sus deseos, rindió sus derechos. Llegó al punto de rendición ante Dios.

La Palabra dice que nada en su vida había cambiado, pero que siguió su camino y su rostro ya no estaba triste. Algunas de ustedes este fin de semana tendrán momentos en los que ya no podrán más e irán ante el Señor y rendirán sus vidas. Y seguirán su camino y su rostro cambiará. Es el estiramiento facial más rápido del mundo, y eso es lo que le pasó a Ana. 

El Señor procedió a usar a su hijo y su fidelidad cuando ella lo entregó al Señor para ser un Nazareo, lo llevó al templo cuando niño y lo dejó ahí, y lo confió a la soberanía de Dios. Dios eventualmente usó la vida de su hijo Samuel para influir sobre dos reyes, David y Saúl, porque la gloria de Dios se había alejado de ese lugar debido a la maldad dentro del sacerdocio.

A través de Samuel, porque era un hombre fiel, la gloria de Dios regresó al templo en Silo.

El capítulo 2 de 1 Samuel fue escrito por Ana. Es una historia maravillosa de la soberanía de Dios, para darle a Él la gloria. ¿Saben qué? Ana era una esposa que vivía en una granja. No era una erudita. No estudió en el templo. Pero Ana sabía quién era Dios.

¿Cómo aprendió quién era Él? Lo aprendió durante todos esos años mientras esperaba ser madre y luego aprendiendo cómo ser madre. Mientras entregaba sus hijos al Señor, mientras fue fiel a su promesa de entregar a Samuel al Señor, ella aprendió quién era Dios. 

Hay otra mujer en la Escritura que simplemente conocemos como la viuda de Sarepta. No sabemos su nombre, sabemos sobre sus circunstancias. Lo que pasó es que este era un pueblo gentil en tiempos de hambruna. El profeta Elías llegó al pueblo y le dijo a esta viuda: «Quiero que me alimentes. Necesito comida. Necesito sustento».

La viuda sabía que solo le quedaba lo suficiente para una comida para ella y para su hijo. Pero tomó la decisión de rendirse en fe a ese profeta, y ¿recuerdan la historia? Dios le proveyó por los siguientes tres años y medio, aceite y harina en sus recipientes. Cada vez que los abría, tenía lo que necesitaba. Qué paralelo tan genial para nosotras las madres, ¿verdad?

Por su obediencia, alimentó a Elías durante la hambruna y nunca se quedó sin lo que necesitaba. No sabía lo que vendría para el futuro en su vida, pero esa decisión de ser fiel fue parte de la provisión de Dios para ella. 

La forma en que sabemos esto es porque su hijo se enfermó y murió. Pero como Elías aún estaba en su casa, fue a él –¿recuerdan?– Elías resucitó a su hijo de la muerte y se lo devolvió a esa madre. 

¿Qué habría pasado si hubiera ignorado el llamado de Dios en su vida? ¿Habría estado ahí Elías para resucitar a su hijo? No lo sabemos, pero creo que Dios sabía tres años antes lo que ella iba a necesitar más adelante. 

Ella era madre soltera, viuda, y lo interesante de eso es que Jesús le repite su historia a los judíos en la sinagoga. En Lucas 4:25-26, Él dijo: «Pero en verdad os digo: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, cuando hubo gran hambre sobre toda la tierra; y sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta, en la tierra de Sidón». Este era un pueblo gentil, y fue enviado a una mujer allí que respondería en fe. 

Dios envió a Elías a una mujer gentil quien por su fe, a diferencia de las personas de Israel que no respondían con fe, que rechazaban a Dios, su obediencia significó que la provisión de Dios fuera evidente en su vida. Y ¿saben qué? Tuvo un testimonio para toda la vida de la provisión de Dios y también lo tuvo su hijo. 

No podemos imaginar el impacto que nuestro camino tendrá en nuestros hijos y nietos. No podemos escapar de ello. 

La segunda carta a Timoteo, el capítulo 1, nos ilustra eso en la vida de dos mujeres –la abuela llamada Loida y la madre llamada Eunice. El libro de Hechos, nos dice que la madre de Timoteo era una judía creyente. Su padre era griego. Sabemos que la forma en que vivieron delante de Timoteo, su hijo y nieto, hizo que también él viniera a la fe. 

En la segunda carta a Timoteo, el capítulo 1, versículo 5, Pablo le dice a Timoteo: «Porque tengo presente la fe sincera que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también».

Estas mujeres, estas madres, nos enseñan incluso hoy en día cuando vemos los ejemplos de sus vidas. Quiero que piensen un minuto sobre las características mostradas en las vidas de estas cuatro madres que hemos mencionado hoy. 

Jocabed es una imagen de valor y creatividad. De alguna manera supo cómo hacer una canasta con junco y poner brea sobre ella para que pudiera flotar y mantener a su hijo a salvo. De Ana, aprendemos rendición y obediencia. 

En la viuda, vemos fe y un corazón de sierva. Y en Loida y en Eunice vemos el modelo de un caminar genuino y discipulado continuo, que afectó eventualmente a la nación de Israel cuando Timoteo se convirtió en un fiel siervo de Cristo. 

Si tuviéramos tiempo, podríamos acampar aquí y echar un vistazo a las vidas de muchísimas otras mujeres —Rebeca, Elizabeth, Sara, María, Ruth, Betsabé, Eva, Raquel, Lea. Esa solo es una pequeña lista de madres que se mencionan en las Escrituras. Estas fueron mujeres cuyo mensaje de vida y cuya fe dejaron huella –aunque no perfecta– en las vidas de sus hijos. 

Sabemos que Dios tiene en gran estima el llamado a la maternidad. En años anteriores en la sociedad también se tenía en gran estima, ¿verdad? Hannah Whitall Smith dijo: «En los 1800, la madre es y debe ser, lo sepa o no, la maestra más fuerte y duradera que su hijo jamás tendrá».

William Ross Wallace escribió un poema en 1865, que dice:

Dicen que el hombre es poderoso; que gobierna sobre la tierra y el mar.
Él empuña un cetro sobre poderes menores.
Pero ante el poder más fuerte, el hombre fuerte es arrojado de su trono,
Pues la mano que mece la cuna es la mano que gobierna el mundo. 

Tenemos que preguntarnos esto: ¿Qué es lo que realmente creemos sobre el llamado a la maternidad y sobre la perspectiva de Dios de la maternidad? ¿Entendemos y aceptamos nuestras vidas como madres?

Romanos 12:2, nos insta a presentar incluso nuestros cuerpos como sacrificio vivo ante el Señor, a asegurarnos de que nuestro pensamiento no está gobernado por este mundo, sino que a medida que nos alineamos con lo que Dios ha ordenado, comprobemos que Su voluntad es buena, agradable y perfecta. 

Efesios 5:17, dice: «No seáis necios». Qué triste sería esto, ¿verdad? «No seáis necios, sino entended cuál es la voluntad del Señor». 

¿Está nuestra cosmovisión alineada con la Palabra de Dios? ¿Hay discrepancias entre lo que creemos sobre la maternidad y lo que dice Dios sobre ese llamado? 

Si estamos de acuerdo con eso, si la respuesta es sí, entonces necesitamos entender que el Señor tiene dos propósitos muy específicos para nosotras. El primero es simplemente tener hijos. Puede ser por parto natural, puede ser por adopción. Incluso puede ser a través de una tutela. Cualquiera que sea la forma en que Dios ponga niños en tu vida, Él está interesado en que tengamos hijos y criemos a esos hijos para Cristo.

Cuando era joven, yo no entendía la importancia de este llamado. Durante muchos años después de convertirme en mamá estuve enfocada en aprender cómo amar a mis hijos y mantener a todos alimentados y a todos a salvo unos de otros. Esas eran mis prioridades y así es como debía ser. 

No tenía tiempo para pensar profundamente sobre por qué estaba haciendo esto. Simplemente lo estaba haciendo. Pero, ¿saben qué? Conforme se ha ampliado mi comprensión del alcance de la importancia de elegir ser una mamá intencional, al hacer esto por más tiempo, he aprendido realidades realmente aleccionadoras. 

Aunque la opinión de Dios acerca de los hijos y del llamado a maternidad no ha cambiado, la cantidad de mujeres tomando ese camino ciertamente ha cambiado. No solamente menos de nosotras somos madres, sino estamos teniendo menos hijos. En 1790, cuando se hizo el primer censo en Estados Unidos, la tasa de fertilidad total o el número total de bebés nacidos durante la vida fértil de una mujer era casi ocho niños por mujer. 

Benjamin Franklin dijo en una ocasión: «Los niños pululan por el campo como langostas». ¡De verdad lo dijo!

Demográficamente ese número ha estado disminuyendo durante décadas. Actualmente en Estados Unidos nuestra tasa de nacimiento está justo por debajo de 2.1 niños, los que se necesitan para reemplazarnos a nosotros mismos. No solo estamos dejando de tener hijos, pero como creyentes, nuestros hijos se están alejando de Cristo a una velocidad alarmante. 

Si nada cambia, la influencia de Cristo en esta nación y alrededor del mundo se disminuirá, no porque el mensaje sea impotente, sino porque habrá muy pocos mensajeros. Estamos tomando decisiones de vida que afectarán nuestra cultura, nuestro mundo y el reino de Dios. Lo que hagamos con el llamado de Dios en nuestra vida realmente importa. 

Quiero sugerir algunas cosas que he descubierto en mi caminar hasta ahora. Como ya hemos visto, Dios tiene un plan para nosotras, pero quiero compartirles cuatro ideas esenciales para nuestras propias vidas. 

Primero, debemos ser mujeres que abracemos los propósitos de Dios. Dios tiene un plan para bendecir al mundo. Ese plan incluye a parejas siendo fructíferas y multiplicándose o teniendo hijos a través de la adopción o como sea que Dios ponga niños en tu camino. Para las mujeres, hasta el diseño de nuestros cuerpos es evidencia de que Dios tiene la intención de usarnos a muchas de nosotras para Su propósito de tener hijos según Su plan.

Como madres estamos llamadas a enseñar, a entrenar, a proteger la vida, a amar, a corregir y a guiar a nuestros hijos. Tenemos el privilegio de convertirnos en partícipes del proceso de multiplicación de Dios y dar vida a medida que la reconocemos y la aceptamos.

Luego debemos rendirnos al proceso mediante el cual Dios nos moldea. Hace unos años, cuando estaba pasando por un momento muy duro como madre, tuve a una mujer mayor en mi vida que me decía, «sabes que esto es para ti». Cuando lidiaba con mis hijos siendo irritantes, cuando no dormían o no comían o, ya saben, estaban destrozando la casa o cuando no podía acabar de lavar la ropa o darles de comer o simplemente la miríada de cosas que vienen con la maternidad, ella siempre me recordaba, «sabes que esto no es solo acerca de tus hijos. Esto es para ti».

No me gustaba nada ese enunciado en ese entonces; de verdad, no me gustaba nada. Pero, ¿saben qué? Lo entiendo ahora porque la maternidad es la mejor herramienta de Dios que conozco para formarme y moldearme y cincelarme para la eternidad.

Si veo la vida desde la perspectiva de Dios, desde el umbral del cielo, me doy cuenta de que sus propósitos son enormes. Son eternos. Son generacionales. En su libro El Principio del Tesoro, Randy Alcorn nos reta a pensar sobre si vivimos para el punto o para la línea. ¿Se trata mi vida acerca de este momento? ¿Se trata de mí o se trata de la eternidad?

La maternidad es acerca de la eternidad. No solo abarca un momento. Dios ciertamente lo define en Romanos 8:28 y 29. Ese versículo donde dice que Dios usa todas las cosas para bien de aquellos que aman a Dios y son llamados de acuerdo a Su propósito. 

¿Cuál es Su propósito? Que nosotras seamos conformadas a la imagen de Cristo. La maternidad es una de las mejores herramientas de Dios para formar esa imagen en nuestras vidas. 

Y luego debemos convertirnos en mujeres de la Palabra. Solo la Palabra de Dios contiene la instrucción que necesitamos para ver la perfecta voluntad de Dios cumplida aquí en la tierra en las vidas de nuestros hijos. Necesitamos entender esto de la soberanía de Dios, de la autoridad de Su Palabra sobre nuestras vidas. Nos tomará toda la vida aprender todo lo que se revela acerca de Dios en Su Palabra. Nunca se nos acabará la instrucción si somos fieles estudiantes de Su Libro. 

Tal como alimentamos a nuestros hijos de manera física, debemos nutrirnos espiritualmente para poder transmitirles la verdad a nuestros hijos. Proverbios dice que el Señor da sabiduría. De Su boca vienen la sabiduría y el entendimiento. Él almacena sabiduría para los justos. Él es un escudo para aquellos que caminan en integridad. 

Si solo abrimos la tapa del tanque, siempre habrá ahí lo que necesitamos, tal vez no harina o aceite, pero Dios tendrá la sabiduría que necesitamos para cada circunstancia. 

Y después debemos aprender a caminar en gracia. Estoy muy agradecida por la gracia porque la necesito…y creo que ustedes también. No podría vivir la vida que Dios me ha dado aparte de Su gracia. La segunda carta a los Corintios, en el capítulo 9, versículo 8 dice: «Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros, a fin de que (y uno ama u odia esta parte las Escrituras) teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda buena obra».

Puedes conectar tantas cosas a esto. Para que tengas abundante gracia para ese hijo que te está probando; para que tengas abundante gracia para esos adolescentes en tu casa; para que tengas abundante gracia para ese hijo pródigo que está rompiendo tu corazón; para tener abundante gracia para toda buena obra. 

En el contexto de la maternidad, la gracia es la dádiva de Dios que nos infunde la fuerza y el poder que necesitamos para desear y hacer Su voluntad. La gracia de Dios está disponible para nosotros si tenemos un corazón humilde que reconoce y admite su necesidad. 

¿Sabes lo difícil que es tener la gracia de Dios? ¿Qué tenemos que decir? Lo único que tenemos que decir es «¡ayuda! Señor, no puedo hacer esto. Soy incapaz de hacer lo que me has puesto a hacer en mi vida. Pero Tú tienes todo lo que necesito. Y Señor, me vuelvo a ti en este instante».

En cualquier momento de mi día puedo acudir al Espíritu de Dios que mora en mí. Puedo tomar Su Palabra para obtener sabiduría. Puedo pedirle a una hermana que ore por mí en un momento difícil. Dios derrama gracia en mi vida, el poder y el deseo de hacer lo que Él me ha llamado a hacer. No tengo que fabricarlo. Solo tengo que recibirlo. Siempre está ahí cuando le busco con humildad. 

Nancy: ¿¡Cómo no estar agradecidas por la gracia de Dios!? Como madre de ocho, Holly Elliff sabe lo que es apoyarse y confiar en Dios para todo. Originalmente ella compartió este mensaje en la Conferencia True Woman del 2008. Muchas mujeres aún gozan de los efectos de ese maravilloso evento. Las verdades que escucharon las están ayudando a servir en sus hogares y en sus iglesias, en sus comunidades, con una nueva perspectiva de lo que significa ser una mujer de Dios. 

Continuamente escuchamos, por cierto, de eventos «Mujer Verdadera» que mujeres alrededor de Estados Unidos y Latinoamérica desarrollan creativamente. Y esto es de mucho aliento para todo el equipo de Aviva Nuestros Corazones.

No olvides visitarnos en MujerVerdadera20.com para enterarte de los últimos detalles de la próxima conferencia Mujer Verdadera para toda Latinoamérica. Sé parte de este evento y juntas arraiguemos nuestras vidas sobre el sólido fundamento de la verdad de la Palabra de Dios.

Y si nos has visitado en AvivaNuestrosCorazones.com., sabrás que allí tenemos diversos retos de oración. Te animo a visitarnos allí y según la etapa de vida en que te encuentres, haz uno de estos retos. Tenemos el «Reto de 30 días para madres». 

Una mujer que lo hizo nos escribió,

«Lo increíble (en mi caso) es que al orar por cada cualidad que quería que se desarrollara en mis «pollitos», me di cuenta de que yo ¡no estaba siendo ejemplo para mis hijos!

Así que el Señor en su gran «buen humor» me enseñaba que debía ejercitar cada cualidad que le pedí al Señor que descubriera y desarrollara en mis hijos. ¡Pediré ahora que las desarrollemos juntos como familia!

¡DIOS ES WOOOOOOOOW!»

Y otra mujer que ha sido bendecida con programas como este nos escribió,

«Muchas gracias a Dios por mujeres como ustedes; Erin (ella comentaba sobre una serie que grabamos con Erin Davis, «Más allá del tiempo de baño»)...gracias por mostrar la realidad de la maternidad. Muchas veces, día a día, me he sentido una mujer desdichada; y pensaba en ocasiones, «¿por qué no me cuidé? ¿Por qué me apresuré a tener hijos? ¿Por qué no supe esperar más tiempo?» Pero al pasar de los años he comprendido que Dios me eligió para este momento y este tiempo, y me siento tan dichosa de ser madre de mellizos hombres de 4 años. 

El camino ha sido agotador, muchas veces lleno de lágrimas, dejando a un lado mi vida profesional y social. Pero estoy segura de que sin ellos no tendría la vida espiritual que tengo hoy. Si no fuera por ellos no habría estado doblando rodillas una y otra vez, no hubiese tenido una gran comunión con nuestro Dios; es más… habría estado muy lejos de Él. Gracias a Dios por esta serie y por las anteriores también. Me fortalecen a no desmayar y a esperar el día en que veré toda la cosecha del tiempo invertido en mis hijos, cuando vea el gozo de que ellos sean hombres que amen a Dios. ¡Bendiciones!»

Qué bendición es leer testimonios como estos. ¡Te animo a que ores por tus hijos y hagas uso del reto de oración tú también!

Y hablando de oración, Holly nos ha mencionado que la vida de una madre está llena de ocupaciones. Ella también dice que uno de los tiempos más valiosos que una madre puede tener, no son los de muchas actividades sino que son los tiempos de oración. Ella nos hablará más acerca de esto en nuestro próximo programa, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Annamarie: Ayudándote a descubrir y abrazar el diseño de Dios para tu vida, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Solo Tú, Iglesia Cristiana Oasis, El Misterio de Tu Amor, ℗ 2015 Iglesia Cristiana Oasis.

Únete a la conversación