Podcast Aviva Nuestros Corazones

Huye del juicio venidero

Annamarie Sauter: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos trae una sobria lección de historia.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¡El monte Vesubio es uno de los volcanes más peligrosos en el mundo! Está ubicado en la costa occidental de Italia, cerca de la ciudad de Nápoles. El 24 de agosto en el año 79 A.D., hubo una explosión masiva de fuego y humo que salía de la cima de esta montaña, de este volcán.

Finalmente, voló todo el cono de la montaña, ¡y allí estaba esta enorme nube en forma de hongo que se elevó veintisiete millas desde el volcán activo hacia el cielo! La poderosa explosión del monte Vesubio fue cien mil veces más grande que la bomba nuclear que fue lanzada sobre Hiroshima al final de la Segunda Guerra Mundial. ¡Eso es una explosión poderosa!

Annamarie: ¿Sabes que la Biblia nos cuenta una historia de destrucción que se asemeja a esta? Estamos a punto de escucharla, en Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy continúa con la serie titulada, «Acuérdate de la esposa de Lot». Ella inició contándonos una tragedia que tuvo lugar en la antigua Italia, para ayudarnos a entender la narrativa bíblica que estamos estudiando.

Este programa tiene contenido para adultos, así que si tienes niños pequeños cerca, querrás desviar su atención.

Nancy: Al pie del Vesubio, en ese tiempo, había una próspera ciudad romana llamada Pompeya. Los historiadores creen que al momento de la erupción, tenía de diez a veinte mil habitantes. ¡En tan solo veinticuatro horas, toda la ciudad fue enterrada bajo unos veinte pies de ceniza volcánica, barro y rocas!

Algunas de estas personas murieron mientras intentaban encontrar refugio en sus propias casas. Otros murieron mientras estaban en la carretera tratando de huir de la ciudad. Los que no murieron por la caída de escombros fueron asfixiados por los gases en el aire.

He estado investigando esto los últimos días, y en Internet puedes encontrar una simulación en video de ese período de veinticuatro horas. ¡Es horrible! Y simplemente te muestra cómo en lapsos de tiempo, la manera en que pudo haber sucedido esto y lo que ellos pudieron haber experimentado. ¡Es horrible!

Durante los siguientes diecisiete siglos, las ruinas de Pompeya permanecieron intactas. Había una gruesa capa de ceniza volcánica y escombros que cubrían la ciudad. Esto conservó la ciudad y sus edificios y los habitantes muertos, intactos. Fue a mediados del siglo XVIII, que los arqueólogos comenzaron el largo proceso de excavación de la antigua ciudad de Pompeya.

Esa excavación continuó en los 1900, donde descubrieron de manera increíblemente detallada cómo era la vida en Pompeya. Debajo de todas esas capas, todos esos pies de ceniza y escombros, descubrieron cómo había sido esa civilización. Porque en cuestión de horas la ciudad había desaparecido, y luego este manto de cenizas la cubrió y la conservó hasta que fue excavada.

Ahora, cuando miramos a Pompeya y consideramos lo que sucedió que fue tan gráfico en ese día, nos da un destello del juicio catastrófico que destruyó las antiguas ciudades de Sodoma y Gomorra. En Lucas, capítulo 17, versículo 32, Jesús les dijo a sus oyentes: «Acordaos de la mujer de Lot».

Y eso es lo que estamos haciendo esta semana, porque Lot y su esposa estuvieron involucrados en toda esta destrucción de Sodoma y Gomorra. Queremos ver la historia de esta mujer, su elección mortal y las consecuencias que enfrentó como resultado. Déjame hacer un corto resumen para aquellas de ustedes que no escucharon el programa ayer.

Dios envió a dos ángeles, que parecían hombres ordinarios, a advertir a Lot y a su familia que el juicio era inminente. Hubo una escena horrible que leímos ayer en el capítulo 19 de Génesis. Esa noche hubo una escena horrible en la casa de Lot cuando los hombres de la ciudad intentaron violar a estos dos mensajeros que estaban visitando a Lot, los ángeles.

Pero los ángeles hirieron con ceguera a la multitud enfurecida y la multitud se fue antes de que pudieran matar a Lot. Entonces los ángeles, estos hombres, advirtieron a Lot y su familia de la inminente destrucción de esta ciudad. Le ofrecieron salvación, ofrecieron gracia, ofrecieron rescate a Lot y a su familia, así como Dios ofreció rescate a Noé y su familia cuando les advirtió: «¡El diluvio está llegando! La destrucción está llegando. Este mundo es malvado; Voy a juzgarlo. ¡Entra en el arca y sé salvo!»

Dios le dijo a Lot y su familia, a través de estos ángeles, «¡salgan de Sodoma para que puedan estar seguros y puedan ser salvos!»

¡En esta historia vemos tantas misericordias! Es una historia de gran juicio. Es una historia trágica. Es una historia de muchas, muchas personas malvadas que murieron. ¡Pero también es una historia que está llena de la misericordia de Dios! Está llena de tantas oportunidades que Lot y su esposa, «la señora Lot», tuvieron para ser librados.

La esposa de Lot finalmente murió, y en caso de que no conozcas la historia, quiero que sepas que no es porque Dios no mostró Su misericordia; no es porque Dios no le dio muchas oportunidades para ser perdonada. Sino porque ella las rechazó. Ella resistió la gracia de Dios, y pagó con su vida. (Me estoy adelantando.)

Pasemos al capítulo 19 de Génesis. Estamos en la casa de Lot. Vamos a empezar a partir del versículo 12.

«Entonces los dos hombres (los ángeles), dijeron a Lot: ¿A quién más tienes aquí? A tus yernos, a tus hijos, a tus hijas y quienquiera que tengas en la ciudad, sácalos de este lugar».

En otras palabras, ¡trae a tu familia, trae a cualquiera que vaya contigo y sácalos de la ciudad!

«Porque vamos a destruir este lugar, pues su clamor ha llegado a ser tan grande delante del Señor, que el Señor nos ha enviado a destruirlo… y al amanecer, los ángeles apremiaban a Lot (esta es otra invitación, otra oportunidad, otra advertencia) de ser salvos, diciendo: Levántate, toma a tu mujer y a tus dos hijas que están aquí, para que no seáis destruidos en el castigo de la ciudad» (vv. 13, 15).

Dios está advirtiendo a Lot y a su familia; Él les está ofreciendo la oportunidad de salir, de ser rescatados. «Mas él titubeaba» ( v. 16). ¿¡Por qué titubearía!? Porque o bien no creía lo que los ángeles (estos hombres) estaban diciendo, o creía que podía vencer las probabilidades y estaría bien. Es como cuando algunas personas ignoran los desalojos obligatorios antes de que venga una tormenta.

Dicen: «El cielo se ve bastante claro en este momento y no ha ocurrido nada antes. He escuchado estas advertencias antes». Lot titubeó. En su misericordia, Dios insistió con él.

«Entonces los dos hombres tomaron su mano y la mano de su mujer y la mano de sus dos hijas, porque la compasión del Señor estaba sobre él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad» (v. 16).

Puedo imaginarme esto: ¿Cuántos ángeles hay en esta escena? Hay dos; dos hombres. ¿Cuántas manos tiene cada ángel? Dos. ¿Cuántas manos hay en total? Cuatro manos. ¿Cuántas personas salen de la ciudad? Tomaron de la mano de Lot, la de su esposa y la de sus dos hijas. Entonces, cada ángel en cada mano tiene una de estas cuatro personas, y simplemente puedes ver...

Ha habido algunas pinturas hechas de esto a lo largo de los siglos. Cada ángel está arrastrando a dos personas: Lot, su esposa y sus dos hijas, cuatro personas reacias que arrastran los talones y quieren quedarse, como, «¡no me hagas irme! ¿Tengo que irme?»

Y aquí están los ángeles como, «¡fuera de aquí! ¡El fuego está a punto de llegar!

Parece que los ángeles tenían un mayor sentido de urgencia y preocupación por el rescate de Lot y su seguridad, que Lot por su propia vida y la vida de su familia. No solo titubeaba, sino que, mientras titubeaba estaba causando un efecto en la vida de su esposa. Él estaba influyendo en su pensamiento y el de sus hijas.

Ni la esposa de Lot ni sus hijas terminaron bien, solo te diré eso, por si no sabes el final de la historia. Pero aquí está Lot. Él está titubeando, y está creando un sentir en su familia que los hace no tener prisa por salir. Deberían haber tenido prisa por salir de allí, pero no tenían la convicción. ¿Por qué? Porque sus corazones iban en dos direcciones.

Querían quedarse en el lugar familiar. No querían tener que dejar atrás todo lo que conocían. Pero el Señor fue bondadoso; el Señor fue misericordioso con Lot, con su esposa y con sus hijas. ¡Él no escatimó enviar a dos ángeles del cielo para liberarlos, rescatarlos y salvar sus vidas!

Versículo 17, mientras los ángeles sacaban a esta familia, «uno dijo: ¡Huye por tu vida!» Porque ahora estaban justo fuera de la ciudad y eso no era suficiente. Porque cuando esta ciudad explotó, como el monte Vesubio, iba a destruir todo a su paso. ¡Huye por tu vida! Algunas de sus traducciones dicen: «¡Escapa!» (NVI). «¡Huye, sal de aquí!»
«No mires detrás de ti y no te detengas en ninguna parte del valle; escapa (huye) al monte, no sea que perezcas» (v. 17).

¿Puedes oír la urgencia aquí? Esta no es una conversación tranquila que están teniendo. Los ángeles no solo están diciendo suavemente, «escapa. . . por . . . tu ...vida». No tenemos ningún audio de esta conversación, ¡pero estoy bastante segura de que fue un diálogo intenso!

Estos ángeles están suplicando, están apelando, están ordenando: «¡Salgan de aquí! ¡Escapen por sus vidas! ¡No miren hacia atrás y no se detengan en ningún lugar del valle!» Lo que hace que la declaración del versículo 18 sea tan sorprendente, si no conociéramos la naturaleza humana.

«Pero Lot les dijo: No, por favor, señores míos...»

Ahora, no es Señor como Dios el Señor. Es «amables señores». Lot dice: «Gracias por su amabilidad, pero ¡no!» Pueden ver que todavía tiene dudas, que todavía está dividido, que todavía está en conflicto. ¡No está entendiendo lo urgente que es esta situación! «No, por favor, señores míos. Ahora he aquí, tu siervo ha hallado gracia ante tus ojos...»

Ahora, déjame decirte algo. Estas personas están al borde del desastre aquí, y él se detiene justo fuera de la ciudad para tener esta conversación con estos ángeles que han dicho: «¡Salgan de aquí! ¡Esta cosa va a explotar!»

«Ahora he aquí, tu siervo ha hallado gracia ante tus ojos (oh no, mis señores), y has engrandecido tu misericordia la cual me has mostrado salvándome la vida; mas no puedo escapar al monte, no sea que el desastre me alcance, y muera» (v 19).

Bueno...eso es exactamente lo que los ángeles le dijeron que iba a suceder, «si no sales de aquí».

Pero él les dice: «Tengo miedo de morir».

Y ellos le están diciendo: «Si tienes miedo de morir, ¡vete! ¡Corre! ¡Huye por tu vida!»

¡Guau! ¡Somos tan tontos! ¡Somos tan necios! Versículo 20, Lot dice:

«Ahora he aquí, esta ciudad está bastante cerca para huir a ella, y es pequeña. Te ruego que me dejes huir allá (¿no es pequeña?) para salvar mi vida».

Quiero decir, aquí vemos a Lot negociando, manipulando, intercambiando: «¡Déjame hacerlo a mi manera!»

Así es como las personas a menudo se acercan al evangelio: «¡No me hagas dejar todo lo que amo! ¡Déjame hacerlo a mi manera! ¡Déjame poner las condiciones sobre cómo quiero ser salvo!»

Bueno, Dios es misericordioso. Aquí hay una evidencia más de esto en el versículo 21:

«Él (el ángel) le respondió: He aquí, te concedo también esta petición de no destruir la ciudad de que has hablado. Date prisa (¡es el mismo mensaje!), escapa allá, porque nada puedo hacer hasta que llegues allí. Por eso el nombre que se le puso a la ciudad fue Zoar» (que significa, pequeña e insignificante) (vv. 21–22).

No estoy segura por qué Lot quiso ir allí, ya que las Escrituras no lo dejan claro, a diferencia del lugar donde el ángel le dijo que se fuera. Pero vemos que él está tratando de establecer las condiciones de su propia salvación: «Déjame ir a este lugar pequeño e insignificante, déjame ir allí».

Y el ángel dice: «Ve, pero lo que hagas, ¡hazlo rápido!»

«El sol había salido sobre la tierra cuando Lot llegó a Zoar. Entonces, (¿cuándo? Cuando Lot salió de Sodoma y finalmente llegó al lugar donde el ángel había acordado que podía escapar) el Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego, de parte del Señor desde los cielos» (vv. 23–24).

En Su misericordia, ¡otra vez! el Señor esperó para enviar juicio hasta que Lot estuviera a salvo en la pequeña ciudad. «Entonces, el Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego». He estado tratando de averiguar qué es esto realmente, cómo fue realmente.

Diferentes traducciones, por ejemplo la NVI dice que hubo, «lluvia de fuego». ¡Puedes imaginar el hedor de este azufre!; «azufre» está en algunas de nuestras traducciones anteriores, ese es un sinónimo de «azufre». «Azufre y fuego». «Fuego y azufre», has oído hablar de esto. Se ha convertido en una frase que describe el juicio extremo, el juicio final.

Una paráfrasis dice: «Un río de lava de Dios que sale del cielo». ¡Eso es gráfico! «El Señor llovió sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego del Señor desde el cielo».

Versículo 25:

«Y destruyó aquellas ciudades y todo el valle y todos los habitantes de las ciudades y todo lo que crecía en la tierra».

Fue como Pompeya: Devastado, ¡no quedó señal de vida! Juicio.

Ahora, volveremos al versículo 26 en un momento, pero primero mira los versículos 27 y 28:

«Y Abraham se levantó muy de mañana, y fue al sitio donde había estado delante del Señor (donde había orado); y dirigió la vista hacia Sodoma y Gomorra y hacia toda la tierra del valle y miró; y he aquí, el humo ascendía de la tierra como el humo de un horno».

¡Esto es destrucción masiva! Y las personas dicen: «¿Cómo puede un Dios bueno hacer eso?» Bueno, volvamos a lo que Abraham le dijo al Señor: «¿El Juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?» (Gén. 18:25). Él es un Dios bueno y un Dios santo, y es honrado incluso en la ira.

Pero Él nunca destruye a aquellos a quienes Él no ha extendido primero misericordia, que no les ha dado primero la oportunidad de arrepentirse y creer en el evangelio. . . ¡Nunca! Él no destruye a los que no saben que están pecando contra la santidad de Dios.

Puede que no conozcan mucho, pero tienen un testigo, un testimonio, una conciencia en su corazón que dice: «¡Estás pecando contra el Dios del universo!» No se arrepienten, son rebeldes, se resisten a Su gracia. Y finalmente dice: «¡La copa de mi ira se ha desbordado! ¡Este es el fin!»

Fue un día de juicio, pero también fue un día de salvación... porque, en la Escritura, dondequiera que encuentras el juicio, también encontrarás un camino paralelo, la salvación. Juicio y salvación. Yo marco esto en mi Biblia cada vez que encuentro esto. Está a través de toda la Escritura. Donde hay juicio, también hay salvación. Donde hay salvación, también hay juicio.

Aquí está la salvación: Abraham le había rogado a Dios en nombre de la ciudad y al final, no se pudieron encontrar ni diez personas justas, y la ciudad fue destruida, ese es el juicio. Pero mira el versículo 29:

«Y aconteció que cuando Dios destruyó las ciudades del valle, se acordó Dios de Abraham e hizo salir a Lot de en medio de la destrucción, cuando destruyó las ciudades donde habitaba Lot».

Dios destruyó las ciudades; eso es juicio, Él las destruyó. Pero ¿dónde está la misericordia? ¿Dónde está la salvación? Dios recordó a Abraham y sacó a Lot, ¡rescató a Lot! Por lo tanto, la misericordia de Dios en la vida de Lot, el rescate de Lot, la salvación de Lot, fue el fruto de las fervientes oraciones y la fe de su tío.

No dice que Dios se acordó de Lot, sino que «Dios se acordó de Abraham», el que le había clamado y le había dicho: «Dios, ¿cómo puedes destruir a los justos con los impíos?» Ahora, Dios no respondió la oración de Abraham exactamente de la manera en que Abraham oró, porque Abraham dejó su oración delante de Dios: «Si hay diez justos ...» Y Dios dijo: «Sí, por diez no destruiré la ciudad». Creo que Abraham pensó: Ese es el final de mi oración.

Pero Dios respondió su oración de una manera diferente. Dios escuchó y respondió esa intercesión. ¿A quién ha puesto Dios en tu vida que necesita ser rescatado? ¿Miembros de la familia, amigos, compañeros de trabajo? Se resisten al evangelio, se rebelan contra Dios. Puedo recordarte que tu preocupación y tus oraciones pueden ser los medios que Dios use para lograr su rescate.

Puede ser en formas que no puedes ver; Puede que ni siquiera entiendas sino hasta la eternidad cómo todo eso entra en juego. Así que ora. ¡Ora! Cuando no puedas sacarlos, no puedas ganarte sus corazones, no puedas halarlos, ¡ora! Y luego, independientemente del resultado, sustentamos nuestro caso de la misma manera que lo hizo Abraham: «¿El Juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?» Sí, Él la hará. Sí, Él la hará, en el juicio y en la salvación.

Ahora, esas oraciones que Abraham había hecho incluían no solo a Lot, sino también a la esposa de Lot y las hijas de Lot. Todos podrían haberse salvado; a todos se les dio la oportunidad de escapar. A propósito, también lo fueron los yernos, los prometidos. Pero ellos rechazaron la oferta.

La esposa y las hijas de Lot, aunque fueron arrastradas a regañadientes y gritando, titubeando, pudieron salir. Pero la esposa de Lot no vivió porque, al final, ella rechazó la misericordia y la salvación que Dios le extendió.

Versículo 26, volvamos allá. Leemos sobre el juicio, la destrucción, pero en medio de toda esa descripción está el versículo 26: «Pero la mujer de Lot, que iba tras él, miró hacia atrás». Miró hacia atrás. ¿Qué habían dicho los ángeles? «No mires detrás de ti y no te detengas en ninguna parte del valle; escapa al monte». Ella miró hacia atrás.

Ahora, al estudiar este pasaje, te das cuenta de que esta no fue solo una mirada rápida. La palabra «mirar» en hebreo es una palabra que significa «mirar fijamente algo; centrarse en algo y considerarlo con placer, favor o cuidado». Ella miró con anhelo, con amor; anhelaba lo que había dejado atrás.

Un comentarista dice: «Podría interpretarse como: Se demoró, o incluso, regresó. Su corazón fue atraído hacia atrás. Todo eso está implícito en «miró hacia atrás». Ella «miró hacia atrás y se convirtió en una columna de sal» (v. 26). Ahora, no sabemos exactamente qué significa eso, qué aspecto tenía. Los comentaristas han especulado sobre qué fue exactamente lo que le sucedió.

La palabra «se convirtió» («ella se convirtió en una columna de sal»), es una palabra que literalmente significa «ella fue una columna de sal». En un momento no era eso, y al momento siguiente lo era. Así que este es un juicio completo, instantáneo. Ella se convirtió, ella fue una columna de sal. Algunos creen que ella se transformó literalmente en ese momento en una columna de sal... y ese bien puede ser el caso.

Otros creen que fue asfixiada por los gases sulfurosos ardientes en la atmósfera, y luego su cuerpo quedó incrustado con sal. Esto estaba muy caliente, fue muy poderoso; eso podía haber ocurrido en un momento.

Otro comentarista dice que podría haber sido de esta manera: «El terremoto (que destruyó Sodoma y Gomorra) acumuló una gran masa de sal de roca que se encuentra en estratos sólidos alrededor del mar Muerto, y la esposa de Lot se enredó en la convulsión y pereció, dejando una colina de sal, en la que fue encerrada, como su memorial».

Creo que podría haber sido cualquiera de esos, pero sabemos que sucedió literalmente. Algunas personas preguntan: «¿Realmente sucedió?»—personas que dudan de la veracidad de las Escrituras.

Bueno, la fiabilidad histórica de este relato está confirmada por múltiples fuentes en el primer y segundo siglo después de Cristo. Puedes estar familiarizada con el nombre de Josefo, que era un historiador judío nacido en Jerusalén poco después de la muerte de Cristo, y él escribe lo siguiente en su historia de los judíos, llamada Antigüedades:

Pero la esposa de Lot continuamente se volvía para ver la ciudad, mientras se alejaba de ella y se preguntaba qué pasaría con ella, aunque Dios le había prohibido hacerlo; Fue transformada en una columna de sal, pues lo he visto, y permanece en este día.

Él escribió eso en el primer siglo.

Dos padres de la iglesia primitiva, uno de los cuales murió en 99 A.D., el otro murió aproximadamente en 200 A.D., ambos hablaron de la columna de sal que quedó hasta sus días. Entonces, si ese es el caso, si esa columna de sal... como sea que se haya visto, era una estatua, era una columna, era un monumento visual a la incredulidad y desobediencia de esta mujer.

Si todavía estaba allí en los días de Josefo y de estos otros padres de la iglesia primitiva, es probable que Jesús y otros en Su día también la hubieran visto, que estuvieran familiarizados con este monumento. Entonces, cuando Jesús le habla a este grupo de sus oyentes en esa escena en el capítulo 17 de Lucas y les dijo: «Acordaos de la mujer de Lot», ¡es muy posible que pudieran realmente imaginar este sombrío recordatorio del destino de esta mujer!

«Recuerden a la esposa de Lot». Mira allá. ¿Ves lo que le pasó a ella? El juicio viene. ¡Recuerda a la esposa de Lot!

Al final, Lot se salvó. Fue rescatado de Sodoma, aunque tuvo que ser presionado para irse, pero su esposa pereció, tal como lo hizo la gente de Sodoma. ¿Por qué? Bueno, no fue que no se le advirtiera sobre el juicio que se avecinaba, y no fue que no se le dio suficiente oportunidad para escapar, para salir.

El problema fue que ella no le creyó a Dios. Ella no prestó atención a Sus advertencias; ella resistió Su gracia. Ella tal vez pensó, puedo salirme con la mía. Puedo salir ilesa. Sobreviviré. O tal vez ella simplemente no estaba pensando en absoluto.

¿No es esto cierto de tantas personas hoy en día? Simplemente no están pensando en sus almas. No están pensando en el futuro. No están pensando en la vida después de la muerte. No están pensando en las promesas de Dios, los avisos de Dios, las advertencias de Dios de que Él juzgará este mundo con fuego, que los impíos serán arrojados al infierno y todos los que abandonan a Dios.

Tal vez ella estaba pensando, «no soy tan mala como esas personas en Sodoma. ¡Después de todo, estoy casada con Lot!» Pero su desobediencia, su incredulidad, fue tan perversa a los ojos de Dios y tan merecedora de Su juicio e ira, como lo fue la perversión sexual de la ciudad de Sodoma.

Entonces, puedes ser sexualmente promiscua y experimentar la ira y el juicio de Dios de esa manera, o puedes sentarte en la iglesia todos los domingos y experimentar la ira de Dios al final, porque no has creído el evangelio, no has puesto tu fe en Cristo y no has corrido hacia a Él para salvación.

Es una historia trágica, pero también es la historia de muchos que escuchan hoy mi voz, y experimentarán esto algún día. Y por eso vengo a ti hoy en esta serie para decirte: «Acordaos de la mujer de Lot. ¡Acordaos de la mujer de Lot!». Acuérdate, recuerda a la mujer de Lot.

Dios es misericordioso. Él te está dando la oportunidad de huir, ¡hoy! de creer en Cristo, de ser salva, de dejar de confiar en tus buenas obras para tu salvación, sino confiar en Jesús. ¡Escapa! ¡Huye por tu vida! ¡Corre a Cristo! Acuérdate de la esposa de Lot.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha hecho una advertencia: ¡El juicio se acerca y necesitamos estar listas! Y Jesús ha abierto el camino para que estemos a salvo del juicio.

Mañana Nancy continuará con esta intrigante historia acerca de Lot y su familia. Veremos a una mujer que dudó de obedecer al Señor y se convirtió en una columna de sal. También evaluaremos nuestros corazones para ver si hay áreas en las que estamos jugando con el peligro en lugar de huir de él.

Patricia de Saladín: Y ahora para finalizar este programa, después de haber escuchado verdades tan sobrias, quiero pedirle a Maggie que nos despida en oración.

Maggie de Michelén: Padre celestial, cuán agradecidas estamos de Tu Palabra. En ella Tú nos has concedido todo cuanto necesitamos para la vida y la piedad. Te damos gracias por Jesús, la Palabra hecha carne, quien vino a redimirnos para que no permaneciéramos muertas en nuestros delitos y pecados. Gracias Padre porque eres compasivo y anhelas derramar sobre los que aún no te conocen, o aún no han oído de ti, Tu perdón, Tu amor y Tu misericordia. Porque Tú no quieres la muerte del que muere. Tu fidelidad se manifiesta cada nuevo día. Oramos, Señor, por cada mujer que ha escuchado o escuchará acerca del juicio que viene. Que Tu Santo Espíritu las atraiga a ti. Si no es creyente, que te crea, si es creyente, pero las luces de este mundo están a punto de desviarla de Tu camino, oh Dios, aviva su corazón y hazla buscar Tu tierno perdón.

Cuánto anhelamos, Señor, que la tierra sea llena del conocimiento del Altísimo. Obra en cada rincón de la tierra, trayendo hacia ti, hombres, mujeres, jóvenes, niños, niñas, a fin de que ellos te adoren y te reverencien.

Gracias, Señor, también por el don del arrepentimiento, y te suplicamos que seguido de este, venga una obediencia de corazón sincero a todo cuanto Tú has ordenado. Líbranos, Señor de seguir el camino que siguió la mujer de Lot. No nos permitas, amar este mundo, el cual tú has dicho que será destruído. Quita de nosotras el claudicar entre dos pensamientos, o el pisar la delgada línea que divide el camino de la vida del camino de la muerte. Que todo cuanto nos quiera llevar lejos de ti, Tu Espíritu lo estorbe, y ponga en su lugar un deseo de agradarte, de obedecerte, y hacer las cosas a Tu manera.

Que recordemos en todo momento que somos prestas a desviarnos, y que esto nos lleve a aferrarnos más y más a ti, para nosotras ser mujeres de verdadera piedad. Gracias por estas enseñanzas, gracias por la obra de Jesús y gracias porque Tú eres un Dios lleno de compasión, lleno de misericordia y lleno de ternura. Oramos estas cosas en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, amén.

Annamarie: Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth te recuerda la misericordia de Dios disponible en Cristo. Este es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras han sido tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.