Podcast Aviva Nuestros Corazones

La obediencia lleva a la alegría

Annamarie Sauter: ¿Hay alguna área de tu vida en la que no estás obedeciendo a Dios?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Algunas veces es difícil saber qué hacer, pero la mayoría de las veces, nuestra desobediencia es que sabemos qué hacer y simplemente no queremos hacerlo.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy continúa en una serie sobre uno de los versículos más cortos de la Biblia que dice: «Acordaos de la esposa de Lot».

Nancy: Recibí un correo electrónico anoche mientras me preparaba para esta grabación, de uno de los miembros de nuestro personal que vive en California, pidiendo oración por él y por su familia que tuvieron que desalojar su casa debido a un incendio forestal que avanzaba hacia ellos, y este fue el mensaje SOS que fue enviado: «Oren por esta familia».

Y les digo que cuando esta familia escuchó que el fuego se dirigía hacia ellos, ellos salieron. Ellos salieron de allí. Todavía no conozco los detalles. No he escuchado noticias esta mañana. No sé qué fue lo que tuvieron que dejar atrás, pero ciertamente no se llevaron con ellos la mayor parte de lo que había en su casa. Salieron con sus vidas y queriendo estar a salvo.

Bueno, estamos viendo un relato bíblico en el Antiguo Testamento, en Génesis capítulo 19. Permítanme invitarlas a ir allí, y quiero que sigan este pasaje mientras hablamos sobre cómo Dios rescató y liberó a su pueblo del juicio venidero.

Hemos estado hablando de Lot, el sobrino de Abraham que vivía con su familia en Sodoma, que era una ciudad malvada. Y Dios envió a dos ángeles que se veían como hombres, para decirles: «Vamos a destruir esta ciudad y necesitan salir».

Génesis 19, comenzando en el versículo 13, los ángeles dijeron: Saca a tu familia de esta ciudad...«porque estamos a punto de destruir este lugar».

Podemos ver una y otra vez en este pasaje la amenaza del juicio venidero. Y la invitación a escapar, la misericordia de Dios. «Hay una salida. Sal de esta ciudad».

«Porque vamos a destruir este lugar» (y esta no era la acción de un Dios caprichoso o arbitrario. Él tenía razones para lo que estaba a punto de hacer. Dice,) «pues su clamor ha llegado a ser tan grande delante del SEÑOR, que el SEÑOR nos ha enviado a destruirlo» (v. 13).

Así que Lot salió y dijo a sus yernos quienes se casarían con sus hijas (aparentemente estaban comprometidos para casarse con sus dos hijas):

«Levantaos, salid de este lugar porque el SEÑOR destruirá la ciudad. Pero a sus yernos les pareció que bromeaba» (v.14).

Pensaron que todo era una broma. Ellos no pensaron que él hablaba en serio. Me pregunto si esa fue la misma forma como la gente se sintió en los días de Noé cuando él estaba construyendo el arca. Las Escrituras en realidad no nos dicen que la gente se burlaba de Noé, pero podemos imaginarlos diciendo: «¿Qué rayos estás haciendo construyendo esto?» «¿Qué . . . un barco?» «¿Qué es esta cosa?» Quiero recordarte que nunca había llovido. Nunca había habido inundaciones.

Así que los yernos pensaron que Lot estaba bromeando.

Segunda de Pedro, capítulo 3, habla sobre los «burladores» que «siguen sus propios deseos pecaminosos». Quieren vivir como quieren, y en ese contexto de la carta de Pedro, tiene que ver con la inmoralidad sexual. Y dicen: «¿Dónde está la promesa de su venida? ¿Dónde está el juicio? No vemos ninguna evidencia de eso» (ver v. 4). Así que se burlaron. Ellos piensan que Dios está bromeando, por lo que ellos bromean también. «¿Juicio? Sí, seguro. ¿De verdad? No».

Tan cercanos como estos hombres pudieron haber sido, estos futuros yernos, para Lot y su familia, el hecho es que realmente pertenecían a Sodoma. Puedes saber a dónde pertenece alguien, dónde está su corazón, si cree en el evangelio y si acepta o no la invitación del evangelio. Ellos no tenían oídos para oír. No tenían corazones para recibir la advertencia.

Bueno, y he estado meditando mucho en este capítulo durante las últimas semanas. También da la impresión de que Lot no tenía mucha influencia sobre estos yernos. Y esto nos hace preguntarnos, si eso podría haber sido diferente si su caminar con Dios hubiera sido más consistente y más convincente. Ahora, digo, «podría haber sido», porque hay situaciones donde las personas –en las Escrituras y en la actualidad– viven vidas consistentes, con convicciones firmes y vidas llenas de Dios, y aun así se burlan de ellas. La gente todavía se niega a creer en el evangelio.

Pero en este caso, te preguntas, si Lot no se hubiera metido tanto en su medio ambiente y adaptado a la cultura de Sodoma, tal vez sus yernos lo habrían podido tomar más en serio, o si esas hijas hubieran estado comprometidas para casarse con estos yernos.

El versículo 15 dice: «Y al amanecer...» Ha sido una noche larga y difícil. Ha habido mucha violencia. Ha habido mucho movimiento… los ángeles tuvieron que evitar el ataque de los hombres de la ciudad que querían violentar a Lot en sus invitados, pero ahora está amaneciendo, es de madrugada y . . . los ángeles daban prisa a Lot, diciendo:

«Levántate, toma a tu mujer y a tus dos hijas que están aquí, para que no seáis destruidos en el castigo de la ciudad» (v.15).

Nuevamente, tenemos la amenaza del juicio, la promesa de que se avecina y la invitación a escapar, el mandato a salir. Sal de esta ciudad para que no seas destruido con ella.

Y hemos hablado de esto en las últimas dos sesiones.

Pero él titubeó, se demoró. «Mas él titubeaba. Entonces los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia del Señor, la compasión del Señor para con él…» (v.16).

Me encanta esa frase incluso en medio de esta crisis, incluso en medio de la resistencia de Lot y su vacilación para escapar, el Señor fue misericordioso con él. Envió a estos ángeles para que tomaran uno en cada mano (a Lot, la esposa y las dos hijas) y para sacarlos de la ciudad, guiarlos, agarrarlos de la mano.

«... y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad… Y aconteció que cuando los habían llevado fuera, uno le dijo: Huye por tu vida. No mires detrás de ti y no te detengas en ninguna parte del valle» (vv. 16–17).

Está bastante claro. Quiero decir, no hay alguna ambigüedad en esta orden. ¿Alguien se pregunta qué significa, qué quiere decir esto? Cualquiera podría decir: «Bueno, ¿qué significa eso en el hebreo original?»

«No mires detrás de ti y no te detengas en ninguna parte del valle; escapa al monte, no sea que perezcas» (v. 17).

El mandato de Dios era claro. La esposa de Lot conocía la orden.

Esto me recuerda mucho a Eva; «no comas el fruto del árbol». Eva conocía el mandato, la orden era clara. Era simple. No era tan difícil. La obediencia no suele ser difícil, en el sentido de ser complicada, como, «realmente no sé qué hacer». Algunas veces es difícil saber qué hacer, pero la mayoría de las veces, nuestra desobediencia es que sabemos qué hacer, y simplemente no queremos hacerlo.

La esposa de Lot no podía alegar ignorancia. Ella había sido advertida. Y como vemos a lo largo de las Escrituras, el mandato de Dios no era porque estaba siendo cruel, cruel con Lot y su familia. Era por su bien. Era para su bendición. Era para su protección, y siempre lo es. Aunque no siempre parezca así.

Al final, la esposa de Lot consideró que a lo que Dios le estaba pidiendo que renunciara era algo a lo que no podía renunciar, que lo que había en Sodoma era mejor que lo que Dios le estaba ofreciendo. Pero ella estaba equivocada. Ella estaba completamente equivocada, literalmente. El mandato de Dios era para su bien. Era para su bendición. Era para su protección. Y así es para ti y para mí también.

Las consecuencias también fueron claras, no solo la orden, sino que, «si no sales, perecerás». «En el día que comas esta fruta, morirás». Claro el mandato. Claras las consecuencias. Clara la advertencia, y para su bien.

Bueno, mira el versículo 23:

«El sol había salido sobre la tierra cuando Lot llegó a Zoar. (El tiempo pasa rápidamente). Entonces el SEÑOR hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego, de parte del SEÑOR desde los cielos; y destruyó aquellas ciudades y todo el valle y todos los habitantes de las ciudades y todo lo que crecía en la tierra» (vv. 23-25).

Dios hizo exactamente lo que dijo que iba a hacer. Y cuando Dios dice que enviará juicio a esta tierra, a este mundo caído, pecador y pródigo, lo dice en serio. Lo hizo entonces. Dijo que enviaría un diluvio, y así lo hizo. Dijo que iba a destruir a Sodoma y Gomorra, y así lo hizo.

Y los escritores del Nuevo Testamento nos recuerdan que miremos hacia atrás y prestemos atención. Tengan cuidado, que cuando Dios dice que Él va a juzgar esta tierra, esta vez no será solo una ciudad. No van a ser solo algunas personas. Será todo pecador, incrédulo e impenitente en la faz de la tierra. Dios hace lo que dice que va a hacer.

Y luego el versículo 26 dice: «Pero la mujer de Lot, que iba tras él, miró hacia atrás y se convirtió en una columna de sal».

La orden fue clara. Las consecuencias fueron claras. Ella nunca podría decir que no había sido advertida. Pero ella ignoró la orden que se le había dado. Ella pensó que podría salirse con la suya haciendo lo que quería.

Ahora, mientras leo este pasaje, mientras lo medito y, de nuevo, algo de esto es especulación porque no se nos dice más de lo que se nos dice, así que apégate al texto. Pero mientras meditas en el texto podrías pensar: «¿Cómo pudo haber sido?» No me parece que ella al mirar hacia atrás, fuera en una actitud desafiante, aunque podría haber sido el caso. Tengo la impresión de que ella estaba siendo arrastrada, desgarrada, en conflicto.

Es como aquellos que quieren la salvación, quieren la liberación, pero también quieren aferrarse a lo que este mundo tiene que ofrecer. Este mundo tiene un apego a ellos, y ellos tienen un apego a él. O a veces es... y tal vez este fue el caso de la esposa de Lot... que no lo toman en serio. Son ligeros, frívolos, no toman en serio la orden de Dios.

¿Por qué miró hacia atrás? Bueno, una vez más, no se nos dice, pero creo que podría haber sido algo de lo que acabo de decir, o algo de lo siguiente:

Tal vez ella tenía curiosidad, como, ¿tal vez quería saber qué pasó? Este era un lugar familiar para ella. Estas eran personas que ella conocía y amaba. «¿Cómo se veía todo esto?» Tal vez solo sintió curiosidad.

Creo que también, tal vez hubo algún elemento de curiosidad con Eva que la metió en problemas.

No quiero generalizar demasiado, y probablemente me meteré en problemas por decir esto, pero ¿estarías de acuerdo en que tal vez las mujeres somos un poco más propensas a la curiosidad que los hombres? Simplemente, no nos gusta tomarlo al pie de la letra, y a veces, como mujeres, queremos saber un poco más. Es curiosidad.

Ella no creyó en la advertencia de Dios. Ella no podía imaginar que esto pudiera pasar. «¿Realmente sucedería como los ángeles habían dicho, que toda la ciudad sería destruida?» No había evidencia que sugiriera que eso era lo que iba a suceder. La gente era próspera. Ese día fueron a trabajar como de costumbre al empezar el día, a cocinar en sus casas y enviar a sus hijos a la escuela, pues el clima se veía bien. Así que tal vez ella simplemente no creyó que iba a suceder.

Tal vez hubo un lamento, un pesar en su corazón sobre el juicio de Dios porque, después de todo, las personas que conocía e incluso estos yernos, los dos hombres con los que estaban comprometidas sus hijas, los perdió a todos. Este era su hogar. Tal vez se estaba lamentando que Dios iba a hacer esto, o incluso estaba enojada con Dios por destruir lo que era tan familiar y precioso para ella.

Tal vez ella tuvo miedo, miedo de un futuro desconocido. No sabía qué les esperaba a ella, a Lot y a sus hijas, y temía perder todo lo que le era familiar. Si has pasado por un cambio, sabes a lo que me refiero. Quiero decir, aun en circunstancias favorables, pasas por un cambio, y piensas: «¿Cómo será? ¿Conoceré gente nueva?» Hay temor. Hay miedo de no querer dejar lo que está detrás.

Creo que algo importante en el corazón de esta mujer era el anhelo, anhelar lo que estaba dejando atrás y lo que estaba perdiendo. Su cuerpo había dejado a Sodoma, pero su corazón todavía estaba allí, y se notaba. Eso fue lo que la hizo mirar atrás.

Tengo un amigo que ha trabajado con nosotros en algunos proyectos editoriales, y escribió un libro devocional de los que lees uno cada dia, y tiene uno de los días sobre la esposa de Lot. Esto es lo que él escribió sobre el anhelo de la esposa de Lot:

«Su hogar, sus amigos, toda la vida que había conocido durante años se estaba derritiendo en un baño de ácido. ¿Quién de nosotros podría haber evitado mirar por encima de su hombro? Pero Dios sabía que ella no estaba volviendo la cabeza con horror, sino con nostalgia».

Añoranza. Nostalgia. Ella amaba a Sodoma. Era su hogar. Todo lo que ella tenía estaba allí. Ella pudo haber sido de Sodoma. No sabemos si Lot la encontró en Sodoma y se casó con ella allí o si él la había llevado con él para vivir allí. Pero le era familiar. Era precioso para ella. Sus amigos estaban allí.

Sodoma representaba la conveniencia, la comodidad, y el atractivo de la civilización, de la vida en la ciudad, en comparación por ejemplo, con el tío Abraham, el tío de su esposo, quien aún vivía en tiendas de campaña en el desierto. Ella, tal vez, no estaba interesada en eso. Creo que muchas personas que viven en la ciudad aman la ciudad.

Y tal vez Sodoma representaba para ella la permanencia, frente a lo que era pasajero, transitorio. «Vamos a tener un cambio. Vamos a ser los nómadas. No vamos a poder establecernos». Ella se estableció en Sodoma. Sodoma le ofrecía cultura, cultura avanzada para sus días, compras, prosperidad, placeres.

Y ahora ella está escapando a Zoar. El nombre significa, «pequeño e insignificante». Así que aquí tenemos una mujer que está enamorada de las luces de la ciudad, tal vez. Le encantaba la emoción de la ciudad. ¿Quién, que ama la ciudad, quiere mudarse a una ciudad pequeña y adormecida, como Niles, Michigan donde vivimos felices, aquellos de nosotros que servimos aquí en Revive Our Hearts. Pero desde su punto de vista, pasar de la gran ciudad a Zoar –pequeña, insignificante, sin vida social– todo lo que tenía ahora era su marido y sus dos hijas.

Creo que Sodoma representó algo para la esposa de Lot que ella no pudo soportar dejar atrás. Ella no podía soportar dejarlo. Ella «miró hacia atrás» con anhelo por su antigua vida, aún bajo el engaño de que no valía la pena huir del pecado que ella estaba acostumbrada a tolerar. Ella quería lo «mejor de los dos mundos».

Ahora, de nuevo, dame un poco de libertad aquí porque no sabemos lo que había en su corazón. No sabemos lo que ella tenía en mente, pero uno piensa en el viaje en que se encontraba ahora, en todo lo que acababa de suceder, y en la clara orden de no mirar atrás, y tiene que preguntarse, ¿qué pudo haber estado pensando y sintiendo?

Creo que su decisión evidenció una falta de gratitud, una falta de gratitud por la protección de Dios, por su rescate, por la provisión de un lugar seguro a donde ir. Ella estaba concentrada en lo que no tenía y en aquello a lo que estaba renunciando en lugar de lo que sí tenía. Sí, por supuesto, estaban dejando todo atrás en Sodoma, pero aún tenían sus vidas. Se tenían el uno al otro. Tenían la promesa de una nueva vida. Ellos tenían a Dios. Y habían sido liberados de ese lugar malvado, pecaminoso y opresivo, pero ella no estaba agradecida por eso. Ella quería lo que no tenía.

Una vez más, cómo se parece a nosotras, ¿verdad? Queremos lo que no tenemos. No queremos lo que tenemos. No estamos agradecidas por la provisión y la protección de Dios.

Creo que también en el corazón hay un amor por este mundo presente. Para decirlo de la manera en que el apóstol Juan lo dice en el Nuevo Testamento en 1 Juan: «Amor a este mundo presente». Su tesoro estaba en Sodoma, así que aparentemente ahí es donde estaba su corazón, porque «donde está tu tesoro, allí estará tu corazón», dijo Jesús.

Dios juzgó a Sodoma por su extrema maldad, pero había más cosas deseables en esa ciudad de las que la esposa de Lot consideraba repugnantes. Se sentía más atraída por lo que disfrutaba y atesoraba de la ciudad: amigos, conveniencia, comodidad, lujo, placer, entretenimiento, le atraía más lo que atesoraba de la ciudad que lo que le repugnaba de la maldad de Sodoma.

Ahora, esta mujer puede no haber participado de la maldad de Sodoma, no lo sabemos. Pero es posible que ella no participara de esa espantosa inmoralidad sexual que era tan característica de esta ciudad, pero al parecer ella lo toleraba. Y ella estaba cómoda allí. Tal vez se había acostumbrado a la maldad que la rodeaba, de la misma forma en que los ojos se acostumbran a la oscuridad.

Estaba dispuesta a tolerar y a acomodar lo que Dios odiaba, para experimentar y disfrutar lo que encontraba agradable, placentero y deseable. Ella amaba las cosas de este mundo más que a Dios, lo que al final era evidencia de que ella realmente no amaba a Dios en absoluto.

El mal se celebraba y se alardeaba de él en extremo. Y sin embargo, esta ciudad era como un imán para ella. Era un imán porque la ciudad tenía un atractivo, un lazo que halaba su corazón. Representaba las cosas que ella apreciaba. Su corazón estaba atado a un lugar, a un estilo de vida y a un sistema mundial que era pecaminoso y estaba condenado a la destrucción.

Y como muchas personas que nos rodean, y algunas de nosotras que escuchamos este mensaje hoy, nuestros corazones no están apegados al cielo, a la pureza, a la santidad, a Dios, a la verdad. Nuestros corazones son atraídos como a un imán. El mundo sigue halándonos hacia su estilo de vida, un sistema mundial que es pecaminoso, malvado y condenado a ser destruido.

Ahora, no olvides que la esposa de Lot también tuvo muchos privilegios. Sin importar lo que sucediera en su corazón, en su mente, sus anhelos, su amor, sus miedos, sus lamentos, su incredulidad, su curiosidad o su falta de gratitud, ella, sin embargo, tuvo algunos privilegios bastante sorprendentes.

Ella era rica. Estaba casada con un hombre poderoso e influyente, disfrutaba de la buena vida. Y cuando Lot fue rescatado, se le dio la oportunidad de ser rescatada con él, eso es un privilegio.

La familia con la que se casó era la única familia en la tierra en ese momento que conocía y servía al único Dios verdadero. Piénsalo. Probablemente ella conocía, o al menos sabía, del tío Abraham, el tío de Lot. Ella pudo haber escuchado historias sobre sus encuentros con Dios, sobre su fe. Y desde luego, su esposo Lot tuvo fracasos e inconsistencias en su caminar con Dios, pero se le llama un hombre justo en 2 Pedro capítulo 2.

Pero al final, esas ventajas demostraron ser su perdición. ¿Cómo es eso? Su conexión con esta gran familia de fe no la salvó, ni pudo salvarla, ni la riqueza e influencia de su esposo. Al final, eso no pudo salvarla. Al final, todo lo que sabía acerca de Dios no le hizo ningún bien porque no creía. Ella no ejerció fe.

Ella pudo haber estado tratando de ajustarse al abrigo espiritual de Lot. No puedes hacer eso y terminar en el cielo. Ella no actuó de acuerdo a la fe de Lot ni la hizo propia. Y el hecho de que ella conocía de Dios, sabía de Dios, que tenía conexiones con personas piadosas, solo la hizo más responsable en el día del juicio.

Los ángeles le habían advertido a ella y a su esposo sobre el juicio venidero. Habían dado instrucciones explícitas. El mandato había sido claro: «No mires atrás. No vuelvas atrás. No te detengas en ningún lado hasta que salgas de aquí». Y también le habían dado la oportunidad de escapar para ser salvados del juicio. Tenía todo lo que necesitaba para ser salvada según la comprensión que tenían del evangelio del Antiguo Testamento, que ahora entendemos de forma mucho más completa. Y entonces nosotras, ¿cuán grande será la cuenta que tendremos que dar porque sabemos mucho más?

Pero Dios sabía que ella sabía lo suficiente y que tenía suficiente para ser salva. Pero al final ella se negó. Ella se resistió. Ella le dijo: «No» a la gracia y la misericordia de Dios. Su corazón estaba dividido. Y como resultado, ella sufrió el mismo juicio que los pecadores de Sodoma y Gomorra: murieron y ella murió.

Ahora, ustedes se preguntarán: «¿Eso fue porque ella era tan malvada como ellos?» No lo sabemos. Pero sabemos que ella renunció a la gracia de Dios. Ella se resistió. Ella no creyó. Dios le había ofrecido salvación y misericordia. Dios ofreció la salvación y la misericordia.

Escucha, al final no es qué tan malos fueron los pecados que cometiste, o qué tan malvada fuiste o qué tan malvada eres. Cuántos pecados sexuales cometiste o cuántos otros tipos de pecados cometiste, no. Es,«¿creíste en el evangelio y te arrepentiste de tu pecado? ¿Huiste hacia Cristo por misericordia?»

Mucha gente sentada en la iglesia (voy a seguir diciendo esto), creo que son los que están corriendo el mayor peligro, porque hay muchas personas en este mundo que están pecando de manera evidente y consciente, y que no les importa. Pero hay muchas personas sentadas en la iglesia que piensan que están bien. Ellos piensan que lo van a lograr. Externamente no están haciendo lo que hacen todas las personas fuera de la iglesia, o lo están encubriendo, lo están escondiendo. Pero sus corazones están divididos.

Ellos quieren a Jesús, quieren la salvación. Quieren salir de Sodoma, aunque están siendo arrastrados; también quieren a Sodoma porque Sodoma tiene atrapados sus corazones. Y donde pones tus ojos y hacia donde te vuelves al final, muestra si eres de la ciudad del hombre o de la ciudad de Dios, si experimentarás esa ira y juicio eternos, o serás salva, rescatada, para experimentar la vida eterna.

Escucha, Lot no era un ángel, pero Lot fue salvo porque creyó en el evangelio. Él huyó. No lo hizo tan rápido como debió. Sí, se demoró, y hay más en su vida, tantas imperfecciones en la vida de este hombre. Dios no salva a las personas porque son buenas. Él las salva porque creen que son malas, y necesitan ser salvadas.

Entonces, ¿cuál es el mensaje aquí? Vamos a volver a ello en el próximo programa, pero solo quiero seguir diciéndolo: Arrepiéntete y cree en el evangelio. Arrepiéntete y cree en el evangelio y sé salva.

En el libro de los Hechos, cuando Esteban estaba a punto de ser martirizado, el primer mártir cristiano, dio una lección de historia del Antiguo Testamento. Y dice en medio de ese mensaje: «al cual nuestros padres no quisieron obedecer...» (Estaba hablando de que los hijos de Israel no obedecieron a Moisés, y en este mismo momento en su mensaje, no estuvieron dispuestos a obedecer a Moisés, que era el portavoz de Dios). «...sino que lo repudiaron, y en sus corazones regresaron a Egipto» ( Hech.7:39 CSB ).

Regresaron a Egipto. Dios dijo: «No mires atrás. No mires atrás. No te detengas. No mires con anhelo. Lo que estás viendo no es lo que necesitas. No te salvará. No es bueno para ti. Pueden parecer placeres, alegrías. Puede parecer que estás sacrificando algo por darle la espalda, pero, realmente, lo que tenemos por delante, lo que Dios tiene para ti es inexpresable y más precioso, hermoso y bueno y más verdadero que cualquier otra cosa a la que le puedas decir, «no» para regresar a ella. No mires atrás. Recuerda a la esposa de Lot. No mires atrás.

Annamarie: Y tú, ¿quieres ser salva y libre, pero permaneces aferrada al mundo? Nancy DeMoss de Wolgemuth te ha estado mostrando el peligro de rechazar la gracia de Dios.

Este es el tercer programa en la serie titulada, «Acuérdate de la esposa de Lot». Para escuchar, leer o compartir estos programas, visitanos en AvivaNuestrosCorazones.com.

Nancy: Esa puede ser la noticia más aleccionadora que escuchemos hoy: Alguien morirá por su pecado. El hecho es que, o te apoyas en la muerte de Jesús para tu salvación, o morirás por tu pecado. Vamos a hablar más sobre eso en el programa de mañana. Regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Annamarie: Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth te recuerda la misericordia de Dios disponible en Cristo, este es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras han sido tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

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