Aviva Nuestros Corazones Podcast

El Padre Nuestro, día 31

Annamarie Sauter: ¿Quién es responsable por tu pecado? ¿A quién podrías culpar?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: No podemos culpar a Dios quien en ocasiones nos dirige hacia esas situaciones que Satanás usa para tentarnos. No podemos culpar a Dios, y tampoco a Satanás cuando fallamos en responder de una forma piadosa a la prueba. Satanás la usa para tentarnos y terminamos cayendo. ¿Quién es responsable entonces? ¿Dios por llevarnos a esa situación? ¿Satanás por tentarnos? No, nosotras somos responsables.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

La oración «El Padre Nuestro» que encontramos en el libro de Mateo, en el capítulo 6, hace que nos preguntemos muchas cosas. Por ejemplo, si oramos «no nos metas en tentación», ¿somos entonces decepcionadas por Dios cuando somos tentadas? Hoy Nancy explorará esta pregunta, como parte de la serie titulada, «El Padre Nuestro».

Nancy: Leí sobre un niñito que estaba tratando de ahorrar todo el dinero que podía para poder comprarse un bate de béisbol, pero él descubrió que no era fácil ser disciplinado en lo que se había propuesto. Una noche, al acostarse, cuando decía sus oraciones, la mamá lo escuchó decir fervientemente, «oh Señor, por favor ayúdame a guardar el dinero para el bate de béisbol. Y Dios, por favor no dejes que pase el heladero por esta calle». Lo que él estaba diciendo, en esencia, era: «No nos dejes caer en tentación. Yo quiero hacer lo correcto pero es difícil, así que Dios ayúdame».

Bueno, estamos tratando este asunto de la tentación. Jesús nos enseñó a orar, «no nos dejes caer en tentación mas líbranos del mal» (Mat. 6:13). Vimos en la última sesión que las pruebas y las tentaciones, ya sea la tentación a pecar o una prueba que Dios esté usando para probarnos pero que pudiera convertirse en una ocasión de pecar, son una parte inevitable de la vida cristiana.

Jesús mismo sabía lo que era ser llevado al lugar de la tentación. Él supo lo que era estar solo, tener hambre, ser humanamente vulnerable, como somos nosotras. Justo antes de comenzar Su ministerio terrenal, Él acababa de pasar por la tentación en el desierto que se relata en Mateo 4, y entonces pasa a lo que llamamos el Padre Nuestro.

Es parte de su primer mensaje registrado en los evangelios, y es justo el siguiente pasaje después que leemos que Él había sido tentado en el desierto por esos cuarenta días y cuarenta noches. Él soportó intensas e implacables tentaciones, creo que sin descanso de parte de Satanás.

Jesús enfrentó la tentación de frente, armado con la Palabra de Dios. Gloria a Dios, Él salió victorioso sobre cada dardo encendido que fue enviado contra Él. Veremos que eso nos da esperanza cuando enfrentamos nuestras tentaciones. Habiendo experimentado tentación Él mismo, Jesús nos enseñó a orar para que no fuéramos guiados hacia la trampa de la tentación.

Ahora, vimos en la última sesión que Dios nos prueba:

  • Para fortalecernos
  • Para probar nuestro carácter
  • Para mostrar de qué estamos hechas
  • Para mostrar dónde somos débiles
  • Para mostrarnos dónde debemos hacer cambios en nuestras vidas

Frecuentemente Satanás usa esas mismas pruebas para tentarnos a pecar. Satanás es llamado dos veces en el Nuevo Testamento el tentador. Él tentó a Jesús, y él nos tienta a nosotras a desobedecer a Dios, a dudar de Dios, a escoger nuestro propio camino en vez del camino de Dios.

Pero aunque hay un tentador y aunque existe tentación en este mundo, no podemos culpar a Dios, quien en ocasiones nos guía a esas situaciones que Satanás usa para tentarnos. No podemos culpar a Dios, y tampoco podemos culpar a Satanás cuando fallamos en responder de una forma piadosa a la prueba. De manera que terminamos en una situación de prueba. Satanás la usa para tentarnos. Caemos, y entonces ¿quién es el responsable? ¿Dios por llevarnos a esa situación? ¿Satanás por tentarnos? No, nosotras somos responsables.

Cuando terminamos cayendo en pecado, cuando terminamos diciendo «sí» a la tentación, cuando Dios dice, no pruebes la fruta y nosotras decimos, «sí lo haré», ¿quién es responsable? ¿La serpiente? ¿Dios por poner el árbol en el jardín? No, nosotras somos responsables.

No hace mucho tiempo hablé con una mujer que enfrentaba una enorme tentación a pecar moralmente. Ella había tomado malas decisiones, casi había destruido su matrimonio por eso. Se involucró en esta situación e hizo una serie de compromisos y terminó en una relación inmoral. Mientras ella me decía acerca de la situación, luego del hecho, me describía sobre cuando estaba siendo tentada al principio, y me contaba que la tentación era muy fuerte.

En su caso, ella había caído moralmente en el pasado muchas veces siendo aún una mujer joven, pero tenía años de estar actuando correctamente y de tener victoria moral. Pero al pasar los años terminó en esta situación. Era como la tormenta perfecta. El fósforo se encendió y ella cayó de forma significativa. Ella dice que cuando estaba siendo tentada inicialmente en esta situación, ella clamó a Dios por su gracia. Ella ya había estado en una situación similar antes y no quería terminar así; por lo menos eso creía. Ella pidió gracia y dice que se sintió tan impotente. Dice: «Sentí como si Dios me hubiera abandonado cuando estaba siendo tentada».

Así que terminó en esta relación inmoral. Antes de que Dios la llevara por el proceso de tratar con esto, atravesó una fase de culpar a Dios y de estar resentida con Él. «¿Dónde estaba Dios cuando yo estaba siendo tentada, cuando estos pensamientos lujuriosos estaban llenando mi mente y mi corazón y sentía que no podía escapar de ellos? ¿Dónde estaba Dios?» Terminó sintiendo como si Dios fuera de alguna manera responsable de llevarla a esta situación inmoral.

No es la primera vez que he escuchado esa historia. Ahora, tal vez esta situación que acabo de describir no es una tentación para ti, y no te relacionas con este tipo de ilustración. Quizás hasta piensas, «¿cómo puede alguien hacer eso?» Bueno te diré, piensa cuando tú eres tentada. Piensa en una temporada en que hayas estado en una situación donde sabías que había:

  • Algo que no debías hacer
  • Algo que no debías decir
  • Algún lugar al que no debías ir
  • Algo que no debías ver
  • Algo en lo que no debías involucrarte

Lo sabías, pero simplemente te sentiste abrumada por la tentación, «no puedo resistirme» es el sentimiento que todas hemos tenido en algún momento.

¿Es Dios responsable en esas situaciones? ¿O es Satanás tan poderoso que no podemos ganar, que no podemos tener éxito al tratar con la tentación? Necesitamos entender que la fuente de la tentación no se encuentra en la situación misma en la que Dios haya permitido que estemos, o que tal vez incluso nos guió a ella porque quería probarnos. Dios quería probar nuestra fe.

Pero no es de ahí que viene la tentación. La tentación realmente proviene o sale de los deseos que están dentro de nuestros propios corazones. La situación en la que estamos, la prueba, la tormenta perfecta, solo trajo esos deseos a la superficie y los expuso.

En la última sesión vimos en Santiago capítulo 1, déjame pedirte que vuelvas a Santiago 1, comenzando en el versículo 13 y podrás ver esto muy claramente. «Que nadie diga cuando es tentado soy tentado por Dios, porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él mismo tienta a nadie, sino que cada uno es tentado (tentado a pecar) cuando es llevado y seducido por…» ¿Qué? ¿Por Dios? No, Dios no hace eso. ¿Por Satanás? Bueno, Satanás está involucrado, pero ¿cuál es la fuente? Es seducido «por su propia pasión». Su propia pasión; «después cuando la pasión ha concebido da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte» (Sant. 1:13-15).

John Owen fue un teólogo puritano de los 1600, y él dijo: «Por fuerte que sea un castillo, si dentro reside un traicionero, el castillo no podrá mantenerse a salvo del enemigo. Hay traidores que ocupan nuestros corazones y están listos para afiliarse con cada tentación y rendirle todo». Ves, el castillo de nuestro corazón tiene un traidor viviendo dentro. Se llama mi carne, mis pasiones y deseos que quieren hacer lo que yo quiero hacer.

Hay ciertas situaciones que sacan esos deseos a la luz cuando me encuentro en ellas. Mi deseo conecta con la oportunidad. Ahora, hay ciertas cosas que no me tientan. Nunca he sido tentada a robar un banco. Algo que te tienta a ti puede que no me tiente a mí para nada; pero no estoy diciendo que nunca seré tentada en esa área. Pero generalmente, hay áreas donde yo soy tentada que para ti no significan nada.

¿Por qué es tan difícil? Porque tenemos nuestros propios deseos, lo que quiere decir que somos completamente responsables de ceder ante la tentación. Esa es la conclusión. No podemos culpar a nadie más que no sean nuestros deseos en nuestros corazones. Ese es el traidor, ese es el traicionero que reside dentro del castillo de mi corazón.

La tentación llega hasta el punto donde el deseo de nuestro corazón no está bajo el control de Dios. Ahora, esos deseos puede que no sean inherentemente pecaminosos. Puede que sea un deseo por algo que no es malo en sí mismo pero cuando no está bajo el control de Dios, se convierte en un ídolo.

El deseo de ser amada. No es un deseo pecaminoso. Pero cuando se convierte en una demanda, cuando permito que ese deseo se convierta en una demanda de ser amada y estoy dispuesta a satisfacerlo de maneras que están fuera de los límites de los mandamientos de Dios y su permiso, entonces eso se convierte en un deseo pecaminoso. Se convierte en lujuria, algo que tengo que tener y que lograré a cualquier precio. Ahí es que nos volvemos vulnerables, cuando tenemos deseos que no están bajo el control de Dios.

Entonces hemos visto que somos completamente responsables. En segundo lugar, necesitamos reconocer que Dios gobierna la extensión y la intensidad de las pruebas de Satanás. Satanás no puede empujarnos, urgirnos, movernos, hacernos temblar ni tentarnos más allá lo que Dios le permite hacer.

¿Recuerdas la historia de Job? Cuando lees en Job 1:9: «Respondió Satanás al Señor: ¿Acaso teme Job a Dios de balde?» En esencia él dice que Job es un amante pagado. Así que Satanás dice:

«¿No has hecho tú una valla alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene, por todos lados? Has bendecido el trabajo de sus manos y sus posesiones han aumentado en la tierra» (claro que te ama).

«Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, verás si no te maldice en tu misma cara. Entonces el Señor dijo a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu poder; pero no extiendas tu mano sobre él» (vv. 10-12).

¿Recuerdas cómo con ese permiso Satanás fue y le quitó a Job todo lo que tenía?

Luego Dios extendió ese permiso aún más. Le dijo: «Puedes tocar su cuerpo. Puedes tomar su salud». Pero nota que Satanás nunca fue más allá de lo que Dios le permitió hacer. Dios gobierna la extensión y la intensidad de las pruebas de Satanás.

Jesús le dijo a Simón Pedro en Lucas 22:31: «Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para zarandearos como a trigo, pero yo he rogado por ti para que tu fe no falle». Satanás tuvo que ir donde Jesús y pedirle, ¿puedo tentar a Pedro? Jesús gobernó y determinó y controló la extensión a la que Pedro podía ser tentado o probado por Satanás.

Por eso tenemos ese conocido versículo en 1 Corintios 10 que dice: «Dios no permitirá que seas tentado más allá de lo que puedas resistir» (v.13). Él determina la extensión y la intensidad a la que tú puedes ser tentado. Eso debe animarte cuando enfrentes la tentación; el saber que Satanás no puede ir más lejos de lo que Dios determina. Dios ha puesto un límite a su tentación.

Ahora, habiendo dicho eso, necesitamos reconocer que no podemos resistir la tentación en nuestras propias fuerzas. No tenemos la fuerza en nosotras mismas para decir «no» al pecado. Esta petición en el Padre Nuestro, el hecho de que esté en el Padre Nuestro, «no nos dejes caer en tentación», es un reconocimiento de que necesitamos ayuda. No podemos protegernos a nosotras mismas de la tentación. No podemos guardarnos de pecar y del maligno.

Este es un grito desesperado. Es un clamor de dependencia. Somos débiles pero Él es fuerte. Por eso Pablo le dijo a los Efesios: «Fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza. Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo» (Ef. 6:10-11). Necesitamos Su ayuda. Necesitamos Su gracia.

Recuerdas ese conocido y maravilloso himno de Martín Lutero, «Castillo Fuerte es Nuestro Dios», y esa estrofa que dice:

Nuestro valor es nada aquí, con él todo el perdido. Mas por nosotros pugnará, de Dios el Escogido. ¿Sabéis quien es? Jesús, el que venció en la cruz, Señor de Sabaoth, y pues Él solo es Dios. Él triunfa en la batalla.

No podemos ganar la batalla por nosotras mismas. Ni siquiera lo intentes, porque cuando tratamos estamos diciendo, «Señor, puedo manejar esto sin Ti». Algunas veces me pregunto si Dios no dice: «¿Quieres tratar? ¿Crees que puedes sin Mi? Pues adelante. Veamos que tan lejos llegas». Sabemos que no podemos llegar muy lejos sin fallar.

Pero aquí está la buena noticia: Aunque nosotras no podemos resistir por nosotras mismas, Dios es capaz de guardarnos de caer en pecado. Él es capaz. Tan solo eso debe ser algo que nos anime y nos fortalezca cuando estemos en medio de la tentación, cuando estemos luchando con esa lujuria y esos deseos tan fuertes de nuestro propio corazón.

Algunas veces tú sabes que Dios no quiere que digas eso que vas a decir. Él no quiere que vayas a ese lugar. Él no quiere que comas eso. Él no quiere que veas eso. Es como si le dijeras a tu niño de dos años, «no lo hagas». Y eso es exactamente lo que él quiere hacer. Le dijiste que podía tocar cualquier otra cosa en la habitación, pero no puede tocar eso. ¿Hacia dónde se dirige él entonces? Su deseo es tocar esa única cosa que le dijiste que no podía.

Algunas veces tenemos estos impulsos sumamente fuertes y poderosos que nos urgen a hacer lo que sabemos que no debemos hacer. En medio de eso, recuerda: Dios es capaz de guardarte sin caída. No tienes que caer. No tienes que ceder a la tentación.

Me encanta ese versículo en Judas. Es el versículo 24, donde las Escrituras dicen: «Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída y para presentaros sin mancha en presencia de su gloria con gran alegría». Me encanta ese versículo porque eso es lo que yo anhelo. Quiero un día mirar de frente al Señor Jesús, estar en presencia de Su gloria con gran gozo. Yo sé que Dios es capaz de hacerlo. Él es capaz de guardarme sin caída y presentarme sin culpa.

Ahora, también es motivador recordar que Dios siempre provee lo necesario para que Sus hijos resistan la tentación. Dios siempre provee lo necesario para que Sus hijos resistan la tentación. Primera a los Corintios 10:13 dice: «Fiel es Dios» y continúa diciendo, «que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla».

Dios siempre provee. Él promete una ruta de escape. Ahora esa ruta de escape puede ser la gracia para permanecer. Dios ha provisto la forma de que nosotras obtengamos la victoria sobre la tentación. Necesitamos reconocer nuestra necesidad de Su protección, clamar por su gracia, y cooperar con Él en resistir al maligno y huir del pecado.

Ves, el Padre Nuestro, y hemos visto esto a través de este estudio, no es solo una forma de orar. Es una forma de orar que debe determinar para nosotras una forma de vivir. Es una forma de pensar, una forma de abrazar la vida. No podemos orar de esta forma, y no oraremos de esta manera si no tenemos un deseo de ser libradas del pecado.

Así que la pregunta no es solo si voy a orar, «no me dejes caer en tentación mas líbranos del mal», sino ¿realmente quiero ser librada del mal? ¿Realmente quiero agradar a Dios? ¿Realmente quiero ser pura? Esta petición implica un compromiso de permanecer libre de pecado, no solo orar de esta manera sino también de vivir así; hacer todo lo que podamos para evitar la tentación. Sería necio e hipócrita orar de esta forma y luego conscientemente colocarme en el lugar donde sé que probablemente seré tentada.

¿Eres tentada a gastar de más? Corta tus tarjetas de crédito. No te des ocasión para pecar. Ahora, tal vez las tarjetas de crédito no sean un problema para ti. Puedes usarlas. Puede que seas disciplinada con ellas, y que cada mes pagues lo que debes. Tal vez esta no es una tentación para ti. Así que usa tu tarjeta de crédito si lo necesitas.

Pero si es una tentación para ti gastar dinero que no tienes, y deshonrar al Señor con tus hábitos de consumo, entonces quita todo lo que te dé la ocasión de pecar. No vayas a centros comerciales si eso es lo que se requiere para que seas disciplinada en esa área de tu vida.

¿Te tienta visitar sitios en tu computadora que no deberías? Entonces no pongas tu computadora en tu habitación donde nadie más puede verte. Ponla en la sala de estar. Tenla donde otras personas puedan verte y asegúrate de que alguien más tenga tu contraseña.

Dile a tu mentora o a tu pareja o a alguno de tus hijos, «te doy permiso de ir y ver dónde he estado» si eso es una lucha para ti, si es un área de tentación. No alimentes la tentación al ponerte en situaciones donde serás más propensa a ser tentada y más vulnerable a caer.

Tal vez eres una mujer soltera y te encuentras tentada a ser egoísta, a ser solitaria, consigue una compañera de cuarto. Haz lo que tengas que hacer para manejar la tentación. Puede que te sientas tentada a involucrarte emocional o físicamente con un hombre casado en tu trabajo. No pienses que esto no sucede todo el tiempo entre mujeres cristianas. Escuchamos estas historias después de que el hecho ha sido cometido, o de sus parejas después del hecho, a través de Aviva Nuestros Corazones una y otra vez.

¿Qué haces cuando este sentimiento, este deseo por esta persona se levanta? He escuchado mujeres casadas decir, «nunca pensé que tendría un deseo por otra persona aparte de mi esposo». Pero las encuestas se han hecho y aún entre mujeres cristianas se ha encontrado que la mayoría de las mujeres en algún punto de su vida de casadas sienten una fuerte atracción hacia un hombre que no es su esposo.

Ahora, hay muchas razones por las que esto puede pasar. Pero el hecho es, cuando pasa, ¿qué haces? No lo alimentes. No lo enciendas. No envíes un correo diciendo, «estaba pensando en ti». No te detengas en su oficina innecesariamente. No salgan a comer juntos. No lo llames. No alimentes tu carne.

Si hay un deseo ahí tienes que decir, «¿sabes qué? soy una hija de Dios. No quiero terminar donde sé que esto me va a llevar, que es a pecar contra Dios. Así que por la gracia de Dios, pondré ciertas barreras de protección en mi vida, ciertos límites y rendiré cuentas».

Si estás luchando con ese tipo de deseo en tu corazón o cualquier otro tipo de tentación abrumadora, llama a una amiga, a una mujer piadosa y madura; no llames a otro hombre casado. Dile a tu amiga: «Estoy luchando con esto. ¿Orarías por mi?» Muchas veces solo se necesita decirlo.

Ahora, no vayas a decirle a ese hombre que estás luchando de esa forma. Eso sería una necedad de tu parte. Pero debes encontrar una mujer cristiana madura y decirle, «esto es una lucha en mi vida» y una vez lo saques a la luz, te sorprenderás de cómo la fuerza y el poder de esa tentación serán relegados.

Charles Spurgeon dijo: «Cuando un hombre carga una bomba en su mano, él debiera considerar no acercarse a una vela. Y tú también, debes cuidarte de no entrar en tentación». Mientras estemos en este mundo, enfrentaremos tentación, del mundo, del diablo, nuestros propios deseos pecaminosos que nos presionan.

Entonces, ¿qué hacemos? Necesitamos ponernos de acuerdo con Dios. «Señor, antes que nada, yo sé que soy completamente responsable cuando cedo ante la tentación. No puedo culparte, Dios, y no puedo culpar a Satanás. Yo tomé la decisión». Y me pongo de acuerdo con Dios, «Señor, Satanás no puede tentarme más allá de lo que tú permites. Él no puede pasar ese límite, que tú has establecido».

Luego confieso, «Señor, no puedo resistir el pecado y la tentación por mí misma, a menos que tú me protejas y me libres, probablemente voy a caer. Te necesito. Necesito tu gracia. Señor reconozco por fe que Tú eres capaz de guardarme de caer en pecado. Te agradezco que siempre provees una forma de que yo resista la tentación. Has provisto una vía de escape, ayúdame a verla y ayúdame a usarla».

Luego reconocemos que tenemos que tomar decisiones diarias prácticas para evitar situaciones donde sabemos que seremos tentadas. «Señor conocemos nuestra fragilidad, y porque no queremos deshonrarte, ni a tu nombre de ninguna manera, te pedimos, oh Dios, por favor no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal. Oro en el nombre de Jesús, amén».

Annamarie: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth, ayudándonos a entender mejor la frase, «no nos metas en tentación». Esa enseñanza es parte de la serie titulada, «El Padre Nuestro».

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La tentación es real, es peligrosa, y necesitamos aprender a prepararnos para enfrentarla. Nuestro equipo ha desarrollado un recurso basado en las enseñanzas de esta serie, para ayudarte a profundizar en ellas. Por treinta días leerás devocionales que incluyen preguntas para ayudarte a aplicar la enseñanza a tu vida. Se trata del folleto digital, «Devocional de 30 días: El Padre Nuestro».

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Tienes un enemigo real y peligroso, pero no tienes que vivir con temor; solo necesitas orar. Escucha más sobre esto, mañana, en tu próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

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