Aviva Nuestros Corazones Podcast

El Padre Nuestro, día 32

Annamarie Sauter: Escucha una historia que te ayudará a entender una gran verdad:

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Bobby Leach era un acróbata de circo quien hacía malabares peligrosos. Vivó en Inglaterra a inicios de los 1900. Exitosamente sobrevivió muchos retos peligrosos, incluyendo el pasar por las cataratas del Niágara en un barril.

Sobrevivió todo tipo de malabares, pero años después, mientras estaba caminando por la calle, se resbaló en una cáscara de naranja, y fue a dar al hospital con una pierna fracturada.

La pierna se le infectó. Tuvo que ser amputada, y dos meses después, murió en el hospital; ¡después de haber sobrevivido a tantas cosas que hizo como acróbata!

Cuando leí la historia pensé, «sabes, de alguna forma esto es una viva ilustración de la vida». Algunas veces sobrevives las tentaciones más grandes, las cosas como las cataratas del Niágara, que sabes que son peligrosas; y después en un momento de descuido, cuando no estamos viendo, cuando no estamos siendo cuidadosas, una cosita insignificante puede ser la causa de nuestra caída.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Al Nancy continuar en la serie titulada, «El Padre Nuestro», ella nos mostrará por qué necesitamos permanecer en guardia. Caer en tentación puede suceder así como un acróbata cae con una cáscara de naranja.

Nancy: Esto es un recordatorio de que nunca estaremos en una posición en la cual no necesitemos de la protección de Dios contra el pecado, nunca. Por lo tanto, Jesús nos enseñó a orar: «Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal» o «líbranos del maligno» (Mat. 6:13).

Por cierto, de qué es que pedimos que nos libre, ¿del mal o del maligno? Bueno, los comentaristas no lo saben. Creo que es de las dos cosas; es todo lo que es malo, cualquier tipo de maldad, lo que está en juego aquí. La maldad en nuestros corazones, la maldad en este mundo, y Satanás, quien es el autor de la maldad.

Así que primero oramos para no ser tentadas, «no nos metas en tentación»; pero si Dios nos permite ser tentadas, que podamos ser rescatadas del pecado y del maligno.

Algunas de ustedes están familiarizadas con la oración de Jabes. En 1 de Crónicas 4, Jabes oró cuatro cosas; hizo cuatro peticiones en esa oración. Pero la que se relaciona directamente con lo que estamos hablando es cuando él dice: «¡Oh (Dios) si… y me guardaras del mal para que no me cause dolor!» (v.10)

Y me encanta la siguiente frase: «Y Dios le concedió lo que pidió». Me pregunto cuántas de nosotras caemos en el mal, y esto causa a otros y a nosotras mismas un gran dolor porque nunca le pedimos a Dios que nos librara del mal. No oramos.

No decimos, «Señor, no puedo hacer esto sin ti. Te necesito. Ayúdame. Ayúdame a tomar las decisiones correctas. Ayúdame a no hacer pequeñas concesiones. Oh Dios, que Tú me guardes del mal, para que no me cause dolor».

Este es uno de los deseos más frecuentes en mis peticiones de oración para mi propio corazón: «Señor, guarda mi corazón. Guárdame del mal. Guárdame de pecar».

El salmista oró de esta manera también en el Salmo 119:133: «Afirma mis pasos en tu palabra, y que ninguna iniquidad me domine». ¿Es esta la oración de tu corazón? «Señor, no quiero que ningún pecado tenga dominio sobre mi vida».

Esta palabra líbranos, de la frase, «líbranos del mal», es una palabra fuerte. Significa «sacar con fuerza, con violencia, arrastrar, empujar». Habla de librar o halar algo o alguien de peligro o calamidad, liberar. Líbranos, cuán a menudo necesitamos que Dios nos libre, Señor me estoy deslizando, me caigo, estoy en arena movediza, no puedo, mi mente, mis deseos, estoy atrapada por esta tentación. Señor líbranos del mal, líbranos de tentación. Es una oración intensa. No hay un punto cuando no necesitemos esta oración, necesitamos orar perpetuamente por protección contra la tentación y el enemigo.

Necesitamos liberación del mal y del malo no solo una vez, no solo cuando somos adolescentes, jóvenes, recién casados, sino que una y otra vez, a lo largo de la vida necesitamos liberación.

Te preguntarás, «¿habrá un punto en el cual yo ya no necesite orar más? ¿Llegaremos a un punto donde no necesitemos esta oración?»

He escuchado a personas ancianas hablar acerca de sus batallas con las tentaciones, batallas con los deseos pecaminosos. Ahora, mientras más ames a Cristo y mientras más crezcas en tu relación con Él, más protegida estarás de esos deseos. Pero mientras estemos en la carne, mientras vivamos en este mundo, mientras haya un diablo suelto, será necesario que oremos esta oración.

¿Recuerdas cuando Jesús fue tentado por Satanás en el desierto durante cuarenta días? El relato de Lucas (4:13) nos dice: «Cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se alejó de Él» (de Jesús) … pero la oración no termina ahí; dice que «se alejó de Él, esperando un tiempo oportuno». Pensamos en la tentación de Jesús y pensamos en esos cuarenta días. Pero no fueron solo esos cuarenta días. Eso fue súper intenso, pero Él superó la tentación, y después comenzó su vida y su ministerio terrenal.

Pero creo que nosotras asumimos que nunca más fue tentado; pero Él fue tentado de nuevo. Satanás lo dejó por un momento, «esperando un tiempo oportuno». ¿Cuál sería el tiempo oportuno? No lo sé, pero sabemos seguramente que quizás fue en el Huerto de Getsemaní cuando Satanás llegó de nuevo, y probablemente a lo largo de su vida y de su ministerio aquí en la tierra también.

Hasta que Satanás no sea desterrado para siempre en el abismo no cesará en sus esfuerzos de hacer guerra contra los santos. Por cierto, tiene un interés en hacerte caer si eres una hija de Dios, porque cada vez que una hija de Dios peca, trae una mancha, un mar de reproche al nombre de Dios, y hace que los enemigos de Dios, se rían, se burlen, para perpetuar su incredulidad.

Nunca hay un tiempo en este lado del cielo cuando podamos bajar la guardia o ser menos vigilantes en nuestra batalla contra el mal o el maligno. Satanás viene, una y otra vez a tentar aún a los cristianos más maduros y consagrados. Y aun cuando Dios nos libra una y otra vez mientras oramos continuamente Padre líbranos de tentación, no pienses que hay alguien que no necesite de esta oración.

No pienses que tu pastor no lo necesita. No pienses que algunos líderes cristianos que conoces son tan santos que no necesiten orar por esto.

Tú dirás, «sí, claro, tú batallas con esos pecados, tú debes ser librada del maligno, pero seguro ellos no batallan con esos deseos».

Escucha, tú no vives conmigo. No vives en mi corazón. No conoces las ocasiones, donde soy sentada, aún estudiando la Palabra, preparándome para enseñar Aviva Nuestros Corazones…

En una ocasión en particular, una noche en particular, no hace mucho tiempo, te digo, ¡mi mente y mis pensamientos estaban siendo bombardeados! No estaba en ese momento siendo tentada a tener un amorío, a cometer adulterio, a robar un banco, es decir, no estaba siendo tentada a pecar de una manera atroz, o evidente, pero sí estaba siendo bombardeada con múltiples tentaciones a dudar de Dios, a dudar de mi llamado, a deshonrar a Dios con mis respuestas.

¡Estoy tan consciente de que estoy en una batalla mientras me preparo para estudiar la Palabra de Dios, mientras me preparo para enseñar esto a otras mujeres! No pienses que hay alguien que no necesite orar esta petición repetidamente, «líbranos del mal». Hasta que estemos libres de este cuerpo de pecado y de la presencia del pecado, cuando estemos en el cielo en la presencia de Cristo; hasta ese momento nunca seremos inmunes a la tentación o a la posibilidad de caer. 

Nunca somos invencibles, a no ser por el poder y la maravillosa gracia de Dios que nos guarda. Es por eso que el apóstol Pablo dijo lo que les dijo a los Corintios mientras reflexionaba acerca de los israelitas y en las formas en que pecaron. Leemos la historia y pensamos, «¿cómo pudieron hacer eso? ¿Por qué actuaron de esa manera?»

Pablo dice, para todo aquel que piense que está por encima de esto, ¿crees que estás por encima de pecar de esta forma? ¿Acaso crees que nunca pecarías de esta manera? «Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga» (1 Cor. 10:12).

Y después dice inmediatamente, dos versículos después: «Por tanto, como cristianos, amados míos, huid de la idolatría» (1 Cor. 10:14).

Esos santos del Antiguo Testamento eran idólatras. Y nosotras decimos, «¿cómo pudieron adorar todos esos ídolos? ¿Por qué habrán hecho eso?»

Pero el versículo dice: tú, «huye de la idolatría». Tu corazón es tan susceptible y tan vulnerable que hace que te conviertas en un adorador de ídolos. Puede que tus ídolos sean diferentes a los de ellos, pero, al igual que ellos, «huye de la idolatría».

Si crees que no eres una candidata para la idolatría u otro tipo de pecado que Pablo menciona en ese texto, porque hay varios.

¿Crees que no eres una candidata? Es mejor que estés alerta, porque eres más propensa a caer si crees que estás firme. Nunca pienses, nunca digas, «eso no me pasará a mí. No seré tentada en esa área. Puedo tomar esa decisión. Puedo acercarme lo más que pueda. Puedo salirme del carril por aquí o por allá porque no voy a ser tentada en esa área».

¡No pienses así de ningún pecado! Necesitamos reconocer nuestra propia debilidad. Voy a pedirte que vayas en tu Biblia al Evangelio de Lucas, al capítulo 22. Quiero que veas el progreso de la tentación y los medios que Dios nos ha dado para vencerla; cómo nos libra del maligno.

Empezando en el versículo 31; Jesús le dice a Pedro que será sacudido por Satanás, que sería tentado a negar a Cristo. Después en el versículo 33 dice: «Y Pedro le dijo: Señor, estoy dispuesto a ir contigo tanto a la cárcel como a la muerte».

¿Qué es lo que está diciendo Pedro? «Señor, no te negaré». Jesús justo le acaba de decir, «Satanás te sacudirá. Te va a probar, Pedro, y serás tentado a negarme». Pero Pedro le contesta, «no me pasará eso a mí, estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y a la muerte».

En ese punto, él se vuelve vulnerable, porque no reconoce sus propias debilidades. Él pensó, «no voy a caer ahí».

Ahora, Pedro no solo es arrogante. Creo que él realmente pensó… es decir, de forma arrogante, pero creo que él realmente se lo creyó; y creo que nosotras mismas pensamos así mismo en muchas áreas de nuestra vida.

«Puedo jugar con eso; puedo coquetear con aquello; puedo mandarle este correo a esa persona. No voy a terminar atada emocionalmente». Amigas, no conocemos nuestros corazones si pensamos de esta manera.

En el versículo 34, «Jesús dijo: Te digo, Pedro, que el gallo no cantará hoy hasta que tú hayas negado tres veces que me conoces.

«Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga».

Para protegernos del pecado necesitamos estar en constante dependencia de Cristo, mirarlo a Él constantemente, pedirle constantemente que nos guarde de caer. Fuera de la gracia preservadora de Dios, no hay nadie que sea inmune de caer en los peores pecados imaginables.

Al continuar en este pasaje de Lucas, vemos que la oración es el arma clave en nuestra guerra contra el pecado y Satanás. Estamos estudiando el Padre Nuestro, donde Jesús nos enseñó a orar, «líbranos del mal».

Jesús oró por nosotros. Lo vemos en Juan 17:15. Donde Jesús le dice a Dios: «No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno».

Jesús oró por nosotras. El oró, «Dios, protégelos del maligno». La oración es un arma para esta guerra. Jesús le dijo a Pedro en Lucas 22:31-32: «Satanás os ha reclamado … pero yo he rogado por ti para que tu fe no falle».

Necesitamos orar esta petición por nosotras mismas, y lo vemos ilustrado aquí en Lucas 22. Pedro le dijo al Señor, «estoy listo para ir contigo a la cárcel y hasta la muerte». Pero Jesús le dijo, «me negarás».

Un poco después, dos párrafos más adelante, Jesús va al Monte de los Olivos. Miren el versículo 40: Cuando llegó al lugar, les dijo: (a los discípulos) «Orad». Ahora, Él ya le había dicho a Pedro, «he rogado por ti».

Ahora les dice, «oren ustedes mismos. Oren para que no caigan en tentación». Versículo 41: «Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra, y poniéndose de rodillas, oraba».

Jesús oró por ellos, les dijo que oraran. Sabía que había una batalla contra Satanás esa noche. Así que Jesús se fue y se puso de rodillas y oró.

Ahora vamos al versículo 45: «Cuando se levantó de orar, fue a los discípulos y los halló»… ¿Qué, orando? ¿Qué los encontró haciendo? Los encontró «dormidos a causa de la tristeza, y después les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos y orad» (v. 46).

Antes de dejarlos, les dijo, «oren». Cuando Él regresó, dijo, «orad para que no entréis en tentación».

«No nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal». Es algo que tenemos que estar orando todo el tiempo.

Ahora, veamos el contraste de esta escena entre Jesús y los discípulos. Jesús, justo bajo el fragor del fuego mientras Satanás estaba tratando de arruinar todo el plan de redención, se mantuvo alerta y en oración. Él oró.

¿Crees que no estaba cansado? ¿Crees que no estaba afligido? Él era un hombre. Tenía las mismas emociones, las mismas necesidades físicas que nosotras; pero Él se mantuvo alerta, velando, y en la batalla y venció al maligno y estuvo fortalecido para hacer la voluntad de Dios, tan difícil como haya sido todo aquello.

Los discípulos en cambio, durmieron cuando debían estar orando. ¿Y qué fue lo que pasó? Pronto cayeron en la tentación porque no estaban alerta ni velando. Cayeron en tentación.

Así que déjame decirte, la oración debe ser un estilo de vida, no se trata tan solo de orar el Padre Nuestro en la iglesia cuando lo reciten en voz alta. Por cierto, no veo nada de malo en que se haga esto. Creo que se debe de orar más seguido, así de manera corporativa.

Pero, esta es una oración que debe ser nuestro aliento y nuestra vida y debe permanecer en nuestra conciencia todo el tiempo. Aprendiendo a clamar a Él, a clamar a Él antes de ser tentadas, «Señor, no me lleves a lugares donde pueda yo ser tentada a pecar contra Ti, o que pueda ser tentada más allá de mis habilidades».

A orar antes de ser tentada, a orar cuando estés en medio de la tentación.

Ahora, cuando estamos en medio de ser tentadas, muchas veces lo último que hacemos es pensar en la oración. Más bien, pensamos en lo que queremos, esa persona que queremos, la relación que queremos. Pero es ahí donde tenemos que disciplinar nuestra mente y nuestro corazón para estar orando sin cesar. «Señor, líbranos del mal».

Así que, ora antes de ser tentada, ora cuando estés en medio de la tentación y ora cuando caigas presa en tentación. Cuando hayas caído en tentación y hayas tomado las decisiones incorrectas, ora.

A veces es un tiempo difícil de orar porque nos sentimos tan mal. Nos sentimos como, «¡lo eché todo a perder...lo hice mal!»

Sí, lo hicimos mal, lo echamos todo a perder, pero es el tiempo de orar, «Señor, líbrame del mal. Él ha apresado mi corazón, se ha convertido en una fortaleza en mi vida, pero soy Tu hija, y quiero ser restaurada. Quiero estar bien contigo».

Quiero decirte, que la hija de Dios que no está orando por liberación del mal es vulnerable a caer presa del maligno. Si no oras, terminarás siendo presa de la tentación. Ora para que seas librada del mal, o serás presa del maligno.

La oración es la clave para la protección de la tentación, no solo para nosotras mismas sino también para aquellos que amamos y los que están en el cuerpo de Cristo, de manera colectiva. Hemos hablado repetidas veces durante esta serie del aspecto y la dimensión corporativa de esta oración. Todos los pronombres están en plural no nos metas en tentación mas líbranos del mal.

Esta oración alcanza más allá de mí y de mis necesidades y mis luchas, y llega a abrazar a otros. Estamos llamadas a orar por la protección espiritual de otros en el cuerpo.

Cuando un miembro de tu familia o del cuerpo de Cristo en tu iglesia; cuando esa persona cae en tentación o en las garras del maligno, todos nos dolemos, todos somos afectados, y la causa de Cristo es afectada.

Ahora, cuando observamos pecado en la vida de otro creyente, ¿cuál es nuestra tendencia natural? Lo señalamos, lo hablamos con otra persona o lo criticamos. Pero de acuerdo a 1 Juan 5:16, cuando un hermano o hermana está cometiendo pecado, ¿qué es lo primero que debemos hacer? Orar por ellos.

Después hay un tiempo donde vamos con ellos, para confrontarlos; pero ora por ellos. Creo que interceder los unos por los otros es un componente enorme de todo este proceso de ser liberados del pecado.

Necesito gente que esté orando por mí para la liberación de mis pecados y del maligno. Ellos necesitan que yo ore por ellos. Mi familia necesita que yo esté orando por ellos. Nuestro ministerio, nuestro equipo, necesita que ore por ellos, y yo necesito que ellos oren por mí.

Necesito que nuestros radioescuchas oren por mí, y yo oro por mis oyentes: «Señor protégenos, líbranos del mal».

Lo que quiero decir es que tenemos una responsabilidad mutua, los unos por los otros. Amigas, esta es una oración familiar. Estamos en esto todos juntos. Necesitamos estar orando los unos por los otros.

Quiero llevar esto tan lejos y decir que otros creyentes están en nuestro círculo, en nuestra esfera de influencia. Si ellos continúan en la esclavitud del pecado, y nosotros que vemos el problema no hemos sido fieles en orar por ellos, en cierto modo somos responsables por su condición.

¿Entiendes eso? Somos responsables los unos por los otros. Estoy tan agradecida por aquellos que oran por mí, aquellos que están orando por mí en el día de hoy, mientras enseño este estudio, y por los que orarán por mí después de la enseñanza.

Ellos saben que estaré enfrentando la «batalla después de la batalla», y me van a levantar delante de Dios y van a decir, «Señor, sé que ella es vulnerable. Se entregó a ti totalmente pero está cansada; la podrías proteger del maligno?»

Necesito esa clase de gente. Tú los necesitas. Nos necesitamos mutuamente.

No hace mucho recibí una nota de parte de una de nuestras oyentes. Es alguien que no conozco y decía:

Queridísima Nancy,

Necesito compartir esto contigo. Tres días seguidos el Señor me pidió que orara por ti. Oro por protección de ataques espirituales que Satanás pudiera estar maquinando contra ti. Oro para que la armadura de Dios te proteja de todas las flechas venenosas del maligno…ella terminó diciendo: Recuerda, Aquél que está en ti es mayor que aquél que está en el mundo. Amén!

¡Soy fortalecida cuando leo esto! Me fortalecen estas palabras de este correo, pero me fortalezco aún más por saber que ella está orando.

¡Y hay muchísima gente que está orando y no lo sé! No me escriben cartas diciéndomelo, pero Dios sí lo sabe. Dios está escuchando, y me pregunto cuántas veces he sido protegida de caer en pecado porque alguien más estaba orando por mí.

  • ¿Oras tú por el cuerpo de Cristo para que sea puro y para que obtenga la victoria sobre el maligno?
  • ¿Estás orando por tu esposo? ¿Por tus hijos? ¿Por tus amigos? ¿Por tus compañeros de trabajo?
  • ¿Oras esto por tu pastor?
  • ¿Oras esto por los líderes cristianos?

La mayoría de nosotras ha vivido lo suficiente como para ver a algunos de los líderes cristianos más conocidos comer polvo. Los hemos visto caer moralmente y espiritualmente, y todo mundo dice: «¡Oh que pena! ¡Que terrible!»

Sí, es una pena, ¡es terrible!, es trágico. Pero me pregunto cuánta gente alrededor está aún atrapada en patrones de pecado o en este momento están vulnerables a tentación porque tú y yo no hemos intercedido ante Dios por ellos.

Ora por tu esposo, dondequiera que esté en este momento. Digamos que trabaja en un ministerio cristiano, que es un hombre de Dios. Bueno, gloria a Dios, esa es una bendición. Pero tienes que orar que no sea tentado por el maligno. «Señor protégelo. Líbralo del maligno». Satanás está trabajando.

Ora por tus hijos al ir a la escuela; algunos de tus hijos quizás van a la universidad y están siendo expuestos a nuevos tipos de tentación; aún cuando no puedas imaginarte a lo que puedan ser expuestos, no necesitas saber, necesitas orar. «Señor, no los dejes caer en tentación. Líbranos, líbrame, libra a mi cónyuge, libra a mis hijos, libra a mis padres, libra a mi pastor, libra a Nancy».

Ora por mí mientras estás pensando en ello, «líbranos del maligno».

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth estará de regreso para orar con nosotras. Ella nos ha estado hablando acerca de lo más importante para nuestras vidas, el evangelio; y nos ha animado a orar, no solo por nosotras, sino también por el cuerpo de Cristo.

Quisiéramos compartir contigo el testimonio de una oyente, quien nos cuenta del avivamiento que Dios trajo a su vida, y a otros a su alrededor una vez hizo un hábito de la oración.

Nos cuenta que escuchando una de las series de Aviva Nuestros Corazones, Dios comenzó a traerle convicción de pecado a ella y a su esposo. Ambos comenzaron a orar por su matrimonio, y Dios los escuchó. Ella continúa diciendo:

«A la vez reconocimos que nuestra iglesia local no tiene una reunión de oración, así que mi esposo pidió permiso al pastor de la iglesia y ahora tenemos en nuestro hogar cada jueves en la noche una reunión de oración. Además, Dios me permitió en su gracia coordinar una cadena de oración de más de cien mujeres a favor de los hombres de nuestra comunidad, (Dios me convenció que debemos darle prioridad a los hombres en nuestras iglesias ya que cuando ellos ganan nosotras ganamos).

También, el Señor permitió que una conferencia de hombres se llevará a cabo, y trajo tal quebrantamiento en los hombres (incluyendo a mi esposo), que ahora la cadena de oración está más comprometida para seguir orando por los hombres este año.

Así que mis hermanas, doy Gloria a Dios. Él es quien ha hecho todo, estoy asombrada, maravillada por la obra milagrosa que Dios ha hecho en mi propio corazón y que ha afectado más allá de lo que me he podido imaginar. Gracias Nancy y todo el equipo de Aviva Nuestros Corazones por ser obedientes al compartir las verdades de la Palabra de Dios. Estoy muy emocionada de pasarlo a otras mujeres. Les amo, ¡les amo en el Señor! ¡Mi corazón rebosa!»

¡Qué alegría es para nosotros leer sus testimonios! Oramos que Dios despierte a muchas más mujeres, hombres e iglesias completas a la oración.

Bien, ahora oremos con Nancy para cerrar nuestro tiempo juntas.

Nancy: Gracias, Señor, que estás aquí y tú contestas las oraciones. Ayúdanos a ser fieles en levantarnos y clamar las unas por las otras, para no caer en tentación, y cuando hayamos caído en ella, aún cuando nos hayamos equivocado y lo hayamos estropeado todo, cuando hayamos caído en tentación, ayúdanos a clamar a Ti, «oh Dios, líbranos del maligno». En el nombre de Cristo Jesús oramos, amén.

Annamarie: Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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