Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

La historia de Vania

 Annamarie Sauter: Hay heridas que dejan fuertes marcas en nuestras vidas. Con nosotras Vania. 

Vania: Le tenía muchísimo enojo y rencor a su papá y a mi bebé, por ser hombre. Tenía dentro de mí mucho rencor.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura para hoy en el reto Mujer Verdadera 365 es 1 Corintios, capítulos 11 al 13.

Patricia: Hoy en Aviva Nuestros Corazones queremos compartir contigo otra historia de la fidelidad de Dios en el sufrimiento. Si te has perdido alguna de las anteriores, encuéntrala en AvivaNuestrosCorazones.com

En una de nuestras conferencias tuvimos la oportunidad de conversar con la mujer de la que estarás escuchando hoy. Su anhelo es que su historia sea de bendición para más mujeres que estén atravesando situaciones difíciles en sus vidas, y que sean animadas a buscar a Dios de todo corazón.

Y de paso quiero advertirte que si hay niños pequeños a tu alrededor, este es un buen momento para distraerlos y llevarlos a hacer otras actividades.

La vida de esta mujer no ha sido fácil, pero su anhelo es que Dios sea glorificado y confía en que –como dice la Escritura: «Sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito» (Rom. 8:28).

Vania: Hola, mi nombre es Vania, soy mexicana y tengo 27 años.

Todo empezó cuando yo estaba un poco más joven. Estaba en la universidad, tenía una actitud un poco rebelde, estaba desafiando siempre un poco a Dios pensando en la ciencia. Estudiaba ingeniería y biotecnología genética, toda esa situación de querer saber la verdad. Bendito sea Dios por la vida de mi prima. Ella tuvo la dicha de acercarse a Dios un poco antes, y me compartió lo que era Dios.

Patricia: Aunque estudiar y querer conocer más no es algo malo en sí mismo, proverbios 21:2 nos dice que «Todo camino del hombre es recto ante sus ojos, pero el Señor sondea los corazones». 

Vania escuchó lo que su prima compartió con ella, pero decidió vivir «a su manera» y se sentía satisfecha con sus logros. Sin embargo, no pasaría mucho tiempo hasta que comenzara a cosechar las consecuencias de sus decisiones.

Vania: Entonces tomé la mala decisión de empezar a salir con el que en ese momento era mi primer novio. Me enamoré por completo porque mi familia es cien por ciento disfuncional. Él me pidió que viviéramos juntos y yo me sentía completa porque tenía una beca de excelencia en el Tecnológico de Monterrey, porque tenía un novio que yo sentía que me amaba y me protegía, y me sentía plena.

Cuando teníamos cierto tiempo de noviazgo, quedé embarazada de mi hija Estefanía, que ahora tiene cinco años, y la amo con todo mi corazón. El embarazo fue complicado porque el papá de mi hija se dio cuenta que no era lo que quería. Así que me vi en la necesidad de ir a vivir con mi familia. En el embarazo tuve depresiones muy fuertes pero pude acercarme nuevamente a Dios.

Dios seguía tocando la puerta y diciéndome, «Vania, aquí estoy». Entonces yo me acercaba pero nunca, nunca tomé una decisión radical. Siempre fui tibia y hacía lo que me era más fácil, lo que no me hacía cambiar mi estilo de vida. Yo decía, «sí, sí, voy a orar, voy a creer en Él y voy a alabarlo, pero en mi corazón no estaba convencida de que Él era todo.

Cuando tenía nueve meses de embarazo –un embarazo muy sano a pesar de la depresión y la tristeza– el padre de mi hija fue a Chicago por mí, me pidió que regresáramos al lugar donde vivíamos con su familia, que empezaramos otra vez de cero. Él acudía a la iglesia y yo estaba muy esperanzada y tenía la intención de que Dios lo cambiara…error que ahora entiendo. En ese momento yo creía, «sí, Dios me lo mandó», y yo iba a hacer que él fuera una excelente persona. Pero el problema era que yo no le pedía por mí ni por mi corazón sino por él.

Patricia: Muy a menudo oramos para que Dios cambie a los demás, pero nosotras no estamos dispuestas a ser transformadas, y esto fue algo que Vania aprendió. Aunque las cosas parecían estar bien por un momento, ella enfrentaría fuertes aflicciones.

Vania: Sufrí muchísima violencia emocional, física y sexual; al punto que tenía vergüenza de hablarlo, de decírselo a alguien. Dejé de tener contacto con mi familia, le cerré las puertas de mi vida absolutamente a todas las personas y quedé embarazada por segunda vez. Esta vez mi embarazo fue de altísimo riesgo, tuve amenazas de aborto todo el tiempo. El padre de mis hijos se fue a vivir a otro país (gracias a Dios).

Yo estaba sola, estaba mucho más tranquila pero aún así el embarazo era muy complicado. Cuando él regresó a México yo tenía solo seis meses de embarazo y ya sabía que era un niño. Pero la verdad es que en mi corazón sentía mucho odio y rencor hacia él y hacia mi bebé. Entonces cuando él regresó tuvimos una pelea muy fuerte y tuvieron que interrumpir mi embarazo porque mi bebé estaba en sufrimiento y su vida estaba en peligro. Yo tenía solo seis meses de embarazo.

Cuando mi bebé nació, Dios volvió a tocar la puerta; y lo hacía cada vez más fuerte. Y yo era tan testaruda que no podía entender. Entonces mi bebé nació, tuvo muchas dificultades respiratorias, tuvo que estar hospitalizado. Estaba literalmente, sin ningún tipo de movimiento, sin ningún tipo de actividad cerebral. Los diagnósticos médicos eran terribles; me decían que no iba a durar mucho tiempo, que tenía que estar preparada, que tenía que ser fuerte porque era muy pequeño (950 gramos), algo terrible. 

Patricia: En medio del pecado y de profundo dolor, Dios seguía tocando a su puerta, y preservó la vida de su hijo.

Vania: Entonces tuve la bendición de conocer a un excelente doctor. El neonatólogo de mi bebé que era cristiano. En esa ocasión, Dios se acercó a mí más que nunca, más que nunca. Me dijo, «Vania, ven. Yo soy el camino, Yo soy la verdad, Yo soy la vida. Solo ven». Recuerdo que estando en el hospital era complicado porque los doctores me daban pésimos diagnósticos. Pero cuando este doctor se acercaba, me decía, «vamos a orar», entendí que no se trataba de invertir en doctores o en los mejores hospitales, se trataba de ponerlo todo en las manos de Dios.

Cuando Andi fue dado de alta, de una manera milagrosa, no tuvo ninguna complicación médica, no tuvo ninguna cirugía, ningún derrame. No tuvo absolutamente nada. A diferencia de todos los bebés que estaban al lado que estaban mucho más maduros y más grandes que él. Entonces la vida de Andrey desde que estuvo en mi vientre, desde su nacimiento hasta el día de hoy, es para la gloria eterna del Señor.

Patricia: Al momento de salir del hospital, y en vista de sus circunstancias, Vania tendría que tomar algunas decisiones importantes.

Vania: Cuando mi bebé fue dado de alta decidí escapar de ese lugar donde sufríamos tanto. Puse toda mi vida en las manos de Dios. Tenía muchísimo miedo porque al irme de ahí no tenía a dónde ir, no íbamos a tener casa, comida, nada. Era yo con mis dos bebés. Y por lo que mencioné antes de mi familia disfuncional, no podía correr a mi mamá, a mi papá, a nadie. Lo intenté, fui con mi mamá –a quien amo con todo mi corazón y espero que Dios toque pronto su corazón– pero cuando fuimos a su casa no pudimos estar ahí mucho tiempo.

Me vi en la necesidad de rentar una casa chiquitita, donde no teníamos ni siquiera una silla, y estuvimos ahí los tres. Le suplicaba a Dios que nos diera todo. Una anécdota muy curiosa que recuerdo, es no tener nada que comer, no teníamos coche ni ropa. Íbamos caminando al súper, solo para entrar y comer de lo que daban de degustación de alimentos, mis dos bebés y yo, por mucho tiempo.

El padre de mis hijos puso una demanda en mi contra, cosa que yo desconocía, y la juez me indicó que mis hijos debían tener convivencia con su papá. Mi hijo tenía tres meses de nacido, y era prematuro y tenía alergias terribles, broncoespasmos, debía tener su nebulizador todo el tiempo, era dependiente de oxígeno. Mi hija tenía ya dos años. Cuando la juez ordenó las convivencias su papá pasó por ellos a casa, le entregué una maleta, leche y todo lo necesario para esas horas y no los regresó. Eso fue muy doloroso para mí.

Pasaron tres meses, y bendito sea Dios, pude recuperar a mi hija Estefanía de dos años nada más porque Dios es maravilloso y porque pude saber en qué escuela estaba inscrita. Me dieron trabajo en esa escuela. Obviamente ellos no sabían nada de la situación de mi hija ni nada. En el momento que me dieron el trabajo mi plan era rescatar a mi hija en cuanto ella ingresara al colegio. Entré a dar clases en preescolar, kinder 3, y a la semana mi hija entró a clases porque estaba en maternal.

El primer día que la vi ella entró al salón y me reconoció, y gracias a Dios fui con la directora, le conté toda la situación, le enseñé que yo tenía guardia y custodia, que él se los había llevado; había una denuncia penal, todo lo legal que se puede hacer. Entonces ella me dijo, «vete, escapa por la puerta de atrás de la escuela y llévatela».

Pasaron ocho meses y no pude encontrar a mi bebé. Me sentí culpable por mucho tiempo porque yo le tenía enojo, le tenía muchísimo orgullo y rencor a su papá…y a mi bebé. Porque era hombre, tenía mucho rencor dentro de mí, por la manera en que había llegado a mí. Había tenido miedo de la manera en que él nació. Siempre tenía miedo de que muriera y me sentía incapaz de cuidarlo y con una responsabilidad enorme que Dios había puesto en mí, que me había regalado una bendición inmensa, pero no la podía dimensionar en ese momento. Después de muchos meses pude recuperar a mi bebé.

Patricia: En medio del rencor hacia los hombres, del gran sufrimiento y de la incertidumbre, el Señor hizo algo hermoso…

Vania: En mi congregación me dijeron, «Vania, en el momento que perdones al papá de tus hijos, que lo bendigas y pienses y sientas lo mejor para él, ese día Dios va a hacer justicia», y así fue. Lo recuerdo perfectamente. Era un 20 de noviembre. Llegué a casa quebrantadísima, mi hija ya estaba dormida. Había hablado con mi hermana unas horas antes, me puse en mis rodillas y empecé a bendecirlo a él y a su familia como nunca en la vida. Lo perdoné por completo.

Al día siguiente, estaba dando clases y recibí una llamada en donde habían encontrado al padre de mis hijos y había una orden de aprehensión en su contra, e iba directo a la procuraduría. Caí de rodillas y le di gracias a Dios y dije, «esto es increíble porque Tú respondes de manera inmediata». Corrí a la procuraduría sin creerlo, y ahí estaba él, pero no estaba mi bebé. Antes cuando lo veía, tenía ganas de vomitar, de hecho, no lo podía evitar, vomitaba, sangraba y muchas cosas físicas terribles, pero ese día que lo vi solo estaba orando por él, en verdad.

En unas pocas horas su abogada se acercó a nosotras y me dijo que le otorgara el perdón y ellos me regresarían a mi bebé. Al día siguiente nos quedamos de ver, después de tanto tiempo de no ver a mi bebé –tres meses. Ahora tenía año y dos meses, estaba enorme. Estaba dormido en los brazos de su abuela y cuando lo vi quería correr a abrazarlo y a besarlo. Pero no fue fácil, esas personas son muy difíciles.

En el primer momento que pude, fui y literalmente, se lo arrebaté de los brazos, Lo abracé, lo besé, y tuve que correr porque esas personas son violentas, querían quitármelo. Me pusieron contra la pared, el abuelo me amenazó, me dijo que jamás volvería a ver a mis hijos, que él se iba a encargar de quitármelos, que me iban a meter a la carcel, que iba a hacer lo que estuviera en sus manos –matarme– pero que jamás me perdonaría que hubiera metido a su hijo a la cárcel.

Entonces los policías y los que estaban allí me apoyaron y pude irme a casa con mi mamá. En casa estaba mi hermana, mi hija Estefanía, y gloria a Dios todo era felicidad, todo era maravilloso. Ese día le entregué por completo a Dios mi vida y la de mis hijos, y me rendí a Sus pies y sabía que Él era mi salvador y que era el único camino.

Patricia: Vania experimentó la libertad fruto del perdón—tanto al ser perdonada por Dios como al perdonar a su esposo. Ahora, aunque ya ella tenía nueva vida en Cristo, había otra área de su vida que Dios quería transformar.

Vania: Después seguí con mi actitud testaruda, no entiendo por qué. Ahora ya es distinto, pero en ese momento era el trabajo. Para poderles brindar una vida buena a mis hijos, quería trabajar en el mejor colegio, tener el mejor trabajo, para poder reponer el tiempo que no había estado con ellos y comprarles los juguetes, la ropa, todo lo que necesitaban. Yo pensaba que con las cosas materiales podría reponer ese tiempo que no estuve con ellos, ese dolor en sus corazones…y no fue así.

Patricia: Transcurrió un poco de tiempo y Vania comenzó a pensar que así como había sucedido en su vida, su esposo había sido quebrantado. Y un día recibió una noticia…

Vania: Su abogada me busca y me dice que la abuela de mis hijos está hospitalizada y está a punto de morir. Mis hijos tienen cinco y cuatro años. En los tres años no tuvimos ningún contacto con su padre y yo era una mamá protectora, hacía todo por ellos, y para ellos el padre es un extraño. Ellos se acercan y me piden que puedan convivir con su abuela, que se puedan despedir de ella y me conmueven.

Tontamente digo que sí, que estoy de acuerdo, y vamos al juzgado, hacemos un documento donde decimos que yo tengo guarda y custodia, que le presto a mis bebés unas horas para que se despidan de su abuela…establecimos toda la información de su alimentación, alergias. Hablo con mis hijos, los preparo emocionalmente, oramos y le pedimos a Dios que todo salga bien. El padre de mis hijos pasa por ellos, se los lleva y otra vez no los regresa.

Patricia: Vania no entendía lo que estaba pasando y decidió clamar una vez más a Dios y rendirse por completo a Él.

Vania:«Dios, ¿qué pasa? ¿Qué es lo que quieres de mí? Son tantas cosas que no sé si pueda soportarlas». Me pongo a orar y a escuchar a Dios…y ahora entiendo el propósito tan grande y la bendición tan grande que viene después de esto. Me imagino que hay muchísimas mujeres que están lejos de sus hijos en este momento y es un dolor enorme que no puedes describir. No puedes estar de pie porque sientes que se doblan tus rodillas. No puedes ver a ningún niño correr porque tienes ganas de correr, de gritar y de llorar.

Estás enojada con todo el mundo…y entonces…solo entonces es cuando sientes la presencia de Dios. Y es cuando te arrodillas y dices, «okay, ya entendí». Y viene el gozo, viene la fe. La fe inmensa, enorme. Quiero compartir esto porque hace dos días tomé la decisión de dejar todo, mi negocio –renuncié a él por completo. Renuncié a amistades que no aman a Dios, renuncie al trabajo, al estar todo el tiempo ocupada para no pensar en esa situación. Renuncié a estar presionando a mi abogado constantemente, a pasarme horas y días afuera de los juzgados. 

Entendí que solo debo aferrarme a Dios con todas mis fuerzas. Entendí que si buscas a Dios con todo tu corazón, ahí es cuando lo vas a encontrar. Quiero compartir esto con todas las personas porque si de verdad con todo su corazón y con toda la fe que tienen toman la decisión de dejarlo todo, son radicales sin importar las consecuencias –lo digo en serio para que se hagan una idea real de la situación. No tengo más de mil pesos conmigo, pero no importa. Ya renuncié a mi trabajo, no tengo coche, no sé lo que voy a hacer. Y entonces fue cuando dije, «Dios, Tú vas a decidir, vas a decidir a dónde voy, qué es lo que quieres de mí, y entonces vas a empezar a hacer de mí un instrumento tuyo, cien por ciento.

Patricia: Vania nos muestra cómo, para rendir totalmente su vida a Dios, ella decidió renunciar a todas las cosas materiales. Y en medio de todo lo que estaba sucediendo y de la separación de sus hijos, su prima compartió una invitación con ella.

Vania: Recibí la llamada de mi prima. Me invitó a Querétaro. Nos pusimos de acuerdo…

Patricia: En esta ciudad se llevaría a cabo la conferencia Mujer Verdadera 2017.

Vania: Llegué, ni siquiera sabía a dónde venía exactamente. A una conferencia. Mi tía que vive en Chicago estaba emocionadísima, ella sabía a qué venía, y fue cuando entendí todo lo que ha pasado en mi vida. Me siento lista, me siento con la fe más grande que jamás pude haber sentido, y esta fe deseo compartirla con todas las personas, con todas las mujeres que están tal vez pasando por agresión emocional, física o sexual, como pasé yo, y están tal vez lejos de sus bebés, en un proceso doloroso, no saben qué hacer…debemos tomar la decisión radical y confiar en Él. Pongo toda mi vida en Sus manos y sobre todo la vida de mis hijos. Me rompe el alma no saber nada de ellos, no saber qué está pasando, pero entonces pongo todo en las manos de Dios y que Él tome la mejor decisión. Que se haga justicia. Y sé que lo que Él elija será mucho mejor de lo que yo puedo imaginar. 

Patricia: Aunque enfrentaba un sufrimiento real, Vania comprendió que su mayor problema era su sed espiritual, y allí en la conferencia lo reconoció y le dijo al Señor:

Vania: «Me siento extremadamente sedienta de Ti. Y ahora entiendo que cuando estás tocando y tocando a mi puerta es para que yo busque Tu rostro y punto». Estamos enojadas porque no entendemos las razones de por qué a nosotras nos pasa tanto sufrimiento. Por qué nos sentimos enojadas con todas las personas y queremos gritar, «¡estoy inconforme, estoy triste y quiero que alguien me ayude y me abrace, que simplemente me escuche y me saque de esta situación! Entonces recuerdo lo de la conferencia.

Yo le reclamaba a Dios, estaba enojada con Él y le decía, «¿por qué otra vez te llevaste a mis hijos, por qué? Y entonces fue cuando dije, «era tan difícil, solo confía en Él, confía en que Dios es amor absoluto». Nosotros somos los que tomamos malas decisiones, los que somos necios y queremos pecar todo el tiempo. Y solo entonces es cuando buscamos, lo aclamamos con todo nuestro corazón, buscamos Su rostro, y Él nos recibe con los brazos abiertos, diciendo, «aquí estoy, espero que ahora sí te quedes cerca de Mí para siempre». Y así vas a conocer la maravilla que viene en tu vida.

Hay que ser muy fieles. Puedes leer las promesas hermosas de Dios, nuestras biblias son maravillosas y hermosas y perfectas para estos tiempos. Y entonces viene la enseñanza hermosa de Dios. Tengo plena confianza de que pase lo que pase –no sé qué va a suceder– sé que es muchísimo mejor de lo que yo podría hacer.

Patricia: Esta historia que has estado escuchando, una historia de perdón y rendición, forma parte de una historia mucho más grande: La historia de la redención. Y esta redención fue hecha posible por la cruz de Cristo, en la cual Su cuerpo fue partido y Su sangre derramada para el perdón de pecados. Pero Él no murió para siempre, Cristo resucitó y un día moraremos con Él para siempre así como lo ha prometido.

Aún el camino para Vania –y quizás para ti, y para mí– parece largo, pero podemos confiar en que Cristo nos sostendrá, y así decir junto al salmista «Confíen en Él en todo tiempo, oh pueblo; derramen su corazón delante de Él; Dios es nuestro refugio» (Salmo 62:8). 

Vania: Lo que más me ha marcado en toda esta situación, de hecho mi prima me lo mencionó, si buscas a Dios con TODO el corazón, no significa, «aquí estoy, te quiero buscar y esto sí me conviene, esto no me conviene…», entonces eso no va a funcionar. En cualquier momento y lo doy como mi testimonio, eso de ser tibia, esto sí pero esto no me conviene. Es mejor permanecer en esto y seguir pecando en esto otro…al final va a ser mucho peor. Eso es lo que quiere el enemigo, alejarte de Él.

Cuando buscas a Dios con todo tu corazón, entonces tienes esa promesa y esa paz y esa fe inmensa de que lo encontrarás.

Patricia: Hoy hemos compartido contigo una historia de la fidelidad de Dios en el sufrimiento. Aunque esta termina en incertidumbre, es un testimonio de que allí en medio del dolor y de la aflicción, puedes confiar en que Dios sacia las necesidades más profundas de tu corazón con el agua viva que es Cristo. 

No hay sustituto. Solo en Jesús, y en la Escritura a través de la cual Él se revela, puedes encontrar lo que tu alma necesita—el perdón de tus pecados para salvación y vida eterna. Ahora, si estás enfrentando una situación de abuso, te animamos a buscar consejo sabio de tu pastor o de una mujer madura en la fe, o de las autoridades correspondientes, de modo que puedas tomar las decisiones necesarias. Dios nos ha proporcionado medios de los cuales podemos hacer uso para proteger nuestras vidas. 

Y en la medida en que concluimos este programa quisiera invitarte a reflexionar. ¿Has bebido de la fuente de agua viva, o continúas aferrándote a las cosas de este mundo y desafiando el señorío de Cristo, buscando satisfacer esa sed espiritual es cisternas rotas que no retienen agua? Si has escuchado este programa y Dios está tocando a tu puerta, no sigas rebelándote contra Él. Ríndete completamente, búscalo con todo tu corazón. Clama hoy a Él.

Annamarie: Llamándote a —no solo sobrevivir— sino a tener una vida abundante en Cristo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

 Agua de Vida, IBSJ (cover) - https://www.youtube.com/watch?v=mW_xcVmaGb0&ab_channel=CristianismoAut%C3%A9ntico

Tenemos el privilegio de proporcionar transcripciones de estos mensajes vivificantes. Si el Señor los ha usado para bendecir tu vida, ¿considerarías donar hoy para ayudar a cubrir los costos?

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Colabora con nosotras

Tenemos el privilegio de proporcionar las transcripciones de estos mensajes vivificantes. Si el Señor ha usado Aviva Nuestros Corazones para bendecir tu vida, ¿considerarías donar hoy para ayudar a cubrir los costos y expander el mensaje?

Donar $5

Acerca del orador

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad …

Lee más

Únete a la conversación