Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Tienes un futuro

Annamarie Sauter: En las manos de Dios, el sufrimiento tiene un gran propósito. 

Nancy DeMoss Wolgemuth: Dios está usando ese dolor, esa circunstancia, esa dificultad y ese sufrimiento, para formarnos, para equiparnos, para prepararnos para la gloria.

Él te llevará a través de eso. Tú puedes saber que serás rescatada. Satanás no ganará. Y cuando estés en medio de todo eso y parezca que Satanás está ganando, levanta tu cabeza. Mira hacia arriba y recuerda lo que dijo Pablo: «El Señor me librará de toda obra mala».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura bíblica para hoy es la primera carta a los Corintios capítulos 8 al 10.

Cuando enfrentamos dificultades o aflicciones tendemos a desanimarnos y a querer darnos por vencidas. En nuestra serie actual hemos estado siendo animadas a perseverar con los ojos puestos en la meta. Aquí está Nancy con la continuación.

Nancy: Hemos estado hablando acerca de perseverar, de soportar. Y una de las cosas que necesitas cuando estás tratando de perseverar es la esperanza. Si pierdes la esperanza, va a ser difícil dar el próximo paso. Va a ser difícil avanzar, seguir adelante.

Si piensas que no hay nada más adelante por lo que vale la pena avanzar, entonces te sientas y abandonas la carrera, lo cual desafortunadamente es lo que mucha gente hace. Esa es una de las razones por las que mucha gente abandona su matrimonio antes de que Dios tenga una oportunidad de mostrar su intervención –porque pierden la esperanza.

Ellas piensan, «no hay esperanza para mí en esta situación». Esa es la razón por la que algunas mujeres dejan su hogar y se van a trabajar antes de que sea el tiempo de Dios para que ellas hagan eso. En algunos casos el precio a pagar son los hijos, porque dicen, «no hay esperanza de que nuestras necesidades materiales sean satisfechas si no hago algo al respecto».

Ahora, acabo de dar dos ilustraciones que necesitan una tonelada de advertencias legales y mucho más trasfondo bíblico y teológico de lo que voy a dar aquí. Pero el punto es, si nos liberamos de nuestras circunstancias –porque perdemos la esperanza– puede que terminemos perdiendo la gracia que Dios quería darnos para caminar a través de esas circunstancias.

Hemos estado hablando acerca de principios y perspectivas de 2 Timoteo, que nos dan esperanza en medio de las dificultades y sufrimientos. La persona que escribió este libro, esta carta, sabía de qué estaba hablando.

Hemos estado hablando en las últimas sesiones acerca del apóstol Pablo. Él era un hombre que había sido fiel a Dios, que había servido al Señor; quien una y otra vez pagó un precio por predicar el evangelio y ahora se encontraba cerca del fin de su vida haciendo lo que muchos llamarían languideciendo en las entrañas de la tierra en esta prisión Mamertina. Pero Pablo no estaba languideciendo. Él no solo estaba sobreviviendo. Él estaba prosperando y floreciendo por la gracia de Dios.

Él escribe una carta que manda desde su prisión. No sé si debería llamarle celda porque era un hoyo en la tierra. Manda la carta a este joven pastor temeroso, intimidado, que está enfrentando las fuerzas de Nerón en el mundo en ese tiempo.

Él le dice, «estas son cosas que te ayudarán a saber cómo soportar. Va a haber dificultad. Debes soportarla. Y aquí está cómo puedes soportar».

Llegamos hoy a la novena de diez perspectivas de las que estamos hablando en esta serie. Algunas de ustedes que toman notas quizás no han podido enumerarlas. Y eso es porque yo no he sido muy clara al respecto. Pero tenemos la lista de estas 10 perspectivas disponible en AvivaNuestrosCorazones.com, y algunas citas de las Escrituras que van con ellas. Así que puedes conseguirlas en nuestra página.

Pero hoy llegamos a este principio que pienso que es parte de lo que necesitamos para soportar, para perseverar, y es recordar que no importa qué tan difíciles se vean hoy las cosas, puedo enfrentar el futuro con esperanza. En este asunto del futuro: levanto mis ojos por encima de mis circunstancias inmediatas y miro hacia el futuro.

Tú dirás, «no sé que hay por delante». Bueno, hay algunas cosas que sí sabes. Pablo nos dice cuatro cosas en 2 Timoteo de las que podemos estar seguras mientras miramos hacia el futuro. Esas son cosas que aunque no las podemos ver, las creemos por fe. Mientras ejercitamos la fe en esos aspectos de la esperanza futura, encontramos que se nos da la gracia para soportar.

Ahora, hoy quiero hablarles acerca de dos de esas cosas de las que podemos estar seguras acerca del futuro. Luego, en la próxima sesión, veremos las otras dos. Ten en mente que no importa qué tan difíciles puedan ser las cosas en mis circunstancias presentes, puedo enfrentar el futuro con esperanza.

La primera cosa de la que podemos estar seguras, la número uno, es que todos los males serán corregidos. Puede haber días cuando necesites aconsejar tu corazón con esa verdad, cuando parece como que aquellos que están en error están ganando por mucho.

Si pudiera verlas podría ver algunas cabezas asintiendo. Algunas de ustedes han estado ahí con familiares, personas en el trabajo, personas en sus iglesias. Parece que muy a menudo, aquellos que están en el error, aquellos que se oponen a la verdad, fueran tan poderosos. Parece que estuvieran ganando. Pero puedes estar segura de que todo mal será rectificado, corregido.

Pablo habla acerca de eso en 2 Timoteo. Por ejemplo, mira el capítulo 3, versículo 8. Él hace referencia a una ilustración del Antiguo Testamento: «Así como Janes y Jambres se opusieron a Moisés, de la misma manera estos» –estos hombres de los que él está hablando ahora, estos falso maestros– «también se oponen a la verdad».

Ahora, cuando se trata de un pastor o evangelista, o misionero como lo era Pablo, cuando te llegan este tipo de personas, esto no ayuda a la causa. Pero Pablo no permitió que eso lo derrotara o desanimara. Él dice en el versículo 9: «Pero no progresarán más, pues su insensatez será manifiesta a todos, como también sucedió con la de aquellos dos».

Pablo sabía que al final de cuentas los males serían rectificados. Aquellos que persiguen a los siervos de Dios, aquellos que se oponen a las verdades de Dios, serán juzgados. La verdad saldrá a la luz. Dios tratará con ellos. La victoria de ellos será corta. Ellos piensan que están ganando, pero a la larga no ganarán.

Pablo dice en el capítulo 4, versículo 14 de 2 Timoteo, donde él habla de otro adversario… y estas eran circunstancias de la vida real. Una vez más, en 2 Timoteo no solo estamos leyendo un texto teórico acerca del sufrimiento, estamos leyendo esto como si fuera en vivo. Es decir, Pablo ha estado ahí. Él ha experimentado eso. Él está en medio de eso en ese momento.

Y él dice: «Alejandro, el calderero, me hizo mucho daño». ¿Cuál es la seguridad de Pablo? «El Señor le retribuirá conforme a sus hechos». Puedes estar segura que todos los males serán rectificados.

Mientras estaba revisando estas notas antes de esta sesión, un pasaje vino a mi mente que quizás es familiar para ti. Pero en caso de que estés en una situación ahora mismo dónde estás viviendo o estás cautiva con un malhechor que parece estar ganando, solo déjame leerte este pasaje. Quiero lavarte con la Palabra porque esta es la verdad que tú necesitas para aconsejar tu corazón.

Salmo 37 –y estoy leyendo varios versículos, comenzando con el versículo 1. Dice: «No te irrites a causa de los malhechores; no tengas envidia de los que practican la iniquidad. Porque como la hierba pronto se secarán, y se marchitarán como la hierba verde» (vv. 1-2).

Tú dices, «parecen estar tan firmes»; pero Dios dice, «¿ves como la hierba está aquí hoy? La cortas mañana, y ya no está». El sol sale hoy y el césped se quema, desaparece. Eso es lo que va a pasar con aquellos malhechores. Quizás para ti no parezca pronto, pero en el gran esquema de las cosas, será pronto.

Dice en el versículo 7: «confía callado en el Señor» –esto es mientras estás en medio de esta situación– «y espérale con paciencia». No manipules. No trates de arreglarlo tú misma. No trates de lidiar con esa persona tú sola. Espera pacientemente en el Señor. «No te irrites a causa del que prospera en su camino, por el hombre que lleva a cabo sus intrigas. Deja la ira y abandona el furor; no te irrites».

Mientras leo esto, pienso, «¿cuántas veces –emocionalmente, mentalmente– pierdo la calma por la gente que está haciendo mal? Me irrito. Quiero arreglarlo. Quiero cambiarlo. Quiero que otra gente sepa lo que está pasando. Pero Dios dice, «no te irrites». ¿Sabes qué? Cuando te irritas por el mal que hacen, tú te conviertes en un malhechor también.

Él continúa diciendo: «Deja la ira y abandona el furor; no te irrites» (v.8). Por tercera vez –supongo que Dios está hablando en serio. No te irrites, solo harías lo malo. «Porque los malhechores serán exterminados, más los que esperan en el Señor…» (v. 9). Esa es tu opción. Espera en el Señor. «(Ellos) poseerán la tierra. Un poco más y no existirá el impío; buscarás con cuidado su lugar, pero él no estará allí» (v. 10). Él está hablando de alguien que era muy poderoso.

Y yo te digo, tenemos hermanos y hermanas en partes del mundo, que están viviendo bajo gobernantes y regímenes impíos, malos, y totalitarios. ¿Crees tú que esa palabra se aplica a ellos? Estoy pensando en un país en el mundo por el que he sentido una carga, por muchos años, que ha tenido por décadas un tirano gobernando sobre esa nación.

He pensado a menudo en los creyentes –y en los incrédulos– de esa nación, y he pensado en el dolor, la angustia, el dolor de cabeza. Y le he preguntado, Señor, ¿por qué ha estado ese hombre ahí por tanto tiempo? Y Dios me dice, «en solo un poco tiempo él ya no existirá más. Tú piensas que él es tan grande. Piensas que él es tan poderoso. Él piensa que es grande y poderoso. Pero no existirá más. «Pero los humildes heredarán la tierra».

Mira, nuestro mundo nos dice que si eres humilde, eres un perdedor. La Palabra de Dios dice, «no». El salmo continúa: «Mas los humildes poseerán la tierra, y se deleitarán en abundante prosperidad. El impío trama contra el justo, y contra él rechina sus dientes. El Señor se ríe de él, porque ve que su día se acerca. Los impíos han sacado la espada y entesado el arco, para abatir al afligido y al necesitado, para matar a los de recto proceder» (vv. 11-14).

Pero Dios dice, «su espada penetrará en su propio corazón» –están tratando de atacarte, pero se destruirán a sí mismos– «y sus arcos serán quebrados» (v. 15).

Puedes estar segura de una cosa mientras ves hacia el futuro: todos los males serán corregidos, así que espera en el Señor.

Ahora, si estás en una situación donde la ley está siendo violada. donde hay daño físico, o donde tus hijos están siendo dañados, eso no es para decirte, «solo quédate ahí sentada y espera, y permite que seas atacada, golpeada y mutilada». Para casos como ese Dios ha provisto; por eso es que necesitamos todo el consejo de la Escritura.

A veces me preocupa que si la gente escucha solo un programa de Aviva Nuestros Corazones, no obtendrá todo el balance de la enseñanza de la Escritura. Ahí es donde, si no sabes lo que la Escritura enseña acerca de cómo lidiar con esas situaciones, debes ir a tu pastor. O ve a una mujer piadosa que sea una mujer de la Palabra y dile, «ayúdame a saber que hacer bíblicamente en esta situación». Dios ha provisto los medios por los cuales los malhechores pueden ser tratados.

Pero en tu corazón, asegúrate que no caigas en pecado al responder a los malhechores que están en tu vida. Y espera, sabiendo que a la larga Dios tratará con esos malhechores.

Y ahora aquí está la segunda cosa de la que puedes estar segura al enfrentar el futuro. Esto te dará esperanza. No solo los males serán rectificados, sino que, número dos, el Señor te librará de todo mal. El Señor te librará de todo mal en Su tiempo y a Su manera. Eso es algo difícil de creer cuando estás en medio del problema, cuando las circunstancias son fuertes, y piensas, «me van a despedir del trabajo. No voy a sobrevivir esta situación».

Tú puedes saber. Puedes estar segura que en el camino de Dios y en el tiempo de Dios, Dios te librará de todo mal. El apóstol Pablo dice en el capítulo 4 de 2 Timoteo, versículo 18: «El Señor me librará de toda obra mala».

Y, ¿dónde se encuentra Pablo cuando está diciendo esto? Es un huésped del gobierno romano en la prisión Mamertina. Él dice: «El Señor me rescatará de toda obra mala».

En un momento voy a hablar de lo que quiso decir y de lo que no quiso decir con esto. Pero hay algo que le dio confianza acerca del futuro. Hay esperanza aquí. Hay una seguridad que, en el tiempo de Dios y a la manera de Dios, el Señor lo rescatará. «El Señor me…traerá a salvo a su reino celestial» (v. 18). Dios me traerá a salvo a Su reino celestial.

¿Tú crees que Pablo se sentía muy seguro en la prisión Mamertina? Bueno, por un lado estaba seguro. No podía salir; nadie podía entrar. Pero no podía estar seguro en las manos del gobierno romano, en ningún sentido físico o literal. Pero él dice: «El Señor me traerá a salvo a Su reino celestial».

Ese es literalmente Su reino, que es celestial. Dios me traerá a salvo a Su reino, el cual es celestial.

Tú puedes ver a Pablo comparando el reino de Dios al reino del hombre en la tierra, el imperio romano, que era un reino malvado. Y él dice: «Pero hay otro reino, y yo soy un súbdito de ese reino. Dios me llevará a salvo a Su reino celestial y eterno».

Y luego esa última frase: «A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén» (v. 18). Eso no suena como un hombre que está languideciendo, ¿no es cierto? Suena como un hombre lleno de esperanza: «El Señor me rescatará».

Ahora, ¿qué significa eso? Ciertamente no quiere decir que Pablo esperaba ser liberado de la prisión. Nosotros sabemos eso, al contrario, él sabía que pronto iba a morir. Él dijo, «he terminado. He peleado la buena batalla, he terminado la carrera. He llegado al final, y el momento ha llegado para morir». Él dice eso en el capítulo 4. Así que él sabía que no iba a ser liberado de la prisión.

Pero sí creía que Dios lo rescataría de los ataques espirituales, de males espirituales, que Dios proveería protección divina para su mente, para su corazón, para su espíritu, para su alma que viviría para siempre. Dios le daría la protección para prepararlo para vencer todas las fuerzas espirituales de oposición.

Él dice en el versículo 17, el versículo antes del que acabamos de leer en el capítulo 4, «Pero el Señor estuvo conmigo y me fortaleció…y fui librado de la boca del león».

En otras palabras, lo que él está diciendo es, «he sido rescatado en el pasado de grandes males, de grandes poderes, de Satanás mismo y de su dominio en este mundo. Y el que ha estado a mi lado en el pasado, el que me libró de la boca del león, continuará librandome de cada mala intención de mis enemigos. Él me librará del asalto del maligno. Él me librará del poder del mal».

Mira, Pablo sabía que el Señor lo rescataría al final. Y él esperaba un reino donde él estaría a salvo para siempre. Él sabía que en ese mismo instante su espíritu estaba seguro, su corazón estaría a salvo, su mente estaría segura. Aun si su cuerpo era asesinado, él sabía que al final tendría un cuerpo nuevo. Y al final cada parte de él estaría a salvo y sería preservado.

No había nada que el imperio romano pudiera hacer que al final fuera destructivo para Pablo. Estoy pensando, mientras estamos hablando aquí…en mi amigo de muchos años, el hermano Josef Tson que fue pastor en Rumania por muchos años y fue puesto en prisión y detenido varias veces por los rumanos bajo el régimen de Ceauşescu en los 70 y 80. En ese momento, le habían dicho a él, «te vamos a matar».

Y él les dijo, «háganlo, eso es todo lo que me pueden hacer. Pero yo viviré después de eso. Yo viviré para siempre. Estaré en el reino eterno de Dios. Aparte de eso, mi sangre será como gotas de sangre a través de esta nación que extenderán la fe, y habrá un movimiento de cristiandad que brotará a través de esta nación, y ustedes perderán».

Y ellos le dijeron, «vete a tu casa». Es decir, ¿qué le haces a un hombre que no tiene miedo de morir? Él sabía que al final ellos no tenían el poder sobre él, que Dios lo rescataría. Y ese es el espíritu que Pablo tiene en este pasaje.

Leí un comentarista que escribió acerca de este pasaje que dijo lo siguiente: «Un martirio triunfante es igual que ser liberado, o escapar de la muerte». Pasar por un martirio por la gracia de Dios, soportando hasta el final, es tan cierto como haber sido liberado o escapar de la muerte.

El hecho es que todos vamos a morir a menos que el Señor venga primero. Entonces la muerte se convierte en el traslado, la transferencia hacia el nuevo dominio, el reino de Dios y Su justicia.

Pablo dice, en efecto, «estoy a punto de ser ejecutado; pero esa será mi entrada a un mejor lugar». De acuerdo a los historiadores Pablo fue decapitado poco después de escribir estas palabras: «El Señor me librará».

Fue decapitado. No parecía que el Señor lo hubiera rescatado. Parecía que Nerón había ganado. Pero al contrario, la muerte de Pablo se tornó en una gran victoria, no solo para él, al estar en la presencia del Señor, sino para miles de creyentes por venir –para nosotras hoy que estamos leyendo este pasaje y que somos fortalecidas en nuestra fe. Nuestra fe y nuestra fidelidad están siendo impulsadas por su ejemplo de perseverancia.

¿Tú crees que Nerón ganó? ¿Quién está leyendo sus escritos hoy? ¿Quién, al día de hoy, está recibiendo ayudada y ánimo de él? Su reino terminó hace mucho. El reino de Dios prevalece. Y podemos ver eso en un hombre que estuvo dispuesto a entregar su vida y decir, «el Señor me librará. Sí hay esperanza. Seré llevado a salvo a Su reino celestial».

Y si quieres hablar de derrotas aparentes, el mejor ejemplo lo tenemos en la cruz. Observa que Dios no libró a Su Hijo de la cruz. Eso es lo que todos le decían a Jesús. «Sálvate a ti mismo. Líbrate a ti mismo». Pero Jesús dijo, «no, voy a pasar por esto».

Y Dios, aunque amaba tanto a Su Hijo unigénito, no lo rescató de la cruz. Lo llevó a través de ella. Él le dio la habilidad a Su Hijo para soportar la cruz y luego lo levantó de los muertos.

Hay algo más que la cruz. Hay algo más allá de la cruz. La conquista de la cruz. La conquista de la muerte. Y eso es lo que vemos en la vida de Cristo.

Mencioné anteriormente en esta serie a una querida amiga quien acaba de ser diagnosticada con la enfermedad de Lou Gehrig. En poco tiempo, a menos que Dios intervenga y escoja algo diferente, ella será prisionera de su propio cuerpo. Hay hermanos que están orando fervientemente para que Dios milagrosamente intervenga y la sane. Y puede que Dios lo haga.

Pero puede que Dios escoja no sanarla. Y nosotros que la amamos y estamos orando por ella, tenemos esta confianza, y ella tiene esta confianza: que de una manera u otra Dios la librará. Dios la librará en esta vida de las obras malas de amargura, de enojo, de temor. Pero ella sabe, y también nosotros sabemos, que al final ella tendrá liberación completa y total.

Pienso que en algunas de esas situaciones Dios ha sido glorificado más que si hubiera habido una sanidad milagrosa. Él caminará contigo a través de eso, así como hizo con los tres jóvenes hebreos en el horno de fuego. No atravesaron eso solos. Ellos atravesaron eso, y salieron de ahí.

«Por la noche durará el lloro y a la mañana vendrá la alegría» (Salmo 30:5, RVR 1995). «En nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros» (Romanos 8:18, NVI). Dios está usando ese dolor, esa circunstancia, esa dificultad, ese sufrimiento, para formarnos, para equiparnos, para prepararnos para la gloria.

Él te llevará a través de eso. Tú puedes saber que serás rescatada. Satanás no ganará. Y cuando estés en medio de eso y parezca que Satanás está ganando, levanta tu cabeza. Mira hacia arriba y recuerda lo que dijo Pablo: «El Señor me librará de toda obra mala».

Afirma la verdad. Afirma las promesas de Dios. Aconseja tu propio corazón. Diles a los demás como Pablo lo hizo con Timoteo. Fortalecerá tu fe al expresar fe y dirás, «el Señor me librará de toda obra mala y me traerá a salvo a Su reino celestial».

A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Y todo el pueblo de Dios dijo, «amen».

Annamarie: Amén. Aunque te encuentres en una situación difícil, puedes enfrentar el futuro con esperanza. Esto es lo que Nancy DeMoss Wolgemuth te ha estado recordando. Y guau, ¡cuánto aliento nos trae pensar que en las manos de Dios el sufrimiento tiene un gran propósito!

Como Nancy mencionó, recuerda que en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com podrás encontrar el PDF, «Cómo soportar el sufrimiento: Diez principios prácticos de 2 Timoteo». Allí también encontrarás las transcripciones de cada uno de estos programas de modo que las puedas leer, compartir o copiar algunas notas de lo que escuchaste.

Y en la medida en que concluimos este programa te animo a preguntarte, ¿está mi mirada en las cosas que veo—en las cosas de este mundo? ¿O estoy fijando mis ojos en las cosas que están arriba—en la esperanza futura de gloria?

Asegurate de acompañarnos mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones, para escuchar otra historia de la fidelidad de Dios en el sufrimiento, como parte de esta serie titulada, «Persevera en las dificultades de la vida».

Llamándote a —no solo sobrevivir— sino a tener una vida abundante en Cristo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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Acerca del orador

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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