Podcast Aviva Nuestros Corazones

La homosexualidad no era el único problema

Annamarie Sauter: Jackie Hill Perry se convirtió a la fe en Cristo y abandonó su estilo de vida homosexual. Luego conoció a otra creyente que comenzó a discipularla, enseñándole las verdades del evangelio.

Jackie Hill Perry: Ella me hizo saber, «Jackie, la homosexualidad no es tu único problema». Me dijo, «el orgullo es un problema, el temor es un problema, la lujuria es un problema, la mayordomía es un problema. Necesitas saber cómo hacer a Dios Señor en todo, no solo en tu sexualidad».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Si tienes niños pequeños cerca de ti, es importante que sepas que esta serie de programas tiene contenido para adultos. Los primeros años de la vida de Jackie Hill Perry, incluyeron algunos capítulos oscuros. Ella creció sin la influencia de un padre fuerte, fue abusada de niña y en su adolescencia comenzó un estilo de vida lésbico. A pesar y a través de esto, ¡su historia nos muestra la belleza de una vida transformada! Hoy continuamos con el segundo día de la serie que iniciamos ayer.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Así que aquí te encuentras Jackie, en tus diecinueve años de edad, y el «Sabueso Celestial» ha estado, como lo pone un poeta, persiguiéndote pero aun todavía no sabes quién es Él ni cómo te puedes relacionar con Él. Estás viviendo en esta vida como una actriz en muchas aéreas.

Tu conciencia te está diciendo, «¡esto no está bien!», pero no tienes el poder para saber cómo cambiar. Descríbenos tu primer encuentro con Cristo. Tú has hecho referencia en varias ocasiones a tu conversión, y me encantaría que nos dieras detalles de esa historia, empezando con la primera vez que supiste que Jesús verdaderamente te estaba llamando.

Jackie: Yo estaba en mi habitación. Descansando, literalmente haciendo nada. No estaba leyendo la Biblia, no estaba escuchando música de adoración. No estaba haciendo nada. Sentí que Dios hablaba a mi corazón. Yo sentí un fuerte pensamiento de que el estilo de vida que yo estaba viviendo iba a ser mi muerte.

¡Eso me estremeció! Me senté en mi cama, y fue como, «¿es Dios o es el diablo? Ehh, yo no creo que el diablo me fuera a dar convicción de pecado. Tampoco creo que yo me dijera esto a mí misma». Empecé a creer que era Dios, y así empecé a meditar en todo lo que yo había hecho y en sus consecuencias.

Pensé acerca del lesbianismo, vi que las consecuencias eran el infierno. Pensé sobre la masturbación y pensé en la pornografía. Todo en lo que estaba involucrada era en contra de Dios, y yo sabía que era en contra de Dios. Estaba convencida de que Él era justo en permitir que fuera juzgada por eso.

Yo sabía que no podía aparentar como si Dios estuviera de acuerdo con ello. No podía sacudirme la culpa. Era como, «no, Dios sería totalmente justo en enviarme al infierno por estas cosas». También sentí esta urgencia, como si, «¡Él lo puede hacer esta misma noche!» Así me sentía.

Sentía como, «está bien, Dios me puede enviar al infierno, y lo puede hacer de inmediato. Él lo puede hacer mientras duermo; Él lo puede hacer mañana; yo no sé». Así es que empecé a pensar en esto, pero luego le dije a Dios, «yo no quiero ser heterosexual. A mí no me gustan los hombres, no quiero estar con los hombres».

Pienso que en cualquier momento que tienes conversaciones con personas de esa comunidad, ellos creen que el cristianismo es un sinónimo de heterosexualidad; cuando pienso que Dios me estaba llamando a Él; que Él iba a hacer la obra en todas las demás cosas; que todo iba a salir bien a medida que yo crecía en mi amor por Él.

Nancy: Entonces tienes la convicción de que tú estás haciendo esto...

Jackie: ...¡totalmente mal!

Nancy: Totalmente mal, en contra de Dios y que Dios es santo.

Jackie: Sí y que Él me iba a juzgar por ello.

Nancy: Cuando dijiste, «esto puede ser o será para mí la muerte», ¿pensaste que literalmente esto te podría matar, o estabas pensando más sobre el juicio después de esta vida?

Jackie: Ambas cosas. Yo sentí que Dios podía quitarme la vida, si Él hubiera decidido hacerlo. Yo sentía una conciencia de Su poder, creo que así lo expresaría yo. Era como, «este no es un ser humano, contra quien has pecado. ¡Este es Dios!»

Yo sabía que no estaba respirando porque estaba respirando. Yo sabía que estaba viva por Él. Era como, «si Él me estaba ofreciendo a sí mismo (y creo que así lo estaba haciendo, aún en ese momento yo sabía: ¡Tú me estás llamando hacia Ti!)», entonces tengo que temer lo que sería la alternativa o la consecuencia de rechazar a Dios: «¡Yo te estoy rechazando a Ti!», y tenía temor de eso.

No pienso que me volví de mi pecado por temor al infierno. Tampoco fue por eso. Era porque, a medida en que pensaba en eso –yo sabía un poco del evangelio; que Jesús murió por los pecadores, y que Él los perdonaría.

Yo no tenía palabras para eso. No sabía de palabras como «arrepentimiento» o «creer». Ni lo que significaba «propiciación» y «regeneración». Yo no sabía nada de eso. Pero sabía que la Biblia decía que Dios odia el pecado y que Él juzgará a los pecadores. Eso sí lo sabía.

Pero de igual manera sabía que la Biblia dice que Jesús murió por personas como yo. Así es que sabía que lo único que debía hacer era creer ambas cosas. Y le dije a Dios, «no puedo hacer esto sola porque ya lo he intentado. He dicho la oración del pecador. He intentado hacer una cantidad de buenas obras y he tratado de ser santa». Me sentía incompetente. Me sentía que no era capaz de ser cristiana sin Él.

Nancy: ¡Y esa es exactamente la verdad!

Jackie: Exacto. Yo sabía que no podía por mí misma, y se lo dije a Dios, «no lo puedo hacer por mí misma, pero sé lo suficiente acerca de Ti para saber que Tú sí me puedes ayudar». Y eso fue todo. Llamé a una de mis amigas que estaba más o menos en la iglesia. Sabía que tenía que romper con mi novia y necesitaba ayuda para hacerlo.

Nancy: Tú supiste esto, ¿inmediatamente?

Jackie: Sí, yo sabía cuando Dios me estaba llamando que eso era lo que implicaba.

Nancy: ¿Tu relación con esa muchacha no se estaba tambaleando en ese momento?

Jackie: No, estábamos bien, en un lugar súper bien.

Nancy: Esto ahora está totalmente trastornando tu mundo.

Jackie: ¡Completamente! Yosabía que Diosme estaba llamando a dejar todo en lo que yo estaba involucrada, y eso me aterrorizaba, pero sentía que no tenía alternativa. Era como, «te arrepientes y crees, de lo contrario tendrás que enfrentar las consecuencias de tu rebelión y tu rechazo (de mí)».

Nancy: Mientras te escucho, no veo realmente ninguna otra explicación de que hayas llegado a esas conclusiones, a no ser por el Espíritu de Dios.

Jackie: Sí, eso es algo como lo sucedido en el camino a Damasco

Nancy: ¡Como que se te abrieron los ojos!

Jackie: Sí, así fue como me sentí. Sentía que todo lo que sabía acerca de Dios, en teoría (porque crecí en la iglesia) vino a ser real. Dios era real en ese punto. No era Alguien a quien puedes tratar sin darle la debida importancia; «oh sí hemos pecado, pero Él nos va a perdonar».

No. Era como, «¡hemos pecado y Él nos va a juzgar! Él ha provisto el camino para nosotros por medio de Su Hijo Jesucristo».

Así es que llamé a mi amiga y le dije lo que me había sucedido. Ya ni me acuerdo lo que me dijo, solo recuerdo que ella me afirmó diciendo: «Haz lo que tengas que hacer. Dios estará contigo». Así que el próximo día llamé a mi pareja, con la cual estaba en ese tiempo y le dije, «no podemos continuar nuestra relación».

Ambas lloramos en el teléfono, y yo le dije, «Dios me está llamando a ser cristiana y sé que no puedo ser cristiana si estoy contigo. Yo te amo, pero no puedo continuar. Yo sé que Dios quiere que yo sea la mujer que Él me ha llamado a ser… ni siquiera sé lo que significa ser mujer. No camino como una, no actuó como una. Cuando me miro al espejo, no veo la muchacha que era antes, por eso tengo que cambiar».

Ella me respondió, «yo sabía que esto iba a pasar». No sé lo que quiso decir con eso, pero probablemente porque yo hablaba mucho de Dios, pensó que yo probablemente la dejaría por Él.

Nancy: Este fue un cambio drástico de tu manera de vivir a volverte a Cristo, atraída por el Espíritu de Dios. No hay otra explicación para eso.

Jackie: Sí absolutamente. El velo me fue removido de mis ojos para que yo pudiera ver la gloria de Cristo.

Nancy: Describe lo que sucedió en los días que siguieron. ¿Qué estaba sucediendo dentro de ti? ¿Qué estaba cambiando? ¿Te mudaste?

Jackie: Yo vivía con mi madre, así es que me quede con ella. El próximo día fui a trabajar y me sentía como una persona nueva. No puedo explicarlo. Me sentía nueva. Me sentía alegre. ¡Tenía gozo! Recuerdo que mi mejor amigo era un chico con el cual fumaba marihuana todo el tiempo. Él no sabía lo que me había pasado esa noche. Él me dijo, «te ves diferente. Te ves más liviana o algo».

Yo le dije, «oh, ok».

Recuerdo cuando supe que era diferente. Yo robaba de mi trabajo todo el tiempo, de los clientes y cosas así. Tuve una oportunidad de robar un dinero sin que me atraparan. Recuerdo que en cuanto la oportunidad para robar surgió, yo sentí la consciencia de la presencia de Dios como nunca antes.

Fue como, «Dios me está mirando. A Él no le gusta. Así es que ciérrala». Dije, «está bien», y cerré la registradora. Me pregunté, «¿tengo reverencia?». Era extraño que yo considerara a Dios antes de tomar una decisión, entonces supe que algo había cambiado, algo era diferente.

Esa semana tuve que esperar por mi cheque. Sabía que mis ropas debían de ser diferentes. Yo parecía un muchacho. Mi cabello siempre estaba en una cola de caballo, usaba pantalones caídos, súper anchos, debajo de la cadera. Usaba calzoncillos de hombre. Usaba brasier deportivo para aplanar mis pechos para que se vieran masculinos. Casi siempre usaba una camiseta blanca, y me sentaba con mis piernas descuidadamente abiertas. Me comportaba como un hombre. Pero yo sabía, sin que me lo aconsejaran, porque no estaba asistiendo a ninguna iglesia, sentí que debía cambiar mi ropa y ser mujer.

Yo sabía que si continuaba vistiendo de esa manera, iba a atraer a las mujeres de las cuales quería huir. Yo sabía a ciencia cierta que yo no tenía la fuerza para huir de las mujeres en ese momento. Si una mujer me me veía vestida así, se me lanzaría, porque siempre me pasaba, y yo sabía que no tenía la fuerza para decir «no». Yo sabía que tenía que ser mujer en todo el sentido de la palabra. No veía cómo Dios estaba de acuerdo con esto. Así que tuve que esperar hasta que me llegara mi cheque.

Nancy: Inicialmente, ¿sabías que este cambio era lo correcto, o tus deseos comenzaron a cambiar a la misma vez? ¿Estabas sintiéndote más como mujer, o estabas empezando a actuar de una manera que tú sabías que…?

Jackie: Pienso que actué antes de sentirme femenina. Me tomó varios años para realmente personificar la feminidad, porque pienso que era algo más mental que un sentimiento. Yo tuve que llegar al conocimiento de que «Dios me creó para ser mujer y que eso era bueno». Pienso que cuando comencé a abrazar que eso era bueno fue cuando mis afectos y mi teología se unieron.

Nancy: Quiero que repitas esa última frase, ese concepto de nuevo, porque es muy enriquecedor. Es poderoso y eso tiene implicaciones para cada una de nosotras.

Jackie: Cuando vi que Dios me había creado mujer y que ser mujer era algo bueno, ahí fue cuando empecé a encarnar la feminidad… porque mi teología precedió mis afectos. Cuando entendí esto, mis afectos y mi teología se reconciliaron y se hicieron uno.

Entonces compré mucha ropa femenina y empecé a usarla. Encontré una iglesia. Creo que estaba en una iglesia siete días después de mi conversión.

Nancy: Vestida como una mujer.

Jackie: Sí, pero la primera vez que fui a la iglesia, todavía no tenía ropa de mujer. Así que las pedí prestadas a mi amiga. No quería que la gente me mirara mal. Inmediatamente que salí de la iglesia, me puse mi ropa de hombre y le dije a Él: «¡Es un proceso. Necesitas ayudarme!».

Fue probablemente una transición de dos semanas, y pienso que mi transición fue mucho más rápida que la mayoría. Yo he tenido conversaciones con mujeres que han salido de ese estilo de vida, y les ha tomado de cuatro a seis meses. Pienso que es porque es algo mental. Pienso que la ropa femenina tiene una manera de hacerte sentir vulnerable. Te sientes susceptible cuando usas ropa de mujer, de una manera que no te sientes cuando usas ropa de hombre.

Muchas de las mujeres que yo conozco que se visten así (no todas; no puedo generalizar por todas, pero con las que he tenido relaciones) se sienten inseguras como mujeres. Así que tratar de usar esa ropa que les recuerda lo que a la gente no le gusta o no cree o no aprueba de ellas, ¡eso las asusta! ¡Es algo aterrorizante! Es mucho más profundo que la ropa, es identidad.

Nancy: Y asumo que en la medida en que todas estas cosas iban cambiando, también tus amistades cambiaron. ¿Llevaban este estilo de vida homosexual la mayoría de tus amistades? ¿Qué pasó con tus relaciones?

Jackie: Cesaron. La mayoría de mis amistades eran hombres. Me llevaba muy bien con muchos muchachos. Estaba rodeada de personas que no amaban a Jesús, que no querían servirle, así que corté todas esas relaciones.

Porque, una vez más, sabía que era muy susceptible a caer de nuevo en esto si me rodeaba de personas que no estaban buscando a Cristo. Pero pienso que Dios fue bueno en eso. La semana que me convertí, llamé a una amiga (ella también estaba dentro de ese estilo de vida) y le dije, «Dios está haciendo esto en mí, está cambiando mi corazón, cambiando mis afectos». Ella colgó el teléfono y se arrepintió de sus pecados, en la misma semana ambas vinimos a Cristo juntas.

Entonces, tenía una amiga llamada Tina que era creyente, pero estaba aislada porque no tenía amistades. Así que yo llamé a Tina y le dije, «¡oye, ya estamos en el mismo equipo! ¿A qué iglesia asistes?» Así que esa misma semana las tres amigas encontramos una iglesia. Dios fue tan bueno conmigo, porque inmediatamente me puso en una comunidad de creyentes. No eran las creyentes más firmes, porque todas éramos muy nuevas, pero eran alguien. Yo necesitaba a alguien, (porque de no encontrar ninguna otra persona) pienso que me hubiera vuelto atrás a lo que yo conocía.

Nancy: ¿Encuentras que para algunas personas que salen de ese estilo de vida, hay una gran pérdida relacional, una pérdida de lo que es una comunidad?

Jackie: ¡Absolutamente! La comunidad LBGTQ (lesbiana, bisexual, gay, transgénero, homosexual), es una comunidad muy unida porque con esas personas es donde te sientes más aceptada. Y si tienes una idea de los cristianos que no es correcta, si ves a los cristianos como personas que te avergüenzan o no te aceptan o que te juzgan, entonces es algo aterrador decir, «tú quieres que yo salga de esta comunidad donde me siento segura a una comunidad donde me sentiré sola o aislada?» Pienso que es algo que da miedo.

Pero sé que el cuerpo de Cristo es un pueblo al que se le ha dado el poder para amar y mostrar a Jesús en maneras que el mundo nunca lo podrá hacer. Así es que mientras la iglesia continúe siendo iglesia, entonces siempre seremos un lugar que es acogedor… no en el sentido de decir que el pecado no es pecado, sino en el sentido de que Cristo tiene poder para perdonar tus pecados y darte el poder para huir de ellos.

Nancy: Entonces, ¿cuál fue tu experiencia cuando llegaste a la iglesia?

Jackie: Bueno, no era una iglesia bíblicamente sólida, pero eran personas amorosas, ¡y yo necesitaba eso! Me amaron. Yo recuerdo la primera vez que fui, una de los ministros de la iglesia se me acercó y me preguntó, «¿cómo te llamas?»

Y el solo hecho de ella preguntara mi nombre, fue algo personal. Ella me miró a los ojos y recuerdo que repitió mi nombre. Dijo, «Jackie». Pensé, «ella quiere recordar mi nombre». Son esas cosas pequeñas. Uno quiere ser conocido, y yo me sentí conocida y amada en esa iglesia.

Nancy: ¿Haz visto a algunas de las personas con las cuales estabas involucrada en ese estilo de vida antes de venir al Señor, alguna ha venido a Cristo?

Jackie: Sí y no. Algunas han vuelto atrás, lo cual es algo frecuente. Mucha gente que conozco que típicamente sale, vuelve atrás.

Nancy: ¿Rompiste esas relaciones?

Jackie: Empecé a tratar de localizar algunos de mis amigos –no amigas– después de algunos años. No pensaba que era sabio involucrarme con ciertas relaciones muy pronto. Pero después de un tiempo, después que publiqué unos videos y cosas así, algunas personas me contactaron.

Y consistentemente recibía (aún de amistades que eran hombres) comentarios de personas que decían, «al principio cuando te convertiste en cristiana, no te creí».

Un buen amigo dijo, «ya llevamos seis años y sigues igual. ¡Creo que Dios te salvó y es bueno verlo!»

Ha sido algo chévere ser precursor, en un sentido, al decir, «Dios realmente puede cambiar tus afectos. Realmente puedes hacer lo que pensabas que era imposible. Realmente puedes amarlo a Él, verdaderamente amarlo. No es hacerlo por un deber, pero es realmente un deleite. Esto es realmente posible».

Nancy: ¿Qué pensó tu mamá de todo esto? ¿Vivías con ella en ese tiempo?

Jackie: Sí. Ella no me creyó por mucho tiempo, lo cual entiendo. Yo la decepcioné durante muchos años, ella no sabía qué creer. Pero recuerdo cuando se lo comuniqué. Entré a su oficina y le dije, «Mamá voy a ser cristiana, y voy a empezar a vestir como mujer otra vez».

Empecé a llorar. Ella empezó a llorar también, pero pienso que aun estaba escéptica. Cuando ella vio mi caminar consistente y también llegar a ser una persona respetuosa…porque yo no era respetuosa. Yo tenía problemas de autoridad. Cuando empecé a honrarla, a respetarla, a servirle y a caminar bajo los frutos del Espíritu, y no ser una cristiana que va a la iglesia pero en la casa aún es rebelde, creo que cuando ella vio eso, fue como, «¡esta muchacha está diferente! Ella no regresa a casa drogada. Está lavando los platos. Está limpiando su habitación. Me está obedeciendo». Eso no quiere decir que no hubo problemas, hubo muchas dificultades a medida que resolvía problemas en mi carácter, pero pienso que en su mayor parte ha sido alentador para ella ver lo que Dios estaba haciendo en mí y a través de mí.

Nancy: Háblanos acerca tu discipulado al principio. Te integraste a un grupo en California que tuvo una fuerte influencia en tu vida. ¿Cómo se vio eso en tus primeros años de cristiana?

Jackie: Cuando vine a la fe no sabía lo que era discipulado, qué representaba, qué implicaba. No sabía que eso era algo que existía. Crecí en esos ambientes de la iglesia donde la gente asistía al culto y luego se iba.

No sabía que las personas debían caminar con otras personas para ayudarles a crecer y amar a Jesús. Me mudé a Los Ángeles por dos años y viví con una mujer que me introdujo a Aviva Nuestros Corazones, y usó En busca de Dios para traer convicción y revelarme que necesitaba a Jesús.

Una de las cosas que me enseñaron fue algo que completamente revolucionó mi manera de lidiar conmigo misma y con la gente y es que el evangelio no termina en la conversión. El evangelio me ayuda en mis tentaciones, en mis pruebas, en mis retos, aún en mis victorias!

¡Era bien difícil! Porque a pesar de que yo vine a la fe, yo aún tenía afectos hacia las mujeres. Aún tenía tentaciones. Aún extrañaba a mi novia. Yo tenía por delante todos estos retos. Y no sabía qué hacer, ni tenía a nadie a mí alrededor que hubiera pasado por eso. Me sentía que estaba sola en ese sentido.

Entonces ella me dijo, «¿sabes que cuando Jesús murió, Él te dio el poder para huir del pecado? Él no solamente murió para poderte salvar. Él murió para que tú pudieras caminar con Él».

Recuerdo que dije, «¡de verdad! ¿Me estás diciendo que Jesús puede ayudarme?» No sabía eso.

Ella me dijo, «sí. Cuando seas tentada recuerda el evangelio, recuerda lo que Cristo hizo».

Así que empecé hacer eso. Empecé a ver mis tentaciones a través de los lentes del evangelio y que lo que estaba sucediendo no cambia mi identidad. No quiere decir que no soy salva, no quiere decir que aun soy una inconversa. Significa que soy un ser humano, PERO el evangelio comunica que tengo poder de huir—aún si no siento deseo de hacerlo, ¡tengo el poder para huir!

Ella me discípuló de una manera integral, holística. Ella me hizo saber, «Jackie, la homosexualidad no es tu único problema. El orgullo es un problema, el temor es un problema, la lujuria es un problema, la mayordomía es un problema. Tú necesitas saber cómo hacer a Dios el Señor en todo, no solo en tu sexualidad». Si yo no hubiese sido discipulada, yo no habría podido ser quien soy hoy.

De no haber sido la mano de Dios enviando personas a mi vida para caminar conmigo y darme amor por Él e igualmente una disciplina para Él, oración, ayuno, en cualquier caso, yo probablemente estaría hoy en el mundo de nuevo.

Cuando hablo con personas que están en ese estilo de vida o que están en una transición saliendo de él… tuve una conversación con una joven en días pasados. Le dije, «no creas que tu vas a poder estar en esta comunidad y pecar, y luego salir de eso y pensar que lo vas a poder hacer por ti misma. No somos hechas para estar aisladas. No va a funcionar porque vas a volver hacia las personas que te hacen sentir en casa. ¡Necesitas personas que te ayuden a amar más a Cristo! Si no tienes esas personas, la vida va a ser difícil para ti. Necesitas mujeres a tu alrededor que te enseñen cómo ser una mujer».

Nancy: mujeres, ellas fueron a la conferencia e ¡hicieron un impacto!

De hecho, nosotras entrevistamos algunas de ellas, incluyendo la mujer que te discípuló (ella estuvo en este programa anteriormente). Ellas te introdujeron a Aviva Nuestros Corazones y a algunos de nuestros recursos. Tú mencionaste En busca de Dios. Dinos sobre la parte que Dios usó ahí.

Jackie: La mujer que me discipuló, ella quería que yo leyera la sección sobre el orgullo. Daba una lista de conductas, donde tú puedes identificar si eres una persona orgullosa.

Nancy: ... en contraste con una persona humilde.

Jackie: ¡Yo sentí que marqué todas las casillas! Dije, «¡wow, realmente soy una persona arrogante!» Estaba equivocada pensando que la arrogancia era ser una persona ostentosa. Alguien que pensaba que era mejor que los demás. No sabía que la arrogancia era la indisposición de admitir una falta o rehusar a humillarte cuando eres agraviada. No sabía que se manifestaba en maneras tan sutiles. Así es que leyendo ese libro fue que supe que era orgullosa. Gracias por escribir ese libro, Nancy.

Nancy: La humillación es la clave para obtener la gracia de Dios, ¿no es cierto?

Jackie: Sí, así es, seguro.

Nancy: Creo que la primera vez que nos conocimos en Chicago, tú me dijiste algo sobre cómo el Señor había usado Aviva Nuestros Corazones para ayudarte como una nueva creyente a mejorar, a darte un nuevo entendimiento de lo que significaba ser una mujer. ¿Puedes explicar eso?

Jackie: En muchos de mis círculos no se habla mucho acerca de la feminidad. Yo creo que Aviva Nuestros Corazones y Desiring God (Deseando a Dios, el ministerio del pastor John Piper), fueron los medios donde escuchaba acerca de esto llamado la feminidad, y que era algo que era un llamado, el cual se mostraba en ciertos patrones de conducta e ideologías.

Leí muchos libros. Escuché muchos podcast y charlas acerca de la feminidad y la modestia y la mansedumbre y el respeto... de cómo hablas y de cómo te conduces. Era cómo «¡oye, hace feliz a Dios si vivo como la mujer que me ha llamado a ser».

Pienso que Aviva Nuestros Corazones definitivamente ha sido un medio increíble para aprender acerca de esto. Por eso he tratado de ser un puente para las personas que quizás puedan o no saberlo. Trato de decirles, «vayan a esta dirección electrónica. Busca esto en Google. No sabes cómo someterte a tu esposo, ¿no sabes lo que esto significa? Tu esposo es inconverso, ¿no sabes cómo a pesar de eso, respetarlo y responder a su liderazgo? Ve a Aviva Nuestros Corazones.com.; te apuntarán a las Escrituras, pero te explicarán para ayudarte cómo aplicarlo». Definitivamente ha sido una bendición.

Me ha dado ánimo ser eso para la gente, ser una fuente de inspiración, mostrarles y decirles, «¡oye, esto es bueno!» Especialmente ahora al ser mujer, no que fuera nada diferente en los setenta o los ochenta, pero siento un peso en exaltar la verdadera feminidad bíblica y decir, «esto es algo bueno. ¡Tus distinciones son algo bueno! ¡Las cosas que Dios nos ha llamado a hacer son cosas buenas!» Anda en eso y está de acuerdo con eso, y encuentra gozo en eso. Esto no es un patriarcado. No es algo de la cultura cristiana. Esto es la Palabra de Dios y Él sobrepasa el tiempo.

Nancy: Tú dijiste que pudiste ver que eso hace feliz a Dios, pero oigo de ti que a ti también te hace feliz.

Jackie: Claro que sí, porque estás caminando en la manera que Él te creó. Yo pienso que andar contrario a la naturaleza en que fuiste creada, la función de tu naturaleza –en decepción– puede sentirse bien, pero no es donde encuentras verdadero gozo. El verdadero gozo se encuentra en amar a Jesús y andar en Sus mandamientos y andando en tu identidad como Él te ha creado.

Eva no descubrió gozo al creer mentiras. No fue así. Es imposible. Ella tuvo gozo cuando anduvo a la manera en que Dios la creó.

Nancy: Sé que algunas de las mujeres en tu grupo en California habían sido expuestas al libro Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres. Suena como si fuera parte del proceso que tú estabas pasando, donde tu manera de pensar estaba siendo renovada. Había mentiras que habías creído que te guiaron a conducirte de cierta manera y ahora estabas reemplazando las mentiras con la verdad.

Jackie: Eso me recuerda una ocasión cuando estaba extrañando mucho a mi novia. Me estaba sintiendo deprimida porque quería estar con ella, pero sabía que necesitaba escoger a Dios por encima de ella. Recuerdo que la persona que me estaba discipulando me dijo, «quiero que vayas y pases tiempo con Dios. Quiero que anotes todas las mentiras que crees en relación a ella, todo lo que tú crees que ella te puede ofrecer. Quiero que vayas a las Escrituras y entonces busques cada verdad acerca de Dios que contradice lo que tú piensas que puedes obtener de ella».

Dije, «creo que ella me puede hacer feliz», y entonces iba a las Escrituras y encontraba que Dios es la única fuente de gozo que puedo tener. Yo pensaba, «ella me da identidad», y luego me decía, «¡no, tú eres una nueva criatura en Cristo!»

Ese estudio rompió las ataduras, por ponerlo así, que tenía con ella, porque pude identificar que la estaba viendo como más capaz de satisfacerme, más de lo veía que Dios podía satisfacerme.

Annamarie: Jackie Hill Perry ha estado hablando con Nancy DeMoss de Wolgemuth acerca de la manera en que una mujer mayor en el cuerpo de Cristo la discipuló. Cuando ella conoció a Jesús y abandonó su estilo de vida lésbico, aún necesitaba crecer en su caminar de fe, el cual apenas iniciaba.

En ese proceso, Jackie y su mentora leyeron unos dos libros escritos por Nancy. Estos fueron, «En busca de Dios», el libro sobre avivamiento personal, y «Mentiras que las mujeres creen». Este último fue editado y revisado recientemente, Nancy le añadió alrededor de un treinta por ciento de contenido nuevo. Puedes buscar cualquiera de estos dos libros en tu librería cristiana favorita.

Bueno, hemos escuchado sobre los primeros años en la fe de Jackie, y su crecimiento en la verdad. Ahora Dios la ha guiado a una posición de enseñarles a otras esa verdad. Puedes escuchar los mensajes que ella expuso en la conferencia True Woman '18, en AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Cómo han afectado el rol de esposa de Jackie, los retos que enfrentó durante su niñez?

Jackie: Tener problemas de confianza no es una excusa para no obedecer a Dios. Si tienes ese tipo de problema, lidias con eso, pero no es una excusa para el desamor. Es decir, «yo tengo que morir a mí misma y amar a este hombre, sin importar lo que mi pasado me ha hecho».

Annamarie: Ella nos hablará más acerca de esto, mañana. Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Llamándote a un avivamiento genuino y a abrazar tu diseño como mujer, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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