Podcast Aviva Nuestros Corazones

La justicia y la misericordia perfectas de Dios

Carmen Espaillat: Nancy DeMoss de Wolgemuth dice que Dios sabe cómo equilibrar la justicia y la misericordia.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Ese es el corazón de Dios. Él ama mostrar misericordia. Él se deleita en mostrar misericordia. Él odia mostrar juicio, pero mostrará juicio cuando tenga que hacerlo. No es Su voluntad que nadie perezca, pero muchos perecerán porque rechazan la oferta de Su misericordia.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy continúa en la serie "Lecciones de la vida de Josué (Parte 9): Derrotando tu Jericó."

Nancy: Bien, en nuestra última sesión aquí en Aviva Nuestros Corazones, echamos un vistazo a la caída de Jericó y la mayoría de nosotras conocemos esa historia desde que éramos niñas. Cantamos coritos acerca de cómo "cayeron las murallas  de Jericó".

A veces, como he dicho antes, el peligro de conocer estas historias tan bien, es que nuestros ojos como que pasan por encima de ellas, y no nos detenemos a pensar por qué están en las Escrituras ni qué aplicaciones pueden tener para nuestras vidas. Así que quisiera que tomáramos un poco más de tiempo hoy para reflexionar en la historia completa de Jericó y que tratemos con algunas preguntas que surgen de esa historia y con  algunas aplicaciones para nuestras vidas también.

Si tú eres hija de Dios,  eres parte del ejército de Dios. Hemos hablado acerca de cómo los israelitas eran el ejército de Dios. Dios es el comandante de las huestes del Señor y los israelitas eran Su ejército que Él comandaba.

Además, Dios es el comandante de las huestes espirituales, ese ejército angelical que trabaja con nosotras en llevar a cabo la voluntad de Dios aquí en la tierra, pero como creyentes hoy, somos parte del ejército de Dios, no en un sentido físico. No son armas literales las que tomamos para llevar a cabo la causa de Dios en este mundo, pero sí estamos en una batalla espiritual.

El enemigo, el enemigo final, es Satanás mismo, que está siempre trabajando para oponerse a Dios y Su obra  en este mundo, y el enemigo ha establecido fortalezas. Yo pienso en esas fortalezas cuando pienso en las murallas de Jericó. ¿Recuerdas las paredes de doble de ancho, una de cerca de dos metros de ancho y la otra de tres metros y medio de ancho? Esas murallas eran altas, anchas, y fuertes. La ciudad estaba poderosamente fortificada para resistir gente como los israelitas, y solo Dios pudo haber derribado esas murallas en la manera en que lo hizo.

Vivimos en un tiempo en el que hay muchas fortalezas. Están alrededor nuestro. Están en nuestra cultura. Quizás piensas en las fortalezas de las circunstancias alrededor de tu vida. A veces, las fortalezas más difíciles son las que están en nuestros propios corazones –esos lugares difíciles, esas ataduras de nuestro pasado, de nuestros patrones de vida, de esos hábitos pecaminosos de los que no podemos tener victoria, o sentimos que no podemos.  Algunos de esos patrones, hábitos, y fortalezas están muy bien establecidas. Están bien fortificadas, y no parece probable que alguna vez puedan ser conquistadas.

Los poderes de la maldad parecen tan grandes.  He pensado acerca de eso mientras leía algunos de los titulares en las últimas dos semanas y de cuanta maldad hay en nuestro mundo. Puedes comenzar a pensar, "Dios es tan pequeño en comparación a todo eso tan grande." Esa es una perspectiva torcida, pero así es como comenzamos a sentirnos.

Luego nos damos cuenta de que Dios quiere que tomemos posesión de esas fortalezas, de esos lugares fortificados en nuestros propios corazones y en nuestra cultura. Dios quiere que cada parte de nosotras esté bajo Su reino y Su gobierno –que no haya pensamientos rebeldes, comportamientos rebeldes ni motivaciones rebeldes.

Él quiere que todo esté bajo Su control, y luego, "del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella." (Salmo 24:1). Todo le pertenece a Él, y un día Él va a ejercer Su reino y gobierno sobre toda la tierra, corporalmente, físicamente. Él va a estar a cargo de todo el universo, pero, ¿cómo puede ocurrir eso?

¿Cómo puede ocurrir en nuestro mundo? ¿Cómo puede suceder en nuestros corazones que Dios venza, que tome control de estos lugares fortificados? ¿Cómo podemos entrar, en el nombre de Cristo y tomar posesión de los Jericós en nuestras vidas y nuestra cultura?

Bueno ocurre de la misma manera que ocurrió con los Israelitas –por fé, por fé, y en humilde oración y dependencia del Comandante de las huestes del Señor, en el Señor Jesús mismo. Es el poder de Dios que derriba esas murallas y nosotras debemos hacer lo que hizo Josué, que es seguir las indicaciones que Dios nos ha dado en Su Palabra, no hacerlo de la manera que tiene más sentido para nosotras, no usar los métodos y estrategias que nos parecen más razonables, sino mirar a Dios.

Sus métodos con frecuencia parecen extraños a los ojos y oídos del mundo, y es fácil para nosotras mirar nuestra situación, mirar nuestra cultura, por ejemplo, como la iglesia hoy, y pensar que necesitamos algún programa nuevo. Necesitamos alguna nueva estrategia. Necesitamos algún método novedoso para alcanzar a los perdidos a nuestro alrededor.

Yo pienso que eso ha sido una tentación para la Iglesia Evangélica de nuestro día, el abandonar los recursos y las armas que Dios nos ha dado en Su Palabra y que han sido eficazmente utilizados por el pueblo de Dios por generaciones. Y decir, "Pues, eso ya no funciona," y descartarlas por alguna cosa nueva, algún programa nuevo, alguna idea nueva, algo creativo, novedoso, y pensamos: "No podemos alcanzar a la gente de la misma manera en que solían alcanzarlas."

No estoy diciendo que haya que regresar a las figuras de fieltro, los flanelógrafos,  para enseñar el evangelio. No estoy hablando de cosas específicas –el tipo de música o los tipos de programas. Solo estoy diciendo que no es un nuevo programa lo que derribará esos muros.

  • ¿Qué pasó con el poder de Dios?
  • ¿Qué pasó con la oración?
  • ¿Qué pasó con el poder del Espíritu de Dios?
  • ¿Qué pasó con creer en el poder de la palabra de Dios proclamada, el poder de la predicación?

La gente hoy dice, "eso es tonto. Las personas no escucharán por más de unos minutos. Su capacidad de atención es tan limitada." Recibimos esta presión aún en medio del mundo cristiano; pero  yo digo: "La Palabra de Dios es poderosa. Suéltala. Transformará vidas."

Pienso que es un pecado aburrir a las personas con la Palabra de Dios. No hay necesidad de hacer eso. Pero no hay necesidad de disfrazarla con algo llamativo, algo divertido, algo entretenido. La Palabra de Dios es poderosa cuando es proclamada bajo el poder del Espíritu Santo de Dios.

La batalla en nuestros días no será ganada por más creatividad, más innovación, o algún tipo de iglesia nueva. Va a ser ganada por las armas de la oración, la fe, la dependencia del Espíritu, la proclamación fiel de la Palabra de Dios, y levantar en alto  el nombre y la cruz de Jesucristo.

Ese siempre ha sido el método de Dios. Siempre lo será y es por eso que Pablo dice en 2 Corintios capítulo 10, "porque las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas" (vs. 4).

Las armas de Dios derribarán las murallas de Jericó cuando sean usadas a la manera de Dios, bajo la instrucción de Dios y en el tiempo de Dios. Dios no derribó las murallas en el primer día, ni en el segundo, ni en el tercero, sino en el séptimo día fue que lo hizo. Dios sabe cuándo las murallas caerán y no es nuestro trabajo derribarlas. Nuestra parte es hacer fielmente lo que Dios nos ha mandado a  hacer en el poder de Su Espíritu.

Ahora, déjame tratar con otro tema que surge en la historia de Jericó y en todo el libro de Josué. Josué es un libro de batallas, y vemos a los israelitas entrando a la Tierra Prometida y siendo  mandados por Dios a destruir a todos los cananeos, amorreos, y a los pueblos en la tierra.

Esto es algo que le molesta a mucha gente, como que le da vergüenza a algunos cristianos porque no sabemos bien cómo explicar esto.  Mucha gente lucha con la imágen de un Dios que ordena la destrucción de todas estas, "personas inocentes", y ahí es donde nos equivocamos porque se nos olvida que no hay personas inocentes.

Eso es lo que quiero tratar por un momentos aquí. Vemos en el libro de Josué lo que parece ser un Dios de juicio, un Dios de ira, y entonces algunas personas ven esta imágen y dicen, "yo pensé que Dios era un Dios de misericordia. pensé que Dios era un Dios de amor, pero Él no se ve así en el libro de Josué."

Entonces algunas personas llegan a la falsa conclusión de, "bueno, ese debe ser el Dios del Antiguo Testamento. Es el  Dios de juicio e ira, pero el Dios del Nuevo Testamento, el Dios que amamos, es el Dios de amor y misericordia y bondad y gracia."

Esa es una dicotomía falsa. El Dios del Antiguo Testamento es el mismo Dios del Nuevo, y el Dios del Nuevo no ha cambiado desde el Antiguo Testamento.

Ahora, lo que hace la diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento es la cruz de Jesucristo. La ira y el juicio de Dios fueron puestos sobre Su hijo, Jesucristo, para que Dios nos pudiera extender Su misericordia. Pero vemos montones de evidencia en el Antiguo Testamento de la increíble misericordia de Dios y vemos montones de evidencia en el Nuevo Testamento, comenzando con la cruz misma, del hecho que Dios todavía es un Dios de juicio y justa ira. Es el mismo Dios. Quiero que veamos este juicio sobre Jericó y cómo la misericordia de Dios juega un papel aquí.

En Josué capítulo 6, donde encontramos la historia de Jericó, leemos en el versículo 17, "Y la ciudad será dedicada al anatema (a la destrucción) , ella y todo lo que hay en ella pertenece al Señor." Esa es una frase importante.

Esto es traducido de diferentes formas en diferentes versiones. Es una frase difícil de traducir del idioma original. Pero la LBLA dice que será dedicada (al Señor para destrucción) al anatema. Tocaremos ese punto en un momento.

"...solo Rahab la ramera y todos los que están en su casa vivirán, porque ella escondió a los mensajeros que enviamos." (v.17) "Mas toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, están consagrados al Señor; entrarán en el tesoro del Señor..."(v. 19) (en el audio dice v. 21, pero es el 19)

"Y destruyeron por completo, a filo de espada, todo lo que había en la ciudad: hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, bueyes, ovejas y asnos." (v. 21)

Ve al verso 24,

“Y prendieron fuego a la ciudad y a todo lo que en ella había. Sólo pusieron en el tesoro de la casa del Señor, la plata, el oro y los utensilios de bronce y de hierro.”

Ahora, todo este concepto de cosas dedicadas al Señor y al anatema, para destrucción –la palabra hebrea ahí, es la palabra "H-E-R-E-M," es algo dedicado al Señor para destrucción. Significa, "separado como una ofrenda al Señor para ser destruído." La NTV dice que Jericó y todo lo que hay en la ciudad deben ser destruidos por completo como una ofrenda al Señor.  Y la RVC dice que será destruida en honor al Señor, con todo lo que hay en ella.

En la traducción griega del Antiguo Testamento, llamada la Septuaginta, la palabra es "anatema", maldito. Un comentario dice, "Estas cosas estaban destinadas a la destrucción. Estaban prohibidas."

El punto es que todo lo que había en esa ciudad debía ser entregado al Señor al destruirlo totalmente. Todo ser vivo debía ser muerto. La única excepción fue que algunas cosas específicas de oro y plata debían ser dadas al Señor y puestas en Su tesoro.

Ahora, ¿por qué? ¿Por qué Dios emitió este edicto de que estas cosas estarían bajo el herem –que fueran dedicadas a Dios para destrucción; que fueran prohibidas? Bien, hay varias razones posiblemente la primera es que los primeros frutos pertenecen al Señor.

En las batallas subsecuentes, a los hijos de Israel se les permitiría quedarse con el botín de la batalla, pero estos eran los primeros frutos. Así que todo el botín le fue dado al Señor y Dios dijo, "Lo quiero destruído excepto por las pocas cosas que van en el tesoro del Señor."

Entonces vemos que esto es una imágen del justo juicio de Dios sobre las naciones de Canaán. Vimos esto antes en esta serie, y vimos que la copa de iniquidad estaba llena y rebosando.

Por cientos de años, Dios les había dado la oportunidad de arrepentirse. Ellos la habían rechazado constantemente, y Dios dijo: "Mi copa está llena. Tu copa está llena, y Mi juicio ha de venir." Dios no sería justo si Él no ejerciera ese juicio.

Ahora, Dios quería bendecir al mundo a través de la nación de Israel, pero era importante que Israel, si iba a ser bendición y traer al Mesías al mundo, no debía contaminarse con la religión pagana y depravada de los cananeos.

Un comentarista dijo: "En vista de la influencia corrupta de las religiones cananeas, especialmente con su prostitución religiosa," estoy hablando de prostitución sexual relacionada con sus religiones –en vista de todo eso, "y de los sacrificios de infantes que ofrecían, era imposible que la fé y la alabanza puras, se mantuvieran en Israel, excepto a través de la completa eliminación de los cananeos." Así Dios estaba juzgando a los cananeos de manera justa.

Su copa de iniquidad estaba llena. Pero Dios también estaba preservando una simiente santa. Él no quería que los israelitas se contaminaran con las prácticas religiosas falsas de los cananeos. El pueblo de Dios debía estar separado de aquello que no era santo.

Ahora, la destrucción de Jericó es para nosotros una imágen del juicio que ha de venir y de la promesa de Dios de que un día, este mundo malvado, malo, pródigo que odia a Dios y todos los malvados y hacedores de maldad en él serán destruidos. Así como Jericó fue quemada por fuego, eso es solo un microcosmos del hecho de que este mundo antiguo será destruido por fuego.

Leemos acerca de esto en 2 Pedro capítulo 3. "Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas." (v.10) Los cielos serán destruidos por el fuego y los elementos se derretirán con calor intenso.

Jesús habló acerca de esto nuevamente en los evangelios, Mateo capítulo 13. ¿Recuerdas la parábola del trigo y la cizaña, de aquellos que son creyentes y los que no lo son? Luego Él dice, "¿Cuál es el final de la historia?"

Por tanto, así como la cizaña se recoge y se quema en el fuego, de la misma manera será en el fin del mundo. El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que son piedra de tropiezo y a los que hacen iniquidad;  y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes. (vv. 40-42)

Ahora, esto no es algo de lo que escuchamos predicar muy a menudo. Tú no escuchas muchos sermones acerca del infierno, o del fuego del infierno, o de la condenación o del juicio, pero es una parte importante de la palabra de Dios. Él nos ha dado historias como la de Jericó para advertirnos,  y para advertir a los no creyentes de la suerte que encontrarán si no se arrepienten y claman al Señor por misericordia.

Ahora, al pensar en el juicio de Dios, quiero que recordemos varias cosas. Antes que todo, Dios no se deleita en juzgar a los malvados. Lees esto una y otra vez en las Escrituras.

En Ezequiel capítulo 33, Dios dice, “Vivo yo” —declara el Señor Dios— “que no me complazco en la muerte del impío, sino en que el impío se aparte de su camino y viva.”  Eso es lo que Dios quiere, entonces Él les hace este ruego sincero.  “Volveos, volveos de vuestros malos caminos. ¿Por qué habéis de morir, oh casa de Israel?” (v.11). No tienes que ser juzgado. No tienes que morir. Dios le implora a su pueblo que se arrepienta.

En 2da de Pedro capítulo 3, "El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento." (v. 9).

Efesios 2 nos dice que Dios es rico en misericordia ( v. 4).

El Salmo 86, "Pues tú, Señor, eres bueno y perdonador, abundante en misericordia para con todos los que te invocan." (v. 8). Ese pasaje continúa diciendo que el Señor es paciente. Él abunda en misericordia, y el Salmo 103 –todo a través de la Escritura– pero ese pasaje dice: "Compasivo y clemente es el Señor, lento para la ira y grande en misericordia." (v. 8).

Ese es el corazón de Dios. Él ama mostrar misericordia. Él se deleita en mostrar misericordia. Él odia mostrar juicio, pero Él mostrará juicio cuando tenga que hacerlo. No es Su voluntad que nadie perezca, pero muchos perecerán porque rehúsan aceptar su ofrecimiento de misericordia.

Dios nunca juzga sin advertencia y sin una oportunidad para el arrepentimiento. Necesitamos tener eso en mente. Dios le dio a la gente de Canaán 40 años para arrepentirse después de que escucharon acerca del cruce del Mar Rojo y lo que Dios había hecho.

Sabemos que Rahab había escuchado todas estas historias, y que ella se había arrepentido y había ejercido fé. Dios le dio a la gente de Jericó todo ese tiempo para arrepentirse, y ellos no quisieron arrepentirse. Ellos fueron advertidos de lo que Dios hizo al este de Jericó con Og y Sehón, esos reyes que habían sido destruidos al este del Jordán.

Ellos habían escuchado esas historias. Ellos habían tenido la oportunidad de arrepentirse, y ¿no es característico de Dios el haberles dado siete días más, mientras los hijos de Israel marchaban silenciosamente alrededor de Jericó, para que se arrepintieran? ¿Piensas que si la gente de Jericó se hubiera arrepentido en algún momento durante esos primeros seis días, que Dios no les habría mostrado misericordia?

¿No fue eso lo que Dios hizo en Nínive, cuando Jonás vino con el mensaje que decía que en cuarenta días Nínive sería destruída? Pero el rey y la gente de Nínive se arrepintieron. ¿Qué hizo Dios? Él tuvo misericordia. De hecho, eso es lo que hizo que Jonás se enojara con Dios. "Dios, yo sabía que Tú les mostrarías misericordia a esos ninivitas malvados," y Jonás estaba enojado por eso.

Pero es el carácter de Dios mostrar misericordia. Me imagino que durante esos días, mientras los israelitas marchaban alrededor de Jericó, Dios estaba deseando en Su corazón que la gente de Jericó hiciera lo que Rahab hizo y se arrepintieran, pero ellos se negaron. Luego de la caída de Jericó, otras ciudades en Canaán fueron advertidas. Ellos vieron que eso sería lo que ocurriría si no se arrepentían y creían en lo que Dios había dicho, pero ellos se negaron a arrepentirse.

La verdad es que todos hemos pecado. No hay justo alguno en este mundo. Cada persona que alguna vez ha vivido en este planeta merece la ira y el juicio de Dios. La mayoría se resiste y rechaza recibir el ofrecimiento de Dios de misericordia y gracia.

Hay personas que han estado escuchando este programa durante semanas, meses o años que aún no se han arrepentido de su pecado ni han puesto su fe en Jesucristo. Han escuchado el evangelio una y otra vez, pero todavía quieren hacer las cosas a su manera. No levantarán la bandera blanca de rendición y estoy aquí para decirte que esto es algo muy serio.

La historia de Jericó no es solo un lindo cuento para niños. Es una advertencia de que si no te arrepientes y crees en el evangelio, tú también perecerás, y Dios es absolutamente justo en mandar ese juicio. Hoy es el día de salvación. Ahora es el tiempo de arrepentirte y creer. Si tú no eres una hija de Dios,  quiero rogarte que te arrepientas y creas en el evangelio.

Recibí un correo electrónico la semana pasada de una oyente que dijo: "Yo no soy creyente, pero disfruto escuchar tu programa cuando puedo en el auto. Encuentro tu mensaje muy práctico y de mucho ánimo." Mi corazón se cargó tanto después de leer eso. Pensé, aquí hay una persona que está camino a la destrucción y no se da cuenta. Le quiero advertir. quiero advertirte a ti: Si no eres una hija de Dios, hoy es el día de salvación, arrepiéntete y cree en el evangelio.

Quiero advertirte que si tú eres hija de Dios, pero tienes distintas murallas de Jericó en diferentes lugares en tu corazón, lugares de tu vida que has establecido y puesto contra Dios, has construído murallas, y las has fortificado, has barricado partes de tu vida separadas del reino y el gobierno de Dios, déjame decirte lo que aprendieron a la mala en Jericó: Esas paredes no se comparan con Dios. Tú no te comparas a Dios.

Dios quiere reinar y gobernar en cada área de tu vida, y si estás evitando rendirle alguna área de tu vida –tu corazón puede ser una fortaleza, como Jericó, cerrada  y amurallada muy fuertemente– necesitas saber que no puedes resistir a Dios para siempre. Él vencerá.

Él va a ganar, así que el llamado es a que levantes y ondees la bandera blanca de rendición, y digas: "Sí, Señor. Sí, Señor. Entra. Toma control de cada área de mi vida. Quiero estar rendida a ti, ser devota a ti, pertenecerte a Ti. Señor, derriba esos muros. Yo me rindo."

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth estará de regreso para orar. Ella nos ha estado contando acerca del asombroso Dios que tiene poder para juzgar y misericordia para perdonar. Estamos tan agradecidos por la oportunidad de hablarle a las mujeres acerca de temas tan importantes como estos.

Y pronto tendremos otra oportunidad de hablar de algunas cosas que estoy segura que serán de gran edificación para ti: ¿Sabías que puedes estar involucrada en mentorear a otras mujeres de diferentes maneras, sin importar quien seas?

Regístrate a la transmisión en vivo de la conferencia «Revive17: Mujeres mentoreando mujeres según Tito 2». Esta se llevará a cabo la próxima semana, los días 29 y 30 de septiembre de este año. Imagina unirte a miles de mujeres, todas con el propósito de crecer en las características que vemos en Tito capítulo 2. Imagina ser animada por ellas, y alentar tú a otras.

Para más información visita: avivanuestroscorazones.com

Bien, ¿ves la oración como un último recurso o como el primer paso? Exploraremos esta pregunta junto a Nancy, mañana. Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Nancy: Oh Señor, clamo a Ti hoy  primero por aquellas que no son creyentes, que no se han arrepentido y creído en el evangelio, y te pido, oh Dios, que mientras aún hay tiempo, antes de que venga el fin, antes de aquel día en que la tierra sea quemada con fuego y los malhechores perezcan en ella, te pido que Tú atraigas, que traigas  como Rahab, que aunque era una prostituta, se arrepintió. Ella creyó en el evangelio que conoció en sus días y fue salva. Ella fue preservada.

Gracias Señor, que en Tu misericordia, Tú llamas y  preservas un remanente, y oro por las que están escuchando hoy,  sean parte de ese remanente, que levanten la bandera blanca de rendición y digan: "Sí, Señor, ven a mi vida. Me rindo a Ti." Oh, Señor, ¿salvarías a aquellas que están perdidas?

Ruego por aquellas, Señor, tantas creyentes escuchando mi voz hoy que tienen parte de sus corazones amurallados, barricados, y que no quieren que entres en esas áreas de sus vidas –quizás es algún pecado secreto, alguna relación, algún área en particular, quizá su vida laboral o su matrimonio o su vida de pensamiento, personal– Señor sea cual sea el área, sus finanzas, oh Señor, te pido que cada una de nosotras pueda decir: "Señor, entra. Toma control. Hazlo a Tu manera. Mi corazón es tuyo, oh Señor, gobierna y reina en cada parte de mi vida."

Para Tu gloria, que puedas hacer eso en la vida de Tu Pueblo. Lo pido en el nombre de Jesús, amén.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Me Rindo a Ti, Jonathan & Sarah Jerez ℗ 2016 Aviva Nuestros Corazones

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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