Podcast Aviva Nuestros Corazones

No hay pecado privado

Carmen Espaillat: ¿Ves la oración como un último recurso, o como el primer paso a dar? Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: En tu vida personal o en tu familia, en tu matrimonio, tu iglesia, con tus hijos, cuando hay un ataque del enemigo: ¿Puedes percibirlo pero no sabes el porqué? ¿Vas y te pones de rodillas? o ¿Vas y buscas a alguien que te ayude? ¿Cuál es tu primer recurso? ¿Vas y le preguntas a un terapeuta? o ¿Vas y compras un libro? ¿Cuál es tu primer recurso?

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Las mujeres del siglo 21 tenemos tanto que aprender de la vida de un líder militar del Antiguo Testamento. Hemos estado descubriendo esto a lo largo del estudio de Nancy acerca de la vida de Josué. Aquí está ella para continuar la décima parte de este estudio, titulada, «Lecciones de la vida de Josué (Parte 10): Levantándote de la derrota.»

Nancy: ¿Alguna vez te has encontrado a ti misma teniendo esta gran victoria espiritual, en un punto mega alto de tu vida, sólo para encontrarte cayendo de cara completamente, en cuestión de horas o días después de esa experiencia en la cima de la montaña? Sé que muchas deben estar asintiendo a esta pregunta, y a la vez pienso en las experiencias en mi propia vida. He estado ahí por un tiempo, como en los portales del cielo. Y luego, en cuestión de minutos, parecería que estoy  en la carne como si nunca hubiera conocido al Señor.

Puedes estar teniendo muy buen tiempo devocional y justo tener el mejor de los tiempos con el Señor, Dios hablándote, y luego momentos más tarde le estás gritando a tus hijos y en pánico cuando ves lo cargada que está tu agenda. Esta puede que no sea una experiencia inusual, y es algo que encontramos ilustrado en el libro de Josué.

En el capítulo 6, estudiamos la conquista de Jericó. Y esta fue una victoria increíble, ganada por el mismo Señor, nuestro Dios. Hubo tanta evidencia del poder sobrenatural de Dios. Y este capítulo termina con una gran nota; dice el último versículo: «Y el Señor estaba con Josué, y su fama se extendió por toda la tierra» (v. 27).

Los israelitas están en la cúspide de la conquista. Todo el mundo está en éxtasis. Dios acaba de hacer este gran evento. Y luego llegamos al capítulo 7 de Josué, al versículo 1. Y llegamos a esa pequeña palabra de cuatro letras «pero.» Pero algo sucede. La victoria es rápidamente eclipsada por la derrota, y es una derrota significativa.

Esa pequeña palabra «pero» y lo que el texto nos continúa diciendo, nos recuerda que nunca estamos en mayor peligro y nunca estamos más vulnerables espiritualmente que cuando estamos en medio de una gran victoria. Y es un patrón. Puedes esperarlo. Recuerdas después de que Jesús fue bautizado en el río Jordán por Juan el Bautista y el Espíritu descendió sobre Él. ¿Qué nos dice el siguiente versículo?

El Espíritu Santo lo dirigió al desierto para ser tentado por el diablo. Las batallas y las bendiciones parecen como que van juntas. No puedes tener bendiciones sin batallas. Andrew Bonar, que fue un gran escritor cristiano del siglo pasado, dijo: «Seamos tan vigilantes después de la victoria como antes de la batalla.»

Y algunos de mis amigos saben eso, así que ellos oran por mí no sólo antes de que yo vaya a la batalla, no solamente cuando estoy justo en medio de la batalla, sino que algunos de ellos que me conocen lo suficientemente bien, saben que realmente necesito sus oraciones luego, después de la batalla; porque es ahí cuando la derrota puede ser bien grande. Y no importa cuántas victorias hayamos tenido, nunca, nunca seremos invencibles, ni  llegaremos al lugar en que seamos inmunes al fracaso.

Y un comentarista lo dijo de la siguiente manera: «El pecado acecha a la sombra misma de la victoria de la fe.»  Y he encontrado que esa es una gran verdad, muchas, muchas veces en mi propia vida.

El versículo 1 del capítulo 7 me recuerda una serie televisiva sobre crímenes, donde primero se ve la escena en la que el crimen es cometido, y puedes ver el crimen cometido. Sabes que eso sucedió. Pero en el resto de la historia, la policía, los detectives y el juez, están clasificando toda la evidencia y tratando de descubrir qué fue lo que sucedió y de identificar quién cometió el crimen.

Y eso es un poco de lo que tenemos aqui. Dios nos da su punto de vista de lo que sucedió en el versículo 1, pero Josué y los israelitas no saben lo que se nos dice en el versículo 1 sino hasta mucho más tarde.

El versículo 1 del capítulo 7 de Josué dice: «Mas los hijos de Israel fueron infieles en cuanto al anatema.» ¿Recuerdas qué era eso? Esas eran las cosas en Jericó que Dios les había dicho que debían destruir. Estaban bajo prohibición. Eran anatema. Eran malditas.

«Mas los hijos de Israel fueron infieles en cuanto al anatema, porque Acán, hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá, tomó de las cosas dedicadas al anatema (las cosas consagradas como dice la NTV); y la ira del Señor se encendió contra los hijos de Israel» (versículo 1).

Y entonces, se nos dice lo que sucedió, pero Josué y los israelitas no lo saben. El único que sabe lo que acabamos de leer es Acán, y oh, claro, está otra persona: Dios. Dios lo sabe todo. Dios había visto lo que Acán pensó, y lo que había hecho en secreto y en privado. Dios lo sabe. Y este es un punto muy importante.

Versículo 2, ahora volvemos a Josué y al punto de vista de Josué. Él no sabe lo que sabemos sobre Acán. Dice: «Y Josué envió hombres desde Jericó a Hai, que están cerca de Bet-avén al este de Betel, y les dijo: Subid y reconoced la tierra. Y los hombres subieron y reconocieron a Hai. Y cuando volvieron a Josué, le dijeron: Que no suba todo el pueblo; sólo dos o tres mil hombres suban a Hai; no hagas cansar a todo el pueblo subiendo allá, porque ellos son pocos» (versículos 2-3).

Ahora, ellos acaban de estar en Jericó. Y ellos han visto lo que Dios ha hecho y estos hombres van y ven en Hai y dicen: «Comparado con Jericó, esto esta demasiado  fácil. Lo tenemos hecho. Ni siquiera tenemos que enviar a todo el ejército» Lo que no vemos a estos hombres hacer es preguntarle al Señor: «Señor, ¿qué debemos hacer?»

¿Recuerdas quién es el Comandante del ejército del Señor? Josué lo conoció en el capítulo 5. Y hablamos de ello. Jesús mismo apareció ante Josué como una cristofanía, como una aparición pre-encarnada de Cristo. Y Él le dijo: «He venido a tomar el  control.»

Entonces Josué sabía que él necesitaba preguntarle al Señor: Señor ¿Cuál es el plan de batalla? ¿Qué quieres que hagamos? ¿Hacemos lo mismo que hicimos con Jericó? ¿Quieres que hagamos algo diferente? No hay evidencia. Lo que sí es evidente, por su silencio, es que  el pueblo  no consultó a Dios sobre qué hacer.

Versículo 4: «Así que subieron allá unos tres mil hombres del pueblo, pero huyeron ante los de Hai. Y los hombres de Hai hirieron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los persiguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los derrotaron en la bajada; y el corazón del pueblo desfalleció y se hizo como agua.» (vv. 4-5)

Y hemos visto esa frase anteriormente, pero cuando estaba relacionada con los cananeos, cuyos corazones se habían derretido  y se habían vuelto como  agua cuando ellos vieron las victorias que Dios estaba dando a los hijos de Israel. Ahora, ¿Quién es que está aterrado? Ahora son los corazones del pueblo de Dios que han desmayado y se han fundido como el agua.

Y esta derrota en Hai es la única derrota registrada en el libro de Josué. Es la única ocasión en que leemos acerca de los hijos de Israel sufriendo la pérdida de  vidas en una de las batallas. Y esta fue una derrota humillante justo en los talones de esta gran victoria de Jericó.

  • Y ¿cómo llegaron ellos a ser derrotados?
  • Y ¿por qué fueron derrotados?
  • Y ¿qué fue lo que sucedió?

Bueno, considero que hay varias cosas que ocurrieron aquí, varios factores. Uno de ellos, el más probable, fue que tal vez ellos tuvieron un exceso de confianza después de su victoria frente a Jericó. ¿Habrá este pueblo olvidado cómo fue ganada esa batalla, por decirlo de alguna manera, sin que los israelitas dieran ni un golpe.

No fue el ejército israelí el que derrotó Jericó. Fue el ejército de Dios. Y fueron esas huestes angelicales. Los hijos de Israel nunca clavaron una lanza. Es decir, las murallas cayeron por su cuenta. No había ninguna gran estrategia militar que provocara la caída de estas murallas. Fue Dios que lo hizo.

Y el ejército israelí no tuvo más capacidad de destruir Hai que la que tuvo para derribar los muros de Jericó. De alguna manera, ellos, en la vanidad de sus corazones, comenzaron a intoxicarse con su éxito y pensaron: «Nosotros podemos hacer esto.»

Si así fue, ellos aprendieron por la vía difícil que no podemos hacer nada apartados de Dios. Entonces nosotras aprendemos a medida que vemos este pasaje, que no debemos sobrestimar nuestras  propias fuerzas. Y aprendemos a no subestimar la fuerza de nuestro enemigo. Y ¿cómo hicieron esto?

Bueno, cuando los espías vinieron de regreso donde Josué, recuerda que ellos le dijeron: «Que no suba todo el pueblo; sólo dos o tres mil hombres subirán a Hai; no hagas cansar a todo el pueblo subiendo allá, porque ellos son pocos»

Eso fue lo que los espías pensaron, pero resultó que estaban equivocados, y que la ciudad no era tan pequeña como ellos pensaron que era. En el versículo 25 del capítulo 8, leemos que había por lo menos 12,000 habitantes en la ciudad. Así que lo que sea que hayan visto, ellos vieron mal. Y ellos subestimaron a su oponente. Y parece que sobrestimaron su propio poder.

Y es un buen recordatorio para nosotras,  es imposible vencer aun la más pequeña de las tentaciones apartadas de la gracia y del poder de Dios. Sabemos que no podemos con las tentaciones grandes. Pero necesitamos recordar que tampoco podemos manejar las tentaciones más pequeñas por nuestros propios medios.

No podemos vencer ni la más pequeña de las tentaciones apartadas de la gracia y del poder de Dios. Y nunca olvides que el mismo Dios que una vez te dio la victoria inicial, puede hacer que seas derrotado por tus enemigos, si Él aparta su mano de bendición y de protección. Nunca, nunca, nunca estaremos en un lugar donde podamos darnos el lujo de no depender de Dios.

Y a veces recordamos esto cuando somos más jóvenes como cristianas o cuando estamos tratando por primera vez con un proyecto o con un esfuerzo para el Señor. Puedo recordar en mis primeros años de enseñanza de la Palabra de Dios, esos primeros días de Aviva Nuestros Corazones en la radio, acabando de tener ese sentir de absoluta desesperación. Yo sabía que no podía hacer esto sin Dios.

Así que me encontraba clamando al Señor, y pidiéndole Su gracia, pidiéndole fortaleza, en ocasiones literalmente llorando mientras clamaba a Él: «Señor, no puedo hacer esto sin Ti.» Y muchas de ustedes me han escuchado decir cuán cierto es esto.

Pero hoy en día no soy más capaz de hacer lo que Dios me ha llamado a hacer de lo que era cuando inicié este ministerio. No tengo más fortaleza ni más capacidad fuera de Cristo, ni ahora ni en ese entonces. He crecido mucho en el Señor. Y el Señor ha mostrado mucha gracia sobre mí. Y existen áreas de tentación que no son tan fuertes en mi vida como una vez solían serlo. Pero todavía no puedo superar incluso la menor área de pecado en mi vida apartada del Señor.

Y nunca estaré en un lugar en que pueda hacerlo sin Él. A través de los años, le he pedido al Señor que me recuerde esto. Le he pedido al Señor, en cuanto a la enseñanza se refiere, que nunca me deje llegar a un lugar donde pueda ministrar la Palabra de Dios a otros sin tener ese sentido de mi propia incapacidad sin Su gracia, y el Señor ha sido muy fiel en responder esa oración. Vez tras vez, me levanto para enseñar o a predicar en una conferencia, para escribir un libro y me siento abrumada con el sentido de mi propia incapacidad fuera del poder de Dios. Lo necesito a Él, a Dios cada día, en cada momento. Tú necesitas a Dios. Lo necesitas tanto como una madre necesita a Dios para criar a su sexto hijo al igual que lo hizo con el primero.

Y Dios tiene maneras de recordarnos cuánto lo necesitamos. No solamente los israelitas aparentemente sobrestimaron su propio poder y aparentemente subestimaron el poder del enemigo. Sino que aparentemente, como comentábamos, ellos fallaron en buscar a Dios con relación a esta batalla. No hay evidencia de que ellos oraran a Dios para que Dios les diera dirección sobre cómo proceder.

Y otra vez, sólo un recordatorio, de que nunca llegaremos al lugar donde podamos decir: «Señor, tengo todo esto resuelto. Y yo creo que sé cómo puedo manejar esta situación. Lo hemos hecho de esta manera antes. Y lo haremos de esta forma otra vez.» Este es un recordatorio de que constantemente necesitamos preguntarle al Señor: «¿Cómo quieres que procedamos en esta situación en este momento? ¿Cuál es tu dirección para esta batalla?

Ahora, considera que estas son, probablemente, razones para la derrota en Hai. Pero las Escrituras son claras sobre la razón principal de la derrota en Hai, y fue la desobediencia. Vemos en el versículo 1 que un hombre de los hijos de Israel, Acán, había tomado para sí algunas cosas que Dios les había dicho que estaban dedicadas al anatema. Y otra vez, esta es una historia muy familiar.

No conozco a nadie que le haya puesto a un hijo suyo por nombre Acán. Este es un nombre que…cuando piensas en Acán, tiene una connotación negativa. Lo relacionamos a la maldad. Se piensa en un hombre que robó, que mintió, que cubrió, que escondió, que quedó lapidado. Nadie quiere ser un Acán. Incluso al día de hoy, hablar de un Acán en el entorno, no es un buen término. Tú no quieres ser un Acán.

Pero quiero que examinemos cómo Josué y los hijos de Israel lidiaron con la derrota en Hai y con la situación referente a Acán. En primer lugar, quiero que recordemos que Josué no sabe lo que está sucediendo. Todo lo que sabe es que ellos han sido derrotados terriblemente  en manos del ejército de Hai. Y ¿qué hace Josué entonces?

Él vuelve su rostro al Señor. Él clamó a Dios por respuestas. Y leemos en Josué 7, desde el versículo 6: «Entonces Josué rasgó sus vestidos y postró su rostro en tierra delante del arca del Señor hasta el anochecer.»

¿Recuerdas que dijimos que el Arca del Señor era un símbolo de la presencia de Dios? Así que, ¿a dónde fue Josué? El fue a Dios. Él se postra frente a Dios y clama a Él. «Señor, ¿cuál es el problema? ¿Qué sucede aquí?»

Él y los ancianos de Israel postraron sus rostros ante el Arca del Señor.

Y ellos echaron polvo sobre sus cabezas, como un símbolo de humillación. «Y Josué dijo: ¡Ah, Señor Dios! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos después en manos de los amorreos y destruirnos? ¡Ojalá nos hubiéramos propuesto habitar al otro lado del Jordán!...(v.9)  Porque los cananeos y todos los habitantes de la tierra se enterarán de ello, y nos rodearán y borrarán nuestro nombre de la tierra. ¿Y qué harás tú por tu gran nombre?» (vv. 7 y 9)

Aquí vemos a un hombre, un líder que está desanimado. «¿Señor, tú nos trajiste aquí para esto? ¿Para destruirnos?» Él está perplejo. ¿Cómo sucedió esto? Las cosas habían ido tan bien. Él había estado siguiendo al Señor. Él había estado meditando en Su Palabra. Él había estado buscando al Señor. Dios los había bendecido, y lo había empoderado. Y ahora esta derrota inexplicable. «Señor, ¿qué ha sucedido?» Él no puede ver cuál es el problema. Él no ha visto lo que nos han dicho acerca de Acán. Así que él se vuelve a la intercesión y él se vuelve al Señor.

Y ¿es eso lo que haces cuando tu vida se vuelve patas arriba y estás derrotada por razones que no puedes entender? En tu vida personal o en tu vida familiar, tu matrimonio, tu iglesia, o con tus hijos, cuando hay un ataque del maligno, puedes verlo, pero no sabes por qué, vas y te postras rostro en tierra, o pides ayuda a alguien, o tomas un libro? ¿O vas y consultas donde un terapeuta? ¿Cuál es tu primer recurso?

Para muchas de nosotras, el Señor es nuestro último recurso después de haber tratado todo lo demás y de no haber tenido ninguna respuesta. Pero Josué nos muestra que el siervo del Señor acude primero al Señor y le dice: «Señor, ¿qué sucede? Ayúdame a entender»

Y luego podemos ver que Josué es celoso del nombre y de la reputación de Dios. Esa es su motivación. «Señor, los cananeos van a escuchar sobre esto. Y ellos cortarán nuestro nombre de la tierra y, tú ¿qué  harás por Tu gran nombre?»

De hecho, él dice: «Señor, si ellos nos eliminan no es gran cosa, es nuestro nombre. Pero Señor, es Tu Nombre lo que nos preocupa. Tú nos enviaste a esta tierra a representarte, para hacer resplandecer Tu gloria y manifestar Tu Nombre. ¿Qué dirán de Tu Nombre si nos eliminan?»

Él tiene celo por la reputación de Dios. Si el pueblo del pacto de Dios fuera exterminado, ¿cómo sería proclamado el nombre del Señor en toda la tierra? En la intervención que hace Josué aquí, puedes ver el mismo corazón que tuvo Moisés y que hemos visto cuando él clamó al Señor y admitió que él era prescindible y que estaba preocupado acerca de lo que la gente pensara acerca de Dios.

Y esa tiene que ser la motivación  a medida que oramos por esas áreas de derrota, a medida que esas cuestiones desconcertantes surgen en nuestras vidas. «Señor, ¿qué pensarán las personas sobre ti?» en lugar de «¿qué piensa la gente sobre mi matrimonio? Si llego a divorciarme, voy a quedar mal.» No, no es que quedamos mal. La pregunta es, ¿cómo verán a Dios en medio de esta situación?

Entonces Josué se vuelve al Señor, y luego Dios en respuesta a las oraciones se le revela a Josué: «Y el SEÑOR dijo a Josué: ¡Levántate! ¿Por qué te has postrado rostro en tierra? Israel ha pecado y también ha transgredido mi pacto que les ordené; y hasta han tomado de las cosas dedicadas al anatema, y también han robado y mentido, y además las han puesto entre sus propias cosas» (vv. 10-11)

Esta es la primera información que Josué recibe en esta situación. Y es interesante que Dios le dice: «Israel ha pecado.» En el versículo 1 leemos: «Mas los hijos de Israel fueron infieles en cuanto al anatema.»

¿Puedes ver aquí cómo Dios hace a toda la nación responsable por el pecado de un solo hombre? Y también puedes ver como Dios retuvo Su bendición de toda la nación hasta que ese pecado hubo sido tratado. Fue Acán quien pecó, pero debido a que la nación de Israel era una comunidad de pacto, toda la nación fue impactada. Un pecador trajo culpa y consecuencias a toda la nación.

Piensa en esto solo en términos humanos. Si un hombre roba algo, tu no dices: «Oh, él no robó, fue solo su mano la que hizo eso.» Su mano no está separada de su cuerpo. El pecado nunca es un asunto privado. No puedes pecar sin afectar a toda la iglesia.

Si te vuelves fría espiritualmente, afectarás la temperatura de todo el cuerpo. Oh, amadas, por eso es que necesitamos ayudarnos las unas a las otras. Por eso es que necesitamos exhortarnos las unas a las otras diariamente para que ninguno de nuestros corazones se endurezca por el engaño del pecado.

No es suficiente para mí saber que mi caminar va bien. Necesito estar involucrada en tu caminar con Dios, y tú tienes que estar al tanto de mi caminar con Dios. Y necesitamos conocernos lo suficientemente bien y estar en la vida de las demás para saber si nos estamos escondiendo, si estamos fingiendo o si nos estamos cubriendo.

Y me temo que en la mayoría de las iglesias y de los grupos pequeños solo hablamos bromas las unas con las otras, y la gente está realmente muriendo o pecando en su interior. ¿Quién sabe? ¿Quién pregunta? ¿Quién cuida? Tenemos que cuidarnos. Y este es un asunto que afecta a todo el cuerpo de la iglesia. En el versículo 12 Dios nos dice: «No pueden, pues, los hijos de Israel hacer frente a sus enemigos; vuelven la espalda delante de sus enemigos porque han venido a ser anatema.»

¿Captaste eso? Los hijos de Israel, habiendo tomado las cosas que se habían dedicado a la destrucción, ellos mismos fueron dedicados a la destrucción. Ellos tomaron las cosas que estaban bajo prohibición. Ahora bien, Dios dice que los israelitas, ellos mismos están bajo la prohibición. Y es por eso que fueron derrotados en Hai.

Y Dios dice: «No estaré más con vosotros a menos que destruyáis las cosas dedicadas al anatema de en medio de vosotros» (v. 12). Verás, hasta que no lidiemos con el pecado en el cuerpo de Cristo (y hablaremos más de este tema en los próximos programas) si no lidiamos con el pecado perderemos la presencia de Dios. Dios dice: «No estaré más con ustedes » y no podremos enfrentar a nuestros enemigos.

Viviremos vidas derrotadas individualmente y en comunidad hasta que tratemos los aspectos de la forma en la que Dios nos lo revela. Dios revelará las cosas que quiere que tratemos en nosotras y a la vez revelará la acción que necesita ser tomada.

Y en el versículo 13, Dios le dice a Josué:

«Levántate, consagra al pueblo y di: "Consagraos para mañana, porque así ha dicho el Señor, Dios de Israel: 'Hay anatema en medio de ti, oh Israel.' No podrás hacer frente a tus enemigos hasta que quitéis el anatema de en medio de vosotros.”»

Así que, en este punto, Dios no le dice a Josué «quien lo hizo» Dios no señala al hombre. Vamos a ver en la siguiente sesión el proceso por el cual Dios trae eso a la luz. Dios le dice: «Primero, voy a tratar con toda la nación.»

Todos necesitamos consagrarnos juntos. Cada persona necesita buscar su propio corazón y decir como los discípulos cuando estaban en esa última cena junto al Señor: «Señor, ¿soy yo?»

Puede que haya algo en mi corazón, en mi vida, algo oculto en mí tienda que te mantenga alejado de bendecir a Tu pueblo.

Tú dirás: «No sé de nada».

Pero Dios dice:  pídele a cada uno que examine su propio corazón, «Consagraos» y luego Él va a sacar a la superficie lo que necesita ser tratado en nosotras.

Carmen: Todas sabemos cómo se sienten la derrota y el fracaso. Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha mostrado cómo responder ante estas, y regresará con nosotras para concluir esta enseñanza en oración.

Estoy agradecida a Dios por darnos en Su Palabra el ejemplo de Josué, cómo respondió con humildad ante la derrota. Si esta enseñanza fue de bendición para ti también, te animo a que compartas este programa con algunas de tus amigas. Puedes hacerlo fácilmente a través de nuestra página web, AvivaNuestrosCorazones.com, o a través de nuestra aplicación Aviva Nuestros Corazones.

Aquí está Nancy para orar.

Nancy: Oh Padre, te ruego que incluso en este dia, trates con nosotras como Tus hijas, que nos humillemos ante ti, que nos consagremos de nuevo a Ti, y que permitamos que examines nuestros corazones y nos permitas preguntarnos: Oh Señor, hay algo en mí que estoy reteniendo y que no me pertenece? ¿Hay algo que he tocado y te pertenece? ¿Hay algo que no te he dejado tener y que te pertenece? ¿Hay algún pecado, algún aspecto, alguna manera en que yo haya quebrantado mi fe en Ti y mi pecado está afectando no sólo mi vida sino  también a mi familia y al cuerpo de Cristo?

Oh Señor, te ruego que a medida que examinamos este pasaje durante estos días, nos ayudes a tomar esta historia tan familiar y que la hagas resonar de forma fresca en nuestros corazones. Y Señor, te pedimos que purifiques Tu novia, purifica Tu iglesia. Conságranos, oh Señor. Límpianos.

Confesamos que estamos cayendo frente a nuestros enemigos, y tenemos este sentido de que Tu presencia no está en medio nuestro. Y oh Señor, esperamos a que vuelvas y obres libremente para darnos la victoria sobre Tus enemigos.

Pero Señor, primero Tú nos has dicho que debemos inclinarnos ante ti y consagrar nuestras vidas a Ti y examinarnos y ver donde hemos sido desleales.

Oh Señor, ayúdanos a tomar en serio el hecho de que Tu presencia, Tu preciosa y dulce presencia llena de gracia, sea restaurada en medio de Tu pueblo una vez más. Oramos en el Nombre de Jesús, amén.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.