Podcast Aviva Nuestros Corazones

Las consecuencias de codiciar

Carmen Espaillat: Si le desobedeces a Dios, puede que tengas que lidiar con las consecuencias por años.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Eso es lo que sucede con el pecado.  No pensamos en todas las consecuencias a largo plazo, de querer, exigir y obtener algo que no está de acuerdo con la Palabra de Dios.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Las historias de héroes realizando hazañas heroicas siempre han estado en nuestra imaginación. Pero creo que en realidad podemos identificarnos mejor con los personajes que enfrentan fracasos—podemos ver nuestras propias luchas en sus historias.

Ayer, Nancy describió una derrota que Josué y los hijos de Israel experimentaron. Podemos aprender mucho de esa experiencia. Hoy Nancy retoma esta historia en la serie «Lecciones de la vida de Josué (Parte 10): Levantándote de la derrota.»

Nancy: ¿Alguna vez has tenido la experiencia de escuchar algún tipo de escándalo o conmoción en la habitación de al lado donde tus niños están jugando, y luego tal vez escuchas un grito espeluznante y sabes que algo malo ha pasado?

O escuchas algo que se cayó al suelo y sabes que algo se rompió, y entras a la habitación, y hay cinco niños allí, y tienes que averiguar quién lo hizo.

Y les preguntas a los niños, y ninguno de ellos está dispuesto a confesar. Todos están mirando al suelo como angelitos o señalando a otra persona, y tienes que determinar: «¿Cómo llego al fondo de esto? ¿Cómo puedo saber quién hizo qué?»

Bueno, pues hoy vamos a ver en el capítulo 7 de Josué un incidente en el que había mucha gente, y Josué no sabía quién había hecho qué. Josué era el líder de este pueblo, pero Dios ideó un medio que llevó a la persona culpable a salir a la luz.

Hemos estado viendo este pasaje y voy a hacer un resumen para aquellas de ustedes que no han estado con nosotras en las últimas sesiones. Sabes que los hijos de Israel ganaron esta increíble victoria en Jericó –Dios ganó la victoria por medio de los hijos de Israel y Dios obtuvo todo el crédito. Él lo merecía todo.

Luego, en la siguiente batalla que tuvieron, la cual ellos pensaban que iba a ser pequeña en comparación, sufrieron esta humillante derrota, y no tenían idea de por qué.  Dios nos dice por qué en el versículo 1 de Josué capítulo 7.

Josué no sabe todavía quién ha sido el responsable de que esto ocurriera dentro de Israel, por qué fueron derrotados a manos de sus enemigos. Lo que había sucedido era que un hombre había tomado algunas de las cosas que debían ser dedicadas a Dios, y él las había escondido en su tienda.

Josué clamó al Señor y le  dijo: «Señor, ¿qué pasó? ¿Por qué hemos sido vencidos por nuestros enemigos? No queremos que la gente piense que no eres Dios. Y no queremos que Tu nombre sufra daños en su reputación, así que, Señor, por favor, muéstrame qué hacer.»

Y el Señor le dijo a Josué: «¡Levántate! Israel ha pecado y tú tienes que lidiar con este pecado. No puede ser escondido, ni barrido debajo de la alfombra. No puedes seguir adelante. No vas a experimentar Mi presencia. Y no vas a poder enfrentar a tus enemigos con éxito hasta que trates con este pecado.»  Dios le ha revelado a Josué cuál es el problema, y ​​ahora Dios le está mostrando a Josué la acción que debe tomarse.

Recuerda que cuando terminamos la última sesión, Dios dijo: «En primer lugar, consagra a todo el pueblo y diles que preparen sus corazones, y luego vamos a identificar quién es el culpable entre todas estas personas.»

Así que hoy llegamos a la parte en Josué 7, comenzando en el versículo 14, donde se identifica al ofensor. Y fue a través de un proceso que es probablemente un poco diferente al que usarías con tus hijos, pero porque Dios le dijo a Josué que hiciera esto, funcionó.

Versículo 14 «Por la mañana os acercaréis, pues, por tribus.»

Ahora, recuerda que estamos hablando de dos o tres millones de personas aquí. Esto no son sólo cinco niños a los que intentas ordenar. ¡Aquí hay mucha gente! Así que hay que dividirlos por tribus.

«Y será que la tribu que el Señor señale se acercará por familias.»

Las tribus fueron divididas en familias, y hubo un proceso de sorteo. No se nos dice exactamente cómo sucedió todo esto.  Pero de alguna manera por medio del sorteo eran escogidas.

«Y la familia que el Señor señale se acercará por casas.»

Y ya esta era una unidad más pequeña aún. Estamos acercándonos cada vez más.

«Y la casa que el Señor señale se acercará hombre por hombre. Y será que el hombre que sea sorprendido con las cosas dedicadas al anatema será quemado, él y todo lo que le pertenece, porque ha quebrantado el pacto del Señor, y ha cometido infamia en Israel.» (vv. 14-15)

Y es interesante ver, mientras miras este pecado a lo largo de este capítulo, las formas en las que se describe el pecado.

En el versículo 1 se describe como quebrantar la fe en Dios.

Se describe como transgresión del pacto de Dios.

Es descrito como una cosa escandalosa, una infamia, como acabamos de leer en el versículo 15.

Y más adelante, en el versículo 20, dice que el pecado es contra el Señor.

Y leemos hacia el final del capítulo que el pecado trae problemas (v. 25).

Veremos después que Acán es expuesto, que el pecado no puede ser disfrutado. En el principio crees que lo vas a disfrutar, por eso lo haces. El pecado trae placer por una breve temporada, pero su placer es de corta duración.

Así que vamos a ver que el pecado es algo muy destructivo. Y es tan atractivo. Es tan tentador en su apariencia o de lo contrario no lo haríamos.

Si Eva hubiera echado un vistazo a ese pedazo de fruta y hubiese sido capaz de ver que estaba dañada y que estaba llena de gusanos, no la habría mordido. Por eso el diablo tiene una manera de hacer que el pecado luzca atractivo; pero cuando muerdes esa fruta, te das cuenta de que tienes la boca llena de gusanos.

Él no te dice nada sobre el mal sabor que queda en la boca, sobre el efecto, sobre el hecho de que esto es algo atroz, es una transgresión del pacto de Dios. Tú solo piensas, sólo estoy tomando algunas cosas que quiero. Tal vez estás pensando, yo necesito eso.

Y vamos a ver por qué Acán pudo haber tomado estas cosas.  Estamos viendo la verdadera naturaleza del pecado, y queremos verlo desde la perspectiva de Dios.

Así que Dios le describe a Josué la forma en que iban a realizar el sorteo e iban a identificar quién era el culpable. Versículo 16:

«Y Josué se levantó muy de mañana, e hizo acercar a Israel por tribus, y fue designada la tribu de Judá.»

Ahora recuerda, Judá es el linaje a través del cual Cristo el Mesías vendría, así que Dios se interesa particularmente aquí en la preservación de la línea de Cristo para que su Hijo Jesucristo pueda nacer de esta tribu.

Versículo 17: «Mandó acercar a las familias de Judá, y fue designada la familia de los de Zera; e hizo acercar a la familia de Zera, hombre por hombre, y Zabdi fue designado. Mandó acercar su casa hombre por hombre; y fue designado Acán, hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá.» (vv. 17-18).

Ahora, mientras he estado meditando sobre este pasaje, me he preguntado a mí misma, «¿Por qué Dios hizo a Josué pasar por este largo y gran proceso?» Dios sabía quién había tomado las cosas; y Él sabía exactamente dónde estaba.

Dios le había dicho a Josué otras cosas. ¿Por qué Dios no le dijo a Josué, «Acán ha pecado. Ve a su tienda, y encontrarás las cosas que él tomó?»

Parecería que se habría ahorrado mucha conmoción. Acabamos de leerlo de una manera muy corta, pero me imagino que esto tomó cierto período de tiempo para pasar por todo este proceso, toda una gran complejidad. ¿Por qué Dios los hizo pasar por todo esto?

Creo que puede haber sido por al menos dos razones. Una de ellas es, por Israel. A medida que las personas estaban viendo este proceso -–doce tribus– ellos ven reducido a Judá, y de Judá, diferentes familias. Lo ven reduciéndose, ven que se redujo de familias a hogares.

Y ellos ven que se va reduciendo, y mientras todo este proceso está en marcha, ¿no te parece que todos aquellos israelitas que no tomaron las cosas están mirando y diciendo: «Esto es en serio. ¿Quién será el hombre?» Y se están dando cuenta, «si yo desobedezco a Dios, se va a descubrir

O ellos están esperando para ver si se descubre, y están pensando, «Si funciona esta vez. . . » ¿No crees que eso iba a poner un poco de temor de Dios en algunas personas que podrían estar pensando en hacer algo en desobediencia a Dios?

Cuando nosotros seguimos el proceso de Dios para tratar con el pecado en la iglesia o en las familias –en nuestras unidades colectivas– tiene un efecto no sólo sobre la persona que ha pecado. Tiene un efecto sobre las personas que no han pecado, y con la esperanza de que los guardará de caer en algunos de los mismos pecados.

Por eso es tan importante que tratemos con el pecado a la manera de Dios. Y a veces, como veremos en la próxima sesión, por eso es importante que lidiemos con el pecado públicamente, para que todos vean y teman a Dios, y la santidad de Dios pueda ser preservada entre Su pueblo.

Y pienso que el proceso fue, en parte, para todo el pueblo de Israel, para recordarles la gravedad de la desobediencia. Pero pienso que también fue por Acán.

Creo que todo este proceso fue una oportunidad que Dios, quien es un Dios misericordioso, le estaba dando a Acán para que confesara por sí mismo sin tener que quedar expuesto, sin forzar su confesión que al final así pasó.

Así que, mientras los sorteos se estaban llevaban a cabo, Acán tuvo la oportunidad de levantar su mano, al igual que lo hacen cuando hay falta sobre la cancha de baloncesto, y decir: «Yo cometí una falta. Yo lo hice.»  Él tuvo la oportunidad de arrepentirse.

Y yo no sé, porque así no sucedió la historia. Pero en base a lo que sabemos acerca de Dios, si Acán se hubiera arrepentido por su propia voluntad,  creo que Dios le habría mostrado misericordia.  Porque eso es lo que Dios hace.

Así que cuando piensas que Dios fue duro con este hombre, cuando lo único que hizo fue tomar algunas cosas pequeñas, recuerda: Dios estaba dándole a Acán tiempo de arrepentirse.  Dios no quería destruir a Acán y a su familia. No es la voluntad de Dios que ninguno, que alguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (ver 2 Pedro 3:9).

Y durante todo este tiempo, Acán se quedó callado, mientras tomaban la tribu de Judá, mientras tomaban la siguiente familia, mientras tomaban la siguiente casa; y nunca, hasta que la suerte cayó sobre él, el dijo: «Mira, amigo, no queda nadie más aquí; eres el último hombre; tú eres el hombre; tú lo hiciste . . .»  No es hasta ese punto que él habla y él confiesa su pecado.

Así que ahora Acán está expuesto. La suerte cayó sobre él. Versiculo 19:

«Entonces Josué dijo a Acán: Hijo mío, te ruego, da gloria al Señor, Dios de Israel, y dale alabanza; y declárame ahora lo que has hecho. No me lo ocultes.»

Así dice Josué, «Acán, da gloria a Dios. Sal a la luz. Confiésate. Sé honesto. Di lo que has hecho. No trates de ocultarlo. No trates de cubrirlo. Sácalo a la luz.»

Y entonces Acán hace su confesión, pero creo que ya es demasiado tarde. Dice en el versículo 20, «Y Acán respondió a Josué: En verdad he pecado contra el Señor, Dios de Israel.»

Él está en lo cierto, pero la evidencia de que no estaba arrepentido se encuentra en el hecho de que no confesó hasta que quedó atrapado, hasta que quedó expuesto. Fue una confesión forzada.

Y una de las señales del verdadero quebrantamiento es que tú confiesas antes de que te atrapen. Todas pecamos, y todas vamos a ser expuestas. La pregunta es, ¿vamos a exponernos nosotras mismas al caminar hacia la luz y confesar mientras todavía hay esperanza para misericordia, o vamos a esperar a que nos agarren con las manos en la masa, y seamos expuestas?

Este es el caso con tanto pecado moral entre los líderes en la actualidad. Y una de las señales de si existe o no el arrepentimiento, en muchos casos es: ¿La persona fue descubierta, o ha venido a confesar por su cuenta?

Ahora, puedes ser descubierta y todavía arrepentirte, pero eso hace tu arrepentimiento sospechoso cuando no te arrepientes hasta que no tienes otra opción.

Entonces Acán dice:

«En verdad he pecado contra el Señor, Dios de Israel, y esto es lo que he hecho: cuando vi entre el botín un hermoso manto de Sinar y doscientos siclos de plata y una barra de oro de cincuenta siclos de peso, los codicié y los tomé; y he aquí, están escondidos en la tierra dentro de mi tienda con la plata debajo.» (vv. 20-21)

Él no tiene otra opción ahora, más que confesar lo que ha hecho.  Él ha sido descubierto.

Pero él también no tiene excusa por lo que hizo. Acán tenía la Palabra de Dios.

Ahora, él no tenía la Biblia como nosotras hoy, pero Dios le había ordenado claramente a Josué y al pueblo, antes de que entraran en Jericó, en el capítulo 6, en los versículos 18 y 19:

«Pero en cuanto a vosotros, guardaos ciertamente de las cosas dedicadas al anatema, no sea que las codiciéis y tomando de las cosas del anatema, hagáis maldito el campamento de Israel y traigáis desgracia sobre él. Más toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, están consagrados al Señor; entrarán en el tesoro del Señor.»

Dios le había dicho a Su pueblo lo que Él esperaba, y Dios nos ha dicho a nosotras lo que Él espera. No tenemos excusa cuando pecamos. Dios nos ha dado Su ley. Nos ha dado Su Palabra. Nos ha dado Sus caminos.

Y se les había advertido que no debían guardar ninguna parte del botín que estaba bajo prohibición, y si lo hacían, iban a traer problemas sobre toda la nación.

Y este fue un pecado presuntuoso, deliberado, intencional y a sabiendas. Esto no fue un desliz. Él no «cayó» en pecado.

Las personas no caen en pecado. Ellas no caen en adulterio. No caen en inmoralidad. No caen en alcoholismo. Nosotras tomamos decisiones una a la vez que nos ponen en un camino y en hábitos pecaminosos.

Y con respecto a este pecado de presunción, David ora en el Salmo 19: «Señor, líbrame de pecados ocultos, pero también libra a tu siervo de pecados presuntuosos» (vv. 12-13 parafraseado).  Los pecados presuntuosos son pecados a sabiendas, son intencionales. Es como cuando le dices a tu hijo: «No toques eso.» Y tu hijo se voltea (tu hijo de dos años que crees que no es lo suficientemente inteligente como para entender todo esto, pero ellos evidencian lo inteligentes que son) y el va directo hasta lo que le has dicho: «No lo toques; te hará daño.»  Él camina hacia ello y quiere tocarlo.  Él es presuntuoso.  Es intencional.  Es pecado a sabiendas.

Ahora, creo que el recordatorio aquí es que cualquiera puede pecar presuntuosamente. Acán lo hizo, pero David también oró: «Señor, líbrame.» Y David era un hombre conforme al corazón de Dios, y dijo: «Señor, libra a tu siervo de pecados presuntuosos.»

¿Oras tú para ser librada del pecado? «Señor no nos metas en tentación, mas líbranos del mal» (Mat. 6:13). «Oh, Señor, no quiero deshonrarte con mi vida.»

Es algo serio para mí darme cuenta de que no hay pecado que no pueda cometer; que dada la «tormenta perfecta» –ciertas circunstancias, ciertas decisiones, ciertos compromisos, cierta progresión– no existe ningún pecado en el que no pueda caer.

Y eso es algo serio para mí. Eso significa que tenemos que estar orando:

  • Protege nuestras almas
  • Guarda nuestros corazones
  • Líbranos de dar los pasos
  • Y líbranos de movernos en dirección hacia cosas que nos alejan de Ti

¿Qué estaba pasando en el corazón de Acán cuando cometió este pecado, cuando tomó estas cosas? ¿Cómo llegó a racionalizar y a justificar su desobediencia en su mente? No se nos dice lo que estaba pasando por su mente, pero sospecho que lo justificó de la misma manera que nosotras lo hacemos cuando pecamos contra el Señor.

En primer lugar, me parece que él debió haber estado descontento con lo que Dios ya le había dado. Si él hubiera estado satisfecho con lo que tenía, ¿por qué habría entonces tomado este hermoso manto babilónico y la plata y el oro?

Si tienes suficiente, ¿por qué tomar más? Había una raíz de descontento allí, y eso me dice que la falta de contentamiento no es un pecado pequeño; se convierte en la puerta, en el camino, en la entrada para otros pecados.

Y pienso que tal vez él también tenía un sentido de derecho. «He arriesgado mi vida. Soy uno de estos soldados aquí. Cruzamos el río Jordán.  Dirigimos la batalla de Jericó, y los soldados tienen derecho al botín de guerra. Me merezco esto. Se me debe esto.»

Y a veces me encuentro a mí misma pensando, después que me he «sacrificado.» Que he trabajado duro. Muchas veces después de un día de trabajo como éste cuando me he derramado, cuando llego a casa y me encuentro pensando, me merezco un descanso hoy.  Ahora, no tengo un motivo para salir y robar cosas después de un día de grabación. Pero tengo motivaciones en mi carne que dicen: «Tú tienes derecho a la glotonería; tienes derecho a la pereza.» Y yo no lo diría de esa manera, pero es como que he trabajado tan duro, que me merezco esto. Ese sentido de derecho puede meternos en problemas.

Y pienso que aparentemente, las restricciones de Dios no tenían sentido para Acán.

¿Por qué Dios diría que no puedes hacer esto? Eso parece innecesario. Es posible que él simplemente dijera: «No entiendo por qué Dios diría esto, así que voy a hacerlo a mi manera.»

Al parecer, él tenía valores temporales. Y él quería gratificación instantánea. Desde luego, él no estaba pensando en las consecuencias futuras cuando estaba tomando estas cosas y escondiéndolas en su tienda.

¿Crees tú que él pensó, voy a dar mi vida por esto? No creo que lo habría hecho si hubiera pensado en las consecuencias futuras.

Al parecer, él pensó que podía salirse con la suya; y por eso lo ocultó. Y es por eso que ocultamos cosas. Él sentía que él podía ser la excepción al mandato de Dios.

Ciertamente él no estaba pensando en cómo los demás se verían afectados –sus hijos, su país, los treinta y seis hombres que perdieron sus vidas en Hai, sus esposas e hijos, sus padres. Eso es lo que sucede con el pecado.  No pensamos en todas las implicaciones a largo plazo que resultarán como consecuencia cuando queremos algo y lo exigimos y lo obtenemos de una manera que no está de acuerdo con la Palabra de Dios.

También vemos en este pasaje otro aspecto de la anatomía del pecado o de la tentación. Porque hay una progresión aquí, y creo que es digno de mencionarlo.

En el versículo 21 él dice, «vi entre los despojos esta capa, la plata y el oro.» Él primero los vio. Y entonces dice: «los codicié y los tomé. Y mira, están ocultos en la tierra dentro de mi tienda.»

Y esa es una progresión que el pecado con frecuencia toma. «Yo lo vi.»

No hay nada malo en ver algo que deseas, en ver algo que es hermoso, ver algo que es valioso, ver algo que está prohibido. No hay pecado en eso. No hay pecado en verlo.

Quizás no puedas evitar ver algo en tu computadora o en un anuncio publicitario. Tú no fuiste tras ello, pero llegó a ti, a tu pantalla. Eso me pasó cuando estaba estudiando para esta serie. Una imagen apareció en la pantalla de mi computadora. Y yo la vi. Me gustaría no haberla visto. Pero no hay pecado en eso que cruzó por mi vista.

El pecado es, si lo considero, si me quedo, si me mantengo ahí, si me intriga, si me da curiosidad, si sigo buscando más, si codicio lo que estoy viendo. Eso fue lo que él dijo: «Yo codicié.» Él tenía un intenso deseo de lo que se le había prohibido.

Y luego él dijo: «Lo tomé.» Lo vio, lo codicio y lo tomó.  En lugar de resistir y someterse a Dios, él actuó en su deseo pecaminoso.

Y luego, «lo escondí.»  Lo escondí, y lo encubrí.  Lo vi, lo codicié, lo tomé, y lo escondí. 

Y esa es exactamente la misma progresión que Eva atravesó en el Jardín del Edén. En Génesis 3:6-8,

«Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era codiciable para alcanzar la sabiduría (codiciado, deseado), tomó de su fruto y comió, y le dio también a su marido que estaba con ella, y él comió. . . . Y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.»

Yo vi. Yo codicié. Yo tomé. Y yo escondí.

¿Te encuentras en algún lugar de esta progresión en este momento? Si no te detienes y tratas con eso donde quiera que estés, es probable que pases al siguiente paso.

«Josué envió mensajeros, (v.22) los cuales fueron corriendo a la tienda; y he aquí que estaba escondido en su tienda, y la plata debajo.»

¿Hay algo escondido en tu tienda, algo que estás teniendo que cubrir, algo que no te pertenece?

Tal vez no sean barras de oro y plata y prendas de Babilonia. Tal vez sean artículos que has tomado del trabajo que no te pertenecen. Y tú dices: «Con todo lo que la compañía gana, ellos no lo extrañarán; ellos esperan que la gente se lleve este tipo de cosas.»

Tal vez sea tu diezmo, le pertenece al Señor, y estás gastando el dinero de Dios. Malaquías dice: «¡Si vas a robarle a alguien, no le robes a Dios!"»

Tal vez lo que estás escondiendo en tu tienda son correos electrónicos inapropiados o mensajes de texto o cartas. Estás jugando con fuego, y lo estás escondiendo en tu tienda.

¿Hay algo en el disco duro de tu computadora que, si llegara a ser expuesto, estarías avergonzada, humillada, incómoda?

¿Qué estás escondiendo? ¿Hay algo en tu tienda?

Tal vez sea el marido de otra mujer. Tú viste, codiciaste, tomaste, y ahora lo estás ocultando. Y tú dices: «Oh, eso no ha llegado tan lejos.» No juegues con fuego. No juegues con fuego. Te vas a quemar.

¿Qué escondes en tu tienda?

«Los sacaron de la tienda y los trajeron a Josué y a todos los hijos de Israel. Y los pusieron delante del Señor.» (v. 23).

Y pienso que esa frase es un recordatorio serio de que todo pecado –cualquier cosa que hemos estado escondiendo –tarde o temprano va a ser presentado ante el Señor. Escucha, Él ve lo que está enterrado y cuando está enterrado. Él lo sabe, y va a ser presentado ante Él.

¿Te imaginas a Acán parado ahí con estas cosas que la gente sabía que estaban bajo prohibición?  Van y excavan en su tienda y llevan todo esto a la superficie y lo presentan allí para que el Señor y todos lo vean. Queda expuesto.

Acán tuvo la oportunidad de detener la progresión cuando vio por primera vez los artículos, pero permitió que el ver se convirtiera en codiciar. Permitió que el deseo se convirtiera en tomar y dejó que el tomar se convirtiera en esconder.

Si Dios te encuentra en cualquier parte de esa progresión, permíteme rogarte y suplicarte que vengas a la luz, ponte de acuerdo con Dios,  confiésalo. No esperes hasta ser expuesta. No esperes hasta que te descubran. No esperes hasta que sea demasiado tarde para tratar con eso. Sal a la luz.

Proverbios 28 dice: «El que encubre su pecado no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.»

Confiésalo, renuncia a ello, y tendrás, alcanzarás misericordia. Eso es lo que sucede con el pecado.

Carmen: El arrepentimiento te conduce a la libertad. Ese importante recordatorio de Nancy DeMoss de Wolgemuth es crucial para cada una de nosotras.

Es muy fácil acostumbrarnos al pecado, así que necesitamos ser llamadas al arrepentimiento una y otra vez. Una oyente que ha experimentado esto nos escribió:

«Hay un antes y un después de la Conferencia MV'17. Escucho los programas desde hace casi 4 años. Hoy busco más de Dios. Tenía muchas dudas, había pecado en mi vida que yo no había dejado porque sentía que era aparentemente normal e incluso permitido. A través del programa, Dios habló a mi corazón, me confrontó con mi pecado y me llevó a rendir cada área de mi vida a ÉL; me libró de muchas tentaciones. Hubo una ocasión que ya tenía una cita hecha con un hombre, simplemente por el hecho de pasarla bien, ya siendo “cristiana”. Estaba entre darle placer a la carne y por otro lado esa voz que me decía que eso estaba mal. Una noche, un día antes de la cita, llegué a casa y empecé a lavar los platos, puse el programa y fue como si se hubiera hecho la luz, me di cuenta de lo equivocada que estaba. Dios me dio la fuerza para renunciar a ese "yo" egoísta y pecaminoso, me comprometió con Él y me hizo ver lo importante que es mi testimonio, principalmente con mis hijas.  El estar sola no significa que tenga que vivir la vida como yo quiera, sino debo dejar de pensar solo en mí (lo cual había hecho toda mi vida) y empezar a pensar en mis hijas y en todos los que me rodean… Amo a Dios y es mi deseo vivir en obediencia constante a Él. Vivo cada día agradecida y alabando su nombre, ofreciendo en sacrificio mi cuerpo y viviendo en integridad para ÉL.»

Wao, ¡qué testimonio! Gracias hermana por escribirnos.

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Bien, una decisión pecaminosa de una persona puede tener un gran efecto sobre toda una nación. Mañana sabremos por qué, en nuestro próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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