Podcast Aviva Nuestros Corazones

Annamarie Sauter:  Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth

Nancy Leigh DeMoss: ¿Cuáles son las principales enseñanzas que te gustaría transmitirle a tus hijos?  Si no pudieras enseñarles nada más, ¿qué sería lo más importante que pudieras pasarle a tu hijo o a tu  hija? ¿Cuál es la mejor forma de preparar a tus hijos e hijas para que lleguen a ser todo aquello para lo cual Dios los creó?

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Alguna vez te has sentido intimidada por la supermujer que se describe en Proverbios 31? En las próximas semanas, Nancy nos explicará por qué no tenemos que sentirnos intimidadas.  Y Proverbios 31 no sólo tiene que ver con la “mujer de Proverbios 31”, también trata de un hijo que tenía mucho que aprender.  Aquí está Nancy para explicarnos esto más a fondo, en un estudio de este capítulo tan importante, en la serie titulada, “La mujer contracultura: Una vista fresca a Proverbios 31”.

Nancy: Tengo dudas de decirles cuál es el pasaje que les estaré enseñando en esta serie.  En semanas anteriores, mientras estudiaba para este tiempo, algunas mujeres me preguntaron: “¿Qué es lo próximo que vas a enseñar en Aviva Nuestros Corazones?”  Cuando les dije que vamos a hacer una serie de Proverbios 31, casi siempre recibo la misma reacción, o voltean los ojos o suspiran, como diciendo: “No estoy segura de que quiera sentarme a oír toda una serie de Proverbios 31."

Entiendo un poco por qué la gente tiene esta reacción.  Déjenme decirles que pienso que lo que me ha sucedido en estas semanas mientras estudiaba, es lo que les va a suceder a ustedes como resultado de lo que Dios va a hacer en nuestros corazones a través de esta serie.  Ni siquiera sé cuánto tiempo nos va a tomar esta serie, aunque probablemente sean varias semanas.

He estado como en remojo, saturándome de lo que se ha convertido en uno de mis pasajes favoritos en las Escrituras. Quiero motivarlas en estos próximos días a que lean Proverbios 31.  Probablemente ya lo han leído muchas veces, pero las motivo, como es el capitulo 31, a que se pongan el reto de leer este capítulo todos los días durante los próximos 31 días.

Mientras lo leen, pueden tomar una hoja en blanco, o un diario (puede ser en el diario donde escriben las notas que tomen durante su tiempo a solas con el Señor), y sólo tomen notas de lo que Dios les muestra sobre este pasaje, no de lo que yo diga, sino de lo que el Espíritu Santo les muestre mientras lo estén leyendo por ustedes mismas, que es más importante.  Escriban: “esto es lo que dice, esto significa tal cosa”, y “así es como Dios lo está aplicando a mi vida”.

Cuando hablamos de Proverbios 31, por lo general empezamos en el versículo 10.  No sé por qué será; tal vez porque ahí es donde empieza la parte que trata específicamente con las mujeres.  Pero yo quiero empezar con el versículo uno, y trabajar con el pasaje completo, sin saltar los primeros nueve versículos.

Veamos entonces el primer versículo, que nos muestra el escenario y el contexto de Proverbios 31.  Empezamos con el versículo 1: "Palabras del rey Lemuel, oráculo que le enseñó su madre." Palabras del Rey Lemuel.  Ese nombre no aparece en ninguna otra parte de la Biblia.  No se hace ninguna referencia a este nombre en los libros de los Reyes o Crónicas donde se listan todos los reyes de Judá o Israel.  No se hace ninguna referencia a un Rey Lemuel. En la Biblia, sólo aparece aquí.

Pero hay una vieja tradición judía que identifica al rey Lemuel como el nombre que su madre le dio a Salomón; así que pensando que este tal vez es el Rey Salomón, y que “Lemuel” es otro nombre suyo, si ese es el caso, ¿quién sería la madre que está enseñando aquí?  ¿Recuerdan quién era la mamá de Salomón? Era Betsabé, y si lo consideramos bajo esa luz, este se convierte en un pasaje muy interesante.

"Palabras del Rey Lemuel [tal vez el Rey Salomón], oráculo que le enseñó su madre [tal vez Betsabé]”.  Ahora, esa frase, cuando la ponemos junto a otras en las Escrituras, me habla del increíble poder e impacto que tiene la enseñanza de una madre.

En todo el libro de Proverbios, se hace mucha referencia a la enseñanza de un padre, pero no tenemos muchas referencias sobre la enseñanza de una madre.  Una que me viene a la mente se encuentra en Proverbios 1:8-9. Leemos: "Hijo mío, escucha las correcciones de tu padre y no abandones las enseñanzas de tu madre.  Adornarán tu cabeza como una diadema; adornarán tu cuello como un collar " (NVI).

 Este es el oráculo que su madre le enseñó al Rey Lemuel.

Esta palabra, “oráculo”, es una palabra que significa “una profecía o un anuncio de la verdad”.  La palabra “oráculo” lleva consigo un sentido de peso.  Es algo de peso, algo importante. En otras partes de las Escrituras a veces  esta palabra se traduce como “carga”.  Lo vemos en Malaquías 1, en la versión Reina Valera Antigua, la palabra traducida literalmente dice: “Carga de la Palabra de Jehová” (versículo 1). Es un mensaje importante que viene del Señor.

Estas palabras que esta madre le enseñó a su hijo no son sólo las palabras de una madre.  Son palabras que una madre recibió del corazón de Dios.  Como madre, puedes estar segura de que cuando le estés enseñando a tus hijos los caminos y la Palabra de Dios,  lo que les estás diciendo es muy, muy importante.  Es algo de peso.  Lleva consigo autoridad divina si les estás enseñando a tus hijos y a tus nietos la Palabra de Dios.

De acuerdo a este versículo, son “Palabras del Rey Lemuel”, palabras que su madre le enseñó.  Aparentemente, este rey está recordando algunas cosas que su mamá le había enseñado años atrás, cuando aún era un joven príncipe, formándose para ser rey.  Si el rey era Salomón y la mamá era Betsabé, podemos ver que estas palabras venían del corazón de una madre que conocía sobre la gracia y la misericordia de Dios.

Pensamos en este pasaje de Proverbios 31 como si fuera un estándar imposible de la ley de Dios que nadie puede guardar.  Pero si fue Betsabé la mujer que enseñó estas palabras, ella era una mujer que sabía muy bien lo que era  quebrantar la ley de Dios y lo que la gracia de Dios podía hacer para restaurar a las personas que han quebrantado esa ley.

Ella sabía cómo Dios la había encontrado, como una mujer que había sido muy agraviada y que tal vez había pecado mucho también… No sabemos si Betsabé fue cómplice de David en su pecado.  Pero ciertamente, ella había sido agraviada y había tenido su cuota de responsabilidad en este asunto, tal vez ambas.  No obstante, ella había sido restaurada y Dios la había hecho fructífera y le dio un hijo que sería parte de la línea de Cristo, el Mesías. Esta es una mujer que había aprendido mucho a través de una experiencia personal dura y dolorosa.

Ahora, ella le está enseñando a su hijo, a este joven príncipe que va a ser rey.  Le está enseñando la importancia de cosas como la fidelidad, la fidelidad como esposo, la fidelidad en una esposa.  Si esta es Betsabé enseñándole a su hijo Salomón, le está enseñando con cierto grado de remordimiento o lamento, de que ella y su esposo no vivieron, hasta donde debieron hacerlo, las cosas que ella ahora le va a enseñar a su hijo.

Uno puede sentir que esta es una mujer que no quiere que sus fracasos se reproduzcan en la próxima generación, así que va a hablarle palabras de advertencia y precaución y exhortación y súplica para que tome el corazón y las palabras de Dios como suyos y haga de estas palabras una forma de vida.

Su esposo había experimentado serias consecuencias como resultado de su adulterio, y ella ahora le está diciendo a su hijo Salomón: “Hay muchas cosas en tu papá que debes emular, pero hay unas cuantas que debes evitar”.  Aprende de nuestro ejemplo.  Aprende de lo que hemos aprendido de la forma difícil, y no repitas los fracasos de tus padres.  O sea, que ella le está hablando palabras de protección y precaución.

Luego habla palabras de preparación.  Recuerden que cuando ella habló estas palabras, su hijo todavía no era el rey.  Era un joven, un príncipe.  Pero ella sabía que un día él sería rey, así que está ayudando a preparar a su hijo para el futuro.  Ella sabe que él va a tener muchas responsabilidades sobre sus hombros.

Si tienes hijos, tu pregunta debería ser: “¿Cuál es la mejor forma en que  yo puedo preparar a mis hijos para que tengan toda una vida de servicio espiritual, como reyes y sacerdotes para Dios, para que vivan como hijos e hijas de Dios y como realeza?  ¿Cómo puedo prepararlos para que cumplan el llamado de Dios en sus vidas?

Algunas veces lo haces enseñando.  Otras veces lo harás a través de la oración.  Y otras más por el ejemplo.  Vamos a ver en este pasaje que esta es una madre que ha hecho todo esto por sus hijos.  Quieres preparar a tus hijos para que vivan y le sirvan al Rey de Reyes; para que vivan y se sirvan entre ellos como reyes y reinas bajo la autoridad de Dios.

“Palabras del rey Lemuel, oráculo que le enseñó su madre”.  Es Él que ahora está hablando esas palabras.  El está recordando lo que su madre le enseñó años atrás.  ¿No se alegran ustedes, que todavía están criando a sus hijos, de tener esta motivación de que sus hijos recordarán lo que ustedes les han enseñado?

Ahora, asegúrense de estar enseñándoles las cosas correctas porque ellos recordarán lo que ustedes les están enseñando.  Ustedes les están enseñando algo.  Ellos van a recordar esas lecciones, y las van a reproducir, ya sea para lo mejor o para lo peor, en la próxima generación.

¿Qué quieren ustedes que sus hijos recuerden sobre lo que les enseñaron?  ¿Qué recuerdas tú de lo que tus padres, de lo que tu madre, te enseñó? ¿Qué quieres traspasarle a tus hijos? ¿Qué les estás pasando a tus hijos y a tus nietos? ¿Qué les estás enseñando? ¿Qué quieres tú que ellos le pasen a la próxima generación cuando tú ya no estés?

“Palabras del rey Lemuel, oráculo que le enseñó su madre”.  Ella le enseñó; y él creció y a su vez enseñó a otros.  A propósito, observen que ella no le dejó toda la enseñanza al papá.  Claro, el papá tiene su papel de enseñar y entrenar, pero esta es la enseñanza de una madre.

Creo que esto debe motivarlas a todas ustedes cuyos esposos no conocen al Señor, o que tal vez no estén caminando con Dios, o que no estén activamente comprometidos con la enseñanza de los hijos.  Claro, ellos tienen un llamado y una responsabilidad.  Pero no asumas que porque tu esposo no tiene una relación con Dios que tú no puedas involucrarte activamente en la enseñanza, el discipulado y la crianza de tus hijos.

Cualquiera que sea la forma, con o sin un esposo que esté involucrado y entrenando, tú tienes el llamado y una responsabilidad de entrenar a tus hijos, de protegerlos, prepararlos, hablarles palabras de peso; palabras que estén respaldadas por la autoridad de la Palabra de Dios, para que tus hijos estén preparados y equipados para ir y proporcionar un liderazgo piadoso a la próxima generación.

Annamarie: No hay nada más importante que entrenar a nuestros hijos. Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado ayudando a entender este concepto a partir del primer versículo de Proverbios 31. Ella regresa enseguida.

Tal vez hayas escuchado hablar de la “mujer de Proverbios 31” toda tu vida y te sientes como que esta es una meta inalcanzable. El programa de hoy inicia un estudio profundo de este capítulo de la Biblia.  En las próximas semanas, Nancy te dará luz sobre este capítulo tan importante pero con frecuencia malinterpretado.  Aprenderás por qué el pasaje no fue diseñado para hacerte sentir condenada ni abrumada.

Esperamos que a lo largo de esta serie descubras lo que significa servirle a Dios en formas exclusivamente femeninas.  El libro titulado “Atrévete a ser una mujer conforme al plan de Dios” puede serte de gran ayuda. En este están compiladas las enseñanzas de varias mujeres que abordan el tema de la feminidad bíblica de diferentes ángulos, y entrelazado a través de todo hay un hilo de gozo por el papel que juega la mujer en el plan redentor de Dios.

Por una donación de cualquier monto para ayudarnos a continuar transmitiendo estos programas y muchos otros recursos en español, te enviaremos una copia de este libro como agradecimiento por tu ofrenda. Pídelo cuando nos visites en AvivaNuestrosCorazones.com. Los envíos están disponibles para EEUU y Canadá.

Bien, Nancy nos acaba de explicar de una manera preciosa el primer versículo de Proverbios 31.  Aquí regresa, continuando con versículo 2.

Nancy: En el versículo 2, ella dice: “¿Qué, hijo mío? ¿Qué, hijo de mis entrañas? ¿Qué, hijo de mis votos?”  Estas frases, a no ser que uno se tome el tiempo de meditar en ellas…. ¡ni siquera son oraciones completas! Lo que vemos aquí es cómo los gemidos, los anhelos, el derramamiento del corazón de una madre, de una madre que apenas puede terminar una oración, no porque no sea inteligente, sino porque viene de lo profundo de su ser y casi no sabe expresar lo que siente.

Expresa la intensidad y la pasión del corazón de una madre que está sintiendo amor y ternura y conexión con este hijo que es su propia carne y sangre.  Este es el hijo que llevó en su vientre; se siente responsable de su hijo.  Este es el hijo de sus entrañas.  Es la imagen de una mujer que ha dedicado su hijo a Dios.

Cuando pienso en la frase  “hijo de mis votos”, pienso en otra madre del Antiguo Testamento.  Su nombre era Ana.  Ella anhelaba un hijo, oraba por un hijo, lloraba por un hijo, esperaba por un hijo.  Luego vino el día en que Dios la bendijo con un hijo.  Ella dijo: “Señor, si me das un hijo varón, yo te lo regresaré a ti.  Será tuyo”.  Él fue el hijo de sus votos.  Nos damos cuenta de lo importante que es que una madre reconozca que sus hijos son dedicados a Dios.

Estuve pensando en las últimas 24 horas, de lo que ha significado para mí el saber que desde el vientre fui apartada para Dios, que mis padres se dieron cuenta de que yo no era propiedad suya.  Eso es lo que esta madre está sintiendo.  Está expresando la intención de su corazón de criar a este hijo en el temor de Dios.

Alguien dijo una vez que “si hubiera más Anas, ¿no habría más Samueles, grandes hombres de Dios, líderes espirituales?”  ¡Si tan sólo tuviéramos más mujeres: madres, abuelas, que estuvieran dedicando sus hijos a Dios y clamándole a Dios a favor de sus hijos!

Así que ella dice: “¿Qué, hijo mío? ¿Qué, hijo de mis entrañas? ¿Qué, hijo de mis votos?”  Es como si estuviera diciendo: ¿Qué diré? ¿Qué te voy a enseñar? ¿Qué te voy a pasar?" Ella quería que su hijo conociera a Dios, que viniera a sus caminos, y ella sabía que ella tenía una responsabilidad de mostrarle a su hijo los caminos de Dios, de comunicarle el corazón de Dios a su hijo.  Es como si estuviera diciendo: ¿Qué le diré a mi hijo?

Esta es una mujer que está tomando muy en serio su responsabilidad de entrenar a su hijo en los caminos de Dios.  Ella está mirando a Dios, como diciendo: Señor, muéstrame qué debo enseñarle a este niño.

¿Cuáles son las enseñanzas más importantes que quisieras pasarles a tus hijos?  Si no pudieras enseñarle nada más, ¿qué sería lo más importante que le pasarías a tu hijo o a tu hija?  ¿Cuál es la mejor forma de preparar a tus hijos e hijas para que sean todo lo que Dios quiere que ellos sean? ¿Cuál es la mejor forma de protegerlos y prepararlos para lo que tendrán que enfrentar en la vida?  ¿Cuál es la mejor forma de dirigirlos hacia el plan que Dios tiene para sus vidas?

Dios te ha dado esos niños a ti.  Son una encomienda sagrada.  Son una mayordomía preciosa.  Tienes una responsabilidad con esos niños mayor que tu responsabilidad con cualquier otra persona sobre la faz de la tierra, excepto tu esposo.  “¿Qué voy a decir? ¿Qué voy a enseñar?”

En las próximas sesiones, nos vamos a concentrar en la instrucción de la madre, lo que le enseñó a su hijo.  Pero veamos un resumen de lo que ella le enseña a su hijo.  Quiero que veamos en los próximos versículos que ella le va a dar a su hijo ciertas instrucciones que incluyen algunos absolutos.

Hay absolutos.  Ella le está enseñando a su hijo que hay una diferencia entre hacer lo correcto y hacer lo incorrecto.  En algunos casos ella le dirá: “no hagas esto, y sí, haz esto”.

En estos tiempos, el concepto de la generación post-moderna es que no hay absolutos.  Cada hijo debe crecer y escoger por sí mismo lo que creerá.  Esta madre no creía eso.  Ella sabía que había absolutos basados en la Palabra de Dios, que había cosas que debía enseñar al corazón de su hijo.

Su instrucción en los próximos versículos es muy específica y práctica. Es directa.  Ella prácticamente está aplicando la Palabra de Dios y los caminos de Dios a la vida diaria.  Le va a hablar sobre el matrimonio, sobre las relaciones, las mujeres, las costumbres, sobre áreas de esclavitud, sobre el estilo de vida; enseñanzas prácticas de la Palabra de Dios.

Hay negativos y hay positivos en su enseñanza.  Como madre, no tengas miedo de decir: “Eso está mal” o de decir “Debes hacer esto”.  En un sentido práctico de la vida diaria, “Esto está bien, esto está mal.  Esto es lo que debes hacer.  Esto es lo que no debes hacer."

Recibí una carta de una mujer la semana pasada que me estaba agradeciendo por hablar en Aviva Nuestros Corazones sobre la importancia de instruir a los hijos en los caminos de Dios.  Ella dijo: “Estoy haciendo eso con mis hijos”.

Me contó de una pizarra blanca que tiene en el comedor donde la familia se reúne.  Dice que algunas veces le viene un pensamiento o algo que quiere enseñarles a los niños.  Dice que a veces es algo de las Escrituras, o algo de matemáticas o de algún tema práctico de la vida.  Ella dice que sólo lo anota en la pizarra.

Luego dice que ellos, como familia, utilizan el momento de las comidas para enseñarles a los niños cosas prácticas de la vida.  Ella les está enseñando a sus hijos de manera práctica los caminos de Dios usando esa pizarra blanca, así como esta madre le enseñó a su hijo los caminos de Dios.

Ella le está diciendo a él en la enseñanza que sigue: “Recuerda quién eres.  Recuerda que eres un rey.  Eres un rey en formación”.  Ella le está dando a su hijo una visión sobre cómo su llamado en la vida le pone a él ciertos requisitos.

Estoy tan agradecida por la forma en que mis padres, de muchas maneras, nos dieron una visión del hecho de que Dios nos quería usar.  Eso significó que hubo responsabilidades.  Había algunas cosas que teníamos que estar dispuestos a hacer parte de nuestro estilo de vida, si queríamos que se cumpliera todo lo que Dios tenía para nosotros.

Ella está diciendo que hay un estándar más alto.  Hay responsabilidades y requisitos y rendición de cuentas.  “Otros pueden; tú no puedes.  Tú vas a ser el rey”.

Luego vemos que ella también le enseña, en el párrafo que vamos a ver a partir de mañana, que las decisiones tienen consecuencias. Ella le está diciendo que habrá consecuencias por su pecado si decide pecar.  Ella le pinta una imagen gráfica de lo que serán algunas de esas consecuencias.

El poder de la instrucción de una madre, dada a un joven hombre – y asumo- que desde una edad muy temprana.  Esa instrucción empieza desde el momento que primero pones tus ojos sobre ese hijo y todo el tiempo hasta que tu hijo se va del nido y lo envías como una flecha a este mundo a ser un rey, un líder, a ser un hombre o una mujer piadosa.

Esa instrucción que has invertido todos estos años en el hijo de tus entrañas, la hija de tus entrañas, el hijo, la hija de tus votos; esa instrucción la llevarán tus hijos e hijas durante toda su vida.

Asegúrate de que esa instrucción que has estado dando sea clara, práctica y específica.  No tengas miedo de decir no.  No tengas miedo de decir: “Tus decisiones tendrán consecuencias”.  Luego dales la visión del futuro.  Diles a tus hijos: “Recuerden quienes son”.  Con ese alto y santo llamado vienen responsabilidades muy importantes.

Annamarie: Todavía me acuerdo de algunas lecciones que aprendí de niña, ¿y tú?  Lecciones que hasta el día de hoy ejercen influencia en mi forma de vivir.  Tú ejerces influencia sobre tus hijos, lo veas así o no.  Esperamos que esta enseñanza bíblica de Nancy DeMoss de Wolgemuth te entrene para poder hacer lo mismo, al pasar esta enseñanza a la próxima generación.

Hoy escuchamos sobre la importancia de la enseñanza de una madre.  Mañana, Nancy nos explicará por qué una madre sabia usa más que sólo palabras para enseñar.  Ahora, oremos con Nancy.

Nancy: Gracias, Señor, por las madres que nos has dado, que nos han enseñado y capacitado.  Algunas de ellas son madres piadosas que nos han enseñado directamente de la Palabra de Dios.  Otras tal vez con madres que no te conocían, pero aun así, como madres, estaban enseñando y capacitando en las destrezas básicas de la vida, y modelando cosas importantes sobre lo que significa ser un hombre o una mujer exitosos.  Te damos gracias por aquellos que nos han entrenado y enseñado.

Ahora Señor, te pedimos que como mujeres, tú nos muestres cómo enseñar y capacitar a la próxima generación; que podamos levantar jóvenes y jovencitas que serán reyes y reinas, realeza espiritual, que proveerán de un liderazgo piadoso a la próxima generación.  Oramos en el nombre de Jesús, amén.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

Serviremos al Señor, Abel Zavala, Ven a Mi Casa ℗ 2016 Abel Zavala

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