Podcast Aviva Nuestros Corazones

La palabra de triunfo

Annamarie Sauter: ¿Cómo te sientes cuando logras completar una lista de tareas por hacer? Hay algo más importante que una lista de tareas que Cristo vino a consumar, ¿sabes qué es?

Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: «Porque convenía que tuviéramos tal sumo sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y exaltado más allá de los cielos, que no necesita, como aquellos sumos sacerdotes, ofrecer sacrificios diariamente, primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, cuando se ofreció a sí mismo» (Heb. 7:26-27).

«…y no para ofrecerse a sí mismo muchas veces, como el sumo sacerdote entra al lugar santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario sufrir muchas veces desde la fundación del mundo; pero ahora, una sola vez en la consumación de los siglos, se ha manifestado para destruir el pecado por el sacrificio de sí mismo. Y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio, así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan» (Heb. 9:25-28).

Annamarie: En estos días previos al domingo de resurrección, hemos estado reflexionando sobre el glorioso acto de la redención y las últimas palabras de Jesucristo en la cruz. Hoy Nancy continúa con el séptimo día de la serie titulada, «Redención incomparable». Ella inicia compartiendo la historia de alguien muy determinado a llevar a cabo todas sus metas.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Cecil Rhodes era un empresario inglés muy exitoso del siglo XIX, magnate y fundador del estado de Rodesia en África del Sur. Se cuenta que en su lecho de muerte él clamaba: «¡He hecho tan poco y hay tanto por hacer!»

Esto suena como algo que muchas veces digo al final del día. ¿Te has preguntado alguna vez, si es eso lo que tú vas a sentir al final de tu vida? «¡He hecho tan poco y hay tanto por hacer!» 

A medida  que consideramos hoy la sexta de las siete palabras que Cristo dijo desde la cruz, vamos a ver un final muy diferente en la vida terrenal y ministerio de Jesús aquí en la tierra que el de Cecil Rhodes, y el de muchos otros que terminan sus vidas lamentándose de haber dejado asuntos inconclusos.

Recapitulando un poco, en caso de que no hayas estado con nosotras en esta serie, en las últimas sesiones sobre las siete palabras de Cristo: Las primeras tres palabras que Jesús habló desde la cruz fueron dichas para ministrar a otros. Hubo una oración pidiendo perdón por Sus enemigos. Él dio palabras de garantía al ladrón en la cruz que había sido quebrantado de espíritu y se había arrepentido. Y entonces Él le dirigió palabras de cuidado y protección a su madre viuda.

Así es que Él se enfocó en aquellos a su alrededor, tratando de ministrarles a sus vidas aun en esos momentos. Es algo maravilloso pensar en Jesús haciendo esto mientras estaba siendo torturado y crucificado por los pecados que Él no cometió. Pero ese es el corazón de nuestro incomparable Salvador.

Entonces vimos su cuarta exclamación, que fue un clamor de angustia espiritual:«¿Dios mío, por qué me has desamparado?» A medida que Jesús entraba en la más profunda y oscura parte del misterio de Sus sufrimientos en la cruz,  Él fue abandonado, rechazado por Su Padre.

Entonces vimos en la última sesión su quinta exclamación, que fue un lamento de angustia física: «Tengo sed», mostrando cómo Jesús, en su humanidad, experimentó la total profundidad de nuestra debilidad y necesidad humana.  Pero también vimos cómo, a través de Su sed, Él hizo posible para nosotras el no tener sed jamás y poder disfrutar la verdadera agua viva de la vida.

Las próximas palabras que Jesús habló desde la cruz, la sexta, pueden ser las palabras más grandiosas jamás pronunciadas en toda la historia de la humanidad.

Hoy estamos viendo Juan, capítulo 19. Para darles a ustedes un poco del contexto de estas palabras, vamos a empezar a leer en el versículo 28:

«...sabiendo Jesús que todo se había ya consumado, para que se cumpliera la escritura, dijo: Tengo sed. Había allí una vasija llena de vinagre; colocaron pues, una esponja empapada del vinagre en una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Entonces Jesús, cuando hubo tomado el vinagre, dijo: ¡Consumado es! E inclinando la cabeza, entregó Su espíritu. (vv. 28-30)   

«¡Consumado es!» Dos palabras en español, pero solo una palabra en  griego, la palabra… Tetelestai. Es una palabra que significa: «completo, logrado, concluido». No es solamente que terminaste algo como si no lo fueras a hacer de nuevo, sino que significa llevar algo hasta su perfección, llevarlo hasta la meta o propósito deseado. Está consumado. Lo que te propusiste hacer ya ha sido cumplido: tetelestai. 

Ahora bien, esta exclamación de Cristo en la cruz no fue un clamor de derrota o desaliento. Puede sonar de muchas maneras diferentes, dependiendo de cómo lo leas, y de la interpretación que hagas de lo que sucedió allí. Puedes decir ¡Al fin! «¡Está cumplido!», como si sintieras un alivio de que todo terminó. O, puedes tener este lamento desesperado, «¡está cumplido! pero estoy deshecha». Tú puedes tener un lamento de derrota o desaliento, algo como, «estoy derrotada».

Pero no hubo nada de esto en esta exclamación. De hecho, no lo vemos en este recuento de Juan. Él solo dice que Él dijo, «Consumado es». Pero si vamos a los recuentos paralelos en Mateo y Marcos, leemos un poco más de detalle de cómo Él dijo: «Tetelestai», «Consumado es».

La versión de Mateo nos dice en Mateo 27: «Entonces Jesús, clamando otra vez  a gran voz, exhaló el espíritu» (vv. 50). Ahora, ¿qué fue lo que dijo Él cuándo  exclamó con esa gran voz, al poner estos recuentos juntos? Fue: «¡Tetelestai!», «¡Consumado es!» Muy lejos de ser un lamento de derrota o desaliento, este fue un clamor de triunfo, y un grito de júbilo. Este fue un grito de uno que había sido victorioso!     

Como Charles Spurgeon dijo acerca de esta palabra de Cristo en la cruz: «Se necesitarían todas las demás palabras jamás dichas, o que pudiesen ser dichas, para poder explicar esta sola palabra. Es profunda; yo no logro entender su alcance!».1

Ahora bien, si Charles Spurgeon dijo que no había lenguaje que explicara esta palabra, y que era muy profunda para él entender su alcance, yo solo les puedo decir que los próximos veinte minutos, tampoco podrán alcanzar para explicar lo profundo de esta palabra, ni siquiera otra vida me alcanzaría; solo voy a tratar de hacer lo mejor que pueda y compartir el fruto de mi propio estudio y meditación para vislumbrar un poco de lo que Cristo quiso decir cuando exclamó, «¡Consumado es!»

La forma en que lo quiero hacer es haciendo una pregunta: ¿Qué es lo que se estaba consumando en ese momento? ¿Qué era lo que estaba consumado? ¿Qué es? ¿Qué se consumó? Voy a sugerir varias cosas que se estaban consumando y que quizás Cristo se refirió a ellas cuando exclamó, «Tetelestai—¡Consumado  es!»

En primer lugar, cada profecía del Antiguo Testamento acerca de la vida y  ministerio terrenal de Jesús fue consumada, fue completada, lograda.  Todas esas profecías mesiánicas, Isaías 53, el Salmo 22, el Salmo 69, cientos de ellas sobre el nacimiento, la vida, la muerte y el ministerio terrenal de Jesús, todas ellas fueron consumadas; fueron completadas. Fueron consumadas en Cristo. «¡Tetelestai—Consumado es!»

Entonces vemos que Jesús terminó la obra que Dios lo mandó a hacer aquí en la tierra. 

Las primeras palabras que tenemos registradas de Jesús fueron en el templo cuando Él tenía 12 años, ¿recuerdas lo que dijo Jesús? Él le dijo a sus padres quienes lo buscaban frenéticamente: «¿Acaso no sabíais que me era necesario estar en los negocios de mi Padre?» (Luc. 2:49).

Ahora, Él no estaba hablando en este momento de Su padre el carpintero. Él probablemente estaba involucrado en ese negocio, pero aquí Él hablaba de Su Padre, con P mayúscula, «Mi Padre Celestial. Debo estar en los negocios de Mi Padre». 

Bueno, ya han pasado más de veinte años; Jesús tiene treinta y tres años de edad, y en la cruz Él está diciendo que Él completó cada obra que Dios le encomendó. Él sanó todas las personas que debía sanar. Él dio todos los mensajes que debía predicar. Él cumplió cada profecía en relación a Su ministerio terrenal. Su trabajo en la tierra fue cumplido. Ahora no iba a morir como un fracasado con una larga lista de cosas por hacer y que había fallado en completar. Él triunfó en la totalidad del propósito para el cual Él vino a la tierra.

Esa es la razón por la cual Él pudo decir al final de Su vida en Juan 17, solo dos capítulos anteriores: «Yo te glorifiqué  en la tierra, habiendo terminado la obra que me diste que hiciera» (vv. 4). «Tetelestai—Consumado es»

De paso, muchas veces pienso que ese versículo es mi meta en la vida, Juan 17:4; el poder decir al final de mi vida, «yo te he glorificado en la tierra. He terminado la obra que Tú me diste para hacer». Yo sé que no voy a poder  terminar todo el trabajo que otros quieren que yo haga. Yo nunca podré terminar todo lo que está en mi lista de cosas por hacer. Pero quisiera poder decir que, por la gracia  de Dios, he acabado la obra que Él me dio para hacer.

Ahora, no sé si yo pueda decir eso, pero Jesús sí, Él sí concluyó la obra que Dios le dio para hacer. ¡Tetelestai! 

Luego vemos que su sufrimiento terminó. El Padre le había dado a beber a Jesús una copa repleta de sufrimientos. Desde el momento que Él dejó la gloria del cielo para venir a esta tierra, Él estaba bebiendo de esa copa.  

  • Él nació en un pesebre de animales, parte de la copa de sufrimiento cuando tú consideras de donde vino y dónde vivía, en los palacios celestiales de marfil.
  • Él era buscado por Herodes. Su familia fue forzada a huir a Egipto siendo Él aún un infante.
  • Él experimentó lo que era el cansancio, la soledad y el hambre.
  • Él fue rechazado, marginado y ridiculizado, todo parte de la copa de sufrimientos que Su padre le había dado a beber.
  • Él fue traicionado y abandonado por sus más fieles seguidores.
  • Fue injustamente juzgado, cruelmente golpeado, clavado en una cruz; separado de Su Padre, castigado, molido por Su Padre por nuestros pecados.

Él tomó hasta la última gota de esa copa de sufrimiento, y ya no quedaba nada, ni una gota. Él la consumió toda: «¡Tetelestai! ¡Consumado es!»

Esto nos debe consolar cuando pensamos que porque Él tomó la copa, Él también tomó todo el sufrimiento eterno que nosotros merecemos por nuestro pecado. Tenemos la certeza de que un día todo nuestro sufrimiento terrenal terminar —físico, emocional, relacional— todo ese sufrimiento. Nosotras un día podremos decir: «Consumado es». No más llanto. No más dolor. No más tristeza. No más muerte. Nada de eso. ¡Consumado es! Y ese sufrimiento habrá finalizado para nosotras porque Jesús fue a la cruz y bebió la totalidad de la copa de sufrimientos que el Padre le dio a Él por nuestros pecados.

¿Qué más fue consumado? Bueno, aquí hay algo más: La deuda por el pecado fue pagada en su totalidad.  

Los arqueólogos han encontrado en sus excavaciones recibos antiguos de los impuestos y facturas de ventas pertenecientes a la época de Jesús. En muchas ocasiones tienen escrita esa palabra, tetelestai. Lo que significa que la deuda ha sido cancelada por pago. Pago en su totalidad. La deuda fue pagada. No hay ninguna deuda pendiente. El que una vez debía, ya está libre, limpio no debe nada, pago en su totalidad.

«La paga del pecado es la muerte (Rom. 6:26), pero en la cruz, Jesús lo pagó todo. Él lo pagó todo.

Hebreos 9:26 nos dice hablando de Él: «Pero  ahora, una sola vez en la consumación de los siglos, se ha manifestado para destruir el pecado por el sacrificio de sí mismo».

Dios fue totalmente satisfecho por el precio de la sangre de Cristo.  Así es que ahora no hay nada más que pagar, no se requieren más sacrificios para el perdón de los pecados.

Martín Lutero lo dice de esta manera:

Mis lágrimas penitentes no me justifican. Solo Cristo ha borrado mis pecados. Él los echó en el mar del olvido. Esta es mi defensa, una defensa que descansa en sus palabras: «Consumado es».

¡Tetelestai! La deuda por el pecado ha sido totalmente saldada.

Entonces la tormenta de la ira de Dios se cumplió, porque toda fue derramada sobre Cristo a medida de que Él se hizo pecado por nosotros. ¿Sabes tú lo que esto significa? Ya no hay más ira de Dios sobre nosotros. «Por tanto, no hay ninguna condenación para aquellos que están en Cristo Jesús» (Rom. 8:1).  «¡Tetelestai! ¡Consumado es!».

Y entonces el plan eterno de redención se completó por su muerte. Él pagó el precio de la redención. Cada demanda de la justa justicia de Dios fue cubierta. Expiación fue hecha por nuestros pecados. La justicia de Dios totalmente satisfecha. La puerta del paraíso fue abierta, y podemos ser reconciliadas con Dios, restauradas a una correcta relación con Dios.

Ya no hay obstáculos, no hay barreras en nuestra comunión con Dios. No queda ya más nada por hacer, ninguna obra de justicia que nosotros podamos hacer puede ser añadida. La obra de redención fue perfecta, completa, terminada.

En su maravilloso y pequeño libro, Las Siete Palabras del Salvador en la cruz, A. W. Pink  dice,

«Esto no fue…..un último aliento de una vida desgastada (“¡ah, suspiro, todo terminó!”). No, en cambio fue la declaración por parte del Redentor divino manifestando que todo el propósito por el cual Él vino del cielo aquí a la tierra,  estaba cumplido; que todo lo que era necesario para revelar completamente el carácter de Dios fue logrado; que todo lo requerido por la ley antes que el pecador fuese salvo ya había sido hecho; que el precio por nuestra redención era ahora totalmente pagado».

«¡Tetelestai! ¡Consumado es!»

Aquí hay algo más que se consumó, y esto está relacionado: El Antiguo Pacto fue consumado. El viejo pacto consistía, como ustedes saben, de todo tipo de sacrificio, sombras y símbolos, quizás en el futuro haremos toda una serie sobre esto. Permítanme leerles algunos extractos de Hebreos 9 que hablan del antiguo pacto y lo que sucedió con la venida de Cristo.

«Ahora bien… aun el primer pacto (el Antiguo Testamento, el antiguo pacto) tenía ordenanzas de culto y el santuario terrenal (el templo, el tabernáculo...). Los sacerdotes entraban regularmente en la primera sección, para hacer sus rituales de lugar…ofrendas y sacrificios eran ofrecidos que no podían perfeccionar la consciencia del adorador, y solo tenían que ver con comida y bebidas y varios lavamientos y regulaciones para el cuerpo, impuestos hasta el tiempo de reformar las cosas.

Pero, versículo 11, cuando Cristo apareció como Sumo Sacerdote de los bienes futuros … Él entró de una vez y para siempre en el lugar santísimo, no por medio de la sangre de machos cabríos y de becerros, sino por medio de Su propia sangre, habiendo obtenido redención eterna (extractos vv. 11-12).     

En Cristo fueron cumplidos, todos estos tipos, sombras símbolos y figuras del Antiguo Testamento: 

  • Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo
  • Él es el sacrificio acepto
  • Él es nuestro gran Sumo Sacerdote
  • Él es la puerta, el camino, la verdad y la vida

Él cumplió todo lo que había sido vislumbrado en el Antiguo Testamento. Así es que todos esos años de ofrendas y sacrificios de animales y derramamiento de sangre…..«¡Tetelestai! ¡Consumado es!» 

Luego una cosa más se había consumado: La batalla en contra de Satanás y el pecado había sido ganada. En la cruz, Satanás fue derrotado. Él fue despojado de su poder. La cruz fue el momento donde Satanás pensó que había ganado la mayor victoria: «¡Hemos matado el hijo del dueño de la viña!»  Pueden ustedes imaginarse la celebración allá abajo en el infierno con Satanás y sus compinches pensando que habían dado muerte al Hijo de Dios.

Pero lo que Satanás pensó que era su más grande victoria, se tornó en su derrota final. El que tenía el poder de la muerte fue derrotado por Aquél quien lo despojó de todos sus poderes a través de Su muerte.

Ustedes pueden leer esto en el capítulo 2 de Hebreos:

«Él igualmente participó también de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte estaban sujetos a esclavitud» (vv. 14-15).

La muerte de Cristo en la cruz fue el cumplimiento de esa primera proclamación del evangelio, de esa primera promesa evangélica de Génesis capítulo 3, versículo 15, donde Dios le dice a la serpiente, y aquí estoy parafraseando un poco: «Tú herirás el talón de la simiente de la mujer (Él le dice esto a Satanás), pero Él te herirá en la cabeza. («¡Él te dará un golpe fatal, una herida mortal, que dará por terminado con todo tu poder!»). Sí, en la cruz, Satanás hirió el talón de la simiente de la mujer, esto es a Cristo. Pero también, Cristo en la cruz, hirió y le dio una herida mortal a la cabeza del enemigo. Colosenses 2 nos dice: «Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él» (v.15). Dios desarmó a Satanás de todo sus poderes y su autoridad, haciéndolo espectáculo público, triunfando sobre Satanás y sus seguidores, sus compinches, por la muerte de Jesucristo en la cruz.

El versículo inmediatamente antes que ese dice, Colosenses 2:14: «Habiendo Él cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros, y que nos era adverso y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz» (v.14).   

No solo venció y ganó en la batalla en contra de Satanás, ganó también la batalla en contra del pecado. Al lado de cada pecado que tú o yo hayamos cometido o que alguna vez cometamos, está la proclamación, al lado de cada pecado que yo he cometido; que tú hayas alguna vez cometido; que nosotras cometeremos, está esta proclamación, establecida, certera: «¡Consumado es! ha sido saldada la cuenta en su totalidad. La deuda ha sido paga».

Annamarie: ¡Gloria a Dios por esta redención incomparable! Nancy regresará para concluir su enseñanza de hoy, que es parte de la serie, «Redención incomparable».

Nancy nos ha ayudado a ver aquellas cosas que Cristo logró con Su sacrificio en la cruz. Quizás te has sentido como si nunca pudieras terminar lo que te propones, o al contrario, sientes que puedes lograrlo todo. En cualquiera de los dos casos, esta enseñanza nos recuerda que nuestra esperanza no está en nuestra capacidad de lograr las cosas, sino en Cristo y lo que Él logró por nosotras. No hay condenación para los que están en Cristo… ¡Si has creído en Él, tu deuda ha sido cancelada y la puerta del paraíso está abierta!

Para escuchar esta enseñanza nuevamente o cualquiera de los programas anteriores, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com. Aprovecha este momento y si conoces a alguien que necesita las palabras de aliento que has escuchado hoy, ¡compártele este programa! Hazlo fácilmente a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Nuestro corazón puede ser tan engañoso que aún después de escuchar enseñanzas como esta, podemos pensar que nuestras obras compensan lo que Cristo hizo en la cruz. Nancy regresa para recordarte algo muy importante, algo que traerá paz a tu corazón,

Nancy: Para aquellas de nosotras que tratamos de añadir de nuestros propios esfuerzos, y pagar nuestra propia deuda… ¡es ridículo! Es como si terminas de pagar la hipoteca de tu casa con el banco y cada día 15 de cada mes, vas al banco y dices, «yo necesito hacer otro pago, yo les debo esto». ¡¡NO!!  Cuando tú rompes el documento de tu hipoteca, ha sido terminada, ya no hay más pagos. La casa está totalmente pagada. 

El tratar de añadirle a la obra de Cristo en la cruz, a Su obra completa y finalizada, es como ir a una obra de arte en un famoso museo con un pequeño pincel y una paleta de colores y decir: «Yo creo que le voy añadir algo a esta gran obra». ¡NO! está terminada! ¡Añadirle algo sería dañarla! O leer una novela clásica y decir, «yo creo que le voy añadir un capítulo más a esta novela». NO, ¡Está terminada!

Estas son ilustraciones débiles para esta gran verdad de que Cristo pagó en su totalidad. ¡En la cruz, la batalla y contra Satanás y contra el pecado la ganó. «¡Tetelestai! ¡Consumado es!»   

En muchas de nuestras iglesias este próximo domingo cantaremos el gran himno de Charles Wesley:

Cristo que la cruz sufrió, y en desolación se vio,

Hoy en Gloria Celestial reina vivo e inmortal. ¡Aleluya!2 

Durante esta semana quizás muchas iglesias que celebran la Pasión de Cristo  canten este himno de Philip Bliss:

El rescate a Dios pagó, «¡Consumado es!», declaró;

Dios por eso me aceptó, ¡Aleluya! ¡Gloria a Cristo!3

Permítanme cerrar con este párrafo de un libro de Krummacher que he citado numerosas veces en esta serie; solo estoy diciendo su apellido porque no puedo pronunciar su nombre en alemán. Pero es un libro titulado: El Salvador  sufriente. Permítanme leerles solamente un párrafo donde él resume lo que estas palabras implican. Él dice:

«Estas son las más grandes y más trascendentales palabras que jamás hayan sido dichas en la tierra desde la creación del mundo… Son un clamor de triunfo que le anuncia al reino de las tinieblas una derrota totalmente consumada y al reino de los cielos su establecimiento eterno en esta tierra… Con estas palabras puedes oír las cadenas y los grillos de esclavitud romperse y las paredes de prisiones desmoronarse; barreras altas como el cielo derribarse, y cerrojos de portales que fueron cerrados por miles de años, nuevamente abrirse».

Podemos decir a esto, ¡Alleluya!! Amén. ¡Tetelestai! ¡Consumado es! Amén.

Annamarie: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth ayudándonos a contemplar la belleza del evangelio.

Espero que esta serie de programas te anime a conocer, amar y servir a Jesús. Mañana continuaremos nuestro recorrido a lo largo de la obra redentora de Cristo. Pero hoy, ¡no podemos despedirnos sin entonar un cántico que nos ayude a celebrar la victoria de Cristo en la cruz!

La muerte ha causado un gran temor a través de todas las generaciones, pero hay una manera de escapar del temor a la muerte. Lo descubriremos mañana al estudiar la muerte de Jesús, ¡te esperamos!

Conociendo al Redentor juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

O Sacred Head, Now Wounded, Our Daily Bread, Symphonic Hymns (Vol. 16) ℗ 2006 Discovery House Music.  Canción usada con permiso.

Todo Lo Pagó, Jonathan & Sarah Jerez, Vivir Es Cristo, ℗ 2013 Jonathan & Sarah Jerez.  Canción usada con permiso.

1 Charles Spurgeon. «Palabras de Cristo en Su muerte para Su iglesia, sermones sobre el Evangelio de Juan».

2 Charles Wesley. «Cristo resucitó».

3 Philip Bliss. «¡Aleluya que Salvador!»

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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