Podcast Aviva Nuestros Corazones

La tierra es del Señor

Annamarie Sauter: Todo lo que ves a tu alrededor tiene un dueño legítimo. Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Esta tierra le pertenece a Dios. Ahora bien, es un planeta pródigo. Es un planeta fugitivo, prófugo. Es un planeta que ha adscrito su lealtad al enemigo de Dios, al mismo Satanás. Pero Dios dice: «Mía es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en ella habitan me pertenecen».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Dios llamó a Josué a la batalla, a tomar la tierra para el pueblo de Israel. Pero esa tierra no le pertenecía a esas naciones enemigas, y tampoco, después de todo, le pertenecía a Josué. 

Identificar al propietario legítimo tiene grandes repercusiones en tu vida. Nancy las va a explorar, al continuar con esta serie «Lecciones de la vida de Josué (Parte 11): Librando y ganando batallas espirituales». 

Nancy: Hemos estado viendo en el libro de Josué los capítulos 10,11 y 12, y sacando  de ellos algunos principios útiles para las batallas espirituales que libramos aquí en la tierra. Pero estuve meditando en este pasaje en mi tiempo devocional y el Señor me ha estado ministrando dulcemente algunas cosas. La otra mañana que estuve en este pasaje, algunas cosas llamaron mi atención y quiero compartirlas hoy con ustedes.    

Si fuera a ponerle un título, a titular esta sección, le pondría La Tierra es del Señor y Jesús reinará. Y eso fue lo que llamó mi atención, y quiero demostrar esto en estos capítulos que estaremos viendo en este programa. Permítanme leerles, para empezar, algunos de los versículos de Josué capítulo 10. Y estoy extrayendo secciones. Así que solo escuchen en lugar de tratar de seguirme con la lectura. Yo quiero que oigan esta descripción. Es detallada y un poco larga, pero yo deseo que capten lo que está sucediendo aquí. 

Versículo 29, comenzando  en Josué capítulo 10,

«Josué, y todo Israel con él, pasó de Maceda a Libna, y peleó contra Libna; y el Señor la entregó también, junto con su rey, en manos de Israel... y todo Israel con él, pasó de Libna a Laquis... Y el Señor entregó a Laquis en manos de Israel… Entonces Horam, rey de Gezer, subió en ayuda de Laquis, y Josué lo derrotó a él y a su pueblo, hasta no dejar sobreviviente alguno. Josué, y todo Israel con él, pasó de Laquis a Eglón… La conquistaron aquel mismo día… Después Josué, y todo Israel con él, se volvió contra Debir y peleó contra ella. La conquistó, con su rey y todas sus ciudades. Hirió, pues, Josué toda la tierra: la región montañosa, el Neguev, la tierra baja y las laderas, y a todos sus reyes… A todos estos reyes y sus territorios los capturó Josué de una vez, porque el Señor, Dios de Israel, combatía por Israel. Y volvió Josué, y todo Israel con él, al campamento en Gilgal». (vv.29-43) 

Ahora bien, lo que vemos descrito en estos pasajes es una franja de destrucción  continua que Josué y su ejército han llevado a cabo. Y es realmente interesante leer esto con un mapa para poder visualizarlo, quizás puedas encontrarlo en tu Biblia de estudio. Y también hay otros recursos en el internet donde podrán observar en detalle todas estas ciudades. Esto parece  como un efecto dominó. Una ciudad detrás de la otra, y la otra y otra, están siendo derrotadas una tras otra.    

Y ustedes lo pueden ver, no solo en este pasaje que les leí, sino también en esos tres capítulos. El capítulo 12 –que es un resumen– da los nombres, un orden continuo de los treinta y un reyes de las ciudades que Josué diezmó bajo las instrucciones directas del Señor.

Y sé que mucho de lo que he leído aquí es un tanto incómodo para los oídos contemporáneos. Es difícil de entender por qué Dios mandó y autorizó este tipo de destrucción entre comillas de «personas inocentes.» y ya en sesiones anteriores hemos tratado con eso, así es que en el día de hoy no voy a abundar más el concepto,  excepto que recordemos que esta tierra le pertenece a Dios.

El pueblo en la tierra, los cananeos, a quienes les fue dada la oportunidad de arrepentirse, y a quienes más aún se les dio la oportunidad de recibir la misericordia de creer en Su Palabra, ellos rechazaron a Dios. Rechazaron Su verdad, rechazaron Su oferta de misericordia. Y solo unos cuantos, como Rahab en Jericó, fueron librados porque le creyeron a Dios.

Los demás fueron sometidos a la justa ira de Dios y a su enojo por haberle resistido. Resistieron Su ley. Y estas eran personas paganas, malvadas. Personas que no quisieron aceptar la justicia de Dios, y por lo tanto Dios en su justicia, les dio su merecido. 

La tierra le pertenece a Dios. Y al leer este pasaje, pensé en el Salmo 24 que dice: «Del Señor es la tierra y Su plenitud», y algunas traducciones dicen: «Y todo lo que la llena» o sea, del Señor es la tierra y todo lo que la llena. Todo es del Señor «el mundo y los que en él habitan, porque Él la afirmó sobre los mares, la estableció sobre los ríos» (vv. 1-2). Él es el creador. Él la creó. Y Él es el dueño.

Esta tierra le pertenece a Dios.  Ahora, es un planeta pródigo, es un planeta prófugo.  Es un planeta que atribuyó su lealtad al enemigo, al mismo Satanás. Pero aun así Dios dice: «La tierra es Mía y todo lo que hay en ella. Todo Me pertenece». Y aquellos que rehúsan someterse a Su reino y a Sus reglas se colocan bajo Su justo juicio.   

Y hay algo más que veo en este pasaje. No solamente que la tierra es del Señor y vemos la forma de conquista de Josué que nos muestra finalmente la caída de los  enemigos del Señor, pero en Josué, como he dicho en varias ocasiones anteriores durante esta serie, tenemos una imagen, un tipo de Cristo. CRISTO QUIEN VENDRÁ A REINAR Y A REGIR ESTE MUNDO. Cristo que un día juzgará a todas las naciones. 

Y hay muchas referencias en las Escrituras que enfatizan este punto para nosotras.  Pienso por ejemplo en el Salmo 72, que dice:  

«Domine Él de mar a mar y desde el río hasta los confines de la tierra.

Dobléguense ante Él los moradores del desierto, y Sus enemigos laman el polvo.

Los reyes de Tarsis y de las islas traigan presentes; los reyes de Sabá y de Seba ofrezcan tributo; y póstrense ante Él todos los reyes de la tierra; sírvanle todas las naciones.»

Y este pasaje de las escrituras –y lo digo como nota al margen– fue el que motivó al escritor de himnos Isaac Watts, en los años 1700 a escribir estas letras: «Jesús reinará doquier el sol haga Su sucesivo recorrido celestial. Su reino se expandirá de costa a costa, hasta que las lunas no vuelvan a crecer y a menguar ya más».

Jesús reinará.  Y la tierra le pertenece a Él.  Es de Él y Él tendrá dominio sobre ella. Y vemos en las Escrituras que Jesús, nuestro Josué celestial, vendrá a ejecutar la ira de Dios y la venganza de Dios en todos aquellos que rehúsen arrepentirse, y que rehúsen recibir Su misericordia.

Así es que vemos en este pasaje que acabo de leer en Josué, que uno tras otro los territorios enemigos fueron derribados. Y esta es una imagen de lo que va a suceder cuando Jesucristo vuelva a la tierra a reinar y a gobernar.

Recuerden el pasaje en Apocalipsis 19.  En muchas ocasiones me he referido a este pasaje en Aviva Nuestros Corazones. Y es una imagen tan poderosa de lo que estamos esperando.

«Y vi el cielo abierto, y he aquí, un caballo blanco; El que lo montaba se llama Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y hace Guerra...De su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones, y las regirá con vara de hierro. Y Él pisa el lagar del vino del furor de la ira de Dios Todopoderoso». (vv. 11-15)

Nosotros servimos a un Cristo resucitado y reinante que un día regresará a esta tierra y tomará todo lo que le pertenece por derecho.  Y esto significa que habrá   juicio, porque hay muchos que nunca doblarán sus rodillas hasta ese punto. Pero Cristo vendrá en un caballo blanco con Su espada, la Palabra de Dios, para reinar y gobernar sobre todas las naciones. 

Y pensamos que hay muchas naciones poderosas y ciertos reyes y potentados y primeros ministros con mucho poder. Pensamos que algunos sistemas mundanos, y ciertas religiones falsas parecen tener tanto poder. No pasa un día en el que yo no reciba en mi correo reporte de noticias de una iglesia que está siendo perseguida por uno de estos regímenes en otros lugares del mundo.

Parecería que los poderes de Satanás y del infierno y las tinieblas están venciendo el reino de Cristo y Su reino de luz.  Pero quiero decirles que la victoria de Satanás va a ser muy pero muy corta.  Su tiempo se acerca. Y Apocalipsis nos dice que cuando se dé cuenta de que le falta poco tiempo, él redoblará sus esfuerzos. Y se tornará más intenso. 

Y pienso que eso es lo que estamos viendo en nuestro mundo hoy en día. Son los dolores de parto cada vez más y más cerca, acercándose así el regreso de Cristo. Y vemos a Satanás retorciéndose y diciendo: «yo quiero este mundo.»  Pero nosotras sabemos a quién le pertenece este mundo, a Cristo. Es de Él. Y Él regresará a reinar y a gobernar.

Y aquellos que rehúsen arrepentirse, ya sea como individuos o como naciones, serán forzados a doblar sus rodillas y luego caerán en un juicio eterno bajo la justa mano de Dios. Cristo, nuestro Josué. Y vemos ilustrado en Josué lo que un día veremos que sucederá en el mundo entero, cuando las naciones y las personas que rehusaron creer en el evangelio y no se arrepintieron, caigan bajo la justa ira de Dios.  

Pero ahora permítanme mostrarles esto desde otro punto de vista, en este mismo pasaje. En Josué capítulo 10, ¿recuerdan la batalla de Gabaón donde los ejércitos de cinco reyes del sur atacaron a Israel?  Y hablamos de eso en las últimas sesiones.  En un punto de la batalla, los cinco reyes huyeron de la batalla. Y ellos abandonaron a sus ejércitos; desertaron, y fueron a esconderse en una cueva. Y Josué dijo en el versículo 18: «Rodad piedras grandes hacia la entrada de la cueva, y poned junto a ellas hombres que los vigilen».  

Entonces Josué le dijo a sus tropas, a su ejército: «No se queden ahí; persigan a sus enemigos y atáquenlos por la retaguardia», y cuando terminaron de perseguirlos y los derrotaron, Josué regresó a la cueva. 

Y así llegamos al versículo 22:

«Entonces Josué dijo: Abrid la entrada de la cueva y sacadme de ella a esos cinco reyes…Y sucedió que cuando llevaron a estos reyes a Josué, Josué llamó a todos los hombres de Israel, y dijo a los jefes de los hombres de guerra que habían ido con él; Acercaos, (y quiero que notes esta frase) poned vuestro pie sobre el cuello de estos reyes. Ellos se acercaron y pusieron los pies sobre sus cuellos. Entonces Josué les dijo: No temáis ni os acobardéis. Sed fuertes y valientes, porque así hará el SEÑOR a todos vuestros enemigos en contra de quienes lucháis». (Jos. 10: 22,24)  

Ahora, a medida en que se desarrolla el pasaje vemos que los cinco reyes fueron ejecutados. Pero quiero detenerme y ponderar esta frase por un momento cuando Josué y sus soldados pusieron los pies en el cuello de estos reyes paganos que eran anti Dios. Estos eran los enemigos de Dios. 

Y en la cultura del mundo antiguo, los reyes conquistadores colocaban sus pies en el cuello de los reyes conquistados. Y esto era un símbolo de victoria sobre los reinos representados en esos reyes. Era un simbolismo de que el enemigo había sido llevado a completa sumisión. El enemigo había sido vencido. Totalmente vencido, bajo el pie del rey conquistador.

Bueno, y fue algo tan maravilloso para mí, a medida en que meditaba en este pasaje y ver esta frase: «Pongan los pies en el cuello de estos reyes» y empecé a pensar en todas las veces que esa frase reaparece en otras partes de la Escritura o ese mismo concepto. Y quiero mostrarles a ustedes algunas de ellas.

En el Salmo 110, en el versículo 1 que es un versículo, es una referencia del Antiguo Testamento, que es citada por Jesús y por el apóstol Pedro en el Nuevo Testamento. 

La Escritura dice:

«El SEÑOR (y este es Jehová) le dice a mi Señor (una referencia a Cristo el  Rey  Divino). Siéntate a mi derecha (una imagen de la posición de  Cristo cuando ascendió colocado en el lugar de honor que le corresponde, sentado en el trono cuando Él ascendió a los cielos). Hasta que ponga tus enemigos como estrado de tus pies».

Así que la pregunta es: ¿Qué está haciendo Jesús en el cielo hoy? Él está sentado a la derecha del trono de Dios. Él está en una posición elevada y reinando, pero aún hay un tiempo futuro en el que todos Sus enemigos serán puestos bajo sus pies. 

Y leemos esto en Hebreos capítulo 10,

«Pero Él, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados para siempre, (¿y dónde fue que Él hizo esto?, en la cruz) se sentó a la diestra de Dios». Él murió. Él fue sepultado. Fue levantado de entre los muertos. Ascendió a los cielos. Se sentó a la diestra de Dios ¿y qué está haciendo?  Esperando el tiempo en que Sus enemigos sean puestos por estrado de Sus pies.  

Ahora bien, ¿cuál es la imagen que tenemos aquí? Cristo murió. Y fue levantado de entre los muertos. Ascendió. Y está sentado a la diestra de Dios y está esperando.  Está esperando el tiempo futuro en que Sus enemigos sean puestos por estrado de Sus pies, cuando Él pondrá sus pies en el cuello de Sus  enemigos. Está diciendo que el tiempo vendrá cuando Cristo regrese a la tierra como un rey conquistador.  Y en ese punto toda la creación se postrara a Sus pies y lo reconocerá como Señor.  

Pero para mí es algo interesante pensar que mientras tanto, a pesar de que Cristo está activo, Él está también intercediendo a favor nuestro. Él está completamente involucrado en lo que está sucediendo aquí en este mundo. Y es muy interesante el hecho de que Él está sentado. Mientras esta batalla está sucediendo aquí en la tierra, y mientras Satanás cruje sus dientes, y mientras Satanás está tratando de tener la ventaja, y mientras el pecado y todos los que son anti Dios están ejerciendo la peor  oposición en contra de Cristo, ¿qué está haciendo Él? Él está sentado.

Y eso me dice que Cristo no está estresado con esta batalla. Él no está estresado por la oposición de aquellos que lo rechazan. Ahora, lo entristece. Su deseo es mostrar  misericordia. Él no quiere que nadie se pierda, sino que todos vengan al arrepentimiento. Y él está intercediendo. Está activo. Pero no se ha desviado, se mantiene firme  en la batalla.

Y para mí esta es una buena imagen, porque a mí se me hace muy difícil permanecer quieta en mi asiento, cuando en el mundo están sucediendo tantas cosas que me hacen  pararme y dejar mi asiento. Hay momentos en que tengo que entrar en el campo de batalla. No siempre es tiempo de estar sentadas.  

Pero en la imagen del  Cristo ascendido, resucitado y reinante, Él está sentado a la derecha de Dios –y esta es una imagen que dice que Él tiene todo bajo Su control. Él está a la espera. Espera el tiempo en que Dios diga… «Móntate en tu caballo. Y ve abajo con tu espada y haz que el fin de todo llegue y tú juzgarás a aquellos que han rehusado arrepentirse y tus enemigos serán puestos por estrado de tus pies».

Efesios 1 nos dice que Dios:

«Él cual obró en Cristo cuando le resucitó de entre los muertos sentándolo a su diestra  en los lugares celestiales muy por encima de todo principado, autoridad, poder, dominio, y de todo nombre que se nombra, no solo en este siglo sino también en el  venidero. Y todo lo sometió bajo Sus pies y a Él lo dio por cabeza sobre todas las  cosas a la iglesia». (Ef.1:20-23) 

Y esto nos dice que no solo en Su reino futuro, sino de hecho, ahora mismo, Él es la cabeza de todas las cosas. Todas las cosas están puestas bajo Sus pies. Y Él está solamente dejando que algunas de estas cosas tengan su palabra final, antes de que Él regrese y les muestre que en ellos no hay ningún poder en realidad.

Así que vemos esta exaltación de Cristo y Su absoluta autoridad y preeminencia. Y  en el Antiguo Testamento Josué solamente nos da una pequeña imagen, una pincelada  de todo esto. Él es un tipo de Cristo, nuestra cabeza reinante, que ha puesto todas las cosas bajo Sus pies y quien reina soberanamente sobre todas las cosas.  

Y me encanta ese pasaje en 1 a los Corintios, en capítulo 15.  Es uno similar, pero permítanme leérselo. Dice:

«Y entonces vendrá el fin, cuando le entregue el reino a Dios Padre, luego de que haya  abolido todo dominio y toda  autoridad y todo poder. Pues Cristo debe reinar hasta que haya puesto a todos Sus enemigos debajo de Sus pies. Y el último enemigo que será abolido es la muerte. Porque Dios ha puesto todo en sujeción bajo sus pies…Y cuando todo haya sido sometido a Él, entonces también el Hijo mismo se sujetará a aquel que sujetó a Él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.» (1 Cor. 15:24-28)   

Esta es una imagen verdaderamente increíble. Cristo al final de todas las cosas vendrá y conquistará, reinará y gobernará sobre todos los reinos de la tierra, y entonces entregará esos reinos al Padre. Y el Padre ha puesto todas las cosas en sujeción a Cristo. Y Cristo dirá: «Aquí están Padre. Yo he puesto mi pie en los cuellos de todos aquellos que te han rechazado, que niegan Tu autoridad, y sobre los que se han rebelado en contra de Ti, sobre aquellos que no han venido a Ti por misericordia, aquellos que han rechazado Tu oferta de misericordia. Los he traído en sujeción. Toda rodilla ahora está doblada y toda lengua está confesando que Jesucristo es el Señor.  Padre, Tuyo es el reino.»  

Y entonces Jesús mismo le dirá al Padre: «Yo me someto a Ti  Yo estoy bajo Tu autoridad. Para que Dios sea todo en todo». Esa es la sujeción máxima. Todas las cosas en los cielos y en la tierra y aun la persona misma de Cristo se colocarán en  sujeción al Padre. Cristo es igual a Dios. Y nosotras no entendemos cómo es que esas cosas funcionan, pero veremos que el final será cuando todas las cosas, las que están en los cielos y las que están en  la tierra, se sujeten a la obediencia y al señorío de Dios, el Padre.    

Y hay otro pasaje en el Antiguo Testamento que me encanta y que habla de todo este asunto, y es el que lo plasma con más precisión. Es el Salmo 2, el capítulo 2 del libro de los Salmos. Y es un salmo de coronación. Es un salmo que muchas veces leemos o cantamos cuando un rey es coronado. Pero en el Nuevo Testamento este salmo es frecuentemente citado y a menudo es aplicado a Cristo, el Rey ungido de Dios. Y nos muestra la imagen de conflicto entre los reinos terrenales y el reino de Cristo.

Pero a medida que lees este salmo, no hay duda sobre cuál es el desenlace de esta batalla. Este salmo te es familiar, dice:  

« ¿Por qué se sublevan las naciones, y los pueblos traman cosas vanas? Se levantan los reyes de la tierra, y los gobernantes traman unidos contra el Señor y contra su Ungido, diciendo: ¡Rompamos sus cadenas y echemos de nosotros sus cuerdas! El que se sienta como Rey en los cielos se ríe, el Señor se burla de ellos. Y luego les hablará en su ira, y en su furor los aterrará, diciendo: Pero yo mismo he consagrado a mi Rey sobre Sion, mi santo monte. Ciertamente anunciaré el decreto del Señor que me dijo: “Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy. Pídeme, y te daré las naciones como herencia tuya, y como posesión tuya los confines de la tierra. Tú los quebrantarás con vara de hierro; los desmenuzarás como vaso de alfarero.” Ahora pues, oh reyes, mostrad discernimiento; recibid amonestación, oh jueces de la tierra. Adorad al Señor con reverencia, y alegraos con temblor. Honrad al Hijo para que no se enoje y perezcáis en el camino, pues puede inflamarse de repente su ira. ¡Cuán bienaventurados son todos los que en Él se refugian!» (Salmo 2:1-12)

¿Puedes ver  aquí la historia? Esa es la historia de la redención. Es la historia del Rey de Dios exaltado.  Es la historia de los reyes de esta tierra, y esos reyes pueden ser los  Jericós en nuestros corazones. La rebelión dentro de nuestros corazones. La rebelión en este mundo. Todo eso que se exalta en contra del conocimiento de Cristo.

Pero Dios dice, «Yo estoy a cargo. Ustedes pueden conspirar todo lo que quieran.  Pueden venir en mi contra todo lo que deseen. Pueden martirizar a los que en  mi creen. Pueden ejercer su influencia y su poder en este mundo, pero yo he puesto mi Rey sobre Sión, Mi santo monte. Yo le he dado a Él  la tierra como Su posesión»,  así como Dios le dio la tierra prometida a Josué y a los israelitas.

Dios dijo: «La tierra es mía y todo lo que hay en ella». Y el rey Jesús va a regresar a la tierra y bajo la autoridad de Dios y Él  reinará. Él gobernará. Y romperá en muchos pedazos, así como a una vasija de barro, a todos esos reyes y gobernantes de la tierra que no le temieron a Él, y que rechazaron Su derecho a gobernar y Su autoridad.

Pero hay esta esperanza. Tenemos esta promesa. Y tenemos una gloriosa expectativa.  Benditos todos los que se refugian en Él. Confía en Él. Cree el evangelio. Arrepiéntete y sé salva. Mirad a Cristo y sed salvos todos los términos, todos los confines de la tierra.

Hasta los confines de la tierra se ofrece esta invitación del  evangelio. Te han ofrecido  una invitación al evangelio. Si tú nunca has creído en Cristo, hazlo ahora. Dobla tus rodillas, porque vendrá ese día cuando Él pondrá a todos Sus enemigos debajo de sus pies. 

Bueno, y todavía no es el final de la historia, pero es con esta esperanza que vivimos.  Como dice Apocalipsis capítulo 11:

«El séptimo ángel tocó la trompeta, y se levantaron grandes voces en el cielo, que decían: El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos. Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros y adoraron a Dios, diciendo: Te damos gracias, oh Señor Dios Todopoderoso, el que eres y el que era, porque has tomado tu gran poder y has comenzado a reinar» (vv. 15-17). 

Así es que cantamos con Isaac Watts el antiguo himno, «Jesús reinará por siempre y para siempre». ¿Amén? Amén.

Annamarie: Dios es el dueño de todo. Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha venido enseñando lo que esto significa para nosotras, día a  día. Este mensaje es parte de la serie, «Lecciones de la vida de Josué (Parte 11): Librando y ganando batallas espirituales.»

La historia de la vida de Josué nos enseña tantas cosas: cómo actuar con coraje y ser fuertes en El Señor, cómo obedecer el plan de Dios y cómo llegar en victoria hasta el fin de nuestros días. Estamos cubriendo estos temas y mucho más en este estudio extenso de la vida de Josué. Cada serie dentro de este estudio ha sido de mucho aliento y bendición. Si deseas escuchar alguno de los programas o series anteriores, te invitamos a visitar nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Y cuando nos visites, ¿por qué no tomas un minuto y bendices a otra hermana o amiga con los recursos que tenemos disponibles allí y las enseñanzas de estos programas? Ayúdanos a traer libertad, plenitud y abundancia en Cristo a las vidas de mujeres en tu círculo de influencia.

¿Estás dejando un legado  para aquellas que vienen detrás de ti? No tienes que tener muchas posesiones y mucho dinero para dejarles algo valioso.

Nancy: Debemos dejar que  sea Dios quien determine nuestra herencia, permitir que Él determine nuestra porción en esta tierra. El gozo en la vida no proviene de poder escoger todas tus circunstancias y estar en control. El gozo viene al escoger a Dios como nuestra porción.  Así es que obtenemos el verdadero gozo.

Annamarie: Dejando un legado de fe, juntas, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Rey Soberano, Iglesia Cristiana Oasis, El Misterio de Tu Amor ℗ 2015 Iglesia Cristiana Oasis

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