Aviva Nuestros Corazones Podcast

La verdad que nos hace libres, día 2

Recursos del Episodio

Videos de la conferencia True Woman '18

Video del testimonio de Paulina Torres 

Annamarie Sauter: ¿Te suena familiar esta forma de pensar?

Patricia de Saladín: Yo quiero creer lo que yo quiero oír que me digan. Y eso sí me gusta creerlo. Pero cuando tú me dices algo que a mí no me gusta, entonces yo no creo.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Cuántas veces te has visto a ti misma escuchando y creyendo solo las cosas que te convienen? El mundo actúa de esa manera. Cuando escuchan que Dios aborrece ese pecado que aman, o ese estilo de vida que viven, o esas palabras que dicen, simplemente cierran su corazón a las verdades de la Escritura y crean sus propias verdades. Bueno, si quieres ser verdaderamente libre, el primer paso es creerle a Dios.

Ayer escuchaste de Laura González de Chávez hablando acerca de las «Mentiras que las mujeres creen». En el día de hoy escucharás la enseñanza de Patricia de Saladín titulada, «La verdad que nos hace libres». Estas enseñanzas fueron parte de la preconferencia para hispanas, de la conferencia True Woman '18.

Patricia: Oh Señor y Dios, qué bueno que Tú que de las tinieblas un día dijiste que fuera la luz, eres el que ha resplandecido en nuestros corazones para mostrarnos la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. Gracias Señor por Él, por Cristo. Gracias por ese Cordero inmolado desde antes de la fundación del mundo que fue sacrificado, oh Dios, por nosotras; que Su sangre fue derramada en la cruz para perdonar todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros; y que los que estamos en Cristo podemos decir a viva voz, «ya no hay condenación para los que están en Cristo»

Oh Señor, pero también sabemos que tenemos un enemigo que todavía está vivo y activo, y que anda como león rugiente buscando a quién devorar. En este fin de semana, oh Señor, va a ser revelado mucho de él, de sus mentiras, de sus ataques. Como veíamos él quiere matar, destruir, pero nosotros sabemos que en Cristo hay vida y vida en abundancia, y esa es la libertad que hemos venido a buscar, la libertad que solo Cristo puede dar. Te pedimos Señor que sigas en medio nuestro hablando a nuestros corazones a cada mujer que tú has traído en esta tarde, Señor, trayendo la verdad que ella necesita para hacerla libre. En el nombre de Jesús. Amén

Laura preguntaba al inicio de su charla que quiénes habían creído mentiras, y todas levantamos la mano. Pero si yo también les digo: ¿Quienes quieren ser libres? Todas levantaríamos la mano porque no estaríamos un fin de semana aquí, siete mil mujeres, con un tema de «escuchen la verdad, escuchen las mentiras, y vamos a conocer la verdad que nos hace libres». Y la esclavitud, esa esclavitud al pecado y a las mentiras, se contrapone con el conocimiento de la verdad y de la Palabra que nos hace libres. El punto es que todas, todas nacemos esclavas del pecado y todas necesitamos la libertad que solo Dios nos puede dar en Cristo.

Dios, en Su amor, en Su misericordia y en Su gracia, es el Único que nos provee esa libertad, pero estamos hablando de una libertad que trasciende lo físico, porque una persona puede estar detrás de unos barrotes en la cárcel y ser libre. Pero también una mujer puede andar en la calle creyéndose libre, y ser verdaderamente esclava.

Y así como Laura decía, que queremos que examinemos este fin de semana nuestros corazones, ahora es como si Dios quisiera que hiciéramos una evaluación, un examen.

Pero yo no quiero transmitirles la idea de que es un examen como esos que nos dan miedo, con ese profesor que quiere que yo repruebe el examen. No, nosotros tenemos un Dios misericordioso que dice que no quiere que ninguno se pierda, que ninguna de nosotras se pierda, sino que todas procedamos al arrepentimiento. Y en ese sentido, yo quiero que vayamos a Juan 8, que sería –podríamos decir– el versículo lema de esta conferencia, y ese versículo que vamos a ver nos invita a evaluarnos, nos invita a lo que en otra parte de la Escritura dice, a examinarnos a nosotras mismas a ver si estamos en la fe.

Y yo veo esto no solamente como una evaluación sino como un camino. Ustedes saben que hoy en día se habla mucho de viajes, inclusive; del Camino a Santiago de Compostela. Es un viaje que yo misma he querido hacer. Uno sale, va caminando y llega a Santiago de Compostela. Pues este versículo sale de un sitio y me lleva hacia otro, tiene una meta. La meta es la verdadera libertad que es donde queremos llegar; claro, esa libertad comienza con el nuevo nacimiento pero va avanzando todos los días de nuestra vida, y yo les propongo que es un estilo de vida.

Ahora vamos a entrar directamente al versículo 31, por razones de tiempo, pero estamos llegando a un punto donde el Señor está teniendo una conversación larga con los judíos y con una multitud. Y debemos saber que el propósito de este evangelio, y lo dice al principio su libro, el propósito por el cual Juan escribió el evangelio, era que sus lectores creyeran que Jesucristo es el hijo de Dios, y que creyendo en Él tenemos vida, tenemos vida en Su nombre. Pero fíjense la bondad de nuestro Dios, que Él está interesado en que no seamos engañadas y que creamos en Cristo. Ese verbo, «creer», esa palabra «creer», está por todas partes en el Evangelio de Juan. Dice Juan capítulo 8, versículo 31, lo voy a leer del librito que tenemos:

«Entonces Jesús decía a los judíos que habían creído en Él: Si ustedes permanecen en mi palabra, verdaderamente son mis discípulos, y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres».

Miren el versículo 36, dice:

«Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes serán verdaderamente libres».

El Señor Jesucristo está hablando aquí a un grupo de judíos, y si ustedes dejan su porción de la Biblia abierta, miren como él se refiere a ellos. En el versículo 14 él dice:

«Ustedes no saben»

En el versículo 19 dice: «Ustedes no me conocen»

En el versículo 24 les dice: «Ustedes van a morir en sus pecados si no creen», otra vez esa palabra, «si no creen que Yo soy».

Y podemos ver que ellos verdaderamente no entendían lo que Jesús les estaba diciendo acerca de Él, acerca del Padre, y nos damos cuenta por las respuestas que ellos dan y los comentarios que ellos hacen.

Igual que muchas de nosotras. Muchas veces nosotras no entendemos, nosotras no conocemos y nosotras no creemos. Y así es que llegamos al versículo 31, entonces nos sorprende que el versículo dice que esos judíos habían creído en Él, esos que no entendían, que no conocían, dice que ellos habían creído en Él.

Juan el evangelista se refiere a ellos así. Pero como el Señor conocía los corazones de esa multitud, al igual que conoce los corazones –el tuyo, el mío y los de todas las siete mil mujeres que nos hemos dado cita este fin de semana– el Señor pasa entonces a darles esas palabras de evaluación en el versículo 31, una prueba para ver si verdaderamente habían creído, si verdaderamente ellos eran discípulos. Recuerda que la meta de este camino, de esta prueba, es la verdadera libertad.

Vamos a verla en cuatro encabezados en ese versículo. Primero creer, luego permanecer, luego conocer y finalmente la libertad que hallamos.

 El pasaje tiene muchas evidencias de que ellos realmente no habían creído, ni antes ni después de que el Señor hizo esa declaración. ¿Cómo lo sabemos? Ahora veamos los discípulos posteriores. Miren el versículo 37 que dice que ellos querían matar a Cristo, y Él les da una razón...miren: «Porque mi palabra no tiene aceptación en ustedes», ellos no aceptaban la Palabra de Dios, ellos estaban ahí oyendo, como podemos estar nosotras oyendo, y no aceptar la Palabra. Versículo 43: «¿Por qué no entienden lo que digo? Porque no pueden oír mi palabra».

Laura citaba Juan 10 que dice: «Mis ovejas oyen mi voz». Si yo no puedo oír la Palabra, por eso es que no entiendo lo que dice. Versículo 45: «Porque yo digo la verdad no creen». Yo quiero creer lo que yo quiero oír que me digan, eso sí me gusta creerlo; pero cuando tú me dices algo que a mí no me gusta, entonces yo no creo.

En el versículo 47 Él les dice: «Ustedes no escuchan las palabras de Dios porque no son de Dios». Ellos no eran de Dios. Así que el primer paso para ese camino hacia la verdadera libertad es creer. Pero estos versículos nos muestran que verdaderamente hay una fe verdadera y hay una fe falsa. Yo puedo creer muchas cosas y no tener una fe verdadera. La Biblia dice que aún los demonios creen y tiemblan. Y Mateo en su evangelio dice: «No todo el que me dice, Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

Yo puedo creer algo pero no ser de Cristo, porque creer, la fe verdadera no es solo conocer mentalmente la verdad acerca de Cristo, acerca del evangelio, conocer la Biblia de arriba abajo. Los fariseos y los escribas conocían la Biblia más que nadie en su época y sin embargo el Señor les dice, generación de víboras, o sea Él fue durísimo con ellos porque ellos no tenían una fe salvadora. Más que entender que –mi pecado, la condenación, asentir, «oh, sí, eso es así»– es necesario creer y confiar en Cristo, es necesario rendirle nuestras vidas, llamarle Señor y Salvador; que Él sea el objeto supremo de nuestro amor. En pocas palabras, nacer de nuevo, nacer de arriba, ser adoptadas dentro de la familia de Dios, haber hallado el perdón de nuestros pecados, Eso no es lo mismo que pertenecer a una iglesia o asistir a una iglesia, o asistir a muchos grupos o cultos, o tener un lenguaje cristiano. Es necesario un cambio de corazón. La mente tiene que ser informada, la mente tiene que estar renovada, pero tiene que haber un nuevo nacimiento. Dios cambia el corazón de piedra por un corazón de carne.

Entonces, lo primero que evaluamos es si verdaderamente hemos creído. La segunda cosa es si permanecemos, el versículo dice: «Si permaneces en mi Palabra, eres verdaderamente mi discípulo». ¿Entonces estas personas eran o no eran discípulos? ¿Eran realmente discípulos? Jesús lo que les está diciendo es: Yo quiero que tú veas si verdaderamente hay evidencias en ti de que tú eres verdaderamente mía. Y eso es lo que el Señor en Su bondad nos dice. Él te está llamando por nombre y te está dando la oportunidad, «examínate, mira a ver si estás en la fe, mira si verdaderamente tú eres mi discípula, mi seguidora.

La evidencia de que tu fe es genuina es si habitualmente permaneces en Mi enseñanza. No solo es escuchar y decir: «Ah sí, yo creo eso», y luego te vas y sigues como si no creyeras. Es muy común en el día de hoy tener, yo digo, puntos ciegos donde creemos mucha información. Y nos pasa a todas, me pasa a mí y te pasa a tí, les pasa a la mayoría de las personas, hombres y mujeres. Tenemos tanta información de la verdad en la mente, que porque la tenemos en la mente creemos que la creemos, pero realmente la evidencia de que la creemos es si vivimos a la luz de ella. Permanecer en la Palabra no es abrir tu Biblia de domingo a domingo, o de grupo en grupo como describe Santiago. No es mirarme en el espejo y ver lo despeinada que estoy, y darme media vuelta y olvidarme de lo que vi. No, es ser hacedora de la Palabra, no tan solamente oidora.

Para aquellos que habían creído en Él, lo que el Señor les está recordando en este versículo es: «Pruébalo, pero pruébalo para ti misma. ¿Dónde está la evidencia? Si tú permaneces en Mi Palabra, entonces eres verdaderamente mi discípula. Si tú permaneces en Mi Palabra, tú me amas y el que me ama obedece mi Palabra. O sea que no es solamente escucharla, es saberla, es amarla, obedecerla, practicarla, vivir en esa Palabra. No es leerla ocasionalmente, es que esa Palabra como dice Colosenses, more, habite en nuestros corazones. «Mi pueblo pereció porque le faltó conocimiento». No conocían la Palabra de Dios. Es dejar que esa Palabra venga –y así como el mundo y las mentiras de Satanás nos quieren presionar a su molde– esa Palabra venga y entre a nuestra mente y nos renueve, nos transforme, renueve nuestros pensamientos, actitudes, forma de hablar, comportamiento. Es poder ver toda la vida a la luz de la Palabra de Dios, y que cuando yo estoy en la Palabra de Dios me siento como en casa. Poder oír la Palabra de Dios enseñada y sentir, ¡wow! Aquí es a donde pertenezco, esto es lo que yo anhelo.

Ahora diciéndoles eso no quiero que piensen: «Patricia siempre está en la nube, amando la Palabra de Dios, y nosotras aquí. Yo me siento mal porque no quiero leer la Biblia». Yo me siento mal porque a veces yo tampoco quiero leer la Biblia. Hay días en que me levanto y no quiero, quiero hacer otra cosa. Porque la carne es débil y nosotras no hemos sido glorificadas, nosotras batallamos con permanecer el la Palabra. Pero hay un poder mayor en nosotras que nos lleva a permanecer en esa Palabra porque nosotras hemos nacido de arriba, como yo les decía. Nosotras hemos nacido de Dios, hay un nuevo nacimiento, un nuevo corazón, y el poder del Espíritu que ahora mora en nosotras, ahora nos lleva a querer sujetarnos a ella.

La vemos allá alta, arriba, vemos las metas que no podemos alcanzar y decimos: ¡Gloria a Dios! Porque necesitamos un salvador, pero cuando vemos esas verdades, aunque sabemos que no las vivimos, anhelamos de todo corazón que así sea. Cuando veo que no me someto a esposo, yo lo veo y me duele porque quisiera poder sujetarme como el Señor dice. Cuando veo que tengo que amar a mis hermanos y veo mi corazón indiferente y duro, me duele porque yo veo la maldad que hay en mí, pero yo quisiera poder amar como la Palabra dice; porque esa obra nos trasciende a nosotros.

Ahora las preguntas no son acerca de las mentiras, ahora la pregunta es: «Tú lees tu Biblia? ¿Tú te alimentas de ella? ¿La obedeces? Recuerda que el Señor dice: «Si tú me amas tú guardas mis mandamientos»; permaneces en ella...o andas buscando alguien que te diga otra cosa que tú quieres oír. ¿Gobierna ella tu vida, tu matrimonio? Si tú eres casada, ¿tu familia, tu trabajo?

Como les decía, te sometes, con muchas luchas y fallas pero ese es tu anhelo, ¿obedecerla en todo? ¿La estimas como lo que es, la Palabra de Dios? En verdad Dios escribió un Libro y nosotras tenemos el privilegio de tenerlo de todas las formas posibles, físicamente en tinta, papel, pero también digital, audio, de todas las maneras posibles. Como dice el Salmo 1: «Bienaventurado el varón que no –no solamente que no anduvo en el consejo de malossino que en la ley del Señor está su delicia y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de agua que da su fruto a su tiempo, y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará».

O como el Señor le dijo a Josué, que nunca se apartara de la ley ese libro de la ley, sino que de día y de noche meditara en Él. Nosotras debemos filtrar todo a la luz de la Palabra, todo. Porque separadas de esa Palabra, nada podemos hacer. Esa Palabra está viva, es una antorcha, es una espada, es una luz, es como un martillo, ella es nuestra vida, y esa Palabra es verdad, esa es la verdad que necesitamos para contrarrestar todos los ataques del enemigo. Es valiosa, nos sacia, nos nutre, nos ilumina, es como si tuviera un campo magnético en ella. Hay poder y hay gracia, y esa Palabra nos nutre como pan, satisface nuestra sed, sacia nuestra sed como esa agua viva, es luz para nuestras tinieblas; ella me atrae, me persuade, me ilumina, me da paz.

O sea que permanecer en ella es quedarme ahí, como le dijo Pablo a Timoteo: «Tú persiste en lo que has aprendido», tú quédate ahí en esa Palabra. No importa que vengan todos los expertos del mundo a traer todas esas nuevas olas de conocimiento. Nosotras las hijas de Dios permanecemos en la Palabra, y el permanecer en esa Palabra es una evidencia de que estamos en el camino hacia la verdadera libertad, es una evidencia de que somos sus discípulas.

Ahora, el tercer punto, es que una vez que yo he creído, si yo estoy permaneciendo en esa Palabra, el tercer punto es que yo voy a conocer la verdad. Entonces si permanecemos, somos sus discípulas, conoceremos la verdad. Mientras permanecemos en esa Palabra, en esa firme e inalterable realidad de Cristo, llegamos a conocer la verdad; y Él dice: «Conocerás la verdad», y es una palabra que no implica conocimiento intelectual, no es conocer aquí, es una palabra que significa entender algo o a alguien como resultado de una experiencia personal. Otro no puede conocer la verdad por mí, otro no puede. Es algo que yo necesito experimentar. Es algo que sucede en mi interior que renueva todo mi ser. Es que somos una nueva creación. Pero no solo sabrás acerca de la verdad, no, sabrás la verdad. Fíjense que es en singular, y esa palabra saber, me encanta eso, se usa para hablar de una relación íntima con la persona que conoce. Es conocer de manera personal y de manera íntima, la verdad. ¿Y quién es la verdad? El Señor dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Es una relación personal con la verdad, es una relación de corazón con Cristo y el Espíritu Santo que nos revela que Él es la verdad. Esa persona es el Señor y me sobrecoge el pensar que cuando el Señor estuvo delante de Pilato, Él le dice a Pilato: «Yo he nacido y he venido al mundo para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz». Y miren otra vez eso, si nosotras somos de Cristo, nosotras escuchamos Su voz.

Pilato le preguntó al Señor: ¿Qué es la verdad? Y Pilato tuvo delante de él la verdad en persona y no lo reconoció. Oh, que eso no sea lo que se diga de ninguna de nosotras en este día. Como citaba Laura, en Cristo están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Si nosotras somos verdaderamente sus discípulas porque hemos permanecido en la verdad, nosotras lo vamos a conocer de manera personal. Esa Palabra cuando nosotras permanezcamos en esa Palabra, esa Palabra, nos va a revelar a Cristo, nos va a revelar la belleza de Su persona, no solamente Su obra en la cruz, Su muerte, Su vida perfecta, nos va a revelar Su hermosura, todo lo que Él es, todo lo que es Su persona. En Él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad, y nosotras tenemos el privilegio de tomar Su Libro en nuestras manos, y conocer de manera personal e íntima a esa persona. El anhelo de nuestros corazones debe ser decir: Señor, yo quiero deleitarme en Ti, en tener comunión contigo, quiero conocerte, hablar contigo, escucharte y caminar contigo.

Él es quien dice: «Yo soy la vid», «Yo soy el pan de vida», «Yo soy la puerta», «Yo soy el buen Pastor», «Yo soy la luz del mundo», «Yo soy la resurrección y la vida», «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Si nosotras vamos por ahí, ya llegamos a lo que es la verdadera libertad.

Ahora, tú me dices: «¿Y cómo yo permanezco en esa Palabra, conozco la verdad y soy verdaderamente libre? No hay atajos ni fórmulas mágicas, no es algo que se consigue de la noche a la mañana. Necesitamos permitir que el Espíritu Santo con esa Palabra y con todos los medios de gracia que Él ha puesto a nuestro alcance, transforme nuestros pensamientos, que el Espíritu transforme nuestros pensamientos y nos enseñe a pensar como Jesús, y a ver las cosas y a valorar las cosas como Jesús, y nuestras vidas van a ir cambiando gradualmente, día tras día, poco a poco. Por eso no es solamente la verdad que yo conozco el día que son abiertos mis ojos y entiendo el evangelio. Es un estilo de vida donde día tras día yo voy derribando todas esas mentiras de Satanás y voy llevando todo pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo. Pero si yo no conozco la Palabra, si yo no permanezco en ella, si el Hijo no es revelado a mi corazón a través de esa Palabra…¿Cómo voy a hacer eso?

Salimos a la guerra sin ninguna herramienta. Salimos a pelear contra un enemigo poderoso, a expensas de nosotras mismas que somos muy débiles. Entonces tenemos, tenemos que estar en la Palabra. Lee tu Biblia, lee tu Biblia y yo no quiero simplificar el hecho y decir que esa es la solución. Leer tu Biblia es definitivamente lo que va a usar el Espíritu de Dios para transformarte, pero necesitamos tener esa relación viva con el Señor y con Su Palabra, y yo voy a poder vivir en libertad porque como dice el versículo 36, «si el Hijo nos libertare, seremos verdaderamente libres».

Y quiero concluir leyéndoles una porción del libro, El progreso del peregrino. Ustedes saben que El progreso del peregrino, después de la Biblia es el libro más vendido en toda la historia. Es una porción que me encanta que habla de cómo Cristiano y Esperanza llegaron al castillo de un gigante que los tenía atrapados. Se llama el Gigante Desesperación quien vivía en el Castillo de la Duda con su esposa.

Ellos (Cristiano y Esperanza) estaban llenos de dudas, de temores, de inseguridades y estaban presos en un calabozo.

El gigante los tenía atados y les daba golpes, les sugería que se quitaran la vida, y esa imagen me dio luz, pensando cuántas de nosotras somos hijas de Dios, tenemos a la mano todos los tesoros de Cristo –porque somos coherederas con Él– tenemos todas las bendiciones espirituales que nos ha dado, pero como nosotras no permanecemos en esa Palabra, como no tenemos conocimiento experimental de la verdad, nosotras estamos presas de ese gigante en ese castillo, y oigan cómo ellos lograron escapar del castillo. Dice el gigante:

  • Por la mañana los registraré, replicó el gigante a los dos que estaban presos (que pudiéramos ser tú y yo). Era ya cerca de la medianoche del sábado cuando nuestros peregrinos empezaron a orar, continuando así hasta romper el alba, y momentos antes de que amaneciera, el bueno de Cristiano prorrumpió como espantado en estas fervientes palabras:
  • Qué simple y necio soy de quedarme en este calabozo hediondo cuando pudiera estar paseándome tan ricamente en libertad. Tengo en mi seno una llave llamada Promesa que con toda seguridad podrá abrir todas y cada una de las cerraduras del Castillo de la Duda.
  • Esas sí que son buenas noticias hermano, le dijo esperanza, sácala de tu seno y probémosla.

Cristiano sacó su llave y aplicó a la puerta del calabozo, y a la media vuelta la cerradura cedió y la puerta quedó abierta de par en par y con la mayor facilidad. Luego Cristiano y Esperanza salieron –salieron del primer calabozo– y al llegar a la puerta exterior que daba al patio del castillo, esta también se abrió con la misma comodidad. Dirigiéndose entonces a la verja de hierro que guardaba toda la fortaleza, y aunque allí la cerradura era tremendamente fuerte y complicada, con todo, la llave sirvió para abrirla.

Mi hermana, mi amiga, no hay cerradura ni puerta tan difícil que la llave de la Palabra y del Hijo de Dios que es la Palabra, el Verbo de Dios, no pueda abrir. Así que en este día mi exhortación es, en este fin de semana: No te quedes en el calabozo, no te quedes en el Castillo de la Duda, el Señor ha dejado Su Palabra. Si permanecemos en ella, lo conoceremos de una manera íntima, y seremos verdaderamente libres.

Annamarie: Has estado escuchando de Patricia de Saladín. Ella ha estado hablando acerca de la verdad que nos hace libres. Patricia regresará en un momento para cerrar con una oración.

Si no has leído el libro, «Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres», escrito por Nancy DeMoss de Wolgemuth, te animo a adquirirlo. Puedes hacerlo a través de nuestra página web AvivaNuestrosCorazones.com. Este recurso ha transformado la vida de miles de mujeres alrededor del mundo, y esperamos que transforme la tuya también.

¿Te estás alimentando de la Palabra de Dios todos los días? Si no estás leyendo y estudiando constantemente las verdades que Dios nos dejó en la Escritura, poco a poco te irás adaptando a las mentiras que el mundo te ofrece. Acompañanos mañana en el siguiente programa de esta serie, y escucha el panel en el que Betsy de Gómez, Laura de Chávez, Patricia de Saladín y Elba de Reyes estarán compartiendo contigo algunas mentiras específicas que mujeres de habla hispana somos propensas a creer.

Aquí está Patricia de regreso para concluir en oración.

Patricia: Oh Señor, gracias por la verdad. Gracias porque Tu Hijo es la verdad, gracias por Jesucristo, gracias porque todo lo que necesitamos es a Él Señor. Gracias por ese plan perfecto de redención donde eternamente Él decidió sujetarse al Padre para venir a rescatar un pueblo para Sí, de los cuales nosotras somos tus hijas. Tú dices, traigan mis hijos y mis hijas de los confines de la tierra como estamos aquí, para gloria Mía los he llamado, los formé y los hice.

Nosotras queremos ser de las que nos postramos delante de Ti, tus hijas Señor queremos hallar esa verdadera libertad y caminar en ella porque el Hijo nos ha libertado y nosotras somos tus hijas. Bendice este tiempo Señor, lo que resta, pero bendice sobre todo todo lo que se va a hacer aquí durante este fin de semana. Glorifícate y exáltate con esa libertad que solo Tú puedes traer. En el nombre de Tu Hijo. Amén

Annamarie: Permaneciendo en la verdad que nos hace libres juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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