Podcast Aviva Nuestros Corazones

Las semillas de nuestra extinción

Recursos del Episodio

«PDF con las declaraciónes del Manifiesto»

Carmen Espaillat: Las pensadoras feministas originales veían el matrimonio como una institución opresiva.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Es cierto, el matrimonio es difícil porque es entre dos pecadores. Así que las feministas hicieron algunas observaciones precisas sobre los problemas, pero sacaron conclusiones que eran erradas, que eran falsas. Y aún así, ahora toda nuestra cultura se ha quedado atrapada en esta forma de pensar

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Qué sucede cuando los hombres dejan de ser hombres y las mujeres dejan de ser mujeres? Rechazar el plan de Dios trae consecuencias aleccionadoras. Hoy Nancy nos ayudará a verlas, al continuar explorando el «Manifiesto de la Mujer Verdadera».

Nancy: Hasta ahora hemos estado tratando de establecer el fundamento en esta serie, sobre cómo hemos de pensar y de vivir como mujeres verdaderas de Dios. Estamos mirando El Manifiesto de la Mujer Verdadera, y espero que tengas una copia contigo. Puedes imprimir una copia PDF del documento que se encuentra en AvivaNuestrosCorazones.com.

Como hemos dicho, en la primera parte del documento establecimos la base, el fundamento de lo que creemos. Ese es el telón de fondo que es fundamental para la vida y para el pensamiento de una mujer verdadera de Dios. Así que permítanme repasar dónde hemos estado. La primera declaración fundacional fue,

Creemos que Dios es el Señor Soberano del universo y el Creador de la vida.

Bueno, eso es sumamente importante. No es suficiente con solo tenerlo en nuestras mentes. Necesitamos decirnos a nosotras mismas cada vez que pensamos que el mundo se está desmoronando o que nuestra vida se está deshaciendo, que Dios lo sabe. Que Él es el Soberano, que Él es el Creador. Y debemos decir, «Señor si te complace a ti, me complace a mí».

Y aprender a renunciar a nuestros derechos y renunciar a nuestras expectativas, y abrazar las cosas que Dios trae a nuestras vidas porque Él es el Señor soberano y el Creador de la vida. Y recordar que todas las cosas creadas existen para Su deleite y para Su gloria.

Es por eso que estamos aquí. No estás aquí para que tu esposo te haga feliz. No estás aquí para encontrar un esposo que pueda hacerte feliz. Y cuando lo encuentres, te vas a dar cuenta de que no hay esposo en el planeta que pueda hacerte verdaderamente feliz todo el tiempo. ¿O me equivoco?

Y eso no es por hablar mal de los hombres. Tampoco hay esposa que pueda hacer feliz a un esposo todo el tiempo. No fuimos hechos, no fuimos creados para llenar las almas de los demás. Es Dios quien nos llena. Ninguna cosa creada puede satisfacernos, puede llenarnos.

De manera que existimos para el deleite de Dios; no Él para nuestro deleite. Y obtenemos deleite cuando le damos placer a Él y cuando le glorificamos. Así que todo eso está entrelazado en esa primera declaración fundamental.

Y luego vimos la segunda declaración acerca de la creación y del género:

Creemos que la creación de la humanidad, como varón y hembra, fue una parte intencional y maravillosa del sabio plan de Dios, y que los hombres y las mujeres fueron creados para reflejar la imagen de Dios en formas complementarias pero distintas.

Existen diferencias, entre hombres y mujeres, y fueron diseñadas y creadas por Dios, y por lo tanto son preciosas. No debemos tratar de aplastarlas o de eliminarlas. ¿Cuántas personas que se casan se sienten atraídas por las diferencias? Yo vi esto recientemente. Estaba hablando con una joven que estaba comprometida y había otra joven en nuestra conversación. Esta joven comprometida le estaba diciendo a la otra, «cuando busques esposo, asegúrate de buscar uno que sea bien callado, bien tranquilo». Aparentemente el prometido de esta joven es un joven también callado.

Yo la miré y me tuve que reír. Pero no quería hacerla sentir mal acerca de su prometido. Pero pensé, «¿con cuántas mujeres casadas he hablado que están tan molestas porque sus esposos son demasiado callados?» Ellas estaban encantadas cuando se comprometieron porque a ellas les gustaba la diferencia, pero una vez que se casan, esas diferencias pueden convertirse en barreras. Las cosas que una vez los unieron pueden ser ahora las que los vuelven locos, las que los impulsan a separarse unos de otros.

Así que necesitamos apreciar las diferencias, necesitamos valorarlas. No trates de hacer que los hombres sean mujeres. No trates de hacer que tu esposo sea como tú. Deja que él sea quien Dios lo hizo, a la imagen de Dios.

Así que nosotras creemos que en este asunto de hombre y mujer, las diferencias son preciosas y para ser apreciadas y valoradas y aprovechadas al máximo.

Y la declaración número tres, creemos que el pecado ha separado a todo ser humano de Dios. El pecado vino y dañó esa imagen. Eso hermoso que Dios había creado, esa relación sagrada entre hombres y mujeres, y entre hombres y mujeres y Dios, todo quedó estropeado cuando la mujer firmó su declaración de independencia y el hombre siguió su ejemplo.

El pecado separó a todo ser humano de Dios.

Nacemos en esa condición. No fue solo Eva, no fue solo Adán. No es solo tu esposo, no es tan solo tu mamá o tus amigas. Tú eres una pecadora casada con un pecador, viviendo y luchando en un mundo de hombres y mujeres pecadores.

Y ese pecado nos ha hecho incapaces de reflejar la imagen de Dios como fuimos creadas para hacerlo. Y luego vimos esa declaración de esperanza para pecadores. Que nuestra única esperanza de restauración y salvación se encuentra en arrepentirnos de nuestros pecados.

Apartándonos del pecado, no dándole valor, no defendiéndolo, no culpando a otros por él, no racionalizándolo o justificándolo. «Bueno es que yo no soy tan mala como los demás». Arrepintiéndonos de nuestros pecados.

Eso fue lo que Dios les dijo a Adán y a Eva en el jardín: «¿Qué han hecho, qué hicieron?» A ellos les fue difícil responder esa pregunta. En vez de eso, ellos se culparon. Pero la libertad, la esperanza de la restauración de las cosas a como ellas fueron destinadas a ser, viene cuando reconocemos nuestros pecados, cuando nos arrepentimos de ellos y entonces confiamos en Cristo quien vivió una vida sin pecado, murió en nuestro lugar, y fue resucitado de los muertos. Ese es el evangelio.

El evangelio es la buena noticia, ¡es la mejor de las noticias! Pero no es una buena noticia hasta que no te das cuenta de la mala noticia, el hecho de que hemos pecado.

Así que hoy llegamos a otra declaración fundamental que nos lleva un paso atrás en todo este tema del pecado y de sus ramificaciones en nuestra cultura, y en particular a lo relativo a los asuntos del género. Si queremos ser mujeres verdaderas de Dios, tenemos que entender cómo nuestra cultura llegó hasta donde está, porque como mujeres verdaderas, vamos a nadar contra la corriente. Vamos a ser luces en medio de un lugar muy oscuro.

Así que tenemos que darnos cuenta cómo esto se puso tan oscuro, y por eso es que esta cuarta declaración fundamental es tan importante. Dice:

Reconocemos que vivimos en una cultura que no reconoce el derecho de Dios para gobernar, ni acepta las Sagradas Escrituras como la norma para la vida, y está sufriendo las consecuencias del abandono del diseño de Dios para los hombres y las mujeres.

Ahora, de nuevo, vamos a tomar una frase a la vez y vamos a desglosarla y a ver qué tipo de entendimiento nos dará en el mundo actual en el que vivimos. Vivimos en una cultura que no reconoce el derecho de Dios para gobernar, ni acepta las Sagradas Escrituras como el patrón para la vida.

Nuestra cultura posmoderna mira la verdad y la autoridad como algo relativo, algo subjetivo y existencial. Bueno esa es tu idea de la verdad, y tu idea de la verdad no es mejor o peor que mi idea de la verdad. Es relativa, depende de la situación. Depende de cómo la mires. La cultura posmoderna rechaza la noción de la verdad objetiva y absoluta o de la autoridad contenida en las Escrituras o en cualquier otro lugar.

Yo levanto mi biblia y empiezo con la presuposición de que ella es la Palabra de autoridad absoluta de Dios. ¡Ella es verdad!

  • Lo que yo pienso, realmente no importa
  • Mi opinión, realmente no importa
  • No es mi verdad, no es tu verdad
  • Es la verdad de Dios o no es verdad. Y toda verdad es verdad de Dios

Pero la cultura posmoderna no acepta eso.

Y esa forma de pensar se ha infiltrado incluso en muchos de los llamados círculos religiosos cristianos. Por ejemplo, Héctor Ávalos, quien es profesor asociado de estudios religiosos en la Universidad Estatal de Iowa—él enseña religión—ha escrito un libro titulado, «The End of Biblical Studies». Si estuviera en español el titulo sería (El fin de los estudios bíblicos). Y escuchen la descripción de este libro que aparece en Amazon.com. «El erudito bíblico Héctor Ávalos, pide el fin de los estudios bíblicos tal como los conocemos». Ahora, él es un profesor de religión, un profesor de estudios bíblicos, pero él está pidiendo el fin de los estudios bíblicos.

Él argumenta que la antigua civilización que produjo la Biblia sostenía creencias sobre el origen, la naturaleza, y el propósito del mundo y de la humanidad, que se oponen fundamentalmente a las perspectivas de la sociedad moderna. La Biblia es, por lo tanto, en gran medida irrelevante a las necesidades y las preocupaciones de los seres humanos contemporáneos. Termino la cita.

Ese es un profesor de religión.

Ahora, es verdad que la Biblia promueve creencias acerca del origen, la naturaleza, y el propósito del mundo y la humanidad que se oponen fundamentalmente a las perspectivas de la sociedad moderna. Pero la conclusión de este hombre es errónea. Porque su conclusión es: «Por lo tanto la Biblia es irrelevante a las necesidades y las preocupaciones de los seres humanos contemporáneos».

Pero el asunto es que es precisamente la Biblia la que es absolutamente relevante y son los seres humanos contemporáneos quienes necesitan cambiar sus perspectivas de lo que realmente importa. Este rechazo de la autoridad es parte de toda nuestra cultura, y eso es lo que este rechazo de la Palabra de Dios es en realidad. Es un rechazo a la autoridad. No queremos que un Señor soberano reine sobre nosotros. Queremos ser nuestros propios soberanos. Nosotros nos hemos establecido a nosotros mismos como la autoridad.

En las Escrituras puedes ver numerosas sociedades, civilizaciones, y culturas que rechazaron a Dios y a Su Palabra. Piensa por un momento en la torre de Babel. Fue un intento cultural de deshacerse del reinado y del gobierno de Dios. Esto no es nada nuevo. Esto no es posmoderno. Esto es algo que las personas han hecho desde los días de la antigüedad.

Las naciones y las culturas cananeas, cuando Dios le dijo a Su pueblo que fueran y que tomaran posesión de la tierra, las naciones cananeas en ese tiempo eran paganas, idólatras, malvadas, ellas habían desechado la autoridad de Dios y eran moralmente perversas.

Los profetas del Antiguo Testamento hablaron a menudo a las naciones que se rebelaban contra Dios. Y puedes ver este tema en los libros proféticos del Antiguo Testamento. Hay mensajes para Israel, pero también hay mensajes para Egipto, Moab y Babilonia, para estas naciones extranjeras que habían declarado: «No queremos que Dios reine sobre nosotros».

Y cuando llegas al libro de Apocalipsis, puedes ver en Apocalipsis capítulo 18 la caída de Babilonia la grande, ese sistema mundial poderoso que rechaza a Dios e intenta estructurar la vida sin Su gobierno o interferencia. En ese sentido, estamos viviendo hoy en una versión moderna de Babilonia. Tuvo su origen en Babel y todo en realidad se trata de eso.

Hemos desechado, hemos rechazado la Palabra y la autoridad de Dios en cada área de la vida. Pero en lo que respecta a esta área de ser verdaderos hombres y mujeres de Dios, nuestra cultura ha desechado la Palabra y la autoridad de Dios en relación al género, al matrimonio y a la familia, y ha habido consecuencias graves.

La ideología feminista que ha estado a la vanguardia de nuestra cultura por medio siglo o más, ha redefinido lo que significa ser un hombre lo que significa ser una mujer, la masculinidad y la feminidad. Esas ideas son consideradas anticuadas, obsoletas. La ideología feminista visualiza un mundo sin distinciones entre hombre y mujer. Para ellas eso sería la utopía.

Ahora, si te pones a pensarlo, es un ejercicio inútil, porque nada puede cambiar –ninguna cantidad de publicidad o de propaganda o de influencias en el sistema educativo, los artículos, los medios de comunicación, lo que sea– puede cambiar el hecho de que Dios creó a los hombres diferentes a las mujeres. Tu niño de tres años es suficientemente brillante para reconocer que hay diferencias entre niños y niñas.

Parte de la ideología feminista es desechar esa visión de la humanidad entre hombres y mujeres. De acuerdo a la ideología feminista, los conceptos bíblicos tradicionales de género y de la familia tienen su origen en un sistema patriarcal que oprime a las mujeres. Por lo tanto, ese sistema necesita ser deshecho y rechazado para que las mujeres puedan ser liberadas del dominio de los hombres. Y esa es la forma de pensar que prevalece y que ha impregnado nuestra cultura en el día de hoy.

En la ideología feminista los derechos individuales son supremos. Y esos derechos individuales, tu derecho individual a hacer y ser lo que quieras ser y hacer, tu derecho individual supera todos los otros principios. Supera los absolutos. Triunfa sobre la responsabilidad por los demás. «Es hazlo a tu manera». Este es el mantra de la ideología feminista en comparación con el modelo bíblico y tradicional que habla de renunciar a la libertad personal por el bien, y el beneficio, y el bienestar de los demás. Son visiones del mundo completamente diferentes, y una es correcta y la otra no. Ambas no pueden estar en lo cierto.

Es por eso que tenemos este choque de visiones del mundo cuando los cristianos empezamos a hablar sobre lo que la Biblia enseña.

La ideología feminista ha redefinido el matrimonio y la familia. Madre, padre, y los niños fueron una vez considerados una familia «normal». Pero ahora esa madre, padre, y esos niños es solo una de varias opciones, una no es mejor que las otras. Y el matrimonio y la familia han sido objeto de un ataque intenso masivo.

En 1971 se estableció lo que se llamó una Declaración del Feminismo, que expuso la agenda radical y moderna feminista. Su objetivo era erradicar la visión bíblica y tradicional del matrimonio y la familia. Permítanme leerles una cita de esa Declaración del Feminismo, de 1971.

El matrimonio ha existido para el beneficio de los hombres y ha sido un método de sanción y control legal sobre las mujeres… La sociedad masculina nos ha vendido la idea del matrimonio… Ahora sabemos que es la institución que nos ha fallado y necesitamos trabajar para destruirla (para destruir la institución del matrimonio). El final de la institución del matrimonio es una condición necesaria para la liberación de las mujeres. Por lo tanto, es importante para nosotras animar a las mujeres a que dejen sus esposos y a no vivir individualmente con los hombres.

Ahora ese es el manifiesto del feminismo, una declaración del feminismo. Y amigas, es por eso que sentimos que necesitábamos un Manifiesto de la Mujer Verdadera. Ahora, allá en 1971, cuando las feministas escribieron esa declaración, la gente todavía pensaba que ellas eran raras; que estaban lejos de la realidad; que eran extremistas. Pero ellas estaban determinadas a conseguir que su mensaje fuera escuchado.

Y piensa en cuántas mujeres han creído y abrazado esa filosofía sin siquiera saber que lo estaban haciendo. Ellas han creído la filosofía de que «el matrimonio es mi problema. Tengo que salirme de él. ¡Es una tontería vivir con un hombre! Esto me vuelve loca». Muchas mujeres creen eso. Ahora, es cierto que el matrimonio es difícil porque el matrimonio tiene dos pecadores.

Así que las feministas hicieron algunas observaciones precisas sobre los problemas, pero sacaron conclusiones erradas, conclusiones que eran falsas. Y aún así, ahora toda nuestra cultura ha creído, ha abrazado, se ha tragado por completo esas conclusiones sin detenerse a pensarlas.

  • Hemos rechazado los caminos de Dios
  • Hemos rechazado la Palabra de Dios
  • Hemos rechazado el gobierno soberano de Dios
  • Y eso se tiene consecuencias

Algunas de esas consecuencias son personales e individuales. Cuando crees una mentira, cuando crees las mentiras de este mundo y de Satanás en vez de la Palabra de Dios, vas a experimentar consecuencias personales. Pero también hay consecuencias que vienen sobre una cultura o una sociedad que abraza formas de pensar que son falsas.

Puedes leer sobre ese concepto en Romanos capítulo 1. Permíteme leer aquí solo un extracto de un pasaje que es más largo, Romanos capítulo 1. Voy a leer primero los versículos 21 y 22.

Dice así la Palabra de Dios: «Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios» (vv. 21-22).

Ahora, tú preguntarás, «¿dónde entran en todo eso la masculinidad y la feminidad?» Es muy interesante que cuando una cultura rechaza a Dios, una de las implicaciones tiene que ver con cómo ven el género y cómo ven los temas sexuales.

El versículo 26 de Romanos capítulo 1 sigue diciendo:

«Por esta razón (porque rechazaron la autoridad de Dios) Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza; y de la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío» (vv. 26-27).

Mira, cuando una cultura rechaza a Dios, una de las áreas en las que se va a desviar, es en el tema del género y la sexualidad, y en todos los temas relacionados a estos. Así que hoy no es suficiente tan solo abordar el fruto de esto, las consecuencias, los problemas sintomáticos en nuestra cultura. Tenemos que llegar a la raíz y decir, «¿de dónde surgieron estas consecuencias?»

Estas consecuencias vienen de rechazar el derecho de Dios a gobernar sobre nuestras vidas. Vienen de rechazar la autoridad de las Escrituras. Las consecuencias de abandonar el diseño de Dios para el género—para la masculinidad y la feminidad—son enormes en nuestra cultura.

Déjame darte una pequeña muestra de estas consecuencias. Las he sacado de varios artículos— escritos por el Dr. Al Mohler, algunos por Andreas Kostenberger. Y te animo a que vayas a la web y busques estos artículos por estos autores y los puedes leer por ti misma.

Pero déjame mencionar solo algunas de las consecuencias que ellos han observado y que tú también has observado. Una parte de esto está basado en las estadísticas más recientes del censo de los Estados Unidos, que están disponibles en lo que se refiere a la condición de las familias norteamericanas.

… ¿En 1970 recuerdas cuándo fue la Declaración del Feminismo? Fue en 1971. Esa fue una línea divisoria para este país.

  • En 1970 las familias tradicionales constituían el 81% de todos los hogares. Ya para el 2003 eso ya había caído al 68%.
  • En lo referente a este asunto de los hogares con un solo padre, que en realidad conforman una parte significativa del paisaje sociológico norteamericano, las familias con una madre soltera aumentaron de tres millones en 1970 a 10 millones en 2003.
  • El número de familias con un papá soltero creció a 2 millones en 2003, de menos de medio millón que había en 1970.
  • El 70% de los niños americanos vivirán en algún momento con un solo padre.
  • Casi un tercio de todos los niños americanos nacen fuera del matrimonio, un niño cada 25 segundos.
  • En 1977 solo había nueve estados que tenían leyes de divorcios sin asignación de culpa, lo que hacía muy fácil el divorcio. Pero en realidad el divorcio nunca debió haber sido fácil. Pero ya para 1995, cincuenta estados tenían leyes de divorcio sin asignación de culpa.

Todo esto ha sido un cambio enorme en nuestra cultura.

Aquí están algunas otras consecuencias que han llegado como resultado del rechazo, del abandono de la perspectiva de Dios sobre el género y la sexualidad. Cito: «Rompiendo nuevas fronteras en la tecnología de la reproducción artificial». Crees que lo has oído todo sobre el tema. Y cuando este programa salga al aire, lo que voy a decir probablemente ya no esté actualizado.

Parejas homosexuales y hombres solteros capaces de producir niños. La fertilidad de las mujeres ya no se termina con la menopausia. Estas son las cosas que están en el horizonte mientras tenemos estos llamados avances en la tecnología reproductiva.

El énfasis en los derechos individuales donde el sexo ha quedado separado de la procreación, se ha traducido ya en una tasa de natalidad en los Estados Unidos que está por debajo del nivel necesario para reemplazarnos a nosotros mismos. Tú puedes hacer el cálculo, y al final hemos sembrado las semillas de nuestra propia extinción. Todo esto me trae a la mente el versículo que está en Proverbios capítulo 14 versículo 12, que dice: «Hay camino que al hombre le parece derecho, pero al final, es camino de muerte».

Vivimos en una cultura que no reconoce el derecho de Dios a gobernar, que no acepta las Escrituras como patrón de vida, y que ha abandonado el diseño de Dios para los hombres y las mujeres. Me encanta lo que el Dr Al Mohler tiene que decir, y qué reto es esto para todas nosotras. Él dice,

«En esta época de confusión desenfrenada, debemos recuperar el concepto bíblico de masculinidad y feminidad. Nuestra autoridad debe de ser nada menos que la Palabra revelada de Dios».

Gracias Dr Mohler. Cuando nos inclinemos a esa autoridad, nos encontraremos a Dios redimiendo y restaurando nuestras vidas, nuestros matrimonios, nuestras iglesias, y en última instancia, por la gracia de Dios, una cultura que un día será redimida y vivirá plenamente bajo Su señorío. Amén.

Carmen: Hemos profundizado en la Palabra de Dios junto a Nancy DeMoss de Wolgemuth. Es asombroso cómo un mensaje tan profundo puede ser tan práctico.

No sé si has pensado esto —como me ha pasado a mí—, sabes que el evangelio ofrece esperanza para la eternidad, pero a veces parece no haber esperanza para el presente. Bueno, la verdad es que el evangelio sí transforma nuestras vidas y relaciones. Nancy nos explicará cómo, en el siguiente programa de Aviva Nuestros Corazones.

Agradecidos por tu participación en este ministerio, este mes de mayo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 “¿Es la Biblia relevante al Mundo Moderno?” Sept. 6, 2007. Peter Nathan. http://www.vision.org/visionmedia/article.aspx?id=3680

Si quieres conocer más del manifiesto o del movimiento Mujer Verdadera visita nuestro sitio web: AvivaNuestrosCorazones.com.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Únete a la discusión