Aviva Nuestros Corazones Podcast

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Libre de mentiras sobre la comida

Dannah Gresh: ¿Te sientes como si nunca pudieras mostrar dominio propio cuando se trata de la comida? La autora Asheritah Ciuciu tiene buenas noticias.

Asheritah Ciuciu: En mi viaje a superar la obsesión por la comida me di cuenta de que había mentiras que creía sobre la comida que me mantenían en cautiverio. Pero Jesús dice más de setenta y ocho veces en la Escritura: «Te digo la verdad». ¡Es Su verdad la que nos hace libres!

Annamarie Sauter: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Aquí está Dannah Gresh con nosotras.

Dannah: Nancy, hace poco estuve comprando en tiendas de ropa vintage, porque me estaba preparando para nuestro evento de Chica Verdadera, dirigido a preadolescentes y sus madres, donde echamos un vistazo a la historia de la moda; y nos damos cuenta de cuánto nos obsesionamos con la moda y luego vemos ¡lo ridícula que era!

Y, ¡ay, algunas de las cosas que nos poniamos!

Nancy DeMoss Wolgemuth: ¡Tengo fotos para comprobarlo!

Dannah: ¿Tienes fotos para comprobarlo? ¡Creo que me gustaría verlas! ¡Podríamos poner algunas de ellas en la página de redes sociales de Dannah Gresh hoy!

Nancy: Uh-uh.

Dannah: ¡Me sorprendió que los tamaños fueran tan pequeños! ¡Estas mujeres de los años cuarenta, cincuenta y sesenta eran muy pequeñas!

Le pregunté a la empleada: «¿Es que no tienes tamaños más grandes?» Ella dijo: «No, no, las mujeres eran más pequeñas».

Nancy: En ese entonces, la obesidad no era un problema como lo es ahora.

Dannah: Sí. Hace poco leí que el 60 por ciento de las mujeres están en sobrepeso. ¡Eso es la mayoría de nosotras! Y el 40 por ciento son obesas. Eso significa que su salud está en riesgo. Así que esa experiencia en la tienda de ropa vintage le dio un giro a mi forma de pensar de cuán epidémico es este problema en Estados Unidos y en muchos de nuestros países.

Nancy: Bueno, la abundancia de comida, y la variedad de marcas que hay de todo… Quiero decir, caminas en un supermercado hoy… Creo que las personas de esa época nunca se hubieran imaginado un supermercado como los de hoy en día.

Es una experiencia para algunas de nosotras, con una gran tentación de disfrutar en exceso, cuando entramos en lugares donde podemos ver mucho más de lo que podemos necesitar, lo cual, por cierto, gran parte del mundo ni siquiera conoce.

Dannah: Nuestra invitada de hoy nos va a ayudar un poco con ese problema.

Y puedes estar en ese 60 por ciento o no, y realmente no es el estar en sobrepeso lo que prueba que tenemos un problema con la comida. Aún las que tienen bajo peso o las que están obsesionadas con su talla, reflejan que tienen un problema con la comida.

Nancy: Lo que Asheritah Ciuciu llama «fijación con la comida» (obsesión con la comida). Creo que es un término útil, porque realmente no tiene nada que ver, necesariamente, con tu talla o la cantidad de alimentos que comes o las evidencias visibles de esto. Es algo en la mente, algo en el corazón, que está obsesionado en extremo con la comida.

Dannah: Sí exactamente. Si deseas obtener más información sobre la fijación u obsesión con la comida, asegúrate de escuchar el programa que transmitimos ayer. Hoy tenemos a Asheritah de vuelta con nosotras. Ella es la autora de Satisfecha: La comida, Jesús y la batalla por la satisfacción (disponible solo en inglés). ¡Bienvenida de vuelta mi amiga!

Asheritah: Gracias. Estoy muy contenta de estar de vuelta.

Nancy: Siento que si nadie más recibe ayuda a través de este libro y a través de nuestra conversación, estoy realmente agradecida de que el Señor te haya traído para que yo pudiera escuchar y aprender. Esta es un área que he compartido a menudo (con nuestras oyentes y en mis libros) que es una especie de batalla crónica y recurrente en mi vida.

He comenzado, he caído, he tenido puntos de mayor victoria y puntos de mayor fracaso. Entonces, escuchar que eres tan vulnerable y transparente, pero también tan práctica y útil sobre cómo el Señor te está guiando en este camino, ¡es un verdadero regalo para mí! Solo quiero decirte: gracias.

Asheritah: Bueno, déjenme aclarar: de ninguna manera he llegado a la perfección; no es como si lo tuviera todo resuelto. Pero me siento tan bendecida que el Señor me abrió Su Palabra y me mostró algunas verdades de las Escrituras que realmente cambiaron todo para mí. Así que estoy junto a ustedes en la lucha.

Esto todavía es algo que diariamente me entrego al Señor y le digo: «¡Bien, Señor, aquí vamos de nuevo! Ayúdame a elegirte».

Dannah: Algunas mujeres podrían estar escuchando y diciendo: «¡Uff! ¡Ya siento que necesito algún cambio en mi vida alimentaria!» ¿Cuándo fue realmente el momento crucial para que te dieras cuenta: «¡Puedo cambiar!»?

Asheritah: Estaba sentada en una cafetería con una vieja amiga y hablábamos sobre el sube y baja. Gano y pierdo peso, y al estar embarazada, es como… con cada embarazo subo unas libras o kilos; y luego trato de deshacerme de ese peso nuevamente. Esto trae un sentido de desesperanza.

Por lo general, cuando comparto esto, las mujeres afirman con la cabeza, como, «sí, entiendo, ¡entiendo eso!»

Nancy y Dannah: ¡Sí! ¡Ambas estamos asintiendo con la cabeza!

Asheritah: Esta dulce mujer sentada al otro lado de la mesa tomó mis manos entre las suyas y me miró a los ojos y dijo: «Asheritah, no tienes por qué estar así. ¡Jesús puede liberarte! Lo ha hecho por mí y puede hacerlo por ti».

Nancy: Entonces, hay una infusión de esperanza en ese momento, para lidiar con la desesperanza que habías estado sintiendo.

Asheritah: ¡Sí! Nunca había pensado en esto como algo de lo que Jesús tiene que liberarme. Solo pensé, tengo que tener más autocontrol. Necesito más autodisciplina. ¡Nunca lo había pensado en términos de esclavitud y cadenas y una batalla en la que Jesús entra y Él es el Vencedor y me libera!

Dannah: Entonces, parece que hubo una mentira presente en tu corazón con respecto a la comida. ¿Cuál sería esa mentira? ¿Sería, «esto no es un problema espiritual»? 

Asheritah: Creo que la mentira para mí en ese momento, una de las mentiras que creía era: «Solo necesito esforzarme más. ¡Necesito hacerlo!»

Nancy: Todo se trataba de ti.

Asheritah: Sí.

Dannah: Wow.

Nancy: Bueno, sobre todo este tema de las mentiras que las mujeres creen, como todas saben, esto es algo a lo que regresamos constantemente en Aviva Nuestros Corazones. Hemos escrito sobre eso. Dannah ha escrito sobre eso. Yo he escrito sobre eso, y ahora tú has escrito sobre las mentiras que creemos acerca de la comida.

Esto realmente se remonta, nuevamente, al capítulo 3 del Génesis (Dannah y Asheritah están de acuerdo). Nuestros problemas con el pecado y sus consecuencias comienzan con la forma en que pensamos y en lo que creemos, y si creemos mentiras, estaremos esclavizadas. El antídoto para eso es llegar a la verdad, ¿cierto? «La verdad te hará libre» (Juan 8:32).

Dannah: ¡Pausa allí mismo! Piensen en esto: La primera mentira de todas las mentiras tenía que ver con la comida, ¿verdad? ¿Qué dirías sobre eso, Asheritah?

Asheritah: No sé si me sentiría tentada con una fruta.

Nancy: Sin embargo, había algo en esa fruta que fue tentador para Eva.

Asheritah: Sí. Era un problema de raíz. «¿Dios me está ocultando algo? ¿Es simbólica esta fruta de algo más que puedo tener fuera de Dios»?

Dannah: Guau.

Asheritah: Creo que ahí es donde Satanás atacó a Eva, y allí también nos ataca a nosotras. Pero estas mentiras, están mezcladas con, ya sabes, mi lista de qué hacer y la lista de las compras y necesito firmar este formulario para mi hijo en edad preescolar y ahora tengo esta fecha límite para escribir.

Todo es como un desastre en mi cerebro, así que no es como si pudiera identificar una sirena que suena: «¡Oh, ahí hay una mentira!» Todo se mezcla hasta que hacemos una pausa y disminuimos la velocidad y pensamos: «¿Por qué estoy comiendo esto? ¿Qué me está llevando a esto?»

Dannah: Tienes que identificar la raíz.

Asheritah: Sí. Identificar y luego verificar: «¿Es esto cierto?»

Dannah: Por eso creo que Nancy escribió Mentiras que las Mujeres Creen hace como veinte años, porque todas hemos experimentado esa confusión en nuestras mentes.

Nancy: Estamos pasando por la vida sin pensar, actuando y reaccionando sin detenernos a pensar, ¿qué hay detrás de lo que estoy haciendo ahora? ¿Qué estoy pensando que me lleva a actuar de esta manera?»

Asheritah: Quiero hacer una pausa aquí y agradecerte por escribir eso, porque lo leí cuando era adolescente, antes de que Mentiras que las Jóvenes Creen saliera a la luz. Luego, junto a un grupo de mujeres jóvenes de mi iglesia, estudiamos este libro, Dannah. Creo que me ayudó incluso a saber pensar en términos de mentiras y verdades.

Eso fue algo de lo que el Señor me ayudó a darme cuenta, «tengo que llevar mis pensamientos cautivos» (ver 2 Cor. 10: 5). Parte de esta batalla se libra en la mente, y las Escrituras dicen que la batalla que libramos no es contra carne y sangre. Es contra principados y autoridades (ver Ef. 6:12).

Cuando llevamos cautivo todo pensamiento, lo sometemos a Cristo. Esa no es una gran guerra que se libra una sola vez en nuestras vidas. Jesús puede librar esa guerra por nosotras. Como niña misionera en Rumania, he visto a Jesús liberar a las personas de la adicción en un instante.

Sacaban sus cigarrillos de su bolsillo y los rompían y pisoteaban y decían: «¡Desde este día en adelante no voy a fumar!» Pero no fue así como decidió Dios trabajar conmigo.

Nancy: ¡Y no puedes hacerlo con la comida, porque no puedes dejar de comer! Esa tampoco es la respuesta correcta.

Dannah: Asheritah, acabas de decir, «lleva cautivo todo pensamiento». Y mi mente explotó un poco, porque ¿cuántos pensamientos tengo en un día sobre la comida?

Asheritah: Ni siquiera te das cuenta hasta que haces una pausa…

Dannah: ¡Sí! Y se supone que esos pensamientos deben llevarse cautivos…

Nancy: …a la obediencia a Cristo

Dannah: Porque es cada pensamiento, cada pensamiento que tengo debería estar en obediencia a Cristo. ¡Qué gran convicción!

Asheritah: Permítanme decir nuevamente que la comida no es el enemigo. ¡La comida es un buen regalo! Dios nos creó con papilas gustativas. Colocó a Adán y a Eva en un jardín lleno de árboles con buenos frutos, alimento para sus cuerpos. Nos creó dependientes de la alimentación diaria.

Dannah: Él dijo: «Come de todos los otros árboles; ¡son todos tuyos!» ¡Había abundancia!

Asheritah: Pero, como con cualquier buen regalo, el enemigo busca tomarlo y distorsionarlo para evitar que nuestras almas corran hacia el Señor.

Dannah: ¡Ahí es cuando empezamos a creer las mentiras! Así que tomemos un tiempo aquí en esta mesa e intentemos identificar algunas de las mentiras que hemos creído, que tal vez algunas de las mujeres que escuchan están creyendo acerca de la comida. Asheritah, como enseñas a otras sobre este tema, ¿hay alguna mentira que se te ocurra de inmediato? ¿Una grande que sea común?

Asheritah: Sí, diría que la mentira número uno que escucho de las mujeres, una que dicen: «Me identifico con esto» es: «¡No puedo dejar que esta comida se desperdicie!» Estoy limpiando la mesa y apilando los platos, y hay un pequeño bocado de puré de papas en el plato de una hija y un pequeño bocado de pollo en el otro.

Una buena mayordomía significa que no tiro la comida. Crecí en una cultura donde la comida era escasa para algunas personas, así que eso significa que la como, ¿no?

Dannah: Es una especie de mentira bien vestida y buena. Todo es elegante, como si pusieras la mayordomía sobre esa mentira.

Asheritah: Es muy difícil darse cuenta de lo que el enemigo está haciendo allí. Porque cuando llevo eso a las Escrituras, esta idea dice: «Oh, estoy un poco llena, pero solo hay pequeños bocados. Simplemente limpiaré el plato». Quiero decir, hay tantos recuerdos del «club del plato limpio», ¿verdad? Madres diciendo: «Termina toda la comida en tu plato para que no se vaya a la basura».

Pero cuando llevamos eso a las Escrituras y decimos: «Bien, ¿es eso cierto, en primer lugar?» Y cuando miramos las Escrituras, lo que vemos es que nuestros cuerpos son creados por Dios para ser Su templo. Él coloca su Espíritu Santo dentro de estos cuerpos físicos.

Dannah: Por lo tanto, no se supone que sean el basurero donde colocamos las sobras, necesariamente.

Asheritah: Somos un templo, no un bote de basura, ¡y esa verdad me llega muy fuerte! Cuando estoy tan llena porque he comido demasiado y solo quiero acostarme en el sofá… Mis hijas me quieren o me necesitan, y no puedo servirlas porque me siento incómoda.

Dannah: ¡Oooh! ¡Estás poniendo el dedo en la llaga! ¿Alguna vez has experimentado algo como esto, Nancy?

Nancy: No exactamente, porque no tengo hijos. Pero sí conozco esa sensación de incapacidad de servir al Señor y a los demás en la forma en que Él me llama porque he estado destrozando mi cuerpo.

Asheritah: También puede ser un problema de confianza, ¿verdad? Si quiero más postre, no sé si eso estará allí mañana porque alguien más podría comerlo, ¡así que quiero comer más ahora mismo! Quiero comer más. Si un poco es bueno, ¡MUCHO es mejor!

Dannah: Bueno, espera, ¿qué acabas de decir? Esa podría ser otra mentira, ¿verdad? ¿Si un poco es bueno, mucho es mejor?

 Asheritah: Sí.

Dannah: Creo que es con el que me identifico, porque en Pennsylvania tenemos unas papas fritas muy especiales…

Nancy: No las he probado.

Dannah: ¡Oh, Nancy! ¡Te enviaré una caja de esas papas!

Nancy: ¡No! ¡Por favor, por favor no! ¡Mantenlas en Pennsylvania!

Dannah: Tengo que comprar las bolsitas, las bolsitas de tamaño personal, porque es mi forma de controlarlo. Si abriera la bolsa grande, uno, dos, tres…diez… No sería suficiente. ¡Necesitaría terminar la bolsa!

Asheritah: Bueno, toda la industria de comida está apostando por eso, ¿verdad? Hay comerciales que dicen: «¡Son tan buenas que no puedes comer solo una!» Hay investigaciones que analizan cómo hacernos adictos a la comida.

Así que entramos en este sin sentido, solo poner papas fritas en mi boca, o chocolate, o lo que sea, sin siquiera hacer una pausa para disfrutarlo. Es solo estar comiendo sin sentido, porque «si un poco es bueno, entonces mucho es mejor». Pero ¿qué dice la Escritura al respecto?

Dannah: ¿Qué dice la Escritura? Dinos.

Asheritah: Bueno, creo que parte del problema de la confianza es creer que Dios se ocupa de todas mis necesidades, y por eso no tengo que comer en exceso. Puedo confiar en que Él me cuidará, ¿verdad? Jesús dice en el Sermón del Monte: «Mira los pájaros, mira los lirios; mira como el Padre provee! No te preocupes por lo que vas a comer porque el Padre cuidará de ti» (ver Mateo 6).

Pero la otra parte de eso, también, es que comer demasiado en realidad nos hace daño. Y en este momento estamos comenzando a aprender más sobre cómo el comer en exceso afecta nuestras arterias, la función de nuestros órganos internos, nuestros cerebros. Todo se ve afectado por la cantidad que comemos si comemos en exceso. Pero podemos disfrutar de buena comida con moderación.

Ya sabes, Proverbios dice que si encuentras miel, come lo suficiente (ver Prov. 25:16, 27). No comas demasiado, porque te vas a enfermar.

Dannah: Sí, incluso las cosas dulces están bien con moderación. Acabas de decir algo que creo que es importante, y es el aspecto de nuestra salud. Si nuestros cuerpos son el templo del Dios viviente, ¡entonces es una cuestión de mayordomía cuidarlos para que puedan servirle mejor, y el mayor tiempo posible en esta tierra!

Muchos de los problemas de salud que enfrentamos e incluso algunos de los más pequeños… Voy a usar ese término a riesgo, no quiero que nadie se sienta herido si enumero uno de sus problemas, porque estos son algunos problemas que tengo en mi cuerpo: asma, inflamación con mucho dolor en las articulaciones. Estas son cosas con las que lucho.

Los consideraría pequeños, porque no ponen en peligro la vida, pero ciertamente me alteran un poco la vida. He descubierto que cuando administro bien la comida, mi cuerpo no se ve afectado por esas cosas. Y sin embargo, se necesita mucha disciplina para hacer eso. Realmente no me nace naturalmente privarme de aquellas cosas que exacerban esos problemas en mi cuerpo.

He hablado con otras amigas que tienen otras condiciones crónicas más pequeñas, y también descubrieron que cuando sus alimentos están bajo control, esas condiciones están bajo control.

Nancy: Lo que me encanta es que estás pensando en lo que estás comiendo y por qué, y las implicaciones, y por qué es importante. Quedé impactada hace un minuto más o menos Asheritah, cuando dijiste algo. Quiero volver a eso porque despertó algo en mí. Dijiste: «Debería comerme esto porque creo que, si no lo como ahora, alguien podría comerlo y desaparecerá mañana».

Asheritah: Bueno, crecí con dos hermanos, así que, si querías algo, ¡tenías que comerlo en ese momento! 

Nancy: ¡Entonces sabes de lo que estoy hablando! Pero sabes, creo que a veces, para mí, existe ese elemento de codicia de querer aferrarme a algo. Me temo que si alguien lo coge, no lo tendré. Así que ¿qué es lo contrario de la codicia?

Pablo habla en Efesios 4: «No seas codicioso, sino generoso». Creo que a veces con la comida puedo ser como (en mi mente, no literalmente), «¡Quiero esto para mí! Quiero la parte más grande para mí. Quiero asegurarme de que haya suficiente para comer esto, no solo mañana, sino al día siguiente y al día siguiente».

Dannah: Qué gran convicción. A medida que dices eso, realmente me siento identificada por algo que creo que no he hecho, pero que sí he pensado hacer, y es «quizás debo poner esto en la parte trasera del refrigerador para que nadie más pueda encontrarlo?»

Nancy: ¡Oh, yo lo he hecho! ¡Lo siento! Pero si pienso en términos de cuál es el sentimiento aquí, la emoción, ¿cuál es el impulso subyacente? Lo que me liberaría de esa forma equivocada de pensar es la verdad, el llamado a ser una persona generosa. Eso no significa que tenga que morir de hambre, pero ¿estoy pensando en la otra persona? ¿Estoy estimando a esa persona como mejor que yo?

Asheritah: Sí, veo esto en mis hijas. Tengo una hija de cinco años y una de dos años y medio. Una de ellas se come su postre rápidamente; ella lo devora. Y la otra toma algunas mordidas y toma pausa y luego toma algunas mordidas más, y luego ella siempre deja un poco para cuando papá vuelva a casa.

Nancy: ¡Guau!

Dannah: ¡Que dulce!

Asheritah: La miro y pienso: «No pensé en dejar una pieza a un lado para papá, ¡pero eso es muy dulce!» Y esa gran diferencia: me identifico más con la hija que come todo rápidamente. Pero qué regalo decir: «Estaba pensando en ti. ¡Te quiero! Te aprecio lo suficiente como para compartir este pedazo de mi postre favorito contigo».

Dannah: ¿Y no debería cada parte de nuestra vida estar gobernada por esa amabilidad, poniendo a los demás primero? Quiero decir, ese es uno de los grandes mandamientos, ¿verdad? Que pensemos en los demás, que amemos a Dios y luego a los demás. . . no a nosotras mismas.

Tengo una mentira que realmente he creído mucho. ¿Es una que otras mujeres han creído, Asheritah? «¡Me he equivocado hoy, así que puedo hacerlo todo el día. . . o todo el fin de semana!»

Nancy: «Comenzaré de nuevo mañana».

Dannah: No, no, no, «comenzaré de nuevo el lunes», porque generalmente le saco un par de días, Nancy.

Nancy: Sí, entiendo eso.

Dannah: ¿Alguien más ha creído eso?

Asheritah: ¡Absolutamente! Sé que me identifico con eso, y he escuchado de otras mujeres que escribieron para decir: «Realmente lucho con la idea de que ¡esto es inútil! He seguido una dieta tras otra dieta y luego aumento de peso de nuevo. ¡No puedo superar esto!» Y ahí es donde llegan la desesperación, la vergüenza, la desesperanza.

Nancy: Y la sensación de que «ya lo dañe, así que voy a… Si vas a pecar, peca en grande. Simplemente date un capricho y ahora no es el momento de empezar a mirar el peso. Terminemos con este atracón, y luego comenzaré de nuevo».

Entonces tenemos este ciclo de autocomplacencia, sobre complacencia, y luego ascetismo extremo o negación, que no es impulsado por el amor a Cristo o por la prudencia o la sabiduría. Está impulsado por la culpa, la vergüenza y el miedo. Y ninguno de esos es saludable.

Asheritah: También es adoración a la voluntad, ¿verdad? «¡Puedo hacer esto por mi cuenta! Y si no puedo hacerlo sola, me rendiré…o ¡comenzaré el lunes!»

Dannah: «Comenzaré el lunes». Me encuentro en esos días cuando lo hago hacia el final del día cuando me voy a la cama y pienso: «Oh, será mejor que coma porque mañana tengo que comenzar la disciplina otra vez. Entonces, ¿qué puedo comer?» Y estoy un poco frenética al respecto…que ¡es una locura!

Nancy: Creo que lo que estamos describiendo aquí, puedo ver tantas mujeres que están escuchando y asintiendo con la cabeza: «¡Sí!» Es muy común. Creo que es útil para nosotras incluso tener este tipo de conversación, para darnos cuenta, «no soy la única que tiene esos pensamientos, esos sentimientos».

Dannah: No estás sola.

Nancy: «No estoy sola». Si puedo compartir en comunidad con personas que también buscan a Dios y cómo agradarlo… Sí, nos identificamos con esto, pero creo que también podemos caminar en comunidad hacia la libertad. Decirnos unas a otras, no solo las mentiras que creemos, sino también animarnos mutuamente con la verdad y la Palabra de Dios que nos hace libres. Nos necesitamos unas a otras, supongo que es lo que estamos diciendo.

Asheritah: ¡Absolutamente!

Dannah: Para terminar nuestro tiempo juntas hoy, ¿cuál es una verdad, un versículo de las Escrituras, que plantarías por encima de esa mentira: «Ya me equivoqué, así que por qué empezar ahora?»

Asheritah: Pienso en Jesús, que mira a la mujer que había sido traída a Él por adulterio. Él se agacha y dice: «Yo tampoco te condeno. Vete; desde ahora no peques más» (ver Juan 8:11).

Cuando es el final del día y pienso: «Bueno, será mejor que me coma todo esto porque empiezo mañana o lunes», es como si estuviera tratando de esconderme de la vista de Dios, ¿verdad? Él no me ve en este momento. Puedo pecar todo lo que quiera aquí y ahora, porque mañana tengo un nuevo comienzo.

Pero Pablo habla de esto. Él dice: «¿Qué diremos, entonces? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde?¡De ningún modo!» (Ver Rom. 6: 1–2).

Nancy: Sí, ¡Dios no lo quiera!

Asheritah: Entonces el Espíritu Santo está dentro de nosotras. En ese momento podemos detenernos allí mismo.

Dannah: Eso realmente me ha dado convicción: «¿Pecaremos para que la gracia abunde?»

Nancy: Te diré lo que estoy pensando, vino a mi mente cuando estábamos hablando de mañana. Está en el libro de Éxodo, cuando Dios envió la plaga de ranas contra la tierra de Egipto. Faraón le dice a Moises: «¡Deshazte de las ranas!» Y Moisés le pregunta: «¿Cuándo quieres que me deshaga de ellas?» Y Faraón le contestó: «Mañana» (ver Ex. 8:10).

Hay un sentido en el que tengo esta convicción, quiero hacer algo al respecto, pero, «¡Déjame tener esto! ¡Déjame quedarme con esto (lo que sea) un día más!»

Asheritah: ¡Quiero ser súper práctica aquí, porque el Espíritu Santo también es dado para darnos convicción! Todas hemos tenido la convicción en el momento, ¿verdad? Cuando la cuchara va a la boca, pausa allí mismo. ¡Eso es suficiente! Entonces, pasamos por alto eso y decimos: «No, empiezo mañana». ¿U obedecemos en el momento?

Y eso puede lucir así: «Bien, voy a tomar este helado, que es un alimento que es de mucha tentación para mí»—y más adelante hablaremos sobre esto—«y le echaré agua caliente en el lavaplatos hasta que se vaya todo por el desagüe, porque quiero que esto termine aquí. ¡Voy a obedecer aunque me duela!»

El escritor del libro de Hebreos dice: «Todavía no has resistido hasta el punto de derramar sangre» (Hebreos 12: 4). ¿Estoy dispuesta a hacer lo que sea necesario para experimentar la alegría de obedecer a Cristo?

Nancy: ¡Wao, me encanta eso!

Dannah: ¡Guau! Me encanta. Asheritah, has escrito un libro maravilloso. Realmente es un tema que las mujeres necesitamos porque casi todas luchamos con este problema. Tu libro se titula Satisfecha, y está disponible en inglés: Full: Food, Jesus and the battle for satisfaction. Nancy, una de las cosas que me encantó de este libro fue que, al mismo tiempo que me convencía de pecado, me daba herramientas prácticas para comenzar a superarlas.

Una de las que más me ayudó fue el concepto de restablecer la fuerza de mi espíritu a través del ayuno. Y hablaremos más sobre esto mañana. ¿Qué fue algo que te impactó a ti, Nancy?

Nancy: Bueno, creo que por la manera en que esta conversación sigue volviendo una y otra vez a la Palabra, Asheritah, estás lavando nuestra forma de pensar con la Palabra. Hay una sección extra en la parte posterior del libro que contiene veinte versículos para superar la obsesión con la comida, la fijación con la comida. Así que no queremos concentrarnos solo en las mentiras; queremos decir cuál es la verdad que contrarresta esas mentiras a medida que las identificamos.

Esta ha sido una lectura enriquecedora para mí; quiero volver a leer el libro. De hecho, cuando apareció este libro, Asheritah, sabía que lo necesitaba, y obtuve dos copias: una para mí y otra para mi esposo. Le pregunté si lo quería leer conmigo para que pudiéramos hablar sobre el tema.

En nuestro matrimonio, una de mis formas de ser vulnerable con Robert es decirle: «Esto es una lucha para mí». En este tema, no es una lucha para él, pero él me ama y quiere ayudarme y guiarme en esto. Entonces lo leyó antes que yo para tratar de comprender mejor mis batallas, pero también para tratar de ayudarme y caminar conmigo en ellas. Así que eso es algo que una mujer también podría considerar.

Dannah: Mientras lo leía anoche pensé, tengo que compartir estos pensamientos y estas ideas con mi esposo Bob.

Nancy: Y asegúrate de acompañarnos nuevamente mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones para la continuación de esta conversación.

Annamarie: Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Salmos 45 al 50.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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