Débora de Rivera: Conteo de seguidores, crecimiento de plataformas y estadísticas… ¡Guau! ¿Está el Señor principalmente interesado en el alcance de nuestros ministerios? ¿O mide el éxito de una manera diferente? Aquí está Laura González-De-Chávez.
Laura González: En una cultura, incluso en una cultura evangélica, que persigue el éxito, estamos llamadas a perseguir la fidelidad. ¡El único éxito que realmente cuenta es el que resulta en: «¡Bien hecho, siervo bueno y fiel!».
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora del libro «Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 1 de octubre de 2026.
El episodio de hoy es un poco diferente a lo usual. Vamos a correr el telón y llevarte detrás de escena en Aviva Nuestros Corazones. Así que simplemente relájate e imagina que estás en …
Débora de Rivera: Conteo de seguidores, crecimiento de plataformas y estadísticas… ¡Guau! ¿Está el Señor principalmente interesado en el alcance de nuestros ministerios? ¿O mide el éxito de una manera diferente? Aquí está Laura González-De-Chávez.
Laura González: En una cultura, incluso en una cultura evangélica, que persigue el éxito, estamos llamadas a perseguir la fidelidad. ¡El único éxito que realmente cuenta es el que resulta en: «¡Bien hecho, siervo bueno y fiel!».
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora del libro «Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 1 de octubre de 2026.
El episodio de hoy es un poco diferente a lo usual. Vamos a correr el telón y llevarte detrás de escena en Aviva Nuestros Corazones. Así que simplemente relájate e imagina que estás en nuestro Centro Internacional del Ministerio en Niles, Michigan. Es un martes por la mañana y estás con nuestro equipo en la capilla.
No hace mucho, Laura González-De-Chávez compartió allí un mensaje acerca de uno de nuestros compromisos fundamentales: un estándar basado en las Escrituras que moldea la manera en que hacemos ministerio. Laura es la directora de nuestra rama en español de Aviva Nuestros Corazones.
Este mensaje nos retó a todos nosotros, tanto en Revive Our Hearts como en Aviva Nuestros Corazones, a no enfocarnos en las estadísticas del ministerio, sino en la fidelidad, en la profundidad de nuestra enseñanza y dejar que Dios expanda nuestro alcance como Él quiera.
¿Y sabes qué? No creo que este haya sido un mensaje solo para organizaciones ministeriales como Aviva Nuestros Corazones, sino que es una plataforma poderosa también para nuestros ministerios personales.
Tal vez estés pensando: «Yo no trabajo en el ministerio». Bueno, según 1 Pedro 4, ¡sí lo haces! Este pasaje dice: «Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndose los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios» (v. 10). Querida oyente, si tú eres creyente, Dios te ha dado un don para ponerlo al servicio de Su gloria. Ese es tu ministerio.
La pregunta que nos haremos hoy es esta: ¿nos enfocaremos en ser vistas por las personas en ese ministerio, o nos enfocaremos en escuchar del Señor «bien hecho»? Con nosotras, Laura.
Laura: Hoy estaremos hablando de nuestro 4.º compromiso como equipo de ministerio. Dice así:
«Dios no nos ha llamado a ser exitosos según la medida del mundo, sino a ser fieles. No es nuestra responsabilidad promovernos a nosotros mismos ni el crecimiento externo y visible de nuestro ministerio. Si cuidamos la profundidad de nuestras vidas, Dios se encargará de la amplitud de nuestro ministerio».
Este es un compromiso ministerial, pero creo que, antes de que estos compromisos puedan ser realmente compromisos del ministerio, tienen que ser verdaderos en cada uno de nosotros; no solo este, sino todos los que estaremos considerando.
Así que, mientras comparto, quiero animarnos a aplicar estos principios en nuestras propias vidas, en nuestros llamados y roles individuales, así como en el ministerio en su conjunto.
Y mientras pensaba en esto, recordaba que cuando estos compromisos fundamentales se desarrollaron hace muchos años, no creo que tuviéramos las oportunidades ni las herramientas que tenemos hoy para promovernos. Por supuesto, sé que esta tentación está profundamente arraigada en nuestros corazones; es muy común. Pero hoy la autopromoción se promueve a través de muchos medios y herramientas que la hacen no solo aceptable, sino que incluso se considera normal y hasta recomendada para buscar crecimiento. Así que esto representa un verdadero desafío en la cultura ministerial actual.
En el panorama digital y de redes sociales de hoy en día, existe un desafío, una presión constante, para autopromocionarse. Es fácil diseñar estrategias y buscar activamente el crecimiento. Incluso conozco ministerios que compran seguidores para aumentar su alcance… ¡Y esto incluso se considera deseable! Quiero decir, deseas que más personas estén expuestas a tu contenido, así que, ¿qué podría tener de malo?
Así que la tentación de ceder al espíritu de esta época es muy real y constante. Individualmente y como ministerio, necesitamos evaluarnos continuamente para asegurarnos de que no estamos tratando de hacer crecer el ministerio tomando el control, tomando las cosas en nuestras propias manos, en lugar de confiar en Dios para traer los resultados. Debemos guardar nuestro corazón para que no se llene de orgullo ni se impresione con nuestro alcance, con nuestro fruto y con nuestros números, en lugar de quedar cautivados por Cristo.
Esto es importante, porque nuestra cultura tiende a medir el éxito por el alcance y el impacto visible. Pero la medida de Dios es totalmente diferente. Así que veamos dos versículos de 1 Corintios que respaldan este compromiso fundamental. Estos versículos desafían nuestra obsesión con el éxito externo, con los números, con la influencia y el reconocimiento, en lugar de la fidelidad genuina.
El primero es 1 Corintios 3:12–14:
«Ahora bien, si sobre el fundamento alguno edifica con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno o paja, la obra de cada uno se hará evidente; porque el día la dará a conocer, pues con fuego será revelada. El fuego mismo probará la calidad de la obra de cada uno. Si permanece la obra de alguno que ha edificado sobre el fundamento, recibirá recompensa».
Y luego, 1 Corintios 4:1–2:
«Que todo hombre nos considere de esta manera: como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, lo que se requiere además de los administradores es que cada uno sea hallado fiel».
En esta carta, Pablo está abordando divisiones dentro de la iglesia. Muchas de esas divisiones estaban arraigadas en la arrogancia y el orgullo. Él les recuerda que su obra será probada por fuego y que ellos son siervos de Cristo. Son administradores, no dueños, de Su obra y de Sus misterios.
Esta iglesia se había vuelto mundana, exaltando la sabiduría humana y confiando en dones, talentos, elocuencia e intelectualismo. Pero Pablo enfatiza que el fundamento es Cristo. Advierte que la obra edificada sobre cualquier otra cosa o sobre cualquier otra persona no permanecerá. No sobrevivirá. Solo la obra edificada sobre el fundamento de Cristo perdurará.
Así que, como administradores de Dios, debemos asegurarnos de estar firmes sobre el fundamento correcto, que es Cristo en Su Palabra, y de edificar con materiales imperecederos, recordando siempre que nuestra obra será probada por fuego. Descuidar o sustituir el fundamento, y sustituir la Palabra de Dios por la sabiduría humana, el ingenio humano o la obra del hombre, significa edificar con materiales perecederos que se consumirán ante el tribunal de Cristo.
La obra de Dios realizada en el poder de la carne no tendrá repercusiones espirituales duraderas ni eternas. Los ministerios basados en la autopromoción o en la sabiduría humana no perdurarán. Por eso perseguimos edificar con materiales imperecederos. Y lo haremos mientras estemos convencidos de que somos simplemente colaboradores en la obra de Dios y de que todas nuestras capacidades y oportunidades provienen de Él.
Pablo previamente afirma en 1 Corintios 3:6-7 lo siguiente:
«Yo planté, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. Así que ni el que planta ni el que riega es algo, sino Dios, que da el crecimiento».
Ni el que planta ni el que riega deben recibir el crédito por el crecimiento. Es únicamente obra de Dios. No hay lugar para la autopromoción, ni lugar para jactarse. Es solo la obra de Dios.
Jactarnos de nosotros mismos es pecado, porque le roba a Dios la gloria que solo a Él le corresponde. Somos administradores, y como tales estamos llamados a ser siervos, no dueños. Debemos buscar únicamente la aprobación de Dios, porque solo Él es el juez justo y Él recompensará perfectamente. Por eso, la meta es la fidelidad, no el éxito. El éxito se desvanece, pero la fidelidad permanece y será recompensada.
Esto es algo que siempre me ha llamado la atención en Revive Our Hearts. Desde que conocimos el ministerio, Revive Our Hearts ha sido para nosotros un modelo de fidelidad.
Venimos de un contexto donde nos lanzábamos a las oportunidades. Veníamos de un enfoque más pragmático del ministerio. El éxito se percibía como crecimiento, más amplitud que profundidad. Así que esto es algo que hemos llegado a apreciar, a valorar y a aprender en el camino. Realmente creo, más bien, estoy convencida, de que esta fidelidad es la razón por la cual el Señor ha bendecido el ministerio.
Todos hemos visto cómo el ministerio ha crecido internacionalmente. Acabamos de escuchar estos maravillosos testimonios, y la mayor parte de eso no ha tenido que ver con una búsqueda activa por parte de Revive Our Hearts, sino más bien con una respuesta en oración a las oportunidades que el Señor ha traído, una cosecha del fruto que Él ha sembrado. Por la gracia de Dios, esto es algo que también se replica en quienes siguen el ministerio.
Siempre menciono que me asombra la manera en que las mujeres que se conectan con Aviva Nuestros Corazones crecen profundamente en su relación con Dios. Primero son avivadas ellas mismas, y esto es lo que las motiva a compartir el mensaje con otros. Si cuidamos la profundidad, Dios se encargará de la amplitud. La fidelidad es clave.
Ahora, ¿de qué maneras nuestro corazón puede desviarse lentamente de la fidelidad?
En primer lugar, comenzamos a descuidar nuestro tiempo con Dios. Cuando dejamos de sumergirnos en Su Palabra, nos volvemos susceptibles a mentalidades y métodos mundanos en el ministerio que se apartan de la dirección de Dios. Cuando somos tentadas a priorizar la visibilidad, el reconocimiento y la autopromoción por encima de la Palabra y del plan de Dios, comenzamos a desviarnos.
Comenzamos a depender de nuestras propias fuerzas. Empezamos a confiar en nuestra propia sabiduría y en nuestros dones, olvidando que separados de Cristo nada podemos hacer. Proverbios 3:5–6 nos advierte que no confiemos en nuestro propio entendimiento, sino que confiemos en Dios.
Otra cosa que nos hace desviarnos es cuando comenzamos a valorar la opinión de los hombres más que la de Dios. Empezamos a esperar recompensa de los hombres. Empezamos a temer a los hombres o a buscar su aprobación en lugar de la de Dios. Comprometemos convicciones bíblicas y nuestros compromisos para obtener aceptación. Pero un siervo fiel busca la aprobación de Dios, no la de los hombres.
Todas estas tentaciones pueden influir lentamente en la manera en que practicamos el ministerio. Probablemente todos hemos visto ministerios que han sido seducidos de esta manera y han comenzado a edificar con madera, heno y paja.
¿Cómo se ve esto? Comienzan a diluir el mensaje. Rebajan la verdad para atraer a una audiencia más amplia, tratando de ensanchar en lugar de profundizar. Evitan temas controversiales, pero la verdadera fidelidad requiere enseñar todo el consejo de Dios, sin importar la oposición.
Otra cosa que hacen es confiar en estrategias humanas. Cuando ponemos nuestra mente en la autopromoción, comenzamos a pasar de seguir la dirección de Dios a implementar planes humanos. Usamos nuestros propios esfuerzos en lugar de confiar en el poder de Dios. Podemos sentir la tentación de adelantarnos a Dios, tomando en nuestras manos cosas que solo Él puede hacer.
Podemos empezar a depender de los hombres en lugar de mantenernos enfocados en la misión y el ministerio que Dios nos ha confiado, en lugar de depender de la oración y confiar en el poder de Dios para hacer la obra que solo Él puede hacer.
Como ejemplo de esto, recordaba lo que ocurrió después de Mujer Verdadera ‘17 en Querétaro; esa fue nuestra primera conferencia en México.
Una editorial que estaba ampliando su presencia en el mercado hispano nos ofreció la oportunidad de hacerse cargo de nuestras conferencias. Nos propusieron producir las conferencias cada año, en lugar de cada dos o tres años.
Ese momento se sintió como si entregáramos nuestro derecho de primogenitura por un plato de lentejas. Pero al mismo tiempo era tentador; esto podría acelerar mucho nuestro crecimiento. Comenzaríamos a tener conferencias cada año y alguien más haría el trabajo.
Pero estoy muy agradecida por nuestros líderes. Recuerdo el consejo de Mike en ese momento. Nos aconsejó que no lo hiciéramos y, en cambio, nos animó a seguir con nuestras órdenes de marcha, a continuar labrando la tierra con fidelidad. Se nos recordó permanecer fieles a la misión de Dios y a Su tiempo, y estoy muy agradecida por eso.
Otra manera en que un ministerio puede comenzar a edificar con madera, heno y paja es cuando pierde el enfoque en la misión y el llamado y empieza a tratarse de nosotros. El ministerio no se trata de preferencias personales, sino de seguir los planes y propósitos específicos de Dios, tanto individualmente y como ministerio.
El único fruto que permanecerá, y el único fruto que Dios recompensará, es el ministerio hecho por el Espíritu, no el ministerio hecho en la carne, como en el caso de David, quien no fue llamado a construir el templo. Debemos aceptar el papel que Dios nos da y servir con fidelidad. Somos administradores. Somos siervos. El ministerio no está para servirnos; nosotros servimos al ministerio que Dios nos ha confiado.
Y diría aún más: cuando empezamos a creer que se trata de nosotros, y comienza a surgir un sentido de derecho o de merecimiento, estamos por nuestra cuenta. Cualquier fruto que se produzca será quemado; no tendrá valor eterno. Así que estamos llamados a ser fieles en cualquier papel o posición a la que Dios nos llame, y a sostenerlo con manos abiertas. Oro para que esta sea la actitud que caracterice a todos nosotros.
Finalmente, los ministerios que se desvían de una fidelidad constante tienden a sobreenfatizar los indicadores. Priorizan los números, la interacción, las tendencias y la marca por encima del ministerio genuino. Y, por supuesto, los indicadores tienen su lugar. Son importantes. Somos un ministerio que opera en internet, así que los indicadores son importantes, pero Dios conoce nuestras motivaciones.
Viene a mi mente el rey David. Hace unos días, mientras leía la Biblia en nuestro plan de lectura con Aviva Nuestros Corazones, pensaba en David cuando hizo el censo en Israel. Él estaba interesado en los números, y Dios juzgó esa acción. Así que cuando los indicadores nos llevan al orgullo y a la vanagloria, cuando comenzamos a confiar en carros y caballos, cualquier fruto visible será quemado.
Así que la fidelidad, no el éxito en el llamado, es lo que permanece. Esto significa enfocarnos en el corazón del ministerio: enseñar las Escrituras, mantener claro nuestro mensaje, llamar a las mujeres al arrepentimiento y guiarlas hacia su iglesia local, sin importar el éxito viral o los números, porque las tendencias no son nuestra fuerza impulsora.
Habiendo visto todo esto, ¿cómo cultivamos la fidelidad?
En primer lugar, debemos ser fieles a Dios. Por encima de todo, necesitamos crecer en comunión con Dios por medio de las Escrituras, permitiendo que transformen nuestra manera de pensar y la forma en que hacemos ministerio. Sin las Escrituras, corremos el riesgo de ser guiados por influencias mundanas, y esas influencias son corrientes muy fuertes que solo pueden resistirse estando profundamente arraigados en la Palabra. Para resistir el espíritu de esta época, debemos someternos a Cristo y a Su Palabra.
En segundo lugar, debemos ser fieles al evangelio y al mensaje que se nos ha confiado. Debemos guardar y proclamar la verdad no adulterada de la Palabra de Dios y el mensaje que Él nos ha confiado. La fidelidad implica una obediencia firme a las Escrituras, sin importar las tendencias culturales, y me atrevería a decir, incluso las tendencias evangélicas dominantes.
En tercer lugar, debemos depender de armas espirituales y usar métodos espirituales. Nuestra batalla es contra fuerzas espirituales, no contra carne y sangre. Debemos depender de la armadura de Dios, no de la sabiduría humana, para llevar a cabo la obra de Dios. Una obra sobrenatural solo puede realizarse con poder sobrenatural, no con sabiduría humana. La batalla es del Señor, y luchamos con Sus armas.
En cuarto lugar, debemos guardarnos de los enfoques mundanos. Debemos resistir la tentación de depender de estrategias o del éxito según el mundo. Debemos enfocarnos en la verdad y en el impacto eterno, no en tendencias pasajeras.
En quinto lugar, necesitamos perseverar en medio del desánimo. El ministerio puede ser desalentador. Todos nos cansamos. Es una carrera de resistencia. Estoy segura de que Nancy puede dar testimonio de esto. Además, habrá momentos en los que no veremos mucho fruto. Pienso en algunos de nuestros ministerios más pequeños. Las personas pueden ver que estos ministerios crecen, escuchar testimonios, y aun así desanimarse, tirar la toalla o intentar acelerar el crecimiento tomando las cosas en sus propias manos. Pero Dios no nos llama a ninguna de esas cosas.
Cuando estamos cansados y desanimados, debemos confiar en la fortaleza de Dios y continuar en fidelidad, confiando en que Él da el crecimiento cuando y como Él decide. Cuando no vemos que los propósitos de Dios se desarrollan de manera visible, debemos recordar que, bajo la superficie, las semillas están brotando. Necesitamos confiar en que Dios está obrando incluso cuando no podemos percibirlo.
En tiempos de desánimo, Él nos invita a seguir sembrando, a seguir avanzando fielmente. Y hemos visto el ejemplo de Nancy a lo largo de los años. Ella ha seguido avanzando todos estos años, grabando tantos podcasts, año tras año, y ahora recorriendo toda la Biblia, fiel a su llamado. Nosotros somos débiles, pero Él es fuerte, como ella siempre nos recuerda.
Así que el ministerio debe fluir de una devoción personal a Cristo, no de un simple esfuerzo o de estrategias. Y se cultiva permaneciendo arraigados en las Escrituras, comprometidos con el evangelio, usando métodos espirituales, resistiendo las influencias del mundo y perseverando en medio del desánimo.
Al cerrar, volviendo a Pablo, él fue un hombre que sabía algo acerca de la fidelidad. En su discurso de despedida a la iglesia de Éfeso, en Hechos 20, leemos algo que quisiera compartir. Contiene todos los elementos sobre la fidelidad de los que hemos estado hablando hoy, comenzando en el versículo 18 hasta el 24. Dice así:
«Ustedes bien saben cómo he sido con ustedes todo el tiempo, desde el primer día que estuve en Asia. He servido al Señor con toda humildad, con lágrimas y con pruebas que vinieron sobre mí por causa de las intrigas de los judíos. Bien saben cómo no rehuí declararles a ustedes nada que fuera útil, y de enseñarles públicamente y de casa en casa, testificando solemnemente, tanto a judíos como a griegos, del arrepentimiento para con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.
Ahora yo, atado en espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que allá me sucederá, salvo que el Espíritu Santo solemnemente me da testimonio en cada ciudad, diciendo que me esperan cadenas y aflicciones. Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios».
Me encanta que el mensaje de su vida no tuviera nada que ver con el éxito según el mundo. Resalta una vida rendida, un servicio humilde, no la autopromoción; permanecer fiel y perseverar en medio de circunstancias difíciles; siempre aferrado a la autoridad de la Palabra de Dios; guiado por el Espíritu, aun cuando eso le trajera aflicciones; caracterizado por olvidarse de sí mismo, no considerando su vida como algo precioso, con tal de terminar el ministerio que le había sido confiado. Pablo fue fiel a su llamado.
Y en su carta a los colosenses, en sus saludos finales a la iglesia, Pablo animó a uno de los hermanos: «Cuida el ministerio que has recibido en el Señor» (Col. 4:17).
Hoy él nos da el mismo ánimo. Una vez más, somos administradores, no dueños, y buscamos la fidelidad.
¿Es este tu corazón? ¿Es este mi corazón? ¿Es este nuestro corazón como equipo? Oro para que cada uno de estos principios marque nuestras vidas y nuestro ministerio.
Así que, antes de orar, quiero terminar con algunas preguntas para hacerlo más personal.
Mientras buscamos ser fieles, preguntémonos:
- ¿Estoy edificando mi vida sobre Cristo, sobre Su verdad, Su sabiduría?
- ¿Estoy edificando con oro, plata y piedras preciosas, o estoy edificando con la madera, el heno y la paja de la sabiduría humana, de las estrategias humanas, del compromiso y de la autopromoción?
- ¿La aprobación de quién busco: la de los hombres o la de Dios?
- ¿Estaría satisfecha si solo el Señor reconociera mi fidelidad, aunque a quienes me rodean les parezca algo poco impresionante?
- ¿Persevero cuando no veo fruto visible?
- ¿Permanezco fiel sin importar los resultados visibles?
- Y finalmente, ¿soy fiel al ministerio, a la misión, que Dios me ha confiado, o quiero hacer lo que yo quiero?
La fidelidad no se trata de lo que podemos lograr. Es un compromiso firme con el llamado de Dios, fundamentado en la obediencia a Su Palabra, perseverando en medio del desánimo y motivado por un amor genuino por aquellos a quienes servimos. No se mide por el éxito externo, sino por una devoción constante a la verdad bíblica y por un corazón rendido a Cristo.
En una cultura, incluso dentro de la cultura evangélica, que persigue el éxito, nosotros somos llamados a perseguir la fidelidad. El único éxito que realmente cuenta es aquel que termina con un «¡Bien, buen siervo y fiel!».
Y puede que se vea muy parecido a esta imagen que quiero compartir.
Oremos. Señor, te pedimos gracia y fortaleza para permanecer humildes y fieles, comprometidos con la profundidad más que con la amplitud, confiando en que, en última instancia, Tú eres quien produce el crecimiento. Mientras servimos, ayúdanos a confiar, deleitarnos, descansar y esperar en Ti. Tú nos has llamado a ser fieles, no famosos, no exitosos. Nos has llamado a servir, no a buscar estatus. Nos has llamado a plantar y a regar, confiando en que solo Tú das el crecimiento.
Recuérdanos por medio de Tu Espíritu que el éxito en Tu reino no se encuentra en esforzarnos por lograrlo, sino en una confianza firme en Ti. Perdónanos cuando somos tentados a tomar las cosas en nuestras propias manos para producir resultados.
Fortalécenos, Señor, para trabajar fielmente con gozo. Ayúdanos a ser fieles en lo que no se ve, en lo pequeño, en los actos silenciosos de amor y servicio. Que nuestro deseo más profundo sea escucharte decir: «¡Bien, buen siervo y fiel!». Úsanos, individualmente y como ministerio, como Tú quieras, por el tiempo que Tú quieras, para Tu gloria y para Tu fama solamente. Y en Tu nombre oramos. Amén.
Débora: Amén. ¡Para Tu gloria y para Tu fama solamente, Señor! ¡Qué mensaje tan bueno! Espero que tomes estos principios que Laura González-De-Chavez compartió y los apliques a tu propia vida. En un mundo de redes sociales e influencers, ¿cómo se vería buscar primero la fama del Señor? ¿Usar tus dones, no para ser visto, sino para ayudar a otros a verlo a Él? Puedes ver la imagen que Laura compartió en la transcripción de hoy visitando AvivaNuestrosCorazones.com.
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Las imágenes retocadas digitalmente que ves en las portadas de las revistas no son genuinas. De manera que, ¿adónde vas si deseas encontrar una imagen correcta de la feminidad? Leslie Ludy responderá esa pregunta el día de mañana revisando algunos textos de las Escrituras. No te lo pierdas, te esperamos para un episodio más de Aviva Nuestros Corazones.
Llamándote a servir con fidelidad a Dios, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
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