Podcast Aviva Nuestros Corazones

¡Lléname con Tu Espíritu! | Día 4

Carmen Espaillat: Todos tienen el anhelo de crecer y convertirse en una mejor persona. Pero, para el creyente este anhelo toma una forma muy particular y espiritual. Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Yo no sé tú, pero quiero ser una mujer que de vida, una mujer que derrame el amor de Cristo y el gozo de Cristo y el fruto de Cristo. Una mujer que bendiga a otros a su alrededor, no solo por lo que hago sino porque los demás ven el espíritu de Cristo fluyendo de mi vida para tocar sus vidas.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

¿Podrías decir que vives tu vida en el poder del Espíritu Santo? Cuando te des cuenta cuán indefensa eres, te verás más inclinada a orar a Dios y depender de Él. Consuelo Torres de Catalán fue recordada de esta verdad cuando asistió a la Conferencia Revive’15 pasada. Consuelo es esposa de pastor y reside en Colombia.

Consuelo Torres de Catalán: Una de las enseñanzas que impactó mucho mi corazón y quizás fue una de las primeras que escuché de Nancy, fue cuando ella habló de Lucas 1 cuando el ángel anuncia a María el nacimiento de Jesús. Tantas veces que había leído este pasaje, pero nunca lo había entendido en esta magnitud. Entender que soy una mujer ordinaria, Dios tiene un plan con una mujer ordinaria como yo y eso me encantó. Cuando ella dice: ¿Cómo será esto? No conozco varón. Y también veo mi vida Señor, soy tan poca cosa, ¿cómo vas hacer algo? Y ver a Dios que en Su poder puede actuar y hacer grandes cosas de alguien que no es nada. Eso ha impactado mi vida y ha ayudado mucho a reconocer ¡Señor, no puedo!, ¡Señor, no soy yo!, ¡Señor, no es mi esfuerzo, no es mi conocimiento… Ayúdame, porque hoy sin Ti no puedo nada!

Carmen: Esa es Consuelo Torres de Catalán de Bogotá. Ese tipo de dependencia de Dios viene como resultado de estar llena del Espíritu de Cristo. Nancy DeMoss de Wolgemuth nos hablará más acerca de este tema. ¡Escuchemos!

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Durante unas semanas estaremos viendo algunas peticiones personales de oración.

Las hemos titulado “Peticiones Personales de Nancy”, pero espero que para cuando acabe esta serie, también sean tus peticiones. Estas son cosas por las que he orado frecuentemente, muchas veces a lo largo de los años, y anhelo que sean una realidad en mi vida.

Y no se trata de que me siento y me pongo a orar por cada una de estas diez peticiones, aunque pienso que es una gran idea. Para ayudarte a pensar de esa manera, te estamos ofreciendo un recurso, un pequeño folleto que contiene las diez peticiones, con algunas preguntas para ayudarte a hacerlo personal, algunas citas, algunas referencias de las Escrituras, algunos espacios para hacer un diario, para que puedas meditar en estas peticiones.

1)        Guarda mi corazón. 2)Lléname con Tu amor 3)Lléname con Tu Espíritu 4) Vísteme de humildad 5)Hazme una sierva. 6) Guarda mi lengua 7) Dame sabiduría y discernimiento 8) Dame un espíritu agradecido 9) Enséñame el temor de Dios 10) Ayúdame a caminar por fe y no por vista.

Probablemente no voy a decir nada que te resulte nuevo, acerca de ninguna de estas peticiones. No sé si llevas ya cierto tiempo en el camino de la fe. Esto no es la gran ciencia. Se trata solo de meditar en estas peticiones, en estas súplicas y decir: “Vamos a aterrizar esto” (vamos a traer esto a la practica). ¿Cómo se vería ser llena del amor de Dios? En el día de hoy, la petición de hoy, ¿Cómo luciría el ser llena del Espíritu Santo de Dios?”

Queremos que este estudio nos lleve a un lugar donde anhelemos tanto estas cosas, que lo que estemos pidiendo a Dios sean cosas que verdaderamente necesitamos y las cosas que Él realmente quiere darnos. “Si pedimos de acuerdo a Su voluntad”, dice en 1 Juan que “sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos pedido”.

Podemos pedir con fe. Puedo pedir por fe, “Señor lléname con Tu Espíritu,” porque sé que es la voluntad de Dios que yo sea llena con Su Espíritu.

Ya habrán notado que en esta lista de peticiones regulares, no han visto cosas como: “Dame este dinero,” o “Dame esta relación,” …No es malo pedir esas cosas conforme surja la necesidad, y si Dios nos mueve a hacerlo, pero estas son diez maneras imperecederas de orar, no sólo por ti misma, sino también por tu esposo, tus hijos, tu compañera de universidad, por otras personas que amas. Puedes hacer estas peticiones también por otras personas.

Para aquellas de ustedes que están casadas, creo que su esposo (especialmente si él es un seguidor de Cristo) se sentiría muy agradecido de saber que tiene un esposa que ora a diario estas cosas para él. Se sentiría verdaderamente agradecido si tiene una esposa que está creciendo en estas áreas, orando estas para ella misma. Aunque no seas casada, estas son cosas que necesitamos estar pidiéndole a Dios continuamente, para que sean una realidad en nuestras vidas.

Entonces, hoy llegamos a la petición número 3 “Lléname con Tu Espíritu”. Primero que nada, creo que sabes que el Espíritu Santo no es un “esto”. Él es una persona. Él es la tercera persona de la trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. ¡Él es Dios! Él es igual a Dios, coeterno con Dios. Puede ser contristado, se le puede ofender, creer en Él. Él nos puede llenar con Él mismo. Nos llena con Dios, es el Espíritu de Cristo llenándonos.

Creo que no siempre nos detenemos lo suficiente para pensar como cristianas, cuán dependientes somos del Espíritu Santo para cada aspecto de la vida cristiana. Somos completamente dependientes de Él. Creo que si estuviéramos conscientes de esto, si pensáramos en esto, oraríamos con más frecuencia, “Oh Dios, lléname con tu Espíritu”.

Permíteme hacer una lista de algunas de las cosas que el Espíritu Santo hace, y podríamos añadir muchas más a esta lista (no traten de escribirlas todas, porque aparecerán en la transcripción, de nuestro sitio en la red). Sabemos que el Espíritu Santo convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Hasta que no tienes esa convicción, realmente nunca sabrás tu necesidad de un Salvador.

Mientras no estés convencida de que mereces la ira de Dios, nunca vendrás a Jesús clamando por misericordia. Entonces, ¿quién es el que te da esa convicción? El Espíritu Santo, ¿correcto? ¿Quién nos acerca a Cristo? ¿Quién cautiva y enamora nuestro corazón para atraernos al amor de Dios? ¡Es el Espíritu Santo!

Soy salva desde mis 4 años de edad. Quizá tú hayas tenido cuatro o cuarenta y cuatro, pero ni tú ni yo nos hubiéramos vuelto a Cristo en fe y arrepentimiento si el Espíritu Santo no nos hubiera atraído a Cristo, si no hubiera buscado nuestro corazón y nos hubiera acercado a Cristo y mostrado cuán hermoso y amoroso es Él.

Quizás, ese día, hace casi veinte años, cuando estabas sentada en alguna casa, en un estudio bíblico escuchando la Palabra, cuando el Señor abrió tus ojos, abrió tu corazón, para mostrarte tu necesidad de un Salvador, en ese momento era el Espíritu Santo que te estaba llevando hacia Cristo. Él es quien nos acerca a todas nosotras.

El Espíritu Santo nos despierta para responder a Cristo una vez que nos hemos dado cuenta que Él es el Salvador y que lo necesitamos. El Espíritu Santo es quien nos regenera y nos da un nuevo nacimiento, quien nos convierte. Es el Espíritu Santo quien nos bautiza en Cristo. Y, nos sella hasta el día de nuestra redención final.

El Espíritu Santo es quien ilumina la Escritura para nuestra comprensión. ¿No te sucede a veces que estás leyendo la Palabra de Dios y meditando en ella, y algo te salta de la página? Despierta tu espíritu, aviva tu corazón, ¿Quién está haciendo eso? ¡Es el Espíritu Santo! ¡Él está iluminando la Palabra!

¡La Biblia no es cualquier libro! Es un libro al que el Espíritu Santo da vida, en nosotras y para nosotras y a través de nosotras. Es el Espíritu Santo quien revela y hace a Cristo personal para nosotras. Lo hace real, lo hace deseable para nosotras.

Es el Espíritu Santo (de acuerdo a 1 Pedro 1) quien nos motiva y nos capacita para obedecer la Palabra de Dios. Puedo leer cosas en las Escrituras, pero no tengo el poder para obedecer o el deseo de obedecer, a menos que el Espíritu Santo ponga ese deseo y esa capacidad en mí.

Es el Espíritu Santo quien nos conforma a la imagen de Cristo, quien nos santifica, quien nos dirige, quien nos llena de poder para testificar, quien nos asegura que somos hijas de Dios, quien produce en nosotros el fruto de parecernos a Cristo. Es el Espíritu Santo que nos da dones espirituales para la edificación del cuerpo de Cristo, quien nos unge para el ministerio, quien nos lava y nos renueva.

Es el Espíritu Santo quien nos enseña qué y cómo orar cuando no sabemos qué o cómo pedir. Así es que ¡más vale que estés llena del Espíritu Santo si quieres ser una mujer de oración! Es el Espíritu Santo (de acuerdo a Romanos 8) quien nos libra del poder del pecado y de la ley del pecado y de la muerte.

Cuántas veces sentimos, “Quiero obedecer a Dios, pero ¡No puedo! Este mundo me está halando, el pecado que hay en mí me hala.” ¿Quién nos libra de la ley del pecado y la muerte? Es el Espíritu Santo quien hace eso en nosotras. Es el Espíritu Santo quien nos da acceso al Padre.

Es el Espíritu Santo quien derrama el amor de Dios en nuestros corazones. Es el Espíritu Santo quien nos consuela (Hechos 9), y en Isaías 44 y 32, es el Espíritu Santo quien nos restaura, renueva y vivifica. Él despierta, ¡Él trae vida! Él es en nosotras la fuente de la plenitud de vida. ¡Es el Espíritu de Cristo!

Me encanta ese pasaje en Juan 7, comenzando en el versículo 37, que dice: “Y en el último día, el gran día de la fiesta, Jesús puesto en pie, exclamó en alta voz, diciendo: Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba.” Él dijo esto acerca del Espíritu que iban a recibir los que creyeran en Él. Porque el Espíritu nos les había sido dado, porque Jesús aún no había sido glorificado.

Podríamos hacer toda una serie sobre estos tres versículos. Pero ahora no lo haré. Solo permítanme tomarme un minuto aquí: ¿Qué significaba que Jesús fuera glorificado? Fue glorificado cuando fue a la cruz, fue glorificado cuando se levantó de entre los muertos, fue glorificado cuando ascendió y se sentó a la diestra del Padre. Y cuando lo hizo, el Espíritu Santo fue dado por el Padre a todos aquellos que creen en Cristo, para vivir en nosotros. ¡Cristo en nosotras! Eso es el Espíritu Santo.

Y como resultado de que Jesús hubiere enviado Su Espíritu Santo a vivir en nosotras, Jesús dijo, “Si creen en Mí, serán llenos con el Espíritu Santo, y como resultado, ríos de agua viva brotarán de su corazón… fluyendo desde lo más profundo de su ser.” ¿Quieres ser una mujer fructífera, una mujer que exhibe en su vida el fruto del Espíritu? ¿Quieres ser una mujer que es una fuente de vida y gozo para otros?

Entonces necesitas ser llena con el Espíritu Santo, porque es de ahí de donde recibimos plenitud. “Desde lo más profundo de tu corazón brotarán ríos de agua viva. Yo no sé tú, pero ese es el tipo de cristiana que quiero ser, ese es el tipo de mujer que quiero ser.

Quiero ser una mujer que dé vida, una mujer que derrame el amor de Cristo y el gozo de Cristo, y el fruto de Cristo. Una mujer que bendice a otros a su alrededor, no solo por lo que hago, sino porque los demás ven el Espíritu de Cristo fluyendo de mi vida para tocar sus vidas.

Y así, en este pasaje vemos que todo comienza con tener sed. Siempre estamos sedientas y cuando tenemos sed, ¿Qué dice Jesús que hagamos? “¡Vengan a mí!” Ve a Él. Continuamente sedienta, continuamente viniendo a Jesús, continuamente bebiendo, continuamente creyendo, continuamente siendo llenas y satisfechas con Su Espíritu, un beber continuo del Espíritu en nuestra vida, ¿qué produce? ¡Un continuo fluir de ese río de vida!.

Un fructificar continuo el fruto del Espíritu, ser una bendición para otros. Para ello necesitamos un constante recibir: “Señor, lléname con Tu Espíritu”, el cual produce un fluir continuo. “Señor, fluye a través de mí hacia otros alrededor mío”. Y esa abundancia no es solo para mujeres que tienen ministerios públicos o que son maestras de la Biblia o líderes de grupos pequeños. Esa abundancia ¡es para ti!

Él quiere que tu vida sea fructífera: en tu casa, en tu lugar de trabajo, en tu escuela, donde sea que Dios te haya puesto. Él quiere que esos ríos de agua viva fluyan de ti hacia aquellos a tu alrededor.

En Efesios 5 en el versículo 18, nos dice (estarán familiarizadas con esto), “Sed llenos del Espíritu”. Así es como sabemos que se supone que oremos por esto (“Señor lléname con Tu Espíritu, porque Tú me has dicho que sea llena del Espíritu”).

Probablemente has oído esta enseñanza, esto no es una sugerencia, sino un mandamiento. “Sed llenos con el Espíritu”. Y no es una cosa de una sola vez. Es una llenura continua, constante, una forma de vida. “Estar siendo llenos con el Espíritu Santo”. Todo el tiempo. Mantente con sed, continúa viniendo a Jesús, continúa bebiendo, continúa creyendo, siendo llenada con el Espíritu Santo, una porción continua, recibiendo y un fluir continuo.

Ahora la pregunta es, “¿Cómo podemos saber si estamos llenas del Espíritu Santo? ¡Qué bueno que preguntas! Porque este pasaje va a decírnoslo, Efesios 5:18 hasta casi todo el capítulo 6. Solo quiero avanzar rápidamente, destacando algunos puntos del resto de este capítulo y el siguiente, para mostrarles algunas características y algunas evidencias para saber si estamos llena del Espíritu Santo.

Versículo 18: “No os embriaguéis con vino, porque en ello hay disolución, sino sed llenos del Espíritu”. Entonces, si tú estás llena con el Espíritu, no vas a ser controlada por ninguna substancia, lo cual puede incluir una actividad, una relación, cualquier cosa, que te lleve al exceso, a la disipación, a la maldad. En lugar de eso, vas a estar controlada por Cristo, por Su Espíritu.

Luego, los versículos 19 y 20 hablan acerca de alabar como una evidencia, una expresión de ser llenos con el Espíritu Santo. “Sed llenos del Espíritu, versículo 19, hablando entre vosotros (esa es la adoración pública) con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con vuestro corazón (esa es en nuestra alabanza privada). Alabanza pública/alabanza privada. Dando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre”.

¿Cómo saber si estás llena con el Espíritu Santo? Una manera de saber es… ¿eres una adoradora? ¿Tienes tu enfoque puesto en Dios? ¿Tienes un corazón agradecido? ¿Cantas al Señor? ¿Lo alabas en tu corazón, en privado? ¿Lo alabas en público? ¿Participas en la alabanza en los cultos de tu iglesia?

Quizás no te encante el estilo de música. Casi he llegado a la conclusión de que no va a haber una iglesia donde me va a gustar toda la música, ¡hasta que llegue al Cielo! Y entonces, de alguna manera, a todos nos va a encantar todo. No sé cómo va a suceder eso.

Pero sé esto: que cuando voy a la iglesia y me involucro… canto, canto en voz alta, participo, alabo al Señor, Dios hace algo en mi corazón. Es una expresión de ser llena con el Espíritu. La gratitud es una expresión de la llenura del Espíritu.

Ahora, ser llena con el Espíritu. Sé que hay mucha enseñanzas con respecto, parte de ella es muy confusa, parte muy antibíblica. No sé a qué tipo de enseñanza haya sido expuesta, solo déjame decirte que ser llena del Espíritu, no necesariamente significa, por lo general, que tengas una experiencia emocional asombrosa o una manifestación visible de ello. Somos llenas de fe de la misma manera en que vamos a Cristo y bebemos de Él. Es por fe, ¿no es cierto? Así que en la medida que le pides a Dios que te llene de Su Espíritu, entonces por fe cree que Él te está llenando con Su Espíritu. Depende de Él. Apóyate en Él. Míralo a Él. Y continúa pidiéndole por una llenura fresca cada día. Y lo que pido a continuación es como un subpunto de esta petición. Pero, creo que es algo que con frecuencia le he pedido a las personas que oran por mi durante muchos años y es: “Ora, que yo tenga aceite fresco”. “Aceite fresco”, y es una oración para ser llena del Espíritu Santo. “Aceite fresco”, se me acaba y entonces vivo del vapor. Del fondo de los residuos. Pero, Él siempre tiene para abastecerlo fresco y si continuamos viniendo, pidiendo, bebiendo y creyendo, entonces continuamos llenas para que Él continúe fluyendo a través de nosotras.

Además, el ser llena del Espíritu afecta nuestras relaciones de muchas maneras. Primero, nuestras relaciones en el cuerpo de Cristo (versículo 21): “sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo”. Todo esto es una expresión, una evidencia de la llenura del Espíritu. Sed llenos con el Espíritu, sometiéndoos unos a otros fruto de nuestra reverencia a Cristo. ¿Qué significa eso?

Creo que significa que en nuestras relaciones en la iglesia, en el Cuerpo de Cristo, unos con otros… no vamos a ser dominantes, intimidantes, resistentes, contenciosas; en lugar de eso vamos a darnos honor unas a otras. Vamos a darnos preferencia unas a otras. Vamos a someternos unas a otras por temor y respeto y reverencia a Cristo, quien es la Cabeza del Cuerpo.

Somos uno en Cristo, por tanto si eres uno con tu Cabeza, entonces eres uno con cada uno de los miembros del Cuerpo. No vamos a tener divisiones y contención entre nosotras –y si sucede, vamos a lidiar con ello en arrepentimiento, ¿correcto?

Hay ocasiones se reúnen por diversos motivos hermanas de iglesias diferentes, que hacen actividades juntas, debido a una serie de circunstancias, y cuando lo hacen se convierten en un solo cuerpo local. Y Dios está haciendo una obra hermosa cuando vemos las iglesias que se unen y comparten juntas.

No conozco todos los detalles de cada caso, pero creo que para que esto sucediera, probablemente han tenido que someterse unas a la otras.

Relaciones… no solo en el Cuerpo, sino (aquí es donde las cosas se ponen difíciles) en nuestra familia. Las relaciones en nuestra familia, si estamos llenas del Espíritu, se caracterizarán por el orden, por el amor purificador y sacrificial, respeto y honor. Escuchen esto de Efesios 5:22 [esto también es una expresión y lo que fluye al estar llenas con el Espíritu Santo]: “Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. Maridos [versículo 25] amad a vuestras mujeres”.

Él continúa diciendo que amarlas es nutrirlas, es cuidarlas, como Cristo amó la iglesia y se entregó a sí mismo por ella. Versículo 33: “cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido”. Escucha, si tú no respetas a tu marido, si no lo tratas con reverencia, si no te sometes a él por temor a Cristo. Si tu esposo no te está amando de una manera sacrificial, abnegada, desprendida, entonces hay una ausencia de la plenitud del Espíritu Santo.

El fundador de nuestro ministerio (quien ya está con el Señor desde hace muchos años), solía decir (en los años setenta y ochenta cuando se estaban escribiendo muchos libros nuevos sobre matrimonio y familias y había conferencias y seminarios), él decía: “¿Saben qué? Si ustedes quieren tener un buen matrimonio y una buena familia… pueden leer todos estos libros e ir a todas estas conferencias, muchas de ellas muy buenas, o, pueden ser llenos del Espíritu Santo”.

Eso no significa que los libros y las conferencias no son de ayuda, pero puedes leer los libros e ir a las conferencias, y si no estás llena del Espíritu Santo, las cosas no van a estar bien en tu hogar.

Continuando en el capítulo 6, versículo 1: “Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre. Por cierto, no hay una edad límite para este mandamiento. Versículo 4: “Y vosotros padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina e instrucción del Señor”.

¿Se dan cuenta cómo la vida familiar es una expresión de la llenura del Espíritu Santo? O…¡no lo es! Entonces piensa en el clima, la atmósfera en tu hogar, en esta temporada, y pregúntate, “¿Hay evidencia de que, como la mujer de mi hogar, estoy llena con el Espíritu Santo?”

Puede que no seas casada. Puede que seas soltera, tal vez tengas una compañera de cuarto en la universidad… quizás tu “hogar” es más bien tu ambiente de trabajo. Pero solo pregúntate…. Donde pasas mucho de tu tiempo, en las relaciones más cercanas, ¿hay evidencia de que estás llena del Espíritu Santo?

Eso no significa que todos los demás en tu hogar, o en tu lugar de trabajo, o tu mundo va a estar lleno del Espíritu Santo. Puede haber gruñones, malhumorados, quizá haya personas con las que es verdaderamente difícil convivir… pero si tú estás llena del Espíritu, habrá una fragancia de Cristo que hará la diferencia. Hará una diferencia en ti, hará una diferencia en aquellos a tu alrededor.

Carmen: Me gusta esa frase: “Una fragancia de Cristo”. Y me pregunto: ¿Qué tipo de fragancia emana mi vida? Nancy nos está ayudando a entender un poco más acerca de lo que significa vivir una vida en completa dependencia del Espíritu Santo. Esta es una de sus peticiones personales de oración. “Lléname de tu Espíritu”.

¿Te gustaría descargar un recurso basado en las diez peticiones de oración que Nancy menciona en esta serie? Puedes hacerlo al visitar AvivaNuestrosCorazones.com. De nuevo, nuestro portal es AvivaNuestrosCorazones.com. Mañana, escucharemos más acerca de cómo puedes darte cuenta de que estás caminando en el Espíritu, de que estás llena del Espíritu Santo. Confiamos en que estarás de vuelta con nosotros aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.