Podcast Aviva Nuestros Corazones

Lo que la sumisión no significa

Annamarie Sauter: Consideremos algo básico pero profundo.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Si les preguntas a las mujeres: «¿Quieres que tu marido sea un líder piadoso, responsable, que ejerza el amor sacrificial y asuma voluntariamente la responsabilidad de proteger y proveer para su familia? ¿Qué crees que respondería la mayoría?

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

El Manifiesto de la Mujer Verdadera contiene una serie de afirmaciones. La siguiente es una de ellas:

«Cuando respondemos humildemente al liderazgo masculino, en el hogar y en la iglesia, demostramos una noble sumisión a la autoridad que refleja la obediencia de Cristo a la autoridad de Dios, Su Padre».

Este año Nancy DeMoss de Wolgemuth nos estará enseñando a partir del manifiesto, como preparación para la conferencia Mujer Verdadera 2020, titulada «Arraigadas».

Nos encontramos en la segunda parte acerca de las afirmaciones contenidas en el manifiesto. Hoy Nancy nos hablará acerca de lo que la sumisión es y lo que no es. Aquí está ella con nosotras.

Nancy: La palabra someter viene de una palabra griega, hupotasso. Una palabra compuesta. Hupo significa «debajo»; tasso «ponerse debajo de o ponerse en orden o disponer». Organizar debajo de. Es un término militar que significa clasificar debajo o por debajo de.

Lo primero que tenemos que entender acerca de la sumisión es que Dios ha establecido el orden, la dirección, la autoridad y la sumisión en todas las esferas de la vida. En el hogar, en la iglesia, en el lugar de trabajo, en el gobierno. La sumisión no es solo para las mujeres. La sumisión es para todos los seres humanos, para todos los hombres. La sumisión es para los jóvenes, los ancianos, los casados, para los solteros. Todo el mundo tiene que estar bajo sumisión a una o más autoridades humanas en sus vidas, y todos nosotros bajo sumisión a la máxima autoridad soberana de Dios.

Así que la sumisión es algo que todos tenemos que comprender y que aceptar. Ahora, en el matrimonio y en la iglesia, que es en lo que nos hemos estado enfocado en su mayor parte en este Manifiesto de la Mujer Verdadera, la responsabilidad del liderazgo o la dirección, es dada por Dios a los hombres. Sé que decir esto es políticamente incorrecto. Sé que es contracultural. Pero mi autoridad es la Palabra de Dios y es justo ahí donde tenemos que estar. Ahí es donde tenemos el privilegio de estar firmes. Así que ese es mi punto de partida y espero que también sea mi punto final.

Esa posición es dada a los hombres en el matrimonio y en la iglesia. Y esa no es una responsabilidad o un desafío pequeño para los hombres. Los hombres son los responsables de dirigir, proteger, proveer para las mujeres bajo su cuidado, y ejercer ese liderazgo de una manera que sea amorosa y humilde, y con un corazón dispuesto a servir. Son responsables de buscar los mejores intereses de los que están bajo su liderazgo y de dirigir y amar como Cristo dirige y ama a la iglesia, no enseñoreándose de ella, no siendo dominantes, no siendo perezosos ni pasivos.

La responsabilidad de los hombres es el proporcionar un liderazgo amoroso, humilde, con un corazón de siervo en el hogar y en la iglesia. Ya sea que asuman y cumplan estas responsabilidades o no, esas siguen siendo sus responsabilidades.

Ahora, nuestra responsabilidad como mujeres, como mujeres verdaderas de Dios, es dar respuesta a ese liderazgo en humildad, siguiéndolo gentilmente y sometiéndonos a la autoridad ordenada por Dios. Ahora de ninguna manera eso significa que debamos ser descerebradas, débiles o cobardes. De hecho, se requiere de increíble sabiduría y fortaleza de carácter para someterse de una manera que vaya de acuerdo con el modelo bíblico de la sumisión.

Ahora, todo lo que hacemos como cristianos, seas hombre o mujer, debe estar enraizado y motivado por quién es Dios y por lo que Él ha hecho por nosotros. Todo lo que hagamos debe ser una imagen, una ilustración, una demostración al mundo del carácter y de los caminos de Dios. Eso es lo que estamos haciendo. Estamos glorificando a Dios aquí en la tierra. Le estamos mostrando al mundo cómo es Él y cómo es la realidad espiritual.

Así que nuestra sumisión a la autoridad masculina ordenada por Dios en el hogar y en la iglesia, ilustra dos realidades y relaciones espirituales importantes.

∙ La primera es la sumisión de la iglesia a Cristo. Queremos que el mundo vea, queremos demostrar, queremos modelar en el matrimonio lo que es para la iglesia el someterse a Cristo como su Salvador, su Señor y su Amante.

∙ Nosotras también, en el contexto de la casa o en la iglesia, cuando nos sometemos a la autoridad masculina ordenada por Dios, reflejamos la sumisión de Cristo a Su Padre celestial.

La sumisión de Cristo a Su Padre; esto algo fascinante de estudiar en las Escrituras. Es algo que al estudiarlo te lleva a la humildad. Porque Cristo es coigual, coeterno con Dios, en ninguna manera inferior a Dios el Padre. Ellos son uno.

Pero Jesús dice, y está escrito en el Salmo 40: «He aquí, vengo; en el rollo del libro está escrito de mí; me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío; tu ley está dentro de mi corazón» (v. 7-8). Jesús dijo que Él vino al mundo para hacer la voluntad de Su Padre celestial, a someterse a Su Padre celestial voluntariamente, no bajo coerción.

En Juan capítulo 6 versículo 38, Él dijo: «Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió». La sumisión de Cristo. Leemos sobre esto en Filipenses capítulo 2: Cristo «…se humilló a sí mismo, haciéndose obediente…» (v. 8). La humildad y la sumisión van de la mano. Él se hizo obediente hasta el punto de llegar a la muerte cuando Su Padre le dijo, «esto es lo que quiero que hagas por causa de Mi gloria y de Mi plan de redención en la tierra. Y Jesús respondió: «Sí, Señor. Sí, Dios mío, lo haré. Me someteré con entusiasmo, voluntariamente, con mucho gusto a Tu voluntad. Me complazco en hacer Tu voluntad».

Me encanta este pasaje de 1 Corintios capítulo 15, que dice:

«Entonces vendrá el fin, cuando Él entregue el reino al Dios y Padre, después que haya abolido todo dominio y toda autoridad y poder. Pues Cristo debe reinar hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies... Y cuando todo haya sido sometido a Él (o sea al Padre), entonces también el Hijo mismo se sujetará a aquel que sujetó a Él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos». (1 Corintios 15:24-25, 28).

Cuando nos sometemos a la autoridad ordenada por Dios y como mujeres de manera especial a la autoridad masculina ordenada por Dios, estamos representando al mundo la hermosa, poderosa sumisión de Cristo a Su Padre celestial, para que Dios sea todo en todos.

Así que llegamos a ese pasaje en 1 Corintios 11: 3, que dice:

«Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo (cada hombre está bajo autoridad), y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios».

Escucha, cuando se nos pide que nos sometamos a la autoridad masculina ordenada por Dios, se nos pide ser como Jesús. Nada más y nada menos. Cuando nuestra sumisión refleja la sumisión de Cristo a su Padre, también refleja el corazón del evangelio, el corazón de Cristo, que voluntariamente se puso bajo la autoridad de su Padre y obedeció la voluntad de su Padre.

Ahora, creo que es importante que recordemos que la sumisión no son nuestras acciones en primer lugar, a pesar de que resulta en acciones, sino que primero es un asunto del corazón.

Permítanme citar a John Piper aquí. Él dice:

«La sumisión es el llamado, es el llamado divino de una esposa a honrar y afirmar el liderazgo de su esposo y ayudar a que se lleve a cabo de acuerdo a los dones que ella tiene. Es la disposición de seguir la autoridad del esposo y una inclinación a ceder a su liderazgo».

No solo se trata de las cosas que haces. No es solo la letra de la ley. No solo se trata de hacer lo que te dicen que debes hacer. La sumisión es una disposición gozosa, llena del Espíritu, de rendición y con una inclinación de seguir a esa autoridad y ceder a la dirección de los que Dios ha puesto sobre nosotras. Es cierto que ha habido tal abuso hacia este concepto que se necesita tiempo y esfuerzo hoy en día para corregir solo algunas de las impresiones erróneas, de la desinformación, y algunos de los malentendidos en un tema como este.

De nuevo, un programa no me da el tiempo para hacerle justicia, por lo que las animo a ir a otros enlaces que hemos proporcionado y que vayan también a la Palabra de Dios y estudien, y visiten algunos de estos recursos y pídanle a Dios que les dé entendimiento sobre por qué la sumisión es realmente un regalo precioso.

Así que tenemos que dejar claro que la sumisión de la mujer a la supremacía masculina en el hogar y en la iglesia, no es degradante para las mujeres, no quiere decir que los hombres son superiores a las mujeres o que los hombres son más capaces o más inteligentes o más espirituales que las mujeres. No significa nada de eso. No significa que las mujeres no tienen opiniones o que no pueden expresar sus opiniones o que no contribuyan en las situaciones. Tu esposo necesita tu opinión y necesita tus ideas.

Lo que sí significa es aprender a expresarlas con respeto. No molestando. No menospreciando. No manipulando. Como un amigo mío solía decirme, pon tus cartas sobre la mesa y luego quítales las manos de encima. Ese es un buen ejemplo que me ha ayudado.

Sumisión no significa que los hombres en autoridad, ya sea en la iglesia o en el hogar, siempre tienen la razón. Porque no siempre la tienen. A veces y a menudo están equivocados. Porque ellos pecan, al igual que nosotras. Sumisión tampoco significa obediencia ciega. La sumisión no significa que vamos a pecar con el fin de someternos. No significa que pasas por alto el pecado en los que están en autoridad.

Sumisión no descarta el que suavemente, humildemente, y sabiamente confrontes la conducta pecaminosa de quien esté en autoridad, o el llevarlo a la atención de los líderes civiles o las autoridades espirituales con el objetivo de llevar al que está en autoridad al arrepentimiento y a la restauración. Porque hay maneras apropiadas de confrontar, de tratar y de apelar a una autoridad que está en pecado.

Sumisión no significa que las mujeres deben ser sumisas a todos los hombres, solo a aquellos que Dios ha puesto en autoridad sobre ellas en el hogar y en la iglesia, aunque hemos de mostrar honor y respeto a todos los hombres y, en ese caso también a todas las mujeres.

La sumisión no es una licencia para los que tienen autoridad a ser abusivos o dominantes o a faltarle el respeto a los que están bajo su autoridad. Y la sumisión es algo más que simplemente no rebelarse activamente contra la autoridad de tu esposo o a la autoridad de los líderes de la iglesia. Es más que solo consentir con él cuando no estás de acuerdo con él. Es más que solo permitirle tomar decisiones sin resistirte.

La sumisión no es una acción sin sentido, débil. La sumisión es lo que Rebecca Jones, una de nuestras escritoras del blog llama obediencia activa y positiva, honor radical. Obediencia activa y positiva. Honra radical.

Es manifestar el mismo espíritu que Cristo exhibe hacia su Padre. El conocer y honrar su corazón, el corazón de la autoridad, apoyando de todo corazón, y gozosamente alineándote con ese líder. Participar con él para ir más allá y para hacer avanzar sus pasiones y sus deseos mientras él sigue a Cristo.

Escucha, los hombres nunca tienen autoridad absoluta o definitiva. El único que tiene autoridad absoluta y definitiva es Dios. Toda autoridad humana es una autoridad delegada.

Así que la autoridad, ya sea de un pastor o de un anciano o de un marido o de cualquier otro tipo de líder, funcionario público o un empresario, no da derechos absolutos. No da derecho para desobedecer a Dios o para llevar a otros al pecado, porque es una autoridad limitada.

Pero nuestra responsabilidad por ser las que se someten a la autoridad, mientras no nos conduzca al pecado, es seguir al liderazgo de todo corazón y activamente; tener una disposición, una inclinación a apoyar su liderazgo.

Y la sumisión no debe ser coaccionada. En ninguna parte en la Escritura Dios les dice a los hombres que ellos han de reinar sobre sus esposas. Debe ser voluntaria, debe ser otorgada libremente. Es por eso que la Escritura dice que las mujeres estén sujetas a sus propios maridos.

Me encanta el versículo en Hebreos capítulo 13, el versículo 17, que está en el contexto de la iglesia. Porque creo que tiene una aplicación más amplia aquí. Dice,

«Obedeced a vuestros pastores (o como algunas traducciones dicen "los que gobiernan sobre vosotros, los que te guían") y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta. Permitidles que lo hagan con alegría y no quejándose (no con dolor), porque eso no sería provechoso para vosotros».

Esto me sugiere que el obedecer y someterse a los líderes es una ventaja para nosotras y que cuando no nos sometemos a su liderazgo, hay algo que perdemos. Nos perdemos de algo. Los líderes espirituales de la iglesia tienen la responsabilidad dada por Dios de dirigir, de guiar, y gobernar sobre su rebaño. Estos hombres están bajo la autoridad de Dios. Ellos son los responsables, y es una responsabilidad alta y santa el vigilar por nuestras almas.

Bueno, tu marido tiene esa responsabilidad de cuidar de tu familia, ya sea que él la asuma o no. Dios le ha dado la responsabilidad de cuidar de la condición—de la condición espiritual—de ese rebaño, de su rebaño, de quienes están bajo su cuidado. Y esos líderes tendrán que dar cuenta a Dios en el juicio por la forma en que han guiado, por la forma en que han gobernado y por la condición espiritual de su rebaño.

Somos llamadas a obedecer y seguir sus enseñanzas, escuchar y hacer caso a su consejo, someternos a su liderazgo y autoridad. Y vamos a tener que dar cuenta de cómo los seguimos y cómo nos sometimos.

Creo que lo que tenemos que entender es que el concepto de la sumisión es un regalo. Ha sido diseñado por Dios para nuestra bendición y para nuestro beneficio. Ahora, el hecho es que en un mundo caído y pecaminoso las cosas salen mal, por lo que no siempre funciona de la manera en que Dios quería que fuera porque somos pecadores. Los hombres son pecadores. Las mujeres somos pecadoras.

Pero necesitamos dar un paso atrás y mirar el diseño original, ideal y divino de Dios, y recordar que Dios es sabio. Dios es bueno. Él nos ama. Él tiene nuestros mejores intereses en el corazón. Si les preguntas a las mujeres, «¿quieres que tu marido sea un líder piadoso, responsable, que ejerza el amor sacrificial y asuma voluntariamente la responsabilidad de proteger y proveer para la familia?» ¿Qué crees que respondería la mayoría?

Claro que sí. ¿Estoy en lo cierto?, eso sería maravilloso, ¿no es verdad? Pero entonces luego pídeles que se sometan al liderazgo y a la dirección de su marido y entonces ese concepto parece amenazante, irracional, injusto, opresivo, restrictivo, tal vez incluso hasta bárbaro. ¿No es verdad?

Debi Pryde, que escribió algo sobre esto, dice,

Una esposa realmente no puede tener una sin la otra. Como regla general, entre menos libertad tenga un marido de ejercer la autoridad que Dios le ha dado a él como marido, menos será el sentido de la responsabilidad que tiene de proteger y proveer para su esposa.

Desde la caída, desde el huerto, los hombres siempre han luchado con el tema de someterse a Dios cuando se trata de ejercer un liderazgo de servicio piadoso en sus hogares. Ha habido una tendencia de parte de los hombres a no asumir esa responsabilidad, a ser pasivos y a desvincularse.

Y desde Génesis capítulo 3, en la caída, en el huerto, las mujeres hemos batallado para someternos a la autoridad de Dios al someternos gentilmente a la autoridad y al liderazgo de los maridos. Nuestra propensión, nuestra inclinación, nuestra tentación y tendencia ha sido la de ser controladoras.

El fracaso de ambas partes—tanto de hombres como de mujeres—el incumplimiento de ambas partes, tanto de hombres como de mujeres, ha creado este ciclo que ha resultado en una angustia profunda, en conflictos y disfunción en los hombres y las mujeres. La sumisión nos lleva al lugar de la humildad y de la fe.

Humildad—no tiene que ser a mi manera. Puede ser la manera de Dios. Yo no tengo que estar a cargo. Y fe, confío en la bondad y en la soberanía, la sabiduría, y el plan de Dios. En última instancia, se llega a un punto de rendición. No a un hombre, sino a Dios.

Verás, nosotras queremos reservarnos el derecho de tomar la decisión final. Rendirse significa la voluntad de renunciar al control y confiar en que, como dice Proverbios 21:1, «Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina» (RV60). Hay que confiar en que Dios es mayor, Dios es más grande que la autoridad humana. Incluso si esa autoridad humana fracasa, y a veces lo hará, hay que confiar en que mi vida está en las manos de Dios.

Permítanme leerles un correo electrónico de una oyente que lo resume de esta manera. Ella dice,

«He estado casada durante casi 43 años. Durante 35 de esos años viví enojada, frustrada y me sentía derrotada. Pero cuando finalmente le rendí mi matrimonio al Señor, Él empezó a enseñarme la verdad acerca de la sumisión.

Él me mostró que todo el tiempo yo estaba luchando contra lo que más deseaba, un esposo amoroso y un matrimonio lleno de gozo. Gracias a Dios, mi marido no me dejó «emascularlo» cuando estaba enojada y tratando de tomar el control, cuando en primer lugar ni siquiera era mi papel, ni siquiera era mi rol. Ahora suspiro de alivio cuando sé que no tengo la responsabilidad de tomar su rol. Yo solo soy responsable del mío. Y me encanta la palabra sumisión. Ahora soy libre para ser la «ayudante» amorosa y de apoyo que Dios diseñó que fuera.

Hay dos palabras que Dios ha usado para ayudarme más que cualquier otra cosa. (La primera palabra es) Respeto: edifica a nuestros hombres en su rol de liderazgo. (La segunda palabra) Sumisión: es lo que les da la oportunidad de guiar. Cuando aprendí cómo mostrarle respeto a él y a su posición como la cabeza de nuestro hogar, y me puse un escalón por debajo de él en sumisión, él floreció. Estos han sido los mejores años de nuestro matrimonio.

Y pueden ser los mejores años de tu vida también. La sumisión mayor aquí es nuestra sumisión a Dios. ¿Confías en Él lo suficiente para decir, como lo hizo Jesús a Su Padre: «Oh Dios, me deleito en hacer Tu voluntad»? Lo que sea que eso signifique. Como sea que luzca, como sea que eso se vea. A medida que confías en Él, con «E» mayúscula, entonces serás capaz de caminar en sumisión bíblica, piadosa, y poderosa bajo las autoridades que Dios ha puesto en tu vida.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado describiendo la sumisión bíblica—lo que es y lo que no es. Este mensaje es parte de serie, «El Manifiesto de la Mujer Verdadera: Afirmaciones, parte 2». Puedes descargar y leer el Manifiesto en nuestra página web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Aviva Nuestros Corazones transmite estos programas para mujeres, pero en ocasiones algunos hombres nos escriben. El esposo de una oyente nos escribió,

«Quería como esposo agradecer el material de Aviva Nuestros Corazones porque no solo ha sido de bendición para mi esposa, sino para mi hogar y para mí personalmente. Mi esposa asistió a la Conferencia Mujer Verdadera en Querétaro México, y esto cambió su vida con el deseo de compartir lo que había aprendido con otras mujeres. Esto ha sido de impacto a muchas mujeres.

Ya mi esposa ha tenido el privilegio de compartir con damas en retiros de damas, campamentos etc... Ya iniciaron un curso con el libro 101 y ha revolucionado nuestra iglesia por la verdad de la Palabra de Dios.

Gracias por mostrarnos nuestros roles verdaderos según la palabra de Dios.

Atte: Un esposo eternamente agradecido».

Nos alegra mucho escuchar cómo la verdad de Dios está obrando en los corazones de tantas mujeres, familias e iglesias.

En nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com, puedes encontrar tanto los audios como las transcripciones de estos programas, puedes encontrar libros (como el que mencionó el hombre que nos escribió, «Mujer Verdadera 101: Diseño divino»), puedes encontrar artículos y videos. Busca estos recursos por tema, Escritura o autor, allí, en AvivaNuestrosCorazones.com.

Cindy Easley entrevistó a varias mujeres que modelan la sumisión, y descubrió que ellas tenían personalidades y situaciones muy diferentes la una de la otra.

Cindy Easley: Una cosa que aprendí es que ninguna de nosotras es exactamente igual a la otra. Cada una trae su propia personalidad a sus propios matrimonios… Lo que debes hacer es aprender a rendir tus fortalezas y a vivir de una manera que alientes a tu marido a ser lo que Dios planeó que fuese y a fomentar su liderazgo, ofreciéndole comprensión y respeto, de la forma que solo una mujer se los puede ofrecer a su marido.

Annamarie: Escucha más acerca de esto, mañana.

Ayudándote a descubrir y a abrazar el diseño de Dios para tu vida, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 Debi Pryde--documento inédito sobre la Sumisión.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.