Podcast Aviva Nuestros Corazones

Los años de silencio

Carmen Espaillat: Digamos que has estado orando por algo que está en tu corazón, pero no pareces recibir respuesta…

Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Qué haces? Esperas en el Señor. Dios promete a todos los que esperan en Él que jamás serán decepcionados.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

Imagínate que eres la última en una fila muy, muy larga en el supermercado; o que has estado en la sala de espera del médico toda la tarde; o que el tráfico simplemente no se mueve… no entiendes por qué está sucediendo eso. 

Puede que estos escenarios te causen cierta frustración porque no es fácil esperar. Pero nos guste o no, esperar es parte de la vida. Hoy Nancy nos dará una perspectiva bíblica de la espera, al dar inicio a la serie titulada, «El Shaddai: El Todosuficiente».

Nancy: Una de nuestras mayores necesidades como mujeres, creo yo, es conocer a Dios; saber cómo es Él, conocer Su nombre, Su corazón, Su carácter, Sus caminos. De hecho, creo que la mayor razón de nuestras luchas y del estrés que enfrentamos muchas de nosotras como mujeres, es que realmente no conocemos a Dios, porque si le conociéramos, confiaríamos en Él. Sabríamos cómo responder en medio de las presiones ante las situaciones en las que nos encontramos. 

Todo este asunto de tener victoria sobre el pecado… muchas de nosotras –todas nosotras– tenemos aún pecado remanente, algo que aún nos deprime, que nos abruma. En cada una de estas situaciones, creo que tenemos que volver al principio: conocer a Dios. Conocer quién Él es y permitir que realmente Él cambie nuestras vidas.

Entonces la pregunta es, ¿cómo podremos conocer a Dios? ¿Cómo podremos saber realmente cómo es Él y de qué forma podemos permitir que ese conocimiento cambie nuestras vidas? Algo maravilloso es que Dios se ha revelado a Sí mismo en Su Palabra, en la creación, en Cristo. Él se ha revelado a nosotros.

Yo creo que una de las maneras más asombrosas en que Dios se ha revelado a nosotros, es a través de Su nombre. Su nombre nos dice cómo es Él. Nos lo describe. Me han dicho –y nunca lo he verificado– pero me han dicho que hay aproximadamente mil nombres para Dios en las Escrituras. Esto ya nos dice mucho acerca de Dios.

Ahora, no vamos a listar todos estos nombres aquí, pero ¿cuáles son algunos de esos nombres que vienen a tu mente cuando hablamos sobre los nombres de Dios en las Escrituras? Jehová Rapha, el cual, para aquellos que no hablan hebreo, significa el sanador, el Dios que sana. Otro sería, Rey de Reyes,Jehová Jireh, el Señor proveerá, el Redentor, Yo Soy, el Creador, la Roca, El-Shaddai, el cual significa Dios Todopoderoso. Otros nombres: Eterno—Su nombre es Eterno, Nuestro Estandarte, Emmanuel—Dios con nosotros, y Dios en nosotros, Salvador, Libertador—el Señor quien nos santifica.

¿No te alegra saber que no depende de ti el ser santa? ¿No te alegra saber que es Dios quien hace todo esto en nosotros y por nosotros? Él es nuestra fortaleza. Jehovah Shalom—Dios es nuestra paz, Jehová Nissi—Él es nuestra Victoria. Las Escrituras dicen que «el nombre del Señor es torre fuerte. A ella corre el justo y está a salvo» (Pro. 18:10).

Yo no sé tú, pero muchas veces durante el día yo necesito un lugar de seguridad. Cuando estoy abrumada, cuando estoy confundida, cuando estoy exhausta y las demandas son mayores que mis fuerzas, o exceden a las horas de mi día, necesito un lugar seguro. Necesito un lugar hacia dónde correr para ser protegida. Las Escrituras dicen que ese lugar es el nombre del Señor. Podemos correr a Su nombre. Es una torre fuerte, es un lugar de protección y podemos estar seguras.

Ya seas una mujer soltera enfrentando la soledad o asuntos de horario que tal vez otras no entiendan, o ya seas una madre soltera lidiando con los retos de ser papá y mamá al mismo tiempo para esos niños. O quizás seas una mujer con el nido vacío y estás en esa etapa de la vida; quizás seas viuda o quizás has pasado por el dolor de un divorcio. 

Cualquiera que sea la situación de tu vida —trabajando fuera del hogar, o siendo madre en el hogar— cualquiera que sea la circunstancia o la situación en tu vida, necesitas un lugar de seguridad. Necesitas un lugar hacia donde correr. Ese lugar para ti y para mí es el nombre del Señor.

El Salmo 9:10, nos dice que aquellos que conocen Su nombre pondrán su confianza en Él. Aquellos que conocen Su nombre pondrán su confianza en Él, porque «tú, oh Señor, no abandonas a los que te buscan». El conocer el nombre de Dios es sinónimo de ser capaz de confiar en Él.

Todas nosotras hemos conocido personas que pensábamos eran confiables; y al pensar en el nombre de esa persona, piensas, «en esa persona se puede confiar». Pero el hecho es que sin importar quien sea esa persona, jamás podrás confiar en ella totalmente. Habrá momentos en los que esa persona te defraude, o quizás no esté ahí para ti cuando más la necesites. Pero conocer a Dios es conocer a Alguien en el que puedes confiar absoluta y totalmente, en todas las circunstancias y situaciones de tu vida. 

El conocer el nombre de Dios es conocerle a Él, es conocer Su corazón, Sus caminos, Su carácter. Entonces si queremos confiar más en Dios, necesitamos conocer más acerca de Él, porque todo lo que llegues a conocer acerca de Dios te llevará a confiar aún más en Él. 

Luego, la Escritura dice en esa promesa, que Él nunca ha olvidado aquellos que le buscan. Si todos los creyentes de todos los tiempos fuesen a dar sus testimonios, no hay uno que pueda decir, «Dios me falló», «Dios se olvidó de mí». Ahora bien, hay veces cuando sentimos que nos ha olvidado, pero el hecho es que Él nunca olvida a aquellos que le buscan, aquellos que esperan en Él, y aquellos que confían en Su nombre.

En las siguientes sesiones deseo explicar un poco el significado de uno de los nombres de Dios. Uno de los nombres que ha sido una torre fuerte, un lugar seguro, un refugio para mí. Ha sido un gran gozo para mí estos últimos días en preparación para esta sesión, mientras he estado estudiando este nombre de nuevo en la Palabra de Dios. Es un nombre hacia el cual yo misma corro, un nombre que busco, un nombre que ha impactado verdaderamente mi vida de forma muy especial. 

La primera vez que este nombre de Dios aparece es en el libro de Génesis, capítulo 17. En el libro de Génesis, capítulo 17, versículo 1, se nos dice: «Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció, y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso;
 anda delante de mí, y sé perfecto». A los noventa y nueve años de edad, Abram, quien había caminado con Dios por muchos años, recibe una nueva revelación, algo que él nunca antes había conocido acerca de Dios.

Este nombre de Dios, traducido en la mayoría de las Biblias como el Dios Todopoderoso o Dios Todopoderoso, es el nombre por el cual Dios mismo se reveló a Abram a la edad de noventa y nueve años. Ese nombre, Dios Todopoderoso o el Dios que lo puede todo, sienta las bases para lo que Dios le pide a Abram después, «anda delante de mí y sé perfecto».

La mayoría de nosotras tenemos un deseo profundo en nuestros corazones de caminar con Dios y de ser perfectas delante de Él. Quiero decirte que nunca tendrás el poder o la habilidad de caminar delante de Dios, viviendo una vida que sea intachable, si tú no conoces a Dios quien se ha revelado a Sí mismo por Su nombre.

En el lenguaje hebreo que está traducido aquí como Dios Todopoderoso, o el Dios que todo lo puede, es …¿cuál es el nombre? El-Shaddai. El y luego la segunda palabra Shaddai, (S-H-A-D-D-A-I), El-Shaddai. Dios Todopoderoso es la forma en la que está traducida en la mayoría de nuestras Biblias en español, pero vamos a ver que ese nombre significa mucho más que lo que la palabra Todopoderoso indica. Y es El-Shaddai quien nos va a ayudar a caminar hacia Dios siendo perfectos delante de Él.

Abram no conocía a Dios por Su nombre hasta que él tuvo la edad de noventa y nueve años, pero la historia que nos lleva a este punto empieza cerca de veinticinco años antes. Entonces, si tienes tu Biblia, te voy a pedir que vayas atrás algunos capítulos, hasta Génesis, capítulo 12. Empezaremos veinticinco años antes cuando Abram, a su joven edad de setenta y cinco años, inicia su peregrinaje; un peregrinaje que sería cumplido en nombre de El Shaddai.

Génesis, capítulo 12:1:

«Y el Señor dijo a Abram (el cual, por cierto, su nombre significa padre exaltado; Dios llamaba a Abram padre exaltado): Vete de tu tierra, 
de entre tus parientes 
y de la casa de tu padre, 
a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre,
 y serásbendición»

Por cierto, recuerda que cuando Dios nos bendice, no es para que retengamos todas esas bendiciones para nosotras. Es para que nosotras seamos canales de bendición para otros. Todas las cosas buenas que Dios hace por nosotros y en nosotros son para que podamos ser de bendición para otros.

En diferentes ocasiones he tenido gente joven, aún niños y adolescentes hospedándose en mi casa por un período extendido de tiempo. Cuando salían de la casa en la mañana les decía, «ahora, recuerden, sean bendecidos y sean una bendición». Esto fue lo que Dios le dijo a Abram. Te voy a bendecir para que tú seas una bendición».

Luego, en el versículo 4, al final del versículo 4, nos dice: «Y Abram tenía setenta y cinco años cuando partió de Harán». Entonces Dios le dijo a Abram, «te voy a dar una simiente. Te voy a dar descendientes, ¡oh, padre exaltado! Tú serás el padre de una descendencia que será bendecida y será una bendición para todo el mundo». Sin embargo, mientras Dios le daba esta promesa a Abram, había un problema mayor. 

Acabamos de leer que Dios le dice a Abram, «quiero que dejes tu casa». Pero si solo nos movemos hacia arriba unos cuantos versículos, al capítulo previo, capítulo 11:30, leeremos sobre las circunstancias que hacen que esta promesa luzca un tanto imposible de ser cumplida. Tan solo unos versículos antes, el versículo 30 del capítulo anterior, dice que Sarai, la esposa de Abram, era estéril. Ella no tenía hijos. No solo que no tenía hijos, sino que no podía tener hijos. Ella era incapaz de concebir. 

En ese contexto, Dios viene a Abram y le dice: «Tú serás padre. Tú serás un padre exaltado. Tú serás bendecido y serás una bendición para el mundo a través de tus descendientes». Ahora, Abram tiene una opción, ¿creerá en sus circunstancias que le dicen que no puede tener hijos, que no puede tener descendientes, o le va a creer a Dios? ¿Creerá en las promesas de Dios?

Me alegro que las Escrituras nos dejan saber que aunque Abram le creyó a Dios, hubo momentos en los que dudó. Hubo momentos cuando él pensaba, «¿cómo puede ser esto? Y hubo momentos cuando buscó la forma de ayudar a Dios para que esas promesas fuesen cumplidas. 

¿No te alegra que Dios no solamente nos dice de la fe de Abram sino que también nos habla acerca de algunas de las luchas que tuvo para creer? Esto me ayuda en mis batallas. Cuando veo las promesas de Dios, pienso, «hombre, esas son grandes promesas», pero mis circunstancias están diciéndome lo contrario. ¿Cómo puedo aferrarme a las promesas de Dios cuando todo parece estar en contra?

Habiéndole dicho Dios que él iba a ser padre, Abram pensó entonces, «¿qué puedo hacer para ayudar a Dios a cumplir Su palabra? Él empieza a buscar hacia adentro primero, confiando en su suficiencia. Se mira a sí mismo y mira a Sarai, pero hay un problema. Ellos no pueden tener, hijos. Sarai es estéril. Entonces él llega a estar tristemente consciente de su propia insuficiencia para tener hijos.

¿No es esto lo que tendemos a hacer cuando Dios nos llama a hacer algo? Él nos da una promesa. Nos dice que Él quiere cumplir una promesa en nuestras vidas. Pero nosotros primero miramos y decimos, «¿qué tengo que pueda ofrecerle a Dios? ¿Cuáles son mis recursos naturales? ¿Cómo puedo hacer que esto suceda? Muchas veces nos vemos a nosotras mismas y encontramos que no podemos hacerlo. Nos sentimos insuficientes para llenar esa necesidad. 

Entonces en el capítulo 15, Abram regresa a Dios comprendiendo que su esposa Sarai no puede tener un hijo, y Abram ofrece quizás otras solución. 

Capítulo 15, de Génesis, versículo 1:

«Después de estas cosas (recuerda, Abram tiene setenta y cinco años de edad) la palabra del Señor vino a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram, 
yo soy un escudo para ti; 
tu recompensa será muy grande».

Para mí es muy grandioso que Abram, en medio de su caminar con Dios, Dios continuó revelándose a Sí mismo, revelándole a Abram que Él era Aquél que podía llenar sus necesidades. 

Versículo 2: «Y Abram dijo: Oh Señor Dios, ¿qué me darás, puesto que yo estoy sin hijos, y el heredero de mi casa es Eliezer de Damasco?» 

Abram dice, «no tengo un hijo, así que mi siervo, el mayordomo fiel de mi casa, Eliezer, ese es mi heredero». Y él le pide a Dios, «¿pudiera Eliezer ser ese hijo? ¿Será él la persona por medio de la cual se cumplan Tus promesas?»

Versículo 3: «Dijo además Abram: He aquí, no me has dado descendencia, y uno nacido en mi casa es mi heredero». 

En esta cultura, la costumbre era que el sirviente podría ser el que recibiera la promesa.

Versículo 4: «Pero he aquí que la palabra del Señor vino a él, diciendo: Tu heredero no será este, sino uno que saldrá de tus entrañas, él será tu heredero» (v.4). 

Esto se ve muy imposible, y de hecho lo es. Entonces en el versículo 5, Dios lleva a Abram afuera—¿no te ha ocurrido esta experiencia cuando te sientes muy pequeña e insuficiente y miras hacia arriba, hacia el cielo estrellado? Eso fue lo que Dios hizo con Abram. Él le dijo, 

«Ahora mira al cielo y cuenta las estrellas, si te es posible contarlas» (v.5). 

Claro, obviamente el punto es que jamás podrías contarlas. Hay un Dios en los cielos que es más grande y mayor que cualquier limitación, que cualquier circunstancia, que cualquier imposibilidad, que cualquier insuficiencia que puedas estar enfrentando. Cuenta las estrellas. Y Dios le dijo a Abram, 

«Así será tu descendencia. Y Abram creyó en el Señor» (v.6).

De manera que una vez más él tuvo este momento de incredulidad. «Señor, ¿podrías aceptar un sustituto? No parece ser que Sarai y yo podamos tener hijos. ¿Permitirías que mi sirviente sea la persona a través de la cual se cumpla esa promesa?» Y Dios le dice, «no, esa no es la forma en que esto va a acontecer. Este hijo saldrá de tu propio cuerpo. Tendrás un heredero y así es como serás una bendición para el mundo».

Pasaron once años, Abram no estaba rejuveneciendo y Sarai tampoco. Sarai es diez años más joven que Abram. Ella ha sido estéril todos estos años. Y ahora llegamos al capítulo 16 de Génesis, y Abram y Sarai –ya te lo puedes imaginar– se están poniendo un poco tensos acerca de esta situación, un poco preocupados. Una vez más tenemos este lapso de incredulidad. 

El versículo 1 del capítulo 16 de Génesis dice: 

«Y Sarai, mujer de Abram, no le había dado a luz hijoalguno…» El punto es: Nada ha cambiado. Abram tiene ahora ochenta y seis años de edad. Sarai tiene setenta y seis años de edad y ellos han estado casados por años. Por once años han tenido una promesa por parte de Dios, y no hay evidencia de que algo ha cambiado en sus circunstancias para hacer esta situación posible. Sarai no ha concebido hijos.

«…y tenía ella una sierva egipcia que se llamaba Agar. Entonces Sarai dijo a Abram: He aquí que el Señor me ha impedido tener hijos. Llégate, te ruego, a mi sierva; quizás por medio de ella yo tenga hijos» (Gén 16:1-2).

Ella solo estaba recurriendo a la costumbre pagana de esos tiempos, que consistía en que si eras estéril, podías como mujer estéril, hacer que una de tus siervas concibiera un hijo de tu marido, y este hijo entonces sería considerado tuyo. Así que de nuevo los vemos aquí tratando de ayudar a Dios a resolver esta difícil situación. Lo que ellos no entendían era que no era Dios el que estaba en una situación difícil. Ellos eran los que estaban en esa situación, no Dios. 

Y la Escritura dice que «Abram escuchó la voz de Sarai».

Y al cabo de diez años de habitar Abram en la tierra de Canaán, Sarai, mujer de Abram, tomó a su sierva Agar la egipcia, y se la dio a su marido Abram por mujer. Y él se llegó a Agar, y ella concibió» (Gén. 16: 3-4).

Ahora, ve hasta el final de ese capítulo, al versículo 15:

«Y Agar le dio a luz un hijo a Abram; y Abram le puso el nombre de Ismael al hijo que Agar le había dado. Abram tenía 86 años de edad cuando Agar le dio a luz a Ismael».

Es interesante que Dios continúa dándonos referencias acerca de la edad de Abram. Creo que Él desea que veamos que aunque las cosas lucen cada vez más imposibles, con Dios todas las cosas son posibles. 

Lo que sigue a continuación son trece años de total y absoluto silencio desde el cielo. El final del capítulo 16 nos dice: «Y Abram tenía ochenta y seis años cuando Agar le dio a luz a Ismael» (v. 16). El versículo inmediatamente después, capítulo 17, versículo 1, dice: «Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció...» No hay ninguna sugerencia de que él haya recibido palabra del Señor durante estos trece años. ¿Qué supones que él estaba pensando y sintiendo y experimentando durante esos trece años?

Algunas de ustedes tal vez se encuentran en un matrimonio difícil, por no decir imposible, por años, y no hay ninguna evidencia de que algo esté cambiando. Tal vez es un hijo obstinado por el cual has estado orando y llorando por largo tiempo para que Dios cambie su corazón. Durante años no has visto la evidencia de que Dios esté interviniendo en esta situación.

Tal vez es el anhelo por un hijo y has estado esperando y esperando en el Señor. Por años has esperado y aún no hay evidencias frescas de que Dios esté interviniendo en tu situación. ¿Qué haces? Esperas en el Señor. Tú esperas en el Señor. Porque Dios promete que aquellos que esperan en Él nunca serán defraudados.

¿Hay alguna situación por la que has estado esperando en el Señor y no estás viendo el cumplimiento de Sus promesas? Te has encontrado a ti misma tratando de ayudar a Dios y Dios te ha estado diciendo, «no, esa es tu forma, pero no es lo que Yo tengo en mente». ¿Qué haces entonces? Esperas en el Señor.

Carmen: Esperar en el Señor. Has sido animada a aferrarte hoy a Dios y creer en quién Él es. No hay nada más estable en que puedas fundamentar tu vida que en el único y verdadero Dios. 

Espero que el mensaje de hoy de Nancy DeMoss de Wolgemuth te haya ayudado a ver tu espera desde la perspectiva correcta. Este mensaje es el primero en la serie, «El-Shaddai: El Todosuficiente».

Una mujer que ha sido bendecida con enseñanzas como esta nos escribió,

«Cada programa, cada palabra es como bálsamo a mi vida. Aviva Nuestros Corazones es parte de mi devocional diario, y hasta las extraño los fines de semana que no hay programa... Qué riqueza y paz brinda el Señor a mi espíritu al escuchar estos estudios. Sigo creciendo cada día en mi fe. Él está redimiendo, transformando...»

Nos encanta leer testimonios de la obra maravillosa de Dios en las vidas de nuestras oyentes. Y estamos muy agradecidos por cada persona que hace esto posible por medio de sus oraciones, apoyo mensual, o compartiendo los recursos de Aviva Nuestros Corazones

En nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com, podrás encontrar un gran archivo de recursos que hemos producido para ayudarte en tu caminar con Cristo. Visítanos y haz uso de los videos, programas, artículos, libros, entre otros. 

Una oyente que ha sido bendecida por medio de estos, y bendice a otras con lo que ha recibido, nos compartió lo siguiente, escuchemos.

Fabiola: Llevo una carga en mi corazón porque yo decía, cada ideología, cada pensamiento, aún dentro de la iglesia, para mí era una carga, cómo ser una mujer bíblica. Quiero ser una mujer bíblica, quiero ser lo que Dios quiere que yo sea. No como lo que te pintan hoy en día, «empodérate, arrebata, y así...»

Entonces me dice, si quieres puedo decir que te agreguen a un grupo y ahí comparten audios y te va a gustar. Y yo pregunto, ¿son puras mujeres? Y me dice, sí son mujeres y son bíblicas. Entonces yo digo, bueno, que me agreguen.

Empecé a escuchar los audios y le digo, esto es lo que yo estaba buscando. Estaba buscando personas con esta visión de cómo ser una mujer verdadera para poder enseñar, porque definitivamente hay mucha necesidad, mucha falta de identidad aún dentro del cristianismo.

Uno como mujer no sabe el papel que debe desempeñar y la bendición que se pierde por querer estar bien y realmente no estamos bien. Entonces yo dije, qué bueno, voy a conocer mujeres bíblicas. Empecé a buscar más. Me empecé a meter a la página, también a YouTube, empecé a conocer, y de verdad ha sido de mucha bendición y de lo que he estado alimentándome, de los audios y la página, ha servido también para enseñar en radio y ha sido de muchísima bendición.

Carmen: Gracias Fabiola por compartir esto con nosotros.

Hay una gran satisfacción que viene cuando logramos arreglar cosas, pero a veces, en lugar de buscar la forma de arreglar el problema, necesitas detenerte y ver qué es lo que Dios hará. En el próximo programa Nancy nos hablará más acerca de esto. Regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Invitándote a no solo sobrevivir en la vida cristiana sino a tener una vida fructífera en Cristo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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