Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Mejor que la fuerza de voluntad

Annamarie Sauter: ¿Crees que para crecer en el camino de la fe solo necesitas más fuerza de voluntad?

Nancy DeMoss Wolgemuth: No podemos hacerlo por nosotras mismas. No podemos seguir Su ley por nuestra cuenta, no podemos conocer Su Palabra por nosotras mismas. Necesitamos Su ayuda. Necesitamos Su gracia. Necesitamos Su Espíritu para instruirnos en lo que la Palabra de Dios significa, y para poder someternos a ella y obedecerla.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura para hoy en el reto Mujer Verdadera 365 es Hechos capítulos 4 y 5.

Nos encontramos en una serie basada en el Salmo 119. Si te perdiste alguno de los programas anteriores, encuéntralo en AvivaNuestrosCorazones.com. Hoy Nancy inicia hablando sobre un estudio que se llevó a cabo hace pocos años.

Nancy: Algunas de ustedes tal vez estén familiarizadas con la investigación que hace George Barna sobre la religión en los Estados Unidos. Una de las cosas que él ha venido hablando desde hace unos años –que ha sido de gran preocupación para mi corazón– es todo este asunto del analfabetismo bíblico; personas que se llaman cristianas, se consideran seguidores de Cristo, pero que no conocen la Palabra de Dios.

No sé si ha habido un momento en mi vida, que es más de la mitad de un siglo ahora, en que la alfabetización bíblica haya estado tan en baja como lo está hoy. Un informe reciente de Barna sobre los resultados de sus investigaciones, hablaba de que el conocimiento bíblico no es una realidad en los Estados Unidos ni tampoco una meta. Él dijo:

«La lectura de la Biblia se ha convertido en el equivalente religioso de una cuña periodística. Por lo general, cuando las personas leen la Biblia, al abrirla leen un breve pasaje sin prestar atención al contexto y consideran la idea principal o el sentimiento que el pasaje proveyó. Si se sienten cómodos con ello, lo aceptan, pero de lo contrario, lo consideran interesante pero irrelevante para su vida, y siguen hacia adelante.

Sorprendentemente, existe poco crecimiento evidente en cuanto a la comprensión que tienen las personas de los temas fundamentales de las Escrituras, e increíblemente muy poco interés en la profundización de su conocimiento y en la aplicación de los principios bíblicos».

Estas fueron sus conclusiones como resultado de encuestar a miles de personas acerca de lectura de la Biblia. Él dice:

«Al momento de llegar a los 13 ó 14 años de edad, la mayoría de los estadounidenses consideran que ya conocen todo lo importante o de valor que la Biblia tiene que enseñar, y ya no están interesados en aprender más contenido de las Escrituras. En una cultura movida por el deseo de recibir valor, incrementar la enseñanza de la Biblia no se ve generalmente como un ejercicio en la provisión de dicho valor».

¿Captaste eso? La gente dice que si tiene un valor inmediato para mí, lo quiero, pero cuando a la edad de trece o catorce años ya creo que he captado todo lo que puedo extraer de allí, aprender o leer más no es una prioridad  para mí porque no encuentro valor alguno en ello.

Pues bien, esta forma de pensar es lo que está dando lugar, dentro de nuestras vidas, a los tiempos de menos moralidad, menos sabiduría, menos sentido común, menos virtud, entre los cristianos o los llamados cristianos en nuestras iglesias.

La carencia de conocimiento de la Palabra de Dios –y ni hablar de su aplicación, de ponerla por obra o de compartirla con otros– el conocimiento y entendimiento de la Palabra de Dios y de los caminos de Dios es tan abismalmente bajo, que las personas están dirigiendo sus vidas, están viviendo sus vidas, están tomando decisiones, están haciendo vida de iglesia sin hacer referencia al manual de Aquel que nos creó, que nos formó, que hizo la familia, que hizo la iglesia, y nos dice cómo todas estas cosas deben funcionar.

Ahora bien, sería fácil para mí quejarme de esto –y algunos de ustedes pensarán que  lo acabo de hacer– pero mi interés no es tanto quejarme como asombrarme acerca de  las maravillas de la Palabra de Dios. Si ya estás leyendo la Palabra de Dios todos los días, quiero animarte a que leas más.

Estaba con alguien la semana pasada, un predicador itinerante que está viajando por todo el mundo. Si yo tuviese el itinerario de este hombre, estaría en un estado permanente de desfase de horario. Él viaja todo el tiempo, predicando en todas partes, y me estaba diciendo acerca de cómo lee el Antiguo Testamento seis veces al año y el Nuevo Testamento todos los meses. Lo miré y le dije: «¿cuánto tiempo te lleva hacer eso?» Y él me dijo: «dos horas todos los días». Él escucha la Biblia en un CD y sigue el audio al mismo tiempo leyendo en su Biblia.

Ahora, algunas de ustedes estarán diciendo que no hay manera de que uno pudiera tomarse dos horas para esto. Bueno, tal vez no puedas. Pero, ¿qué puedes hacer? Si ya estás leyendo la Palabra de Dios todos los días, pídele a Dios que te muestre cómo podrías leer más. Y si no estás leyendo la Biblia constantemente, sino que la estás leyendo de forma esporádica, entonces haz el propósito de leerla regularmente.

Algunas de ustedes no leen la Biblia en lo absoluto. De seguro tienes que desempolvarla para llevarla a la iglesia (si es que la llevas a la iglesia). Así que donde quiera que estés, pídele a Dios que te lleve más lejos en tu caminar este año.

Ahora, es más que leer. La lectura por sí sola no es suficiente, y estamos hablando de esto en esta serie. Pero lo menos que puedes hacer es leerla. Todas las demás cosas —obedecerla, meditarla, compartirla con otros—no las podrás hacer a menos que la estés leyendo.

Hoy quiero concentrarme en dos conceptos. No sabía bien dónde ubicarlos en esta serie, así que solo voy a ponerlos aquí. Solo quiero desafiar tu pensamiento en estas dos áreas.

La primera es en relación a la meditación—la meditación de la Palabra de Dios. James Montgomery Boice ha escrito un gran comentario sobre los salmos que fue muy útil para mí en la preparación de esta serie sobre el Salmo 119, él dijo:

«La meditación es recordar lo que hemos aprendido de memoria y luego volverlo a pensar en nuestras mentes una y otra vez para ver la más completa implicación y aplicación de la verdad».1

Es una definición útil. Es recordar lo que hemos aprendido de memoria. Así que primero lo lees—lo memorizas. No tienes que memorizar toda la Biblia para meditar en ella. Pero tomas una parte, un versículo, una frase, una palabra, una estrofa, un capítulo, o un pequeño libro de la Biblia tal vez. Memorízalo, léelo una y otra y otra y otra vez. Mientras lo haces, le estás dando vueltas y vueltas en tu mente para ver las más amplias implicaciones y aplicaciones de la verdad.

Estás examinando. Es como cuando ves a un joyero que toma un diamante y lo mira desde todos los ángulos bajo luces diferentes que tratan de ver las diferentes facetas y las formas en que brilla.

El múltiple esplendor de las maravillas de la Palabra de Dios es tan magnífico. La meditación en la Palabra de Dios lo revelará a tu corazón. Ves este énfasis en la meditación durante todo el Salmo 119. Permíteme leer algunos de esos versículos.

«Meditaré en tus preceptos y fijaré mis ojos en tus caminos» (v.15)

Otra forma de describir la meditación consiste en fijar mis ojos en ella.

«Levantaré mis manos a tus mandamientos, los cuales amo, y meditaré en tus estatutos» (v. 48)

«¡Cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación» (v. 97)

«Tengo más discernimiento que todos mis maestros, porque tus testimonios son mi meditación» (v. 99)

«Mis ojos se anticipan a las vigilias de la noche, (¿y qué es lo que hace…contar ovejas? ¡No!) para meditar en tu palabra» (v.148)

No sé si es porque el salmista no podía dormir, o porque estaba tan entusiasmado con la Palabra de Dios que solo quería estar despierto y meditar. Lo que sea que haya sido, él solo quería meditar en la Palabra de Dios.

La palabra meditación que has escuchado una y otra vez aquí, es la palabra hebrea que significa «reflexionar, considerar, pensar en algo». Comunica la idea de pensar y pensar acerca algo en tu mente, ensayándolo una y otra vez, puede ser internamente reflexionando sobre ello en silencio, o recitándolo en voz alta con otros, comentándolo con otros. La meditación interna y el hablar de ella con otras personas, son diferentes formas de meditar en la Palabra de Dios.

A mi me gusta caminar con una compañera y he tenido muchas a lo largo de los años; y una de las cosas que me gusta hacer cuando estoy preparando una serie como esta –estaba caminando con una amiga en esta última semana y estuvimos hablando de estos temas. Le hablo de lo que estoy preparando para enseñar. Estoy meditando en eso. Lo estoy meditando una y otra vez en mi mente.

Algo que he estado meditando mientras he estado preparando esta serie es todas las veces que el salmista habla acerca de deleitarse en las leyes de Dios. La gente no se deleita en las leyes en general. ¿Cómo se deleitaba en las leyes de Dios y por qué? He estado reflexionando en esto. He estado meditando en ello. ¿Qué significa eso? ¿Cómo se llega a gozar de las leyes de Dios? Si no te gozas o te deleitas en las leyes de Dios, ¿por qué no lo haces? He estado meditando sobre eso. Lo he estado pensando. Lo estoy ponderando y hablando con los demás. Eso es meditación.

«Abre mis ojos», dice el salmista en el versículo 18, «para que pueda contemplar las maravillas de tu ley». Esa palabra contemplar significa «fijar sus ojos en ella, pensar en ella, para contemplarla, para prestarle atención». Significa mirar fijamente algo. No es solo un vistazo sobre la Palabra de Dios. Se trata de fijar la mirada en un versículo, o en una palabra, o un pasaje, o un concepto de la Palabra de Dios.

«Los impíos me esperan para destruirme; tus testimonios consideraré» (v. 95)

Medito sobre esto. Fijo los ojos en ello. Lo observo. Ahora, en el Salmo 119, vemos que la meditación en la Palabra de Dios está destinada a ser una forma de vida, algo que hacemos todo el tiempo, no solo en nuestro tiempo de quietud, o ese tiempo destinado a la meditación de la Palabra de Dios. Pero se supone que es algo que hacemos todo el tiempo. Te acodarás en Josué, el capítulo 1, la Escritura dice que si meditamos sobre la Palabra de Dios día y noche, vamos a prosperar en todo lo que hagamos. Medita en el día y en la noche en la Palabra de Dios.

El Salmo 1 habla acerca de meditar en la Palabra de Dios todo el tiempo. Esto mismo lo ves en el Salmo 119. Mira el versículo 55 por ejemplo:

«Por la noche me acuerdo de tu nombre, oh SEÑOR, y guardo tu ley»

Pensar en el carácter de Dios y en Su nombre y en Sus caminos, no solo durante el día, sino también en la noche.

«A medianoche me levantaré para darte gracias por tus justas ordenanzas» (v. 62)

Levantarse porque deseas despertarte para pensar acerca de las ordenanzas de Dios y alabarlo.

«Me anticipo al alba y clamo; en tus palabras espero» (v. 147)

Realmente, pienso que el salmista tenía problemas con el insomnio o algo parecido; pero es interesante cuántas veces él habla de meditar sobre las maneras de Dios durante la noche. «Espero en tus palabras».  

«Mis ojos se anticipan a las vigilias de la noche, para meditar en tu palabra» (v.148)

Y el versículo 164, cubre el resto del día:

«Siete veces al día te alabo, a causa de tus justas ordenanzas»

No creo que eso significaba que establecía una alarma, que dividía el día en siete períodos y que la alarma se disparaba cuando era el tiempo, aunque esa no es una mala idea. Y si tienes un teléfono inteligente o una alarma en el reloj o lo que sea para establecer los tiempos para detenerte y meditar en la Palabra de Dios, no sería mala idea. Pero el siete es el número de la perfección, es el número que implica que algo está completo. Y creo que probablemente a lo que él se refiere en realidad «es todo el tiempo, todo el día, cada vez que tengo la oportunidad». «Yo te alabo por Tus justas ordenanzas, por tus normas y por tus reglas. Estoy pensando en Tus caminos». De eso se trata la meditación.

Algunas de ustedes están familiarizadas con el comentario de Matthew Henry de la Biblia. Es un gran recurso. Él era un comentarista puritano. Tenía un padre piadoso llamado Philip Henry, que vivió a mediados de los años 1600. Y al hablar de su padre, Philip Henry, Matthew dijo:

«Cuando me exhortaba a estudiar las Escrituras, mi padre me aconsejaba tomar un versículo del Salmo 119 cada mañana, para meditarlo y así ir sobre el salmo dos veces al año».

Así que su padre le dijo que tomara un versículo del Salmo 119 por la mañana, y que meditara en este versículo durante el día. Haciéndolo de esa forma estarás yendo a través del Salmo 119 dos veces al año. Y también le dijo:

«Esto te enamorará del resto de la Escritura»; y solía decir: «crecemos en gracia a medida que crecemos en el amor por la Palabra».

¿Tú quieres amar la Palabra de Dios? Medita en el Salmo 119. Simplemente comienza a hacerlo. Medita sobre el salmo; tal vez un versículo al día, quizás léelo todos los días por varias semanas consecutivas. Solo te tomará 15 minutos leerlo completo. A medida que tu amor por la Palabra de Dios aumente, crecerás en gracia en todas las áreas de tu vida. La meditación comienza con la lectura, la lectura de la Palabra de Dios.

Me encanta esta cita de J.C. Ryle. Él dijo: «Dale a la Biblia el honor que se merece, cada día de tu vida. Si vas a leer, lee la Biblia antes que cualquier otra cosa».

Mi papá vivía ese principio. Él decía unas frases, pequeñas frases. Una de ellas era: «Si no hay lectura de la Biblia, no hay desayuno». Y él era un hombre que tenía que tomar el desayuno a las ocho de la mañana. Así que él iba a la Palabra antes del desayuno. Pero también tenía este hábito personal particular de no leer nada más en el día antes de leer la Palabra de Dios. Eso es lo que James C. Ryle dijo, «leas lo que leas, que primero sea la Palabra de Dios».

Creo que empezar el día con la Palabra de Dios es un gran hábito. Pero tal vez sea mejor para ti, cuando tus hijos estén durmiendo la siesta o cuando llegues a casa del trabajo. Eso sí, no trates de leer la Palabra de Dios cuando estés agotada al final del día o te dormirás y no podrás extraer mucho de ella.

Pero la meditación va más allá de la lectura. Se inicia ahí, pero va más allá. Y aquí hay tres preguntas que debes hacerte cuando estés meditando en un pasaje de la Escritura.

  • Número uno: ¿Qué nos dice este pasaje acerca de Dios? ¿Qué dice acerca de quién es Él y de lo que Él hace?
  • Número dos: ¿Qué dice este texto acerca de nosotros los seres humanos? ¿Qué dice esto acerca de la gente? ¿Cómo deberíamos ser y qué ha fallado?
  • Número tres: ¿Qué ha hecho Dios acerca de esto y qué es lo que espera de nosotros a la luz de lo que Él ha hecho?

Así que tienes: ¿Quién es Dios? ¿Quiénes somos nosotras? ¿Cuál es nuestra condición caída? ¿Y qué hace la gracia de Dios para resolver nuestra condición caída? Una manera útil de pensar acerca de la meditación de la Palabra de Dios.

Es muy importante que no aceleremos nuestra lectura de la Biblia. Mi padre, que puso tal énfasis en la lectura de la Biblia en nuestra casa, solía decir que hay dos cosas que nunca se deben leer con velocidad. Y él quería que aprendiéramos la lectura rápida—incluso nos hizo tomar un curso para aprender a leer rápido. Sin embargo, nos advirtió sobre dos cosas que no debíamos leer con velocidad: una eran las cartas de amor, y la otra era la Biblia. La Biblia es la carta de amor de Dios. Así que no corras a través de la Biblia.

A veces me encanta ir a un ritmo más rápido, pero asegúrate de que también estás tomando tiempo para meditar en porciones más pequeñas para reflexionar sobre ello. Me encanta lo que Spurgeon dice acerca de esto. Él dice: «¡Oh, sumergirme en un texto de la Escritura, y dejar que sea aspirado por el alma, hasta que se sature el corazón!»

Ahora bien, en los pocos minutos que nos quedan, quiero referirme a otro punto. Yo no sabía dónde meter esto, así que lo estoy pegando aquí. Simplemente creo que es realmente importante. Es otro punto que surge del Salmo 119. Y es que debemos recordar que necesitamos la ayuda de Dios para leer, estudiar, meditar, obedecer Su Palabra. No podemos hacerlo por nuestra cuenta, no podemos guardar Su ley por nuestra cuenta, no podemos conocer Su Palabra por nosotras mismas. Necesitamos Su ayuda, necesitamos Su gracia, necesitamos Su Espíritu para instruirnos en lo que la Palabra de Dios significa y para podernos someter a ella.

No es suficiente solo leer la Palabra de Dios. Estoy pensando acerca de un famoso ateo—seguramente has leído sus libros—que en realidad conoce muy bien la Escritura. Él ha estado realmente interesado en la lectura de la Biblia. Pero es un ateo. No tiene luz, no tiene el Espíritu de Dios que hace que Cristo sea real para él en la Palabra.

Necesitamos un maestro mientras leemos la Palabra de Dios. Y tenemos el mejor maestro, porque tenemos el autor, el Espíritu Santo para que nos explique qué significa la Palabra, y nos ayude a internalizarla y a personalizarla. Y Dios usa a otros maestros en nuestras vidas. Él usa a tu pastor. Él puede utilizar un programa como Aviva Nuestros Corazones. Pero ten en cuenta que no hay maestro como el Espíritu Santo. Hay un montón de grandes maestros de la Biblia. Yo quiero ser una buena maestra y una maestra útil de la Biblia, pero yo no quiero que dependas de mí para tu aprendizaje. Quiero que dependas del Espíritu Santo de la misma manera que lo debo hacer yo cuando la estoy estudiando.

Ha sido interesante que a través de todo el Salmo 119 tenemos diez referencias o peticiones de que Dios enseñe Su Palabra.

«Bendito tú, oh SEÑOR; enséñame tus estatutos» (v. 12)

«Quita de mí el camino de la mentira, y en tu bondad concédeme tu ley» (v. 29)

«Enséñame, oh SEÑOR, el camino de tus estatutos, y lo guardaré hasta el fin» (v. 33)

«Te ruego aceptes las ofrendas voluntarias de mi boca, oh SEÑOR, y enséñame tus ordenanzas» (v. 108)

¿No sería esta una gran oración para orar antes de ir a la iglesia? ¿O cuando estás de camino a la iglesia? «Acepta mis ofrendas voluntarias de alabanza, oh Jehová, y enséñame tus caminos».

«Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo, y enséñame tus estatutos» (v. 135)

«Hazme entender el camino de tus preceptos, y meditaré en tus maravillas» (v. 27)

«Dame entendimiento para que guarde tu ley y la cumpla de todo corazón» (v. 34)

Estos versículos y otros, comunican un sentido de dependencia de Dios. Necesitamos de Él para que nos ayude, para que nos dé hambre por la Palabra y para que nos la enseñe, para que nos ayude a entenderla, para que nos de deseo y anhelo por ella. Necesitamos el Espíritu Santo para todo eso. Así que pídele a Dios que te enseñe.

Muy a menudo cuando voy a la Palabra de Dios en mi momento de quietud, tengo una oración que he orado muchas veces en los últimos años. Viene de varios versículos de la Escritura.

«Abre mis ojos para que pueda ver las maravillas de Tu ley. Dame entendimiento y guardaré Tu ley y la obedeceré con todo mi corazón. Muéstrame Tus caminos, Señor, enséñame Tus sendas. Guíame en Tu verdad y enséñame. Porque Tú eres Dios, mi Salvador, y mi esperanza está en Ti todo el día. Enséñame lo que no puedo ver. Si he cometido iniquidad, no lo haré más».

Esta es una oración que usualmente oro antes de abrir la Palabra de Dios. Estoy diciendo, Señor, necesito que me enseñes y me ayudes a obedecerte.

Annamarie: Muchas de nosotras podemos conformarnos con simplemente leer la Biblia sin reflexionar, o simplemente no la leemos. Otras la hemos leído por mucho tiempo y llegamos a pensar que no necesitamos de Dios para leer Su Palabra.

Hoy Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha recordado la importancia de meditar en la Escritura y de que necesitamos la ayuda de Dios para leerla, entenderla y obedecerla. Ella regresa con nosotras para concluir leyendo el Salmo 90. Reflexiona en este mientras lo escuchas.

Nancy: SEÑOR, tú has sido un refugio para nosotros de generación en generación. Antes que los montes fueran engendrados, y nacieran la tierra y el mundo, desde la eternidad y hasta la eternidad, tú eres Dios.

Haces que el hombre vuelva a ser polvo, y dices: Volved, hijos de los hombres. Porque mil años ante tus ojos son como el día de ayer que ya pasó, y como una vigilia de la noche.

Tú los has barrido como un torrente, son como un sueño; son como la hierba que por la mañana reverdece; por la mañana florece y reverdece; al atardecer se marchita y se seca.

Porque hemos sido consumidos con tu ira, y por tu furor hemos sido conturbados. Has puesto nuestras iniquidades delante de ti, nuestros pecados secretos a la luz de tu presencia.

Porque por tu furor han declinado todos nuestros días; acabamos nuestros años como un suspiro. Los días de nuestra vida llegan a setenta años; y en caso de mayor vigor, a ochenta años. Con todo, su orgullo es solo trabajo y pesar, porque pronto pasa, y volamos. ¿Quién conoce el poder de tu ira, y tu furor conforme al temor que se te debe?

Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. Vuelve, SEÑOR; ¿hasta cuándo? y compadécete de tus siervos. Sácianos por la mañana con tu misericordia, y cantaremos con gozo y nos alegraremos todos nuestros días. Alégranos conforme a los días que nos afligiste, y a los años en que vimos adversidad.

Manifiéstese tu obra a tus siervos, y tu majestad a sus hijos, y sea la gracia del Señor nuestro Dios sobre nosotros. Confirma, pues, sobre nosotros la obra de nuestras manos; sí, la obra de nuestras manos confirma.

Annamarie: Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

1 C. H. Spurgeon. Treasury of David, p. 510.

2  Psalm 119 in Song. Susie H. Kimbrough.

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Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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