Podcast Aviva Nuestros Corazones

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos dice que cuando estés escogiendo tu ropa debes tener algunas cosas en mente.

Nancy: Algunos hombres de este mundo, y algunos hombres en nuestras iglesias son perversos. Tienen el corazón corrompido por el pecado y con malas intenciones.

Sentirán lujuria por las mujeres independientemente de cómo lo quieras prevenir. En el caso especifico de estos hombres, ¿por qué querrías ayudarles a pecar? ¿Por qué querrías poner aún más tentación en su camino?

Pero también hay otra categoría de hombres. Y creo que de estos hay muchos en nuestras iglesias. Hombres que no son perversos. Que tienen un corazón para Dios; que desean ser piadosos; que no son malos hombres pero como nos dice un escritor “Si hay entre vosotros algún débil”. Ellos son débiles.

Creo que el Rey David es una buena ilustración de esto. La Escritura nos dice que “Él era un hombre conforme al corazón de Dios” (ver Hechos 13:22).

Él fue un hombre cuyo deseo era ser agradable a Dios. Él no se levantó esa mañana y dijo, “voy a sentir lujuria, codicia hoy por una mujer.   Creo que voy a cometer adulterio. Creo que voy a mandar asesinar ese hombre para quitarle su mujer”. Inicialmente él no tuvo una intención malvada, pero él era débil.   Era débil, particularmente frente a la presencia de una mujer desnuda, y debo añadir que la mayoría de los hombres, en este caso serían débiles también.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

En la temporada pasada de otoño, Aviva Nuestros Corazones recibió un correo electrónico de una de nuestras oyentes. Ella trabaja en una universidad cristiana que describe como conservadora. Ella había escrito a la decana de las mujeres y nos compartió su carta. Había estado mirando los estilos de ropa en las tiendas y nos escribe:

Yo sabía que íbamos a tener un año escolar interesante, pero no estaba preparada para ver toda carne exhibida aquí. ¡Nunca había visto tantos pantalones cortos y tantas mini faldas desde los años 70! El año pasado varias de las esposas de los profesores comentaron sobre las luchas que alguno de los hombres tenían; no me puedo imaginar lo que tendrán que luchar este año. Lo que detonó todo fue cuando una estudiante que trabaja en la oficina se estaba arreglando sus muy cortos pantalones para asegurarse de que no estaba mostrando nada. Tengo que admitir que me dejó sin habla.

Esta radiooyente continúa diciéndonos que fue donde el decano y le preguntó lo siguiente. ¿Han considerado ustedes hablar sobre principios de modestia a las mujeres y al mismo tiempo instruirlas acerca de cómo deben de poner los intereses de los hermanos cristianos por encima de sus deseos de estar a la moda? Estoy entristecida porque veo a muchos padres cristianos que no tienen ni idea de lo que está sucediendo.

Bueno esta persona nos envió su carta a Aviva Nuestros Corazones y preguntó si ella podía poner algún material de Nancy en manos de estos decanos, y que le recomendáramos algún recurso. Le sugerimos el folleto de Nancy “La Apariencia”. Comentaré sobre esto más adelante en el programa. Les recomiendo que continúen escuchando en la medida en que Nancy continua en la serie, Modestia: ¿Le importa a Dios como me visto?

Nancy: No quería iniciar esta serie dándoles una lista de prendas de vestir ni de artículos y decirles “deben usar esto, y no deben de usar lo otro”. Hacerlo así es algo muy peligroso. Ahora bien, hay cosas que están bien claras que no precisan ser explicadas, y hablaremos de esas más adelante.

Pero sí creo que es importante sentar el fundamento de lo que estamos hablando en sí. Encuentro que muchas de las mujeres cristianas simplemente no tienen ni idea. No han sido entrenadas, ni enseñadas no han sido instruidas.

Tengamos mucho cuidado en ser muy duras con aquellas que no han tenido entrenamiento, que no han sido discipuladas. Esta es una de las razones por la cual tenemos la iglesia. Es por eso que tenemos la Palabra de Dios, el Espíritu de Dios, el rendir cuentas unas a otras y los grupos pequeños. Es para ayudarnos a crecer en estas áreas.

Algunas mujeres realmente vienen de trasfondos que integran   parte de la cultura actual a sus vidas. Ellas nunca han conocido ninguna otra manera de pensar. Antes de hacer señalamientos y juicios en nuestros corazones, vamos a preguntarnos, “Qué puedo yo hacer para animar a esa mujer en su caminar con el Señor”. Recuerden, la modestia tiene su inicio en el corazón. Es un asunto del corazón antes de venir a ser un asunto de la vestimenta.

Madres recuerden cuando traten de enseñar a sus hijas a vestir con modestia a no empezar con la vestimenta con la ropa. Si lo hacen así, será una buena forma de provocar un distanciamiento. Recuerden que quizás algunas de ustedes cuando eran niñas se distanciaron, quizás ya hace tiempo, porque padres estaban pensando más en lo externo y no en el corazón. Y también profundizaremos más sobre esto en otro segmento.

Pero hoy vamos a continuar enfocándonos en este principio el principio de la creación- entendiendo cómo los hombres y las mujeres somos diferentes. Esto nos da un fundamento para nuestro proceso de pensamiento como mujeres. El darnos cuenta de que los hombres están mentalmente conectados de manera diferente a nosotras las mujeres. Y ¡Dios los hizo así!

  • Los hombres son afectados por lo que ven, por lo visual.
  • Las mujeres somos estimuladas más por el contacto y las relaciones.

Cualquier persona que esté casada sabe que esa diferencia es real. Pero no solo es cierto sexualmente, es cierto también en otros asuntos de moralidad, vestimenta y otros.

Creo que uno de los pensamientos más comunes que las mujeres tenemos en el día de hoy en relación al tema de la vestimenta es “yo no tengo que ver si los hombres tienen luchas morales causadas por cómo me visto”. Ellos son los que deben de controlar sus mentes. Yo no tengo por qué cambiar como me visto solo porque ellos no se controlan.

Me pregunto si hay alguna mujer que haya pensado o dicho algo como esto cuando surge algún reto o algún desafío o algún cuestionamiento sobre su manera de vestir. Muchas veces ese reto de vestir con modestia va en contra de nuestra misma naturaleza. Es algo como “¿y por qué tengo yo que hacer tantos ajustes como mujer solo porque los hombres no pueden controlar su mente? ¿En realidad ese es mi problema?”.

Estamos hablando aquí de principios de modestia, y hablamos en la última sesión sobre la importancia de nunca poner piedra de tropiezo u ocasión de caer, o que incline a cualquier otra persona a pecar.

Usamos una imagen tomada de Richard Baxter, quien fue un pastor en los años 1600 quien dijo de nosotras las mujeres “que debemos andar en este mundo como si sostuviéramos en la mano una vela al entrar en una habitación llena de paja o de   pólvora”.

Debemos ser cuidadosas de que por nuestro vestir sugestivo o descuidado o cualquier otra cosa de nuestra apariencia o conducta, prendamos fuego al arsenal carnal de pasiones pecaminosas o lujurias y codicias en los hombres. Y eso sí es nuestra responsabilidad como mujeres.

Y les diré que una de las razones para pensar de esta manera es porque somos una familia. En las Escrituras, particularmente en el Nuevo Testamento, podemos ver este concepto, los creyentes siendo parte de una familia. Tenemos relaciones los unos con los otros, y debemos cuidarnos los unos a los otros y velar los unos por los otros.

Estoy pensando específicamente en 1era a Timoteo capítulo 5 que dice, “No reprendas con dureza al anciano, sino, más bien, exhórtalo como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos, a las ancianas, como a madres; a las más jóvenes, como a hermanas, con toda pureza” (vs.1-2). Ustedes ven, somos una familia de Cristo. Esto quiere decir que debemos cuidarnos los unos a los otros, y pensar en términos de los otros y no solo de nuestros propios intereses.

Así que en el día de hoy vamos a tratar otro principio o un conjunto de principios que se relacionan con este tema de la modestia y que afectan la manera en que nos vestimos. Vamos a ponerlo todo bajo esta sombrilla y vamos a llamarle: El principio de la edificación.

El principio de la edificación. Edificar significa “construir, animar, fortalecer”. En las Escrituras se nos dice que tenemos una responsabilidad en la familia de Dios de edificarnos, de ayudarnos, de no simplemente vivir para nosotras mismas.

Hebreos capítulo 10 versículo 24 dice Consideremos los unos a los otros para estimularnos al amor y a las buenas obras".

Cuando nosotras como mujeres llegamos a la iglesia, a nuestro lugar de trabajo, o al colegio, pensamos “¿Cómo puedo yo fomentar en estos hombres la santidad?”   Soy yo una vela que está entrando a este lugar.   Tengo mucho poder, tengo mucha influencia. Y si uso esa llama de la manera equivocada, puedo causar un incendio puedo causar una explosión.

El principio de la edificación dice. “Estoy dispuesta a vivir de acuerdo a la ley del amor”. Y ¿cuál es esa ley del amor? Esa ley dice, “tengo un compromiso de hacer lo que es mejor para los demás, en lugar de vivir mi vida egoístamente, solo haciendo lo que me complace”. Romanos capítulo 13 nos dice que el “amor no hace daño al prójimo; por tanto el amor es el cumplimiento de la ley (Versículo 10).

Ves, si has amado correctamente a los hombres a tu alrededor, a los hombres en el cuerpo de Cristo, entonces has cumplido la ley de Dios. La ley del amor dice, “Yo no quiero defraudar a los hombres que están en mi vida, a los hombres que Dios ha puesto   a mi alrededor".

Ahora, qué quiere decir defraudar. Esa palabra suena un poco anticuada y puede ser que no sea muy familiar para todos nosotras. Es una palabra que significa, “engañar, hacer creer”. Significa, “crear una expectativa que real y verdaderamente no se puede cumplir; una mujer que se viste como una promoción para el sexo de tal manera que provoca o tienta a los hombres a su alrededor”.

Si se viste o camina o se conduce de tal manera que manda ese mensaje, “Estoy disponible; aquí está mi cuerpo. Aquí está la invitación; ven a mi fiesta”, pero entonces verbalmente ella dice, “yo realmente no quiero que vengas a mi fiesta. Eso no fue lo que insinué o quise decir. Esa no era mi intención. ¡Oh, no yo no quiero hacer eso! No quiero involucrarme sexualmente; yo solamente quise vestirme así para mandarte una invitación”. Pero el hombre le dice, “Pero estoy aceptando tu invitación. Yo voy para tu fiesta”.

Ella le contesta, “Oh no, eso no era lo que yo tenía en mente”. Sabes tú lo que ella acaba de hacer. Ella defraudó a ese hombre. Ella le creó expectativas que en toda honestidad ella no podía satisfacer. La mayoría de las mujeres cristianas, pienso yo, no se percatan de cuándo están extendiendo una invitación como esa. Y no tienen en su mayor parte la intención de defraudar.

Ahora, sí hay mujeres que lo hacen de manera intencional y conscientemente, pero pienso que la mayoría de las mujeres cristianas no tienen ni idea en cuánto a estas cosas se refiere.   Simplemente queremos encajar con nuestro entorno y estamos haciendo lo que las demás hacen. Hacemos lo que nos sale natural y no nos damos cuenta que estamos defraudando.

Como ustedes ven, somos parte de una familia, y somos responsables por aquellos en nuestra familia que son débiles. En mucho de los casos esto se relaciona a los hombres. Ahora, eso no los hace estúpidos o tontos. Tampoco quiere decir que nosotras no seamos débiles también; las mujeres somos débiles pero  en áreas diferentes a los hombres.

Romanos capítulo 15, versículo 1 nos dice: “Así que, nosotros los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos”. Amigas, no sé de qué otra manera ponerlo o decirlo, “Si eres parte de la familia de Dios, si tú eres una hija de Dios tienes una obligación de no vivir para ti misma”.

Así es que en respuesta a la pregunta, ¿“Por qué tengo yo que cambiar mi manera de vestir si son los hombres a mi alrededor que no saben manejarse?”. La respuesta a eso es que somos familia. Tenemos una obligación soportar a los más débiles de edificarlos y no de agradarnos a nosotras mismas en esa situación.

Así es que Romanos capítulo 15 continúa con el versículo 2, “Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno para su edificación”. Ahí está la palabra para edificarle. “Pues ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: LOS VITUPERIOS DE LOS QUE TE INJURIABAN CAYERON SOBRE MI” (Versículo 3).

¿Saben? Algunos hombres de este mundo y aun hombres en nuestras iglesias son perversos. Tienen corazones malos, malas intenciones y sienten lujuria o codicia por las mujeres independientemente de lo que hagas para prevenirlo. Así es que en ese caso, ¿por qué quisieras ayudarles a seguir pecando? ¿Por qué querrías seguir poniéndole mayor tentación en su camino?

Pero también hay otra categoría completamente distinta de hombres. Y creo que hay muchos de estos en nuestras iglesias. Hombres que no son perversos. Hombres que tienen un corazón para Dios; que quieren ser hombres piadosos; ellos no son perversos. Pero como un escritor lo expresa, “Tus hermanos en Cristo puede ser que sean débiles”. Simplemente son débiles.

Yo creo que David el rey David es una buena ilustración de ello. Las Escrituras dicen que “El era un hombre conforme al corazón de Dios” (ver Hechos 13:22). Él era un hombre que quería agradar al Señor. Él no se levantó esa mañana y dijo, “creo que hoy voy a sentirme atraído por una mujer. Y creo que voy a cometer adulterio. Y creo que voy a mandar a matar a ese que es su esposo para yo poder tenerla a ella”. Su intención inicial no fue perversa, pero sí fue débil. Él era débil, particularmente en la presencia de una mujer desnuda, y la mayoría de los hombres lo serían.

Leí un artículo muy poderoso escrito por un hombre, anónimo. El artículo tenía el título de “El pecado de Betsabé,” y permítanme relatarles una porción de lo que este artículo decía. Este autor decía.

Ustedes hermanos míos en Cristo pueden ser débiles, y el diablo hará todo lo que pueda para debilitarlos aún más. Son forzados a vivir en un mundo en el cual continuamente son bombardeados con imágenes diseñadas por el enemigo de sus almas y dirigidas con el propósito de debilitar su moral y destruir la pureza de su corazón, y ¿deben las mujeres cristianas ayudar al diablo en este trabajo? ¿Deben ellas hacerse una tentación para los hermanos aun en la congregación de Dios?

Oh, que ustedes mujeres puedan entender el feroz y amargo conflicto en las almas de sus hermanos al ustedes provocar el despertar sus deseos sexuales ilícitos cuando despliegan descuidadamente sus encantos femeninos. Y que ustedes nunca más reclamen sus derechos de vestir como les plazca.

El hecho es que no tienen ese derecho. No tienen derecho de destruir con su vestir descuidado, al hermano por quien Cristo murió. “Tú fuiste comprada por precio por tanto no te perteneces” (Ver 1 Corintios 6:20).

Tú tienes un deber de glorificar a Dios en tu cuerpo, y vestirlo no como tú quieras sino como Dios quiere, y un poco de amor por las almas de tus hermanos removería de tu corazón el deseo de vestirte como quieras.

Así es que la pregunta es:

¿Por qué no diferimos?

  • ¿Por qué no limitamos nuestra libertad por amor a nuestros hermanos cristianos?
  • ¿Por qué no somos más cuidadosas?
  • ¿Por qué tenemos la tendencia de vestir de una manera que el mundo sabe que está diseñada para atraer la atención sexual? ¿Por qué?

Quizás alguna de ustedes recuerde a Keith Green, un músico cristiano que murió hace algunos años en un accidente. Su esposa, Melody, ha tenido un ministerio en esta área de la vida de la mujer cristiana. Permítanme leer la respuesta de ella a estas preguntas. Ella dice,

Desafortunada y aparentemente muchas cristianas están perdidas en su propio mundo egocéntrico, no están conscientes o no les importa el efecto que causan en los demás. Ellas quizás aparentan tener un amor fervoroso por el Señor; sin embargo con sus cuerpos están enviando señales totalmente diferentes.

Yo sé, porque lo he hecho, en parte por ignorancia, pero mayormente en rebeldía. Recuerdo haber pensado, “bueno, no es mi culpa que ellos no quiten sus ojos de mí y no miren al Señor. No son suficientemente espirituales. ¿Por qué tengo yo que cambiar si son ellos los débiles?

El Señor me mostró que era mi culpa. (La vela y la pólvora de nuevo).

Yo soy responsable por ser de tropiezo a mi hermano, y eso tenía que cambiar. Una vez me di cuenta del daño que mi egoísmo estaba causándole a los demás y al Señor, sentí vergüenza de mí misma y me sentí avergonzada de que estaba representando a Jesús de una manera tan inapropiada.

Como Jesús le dijo a sus discípulos en Lucas capítulo 17 en el versículo 1, “ Es inevitable que vengan los tropiezos, (va haber mujeres en este mundo que vistan de manera sensual) pero ¡Ay de aquel por quien vienen!”.

Así es que las Escrituras en el Antiguo Testamento nos dan el ejemplo, Job, que dijo, “Yo he hecho un pacto con mis ojos. ¿Cómo podré mirar a una virgen?”. Yo voy a guardar mis ojos. Nosotras pensamos que ese versículo es para aplicarse a los hombres, y lo es, y así debe de ser. Ellos deben hacer un pacto con sus ojos, de guardarlos.

¿Puedo sugerir aquí que las mujeres debemos también hacer un pacto? Nosotras debemos hacer un pacto de que por la gracia de Dios nunca más vestiremos o nos conduciremos de manera que seamos un estimulo sexual a los hombres al ver lo que hay en nosotras.

No crean que para estimular sexualmente a los hombres ustedes deben parecer una modelo de Cosmopolitan. De hecho en nuestra próxima sesión hablaremos de las cosas específicas que muchas mujeres cristianas usan que son estimulantes para los hombres.

Pero antes de que veamos estas cosas, solo tenemos que hacer un pacto. Puedes decir, “Dios, por tu gracia, Yo propongo en mi corazón, yo hago un pacto, de vestir de manera tal que no estimule en   los hombres el pecado en sus corazones.

Ahora, Señor, Yo te pido que nos des un sentido de seriedad, de lo importante que es conducirnos y vestirnos de manera que edifiquemos a los hombres a nuestro alrededor; y de que vivamos en la ley del amor y estemos dispuestas a diferir y a no defraudar; y que aceptemos el hecho de que sí somos responsables ante el hermano débil.

Ayúdanos a ser sensibles a la manera en que los hombres están conectados mentalmente y que son diferentes a nosotras, a tener un espíritu compasivo y desinteresado y estar dispuestas a servir en el cuerpo de Cristo, limitando nuestra propia libertad para poder bendecir y animar a los hombres a nuestro alrededor que verdaderamente quieren ser santificados, puros, y tener vidas piadosas.

Ayúdanos a inspírarlos a ser todo eso y nosotras a ser mujeres que cuando ellos entren en nuestras iglesias o entren a nuestras oficinas o en nuestros hogares no tengan que luchar y combatir con sus pensamientos pecaminosos para mantenerse puros. Ayúdanos a ayudarlos a tener victoria en sus luchas. Te lo pido en el nombre de Jesús, ¡amén!

Annamarie:¿Has estado tú poniendo algún tropiezo en el camino de tus hermanos en Cristo? Nancy DeMoss de Wolgemuth ha mostrado la importancia de hacernos esta pregunta.

Pregúntate a ti misma sobre la ropa que escoges:

  • ¿Qué comunica mi ropa y apariencia externa sobre mí y sobre mis creencias?
  • ¿Qué filosofía mundana he adoptado?
  • ¿Tengo yo que hacer algún cambio en la manera en que pienso sobre mi vestir y mi apariencia?

Estas tres preguntas vienen del folleto de Nancy “La Apariencia”.       Al leer este pequeño libro te encontrarás con preguntas como estas. Tendrás tiempo de orar por ellas, registrar tus pensamientos y reflexionar sobre acciones que debes de tomar. Estudiando “La Apariencia” con Nancy tu perspectiva sobre la modestia será transformada, de adentro hacia afuera.

  • Durante una pasada conferencia de Mujer Verdadera celebrada en Chatanooga, Tennessee, Dannah Gresh habló a las jóvenes sobre el tema de la modestia, vamos a ver aquí un poco de lo que ellas escucharon.

Dannah Gresh: Una de las cosas que quiero enseñarles   es sobre la famosa Teoría de Gestalt . Es una teoría que se usa en Diseño Gráfico y que uno de sus principios dice que cuando una imagen no está presentada en su totalidad, el cerebro se enfoca en lo que el ojo ve con detención y completa con la imaginación lo que falta de la figura delineada y su fondo, creándose una sensación de ansiedad ya que la imagen está perceptualmente incompleta.

Por ejemplo, cuántas de ustedes no se han recostado en el césped con su mejor amiga y se han puesto a mirar las nubes creyendo que ven en las figuras de las nubes a Bozo el payaso, o a alguien exactamente como mi abuela”. ¿Cierto? Es porque el cerebro humano desea completar algo. Quiere hacer sentido de las cosas, así es que los diseñadores usan esto a menudo.

Una de las cosas intrigantes para ambos tanto para el cerebro femenino porque nosotras nos comparamos con otros cuerpos de mujeres, y entonces el cerebro masculino, porque los varones están interesados en los cuerpos femeninos, es esta área de inmodestia.

Ahora, imagínate una muchacha con muy poca ropa, y hecha con poca tela. Ella está enseñando solo un poco de todo, solo un poquito de todo. En la medida que ella camina por el pasillo. Basándonos en la Teoría de Gestalt ¿qué va a suceder? Ellos, van a formar una imagen completa en su mente, ¿no es cierto?

Ahora bien, ¿cuántas de ustedes piensan que los que ven a esa muchacha, van a añadirle más tela, van a terminar ese pedazo de tela? No. No es más que ciencia. El hecho es que fuimos creados para hacernos preguntas sobre algunas cosas–, simplemente así es   que   funciona.

Por eso quiero que tomes muy seriamente este tema de la inmodestia primero y antes que todo porque estamos errando al blanco. Dios creó los más profundos secretos de tu belleza ¿para cuántos hombres? Uno. Solo para uno. Aunque nos veamos lindas, muchas veces las piezas más pegadas al cuerpo y con menos tela crean un nivel de interés y probablemente excitación en el cerebro masculino; e interés en el cerebro femenino….y quizás no lo sabes pero cuando lo entiendes, realmente es algo que no quieres causar---Es obsceno.

Annamarie: Esa era Dannah Gresh.

Como hemos visto hoy, los hombres y las mujeres somos diferentes cuando se trata de procesar imágenes inmodestas. El lunes Nancy continuará hablándonos acerca de estas diferentes perspectivas.

Aquí está Nancy con un pensamiento final.

Nancy: Yo puedo recordar que mientras crecía me parecía que nuestra familia era un tanto diferente a las demás. No en un sentido negativo, severo, o restrictivo, pero realmente éramos más conservadores que la mayoría de las demás familias que conocíamos.

Cuando expresábamos como niños “pero todo el mundo lo hace” lo que fuera en ese momento. No sé si mis padres decían exactamente estas palabras pero esta era la idea:   “Ustedes no son los hijos de todo el mundo ustedes le pertenecen al Señor”. Pero el hecho es que   captábamos la idea y llegamos a verlo como un privilegio. Ese era un llamado especial, y querer ser diferentes si en realidad eso era lo que se requería para poder influenciar nuestra cultura y pensar más bíblicamente sobre cada área de nuestras vidas.

Annamarie: Este es un tema a veces difícil de tratar, pero esperamos que hayas podido evaluarte a la luz de lo que Nancy ha expuesto hasta ahora. El lunes Nancy continuará con esta serie y esperamos que te unas a nosotras de nuevo.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.