Podcast Aviva Nuestros Corazones

Mentiras que las mujeres creen acerca de las circunstancias

Annamarie Sauter: Cuando conoces a Dios, no tienes que enfrentar ninguna dificultad sola.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Puedes intentarlo, y Dios puede permitirte que lo manejes por tu cuenta; pero parte de lo que Él está haciendo con las pruebas y las aflicciones es que Él está tratando de despojarnos de toda autosuficiencia y hacernos totalmente dependientes de Él y de Su gracia.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, autora del libro Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres, en la voz de Patricia de Saladín.

Este año la nueva edición del libro de Nancy, Mentiras que las mujeres creen salió al mercado. Este libro ha estado en circulación durante más o menos una década, con un millón de copias vendidas, pero Nancy amplió y revisó el libro con aproximadamente un treinta por ciento de contenido nuevo que refleja mentiras que nos tientan en el 2018. Visítanos hoy en AvivaNuestrosCorazones.com y conoce más sobre la disponibilidad de esta nueva edición, en español.

A lo largo de esta semana hemos estado repasando algunos de los conceptos que encontrarás en este libro. Aquí está Nancy.

Nancy: Bueno, una mujer me mostró un mensaje de texto que recibió en el teléfono de una mujer de su iglesia que ha estado en un estudio que ellas han estado haciendo sobre Mentiras que las mujeres creen.

Esta amiga le envió este mensaje de texto a la señora durante la grabación de este programa, y le dijo que podía compartirlo. Es solo una ilustración de cómo Dios usa Su verdad. Este relato de la obra de Dios en la vida de esta mujer corresponde a la primera edición de Mentiras que las mujeres creen; que está obsoleto, viejo, pero que Dios todavía lo usa porque la verdad es eterna. ¿No es así? Y el mensaje decía así:

«Gracias por hacer el estudio de Nancy con las mujeres. Este ha sido otro paso que Dios ha dado para acercarme a Él. Ha sido parte del rompecabezas para ayudarme a sanar. No fue mi decision perder a mi padre hace doce años. Nunca permití que mi padrastro tomara su lugar en mi corazón. Mamá perdió un bebé antes de que yo naciera y nunca se recuperó lo suficiente emocionalmente como para apoyarme. Mi apoyo venía de mi padre. A través de la gracia de Dios y de una serie de eventos orquestados por Dios, ahora me estoy esforzando mucho para darle a mi padrastro el lugar en mi corazón y en la vida, que Dios quiere que tenga. Quiero alentarte y agradecerte por impactar mi vida a través de este estudio».

Ahora, no sé cuáles fueron todas las circunstancias que rodearon esa historia. Suena como las de muchas de nosotras: confusión, circunstancias que conspiran para hacer la vida difícil. Vamos a hablar de eso hoy y de cómo la verdad nos puede liberar en relación con nuestras circunstancias, cualesquiera que estas sean.

Si no estás viviendo alguna circunstancia difícil en este momento, espera. Llegarán. En mi experiencia, o has pasado por una tormenta, o estás pasando por una ahora, o estás esperando una nueva. Entonces, cuando hablamos de mentiras que creemos en medio nuestras circunstancias y en la verdad que nos hace libres, ese es un tema al que todas debemos prestarle mucha atención.

Tenemos un compañero de trabajo que su esposa ha tenido una larga y dura batalla contra la leucemia desde el año pasado, y hace un par de días recibí un correo electrónico de este hombre, él decía:

«Mañana llevaré a Nikki a la unidad de cuidados intensivos en Sacramento para su biopsia de la médula ósea de este año. Esta es quizás la biopsia más importante en todo nuestro viaje contra el cáncer hasta este momento. ¿Orarías por nosotros mañana y durante los próximos días mientras esperamos los resultados? Por favor oren por paz en nuestros corazones y mentes, para que no estemos ni ansiosos ni temerosos».

¿No te alegras de que no tengamos que soportar estas cargas solas, de que podamos compartirlas con los demás? Todo nuestro equipo pudo leer su correo y está orando por Nikki y por Justin. Y luego, pienso en esa antigua canción: «No hay amigo como Cristo, no hay ninguno como Él». Cuando no hay nadie a quien contarle nuestras cargas o nuestras luchas, Él sabe, Él las conoce y le importan.

Bueno, le aseguré a Justin, después de recibir su correo electrónico, que Robert y yo estaríamos orando por ellos. Y luego le envié esta cita de Susannah Spurgeon, la esposa del gran predicador británico del siglo diecinueve, Charles Haddon Spurgeon. Esto fue lo que Susannah escribió:

«Como un médico mantiene su dedo en el pulso de un paciente que sufre para saber exactamente, con seguridad el límite en que el dolor puede ser soportado, así nuestro Dios sostiene nuestra mano derecha mientras pasamos por el horno de la prueba que se encuentra en nuestro camino hacia el cielo, para sostenernos a través de ella y traernos a Su debido tiempo para alabarlo por Su gracia consoladora y sustentadora».

En este mundo caído nadie está inmune a los diferentes tipos de dificultades y angustias. Elisabeth Elliot solía decir que las dificultades van, desde el tráfico hasta los impuestos, los tumores y todo lo que está en medio. Algunas de ellas son pequeñas molestias y estorbos en el transcurso de nuestros días, pero otras son eventos que alteran tu vida o que se llevan la vida.

Cuando estamos enfrentando esas pruebas, somos vulnerables a creer cosas que simplemente no son verdad. En el nuevo libro actualizado de Mentiras que las mujeres creen, que estaremos lanzando, en español esta semana, tratamos con muchas de esas mentiras que creemos acerca de las circunstancias. Estamos dedicando el libro al Señor y queremos que estés informada para que así puedas obtenerlo; ya sea en el centro de recursos durante la conferencia TW18 o de cualquier otra manera que te sea conveniente. Y que a través de sus páginas dejes que Dios te señale a la verdad que te hará libre.

Hoy estamos hablando sobre el área de las circunstancias. Tendemos a creer, por ejemplo, que: Si mis circunstancias fueran diferentes, yo sería diferente. No reaccionaria de esta forma si hubiera sucedido algo o si esto no hubiera sucedido. Otra mentira es: Yo no debería tener que sufrir. Todo el mundo sufre, pero yo no debería tener que hacerlo. O mis circunstancias nunca cambiarán. Esto continuará para siempre.

Cuando estás viviendo con, por ejemplo, un problema de salud o desafíos financieros crónicos, o dificultades matrimoniales crónicas, o una soltería prolongada, o con un anhelo por un hijo sin poder tenerlo, puede parecer que esto dura para siempre. Pero pensar que mis circunstancias nunca cambiarán o que esto continuará para siempre es una mentira.

Aquí hay otra: Ya no puedo soportar esto. Comenzamos a sentirnos así. Puede que no lo digamos en voz alta pero lo sentimos así. Aquí hay otra, no diríamos esta, pero comenzamos a vivir como si la creyéramos. Esta es la mentira: Todo se trata de mí, mi comodidad, mis problemas, mis circunstancias, mi situación, mis asuntos cambiando mi vida.

Me encanta leer sobre mujeres de Dios del pasado que conocían a Dios y creían en Él, incluso cuando sus circunstancias parecían insoportables. Me encanta leer acerca de cómo esas mujeres contrarrestaron esas mentiras que ellas, al igual que nosotras, eran propensas a creer. Ellas combatieron esas mentiras con las promesas de la Palabra de Dios. Me encanta leer cómo la verdad de Dios sustentó sus corazones a través de dificultades increíbles; así como la verdad de Dios ha sostenido tu corazón a través de algunas dificultades y puede que esté sosteniendo tu corazón ahora mismo al estar atravesando una gran dificultad. Así que cuando leo sus historias en el pasado y veo cómo Dios las cubrió con Su gracia y Su verdad en medio de sus circunstancias, eso me alienta.

Quiero introducirte hoy a algunas de esas mujeres. He descubierto sus escritos en uno de mis devocionales favoritos, lo estoy sosteniendo en mi mano, se titula Etapas del corazón: Un año de devociones de una generación de mujeres a la otra (disponible solo en inglés). Probablemente nunca has escuchado sobre muchas de estas mujeres. Pero al leer este devocional, como yo lo he hecho en los últimos dos años, llegarás casi a sentir que conoces a esas mujeres como si fueran tus amigas, tus mentoras. Te están señalando a Dios y a las mismas promesas que te sostendrán en tus circunstancias difíciles.

Esta copia que tengo aquí conmigo es nueva, pero mi libro en casa está marcado, subrayado y resaltado. He hecho marcas al lado de las oraciones. Así que muchas de las citas en este libro han sido muy útiles para mí. De hecho, si me sigues en Twitter o Facebook y quieres saber de dónde obtengo todas esas grandiosas citas de personas ya fallecidas, las obtengo de este libro.

En el día de hoy, al compartir sobre algunas de estas mujeres acerca de lo que dicen sobre sus circunstancias, quiero que escuches sus perspectivas, y que aprendas cómo ellas consolaron sus corazones con la verdad.

Te diré por adelantado que estas mujeres vivieron en los siglos diecisiete, dieciocho y diecinueve. Así que parte de su lenguaje es un poco singular. No es exactamente como hablamos nosotros hoy. Pero deja que sus palabras inunden tu corazón y te ayuden a encontrar la gracia de Dios en cualquier circunstancia que estés atravesando o estés por enfrentar.

Mencioné a Susannah Spurgeon. Ella vivió desde 1832 a 1903. Ella apoyó silencionamente a su esposo, Charles Haddon Spurgeon, a través de todos los desafíos, los altibajos de su ocupada vida y ministerio, y sirvió incansablemente a su lado.

Además de las incesantes demandas que el ministerio ejercía sobre su esposo, él también sufrió de problemas físicos debilitantes, así como también episodios recurrentes de depresión profunda. Susannah misma tenía una salud pobre que a menudo la dejaba postrada en cama y con mucho dolor. Aquí hay un par de cosas que ella dijo sobre sus circunstancias y su dolor:

«Las gotas de sal que ruedan por nuestras mejillas a través del sufrimiento físico, arrancadas de nuestros ojos por el dolor y la debilidad mortal, son vistas por nuestro amoroso Señor, son puestas en Su redoma. Su propósito con respecto a ellas se manifestará cuando su misión sea cumplida», (Dios no siempre nos muestra Sus propósitos en lo inmediato, pero ella dice que un día, cuando estos sufrimientos hayan cumplido su misión, Dios nos mostrará cuál era esa misión). Y sigue diciendo: «Y entonces la fuente de donde brotan estas penas se secará para siempre. Dios secará todas las lágrimas de tus ojos».

Sigue diciendo:

«Oh, cuán pequeños y livianos parecen nuestros mayores dolores, pérdidas y aflicciones cuando los iluminan los brillantes rayos de la tierra de gloria». (Mirar hacia el cielo fue una de las cosas que mantuvo a estas hermanas en la vida de la fe perseverando aquí en esta tierra sombría y oscura). «Allá arriba, (en la tierra de gloria) a donde pronto iremos, no hay nubes, no hay oscuridad, ni noches de dolor, ni días de tristeza; y después de todo, es un velo delgado y oscuro lo que nos separa de ese "hermoso hogar en lo alto". Así que anima tu corazón, pobre y tímida hija de Dios. Quizás no puedas ver tu camino en la tierra, pero vuelve tus ojos al cielo y mira larga y amorosamente hacia allí. No necesitas ver el camino aquí abajo, porque Él ha dicho que te guiará, y sabes que las tinieblas y la luz son lo mismo para Él. Pon tu mano en la suya y confía en Él, porque “con Su luz caminarás en las tinieblas”».

¿No son estas imágenes excelentes para ayudarnos? No tienes que ver el camino aquí abajo. Tú dices: «No puedo ver a dónde irá todo esto. Estoy tan confundida. No sé a dónde Dios me está guiando».

No tienes que saber dónde. Él lo ve todo. No es oscuro para Él. Mantén tus ojos en lo que está por venir, en las promesas de Dios, en el cielo que Él nos ha prometido, donde ya no habrá más dolor, tristeza ni sufrimiento. Mantén tus ojos en esa luz y deja que Dios mantenga Sus ojos en el camino. Mantén tu mano en la suya, y todo estará bien.

Hay otra mujer, se llama Ann. Y dice:

«La brevedad de la aflicción de los santos es materia de gran consuelo; es solo por un momento». (Tú dices: «Mi aflicción se siente como que es mucho más que un momento») «Un momento no es más que un breve espacio, la división más pequeña del tiempo, y en un momento se compara la duración de nuestras aflicciones más largas». (Ella está hablando de un pasaje en 2 Corintios, capítulo 4, que leeremos en unos pocos minutos, donde Pablo compara nuestras aflicciones con un breve momento, una aflicción momentánea). «Se supone que deberían durar mientras estemos en este mundo. Incluso toda nuestra vida; si se compara con la gran eternidad es solo un momento. . . . ¡Y qué consuelo es que mientras duran nuestras penosas aflicciones, Cristo está con nosotros en ellas! . . . Su presencia con nosotros en la aflicción lo iluminará» (Anne Dutton).

Es cierto que no parece ligero. No parece momentáneo, como dice Pablo en 2 Corintios 4, pero ella dijo que si Jesús está contigo, lo ilumina. Si tienes una eternidad con Él, eso significa que incluso si tu aflicción dura toda tu vida aquí en esta tierra, todavía es, de hecho, un momento.

Anne sigue diciendo:

«Los dolores no los padeceremos ni un momento más allá del tiempo señalado», (¿de quién es el tiempo? De Dios). «Ni excederán el grado señalado». (¿Quién establece el grado? Dios). «Pronto nuestra ligera y momentánea cruz se convertirá en una corona de gloria eterna».

Estas son las verdades que nos pueden liberar de la ansiedad, la depresión, el miedo y la opresión. Ahora, eso no significa que nunca estemos tristes o afligidas. Lo estaremos aquí en esta tierra. Pero estas cosas nos dan una perspectiva en medio de nuestro dolor.

Aquí tenemos otra mujer: Susan Huntington. Ella cita extensamente en este libro, Estaciones del corazón. Ella vivió entre estas dos primeras mujeres, la señora Spurgeon y Ann Dutton. Vivió en Nueva Inglaterra. Susan Huntington sufrió una gran aflicción física a lo largo de su corta vida. Ella vivió solo hasta la edad de treinta y tres años.

Cuando tenía veintitantos años perdió a sus dos padres con pocos meses de diferencia. Dos años más tarde, cuando tenía ocho meses de embarazo, su esposo murió, y menos de tres años después, dos de sus hijos murieron. Ahora, eso es mucho sufrimiento en un corto espacio de tiempo, pero esto fue lo que Susan Huntington escribió en medio de todo esto:

«Es un gran deshonor para nuestro compasivo Dios dudar de si Él nos sostendrá en nuestra situación extrema o tendremos temor de que Él coloque sobre nosotros más carga de la que Él nos permitirá soportar. No, no, no puede ser». (¿Qué no puede ser? Que Dios colocara más carga en nosotras que la gracia que nos dé para llevarla). «Solo confiemos todos nuestros intereses y a nosotras mismas sin reservas a Aquel que nos amó hasta la muerte, y estaremos a salvo».

Bueno, Susan Huntington murió a los treinta y tres años de una enfermedad dolorosa. Y mientras reflexionaba sobre su corta y dura vida, esto fue lo que dijo: «Mi camino ha sido duro». Dios no nos pide que pretendamos que estos problemas no existen, que huyamos de la realidad. Él dice que los problemas existen. Este es un mundo caído y quebrado. Por eso ella dice:

«Mi camino ha sido duro; pero no he tenido una prueba que mi Padre celestial pudiera, en fidelidad, haberme librado. Él solo me ha tratado con bondad amorosa y tierna misericordia. No tengo dudas ahora, veré más adelante que todos sus tratos conmigo han sido para mi bien».

Lo que ella está diciendo es: «No puedo ver todas las razones ahora, pero confío en que cuando esté con Él (que estaba a la vuelta de la esquina), veré que cada prueba que ha traído a mi vida fue para mi bien y absolutamente necesaria».

Déjame presentarte a otra mujer. Su nombre es Mary Winslow. Vivió desde mediados del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX. Ella nació y se crió en las Bermudas y luego se mudó a Inglaterra con su esposo. Cuando tenía treinta y nueve años, su familia enfrentó una crisis financiera, y ella y sus diez hijos en ese momento emigraron de Inglaterra a Nueva York.

Su esposo planeó seguirla una vez que ella y los niños se asentaran, pero poco después de su llegada, la hija menor de Mary, su única hija, murió. Antes de poder enterrar a la niña, recibió la noticia de que su marido en Inglaterra también había muerto. Así que ahora Mary Winslow había quedado viuda, afligida y responsable del cuidado de sus nueve hijos pequeños.

Durante meses luchó con la soledad, el desaliento y la ansiedad. ¿Cómo podría ella llegar a fin de mes? Y si tú estás escuchando este programa el día de hoy, y te estás haciendo el mismo tipo de preguntas, tal vez los detalles de tu historia son un poco diferentes pero, para ti, son igual de reales, son aún más reales. Y te preguntas: ¿cómo voy a lograrlo? ¿Cómo voy a alimentar a estos niños? ¿Cómo voy a superar todo esto?

En un punto, particularmente desesperada, abrumada por un sentimiento de debilidad e insuficiencia, Mary Winslow se arrojó sobre el Señor y recibió la seguridad de que Él sería un Padre para sus hijos huérfanos. Ella escribió de ese momento:

«Sentí que Dios estaba conmigo, y mi alma se llenó de alegría y reverencia santa».

Cuando miró hacia atrás y vió la gracia que había experimentado en su aflicción, esto fue lo que escribió:

«¡Qué indescriptiblemente precioso y dulce es cuando podemos creer que Dios, nuestro Padre celestial, está dirigiendo absolutamente las circunstancias más mínimas de nuestra corta estadía en este mundo salvaje! Que nada, por trivial que sea, ya sea que se relacione con el cuerpo o el alma, está fuera de Su control, de hecho, ¡está ordenado por Él mismo!

Pero qué difícil es creer esto, particularmente cuando las cosas se ven oscuras y no podemos discernir la forma en que las debemos tomar. Es, entonces, la providencia de la fe y de esperar en el Señor, lo que hace que mantengamos un ojo firme sobre Él solamente, buscando luz, ayuda y liberación, no de la criatura, sino de Jehová mismo.

Un momento, (y ese es, por cierto, uno de los temas comunes de estas mujeres, que vieron que esta vida es corta, y estas pruebas, por lo tanto, son momentáneas. Pueden pasar otros veinte, treinta, cuarenta, cincuenta años, pero ella dijo, poco tiempo) y se nos concederá tomar posesión de nuestra gloriosa herencia, y todas nuestras pruebas, cruces y pobres desilusiones de corta duración son bendiciones tan ricas, encubiertas, para prepararnos para ello».

Ves, esas dificultades, esas cruces, esas pruebas, son bendiciones disfrazadas, escribió esta mujer, para prepararnos para esa gloriosa herencia final que experimentaremos dentro de poco.

Bueno, solo una mujer más. Su nombre es Sarah Hawkes. Ella era británica. Vivió a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Ella tuvo muchas enfermedades físicas. Sufrió mucho durante muchos años y tuvo una muerte dolorosa.

Hoy enfrentamos mucho sufrimiento físico, pero creo que a veces damos por sentado cuán afortunadas somos de tener tantos avances médicos que nos evitan parte de esa agonía y angustia física que muchas personas experimentaron en mayor medida en el pasado. Y ella fue una de estas. Tuvo una muerte dolorosa. Pero escribió:

«Una cosa que debes recordar constantemente o desmayarás (te rendirás, te desanimarás) en el día de la adversidad: (¿Qué es eso?) Debes saber que no estás llamada a asumir ni una sola dificultad en tu propia fuerza».

No tienes que hacerlo sola. Lo que ella está diciendo es: No tienes que hacerlo sola, puedes probar. Y Dios puede dejarte tratar de manejarlo por tu propia cuenta. Pero parte de lo que está haciendo con las pruebas y las aflicciones, pueden ser físicas, puede tratarse de muchas áreas diferentes de nuestras vidas, tal vez pequeñas cosas, tal vez grandes cosas, Él está tratando de despojarnos de la confianza en nosotras mismas y hacernos totalmente dependientes. Él y Su gracia. Siempre debes tener esto en cuenta o te desanimarás cuando te encuentres frente a la adversidad. No estás llamada a enfrentar ni una sola dificultad en tu propia fuerza.

Permíteme regresar a ese pasaje en 2 Corintios 4, que muchas de estas mujeres mencionaron. Comenzando en el versículo 16, Pablo, el apóstol que experimentó gran aflicción física, sufrimiento y pruebas, muchas de ellas relacionadas con la proclamación del evangelio, dijo:

«Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior (este cuerpo físico) va decayendo…»

Y eso es cierto para todas nosotras, por cierto. Si has nacido, has comenzado a desgastarte, a ir decayendo. Algunas de nosotras que hemos vivido lo suficiente, somos más conscientes de cómo nuestro hombre exterior se va consumiendo, mientras nuestro hombre interior se renueva, se reabastece, rejuvenece, se restaura, se aviva.

«... sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día. (Al mismo tiempo en que físicamente y de otra manera estamos siendo bombardeadas por problemas, presiones y pruebas). Pues esta aflicción leve y pasajera…»

Así es como él la llama, leve aflicción momentánea. Sabes, cuando estamos pasando por algo realmente difícil, tenemos que mirarnos al espejo y decir: «Esta es una ligera aflicción momentánea». Dilo conmigo: esta es una ligera aflicción momentánea. Y la forma en que lo repitas puede revelar si realmente estás convencida de eso. Tienes que decirlo con énfasis: ¡Esta es una leve aflicción momentánea! Él continúa diciendo,

«... esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación, al no poner nuestra vista en las cosas que se ven (los problemas, las pruebas, las presiones), sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales (están desapareciendo; no durarán), pero las que no se ven son eternas» (vv 16-18).

Y entonces, ¿cuál es la verdad que nos libera en medio de circunstancias dolorosas, aflicción, y adversidad?

Nuestras aflicciones aquí en la tierra son momentáneas; son ligeras en el gran panorama de las cosas. Y nuestro Padre determina la duración de nuestro sufrimiento. No durará para siempre. Sí puede durar toda la vida, pero no durará para siempre.

El sufrimiento puede producir frutos dulces en la vida de un creyente y prepararnos, entrenarnos, equiparnos para la eternidad. Dios nunca, nunca abandonará a Sus hijos. Él estará con nosotros en cada dificultad, en cada prueba que enfrentemos. Y la verdad es que por el gozo que nos espera en el cielo habrá valido la pena cada momento de aflicción que hayamos experimentado aquí en esta vida.

Bueno, esta verdad es tan poderosa, y es por eso que quiero alentarlas a que obtengan una copia y lean el nuevo, actualizado y ampliado Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres. Así podrás leer algo más acerca de estas mujeres de las que hablamos en el programa de hoy, en la nueva versión de este libro.

Quiero pedirte que me acompañes y oremos juntas:

Gracias, Señor, por estas increíbles palabras de aliento de estas mujeres que sufrieron, algunas de ellas más que muchas de nosotras. Pero todas nosotras tenemos situaciones que son duras, difíciles, desafiantes, cosas que nos hacen llorar, que nos hacen sentir tentadas a dudar de Ti, de Tu bondad y de Tu presencia.

Ayúdanos a aconsejar nuestros corazones según la verdad, a tener buen ánimo, a perseverar, a soportar, sabiendo que estas aflicciones momentáneas y ligeras cederán el paso a un eterno peso de gloria, antes de lo que podamos imaginar.

Ayúdanos a ser fieles, y que nuestras vidas muestren a los que nos rodean en quién confiamos, en quién nos apoyamos. Nos apoyamos fuertemente en un Dios eterno que no desmaya, que no se cansa y que hace que todas las cosas en este mundo obren de acuerdo a Sus buenos propósitos. Y por eso te damos gracias, oh, Dios fiel, en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth. Mañana ella concluirá esta breve serie sobre las, «Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres».

Y antes de concluir este programa escucha de Maggie de Michelén. Ella comparte con nosotras el impacto que este libro tuvo en su vida.

Maggie: Desde el 2003 tengo en mis manos el ejemplar en inglés de las Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres. Todavía nosotras no conocíamos el ministerio de Revive Our Hearts; pero al leerlo, las verdades contenidas en él, me dieron mucho que pensar. En el 2007 obtuve el ejemplar en español y al releerlo, esta vez en mi idioma, tuve que pensar mucho más.

El aire que respiramos está lleno de mentiras, de engaños, de distorsiones, pues el príncipe de este mundo es el príncipe de las tinieblas. Como creyentes nosotras no estamos exentas de ser impactadas con sus dardos de fuego. Sutilmente algunas mentiras estaban en mi esquema de pensamiento. Pero entender que la vida no se trata de mí, sino de colocar al Señor en el centro de todo, ha reenfocado mi mente en cuanto a que pase lo que pase, mi Dios es bueno, que usa mi esposo, mis hijos, mis emociones, mis circunstancias y aún mi pecado para hacerme bien, lo que es ser conforme a Jesucristo.

La conclusión del libro con sus veintidós verdades liberadoras, fueron material de estudio para mí por mucho tiempo. Las copié y las llevaba conmigo a donde quiera que iba. Aún hoy en día las repaso. Dios me concedió el privilegio de enseñarlo en la escuela dominical dos veces, y otras tantas en grupos pequeños. Creo que esto aunó el pensamiento de gran parte de las mujeres de nuestra iglesia. Algo jocoso que me sucedió fue lo siguiente:

Estaba de vacaciones con mi esposo en Londres caminando por un parque. Dos parejas jóvenes nos entregan un papelito...era un tratado acerca de la salvación. Les recomendé que oyeran Revive Our Hearts y ¿adivinen qué? Conocían el ministerio y precisamente las mujeres estaban estudiando este libro de las mentiras.

Salté de alegría, las abracé y las besé. Me di cuenta de que el alcance de Revive Our Hearts, y todos sus recursos, no conocían fronteras. Dios los usa para edificar Su reino sobre la tierra. Esto es causa de gran regocijo para mi corazón.

Annamarie: Gracias Maggie por compartirnos este testimonio. Es nuestro deseo que cada oyente que lea este libro sea grandemente edificada. Y no olviden visitarnos en AvivaNuestrosCorazones.com para saber más sobre la disponibilidad de la nueva edición de este libro.

Te esperamos mañana para un próximo programa aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Conociendo la verdad que nos hace libres, juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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