Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Mujer Verdadera 365: El reino dividido (Reyes y Crónicas), día 2

Annamarie Sauter: Con nosotras, Ana Nin de Olivo.

Ana Nin de Olivo: Así como Dios envió liberación, así como Él liberó a Su pueblo de la cautividad en el exilio, asimismo Dios lo hace con nosotros hoy en día porque Él envió a Cristo. El pecado, la muerte, no tienen la última palabra. El Señor tiene la última palabra. Dios la tiene en Su plan de redención. Ese es nuestro Dios.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Ayer escuchamos la primera parte de una conversación en la que estamos reflexionando sobre el contenido de los libros de los Reyes y los libros de Crónicas. Para esto nos acompañan Patricia de Saladín y Ana Nin de Olivo.

Patricia de Saladín: El día de hoy tengo conmigo una vez más a Ana Nin de Olivo en el estudio.

Hola, Ana, ¿cómo estás?

Ana: Hola, bien gracias a Dios. Nuevamente gozosa de poder estar aquí y compartir la reflexión sobre la palabra que tiene poder la Palabra de Dios.

Patricia: Para mí es un gozo compartir esto aquí contigo. Te comentaba que me encanta tu tranquilidad, tu suavidad; me ayuda.

Ana: Wow, Su gracia es mayor.

Patricia: Amén, es la gracia de Dios que nos sostiene. Y el día de hoy vamos a estar viendo los libros de primero y segundo de Crónicas, que al igual que primero y segundo de Reyes, también originalmente eran un solo libro. Y vamos a comenzar con las preguntas básicas: el autor, el mensaje central del libro. 

Ana, ¿quién se cree que es el autor de estos libros de primero y segundo de Crónicas?

Ana: La tradición la atribuye a Esdras, pero en realidad no se sabe quién es. Se piensa que es Esdras porque él estaba interesado en el restablecimiento de la ley y el templo, y tuvo acceso a las fuentes históricas. Otra razón por la que se cree que puede ser Esdras, es que los últimos versículos de estos libros coinciden con los primeros del libro de Esdras. Pareciera que el primero y el segundo libro de Crónicas tienen contenidos repetidos, pero el libro es único e importante y resume todas las Escrituras judías y está al final, como cierre de las Escrituras judías.

Patricia: Es así. Y me encanta el mensaje central del libro y entiendo porque cierra las Escrituras judías, porque es que este libro trae la esperanza de un nuevo rey mesiánico y la esperanza de un nuevo templo. Y podemos ver otra vez ese Dios fiel a Su pueblo, ese Dios que mantiene Su pacto con David. Pero Ana, este libro comienza con unas largas genealogías, a diferencia de primero y segundo de Reyes. Podemos tender a saltar esas genealogías, pero en realidad son importantes. ¿Por qué serían importantes en este caso las genealogías?

Ana: Dentro de varias razones, una de ellas es que, por ejemplo, enfatiza dos linajes claves: el del rey prometido, Judá hasta David y luego hasta sus días, y también el del linaje de Arón, el linaje de los sacerdotes que servían en el templo. Principalmente por esas dos razones, pero también me acuerdo cuando hice el devocional, cómo el Señor me iba mostrando por qué esto era tan importante. Uno tiende a decir, «no, no es necesario», pero sí, toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil porque no solamente nos enseña y nos corrige, sino que nos revela detalles del carácter del Señor.

Y pude ver en las genealogías cómo con cada familia Dios tiene un propósito. No es casualidad que Dios nos haya colocado en familias específicas. Eso me llamó mucho la atención. El Señor trajo esto a mi corazón. No es casualidad que tú seas parte de la familia en que estás, Dios te puso ahí con un propósito, reflejarle a Él y ser tallado por Sus manos, conforme a Su carácter, el de Cristo.

Patricia: Amén. Me viene a la mente el texto de Isaías que dice: «te puse nombre, mío eres tú». Dice: «Trae de lejos mis hijos y mis hijas, para gloria mía los he formado, los creé, los hice». Así es, Dios nos conoce por nombre antes de que nosotras nos conozcamos a nosotras mismas. Pero el autor aquí vuelve a las historias de David, las historias que vimos en primero y segundo de Samuel, pero, sin embargo, deja fuera las historias negativas de David.

Y vemos a este David ahora, organizando la construcción del templo, y lo presentan como ese tipo de Moisés, semejante a Moisés, semejante a ese futuro Rey de Israel que vendría. Recordemos que ese es el tema, es ese Rey mesiánico. Él es la imagen. Quieren presentar a David –porque era de la línea de David que vendría– como ese tipo futuro de ese Rey –con mayúscula– de Israel. Pero deja bien claro que ninguno de estos reyes, ni David, ni Salomón su hijo, ni ninguno de los reyes del linaje de ellos, es ese Rey mesiánico que todavía ellos están esperando.

Me encanta que las historias de primero y segundo de Crónicas, realmente lo que sostienen es esa esperanza para el futuro, porque sabemos que ese Rey ya vino por primera vez, y ese Rey venció y aplastó la cabeza de la serpiente, pero estamos esperando ese Rey mesiánico que vuelve. Vuelve otra vez en gran poder y gloria.

Ana: Sí, Patricia, y para resaltar esa esperanza se enfoca en el linaje de David y deja fuera a todos los reyes desobedientes de Israel y resalta las historias de los reyes que obedecieron, y cómo eso llevó la bendición de Dios. Nuestro Dios quiere que aprendamos de la historia para que seamos fieles a Él.

Patricia: Me encanta –aunque nos estamos adelantando– pero me encanta ese final de ese libro donde Ciro, el rey persa, finalmente permite que ellos regresen a su tierra y reconstruyan la ciudad y el templo. Pero se ve que ese final está incompleto porque está apuntando hacia adelante, a lo que decimos, a ese Mesías, a otro regreso del exilio. Pero entonces mira ese pasado como una fuente de esperanza que busca un final que aún no ha llegado.

¿Y cómo sabemos? Bueno, por ese contexto histórico de cuando esto se escribió. Fíjate que tú misma me decías una lista de cosas que no había. Por eso ellos sabían que ese no era el final, todavía estaban esperando algo por venir. Este pueblo, en ese regreso de Ciro, ¿qué enfrentó? Enfrentaron otras cosas que no eran definitivamente ese reino glorioso. Ellos estaban viendo el cumplimiento de la fidelidad de Dios llevándolos de regreso a la tierra, pero ¿qué había en esa tierra?

Ana: No había rey hebreo sino más bien gobernante persa. Inclusive no había seguridad para Jerusalén. Por esa razón Nehemías tuvo que reedificar el muro. Tampoco había templo y los judíos ya no dominaban la región. Dicho de otra manera, su futuro se veía como oscuro, comparado con ese pasado majestuoso, especialmente en el tiempo de David y Salomón. Pero ¿qué toca mi corazón? ¿Qué pude ver en estos libros? El deseo del corazón del Señor de restablecer la identidad del pueblo de Israel como Su pueblo escogido.

El Señor, a través de estas genealogías, le recuerda al pueblo quiénes son, por quién fueron formados, quién es su Dios. Qué hermoso, el Señor quiere restaurar nuestra identidad como Sus hijos, como Su pueblo.

Patricia: Y cómo Dios quería bendecirlos en el futuro, a pesar del fracaso moral. Y otra vez vemos ahí la gracia de Dios, a pesar del fracaso moral y espiritual de la nación por lo que habían pasado; porque realmente pasaron por mucho. La fidelidad de Dios al pacto con David, con Abraham, con Isaac, con Jacob… por Su pura gracia ellos seguían siendo el pueblo de Dios, Él seguía siendo su Dios.

Esa promesa que corre a través de toda la Escritura que dice, «ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios», estaba ahí cumpliéndose a cabalidad. Dios en Su maravillosa fidelidad y en Su amor inagotable, en Su misericordia, todo eso que hemos visto del carácter de Dios, se vislumbra con ese rayo que anuncia hacia el futuro la mayor de las esperanzas.

Entonces, ¿cómo podemos decir que vemos aquí –además de esto de que estamos viendo la gracia de Dios– cómo vemos aquí la historia de redención? 

Ana: Yo puedo ver la historia de la redención en la liberación de la cautividad del pueblo de Dios que estaba en el exilio. Cómo el pecado, nuevamente, no tiene la última palabra en ninguna de nuestras vidas. ¿Por qué? Porque tanto nos amó Dios, que envió a Su Hijo, a Su único Hijo a rescatarnos. Así como Dios liberó a Su pueblo de la cautividad en el exilio, asimismo Dios lo hace con nosotros hoy en día porque Él envió a Cristo. El pecado, la muerte, no tienen la última palabra, la tiene el Señor, la tiene Dios, la tiene Su plan de redención. Ese es nuestro Dios.

Patricia: Amén. Y ahora que tú lo dices, es como otro éxodo, así como Dios sacó a la nación de Egipto, ahora la sacaba del exilio; y es como una vez más, Dios al rescate. Ese Dios que salva, ese Dios que rescata, como dices, que «nos rescató a nosotros de nuestra vana manera de vivir, no con cosas corruptibles como oro y plata, sino con la sangre preciosa de Su Hijo». Y Dios no va a permitir que esto se quede sin cumplimiento, porque al final, está esa promesa de que ahora Su pueblo, nosotros, somos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para Su posesión. Y hemos recibido toda bendición espiritual porque estamos ahora en Cristo.

Ana, ¿cómo vemos el evangelio en este libro? 

Ana: Lo podemos ver como el perdón y cómo se manifiesta ese perdón y esa gracia de Dios, a pesar del pecado y sus consecuencias. A pesar de la idolatría de Su pueblo, vemos como Dios lo libera y lo retorna. Vemos tan claramente ese perdón y esa gracia de Dios manifestándose y cubriendo esa multitud de pecados. Ahí puedo ver el evangelio y el poder del evangelio.

Patricia: Amén, así es. Dios liberta, perdona nuestro pecado, el pecado no tiene la última palabra. Y aquí, en primero de Crónicas, muchos de los personajes se repiten. Tenemos a David…pero ¿qué otras personas tenemos? Porque tenemos otro profeta aquí.

Ana: Tenemos a Natán, el profeta y consejero de David, que también fielmente transmitió la voluntad de Dios. La transmitía cada vez que el Señor inquietaba su corazón, y también en cuanto a que Salomón construyera el templo. Él fue el que Dios usó para transmitir ese mensaje. También están los valientes de David. Me llama mucho la atención porque era un grupo muy especial de guerreros comprometidos a luchar por el rey David. Dios formó y levantó este grupo especial de hombres, conforme a Sus propósitos, para apoyar a otro hombre que había sido escogido conforme al propósito del Señor. Ya habíamos hablado de Salomón, hijo de David, que fue el siguiente rey de Israel.

Patricia: Sabes Ana, que aún un profeta de Dios como Natán –me viene mucho la mente porque cuando David lo llama y le dice que él va a construir el templo, Natán, en pocas palabras le dice, «si dale para allá que Dios está contigo», y Dios se le revela en la noche a Natán y le dice, «no, él no va a construir el templo». Y Natán tiene que ir al otro día y decir, «mira, escúchame, yo te dije que sí pero en realidad Dios ha dicho que no. El templo lo va a construir tu hijo». Pero aún así, David se dedicó a preparar todo para que ese hijo cogiera ese proyecto –vamos a decir– de parte de Dios, y le facilitó la vida. No fue como, «ahora yo no lo voy a poder hacer, que no se haga, lo hará él». David fue un instrumento de Dios para que su hijo llegara al reino y pudiera realizar la obra. Y ese legado, ese padre ayudando a ese hijo, instruyendo ese hijo, guiando ese hijo, aún en muchísimas cosas políticas que hay ahí en en primero y segundo de Crónicas, hablando de cosas del reino y todo eso, pero vemos cómo ese hijo pide sabiduría. Y aparece una mujer, una reina que viene también.

Ana: Antes de que continúes, quiero decir algo. Me llama la atención el comportamiento de David. Él no se aferró a, «yo quiero construir el templo, yo soy el que debo construir el templo». Realmente, en el trono del corazón de David estaba Dios, no el templo. Él no se aferró a cosas. Que el Señor nos ayude a no aferrarnos a posesiones, ni a posiciones, ni a ministerios, sino que nos ayude a aferrarnos a Él, y que realmente sea Él quien esté en el trono de nuestros corazones.

Patricia: Así es. Y también, eso mismo que decías de la sucesión, en el caso de David lo sucedió en el trono su hijo; pero me viene a la mente ese David como tipo de Moisés, que en el caso de Moisés, Dios le dijo a Moisés, «mira Moisés, tú no vas a cruzar; el hombre que va a cruzar es Josué, instrúyelo». Y Moisés hizo lo mismo, y quien entró a la tierra prometida fue Josué. Lo vimos cuando vimos el libro de Josué.

Esos últimos capítulos de primero de Crónicas cuando David le da las instrucciones a Salomón –y me encanta esa oración de alabanza de David que termina en 1 Crónicas 29, y voy a leer de la Nueva Traducción Viviente.

«¡Oh Señor, Dios de nuestro antepasado Israel, que seas alabado por siempre y para siempre! Tuyos, oh Señor, son la grandeza, el poder, la gloria, la victoria y la majestad. Todo lo que hay en los cielos y en la tierra es tuyo, oh Señor, y este es tu reino. Te adoramos como el que está por sobre todas las cosas. La riqueza y el honor solo vienen de ti, porque tú gobiernas todo. El poder y la fuerza están en tus manos, y según tu criterio la gente llega a ser poderosa y recibe fuerzas. ¡Oh Dios nuestro, te damos gracias y alabamos tu glorioso nombre!» 

Corroborando lo que tú decías, en el corazón de David estaba Dios y el reino, no estaba él. Él tenía la gloria de Dios en mente y esos últimos capítulos son una una belleza. Esas oraciones, esas palabras a ese hijo traspasándole el que se aferrara a Dios y a su ley y la fidelidad a Dios. Y Dios definitivamente hizo grande a Salomón y le dio sabiduría como a ninguno de los reyes de la tierra. 

Como veíamos en el programa anterior, nosotros tenemos la capacidad de corrompernos muy fácilmente, y aún un hombre lleno de sabiduría, de esa sabiduría especial dada por Dios, se corrompió. Vemos otra vez la fidelidad de Dios a Su palabra. La advertencia era seguir a Dios y ser fiel como pueblo, adorar a ese Dios verdadero y no asociarse con otros pueblos. Y Salomón, buscando alianzas políticas se casó con cientos de mujeres. Imagínate lo que sucedió cuando todas esas mujeres con todas esas costumbres paganas llegaron a ser esposas del rey de Israel. Fue triste la consecuencia.

Sabemos que estos personajes están en primero y segundo de Reyes, y ahora están en primero y segundo de Crónicas, pero acerca de Dios, que es de lo que estamos hablando, así como David tuvo esa percepción de Su Dios, de Su grandeza, de Su majestad, de Su gloria, ¿qué te mostró Dios –mientras hacías estos devocionales– acerca de Su carácter, de Sus caminos y de Su obrar?

Ana: Que el cumplimiento de Sus planes, Sus promesas, no depende de condiciones externas, ni de la santidad, ni de la pecaminosidad del hombre. Primariamente depende de Su carácter que es fiel y verdadero. Y como había dicho anteriormente, nuestro Dios es un Dios de propósitos. Dios tiene un llamado especial para cada familia, para cada tribu escogida. El Mesías descendería de la tribu de Judá, y los sacerdotes, de la tribu de Leví. El Señor nos recuerda que Dios nos coloca en familias específicas, con propósitos específicos, para el cumplimiento de Sus planes.

También podemos ver que nuestro Dios es santo y justo. En esta parte, traje unos versículos que dicen que, «Judá fue llevado al destierro a Babilonia por su infidelidad», «así, Saúl también fue desechado y luego murió por la transgresión que cometió contra el Señor, por no haber guardado la palabra del Señor». Nuestro Dios es santo y es justo; y recordemos que nosotros decidimos cómo pecar, pero Dios decide las consecuencias; y esas consecuencias son grandes consecuencias. Y como dijimos en el programa anterior, no solamente para nosotros sino para nuestros hijos, nuestras familias, nuestros esposos, nuestras iglesias.

También puedo ver a nuestro Dios como un buen Padre. Dios nos llama la atención porque nos ama; nos disciplina para hacernos como Él; para enderezar nuestros pasos y Dios ve que tú no estás caminando por Sus caminos. Él te va a llamar la atención, nos va a llamar la atención para enderezar nuestros pasos, porque Dios nos ama. Dios te ama y Él desea que camines en intimidad con Él y en el camino de la vida que es Él.

Quiero leer esta parte donde dice, «cuando Salomón terminó de orar, descendió fuego del cielo y consumió el holocausto y los sacrificios, y la gloria del Señor llenó la casa. Luego, una noche, el Señor se le apareció a Salomón y le dijo: “he oído tu oración”». Recordemos que nuestro Dios es real, y cuando venimos delante del trono de Su gracia Él nos está escuchando y nos va a responder.

No menospreciemos el valor de venir ante Su presencia derramando nuestros corazones, porque Él es real y ciertamente va a responder a nuestro clamor.

Patricia: Amén. Y sabes algo que es importante y que yo quisiera resaltar ahora en la medida que vamos terminando. Tú sabes que a los reyes de Israel se les entregaba una copia de la ley y ellos debían leerla todo el tiempo. Vimos en Josué, que el Señor le dijo: «Nunca se apartará de ti este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él». Me viene a la mente el Salmo 1: «Bienaventurado el varón que medita en la ley del Señor de día y de noche. Será como un árbol plantado…» Y aquí vemos la importancia de prestar atención a cada palabra escrita en las Escrituras y conocer la Escritura. Por eso estamos haciendo este Reto de Mujer Verdadera 365, para que nosotras nos acerquemos a la Escritura diariamente.

Nancy siempre dice, «no hay atajos, no hay atajos, nosotras tenemos que ir a este libro de la ley». Que Dios ponga amor en nosotras por Su Palabra; que seamos esas mujeres bienaventuradas que meditamos en la ley del Señor de día y de noche. Toda Escritura es inspirada por Dios, toda la Escritura es útil. Cada pasaje tiene detalles del carácter de nuestro Dios que Él quiere revelarnos. Entonces, debemos acercarnos a esa Palabra queriendo acercarnos a nuestro Dios, conocerlo más, vernos en ese espejo, no ser oidoras olvidadizas, ser hacedoras de la Palabra y ser conocidas como mujeres de ese libro; que conocemos no solo el libro, conocemos al Dios del libro, pero lo conocemos a través de lo que Él nos ha dejado escrito.

Porque, imagínate, en ese tiempo los reyes tenían una copia, pero hoy en día nosotras tenemos el privilegio –no de tener una copia, no, yo tengo la Nueva Traducción Viviente, la Nueva Versión Internacional, la Reina Valera del 60, la Biblia de las Américas, la Nueva Biblia de las Américas, y así etcétera, etcétera. La tenemos en físico, la tenemos en nuestros teléfonos, en todas partes aparece la Palabra de Dios, y que nosotras seamos sabias y nos demos cuenta al leer todas estas historias, de cómo es central prestar atención.

«Escucha Israel», Él nos dice, «sean oidoras, escuchen». No es oír sin escuchar, no. Es escuchar y entrar esa Palabra y darle peso a cada palabra que sale de la boca de Dios, porque no es cosa vana, es nuestra vida. Si hay algo que debemos ver de todos estos reyes, de los profetas –claro el libro nos está apuntando a ese Rey mesiánico que viene, nosotros estamos esperando la segunda venida en gloria de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, y lo esperamos y lo creemos porque Su Palabra lo dice.

Tenemos esta esperanza porque Él lo ha dicho así, y lo que Dios dice, en Él es sí y amén. Entonces, en esa confianza, que nuestro Dios aumente nuestra fe. Tenemos que clamar cómo los discípulos, «Señor, yo creo, pero ayuda mi incredulidad». Porque Dios quiere que seamos sinceras, que seamos mujeres del libro; y sea Dios veraz, y en lo que los hombres contradigan, todo hombre mentiroso.

Ana: Patricia, un detalle que me pasó al principio cuando empecé a leer lo de las genealogías. Me quedé como en blanco… le oraba, «Señor, muéstrame». No solamente es abrir la Palabra de Dios, sino esperar pacientemente con un corazón dispuesto a escuchar Su voz. Cuando tú estás con un amigo, por ejemplo, tú esperas a que él te hable y ahí conversan. Tú no te vas de una vez. Para cultivar una relación tienes que invertir tiempo, tienes que ser paciente y tienes que aprender a escuchar. Y al principio, cuando yo entré por genealogías, me senté y le pregunté al Señor, «muéstrame porque yo no lo veo». Y ciertamente esperé a escuchar Su voz y el Señor habló a mi corazón, me abrió los ojos. Ciertamente, nuestro Dios es real, es un Dios vivo y Su Palabra es la verdad. 

Cuando vayas a leer Su Palabra, te sientas con un corazón dispuesto, paciente, no solamente a oír sino a escuchar, y a esperar escuchar Su voz, porque ciertamente Él va a hablar a tu corazón.

Patricia: Amén. Porque esa Palabra está viva y gloria a Dios por esto. Y hay algo, Ana, que resaltaste en los devocionales, y es el hecho de que Dios tiene un llamado, y lo has dicho una y otra vez, Dios te tiene por nombre, Dios te ha colocado en una familia. ¿Podrías compartir un poco más sobre aquello de lo que abundaste en tus devocionales?

Ana: Claro, me llamó mucho la atención la parte donde David empieza a distribuir funciones. A una parte la pone a profetizar, otra parte los hace porteros, a otra parte los hace sacerdotes, a otra oficiales y jueces. Y es que cada función es importante, ninguna sustituye a la otra. Dios tiene un llamado, una misión, propósitos y funciones para cada uno de Sus hijos. Qué mejor explicación que 2 Corintios 12 del 18 al 21: «Pero nuestro cuerpo tiene muchas partes y Dios ha puesto cada parte justo donde Él quiere». Esto es importante porque, primeramente es asignada por Dios mismo y segundo porque Él te ha capacitado con Sus dones, habilidades y gracia, para que le reflejes a Él de manera especial y única. 

Cada miembro es parte importante del cuerpo. El lugar donde tú estás es precisamente donde Dios te ha colocado. No ha sido ningún error. Dios te ha colocado allí. Tu vida es una crónica de las obras de Dios y de tus decisiones. Medita en ellas y verás que cada una está marcada por Su amor, fidelidad, gracia, misericordia, justicia y verdad.

Que las crónicas de tu vida sean un libro abierto que anuncia las virtudes de Aquel que nos ha llamado de las tinieblas a Su luz admirable.

Patricia: Gracias, Ana. Ha sido de verdad un gozo y un privilegio para mí compartir estos dos programas, este tiempo devocional –pudiéramos decir– en una visión global de primero y segundo de Reyes y de primero y segundo de Crónicas. Pero esperamos que así como nosotras hemos sido bendecidas, todas las que nos escuchen también hayan sido bendecidas y animadas a seguir leyendo, animadas a seguir amando a Dios, amando Su Palabra, y clamando a Él, «Señor, abre mis ojos que quiero ver las maravillas de Tu ley».

Annamarie: Has estado escuchando a Patricia de Saladín en conversación con Ana Nin de Olivo. Ellas nos han estado ayudando a ver la esperanza que tenemos en Cristo a través de la historia bíblica del pueblo de Israel. Si te has perdido alguno de los programas anteriores en los que hemos conversado acerca de los libros de Josué, los Jueces, Samuel, entre otros, encuéntralos en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Haz uso del buscador para encontrarlos por tema o por título. Y recuerda, la lectura bíblica para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es 2 Crónicas capítulos 11 al 14.

¿Estás cansada de sobrevivir por tu propia cuenta? Si estás al límite de tus recursos, Mary Kassian te recuerda que hay algunas cosas vitales que necesitas: Una correcta perspectiva, prioridades correctas y perseverancia. Escucha más acerca de esto en tu próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

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Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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Sobre los maestros

Ana Nin de Olivo

Ana Nin de Olivo

Ana, rescatada del hoyo de la destrucción y asentada sobre la Roca Eterna, su gracia y el poder de su palabra la sostienen cada día. Reside en Santo Domingo junto a su esposo José Olivo y su hijo José Alejandro. Son miembros de la Iglesia Bautista Internacional donde ambos sirven como parte del liderazgo de grupos pequeños. Ama ayudar a las mujeres a sumergirse en la palabra para que puedan experimentar la verdadera libertad. Actualmente sirve como Office Manager en Aviva Nuestros Corazones.

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad bíblica a las mujeres de habla hispana. Su anhelo es verlas conocer y abrazar la Verdad que las hace libres en Cristo. Sirve en el ministerio de Aviva Nuestros Corazones como la voz de Nancy Leigh DeMoss. Tiene tres hijos adultos, Rosalía (casada con Daniel), Sarah (casada con Nazario) y Eduardo Alfredo (casado con Leticia). Además, Dios le ha regalado seis nietos: Patricia, Daniel, Samuel, Nazario, Said y Noor.

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