Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Mujer Verdadera 365: El retorno de la cautividad, día 1

Annamarie Sauter: Con nosotras Patricia de Saladín.

Patricia de Saladín: Así como Él usó a los reyes y a los hombres comunes y corrientes en esa época para regresar de la cautividad, para hacer la obra de edificar el templo, de llevar la ley y luego de reedificar murallas, Dios hoy usa hombres y mujeres redimidos comunes y corrientes, personas como tú y como yo para hacer Su obra. Eso es así porque nada ni nadie va a frustrar el plan que Dios va a llevar a cabo. 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Aquí está Patricia para dar inicio a la conversación de hoy.

Patricia: Como muchas de ustedes saben, este año, al igual que el año pasado, estamos haciendo el Reto Mujer Verdadera 365, y eso quiere decir que estamos leyendo la Biblia completa de tapa tapa los 365 días del año. Y cada mañana acompañamos la lectura que nos corresponde con un breve devocional que nos ayuda a meditar y a digerir lo que hemos leído. 

Además de eso, hemos estado haciendo, a medida que avanzamos, unos programas para ayudarnos a profundizar un poco más en cada libro de la Biblia que vamos leyendo, esto para animarnos y también para poder ver la Biblia como lo que es: una sola historia, la historia de Jesucristo y el plan de redención. Qué aprendemos de Dios, de Su carácter, cómo vemos el evangelio y cómo vemos a Cristo en cada libro.

En el día de hoy y mañana vamos a estar viendo Esdras, Nehemías –que en realidad formaban un solo libro– y en el día de mañana, Esther. Y hoy me acompaña Betsy de Gómez. ¡Hola Betsy!

Betsy de Gómez: Hola ma Pati. 

Patricia: Qué bueno es estar juntas…

Betsy: Me encanta estar contigo, de verdad que es un gozo para mí compartir este tema porque yo sé que a ambas nos apasiona y de verdad te quiero mucho.

Patricia: Gracias, yo también. Me alegro mucho de que estemos juntas en estos tres libros porque pienso que nos vamos a entrevistar mutuamente. Así que esta entrevista va a ser de aquí para allá y de allá para acá.

Betsy: Me encanta eso porque yo creo que refleja mucho cómo deben ser las relaciones entre las mujeres; aprender unas de otras y yo estoy aquí para aprender de ti. 

Patricia: Bueno, yo también. A mí, de manera personal, me ha ayudado mucho hacer estos programas y entrar en cada libro y entrevistar a cada una de las que hemos ido entrevistando, porque me ha ido ayudando a ver la secuencia, me ha ayudado también a buscar ayuda en otros autores y en personas que realmente tienen más conocimiento y pueden ayudarnos a ver este panorama completo y ver este hilo conductor.

Betsy: Una de las cosas que más me ha dado luz, específicamente en estos libros de Esdras y Nehemías, fue cuando en mi iglesia local se predicó Esdras y luego Nehemías, y te puedo confesar Patricia, que aprendí tanto.

A veces pensamos que estos libros del Antiguo Testamento, de alguna manera, están desfasados y no se conectan con la realidad del día a día de nosotras como mujeres o del mundo en que vivimos. Sin embargo, estar ahí semana tras semana, versículo tras versículo, leyendo y extrayendo todo lo que ahí se encuentra, fue de tanta iluminación, edificación para mi vida, y me siento tan tranquila que cuando Esdras o Nehemías en el cielo me pregunten, «hey, ¿leíste el libro?, dime…» 

Patricia: Le vas a decir, «sí, varias veces. Lo increíble es que cada vez que lo leía podía extraer cosas nuevas».

Betsy: Exactamente. No sé así de los profetas menores, necesito más ayuda, pero mientras tanto aquí estamos aprendiendo muchísimo.

Patricia: Bueno, así es. Y sabes que comenzamos generalmente por ver cómo estos libros de Esdras y Nehemías y también hablamos de Ester, encajan dentro de ese gran panorama bíblico. Porque si hay algo que hemos ido viendo desde que comenzamos con el pentateuco, es cómo la Biblia es una sola historia y vemos un hilo conductor. Entonces me gustaría que tú de manera bien breve conectaras a las mujeres que nos están oyendo hoy –que quizás no se han unido– y las animamos a unirse aunque sea hoy mismo y a comenzar a leer su Biblia con Mujer Verdadera 365.

Pero ¿cómo encajaría esta porción de la Escritura dentro de todo el panorama hasta donde hemos venido viendo?

Betsy: Eso es tan importante, porque esto es como ver un episodio de una serie histórica, aislado de todo el resto. Entonces yo creo que nos ayuda mucho poder ubicarnos dónde estamos en esa historia de Dios. Bueno, rápidamente, ya vimos que Dios creó la humanidad por Su propia iniciativa. Un Dios soberano, un Dios que decide revelarse, y sin embargo el hombre y la mujer fallan y ahí ocurre una separación entre ellos; la muerte reina en la humanidad, pero Dios promete que de la simiente de la mujer vendría a uno que restauraría todas las cosas, y promete que enviaría ese salvador.

Entonces Él pone a correr Su plan y escoge a un hombre entre todos los hombres –un hombre pagano– y hace de ese hombre el padre de un pueblo que también Él escogió. Y les promete hacerlos una nación, darles una tierra donde ellos iban a reposar. Dios cumple Su promesa, el pueblo llega –sabemos con todas las vicisitudes que llega el pueblo– pero llega. Dios se está revelando a ellos a través de todo ese recorrido, Dios cumple esa promesa, pero el pueblo, una vez más, revela lo que hay en su corazón.

Esa tendencia natural que nos aparta de Dios. Dios trae juicio, ellos en lugar de conformarse con Dios como su rey piden un rey humano, los reyes fueron malos en su mayoría, descarriaron al pueblo y Dios les da un ultimátum y los envía al destierro a causa de su comportamiento, a causa de su desobediencia. Todo esto pasa después de que los babilonios destruyen el templo, se llevan una gran parte del pueblo al exilio y en ese momento reina en el pueblo de Dios una oscuridad espiritual. Parece que el plan de Dios fracasa, que Dios se olvidó de lo que había prometido.

Y si yo me situara en ese momento, diría, «bueno pero ya, Dios se olvidó, Dios parece ausente». Sin embargo, en estos libros en que vamos a profundizar en el día de hoy y en el día de mañana, nos damos cuenta que en realidad Dios seguía fiel. Él permanecía fiel y estos libros nos hablan de esa mano invisible de Dios que está moviendo aún el corazón de reyes paganos para dirigir a Su pueblo una vez más; encaminarlos hacia Él, a continuar esa historia.

Y ahí es donde nos encontramos. En estos libros vemos cómo Dios guarda Su promesa y entonces cumple la promesa de restaurar a Su pueblo a su tierra. Esto es algo realmente emocionante. Y de verdad que vemos a Dios brillar en cada versículo de estos libros.

Patricia: Me llama la atención, Betsy, que este libro, el libro de Esdras, comienza exactamente como terminamos la última vez cuando tuvimos el último programa en que terminó segunda de Crónicas, cómo el Señor, dice así literalmente, «el Señor cumplió la profecía que había dado por medio de Jeremías». Como tú dices, el Señor estaba llevando a cabo Su plan, cumpliendo Su palabra. 

Pero sabes algo también que me encanta de esta trilogía de Esdras, Nehemías y Ester, que yo te mencioné con relación a cuando vimos Josué, Jueces y Rut –y eso es algo que yo he observado. No puedo decirte, «es así», porque no lo estudiado ni lo he leído, pero sí he visto que Dios cogió este grupo de Esdras y Nehemías y nos va a hablar eso que tú dijiste de los israelitas que estaban en el exilio y cómo ahora comienzan su retorno a Jerusalén, a la tierra por medio de la aprobación de estos reyes persas que Dios mueve para que esto suceda.

Pero cómo Dios se encarga de mostrarnos, de acercar ese lente de zoom y llevarnos hacia una mujer en la vida en Persia, en la vida de los caldeos en Babilonia, y esa mujer nos va a mostrar un poco de la historia de los que no se fueron sino que se quedaron. Te lo comentaba porque a mí eso también me pasa con la historia de Rut, que con ella Dios también acerca el zoom y te dice, «esta es la historia general, pero te voy a mostrar la historia de esta mujer; y la acerca y nos muestra en ese libro el personaje que ya vimos en la parte de Ruth.

Pero me encanta que estos israelitas ahora van a ir de regreso. Un grupo se va, un grupo se queda, pero también podemos hablar de un tema central en el libro de Esdras y aquí me voy a preguntar a mí misma. Es importante mencionar aquí tres personajes: Zorobabel, Esdras y Nehemías, porque hubo tres retornos de la cautividad, siendo el primero el regreso de Zorobabel a reconstruir el templo. Pero vemos en el libro tres cosas muy importantes. El templo, la reconstrucción del templo, el pueblo que regresa y también la ley de Dios, la Palabra de Dios.

Esas tres cosas resaltan en este libro, y me encanta que desde el principio queda muy claro lo que yo te decía, que el Señor era quien cumplía la profecía dada a Jeremías, y que el Señor fue quien movió el corazón de Ciro para dar el decreto. El Señor movió el corazón de los sacerdotes, de los levitas, de los jefes de la tribu de Judá, de Benjamín. El Señor, cuando llegó ese momento de cumplir los 70 años del exilio, que el pueblo regresara, era como que ¡pam!, se activó, y el Señor iba a mover lo que iba a mover.

Betsy: Es increíble porque ahora nosotros vemos esto en una línea del tiempo clara y decimos, «setenta años, eso es una vida completa». Entonces te imaginas cómo esta gente de alguna manera había perdido su esperanza, se habían cansado de esperar, ya como que el futuro les parecía incierto. Esta historia era parte de su identidad. Entonces ellos se podían preguntar ¿quiénes somos? ¿A quién pertenecemos? 

Y de repente, Dios se revela obrando en los personajes más improbables. Me encantaba cómo tú decías que estos libros nos recuerdan que Dios puede obrar en todo. Me encantaría que elaboraras un poco más esa idea porque creo que nos puede dar luz sobre el obrar de Dios.

Patricia: Sí, porque lo que comentábamos es que, viendo que Dios movió el corazón de Ciro y luego de otros reyes, ahí mismo en esta historia, y también de las personas comunes y corrientes cuyos nombres aparecen registrados, vemos que para Dios no hay personajes grandes y pequeños cuando se trata de llevar a cabo Su obra, porque Él mueve el corazón tanto de los reyes como de las personas comunes y corrientes. Y y así como Él usó a los reyes y a los hombres comunes y corrientes en esa época para regresar de la cautividad para hacer la obra de edificar el templo, de llevar la ley y luego de reedificar murallas, Dios hoy usa hombres y mujeres redimidos comunes y corrientes, personas como tú y como yo, para hacer Su obra.

Y también usa gobernantes y los que están en autoridad para llevar a cabo Su plan.

Betsy: Amén.

Patricia: Eso es así porque nada ni nadie va a frustrar el plan que Dios va a llevar a cabo. Porque ahí vemos otra vez, Betsy, el tema de la historia de la redención. Como tú decías, cuando todo parece perdido… ¡no! Dios tiene un remanente porque es Su historia, no la nuestra. 

Betsy: Y cuando estos libros eran predicados en mi iglesia, Patricia, Moisés que estaba predicando, cuando tocaban esos capítulos, Esdras 2, Nehemías 3, que eran puros nombres de personas y de lo que estaban haciendo, labores ordinarias, labores súper sencillas, nada fuera de lo común, podemos aprender que el Espíritu de Dios decide inspirar esta escritura para poner estos nombres aquí que nos recuerden que Dios nos mira, Dios nos ve, Dios nos conoce por nuestro nombre, Dios sabe lo que nos ha asignado, y a veces pensamos que la labor que estamos haciendo –probablemente no es la labor de Zorobabel, Esdras o Nehemías– pero Dios nos ha dado algo particular que sirve para llevar a cabo la obra que Él está haciendo a nuestro alrededor, en nuestro hogar, en lo íntimo de nuestra familia o en nuestra iglesia local, con esa persona que a lo mejor nunca vamos a recibir ningún tipo de retribución. Dios nos ve y ahí esos nombres me recuerdan que a Dios le importan esos trabajos ordinarios, pequeños, que colaboran para Su reino.

Patricia: Amén. Así es, porque Él nos llama a ser fieles, no a conseguir los resultados. «Haz la obra donde Yo te he colocado y déjame a Mí los resultados». Porque vemos en eso, ese Dios, ese carácter de Dios fiel a Su pacto, porque ese pacto que Él le prometió a Abraham, lo iba a cumplir. Él estaba cumpliendo la promesa y cómo vendría bendición sobre todas las naciones y todas las familias de la tierra. Él es soberano. Esos exiliados regresaron a Jerusalén porque Dios es fiel y soberano. El exilio no era el final de la historia, y en todos estos libros, tanto en los que vimos anteriormente, de los Reyes y de Crónicas, vemos que la esperanza no es la esperanza del momento sino la esperanza de un futuro, de un futuro rey, de un futuro templo, de un futuro reino.

Todo eso que estaba sucediendo apuntaba hacia esa historia más grande que es la historia de la redención.

Betsy: Eso mismo yo quería preguntarte, porque en cada historia, la de Zorobabel, la de Esdras, la de Nehemías, vemos que son obedientes en hacer lo que les toca, lo hacen, pero termina la historia de una manera improbable, no nos deja ningún tipo de esperanza. El mismo patrón en cada uno de estos acontecimientos. Entonces, ¿a dónde nos lleva? ¿Dónde ponemos nuestra esperanza? Porque al final si ellos hicieron lo que tenían que hacer, el pueblo volvía a sus caminos…¿qué dice eso de nosotros? ¿A dónde ponemos nuestros ojos?

Patricia: Bueno, yo pienso que nos lleva a ver que ellos y nosotros tenemos en común el mismo corazón, y cómo la esperanza es el evangelio. El evangelio de un Dios que perdona, de un Dios que restaura, de un Dios que ofrece salvación, de un Dios que derrama Su gracia. En realidad, Israel y nosotros, la historia de la humanidad no ha cambiado mucho porque esa misma necesidad que los profetas resaltaban, que era evidente, era algo intencional de parte de Dios, como mostrando, «miren, esto es lo que ustedes necesitan». Pero eso nos lleva a poner nuestra esperanza en ese Mesías, en ese Salvador, porque el problema del hombre es su corazón, el pecado en su corazón; y el hecho de que Dios eso es lo que ve y que todas estas reformas por buenas que fueron, porque podemos ver que la reconstrucción del templo era algo que Dios quería. Dios quería a Su pueblo en su lugar adorándolo como Él quería.

La reconstrucción de las murallas era necesaria porque tenía que haber protección y esa era la forma de vida de esa época, y aún así la restauración de la ley, de la palabra de Dios, no puede ser más necesaria que lo que es hoy en día, pero por más reformas externas que nosotros hagamos, lo único que aborda el problema real del hombre es el evangelio. Porque el problema está en el corazón y el pueblo de Dios tiene un nuevo corazón pero necesita una constante transformación de ese corazón, y Dios va a seguir llevando a cabo sea como sea.

Betsy: Amén. Eso nos lleva a ver nuestra necesidad de un salvador. Y a mí me encantan todos esos atributos que tú mencionaste de Dios, porque cuando nos acercamos a la Palabra, nos acercamos con el propósito de crecer en asombro ante el Dios a quien servimos. Entonces, ¿qué otras áreas el carácter de Dios vemos en estos libros?

Patricia: Bueno, me encanta ver que cuando Esdras sale –él llegó bastante rápido en el tiempo, sin oposición, vamos a decir– hasta Jerusalén, y se recalca varias veces que era la bondadosa mano de Dios que estaba sobre ellos. Esdras tenía un Dios bueno, y la parte que más me gusta –que yo te lo comenté– es que tenía un Dios poderoso. Esa parte de «si yo me encuentro –como tú decías– con Esdras en el cielo le voy a decir, cuánto me ministró en Esdras 8:22», cuando él dice que le daba vergüenza pedirle al rey soldados y jinetes que los acompañarán y que los protegieran de los enemigos durante el viaje, porque dice, «después de todo ya le habíamos dicho al rey que la mano protectora de nuestro Dios estaba sobre todos los que lo adoran, y su enojo feroz se desata contra quienes lo abandonan». Así que, ¿qué hizo? Dice, «ayunamos y oramos intensamente para que Dios nos cuidara y Él oyó nuestra oración». 

Y ese versículo a mí me cala muy hondo porque cuántas veces nosotros no vamos y pedimos ayuda a muchos seres humanos iguales que nosotros porque creemos que están en autoridad o porque creemos que tienen influencia; y es que debe darnos vergüenza cuando nosotros muchas veces decimos que tenemos a un Dios todopoderoso, un Dios grande, un Dios bondadoso, un Dios sabio, soberano, y entonces nos rebajamos y pedimos la ayuda. Dice, «yo tuve vergüenza de decirle que yo tenía un Dios tan grande, entonces le voy a decir, no pero mándeme una escolta, y no es que eso no tenga lugar en otros momentos, porque en el caso de Nehemías lo vemos, cómo ellos cuidaban y velaban, pero eso a mí personalmente me llama mucho la atención, que si yo descanso en un Dios poderoso, por qué buscar ayuda de hombres iguales que yo que son de carne y hueso.

Betsy: Qué bueno. A mí me encanta esa perspectiva de Dios, transforma el día a día. No solamente se queda como en la nube intelectual de nuestra mente sino que debe informar nuestras decisiones y cómo nosotras nos conducimos en la vida, como tú decías. Pero ¿hoy estoy viviendo como que Dios es realmente poderoso o estoy viviendo como que le sirvo a un Dios débil?

El otro día amanecí mal físicamente, me sentía enferma y me dice uno de mis hijos, el mayor, «mami, tú estás de mal humor como que Dios ya te dejó y te abandonó, y qué es lo que te pasa». Y en ese momento le dije a Josué, «es verdad, a veces simplemente olvidamos al Dios a quién servimos». Entonces, que estas historias nos recuerden que Dios es poderoso, bueno, que es sabio, glorioso, misericordioso, que Él provee, que Él es justo, que en el momento en que Él tiene que actuar, ningún rey pagano, ninguna persona se va a oponer porque Él lo va a hacer.

Y para robarte esta entrevista, te quiero preguntar, ¿qué verdades te gustaría que se queden con nosotras? ¿Cuáles de estos puntos han sido relevantes –que tú dices, no quiero que el programa se termine sin mencionar esto? 

Patricia: Ya hemos dicho algunas cosas, pero algo que me llama la atención de ambos libros –hablando de la parte que te toca de Nehemías– es la oposición que se levanta a la obra de Dios. La obra de Dios a través de los siglos –y pasó ahí en Esdras y en Nehemías– no se hace sin oposición. Nosotros vemos cómo aún se detuvo la obra, porque entre la llegada de Zorobabel y la llegada de Esdras, pasaron sesenta años. Eso es mucho tiempo. Y Esdras llega preparado en su corazón, con la buena mano de Dios sobre él porque él se había dedicado a estudiar la Palabra, a conocer la ley de Dios, porque era necesaria esa restauración espiritual.

No era solamente la parte física, como hablábamos. Pero aún así Dios lo lleva con Su buena mano. Pero ellos enfrentaron mucha oposición. Y no podemos creer –porque muchas veces haciendo la obra de Dios enfrentamos oposición– que «esto quizás no es la voluntad de Dios». No. Nosotros sabemos que Dios simplemente puede decir la palabra pero hay enemigos de Dios que quieren impedir Su obra.

Y volvemos a decir, Dios lo que quiere es que seamos fieles, y en medio de esa obra Dios nos está transformando, nos está haciendo a la imagen de Su Hijo y quiere que fielmente hagamos lo que Él nos ha llamado a hacer.

Eso me llama mucho la atención, y hoy en día lo vemos así. A veces tenemos oposición afuera pero muchas veces tenemos oposición adentro, dentro de los mismos hermanos, dentro de la obra de Dios. Que nuestro anhelo sea que Dios sea glorificado.

Betsy: Amén. Una de las cosas que me llamó más la atención es cómo, tú lo mencionabas, la adoración era esencial para la vida de esa nación, entonces nosotras como mujeres necesitamos entender que la adoración no se limita a lo que hacemos cuando estamos el domingo en la iglesia levantando nuestras manos con un corazón postrado y rendido, sino que todo lo que nosotras hacemos es adoración. Así sea lavar los platos o atender a nuestros hijos, en ese momento la postura de nuestro corazón que se rinde ante el Señor y alaba por quién es Él, por la belleza de Su carácter, debe ser esencial.

Y algo que me llamó la atención es –y yo creo que como hombres y mujeres en general, pero como madres, porque es lo que Dios nos ha llamado a hacer, a instruir esta nueva generación –cómo Esdras se había dispuesto a estudiar, obedecer y enseñar la Palabra de Dios. Y a veces queremos que se nos dé uno de esos púlpitos donde hay miles de personas escuchando en ese maratón de lectura de la Palabra, pero el Señor nos ha dado un contexto tan especial, y es nuestro hogar.

Necesitamos estudiar la Palabra, obedecerla y enseñar a nuestros hijos, enseñarles a las mujeres jóvenes que están a nuestro alrededor, y permear toda nuestra vida con con esa Palabra; que no se quede solamente en nuestra mente sino que afecte nuestras acciones y que como resultado podamos utilizarla para edificar a otras.

Patricia: Así es. Porque eso que sucedió con Esdras, 14 años luego que Esdras llegó –y se registra en Nehemías capítulo 7, me parece, es cuando hay como un avivamiento del pueblo, cuando el pueblo le decía a Esdras, «trae el libro»; ellos querían, ellos anhelaban el libro de la ley, y como nosotras debemos ser mujeres que amamos la Palabra de Dios.

Le pido a Dios que ponga en mi corazón hambre y sed de Su Palabra, que ella sea lámpara a mis pies, lumbrera a mi camino; que como el salmista yo pueda decir que la amo. No puedo decirlo de verdad, pero quisiera decir, «yo la amo más que millares de oro y plata», porque ellos necesitaban esa palabra en ese contexto, así como Nehemías llegó, y yo quisiera que tú mencionaras algo de la reconstrucción de las murallas que fue el final.

Pero Nehemías llegó, y si esa palabra no era el cimiento de ese nuevo remanente que había cogido hacia allá, de esos exiliados, era un cascarón hueco. Porque la Palabra es lo que ellos necesitaban y es lo que nosotros necesitamos. Pero cómo ellos lloraban cuando esa Palabra fue explicada y entendieron. Y nosotros, en nuestros tiempos, cuán desesperadamente necesitamos esa Palabra de Dios, y necesitamos hombres de Dios que prediquen esa Palabra desde los púlpitos en sus iglesias el día del Señor, los domingos, porque nosotros no podemos sustituir eso por nada.

Dios ama más las puertas de Sión que las muchas moradas de Jacob, y cuando esa Palabra es predicada por un siervo de Dios fielmente y el pueblo entiende, ahí hay una bendición especial. Porque ese avivamiento que vino en ese momento, vino porque esa Palabra estaba siendo exaltada, atesorada, vida y fielmente enseñada por Esdras.

Betsy: Así es. A mí me encanta cómo Nehemías no asumió que esas murallas se iban a reconstruir solas y milagrosamente iba a ponerse piedra sobre piedra, sino que él dijo, «levantémonos y edifiquemos»; nosotras también necesitamos animarnos unas a otras, no solamente a abrazar esa reforma que provee la Palabra de Dios –en Romanos 12 vemos que ella es la que renueva el entendimiento y trae una reforma, y yo y puedo confesar que lo he visto en mi vida.

Cómo a través de los años, Dios ha ido transformando mi entendimiento acerca de Él, de Su Palabra, de mi rol, de lo que Él me ha llamado a ser como Su hija. Pero también he visto cómo Él me ha retado; como Nehemías retaba a estos hombres, «vamos a construir, a cada quien le toca una partecita de ese muro». Entonces, que nosotras asumamos esa responsabilidad que tenemos de construir. Nosotras hemos sido llamadas a ser dadoras de vida, entonces estamos construyendo más de lo que nos imaginamos.

Y como dijimos al principio, nada, ninguna cosa que Dios nos esté dando, por ordinaria que sea, por pequeñita que parezca es en vano para Dios, porque todo Dios lo usa para la construcción de Su reino.

Patricia: Amén. Y que, como mujeres, por lo menos yo soy muy enfocada a mi espacio, a mi pedacito de muralla, pero que Dios nos dé corazones para ver Su reino. Así como esta gente se dolió porque las murallas estaban en ruinas, el templo estaba en ruinas, que Dios mueva nuestros corazones para nosotros amar lo que Dios ama; amar la Iglesia de Cristo y querer edificar con nuestro pequeño granito de arena la parte que nos corresponde para hacer que la novia de Cristo sea cada vez más bella, y que nosotras amemos eso porque realmente Cristo dio Su vida y Su sangre por Su iglesia.

Que podamos expandirnos un poco más y ver más allá de nuestro pequeño segmento y ver aún más allá y ver que nuestra contribución a lo que estamos haciendo en nuestro pequeño entorno contribuye al reino de Dios en ese privilegio del que nos ha dejado ser parte.

Betsy: Y probablemente nos vamos a sentir como Nehemías al final del libro, después del avivamiento, que dices, «qué maravilloso final», y cuando él va a ver a la gente, la gente vuelve a sus caminos anteriores, y tú dices, «¡no, por favor que venga uno que pueda hacer una reconstrucción, una reforma definitiva». Pero cómo él le clama al Señor, le dice, «Señor, acuérdate de lo que hice, acuérdate…», y dice específicamente en Nehemías 13 versículo 14, «acuérdate de mí por esto. No borres las obras de misericordia que he hecho por tu casa».

Qué maravilloso es que ahora podemos ver cómo la historia avanza rápidamente y vemos que realmente Dios se acordó, tuvo misericordia y cumplió Su plan; y ahora aquí estamos nosotras todavía, como peregrinas y extranjeras en un exilio –si se puede decir– esperando la nueva tierra a donde vamos a estar con Él para siempre.

Patricia: Bueno, Betsy, se nos ha acabado el tiempo. Gracias a tí y gracias a cada una de las que nos han acompañado en esta conversación de nuestro reto de lectura de la Biblia en un año Mujer Verdadera 365. Mañana regresaremos con la continuación. Vamos a estar hablando acerca del libro de Ester y de cómo este libro se conecta con Nehemías y con Esdras. Asegúrate de acompañarnos aquí en Aviva Nuestros Corazones. 

Annamarie: Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Y recuerda que la lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Job capítulos 17 al 20.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre los maestros

Betsy Gómez

Betsy Gómez

Betsy Gómez tiene una gran pasión por inspirar a otras mujeres a atesorar a Cristo en lo ordinario de la vida. Ella dirige el área de creatividad de Aviva Nuestros Corazones y las iniciativas de alcance de Joven Verdadera. Nació en la República Dominicana, y ahora vive en Irving, Texas, donde su esposo, Moisés, sirve como pastor hispano en la iglesia First Irving. Tienen dos niños y una niña.

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad bíblica a las mujeres de habla hispana. Su anhelo es verlas conocer y abrazar la Verdad que las hace libres en Cristo. Sirve en el ministerio de Aviva Nuestros Corazones como la voz de Nancy Leigh DeMoss. Tiene tres hijos adultos, Rosalía (casada con Daniel), Sarah (casada con Nazario) y Eduardo Alfredo (casado con Leticia). Además, Dios le ha regalado seis nietos: Patricia, Daniel, Samuel, Nazario, Said y Noor.

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