Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Mujer Verdadera 365: Salmos, día 2

Annamarie Sauter: Con nosotras Diana Cardona de Figueroa.

Diana Cardona de Figueroa: Nuestra oración debe ser que el Señor ponga en nosotras un corazón rendido a Él, que anhele conocerle más, que ame Su Palabra para poder adorarle como Él quiere que lo hagamos.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Aquí está Patricia con nosotras.

Patricia de Saladín: Ayer comenzamos una conversación sobre el libro de los Salmos, en lo que son nuestros programas que acompañan el Reto Mujer Verdadera 365. Y a propósito, la lectura del reto para el día de hoy son los Salmos del 22 al 28. Hablar de los salmos, inevitablemente es hablar de alabanza, porque para Dios la alabanza es importante, y en Su infinito amor y en Su misericordia, Él nos dejó en los salmos palabras con las que debemos buscarle, adorarle y exaltarle, para enseñarnos también cómo andar en Sus caminos, cómo rendirnos a Él, cómo buscarle de todo corazón. Porque Él sabe que separados de Él nada podemos hacer y no somos nada. Por eso nos atrae con esas cuerdas de amor a través de Su Palabra para que podamos vivir vidas en Su presencia.

Y este libro de los Salmos, hablábamos Diana y yo en el día de ayer, de encontrarnos con Dios, de orar, de conocerle, y hoy quiero una vez más dar la bienvenida a Diana Cardona de Figueroa que se encuentra conmigo y con Anita aquí en nuestro estudio en Radio Eternidad.

Bienvenida, Diana.

Diana: Gracias, Patricia. Es una bendición poder estar aquí hablando de este tema tan apasionante para todas nosotras.

Patricia: Es mi deseo yha sido mi oración que dentro de lo cortas que nos podemos quedar ante la belleza, la profundidad, todo lo que nuestras palabras se quedan cortas de expresar del libro de los Salmos, Dios se manifieste en nuestras oyentes a través de Su Espíritu y les revele, se revele a Sí mismo, les revele a Cristo y les muestre la belleza de quién es Él.

Diana: Amén. Y creo que si algo quisiéramos que las que nos escuchan puedan llevarse, es que más que sentarnos aquí a hablar de los salmos o aprender, es dejarles este deseo de ir, de leerlos, de buscarlos, de aprenderlos, de rumiarlos, de aprender más sobre los salmos. Hay muchísimo contenido que incluso nosotras tenemos en la página y que Nancy nos ha enseñado sobre los salmos. De pronto, más que tratar de resolver todo esto en dos capítulos –que es imposible– es como generar hambre por de verdad buscarlo, porque es algo que necesitamos. Y ese es el regalo que el Señor nos dejó para buscarlo a Él. Así que es importante dejarles en el corazón esa necesidad de ir a la Palabra y de poder aprovechar ese regalo que el Señor nos dejó en los salmos.

Patricia: Así es. Y Diana, tú me mencionaste desde que comenzamos a tratar este tema, que íbamos a grabar este programa, que para ti era muy importante el tema de la exaltación, de la exaltación a Dios. Y yo quisiera que tú compartieras a qué te refieres, porque para las que no lo saben y yo no lo dije ayer, nuestra hermana Diana es cantante. Ella canta de manera profesional al Señor alabanzas y exalta Su nombre. O sea que es importante que escuchemos lo que ella tiene que decirnos al respecto, cuando elevamos no solo nuestras oraciones privadas, sino oraciones públicas y a veces alabanzas con nuestros labios al Señor.

Diana: Hay algo que es hermoso que nos enseña el libro de los Salmos, y es que nos muestra cómo es ese Dios al que adoramos. Y esto es importante porque muchas veces nos hacemos una imagen incorrecta de Dios y terminamos adorando ídolos creados a nuestra imagen. Cuando tenemos un entendimiento correcto de quién es Dios, de las maravillas que Él ha hecho, de Su poder, de Su amor, de Su bondad, Su misericordia, Su gracia, cuando logramos visualizar al menos un poco de la gloria de Su nombre, cuando entendemos que Él es poderoso, majestuoso, inmutable, omnipresente, omnipotente, que Él es el gran Yo Soy, el Todopoderoso, admirable, incomparable.

Cuando comprendemos correctamente cada una de estas cosas, entonces podremos ofrecerle una adoración verdadera. Y quisiera citar algo que dijo el pastor Sugel Michelén sobre la adoración cuando Pablo está hablando en Romanos, y llega un punto en que Pablo para y dice: «Oh profundidad de las riquezas…» (Rom, 11: 33-36), y lo que dice el pastor Sugel es: «La verdadera teología produce adoración. La verdadera adoración surge de la teología. Cuando la teología no te lleva a la doxología, cuando la teología no te lleva a la adoración, o hay un problema en tu teología o hay un problema en tu corazón». 

Esto nos debe llevar a pensar en la profunda necesidad que tenemos de conocer a Dios en la Escritura, y no hacernos un Dios a nuestra imagen o a nuestra conveniencia. Necesitamos saber cómo es el Dios que nos creó, que nos escogió, que nos salvó. Necesitamos conocerlo y conocerlo como Él quiere que lo conozcamos, no como nosotras creemos o pensamos que Él debería ser. Por eso es tan importante este Reto de Mujer Verdadera 365, porque necesitamos con urgencia conocer las Escrituras.

El mundo actual no está como para que nosotras andemos ignorando a Dios, y vivimos en un mundo que ha dejado de lado de la fe. Decimos, «sí claro yo creo en Dios», pero verdaderamente ¿conocemos a Dios? Yo creo que no. Y quienes pensamos que sí lo hacemos, tal vez sabemos que no es suficiente y que una vida no nos alcanza para lograr entender lo maravilloso que es nuestro Dios. Así que necesitamos sumergirnos en las aguas profundas de la Escritura porque en la medida que más conocemos a Dios, más podremos entender quiénes somos nosotras. Y eso solo puede terminar en una adoración genuina del corazón; llena de asombro, llena de reverencia y con un corazón agradecido que ama porque fue amado primero.

Patricia: Y tú mencionaste ahora en todo esto que dijiste tan cierto y tan hermoso, varias cosas. Y es que todo esto está condensado en el libro de los Salmos, o sea, quién es nuestro Dios está en toda la Escritura como tú decías. Pero cuántos nombres de Dios y de cuántas formas, cuántas imágenes presentan los salmos con metáforas, con símiles, con ilustraciones hermosísimas de quién es ese Dios, y de ahí podemos extraer todos esos nombres y adorar como tú decías al Dios verdadero.

La Biblia dice, los salmos dicen que Dios es la Roca, Castillo, Fortaleza, Escudo, todas esas imágenes de gran protección como dice el Salmo 46: «Dios es nuestro amparo, nuestra fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones». Dan imágenes de poder, como tú decías anteriormente, ese Dios que es omnisciente, omnipresente, nuestro Dios que todo lo sabe, nuestro Dios que está ahí presente todo el tiempo.

Pero a la misma vez, me maravilla la contraposición con ese Dios tierno, cuidadoso, paternal. Como dice ese versículo que dice que «como el padre se compadece de los hijos así se compadece el Señor de nosotros porque se acuerda de qué estamos hechas». Y una de mis imágenes favoritas de los salmos, que está repetida más de una vez, es la de Dios como un ave que me guarda, que me cubre, que me protege bajo Sus alas. En el Salmo 57 en el versículo 1, el salmista le dice a Dios que no va a salir de ese lugar seguro hasta que pasen los quebrantos. Y cuántas veces nosotras le decimos, «Señor, no me saques de aquí, yo quiero estar protegida»; y uno puede casi sentir la suavidad de esas plumas cubriéndonos, protegiéndonos del peligro. El Salmo 91 lo repite, dice que «el Señor lo cubre con sus plumas y que halla refugio debajo de sus alas», y en el Salmo 61, otra vez, dice, «estaré seguro bajo la cubierta de sus alas», y finalmente dice, «a la sombra de tus alas me regocijaré».

Así está el libro de los Salmos, lleno. Dijiste, Diana, que conocer a Dios, entender a Dios y quiénes somos nosotras, debe terminar en una adoración genuina del corazón. Y como dijimos en el programa de ayer, tenemos 73 salmos de un hombre que Dios dijo que era un hombre conforme a Su corazón –que es algo que todas nosotras quisiéramos que Dios pudiera decir de nosotras– pero sin embargo, tenemos un rey David, un pastor David, que Dios lo llamó un hombre conforme a Su corazón y que escribió 73 de esos salmos.

Es un personaje en este libro. Qué podríamos comentar nosotras de lo que David escribió, de manera general, porque tendríamos que ir sobre cada uno de esos salmos, pero hay algunos salmos en este libro, que destacan, que son muy famosos, que nos hablan de David, de su persona, de su caída, de su humanidad –aún siendo un hombre conforme al corazón de Dios– nosotras pensaríamos, «wow, quizás Dios nunca diga eso de mí porque yo tengo tantas faltas y tanto pecado». ¿Qué podríamos nosotras comentar acerca de David?

Diana: Recuerdo algo que tú hablaste con Laura en uno de los programas anteriores, cuando hablaban precisamente de cuál era la diferencia entre Saúl y David. Y la diferencia era el arrepentimiento. ¿Por qué Dios dice de un hombre –que evidentemente fue muy pecador– que cometió pecados muy graves, que era un hombre conforme a Su corazón? Eso nos da mucho aliento porque el arrepentimiento de David es lo que agradó el corazón de Dios.

Entonces nosotras podemos sentirnos pecadoras, inadecuadas, inapropiadas delante de Dios, pero, si a través de la Palabra el Señor nos lleva al arrepentimiento, al quebrantamiento, a ver nuestra verdadera condición delante de Él, y podemos adorar con un corazón genuino –un corazón genuino es un corazón arrepentido que viene y clama a Dios por misericordia– entonces Dios podría decir que nuestro corazón es conforme al suyo.

Pero es un corazón arrepentido, no es un corazón que hace algo extraordinario sino un corazón quebrantado que se postra delante de Dios.

Patricia: Como dice el Salmo 51, «al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios». Y el Salmo 32 y el Salmo 51 de David, han sido y son de tanto consuelo, pero a la misma vez de tanta confrontación, porque no hay nadie, no hay ninguna de nosotras que no haya caído en un hoyo tan profundo que Dios no pueda decir, «cuán bienaventurada es aquella cuya transgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado», «qué bienaventurado es el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad y en cuyo espíritu no hay engaño».

Y saber, que callar el pecado es permitir que se envejezcan nuestros huesos, que gimamos todo el día, que sintamos Su mano sobre nosotros, y nuestro verdor convertirse en sequedades de verano. 

Pero cuánta esperanza es ver que David dice, «Señor yo te declaré mi pecado, yo no encubrí mi iniquidad, yo confesé mis transgresiones al Señor, y tú perdonaste la maldad de mi pecado». Y ese es el evangelio en el libro de los Salmos. Vemos a David como un pecador, vemos en David un tipo de Cristo, pero lo importante es que vemos el evangelio en que hay perdón de pecados, y hay Uno que está en el libro de los Salmos.

Está descrito de una manera maravillosa, nuestro Señor Jesucristo, en quien encontramos ese perdón de la maldad de nuestro pecado, a quien podemos orar «todo el tiempo porque Él puede ser hallado», y le dice, «Señor, tú eres mi refugio, tú me guardarás de la angustia, y con canticos de liberacion me rodearás». 

Diana: Amén. Algo que me llama mucho la atención de David, y creo que esto también era algo que Dios tenía en cuenta para llamarlo que «era conforme Su corazón», era lo pronto que era David para arrepentirse. Cuando llega Natán y lo confronta, inmediatamente David es consciente de su pecado, se postra y clama a Dios. O sea, él es rápido en identificar su pecado, identificar «he fallado delante de Dios», y era pronto para arrepentirse. No se resistía sino que se dejaba vencer por Dios, se dejaba doblegar por ese Dios que era mucho más grande que su pecado. Y él tenía una conciencia de Dios todo el tiempo, y eso era lo que lo hacía pronto para arrepentirse.

Y, tal vez, a veces, eso es algo que nos hace falta a nosotras porque a veces somos tan duras, somos tan reacias a arrepentirnos. A veces nos cuesta tanto admitir… decimos, «no, pero tengo una justificación para mi pecado». Lo justifico y le busco la vuelta y le busco la forma de ir delante de Dios, «Tú sabes Dios que tal cosa…», pero David no era así, David era un gran pecador pero era rápido para arrepentirse, era pronto y derramaba su corazón delante de Dios sin reservas. Y eso creo que también es algo que nos hace falta

Patricia: Porque David en otros salmos dejaba ver que él conocía ese buen Pastor, que conocía ese Dios, cuando dice, por ejemplo, «el Señor es mi luz y mi salvación, ¿de quién temeré?» Son tantas las expresiones de alabanza de un corazón que conoce a su Dios.

Diana: De hecho, me hace pensar que David era muy emocional, porque así como se tiraba al piso a llorar, así mismo salía por la calle cantando, danzando y dando gritos de alabanza y gritos de júbilo. No se avergonzaba de su Dios sino que lo exaltaba en cualquier momento.

Patricia: Y podríamos seguir haciendo no dos programas, no. Tantos programas… porque tenemos el Salmo 34: «Bendeciré al Señor en todo tiempo», no importa la situación en que esté, Señor te bendeciré. El Salmo 139, que es mi favorito: «A dónde huiré de tu presencia Señor, si cuanto soy y cuanto encierro manifiesto es para ti». Como dice ese himno: «Pues Tu vista escrutadora, oh Señor, penetra en mí, si se agita mi conciencia, Tú percibes su emoción. Razonar ves a la mente, meditar al corazón…» O sea, toda esa omnisciencia, omnipresencia de Dios, toda esa paternidad de Dios.

El Salmo 119, que es el capítulo más largo, y como decías el Salmo 117, el más corto. Pero yo quisiera que termináramos con ese Mesías prometido, ese Mesías futuro con el que comienza la introducción de los salmos en el Salmo 2, con ese Señor y Su Ungido, el ungido de Dios que está tan presente en el libro de los Salmos, y por qué, gracias al Señor, nosotros hoy, por Él, porque como dice el Salmo 22, en el día de hoy nosotras podemos clamar, tenemos un camino nuevo y vivo abierto a Su presencia, por ese Cordero que está en los salmos.

Y hemos tenido en Aviva Nuestros Corazones, en Revive Our Hearts, una conferencia que se llamó Clama, de oración, de clamor. Y próximamente vamos a tener una serie sobre el Salmo 126, que habla de eso, de clamar. Pero ¿por qué nosotras podemos clamar a viva voz a nuestro Dios? Porque el Señor en el Salmo 22 dijo: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» Cristo clamó y percibió, sintió el abandono del Padre, que el Padre no le respondía; y podía decir como dice el salmo: «clamo de día y no respondes, y de noche y no hay para mí reposo», porque Él recibió toda la ira de Dios. Él recibió el abandono del Padre por mi pecado, por tu pecado. Para que hoy tú y yo podamos clamar, podamos recurrir a ese trono, podamos ir con esa invitación por ese camino nuevo y vivo a Su presencia, porque Él fue como dice ese salmo: «mas Yo soy gusano y no hombre».

Y la palabra que se usa, ese término es un gusano escarlata. Un gusano que cuando se pegaba al tronco del árbol para traer esos hijos a la vida, nunca más se iba a separar del tronco de ese árbol. Él moría para dar vida. «Porque en Él estaba la vida», dice Juan, «y la vida es la luz de los hombres». Y mientras Él moría, en similitud con ese gusano escarlata, para dar vida a los suyos, mientras el gusano se pegaba del árbol, Cristo estaba clavado en esa cruz, Sus manos y Sus pies horadados y Él derramó Su sangre.

Así, con la similitud de ese gusano escarlata que derramaba ese tinte escarlata, la sangre de Cristo dio vida a los suyos. Como dice la Palabra, «por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz». Y ese hermoso Salvador, ese Salvador crucificado y también resucitado, está en el libro de los Salmos para nosotras.

Diana: Sí, y como tú dices, Patricia, Cristo es el cumplimiento de los salmos. Eso significa que podemos adorar con un mayor entendimiento del que tuvieron David, Moisés y todos los que escribieron los salmos. Sabemos que ellos fueron inspirados por Dios para escribirlos, y lo hicieron con la fe puesta en ese Mesías que vendría a redimirlos de sus pecados y darles vida eterna. Nosotros podemos leer los mismos salmos que ellos escribieron, sabiendo que Cristo vino y murió por nosotros en la cruz del Calvario, nos libró de la esclavitud del pecado y nos dio vida eterna.

Solo tener un buen entendimiento de esa verdad nos lleva a adorar a Dios y a exaltarlo con un gozo indescriptible. No podríamos parar de exaltar Su nombre ni de día ni de noche. Pero la verdad es que no vivimos rendidos en adoración porque no lo conocemos lo suficiente. Por eso nuestra oración debe ser que Él ponga en nosotros un corazón rendido a Él, que anhele conocerle más, que ame Su Palabra para poder adorarle como Él quiere que lo hagamos, en espíritu y en verdad.

Y esta es una petición importante porque nuestra adoración no depende de nuestra personalidad o nuestro estilo, nuestra idea de cómo debe ser, sino que Él mismo nos enseña en Su Palabra cómo hacerlo, y lo hace por medio de estos salmos tan hermosos que hemos podido leer. Y eso nos tiene que llenar de aliento porque así como ellos esperaban a este Mesías y adoraron y cantaron y clamaron teniendo eso en su corazón, nosotras que sabemos que el Señor cumplió eso que ellos esperaban, podemos cantar, adorar y clamar a Dios en este mundo en el que vivimos, que no es nada fácil, que es hostil, que no ama a Dios, podemos hacer todas estas cosas con esa misma esperanza, sabiendo que el Señor va a volver y que viviremos eternamente con Él, en Su presencia, y que habrá un cielo nuevo y una nueva tierra, y que esa sola visión de poder estar con el Señor para siempre, debería alentar nuestro corazón a alabarlo y adorarlo constantemente todo el tiempo, y no dejar que nuestro corazón decaiga, sabiendo que el Señor mismo nos dejó en Su Palabra todos estos salmos para ayudarnos a sostenernos y ayudarnos a andar por este camino hasta que Él vuelva.

Patricia: Amén y amén. Y qué mejor manera de terminar el programa de hoy leyendo algunos salmos: 

Salmos 105:1-10, NTV

«Den gracias al SEÑOR y proclamen su grandeza; que todo el mundo sepa lo que él ha hecho. Canten a él; sí, cántenle alabanzas; cuéntenle a todo el mundo acerca de sus obras maravillosas. Regocíjense por su santo nombre; alégrense ustedes, los que adoran al SEÑOR».

Salmos 145, NTV

«Te exaltaré, mi Dios y Rey, y alabaré tu nombre por siempre y para siempre.

Te alabaré todos los días; sí, te alabaré por siempre.

¡Grande es el Señor, el más digno de alabanza! Nadie puede medir su grandeza.

Que cada generación cuente a sus hijos de tus poderosos actos y que proclame tu poder.

Meditaré en la gloria y la majestad de tu esplendor, y en tus maravillosos milagros.

Tus obras imponentes estarán en boca de todos; proclamaré tu grandeza.

Todos contarán la historia de tu maravillosa bondad; cantarán de alegría acerca de tu justicia.

El Señor es misericordioso y compasivo, lento para enojarse y lleno de amor inagotable.

El Señor es bueno con todos; desborda compasión sobre toda su creación.

Todas tus obras te agradecerán, Señor, y tus fieles seguidores te darán alabanza.

Hablarán de la gloria de tu reino; darán ejemplos de tu poder.

Contarán de tus obras poderosas y de la majestad y la gloria de tu reinado.

Pues tu reino es un reino eterno; gobiernas de generación en generación.

El Señor siempre cumple sus promesas; es bondadoso en todo lo que hace.

El Señor ayuda a los caídos y levanta a los que están agobiados por sus cargas.

Los ojos de todos buscan en ti la esperanza; les das su alimento según la necesidad.

Cuando abres tu mano, sacias el hambre y la sed de todo ser viviente.

El Señor es justo en todo lo que hace; está lleno de bondad.

El Señor está cerca de todos los que lo invocan, sí, de todos los que lo invocan de verdad.

Él concede los deseos de los que le temen; oye sus gritos de auxilio y los rescata.

El Señor protege a todos los que lo aman, pero destruye a los perversos.

Alabaré al Señor, y que todo el mundo bendiga su santo nombre por siempre y para siempre».

Diana: Bueno, ciertamente los salmistas conocían a Dios. Y ese Dios fue quien pastoreó al pueblo de Israel a lo largo de su peregrinaje y le dio sustento—¡así como lo hace con nosotras! Sin embargo el pueblo fijó sus ojos en lo que recibieron en lugar de mirar al Dador. 

Una de las cosas que Dios nos da es la comida, y es un regalo para ser disfrutado. ¿Cómo sabemos cuando este buen regalo se ha convertido en un ídolo? En nuestra próxima serie hablaremos sobre cómo podemos estar satisfechas en Cristo. Acompáñanos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Annamarie: Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Exaltado Sobre Todo, Para Su Gloria, El Fin Desde El Principio ℗ 2018 PSG.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Colabora con nosotras

Tenemos el privilegio de proporcionar las transcripciones de estos mensajes vivificantes. Si el Señor ha usado Aviva Nuestros Corazones para bendecir tu vida, ¿considerarías donar hoy para ayudar a cubrir los costos y expander el mensaje?

Donar $5

Únete a la conversación