Podcast Aviva Nuestros Corazones

Por donde pase el río, día 1

Carmen Espaillat: El reino de Dios está avanzando de maneras que no puedes ver.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Así que levanta tus ojos. Si sientes dolor, impotencia, confusión sobre lo que sucede en nuestro mundo o en tu mundo, ¿has visto esto? ¿Estás viendo?

Abre tus ojos. Mira al río de vida; mira lo que el Espíritu de Dios está haciendo en este mundo y su efecto transformador en nosotras y a través de nosotras en todo el mundo.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy Nancy da inicio a una nueva serie titulada, «Por donde pase el río».

Nancy: Estaba pensando esta mañana en unas amigas que están pasando por momentos realmente difíciles, aguas profundas, tiempos difíciles. La amiga, o mas bien la pareja que me ayudó a producir mi CD de piano, en las últimas semanas acaban de enterarse que ella ha sido diagnosticada con cáncer. Ella tuvo una cirugía y está librando una batalla difícil, muy difícil. Y probablemente no va a lograrlo aquí en esta tierra. Pero ella va a triunfar en el gran panorama. Ella se dirige al cielo. Hace solo un par de días, su hija se casó en el hospital para que su madre pudiera asistir a la boda.

Hace dos semanas no tenían ni idea de que esto estaba pasando. Ahora su mundo ha dado un vuelco y está al revés. Hubo lágrimas mientras mi esposo y yo hablábamos de esto y orábamos por ellos.

Y todas las noches, antes de irnos a dormir, oramos por varias familias que tienen hijos e hijas pródigos, personas que están abrumadas, cargadas por sus hijos y cargan con ese tipo de dolor. Tenemos también amigos que tienen matrimonios difíciles; algunos de los cuales tal vez representan tu matrimonio.

Y he tenido mujeres que han derramado sus corazones acerca de situaciones que están atravesando con hijos, con familia, con negocios, con finanzas, con situaciones físicas. Hay mucho dolor. Mucha angustia. Mucha impotencia. Mucho quebrantamiento en este mundo.

Y no solo en nuestras propias vidas, sino que enciendes las noticias y ves más dolor, más problemas, más crimen, más violencia, más locura, más consecuencias de una cosmovisión pagana en nuestro mundo; y el pecado cosechando sus consecuencias naturales.

En medio de toda esta locura, cuando tus ojos se llenan de lágrimas, a veces es fácil perder la perspectiva. Y terminamos con nuestra visión quebrantada y entonces la esperanza se erosiona. Y algunas veces llegamos al punto en el que solo queremos tirar la toalla, rendirnos, renunciar.

Olvidamos muy fácilmente que este no era el propósito de Dios. Esto no es lo que Dios tenía en mente cuando colocó a Adán y a Eva en el Jardín del Edén. Olvidamos que Dios es un Dios redentor quien está haciendo todas las cosas nuevas.

Una de las cosas que debemos hacer mientras vamos a la Palabra de Dios día tras día, es alejarnos de las noticias, volvernos a la Palabra de Dios y obtener una visión fresca de la grandeza de Dios y Su poder, de lo que Él está haciendo en nuestro mundo, y de qué papel desempeñamos en la historia que Él está escribiendo.

Eso es lo que queremos hacer en esta breve serie de tres partes, tres programas: echar un vistazo a un pasaje del libro de Ezequiel. Ezequiel 47. Así que si tienes tu Biblia contigo, permíteme animarte a que vayas allí. Quiero que me sigas si te es posible.

Ahora, si estás escuchando este programa mientras conduces, no sería conveniente recurrir a tu Biblia. Pero si estás en tu casa, o en una situación en la que te es posible, te animo a buscarla. Y quiero que mires este pasaje conmigo. Vamos a analizarlo y a ver cómo obtenemos esperanza y una perspectiva de lo que Dios está haciendo en nuestro mundo y hacia dónde va, en última instancia, todo este desorden.

Déjame darte un poco de contexto aquí mientras encuentras Ezequiel 47. Ezequiel era un sacerdote, era un hebreo, era judío. Y junto con miles de otros israelitas, hasta este momento,había estado exiliado en Babilonia por cerca de veinticinco años. Y como hombre de Dios, allí con los otros judíos en Babilonia, recibió visiones de parte de Dios. Dios le dio un mensaje de esperanza para Su pueblo.

Ahora, la más famosa de esas visiones es una que no vamos a ver hoy, pero solo quiero mencionarla. Se encuentra diez capítulos antes, en Ezequiel 37. Recuerda la visión del valle lleno de huesos secos y muertos.

A Ezequiel se le dijo que profetizara, que hablara a esos huesos muertos y secos, ¿para que ellos pudieran qué? Vivir, volver a la vida. Y como era de esperarse, a través del Espíritu de Dios y la Palabra de Dios, esos huesos muertos cobraron vida, se juntaron y se levantaron como un gran ejército de justicia.

Y esta era una imagen para el pueblo de Dios, que enfrentaba el juicio y la devastación como resultado de su pecado. Era un recordatorio del hecho de que las cosas muertas pueden vivir a través del poder del Espíritu de Dios.

Y luego tenemos en los capítulos del 40 al 47 de Ezequiel, al sacerdote, al profeta de Dios transportado en visiones a Jerusalén, a la tierra natal donde el amado templo judío había sido saqueado décadas antes. Ezequiel es guiado en una visión profética, en un recorrido por el templo milenial en el tiempo del fin. Es un pasaje complicado, y vamos a estar viendo el capítulo 47 en el final de ese recorrido.

Voy a estar leyendo los versículos del 1 al 12. Quiero que mientras escuchas esto, porque es confuso si no prestas atención, que te fijes en las las palabras o frases repetidas. Esto te dará una idea de cual es el tema de este pasaje. Así que está atenta a las palabras clave, a las palabras repetidas.

Comienzo leyendo en el versículo 1: «Después me hizo volver a la entrada del templo...» Ahora, Ezequiel ha estado en el recorrido de este templo y quien lo dirige es una especie de guía turístico celestial, probablemente un ángel, tal vez Cristo mismo. No lo sabemos. Pero dice:

«Después me hizo volver (al final de este recorrido) a la entrada del templo; y he aquí, brotaban aguas de debajo del umbral del templo hacia el oriente, porque la fachada del templo daba hacia el oriente. Y las aguas descendían de debajo, del lado derecho del templo, al sur del altar. Me sacó por la puerta del norte y me hizo dar la vuelta por fuera hasta la puerta exterior, por la puerta que da al oriente. Y he aquí, las aguas fluían del lado sur» (vv. 1–2).

Ahora, permíteme hacer una pausa aquí, y decir que por ningún lado hay una fuente de agua natural cerca del templo en Jerusalén. De manera que ver agua brotando desde el templo es algo inesperado. Es una visión extraordinaria. Es un espectáculo increíble. Esto tuvo que cautivar inmediatamente la atención de Ezequiel. Sigo leyendo:

«Cuando el hombre salió hacia el oriente con un cordel en la mano, midió mil codos (cerca de media milla), y me hizo pasar por las aguas, con el agua hasta los tobillos (solo unas pocas pulgadas de profundidad). Midió otros mil (codos), y me hizo pasar por las aguas, con el agua hasta las rodillas. De nuevo midió otros mil (codos) y me hizo pasar por las aguas, con el agua hasta la cintura. Y (una cuarta vez) midió otros mil (ya estamos en aproximadamente dos millas); y ya era un río que yo no pude vadear, porque las aguas habían crecido, aguas que tenían que pasarse a nado, un río que no se podía vadear. Entonces me dijo: ¿Has visto, hijo de hombre? (vv. 3–6).

Bueno, qué pregunta, «¿has visto?» Esto es asombroso. A veces, cuando leemos pasajes como este en las Escrituras, nuestros ojos pasan por encima. Sí, ya he leído eso. Otra vez. He estado allí. Ezequiel está viendo esto por primera vez, y dice, «¡wow! Esto es increíble. ¿Lo has visto?
A veces me pregunto si Dios querría hacernos la misma pregunta acerca de lo que Su Espíritu está haciendo en nuestro mundo de hoy. Lo hemos perdido de vista. Se ha vuelto aburrido, monótono para nosotras. ¿Lo has visto? ¿Lo estás viendo? ¡Abre tus ojos! Mira y ve lo que Dios está haciendo.

Y dice el versículo 6: «Me llevó y me hizo volver a la orilla del río». Versículo 7: «Y cuando volví, he aquí, en la orilla del río había muchísimos árboles a uno y otro lado. Y me dijo: Estas aguas salen hacia la región oriental y descienden al Arabá; luego siguen hacia el mar» (v. 8).

Ahora, eso sería geográficamente el mar Muerto que está al este de Jerusalén y del templo.

Voy a hacer un pequeño paréntesis aquí. Si vas a Zacarías 14, vuelves a leer sobre este río y cómo el agua brota desde Jerusalén. Pero nos dice el texto que el agua en realidad se divide y va en dos direcciones; la mitad desciende hacia el este, hacia el mar Muerto, y la otra mitad hacia el oeste, hacia el mar Mediterráneo. Ezequiel en su visión solo sigue la rama que va hacia el este. Continuando en el versículo 8:

«... y desembocan en el mar (el mar Muerto); entonces las aguas del mar quedan purificadas. Y sucederá que dondequiera que pase el río, todo ser viviente que en él se mueve, vivirá. Y habrá muchísimos peces, porque estas aguas (las aguas que vienen del templo en Jerusalén) van allá, y las otras son purificadas; así vivirá todo por donde pase el río. Y junto a él se pararán los pescadores, y desde En-gadi hasta En-eglaim (estas son ciudades a lo largo de la costa del mar Muerto) habrá un lugar para tender las redes. Sus peces serán según sus especies, como los peces del mar Grande (del mar Mediterráneo hacia el oeste), numerosísimos. Pero sus pantanos y marismas no serán purificados; serán dejados para salinas. Junto al río, en su orilla, a uno y otro lado, crecerán toda clase de árboles que den fruto para comer. Sus hojas no se marchitarán, ni faltará su fruto. Cada mes darán fruto porque sus aguas fluyen del santuario; su fruto será para comer y sus hojas para sanar (vv. 8–12).

Oh Señor, ¿podrías darnos entendimiento? Dame entendimiento. Habla a nuestros corazones, oro en el nombre de Jesús. Amén.

¿Cuáles fueron las palabras clave que escuchaste en este pasaje? ¿Cuál es la que escuchaste más que cualquier otra? Agua y aguas; al menos catorce veces si conté correctamente en esta traducción. Agua o aguas. Y luego hay otra palabra. ¿El agua se convierte en qué? En un río. Siete veces leemos esa palabra.

Ahora, cuando escuchas sobre esta agua y esta entrada y esta puerta y aquella entrada, y está fluyendo de esta manera y hay codos y esto y lo otro, ¿te sientes un poco confundida por momentos solo tratando de imaginar lo que está pasando aquí?

Está bien si te sientes así. Matthew Henry, quien fue un gran comentarista puritano, dijo sobre todo este pasaje que era «una de las partes más difíciles... en todo el libro de Dios». En las sesiones de esta semana vamos a intentar echarle solo una ojeada a lo que significa.

Ahora, algunos estudiosos de la Biblia, pensando en este pasaje de Ezequiel 47, creen que este río es estrictamente literal. Un río que da vida y que fluye desde el futuro templo milenial. Una Biblia de estudio dice que este pasaje describe los «increíbles cambios físicos y geográficos que ocurrirán en la tierra» durante el reinado milenial de Cristo. Entonces habrá cambios topográficos y geográficos en la tierra y esto describe cómo será eso.

Otros estudiosos dicen que este pasaje es estrictamente simbólico. Es figurativo. Pienso que probablemente sea ambas cosas. Ciertamente está la dimensión física. A medida que se elimina la maldición del pecado y Jesús viene a reinar y gobernar aquí en la tierra, la tierra será restaurada y habrá bendiciones que descenderán mientras la maldición desaparece, como cantamos en Navidad.

Pero también, creo que está es una parábola profética –una imagen del río de la Vida. Verás, a lo largo de la Escritura, el agua está asociada con el Espíritu Santo. Y vemos aquí una parábola del derramamiento del Espíritu Santo. Y en un sentido simbólico, creo que tal vez el cumplimiento de esta imagen comenzó cuando Dios derramó el agua viva del Espíritu sobre la iglesia en el día de Pentecostés.

Entonces el evangelio comenzó a extenderse. Y el cumplimiento de esta imagen continúa hoy mientras el Espíritu sigue moviéndose a través del mundo, a través de las naciones, por medio del testimonio del evangelio de Su pueblo quienes están llenos del Espíritu Santo de Dios. El río fluye de ellos, a través de ellos, hacia el mundo.

Y así vemos en esta imagen el progreso, el avance, la propagación del evangelio en el mundo. Vemos la presencia, la obra del Espíritu Santo en movimiento en todo el mundo. Y vemos la obra del Espíritu Santo moviéndose en nuestros propios corazones y en nuestras iglesias; un río de bendición, de crecimiento y plenitud, de abundancia y sanidad. Es el río de vida que fluye desde el templo y el Espíritu de Dios.

Creo que el cumplimiento final de este pasaje llegará ese día cuando Cristo regrese para reinar en la tierra. Y Él traerá los cielos nuevos y la nueva tierra, y completará la obra que está ahora parcialmente hecha.

Así que quiero que examinemos este río en los próximos días. Vamos a ver su fuente, su lugar de partida. Quiero que veamos su ascenso y su progreso. Que veamos algunas características de este río y luego miremos algunos de los efectos de este río. Qué diferencia hace en el mundo.

En los primeros dos versículos de Ezequiel 47 vemos la fuente o el lugar de partida de este río. Dice: «Después me hizo volver a la entrada del templo; y he aquí, brotaban aguas de debajo del umbral del templo». Y luego: «Y las aguas descendían de debajo, del lado derecho del templo, al sur del altar».

Entonces, ¿dónde comienza este río? Comienza en el templo. Esa es su fuente, la morada de Dios, el lugar donde la presencia de Dios se manifiesta, el lugar donde Dios se encuentra con Su pueblo, donde el cielo se junta con la tierra, donde Dios y los pecadores son reconciliados.

El templo. La morada de Dios. Toda la vida espiritual y el crecimiento comienzan con la presencia de Dios. No hay otro lugar donde podamos encontrar vida verdadera, crecimiento verdadero, que no sea a través de una relación con Dios por gracia mediante el poder del Espíritu Santo.

Brotó «de debajo del umbral», dice la Escritura. Comenzó bajo el umbral, debajo del templo, por debajo de la superficie, oculto a la vista. Esta es una obra interna del Espíritu de Dios en los corazones de Su pueblo.

La fuente de la vida cristiana es un misterio. Cuando alguien se convierte a Cristo, no puedes verlo en el exterior. Es una obra del Espíritu de Dios que siembra la semilla de la fe y del arrepentimiento, la semilla del Espíritu siendo plantada en la vida de esa persona. «Vuestra vida está escondida con Cristo en Dios», dice Pablo en Colosenses 3 (Col 3:3).
Y así comienza en el templo y fluye más allá del altar. Ahí es donde se hicieron los sacrificios. Este río apunta hacia la cruz, a la obra del sacrificio de Cristo. Como dice Warren Wiersbe sobre este pasaje: «Todas las bendiciones de Dios deben comenzar con el altar», y esto es porque todo esto señala a Cristo. Cristo es el templo final del Nuevo Testamento. Él es la puerta. Él es el altar. Él es nuestra vida, y esas aguas ocultas, aguas vivas de vida, vida espiritual, fluyen de Él.

Ahora, las gente hoy está intentando muchas otras formas de encontrar vida, para encontrar vitalidad. Pero tenemos que volver a ese lugar donde el guía turístico angelical llevó a Ezequiel, «volver a la entrada del templo», de regreso a Cristo. Ahí es donde encontramos vida.
Luego, en los versículos del 3 al 6, vemos el ascenso y el progreso del río. Este río comienza como un chorrito subiendo desde debajo del umbral del templo, pasando el altar, por la puerta en el lado este y fluyendo hacia el este.

Y así, este mensajero angelical toma a Ezequiel en esta visión en un recorrido aproximado de media milla, y el agua tiene ahora unos centímetros de profundidad, hasta el tobillo. Luego continúan avanzando, y ven el progreso de este río aproximadamente otra media milla, y ahora el agua está a la altura de la rodilla. El río se vuelve más profundo. Se está poniendo más intenso. Hay más agua. Tiene más volumen. Está aumentando. Y avanzan otra media milla, y ves que el agua está hasta la cintura. Y luego otros mil codos y es «un río que yo no pude vadear», dice Ezequiel, «porque las aguas habían crecido, aguas que tenían que pasarse a nado».

Entonces este chorrito de agua aumenta rápidamente en profundidad y en volumen. Se convierte en un arroyo poco profundo, luego se convierte en una corriente que fluye. Al final de esta visión, es un río embravecido. De hecho, se le llama «ríos», aguas, cuando llegas al final del pasaje. Todo ese enorme volumen de agua comienza con una pequeña corriente, con un pequeño chorrito que sale de debajo del umbral del templo.

Y cuáles son las características de este río. Bueno, primero es un suministro sobrenatural. Como hemos dicho, no hay una fuente natural de agua cerca del templo. Entonces no hay una explicación humana o natural de dónde vino esta agua o cómo llegó allí. No hay corrientes que lo alimenten. No hay una fuente externa que no sea Dios mismo.

Dios es quien inicia este río. Él es quien lo hace crecer. Él es quien lo hace incrementar. Él es quien lo hace fluir. Él es quien lo fortalece hasta que se convierte en un río grande y poderoso. No podría suceder aparte de Él. Y no hay vida espiritual o crecimiento posible separado de Dios.

Comenzando en Génesis 2 dice: «Y el Señor Dios hizo brotar de la tierra todo árbol» (Gén. 2: 9). Dios es quien trae la vida. Dios es quien trae crecimiento en tu vida, en la vida de tu esposo, en la vida de tus hijos, en la vida de tu iglesia y en la propagación del evangelio en todo este mundo.

Nacemos espiritualmente muertas. No podemos regenerarnos a nosotras mismas. No podemos volvernos nosotras mismas a la vida. Pero 1 Pedro nos dice que: «Según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva» (1 Ped. 1: 3). La vida espiritual proviene del Espíritu de Dios. Él es la fuente de toda vida.

Nosotras no podemos fabricar vida espiritual, ni vitalidad, ni crecimiento ni abundancia por nuestra propia cuenta. No podemos hacerlo en nuestras propias vidas. No podemos hacerlo por nuestras familias tampoco. No podemos hacerlo por nuestras iglesias. No podemos hacerlo en este mundo. Pero Dios puede. Algunas veces, alabado sea Dios, Él lo hace. Él es quien produce este río de vida.

Ahora, observa que es un río que corre y fluye. No está estancado, ni son aguas quietas. Esto es agua viva. Y creo que es una imagen de que el Espíritu de Dios está siempre vivo, en movimiento y obrando, y transforma todo lo que toca. La Palabra de Dios está activa. Está viva.

Pablo oró para que la Palabra de Dios, el evangelio pudiera correr libremente y con poder. Ese es el río de vida fluyendo, haciendo la diferencia. No debería existir tal cosa como un cristiano estancado, una iglesia estancada, un testigo del evangelio estancado, porque el Espíritu y la Palabra de Dios siempre se están moviendo y fluyendo, incluso aquí hoy. En la habitación donde estás, en nuestros corazones, si dejamos fluir ese río.

Entonces es un suministro abundante. Es un suministro interminable de agua. Nunca se seca, como lo hacen la mayoría de las corrientes en Palestina. De hecho, Zacarías 14 dice de este río: «será lo mismo en verano que en invierno» (Zac. 14: 8). Todo el tiempo. Un suministro abundante, completo e interminable.

Ahora, todo esto es un retrato del progreso de la gracia en nuestros corazones. A medida que la semilla del evangelio se planta, echa raíces y comienza a crecer y a desarrollarse, a madurar y a producir fruto. Es un retrato del impacto del reino de Dios y la propagación del evangelio en todo el mundo. Comienza como una pequeña corriente, como un chorrito y luego se vuelve más y más profundo, aumenta y crece a medida que fluye.

Es de lo que Jesús habló en Mateo 13 donde Él dijo: «El reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo (una semilla pequeña y diminuta), y que de todas las semillas es la más pequeña; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de modo que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas» (vv. 31-32). Otra metáfora, otra imagen, una parábola similar a este río de vida.

¿Recuerdas cómo el evangelio comenzó en Jerusalén? Ciento veinte creyentes se reunieron en el aposento alto, y oraron y Dios envió Su Espíritu Santo, una pequeña corriente, un chorrito de debajo del umbral del templo que venía de los doce apóstoles a esos ciento veinte creyentes.

Entonces en el día de Pentecostés, wow, tres mil fueron salvados. El Espíritu se mueve y fluye, y el evangelio avanza. Y luego, en un período de solo días, se salvaron más de cinco mil hombres. Las familias venían a Jesús.

Vemos cómo el evangelio se predicó primero a los judíos en Judea y en Galilea, luego a los samaritanos, luego a los gentiles y en todo el Imperio Romano, y ahora a través de todo el mundo conocido. Este asombroso crecimiento y expansión del evangelio de Cristo como el río de vida fluye y crece, se profundiza y se expande y va por todo el mundo.

Ha habido tiempos a lo largo de los siglos cuando otros poderes y gobiernos y religiones falsas y falsas ideologías han venido y han tratado de hacer retroceder la expansión del evangelio. Pero este río de vida que fluye de Dios, la propagación del evangelio en el mundo es en última instancia, imparable.

La Escritura nos dice que un día «la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del Señor como las aguas cubren el mar» (Hab. 2:14). El río de vida llenándote, llenándome, llenándonos, llenando esta tierra con la gloria de Dios.

Así que levanta tus ojos. Si sientes dolor, impotencia, confusión sobre lo que está sucediendo en nuestro mundo o en tu mundo. Mira al río de vida. Mira lo que el Espíritu de Dios está haciendo en este mundo y su efecto transformador en nosotras y a través de nosotras en todo el mundo. Amén.

Carmen: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth, dándote una perspectiva importante y hermosa sobre la propagación del evangelio en todo el mundo. Puedes escuchar nuevamente este programa al visitarnos en AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Hay algún área de tu vida en la que te sientas sin fruto? Mañana escucharás sobre la esperanza para un cambio verdadero. Nancy te hablará sobre el río que trae nueva vida, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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