Aviva Nuestros Corazones Podcast

Puertas abiertas y corazones abiertos

Carmen Espaillat: ¿Es tu idea de la hospitalidad algo como...una reunión familiar en Navidad?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: La hospitalidad para los judíos del Antiguo Testamento no era un evento. Era una forma de vida, y debe ser una forma de vida para nosotras.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Si lees las historias del Antiguo Testamento con una mentalidad del siglo 21, te perderás detalles en esas historias acerca de la hospitalidad. Hoy Nancy nos ayudará a verlas con una perspectiva más clara, como continuación de la serie titulada, «El corazón de la hospitalidad».

Nancy: Hemos estado hablando en los últimos programas acerca del ministerio de la hospitalidad y de cómo podemos reflejar el corazón hospitalario de Dios abriendo nuestros corazones y nuestros hogares a otras personas. Ahora, a medida que tú escudriñas la Escritura y empiezas a estudiar este asunto de la hospitalidad, encuentras que en el Antiguo Testamento hay muchas, muchas ilustraciones de hospitalidad. La hospitalidad para los judíos del Antiguo Testamento no era un evento. Era una forma de vida, y debe ser una forma de vida para nosotras.

Los judíos del Antiguo Testamento creían que porque Dios era su anfitrión y es hospitalario, entonces ellos estaban obligados a mostrar hospitalidad a los demás. Para los judíos del Antiguo Testamento, la hospitalidad era un deber sagrado. Era impensable negar hospitalidad a una persona necesitada. Era algo esperado. No era una opción. Los que viajaban o los que eran pobres y necesitados tenían derecho de esperar que si iban a tu casa, ellos podían esperar hospitalidad. Era de esperar que  proporcionaras comida y alojamiento, o lo que fuera necesario para satisfacer sus necesidades, y que también se les daría lo que fuera necesario para que pudieran seguir adelante en su viaje.

Leí la semana pasada literatura acerca de algunos rabinos del Nuevo Testamento sobre la hospitalidad, y ellos adquirieron ese corazón de la hospitalidad del Antiguo Testamento. Se decía que los rabinos habían sugerido que cada hogar debía tener puertas en cada lado de la casa, y que esas puertas debían estar abiertas para que los viajeros y los pobres que se acercaran por cualquier lado pudieran tener acceso fácil.

Qué imagen de la hospitalidad: Una puerta en cada lado de la casa, siempre abierta para que cualquier persona pudiera entrar. Se decía que un rabino en particular, el Rabino Huna, tenía la costumbre de abrir la puerta de su casa cuando estaba a punto de tomar su comida, diciendo: «Cualquiera que tenga hambre puede venir, entrar y comer».

En Jerusalén, decía esta literatura rabínica, los judíos tenían una costumbre de exhibir una bandera delante de la puerta para indicar que la comida estaba lista y que los huéspedes podían entrar y unirse. Incluso decían que debías extender el tiempo de la comida todo lo que fuera posible para que aquellos que llegaran tarde , tuvieran tiempo de llegar y entrar a comer. Decían que era considerado como un deber del anfitrión el estar alegre durante las comidas con el fin de hacer que sus huéspedes se sintieran como en casa y cómodos en su mesa.

Así que ya ves que la hospitalidad era una forma de vida para los judíos, siempre con un corazón abierto, lo que significaba tener una casa abierta. Ahora, los judíos de los días de Jesús, pensaban en Abraham, su padre en la fe, como el modelo supremo de la hospitalidad. Así que para ver un modelo de hospitalidad del Antiguo Testamento, pensé que sería de gran ayuda ir al libro de Génesis. Si tienes tu Biblia, déjame invitarte a que vayas a Génesis capítulo 18, donde vemos el ejemplo de Abraham brindando hospitalidad.

En este pasaje tenemos algunas buenas ideas acerca de lo que significa extender la hospitalidad cristiana. Génesis capítulo 18, veremos los primeros ocho versículos. Ahora, permítanme decir que el propósito de este pasaje no es principalmente enseñar acerca de la hospitalidad. Dios iba a decirle a Abraham que Sara iba a tener un hijo, siendo de noventa años de edad, Sarah iba a tener un bebé, y esta fue la manera que Dios escogió para darle el mensaje a Abraham. Pero es interesante ver cómo la hospitalidad juega un papel en toda esta historia y se convierte en una parte importante del mensaje que recibe Abraham.

Abraham se encuentra sentado al mediodía. Es el momento más caluroso del día. Está descansando del calor del desierto, y el Señor se le aparece. Ahora, sabemos que era el Señor, porque la Escritura lo dice, pero Abraham aparentemente no sabe al principio que este es el Señor. De hecho, es interesante ver que la bendición que Abraham recibió en ese encuentro, y la revelación que Dios le dio acerca de lo que Dios iba a hacer, se produjo después de que Abraham le ofreció hospitalidad.

Pienso en cómo, humanamente hablando, Abraham pudo haber perdido la bendición que Dios quería darle, si él no hubiera abierto su casa, si la hospitalidad no hubiera sido una forma de vida para él. Eso me hace preguntarme cuántas bendiciones Dios tiene para nosotras, y cuántas veces Él quiere revelarse a sí mismo y quiere revelar Su corazón y Sus caminos a nosotras. Dios tiene bendiciones y recompensas que Él quiere compartir con nosotras, y podemos perderlas si no abrimos nuestros hogares.

Así que el Señor viene, y el versículo 2 dice: «Así que él (Abraham) alzó los ojos y miró, he aquí, tres hombres estaban parados frente a él». Sabemos a medida que conocemos el resto del pasaje, que uno de esos hombres era en realidad Dios como una aparición en el Antiguo Testamento. Dos de los hombres eran ángeles, y ahí es donde en el Nuevo Testamento leemos que algunos, al abrir sus hogares a los extraños, hospedaron ángeles sin darse cuenta, así nos dice Hebreos capítulo 13 versículo 2.  Este es uno de esos casos.

Pero todo lo que Abraham sabe es que hay tres hombres que están pasando por su tienda, ahí en el desierto, en el calor del día. Cuando él los vio. . . puedes imaginar la escena aquí, que esto no fue algo en lo que él se detuvo y pensó; él hizo algo  espontáneamente.

Y al verlos corrió de la puerta de la tienda a recibirlos, y se postró en tierra, y dijo: «Señor mío, si ahora he hallado gracia ante tus ojos, te ruego que no pases de largo junto a tu siervo. Que se traiga ahora un poco de agua y lavaos los pies, y reposad bajo el árbol; y yo traeré un pedazo de pan para que os alimentéis, y después sigáis adelante, puesto que habéis visitado a vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho» (Gén. 18: 2-5).

Veo en este pasaje que Abraham simplemente da por un hecho que él debe ser hospitalario, no se sienta y piensa: «Ahora, ¿tengo tiempo hoy para mostrar hospitalidad a estos extraños? ¿Qué hay en mi agenda para hoy?». Estoy segura de que Abraham tenía cosas en su agenda, pero fuera lo que fuera, él  fue flexible. Él estuvo dispuesto a hacer cambios en su agenda para recibir a estos hombres que venían a él, porque  entendía lo importante que es la hospitalidad.

Lo vemos como un anfitrión, siendo un  anfitrión humilde en la manera en que se inclinó al suelo y se dirigió a estos extranjeros. Él dijo: «Si he hallado gracia ante tus ojos, no pases de largo». Él está diciendo, en efecto es, «me has hecho un gran honor al visitarme. Es un privilegio que pasaras por mi tienda». ¿Te sientes de esa manera cuando hay personas que van a tu casa de forma inesperada, a la hora del almuerzo o de la cena? «¡Oh, qué bendición que pases por aquí!».

Confieso que a veces, cuando tengo mi propia agenda, mi lista de tareas, cosas en las que estoy trabajando, mi horario ya organizado para el día, no es fácil cuando el teléfono suena y alguien me dice: «Estamos llegando a la ciudad, y nos gustaría verte». O suena el timbre, y mi casa está situada en un lugar que es muy accesible, y mi timbre suena a menudo y la gente simplemente se detiene a visitarme; y a veces es difícil  recibir invitados de forma inesperada.  A veces es difícil comunicar ese espíritu de «eres bienvenido aquí».

Pero veo en Abraham un gran ejemplo de alguien diciendo: «Es un honor que tú me visites». Nota que su enfoque como anfitrión está en sus invitados, no en sí mismo. Creo que ese es el corazón de la hospitalidad. Mi atención se centra en ti, no en mí, no en mi casa, no en todas las cosas que no he recogido y que estoy avergonzada de que tú veas, sino que mi atención se centra en ti, haciéndote sentir cómoda y bienvenida. Es mi alegría servirte. Creo que eso es lo que Abraham está comunicando.

Él se ofrece a sí mismo de una manera práctica para satisfacer las necesidades de ellos. Él está alerta y sensible a lo que son las necesidades de sus invitados. Hace calor. Ellos han estado viajando. Él sabe que probablemente ellos están sedientos. Él sabe que probablemente tienen hambre. Así que él está atento para poder satisfacer sus necesidades prácticas.

Luego el versículo 6 nos dice que esto no siempre es fácil. Hay un esfuerzo que hacer cuando se brinda hospitalidad. «Entonces Abraham fue de prisa a la tienda donde estaba Sara». ¿No fue algo muy conveniente que Sarah estuviera ahí? Porque no creo que Abraham pudiera haber manejado todo esto por su cuenta. Él fue de prisa a la tienda donde estaba Sara, y le dijo: «Apresúrate a preparar tres medidas de flor de harina, amásalas y haz tortas de pan».

Ahora, eso me parece gracioso cuando lo leo esto, porque no puedo imaginar la idea de hornear pan de prisa, rápidamente. Cuando pensamos en hacer algo rápidamente hoy en día, no pensamos en hornear pan. Eso demuestra que tenemos un concepto totalmente diferente del tiempo al de esos días. Triturar la harina, mezclarla, amasarla, hornearla, y hazlo rápidamente.

Luego el versículo 7 nos dice: «Corrió también Abraham a la vacada y tomó un becerro tierno y bueno, y se lo dio al criado, que se apresuró a prepararlo». Así que él sale y encuentra un animal vivo. Él va a cazar la comida, pero lo está haciendo de prisa, rápidamente. «Así que tomó la mantequilla y la leche y el becerro que había preparado, y lo puso delante de ellos y él se quedó de pie junto a ellos debajo del árbol mientras comían».

La hospitalidad implica trabajo. Implica esfuerzo. Se trata de compartir lo que es tuyo, y, a veces implica sacrificio, si no tienes mucho.

Veo aquí que la hospitalidad es un esfuerzo familiar. Ellos estuvieron involucrados en esto juntos. Vamos a hablar de cómo tu familia puede participar, todos juntos en el ministerio de la hospitalidad.

Entonces vemos que la hospitalidad significa que el anfitrión tiene que tener un corazón de siervo. Vean esa última frase: «Él se quedó con ellos debajo del árbol mientras comían» (v. 8). Eso se consideraba apropiado y educado en la cultura del Antiguo Testamento. Mientras tus huéspedes estaban comiendo, tú te quedabas junto a ellos. ¿Por qué? Porque tú eras su siervo. Tú decías: «Ven a mi casa, y déjame servirte». Así que cuando brindamos hospitalidad, estamos mostrando el corazón de siervo de Jesús.

Abraham era el tipo de anfitrión que deseo ser: espontáneo, flexible, de tienda abierta, de casa abierta, de corazón abierto —vengan, entren, y reposen.

Ahora, cuando hablamos de la hospitalidad, la cultura en que vivimos es tan impersonal y está tan rota y fragmentada en sus relaciones. Este es uno de los muchos desafíos que enfrentamos. Para mí, y supongo que para muchas mujeres, uno de los mayores retos es la agenda, el tiempo para ser hospitalaria. Pienso en este año pasado; me encanta la hospitalidad, ha sido un gran ministerio y una gran bendición en mi vida,  pero mi agenda ha sido tal. . .  A medida que estudiaba esto, me di cuenta de que he llegado a estar tan ocupada que no he tenido tiempo para abrir mi casa en la forma en que lo he hecho en el pasado.

Ahora, no es mi intención que alguien se sienta culpable. Hay temporadas para todo en la vida y algunas de ustedes en este momento. . . tienen muchos hijos y quizás los están educando en casa. Probablemente habrá una temporada de tu vida, cuando podrás mostrar hospitalidad de una forma diferente a la que puedes hacerlo ahora mismo. Lo entendemos. Pero también creo que sí estamos muy ocupadas para ser hospitalarias de alguna manera, estamos demasiado ocupadas.

Quisiera preguntarle a algunas personas cuando las escucho decir que no tienen tiempo para ser hospitalarias, preguntarles, ¿cuántas noches has pasado en el cine en el último año? ¿Hay algunas de esas noches que tal vez pudiste haber abierto tu casa a otros y ministrarles con la hospitalidad?

Permítanme decir algo que sé que va a generar probablemente alguna reacción, pero creo esto con todo mi corazón. Creo que una de las grandes razones por las que no vemos más hospitalidad siendo demostrada es porque hay tantas mujeres que están tan ocupadas con muchas otras cosas, algunas son importantes, pero otras no tanto. Como resultado no tienen el tiempo, la energía o el deseo de invitar personas a sus casas.

Creo que esta es una de las áreas en las que tenemos que evaluar nuestras actividades, trabajo, voluntariado, hobbies y recreación, incluso, hábitos en las redes sociales, ¡todo! Y pedirle al Señor que nos ayude a determinar si este es el tiempo de nosotras para hacer todas esas cosas.

Ahora, hay otras razones que considerar en esto, pero esta es una de ellas. Tenemos tantas personas que necesitan un contacto personal, muchas madres jóvenes que necesitan madres mayores cuyos hijos ya son adultos, que les digan: «Ven a mi casa. Tomemos una taza de café. Vamos a hablar de eso. Déjame orar por ti. Déjame animarte». ¿Dónde están esas mujeres mayores que hagan eso? Muchas de ellas están en los negocios, con trabajos que requieren lo mejor de su tiempo y esfuerzo y les deja poco tiempo para dedicarse a este tipo de ministerio. El Señor puede estar dirigiendo a estas mujeres a tener trabajos a tiempo completo fuera de sus casas por varias razones. Pero si estamos buscando la voluntad de Dios y Sus prioridades para nuestras vidas, creo que Él nos enseñaría la importancia de las buenas obras y los actos de misericordia que la Escritura dice que es lo que hace a una mujer hermosa. Ese es nuestro llamado.

A medida que hemos hablado de la hospitalidad, me puedo imaginar a alguien pensando: «Bueno, la hospitalidad en sí podría ser una tarea de tiempo completo». Bueno, no te sientas culpable porque Dios no te pidió tener a todas las personas de tu iglesia en tu casa la próxima semana. Hay un tiempo y una etapa para todo, y Dios no te está pidiendo que seas la única en tu iglesia que practique la hospitalidad. Pero tenemos que pensar radicalmente acerca de nuestras prioridades y en lo que nos impide poner en práctica las cosas que la Escritura nos dice claramente que tenemos que estar haciendo, la hospitalidad entre ellas.

Ahora, cuando pensamos en los desafíos y los obstáculos, uno de ellos al practicar hospitalidad es el trabajo y el esfuerzo que involucra. Tenemos que reconocer que la hospitalidad involucra sacrificio.

Entonces creo que a veces solo tenemos temor. ¿Qué voy a hablar con personas que realmente no conozco? El temor de hacer algo tonto, de ser avergonzada, de una comida que no quede bien, esto es algo a lo que no estás acostumbrada.

Es por eso que es importante no sentirte como que tú tienes que comenzar acogiendo a miles en tu hogar. Empezar de forma simple puede ayudar a alguien con esos temores.

Creo que tenemos la tendencia a la comparación. Otras personas tienen casas más bonitas, tienen más cosas. Es fácil compararte y luego sentirte insegura. Déjame decirte que, ya sea que vivas en una mansión de un millón de dólares o en una caja de galletas, tu casa está destinada a ser un lugar donde la gente reciba vida, fuerza, ayuda, paz y misericordia. Es el lugar que Dios te ha dado. Sea cual sea el lugar que Él te haya dado, es un lugar que puede ser utilizado para extender gracia a los demás.

Carmen: Nancy nos ha estado hablando acerca de la hospitalidad como una forma de vida. Ella estará de regreso en breve.

La semana pasada iniciamos esta serie titulada, «El corazón de la hospitalidad». Hoy vimos específicamente el ejemplo que tenemos en Abraham, del cual leemos en el Antiguo Testamento.

¿Cómo te sientes cuando una persona llega de manera inesperada a tu casa? Si te pasa como a mí, quizás tu primer impulso es incomodarte y enfocarte en ti misma, en lugar de hacer sentir bienvenido a tu huésped. Hoy Nancy nos ha dado algunos principios útiles, y creo que hay dos palabras que te pueden ayudar a recordarlos:

  • Atención
  • Esfuerzo

Ahora, aquí está Nancy de regreso con nosotras para concluir la enseñanza de hoy,

Nancy: Una de las comidas y tiempos de compañerismo más memorables que he tenido, fue en una casa de unos obreros cristianos oriundos de Pakistán, una familia paquistaní. Tienen, creo, si no me equivoco, siete hijos. Era una casa diminuta, en lo que podríamos considerar en nuestro país un barrio marginado. Sin embargo, fue tal la alegría y la paz y el ministerio significativo que tuvo lugar con esa familia en esa pequeña casa, al ellos extender la más sencilla hospitalidad, que eso ministró profundamente mi espíritu.

Pienso en esos versículos en Proverbios —como Proverbios capítulo 17 versículo 1 que dice: «Más vale comer pan duro donde hay concordia que hacer banquete donde hay discordia» (NVI). Puedes tener muy poco que ofrecer, pero si ofreces paz y alegría y la presencia de Cristo con eso, ya sea unas galletas y una taza de café o esas pizzas que ordenas o algo muy simple, todavía puede ser algo muy significativo para los demás si el espíritu de esa casa es uno donde la presencia de Cristo es evidente.

La hospitalidad implica gastos. Es costosa. Implica sacrificios y tenemos que estar dispuestas a hacer esos sacrificios. Pero déjame decirte que la hospitalidad no tiene por qué ser cara. Cuesta, obviamente, si tú vas a agregar a alguien más o a algunos más a tu mesa, hay gastos involucrados allí. Pero yo diría que algunas de las personas más hospitalarias que he conocido, han sido las que tienen muy poco, materialmente hablando.

Tú no tienes que dar una comida de cinco platos para ser hospitalaria. Puede ser algo muy simple. He estado en algunas casas pequeñas, casas sencillas y comidas sencillas y he tenido algunos de los tiempos más ricos y significativos en algunos de esos hogares. Personas que han estado dispuestas a compartir lo poco que tienen.

Pienso en la viuda de Sarepta, que mostró hospitalidad al profeta Elías en primera de Reyes capítulo 17. Todo lo que tenía era un poco de harina que le quedaba y un poco de aceite, y Elías tuvo la audacia de decirle: «¿Prepararías una comida para mí primero?» Y ella lo hizo. Ella sacrificó lo poco que tenía. Entonces, te acuerdas de cómo Dios hizo que lo poco que tenía, se extendiera a lo largo de tres años de hambruna y cómo ella fue capaz de proveer no solo para ella y para su hijo, sino  también para ese invitado que Dios había traído a su casa.

Proverbios capítulo 19, versículo 17, nos dice: «El que se apiada del pobre presta al Señor, y Él (Dios), lo recompensará (a la persona que ha sido hospitalaria), por su buena obra». Si tú muestras misericordia y extiendes gracia a los que tienen necesidad, incluso si lo haces dando de tu propia necesidad, tú tienes la promesa de Dios de que Él pagará lo que le has dado. Al dar, tendrás suficiente para ministrar las necesidades de los demás.

Sabes, creo que mucho de esto se remonta a nuestros valores y al hecho de que realmente, en el fondo, somos materialistas. Las personas que tienen mucho, son materialistas a veces y protectoras de sus cosas, algo se va a romper, algo se va arruinar, algo se va perder. Escucha, cuando abres tu casa a las personas, ese tipo de cosas va suceder o puede suceder. Hay manchas en la alfombra de mi casa y en diferentes lugares, que nunca habrían estado allí si yo no hubiera practicado el ministerio de la hospitalidad. El peligro de tener cosas, es que llegamos a protegerlas, y a protegerlas tanto, y eso muestra un corazón que está consumido por las cosas temporales.

Alguien me dijo hace poco que había notado en su iglesia que las personas con los hogares más lujosos eran a menudo los menos propensos a abrir sus hogares a los huéspedes. Ahora, tú puedes ser pobre y ser materialista también, si estás obsesionada con lo poco que tienes o te avergüenzas de las pocas cosas que tienes o siempre sientes que no tienes lo suficiente para poder alcanzar a los demás  Eso es un corazón materialista también. En última instancia, lo que tenemos pertenece a Dios y debe ser entregado a Él para ser usado para ministrar a otros.

Creo que probablemente la raíz de la mayoría de estos retos es una pequeña palabra que no me gusta admitir, pero tengo que decir que ha sido la verdad muchas veces en mi propia vida. Es la palabra egoísmo. De hecho, permíteme leerte lo que escribió un autor. Él dijo,

El egoísmo es el mayor enemigo de la hospitalidad. No queremos ser molestados. No queremos compartir nuestra privacidad o nuestro tiempo con los demás. Estamos consumidos con nuestras comodidades personales. Queremos tener libertad para dedicarnos a nuestro negocio sin interferencias ni preocupación por las necesidades de otras personas. No queremos la responsabilidad y el trabajo que la hospitalidad conlleva. Somos codiciosos y no queremos compartir nuestra comida, casa, o el dinero. Tenemos miedo por el hecho de que seremos usados, o que nuestra propiedad sufrirá daños.

Así que cuando se llega al corazón de la hospitalidad, cuando practico la hospitalidad, estoy atacando de frente el egoísmo que a menudo define quién soy. Y en la medida en que me doy,  Dios trata con la raíz del egoísmo en mi corazón. Encuentro que el egoísmo es reemplazado por un amor que se da de manera genuina y sacrificial, y ése es el corazón de la hospitalidad.

Padre, tengo que admitir que a menudo he sido tan egoísta que he pensado que simplemente no quiero abrir mi casa una vez más para una persona más. Así que Señor, confieso que es mi egoísmo que a menudo me impide expresar Tu amor a través de la hospitalidad.

Señor, ¿podrías poner el hacha en la raíz de ese pecado en nuestras vidas? Llénanos de tu Espíritu que Él sustituya el egoísmo por amor, compasión, bondad y amabilidad. Danos tu amor por las personas que tú pones en nuestras vidas y luego ayúdanos a confrontar el egoísmo de frente y verlo desaparecer cuando participamos en el ministerio de hospitalidad.

Carmen: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth llamándote a reflejar la hermosura del evangelio al mundo que te rodea.

Todas enfrentaremos temores, pero seremos bendecidas al ofrecer paz, gozo, y la presencia de Cristo por medio de la hospitalidad. Como Nancy nos lo recordó, el egoísmo es nuestro mayor enemigo, y lo atacamos siendo hospitalarias, amando con amor genuino y extendiendo la gracia que se nos ha extendido a nosotros.

Al invitar personas a tu hogar, recibes mucho a cambio. Mañana Nancy nos hablará más acerca de esto. Te esperamos aquí, en Aviva Nuestros Corazones.

Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la serie de radio.


Gracia Sublime Es, En Espíritu y en Verdad, Piedras Vivas, ℗ 2013 en espiritu en verdad.  Canción usada con permiso.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca de los orador

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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