Aviva Nuestros Corazones Podcast

Reflejando la imagen de Cristo, con Patricia de Saladín (parte 1)

Annamarie Sauter: Con nosotras Patricia de Saladín.

Patricia de Saladín: Cuando nosotras mostramos amor, cuando nosotras mostramos compasión, cuando nosotras mostramos empatía, cuando nos dolemos, ¿saben qué?, nosotras estamos mostrando la imagen de Dios plasmada en nosotras.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura de hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Ezequiel capítulos 32 y 33.

Constantemente escuchamos de cómo Dios ha usado la verdad de Su Palabra para bendecir a tantas mujeres. Escucha lo que una hermana nos escribió:

«Buen día, hermoso ministerio Aviva Nuestros Corazones. Quiero decirles que este ministerio ha sido de gran ayuda en mi caminar con Jesús y en el proceso de modelar la feminidad bíblica. 

Amo Aviva Nuestros Corazones y todo lo que recibo de parte de Dios, a través de ustedes. No se imaginan de dónde Dios me ha sacado. Les puedo resumir diciéndoles que cuando miro hacia atrás no puedo dejar de asombrarme de cuán engañada y perdida estaba, y lo feliz que me siento de saber que ahora cada día camino hacia Él. Él es el camino, la verdad y la vida. 

Muchas gracias por su compromiso, dedicación y amor por el ministerio. Dios les multiplique todo lo que dan en pro de las mujeres para el reino.

Ahora mi propósito es que más y más mujeres tengan la oportunidad de escucharlas antes de iniciar sus labores cotidianas y puedan salir retadas a enfrentar al mundo a la manera de Dios, a ser mujeres contracorriente».

Amén. Si nos has escuchado por algún tiempo sabrás que llamamos a las mujeres a vivir conforme a lo que Dios revela en Su Palabra, y esto en muchas ocasiones es como nadar contra la corriente.

La forma de pensar del mundo ejerce presión sobre nosotras, pero Dios nos ha dado Su Palabra para conocer la verdad y ser libres—ser transformadas para Su gloria. Y precisamente ayer escuchamos un mensaje del pastor Eduardo Saladín sobre nuestra necesidad de ser transformadas, y cómo Dios hace esto en nosotras por medio de su Palabra y el poder de Su Espíritu Santo. 

Eduardo Saladín: Cuando tú le dices «no» a la tentación, «no» al pecado, la próxima vez estás más fortalecida para decirle «no» en tu vida... y si tú quieres ser una influenciadora, una mujer transformada por el Espíritu de Dios, tienes que hacer estas cosas como lo dice la Palabra de Dios. Porque mientras más pecamos, más vamos caminando hacia la maldad, pero mientras más enfrentamos ese pecado, confesándolo en la presencia de Dios y haciendo nuevos votos de cambiar, más victoria obtendremos sobre el pecado y más gloria daremos a Jesucristo, que es lo importante.

Annamarie: Este mensaje fue enseñado en una conferencia para mujeres hace un tiempo. Hoy escucharás la primera parte de un mensaje que Patricia de Saladín enseñó en la misma conferencia. Ella nos ayuda a ver la forma que tomamos en la medida en que somos transformadas por Dios. Ella inicia esta enseñanza en oración.

Patricia: Padre bueno, qué bueno que Tú eres un Padre fiel, nosotros podemos decirte Papito y podemos decirte Padre nuestro. Todas las que hemos recibido esas misericordias de parte tuya. Y queremos decirte Señor, que estamos delante de ti rindiendo nuestras vidas a lo que Tú tienes para nosotras. Sabemos que a veces escuchamos estas verdades y sobre nuestros corazones se levanta guerra, Señor.

Pero qué bueno que tu Espíritu Santo está ahí, que esa Palabra nos da convicción, que esa Palabra no nos deja en el piso sino que nos levanta, nos hace madurar y nos capacita y nos da fuerza. Gracias por Tu Espíritu Santo, gracias por Tu Palabra que es una lámpara a nuestros pies, lumbrera a nuestro camino. Bendice esta hora Señor, bendice una vez más Tu Palabra en medio nuestro.

Danos oídos atentos y corazones dispuestos. Ilumina los ojos de nuestros corazones para que podamos contemplar a Cristo y ver tu verdad, oh Señor, aplicada para nosotras como mujeres. En el nombre de Jesús. Amén.

Saben que mis hijas –yo tengo dos hijas y un hijo– son maestras. Una de ellas dando clase hace unos años en cuarto grado de primaria, tomaron un gusanito –había un árbol en el colegio que nosotros le llamamos Alelí, donde salen esas orugas de colores fosforescentes que son muy lindas. En la clase hicieron el experimento de tomar esa oruga que en ese momento se había convertido en una crisálida, y la tenían en el curso esperando la transformación de la oruga.

Qué pasa… no recuerdo si fueron las vacaciones de navidad o las vacaciones de Semana Santa, pero Sara, mi hija, trajo el experimento a nuestra casa para que no muriera mientras el colegio estaba vacío. Pero cuál no sería nuestra sorpresa cuando el día que finalmente se abrió el capullo, la crisálida, salió una horrible polilla. Nosotros esperábamos una mariposa con esos colores fosforescentes que tienen esos gusanos, pero en lugar de eso salió esa polilla, que ni se podía decir que era una mariposa nocturna.

Porque hay mariposas nocturnas que son hermosas, pero este era un animalito muy feo. Y yo pensaba en lo que Eduardo decía de que no debemos dejarnos amoldar al mundo, porque el mundo que nos rodea quiere meternos en su molde. Nosotras como mujeres –ya no usamos eso– pero vemos en las películas que hubo épocas en que las mujeres usaban corsé. 

El mundo quiere meternos en su corsé, o como cuando horneamos metemos masa en un molde de gelatina o de bizcocho, y vemos que toma la forma. Eso quiere hacer el mundo con nosotras. Pero cuando el mundo nos amolda, esa transformación que sale es como esa polilla, como esa mariposa fea, porque en vez de reflejar la hermosura de Cristo y la transformación que Cristo quiere obrar en nosotras, reflejamos la feura de este mundo.

Y vimos que tenemos que ser transformadas por la Palabra de Dios. Y saben, es de suma importancia para nosotras, saber que somos transformadas en la dirección correcta. Porque yo puedo querer ser transformada pero no sé hacia dónde ir. Y déjenme decirles que por muchos años yo me veía como mamá, como esposa –y eso está bien– pero mi identidad es mucho más que eso. Mi identidad es que yo soy hija de Dios. 

Entonces para ser transformada, en un mundo como en el que hoy vivimos, nosotras debemos preguntarnos, ¿quién soy yo? ¿Cuál es mi propósito en la vida? Eso es trascendental, y para saber eso necesitamos, como mujeres, decir hoy más que nunca, «somos mujeres», ¿amén?

Somos mujeres por diseño divino, somos mujeres por creación. Pero ¿saben qué? Entre la agitación que se está viviendo, y la prisa y la cantidad de conocimiento e información, nosotras nos hemos alejado de la sabiduría de Dios, y a veces creo que vivimos, como dicen los libros de ciencias naturales, «los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y mueren». Y vivimos un día tras otro, y cuando venimos a ver, han pasado meses, años, y no nos hemos detenido a pensar en cosas que son trascendentales.

Es trascendental, antes de que digamos, «yo quiero ser transformada, Señor», preguntarme quién soy, cuál es mi propósito en la vida. Y ¿saben qué? Si les preguntáramos a las personas que nos rodean, nos darían muchísimas definiciones de lo que quiere decir ser una mujer. Pero así como nosotros cuando vamos al cine siempre queremos llegar temprano, porque si llegamos tarde y nos perdemos los primeros minutos, probablemente nos vamos a perder la esencia de la película y no vamos a entender la trama y lo que está sucediendo.

Igualmente un libro. Yo no lo abro en la mitad y comienzo a leer, llego al final y creo que entendí todo lo que pasaba. Así mismo, nosotras debemos ir a nuestros orígenes, debemos ir a cómo fue que fuimos creadas; qué dice Dios acerca de nosotras como mujeres; qué dice la Palabra de Dios que era la mente de Dios para nosotras, antes de que el pecado entrara en el mundo.

Revisando en Google en estos días, vi que las obras de arte antiguas, cuando son restauradas, son restauradas con mucho cuidado. De hecho, mencionaban que una señora encontró en una iglesia una obra de arte antigua, y la restauró según a ella le pareció, y la gravedad del caso fue público y salió en todas partes, porque necesitaba ser lo más parecido posible al original. 

Pero para nosotros ir al original, ¿saben a dónde tenemos que ir? Tenemos que ir a la Palabra de Dios una vez más, tenemos que ir al libro del Génesis. Así que quiero que busquen Génesis 1. Vamos a ver lo que Dios dice, cuál era la mente de ese creador, de ese diseñador, de ese artista que nos creó mujeres. ¿Y saben qué? Esta historia de Génesis 1, 2 y 3, no es un cuento de hadas, no es un mito. Es un relato que sucedió en el pasado, y nos abre una ventana para que veamos al Dios bueno, que ama Su creación, que en Su bondad la preparó para las criaturas que Él iba a colocar allí.

Aprendemos cómo es ese mundo ideal que muchas de nosotras soñamos porque dentro de nosotras tenemos ese deseo de felicidad, y eso a lo que apunta es a que una vez hubo un lugar donde todo era felicidad y alguna vez Dios volverá a traer felicidad al final de los tiempos. Entonces vamos a ver que Génesis 1:1, comienza con esta declaración: «En el principio Dios…» Dios es el origen de todo; si nosotros quitamos esa declaración, «En el principio Dios creó…», entonces quedamos en un mar de confusión, en un mar perdidas. 

En ese capítulo 1 aparece la creación del mundo, y Dios se ocupa en declarar que todo lo que Él había hecho era bueno, y bueno en gran manera. Pero ¿saben por qué? Porque lo que Él hacía –cuando Él dijo, sea la luz, la luz iluminó; cuando Él dijo, salga la tierra seca, la tierra seca salió; cuando Él dijo, haya plantas con semillas, eso sucedió.

Entonces todo era bueno porque todo cumplía el propósito para el cual Él lo había creado. Pero en Génesis 1:26 y 27, fíjense que dice: «Y dijo Dios: Hagamos al hombre…», y esa palabra hombre en la Biblia que ustedes usan, en la Nueva Versión Internacional dice, ser humano (la humanidad), porque se refiere a hombre y mujer. «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…» (v.26). «Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (v.27). 

O sea que tenemos este Dios que ha creado todo lo que nosotros vemos con el poder de Su palabra, y el pináculo de Su creación son este hombre y esta mujer, creados a Su imagen. Hombre y mujer, en Dios no hay ninguna confusión, dos sexos, varón y hembra, iguales en valor y en dignidad. No hay confusión en el creador. Toda la confusión la tenemos hoy en día nosotros.

A Su imagen, toda la dignidad que portamos como mujeres, y los hombres como hombres, a diferencia de los animales, es que nosotros portamos la imagen de Dios y fuimos creadas para mostrar Su gloria, para reflejarlo a Él en la creación. Y Adán y Eva tenían una misión. Ellos debían tener dominio sobre la tierra y sobre los animales. Debían representar a Dios en la tierra, y reproducirse en otros seres humanos, igualmente creados a imagen de Dios.

¿Cómo? Bueno, Adán, de una manera, como hombre, y Eva, de una manera, como mujer. En algunos casos exactamente igual, pero en otros casos muy diferentes. Hoy tú y yo –vuelvo y digo– no somos mujeres por casualidad. Fuimos creadas, diseñadas como mujeres, nacimos mujeres, moriremos como mujeres. No se trata de cómo me siento hoy, de que haya fluidez de género, de que haya transgénero, sino de un Dios que nos creó mujeres.

Pero si Dios hubiera dejado Su relato en Génesis 1: 26 y 27, hubiéramos tenido mucha confusión. Dios se encargó de acercar Su lente en Génesis 2, y nos va a dar una serie de detalles, y yo quiero que ustedes miren con sus ojos mientras yo leo. Dice: «Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre un ser viviente. Y plantó el Señor Dios un huerto hacia el oriente, en Edén; y puso allí al hombre que había formado» (vv.7 y 8).

Dios, el artista, tiene en Su mente esta creación del hombre, y lo forma del barro de la tierra, le da el hálito de vida y lo coloca en el huerto. Versículo 15: «Entonces el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara. Y ordenó el Señor Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás» (vv.15-17).

«Luego Dios el Señor dijo: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada”. Entonces Dios el Señor formó de la tierra toda ave del cielo y todo animal del campo, y se los llevó al hombre para ver qué nombre les pondría. El hombre les puso nombre a todos los seres vivos, y con ese nombre se les conoce» (vv.18 y 19, NVI).

Ahora, yo quiero que se fijen en algo que cuando yo me fijé fue iluminador para mí. Hasta este punto, ¿saben qué? Adán estaba solo. Estaba solo en el huerto. Dios lo formó primero. Después de que lo forma lo coloca en el huerto y después le da las instrucciones morales y luego le trae los animales para que les ponga nombre; le dice que no es bueno que esté solo y entonces, versículo 20: «Así el hombre fue poniéndoles nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo. Sin embargo, no se encontró entre ellos la ayuda adecuada para el hombre».

Yo me imagino a Adán diciendo, perro y perra, gato y gata, gallo y gallina… cada uno tenía una pareja adecuada, pero para él, ninguno de esos parecía adecuado. Él estaba solo. Y miren lo que dice el versículo 21: «Entonces Dios el Señor hizo que el hombre cayera en un sueño profundo y, mientras este dormía, le sacó una costilla y le cerró la herida. De la costilla que le había quitado al hombre, Dios el Señor hizo una mujer y se la presentó al hombre, el cual exclamó (y este es el primer poema de la Biblia):

“Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Se llamará “mujer” porque del hombre fue sacada”.

Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser» (vv.21-24, NVI).

Dios ahora saca esta mujer perfecta de su costado. Igual a él pero diferente y altamente relacional. Fuerte pero suave a la vez. Ya no, fuera del huerto como Adán, sino en el huerto, protegida. Y Adán, en señal de autoridad, le pone nombre, le dice, mujer. De él mismo para complementarlo. Fíjense que dice que le hizo una ayuda idónea, una ayuda adecuada.

Es muy importante que reflexionemos en que todas esas cosas sucedieron primero, y le dan a Adán señal de su autoridad. Fíjense que dijimos, iguales en dignidad, iguales en valor, pero hay una autoridad. De ninguna manera inferior, pero con diferentes roles y funciones. El hombre tenía roles y funciones, Adán recibió esas instrucciones. Ambos iban a cuidar del huerto pero ella vino a complementarlo. Fue Dios que dijo: «No es bueno que el hombre esté solo». 

Pero ¿saben por qué no era bueno que el hombre estuviera solo? Porque Dios es un Dios trino, relacional. Él no podía hacer una criatura a Su imagen que no pudiera relacionarse con otros iguales a él. Entonces ahí en el huerto tenemos la primera relación entre iguales, Adán y Eva, iguales en valor y dignidad, pero diferentes en roles y funciones. 

Ahora viene la parte en que nos quedamos, «wow, esto es duro para mis oídos», pero es la verdad de Dios. ¿Y saben qué?, como Eduardo decía, muchas veces nuestro trasfondo no nos ayuda y tenemos cosas en nuestra vida que nos cargan, que se nos hacen difíciles, pero por muchos años, no siendo cristiana, yo veía en mi casa que mi mamá estaba en la casa, nos crió, siempre contábamos con ella en la casa, ella se ocupaba de nosotros, mi papá era cabeza de su casa. Él era la autoridad, había un respeto.

Yo había visto ese modelo, pero me caso, me convierto, y en cierta medida entiendo que eso era lo que yo abrazaba, que ese era el modelo a seguir…pero ¿saben qué? No fue hasta que mis ojos se pusieron en la Palabra de Dios que yo dije, «amén. Esto no es cuestión de lo que yo vi en mi casa, esto no es cuestión de lo que yo no vi en mi casa, esto es cuestión de lo que Dios dice en Su Palabra. Y sea Dios veraz y todo hombre mentiroso.

Si Dios dice que es así, y nosotras decimos que la Palabra de Dios es la verdad y es nuestra guía de fe y práctica, esa es la mente de Dios. En esta relación de iguales, tenemos dos cosas que resaltan en el huerto del Edén, en ese mundo perfecto: Autoridad, ¿quién era la autoridad? Adán; y sujeción, ¿quién estaba sujeta a la autoridad? Eva. Y por otro lado, un hombre que no era bueno que estuviera solo y necesitaba un complemento, y Dios le trae una ayuda.

Ahora, a nuestros oídos, ambas cosas –el decirnos que estamos bajo autoridad y que somos ayuda– hoy en día rechina a nuestros oídos. Pero ¿saben por qué? Porque nosotras no tenemos el significado correcto de los términos que la Biblia usa para describir esas palabras. 

Yo fui diseñada ayuda, tú fuiste diseñada ayuda, una ayuda adecuada. Pero ¿saben qué? Hoy en día creemos que un ayudante es una persona con menos capacidad, con un superior que está mucho más calificado, que gana menos dinero, que hace trabajos más duros… Pero en la Palabra de Dios, la palabra que se usa para referirse a Eva, a la mujer como ayuda, es la palabra ezer. ¿Y saben qué? Esa es la palabra que se usa en la Escritura para referirse a Dios como ayudador de su pueblo.

Dios como ayudador de su pueblo. Dice que ayuda al huérfano, a la viuda, al desvalido, pelea por nosotros nuestras batallas, y esa es la imagen que nosotras tenemos plasmada. Nosotras fuimos creadas a imagen de Dios, y fuimos creadas ayudas adecuadas, ayudas idóneas. Así que cuando nosotras mostramos amor, cuando mostramos compasión, cuando mostramos empatía, cuando nos dolemos, estamos mostrando la imagen de Dios plasmada en nosotras.

Y una mujer como ayudadora defiende, no ataca. Una mujer como ayudadora mira y acoge al desvalido, no ignora la necesidad. Ella sostiene, no aplasta, ayuda y protege, no es indiferente. Ella libra de la angustia, ella no causa angustia, rescata al débil, al pobre, al menesteroso, consuela y se duele del dolor ajeno. Así que si tú crees que ser ayuda es una posición inferior, no tienes la definición correcta en el lenguaje bíblico. Porque seresa mujer que es ayuda implica gran fortaleza.

Hay algo que quiero que te lleves hoy de aquí: eso que llevas plasmado en ti es la imagen de Dios que Él quiso plasmar en ti como mujer.

Annamarie: Has estado escuchando a Patricia de Saladín con la primera parte de su mensaje titulado, «Reflejando la imagen de Cristo». Ella lo enseñó en una conferencia para mujeres hace un tiempo.

Cuando alguien ve tu vida, ¿pensaría que la imagen que reflejas se parece a Cristo, o que se parece más al mundo? Hoy Patricia te ha animado a vivir conforme al buen diseño de Dios para tu vida como mujer.

Hay un aspecto de nuestro rol que muy a menudo se nos hace difícil comprender. Y no es hasta que profundizamos en el conocimiento de Jesucristo que podemos ver la gran belleza del diseño de Dios para la mujer.

Patricia: La sujeción es un concepto que se origina en la esencia de Dios mismo. El evangelio, la salvación existe por la sumisión de Cristo. Cristo siendo en forma de Dios no estimó el ser igual a Dios, sino que se humilló y fue obediente. Y esa es la imagen que nosotras portamos, la imagen del Hijo sujeto al Padre. Y es un privilegio para nosotras poder reflejar a Cristo, a ese Cristo que se somete; y si Cristo siendo Dios no estimó el ser igual a Dios y se somete, mi hermana, ¿quiénes somos tú y yo para no sujetarnos, para no someternos a la autoridad que Él ha establecido?

Annamarie: Asegúrate de acompañarnos mañana para escuchar más acerca de esto aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Invitándote a no solo sobrevivir en la vida cristiana sino a tener una vida fructífera en Cristo,Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

El Misterio de tu Amor. Album «El Misterio de Tu Amor», de la Iglesia Cristiana Oasis. Copyright 2015.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca de los oradores

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad …

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