Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Transformadas por la Palabra, con Eduardo Saladín

Annamarie Sauter: Con nosotras el pastor Eduardo Saladín.

Eduardo Saladín: Quizás tú vienes de un hogar disfuncional y tienes muchos hábitos que dominan tu vida, o fuiste rechazada, maltratada o abusada… físicamente, emocionalmente, sexualmente, y tienes muchas áreas en tu vida que quieres cambiar; pero yo te tengo una buena noticia, en Cristo nosotros podemos cambiar, en Cristo nosotros podemos ser transformados, en Cristo tú puedes ser transformada y dar frutos para la gloria de Dios.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura de hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Ezequiel capítulos 30 y 31.

Hacemos resoluciones a principio de año o en momentos cruciales de nuestras vidas; pero en la medida en la que transcurre el tiempo y enfrentamos luchas con nuestro pecado, nos desanimamos o no tomamos las decisiones que debemos tomar. Para cambiar o ser transformadas necesitamos a Dios—solo Él puede moldearnos a imagen de Cristo día a día.

En los próximos programas estaremos escuchando acerca de esto a través de unos mensajes que el pastor Eduardo Saladín y Patricia de Saladín enseñaron en una conferencia para mujeres hace un tiempo. Iniciaremos escuchando el mensaje titulado, «Transformadas por la Palabra». Con nosotras el pastor Eduardo Saladín.

Eduardo: Todos nosotros hacemos continuamente, y más cada vez que finaliza un año y empieza uno nuevo, nuevos propósitos para cambiar, para ser transformados. En el área física muchos decimos que vamos a perder esos kilos de más, vamos a teñirnos las canas, un nuevo corte de pelo, o vamos a dejarnos las canas y a dejar de estarnos tiñendo y dejar esa tortura –como dicen muchas. 

Existen también programas de transformación que vemos en la televisión; que toman una persona, la llevan a un lugar, le dicen los kilos que tiene que perder, el tipo de ropa que tiene que utilizar, el corte de pelo que tiene que tener en ese momento.

También en el área espiritual queremos ser transformados, hacemos nuevos propósitos. Queremos cambiar. Queremos crecer a la imagen del Señor, queremos ser menos controladoras. Queremos tener mayor dominio propio, un espíritu más íntimo de comunión con el Señor. Ser una mejor esposa, ser una mejor madre, no llenarme de autolástima por mi soltería…y eso nos lleva a preguntarnos, ¿qué debemos hacer para cambiar? ¿Qué podemos hacer para ser transformadas y vivir para la gloria de Dios?

¿Cómo puedo crecer en mi relación con Dios? ¿Cómo puedo ser una mejor esposa? ¿Cómo puedo tener un mejor desempeño en el trabajo? ¿Cómo puedo vencer esos hábitos pecaminosos que dominan mi vida?

Mira, Eduardo, yo he intentado todo, y esos propósitos cuando más han durado, quizás los he mantenido por una semana. Para muchos es algo más difícil que para otros debido al trasfondo familiar o personal que los afecta, quizás tú vienes de un hogar que es disfuncional y tienes muchos hábitos, muchos patrones que viste que dominan tu vida; o fuiste rechazada, maltratada o abusada físicamente, emocionalmente, sexualmente…y tienes muchas áreas en tu vida que quieres cambiar.

Pero yo te tengo una buena noticia: En Cristo nosotros podemos cambiar, en Cristo nosotros podemos ser transformados, en Cristo tú puedes ser transformada y dar frutos para la gloria de Dios. Desde que me hablaron de participar en esta conferencia, y vi el título de la misma, Transformadas, pensé inmediatamente es un texto que está en Romanos capítulo 12, versículos 1 y 2, y quiero que me acompañen allí en la Palabra de Dios.

Dice así:

«Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto».

Aquí Pablo está hablando a creyentes que han nacido de nuevo, a personas cuyos corazones han sido transformados por el poder del Espíritu de Dios; personas que han creído en Cristo como su Señor y Salvador y que están en esa lucha de santificación, luchando con sus deseos pecaminosos; que han presentado sus cuerpos en sacrificio vivo delante del Señor.

Y lo primero que nos dice es que para poder cambiar, para poder ser transformada, debes haber experimentado las misericordias de Dios en Jesucristo. Fíjense lo que dice ese versículo 1: «os ruego», (yo les imploro) «por las misericordias de Dios». Todos nosotros edificamos nuestras vidas en un fundamento –nuestro matrimonio, nuestra familia, el trabajo, la profesión, la sociedad– pero este texto nos llama a edificar nuestras vidas sobre las misericordias de Dios.

¿Y qué son estas misericordias? La bondad, la paciencia, el amor y la gracia que Dios nos mostró a nosotros en Jesucristo cuando estábamos muertos en delitos y pecados; cuando no podíamos hacer nada para salvarnos; cuando íbamos camino a esa condenación eterna Él envió a Su Hijo a morir en la cruz del calvario por nuestros pecados, «para que todo aquel que en Él cree no se pierda mas tenga vida eterna».

Y Él quiere que nosotros edifiquemos nuestras vidas sobre esa realidad. Jesucristo y las misericordias que Él nos mostró en la cruz del calvario. Él quiere que vivamos, no para nosotros mismos, sino para exaltarlo a Él continuamente en todas las áreas de nuestras vidas. En mi trabajo, en mi matrimonio, en la forma como tratas a tu esposo, cómo educas a tus hijos, la música que escuchas, las películas que ves, las actividades y las fiestas a las que asistes, la ropa que usas, cómo empleas tu tiempo, los amigos con los cuales compartes.

El propósito de ver las misericordias de Dios es exaltar a Cristo en medio de las personas con las cuales yo vivo. Y el ver esas misericordias debe llevarnos a ser adoradores de Dios. Debe llevarme a hacer un compromiso que es básico, que es fundamental en la vida cristiana. Y eso nos lleva a nuestro siguiente punto que vemos aquí en este texto.

¿Cuál es el compromiso que tú debes hacer, que yo debo hacer, si quiero ser transformado?

Fíjense lo que dice:

«Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis (que ofrezcáis) vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional».

¿Ustedes saben por qué nosotros no somos transformados, por qué luchamos tanto para cambiar y no podemos? Porque no hemos presentado nuestros cuerpos de una manera tajante y definitiva en la presencia de Dios. Porque tú no te has puesto en la disposición de entregarte a Dios como esos israelitas llevaban los sacrificios al altar.

Pero Pablo nos está diciendo aquí, que nos presentemos en el altar de Dios, no como esos animales que eran sacrificados y morían, sino como un sacrificio vivo. Todo lo que tú eres, todo lo que tú tienes, todos tus sueños, todas tus aspiraciones, todas tus emociones, tienes que presentarlas en el altar de Dios en un sacrificio vivo.

Y esto es algo continuo, es una decisión que tomamos de una vez por todas, es un compromiso que hacemos hoy y lo vivimos renovando cada día, cada mañana. Es una decisión racional, porque tú no puedes vivir con un pie en el mundo y con el otro queriendo seguir a Dios. Por eso debes presentarte ante el altar de Dios.

El texto nos dice que debemos presentar nuestro cuerpo… ¿y por qué nuestro cuerpo?

Porque nosotros le pertenecemos a Dios en cuerpo y alma. Tú y yo hemos sido comprados por precio. Cristo Jesús derramó Su sangre en la cruz del calvario por nuestros pecados para que todo aquel que en Él cree no se pierda mas tenga vida eterna. Y Él manifestó ese amor por nosotros para que nosotros ya no vivamos para nosotros, sino para Aquel que murió y se entregó por nosotros en la cruz del calvario.

Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, por eso dice la Escritura: «Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios». Yo te pregunto, ¿te has presentado así ante el altar de Dios? ¿Como un sacrificio vivo? Y déjame aplicártelo y explicártelo inmediatamente para que entiendas qué significa esto.

La ofrenda de nuestro cuerpo no es nuestro aspecto físico. La ofrenda de nuestro cuerpo es nuestro comportamiento. En la Escritura, el cuerpo es importante, pero más importante es lo que hacemos con nuestro cuerpo. La forma en que vivimos, nuestras actuaciones. Lo más importante para Él no es la belleza física sino la belleza interior, del corazón

Dios no se impresiona con una Miss Universo, Él quiere que ustedes sean modelos de misericordia, o sea evidencias vivientes de la obra que Cristo ha hecho en sus vidas, y que están viviendo a la luz de esa misericordia. Dios quiere que edifiquemos nuestras vidas sobre esa misericordia.

Y miren, así como los adoradores en el Antiguo Testamento tomaban una paloma, un cordero, cualquier animal, cualquier cosa que tenía valor para ellos, y lo llevaban al altar para que fuese sacrificado, así nosotros debemos sacrificar todas aquellas cosas que nos impiden crecer a la imagen y a la estatura de Jesucristo, y que nos impiden ser transformadas. Lo que pasa es que esa parte no nos gusta mucho.

Nuestro cuerpo no solo abarca nuestro comportamiento, abarca nuestras mentes también. Incluye nuestros ojos, nuestros oídos, todo aquello a lo que nos exponemos en la televisión, en las computadoras, en las revistas, los chistes indecentes que oímos, aquellos programas de televisión que no agradan a Dios, aquellas cosas que son pornográficas.

Pero no solamente es nuestro comportamiento y nuestros ojos y oídos, sino también nuestras lenguas. Nuestras lenguas deben ser utilizadas para alabar a Dios, para edificar y no para derribar. Deben ser utilizadas para hablar la verdad en amor; pero también incluye nuestras manos y pies. Debemos trabajar con nuestras manos como influenciadoras para edificar nuestras familias, para edificar nuestros matrimonios.

Debemos utilizar nuestros pies, no para estar de casa en casa murmurando y criticando, sino para llevar las buenas nuevas de salvación. Ustedes ven cómo esa palabra presentar, ofrecer, nos da la idea de un compromiso tajante y definitivo. Debemos poner nuestros cuerpos en la presencia de Dios, así como los israelitas llevaban los animales para ser sacrificados. Pero el sacrificio de nosotros es un sacrificio vivo.

El texto nos dice que es un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, es un compromiso con la santidad. Debemos presentarnos así delante de Dios. En Marcos 8 versículos 34 y 35, dice que el Señor: «Y llamando a la multitud y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará».

¿Tú estás dispuesta a seguir al Señor? ¿Estás dispuesta a negarte para vivir para la gloria de Dios? ¿Estás dispuesta a someter tus ambiciones, tus deseos, bajo el señorío de Cristo en tu vida? Eso es algo que tenemos que hacer continuamente, momento a momento, negarnos a nosotros mismos y a nuestros propios deseos para poder complacer a Dios. Y dice aquí:

«El que pierda su vida… la salvará». O sea que si tú quieres vivir como yo decía, «con un pie en el mundo y el otro siguiendo al Señor», esto es imposible porque no podemos servir a dos señores a la vez. Tenemos que servir a un solo señor. Por eso Pablo nos dice que nos presentemos como vivos entre los muertos.

Pero no es un sacrificio vivo solamente, es un sacrificio santo. ¿Qué significa eso? Que no somos perfectos. Sabemos que pecamos porque no hay hombre que haga siempre el bien y nunca peque, pero cuando pecamos, cuando hacemos lo malo, nos arrepentimos de nuestro pecado y lo confesamos inmediatamente. Como hemos visto, debemos presentarnos como un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; un sacrificio que es aceptable ante Él.

Pero dice aquí la Palabra, que ese es nuestro culto racional, esa es tu adoración a Dios cuando lo haces. ¿Quieres adorar a Dios? ¿Quieres crecer en la fe? ¿Quieres ser transformada? Preséntate como un sacrificio vivo y dile: «Señor, esta es mi adoración a ti. Yo quiero vivir para ti. Yo quiero ser una influenciadora. Yo quiero que mi tiempo aquí en la tierra, mi peregrinar, esté dedicado a ti solamente. Yo quiero que este sea mi servicio aceptable a ti.

Ahora, esto implica una vida de obediencia, sin excepción. Continuamente tenemos que estar meditando en esta verdad, estar presentados ante el altar de Dios. Y yo quiero preguntarte algo: ¿Qué área de tu vida no has entregado al Señor? El dominio propio, la falta de sumisión… ¿Cuáles son esos pecados que no quieres dejar?

Eduardo, pero esos son pecaditos pequeños, los míos, son cosas sin importancia. Ay, yo sueño despierta, si yo tuviera un marido diferente yo sería feliz. ¿Ese es un sueñito pequeñito? No, no lo es. ¿Con qué luchas? Ansiedad, frustración, orgullo, falta de contentamiento, envidia, celos, ingratitud. ¿Estás dispuesta a trabajar con esos pecados en tu vida? ¿Estás dispuesta a obedecer a Dios sin excepciones? ¿Estás dispuesta a agradar a Dios no importa el precio que tengas que pagar? 

Tengan cuidado con el síndrome de pecar una sola vez y ya. Porque cuando te rindes a esa tentación, vuelves a rendirte más adelante. Esto es un ejercicio espiritual. Cuando le dices no a la tentación, no al pecado, la próxima vez estás más fortalecida para decirle que no en tu vida. Y si quieres ser una influenciadora, una mujer que es transformada por el Espíritu de Dios, tienes que hacer estas cosas como lo dice la Palabra de Dios. Porque mientras más pecamos más vamos caminando hacia la maldad. Pero mientras más enfrentamos ese pecado confesándolo en la presencia de Dios y haciendo nuevos votos de cambiar, más victoria obtendremos sobre el pecado y más gloria daremos a Jesucristo que es lo importante.

Tú puedes identificar esos hábitos pecaminosos, claro que sí. Tú puedes identificarlos, despojarte de esos hábitos y vestirte del nuevo hombre. ¿Sabes algo? Tú no debes dejar de mentir sino hablar la verdad. No debes estar en guerra contra tu esposo, debes someterte a tu marido. No debes estar soñando despierta pensando que las cosas pueden ser diferentes, tienes que vivir a la luz de tu realidad pero glorificando a Jesucristo sobre todas las cosas.

Tienes que hacer hoy compromisos específicos de seguir al Señor. Hoy es el día aceptable. Para muchas hoy es un día de reconocer las misericordias de Dios. Pero para otras que han reconocido esta misericordia de Dios, hoy es un día de arrepentirse y de volverse a Dios para tener la bendición de Dios.

¿Has experimentado la gran misericordia de Dios en Cristo? Entrégate totalmente a Él. La pregunta ahora es, ¿cómo puedo glorificar a Cristo con mi vida? ¿Cómo puedo cambiar para bien? El texto nos lo dice, «en vez de adaptarnos a este mundo presente, debemos transformarnos mediante la renovación de nuestra mente, de tal manera que probemos cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

¿Cuál debe ser mi motivación para ser transformada? Las misericordias de Dios. ¿Cuál es el compromiso que debo hacer? Presentarme delante del altar de Dios como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios. ¿Qué más debo hacer? Trabajar para ser transformada mediante la renovación de nuestra mente.

El versículo 1, como dije, nos manda a presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo. Eso no ocurre en un vacío, para que tu mente sea transformada, tienes que llenar tu mente con la Palabra de Dios, porque por naturaleza nosotros no somos adoradores de Dios. ¿Sabes a quién es que nosotros adoramos más? A nosotros mismos. Somos adoradores de nosotros mismos. Debemos volvernos hacia Dios.

Y hay dos cosas que debes hacer. Hay un mandato negativo aquí, y hay uno positivo. El mandato negativo: «No os adaptéis a este mundo», «no os conforméis a este siglo», no te dejes moldear por los patrones de este mundo porque este mundo tiene un dios, este siglo tiene a alguien que lo está gobernando. Esta era tiene una serie de valores que son opuestos a los valores de la Palabra de Dios.

Aquí tú ves a las mujeres cristianas queriendo lucir como las mujeres del mundo. Ustedes deben querer lucir como mujeres que se han presentado como sacrificio vivo delante de Dios, quien fue quien nos compró con Su sangre. Pero para eso debemos estar apercibidos de que no podemos vivir conforme a los valores de este mundo.

Mi corazón debe anhelar desde lo más profundo agradar a Dios en todas las cosas. Yo no puedo tener mis pensamientos centrados en las cosas de este mundo. Yo no puedo vivir de espaldas a Dios. Eso es lo que está pasando con muchas personas que dicen ser cristianas.

Y nos da un mandamiento positivo: «Transformaos mediante la renovación de vuestra mente para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, aceptable y perfecto. Tenemos un proceso de cambio que dura toda la vida, es un trabajo que Dios hace en nosotros, pero nosotros tenemos que hacer nuestra parte. 

No es conformarse a un conjunto de reglas, de conductas específicas, no. Es conformarnos de corazón a lo que Dios quiere para nosotros. Ese proceso de transformación es una obra que dura toda la vida de la cual tú eres responsable. Es un proceso interno y debemos transformarnos por la renovación de nuestra mente.

Ahora, ¿cómo transformar la mente? ¿Cómo saber cuál es la voluntad de Dios para ti? ¿Viendo la televisión o las revistas de modas? ¡No! Yendo a la Palabra de Dios, y día a día nutrirte con esta Palabra para ver la voluntad de Dios para ti, para tu vida. La voluntad de Dios para ti como mujer soltera, la voluntad de Dios para ti como mujer casada, como madre, como esposa, como hija, como abuela, como mujer viuda…en las diferentes áreas en donde te desempeñas.

Tienes que renovar tu mente con la Palabra de Dios. ¿Cómo vas a enfrentar las pruebas? ¿Cómo vas a enfrentar la soledad en que te encuentras? ¿Cómo vas a manejar tu dinero y tus posesiones? ¿Cuáles son las prioridades en tu vida y cómo las vas a definir si no tienes un contacto, no oyes la voz de Dios en Su Palabra? ¿Sabes lo que va a pasar? Que vas a oír la voz del príncipe de este siglo que te está influenciando para que hagas las cosas conforme a su voluntad y no conforme a la voluntad de Dios.

Entonces, si sigues así no vas a poder ser transformada. ¿Cómo vas a influenciar a tus hijos para educarlos? ¿Qué patrones vas a seguir para criarlos? Tienes que ir a la Palabra de Dios y debes nutrirte de esa Palabra porque esa es la única Palabra verdadera que nos hace sabios para salvación, nos enseña, nos reprende, nos corrige y nos instruye en justicia a fin de prepararnos para toda buena obra; ¡no hay otra opción!

Esto no es algo de 30 segundos, esto es estar sumergidos en la Palabra para que puedas verificar cuál es esa voluntad buena, agradable y perfecta. Tú puedes ser transformada, tú puedes cambiar. Lo que pasa es que quizás has estado viviendo sin buscar esa voluntad de Dios para tu vida, pero sobre todas las cosas quizás tú no has experimentado esas misericordias de Dios en Jesucristo, no has entregado tu vida al Señor, no has ido a los pies de Cristo diciéndole: «Señor, heme aquí, con mi propia justicia, sabiendo que yo no puedo hacer nada para salvarme».

Dice la Escritura que para que una persona sea salva debe cumplir dos mandamientos a la perfección: «Amar al Señor con todo su corazón, con toda su mente y con toda su alma», lo que ninguno de nosotros ha hecho, y «amar a su prójimo como a sí mismo». Eso resume toda la ley de Dios y no hay nadie que haya guardado esa ley a la perfección. Delante de Dios todo hombre y toda mujer está condenado porque «no hay justo, no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios, no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno, todos nos desviamos, todos hemos seguido nuestro propio camino y estamos alejados de Dios camino a una condenación eterna».

Pero Dios en Su gracia envió a Su Hijo Jesucristo a morir en la cruz del calvario por nuestros pecados «para que todo aquel que en Él cree no se pierda mas tenga vida eterna». ¿Has creído en Jesucristo? En los primeros once capítulos de esta epístola a los Romanos, Pablo nos presenta ese plan de salvación de Dios, esas misericordias de Dios, cómo fueron manifestadas; y por eso dice a la luz de esas misericordias,«yo os ruego que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo».

Y qué bueno que hay tantas personas que han experimentado las misericordias de Dios, pero te falta algo, «presentar tu cuerpo en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios que es vuestro culto racional». Y les voy a decir algo más, muchas veces nos da temor decirle: «Señor, heme aquí, yo te voy a obedecer aun con mis debilidades. Heme aquí frente a tu altar como un sacrificio vivo, haz conmigo lo que tú quieras.

¿Saben por qué nos da temor? Porque hay muchas cosas que sabemos que debemos dejar, y no las hemos dejado. Pero además no sabemos lo que el Señor va a hacer con nosotros y a dónde nos va a enviar. Pero ¿les digo una cosa? Es mejor tener la sonrisa de Dios y Su aprobación en nuestros corazones, y no la sonrisa del mundo, porque donde está el Espíritu de Cristo, allí hay libertad.

Y eso es lo que a nosotros nos falta, la libertad que solamente Jesucristo puede darnos, nadie más. Pero para eso debemos luchar para no conformarnos a este mundo y ser renovados en nuestra mente por el Espíritu de Dios. Debemos buscar Su voluntad que es buena, agradable y perfecta. Ver qué es lo que agrada a Dios y entonces en el poder del Espíritu poder hacerlo.

Padre, gracias por tu Palabra. Oh Dios de gloria y misericordia, mira todas estas mujeres aquí, muchas te conocen, muchas han experimentado tus misericordias. Yo te oro por ellas para que tú les concedas a aquellas que te conocen, y aquellas que no han experimentado tus misericordias en Cristo; que tú las llames a salvación y que ellas puedan presentarse en este día delante de tu altar como un sacrificio vivo, santo, agradable a ti que es su culto racional.

Oh, Señor, oro para que ellas no sean conformadas al patrón de este mundo, sino sean transformadas mediante la renovación de su entendimiento y puedan conocer tu buena voluntad agradable y perfecta. Oh, Dios de gloria y misericordia, oramos para que tu Espíritu Santo se mueva libremente entre nosotros, oramos para que tú llames a muchas de nuestras mujeres que están aquí a salvación, y llames a muchas a hacer un nuevo compromiso de servirte a ti de todo corazón, de manera que puedan exaltar y glorificar el nombre de Jesucristo en todas las cosas. 

Bendito Dios, derrama bendiciones sobre nosotros. Continúa derramándolas, oh Padre de gloria, y esto te lo pedimos en el nombre de Aquel que nos amó y nos lavó con Su sangre, nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Annamarie: Has estado escuchando al pastor Eduardo Saladín hablar acerca de cómo somos transformadas para la gloria de Dios. Él enseñó este mensaje en una conferencia para mujeres hace un tiempo.

El mundo ejerce presión sobre nosotras para meternos en su molde. ¿Cómo es que podemos ser transformadas por la Palabra, en este mundo en que vivimos? Mañana Patricia de Saladín nos hablará acerca de esto. Asegúrate de acompañarnos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Invitándote a no solo sobrevivir en la vida cristiana sino a tener una vida fructífera en Cristo,Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

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