Podcast Aviva Nuestros Corazones

Responde al liderazgo de Dios

Annamarie Sauter: Vivir la feminidad bíblica no es algo que tenemos naturalmente...

Nancy DeMoss Wolgemuth: He descubierto que mi disposición a abrazar mi feminidad, prueba y revela lo que hay en mi corazón. Prueba mi propia sumisión a Dios, y prueba la condición de mi corazón hacia los demás.

Si me resisto, me resiento y si tengo un espíritu rebelde, eso revelará lo que hay en mi corazón. Y déjame decirte que el verdadero problema no es cómo veo a los hombres, es cómo veo a Dios.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es Génesis capítulos 48-50.

Nos encontramos en la serie titulada, «Una visión bíblica de la feminidad». En los programas anteriores en esta serie, Nancy nos ha mostrado qué es la feminidad bíblica y cómo luce en nuestros hogares y en nuestras iglesias. Puedes leer, escuchar o descargar esos programas en AvivaNuestrosCorazones.com. Hoy consideremos lo siguiente: ¿Cómo se manifiesta nuestra feminidad en la sociedad? 

Aquí está Nancy con nosotras.

Nancy: Recuerdo que hace unos años vi un campeonato mundial de patinaje, la división de damas en patinaje libre. Y me llamó la atención cuando escuché al comentarista mencionar algo sobre una de las presentaciones.

Él dijo: «Ella es una patinadora muy femenina. Me siento muy relajado cuando la miro». Ese comentario llamó mi atención y pensé: «Esa es una imagen de la belleza de la verdadera feminidad».

Lo mismo ocurre con la masculinidad. Hay algo interesante, algo llamativo sobre la verdadera masculinidad cuando se vive.

Esa feminidad y esa masculinidad, esa forma en que se complementan la una con la otra, puede tocar a las personas de maneras poderosas.

No hace mucho estaba escuchando una sesión de grabación de un programa de radio. Estaba sentada en la sala de controles viendo la entrevista, y en un momento tuve que salir de allí.

El ingeniero vio que me estaba preparando para irme, y cuando me vio de pie, se levantó, se me adelantó, me abrió la puerta y le di las gracias. Este hombre es un caballero. No era nada inusual para él hacer esto, así que no pensé mucho en eso hasta unos minutos más tarde.

Caminé por el pasillo, y allí estaba otra mujer que había estado en la sala de controles cuando esto sucedió. Ella me había visto salir, y lo había visto levantarse y abrirme la puerta.

Me la encontré por el pasillo, y ella estaba llorando y me dijo: «Solo quiero decir lo increíble que fue cuando ese hombre se levantó y le abrió la puerta hace un momento».

La razón por la que esto fue tan conmovedor para ella debe haber sido ver que esto no es común— esta relación complementaria entre hombres y mujeres. Lo vemos tan poco que cuando lo vemos, te puede impactar de manera profunda y poderosa.

Durante los últimos días, hemos estado hablando sobre el punto de vista que llaman «complementarianismo», que creo que es la perspectiva bíblica de la masculinidad y de la feminidad, y lo comparamos con otra perspectiva que muchos sostienen hoy dentro de la iglesia evangélica. A menudo se le ha llamado «egalitarianismo».

La opinión complementarianista es que los hombres y las mujeres son iguales en dignidad y valor, aunque a los hombres se les ha dado la clara responsabilidad de dirigir a sus esposas y sus hogares, y se les han otorgado ciertas funciones de enseñanza y de gobierno en la iglesia, que están reservadas para los hombres.

Como hemos visto, la posición egalitarianista es que los hombres y las mujeres deben ser considerados como iguales en autoridad en el hogar y también en la iglesia, que deben tener acceso a todas las posiciones de liderazgo espiritual dentro de la iglesia.

Y si no has podido escuchar toda la serie, quiero que sepas que es muy importante no solo escuchar fragmentos de lo que he dicho, sino que te expongas a todo el material. Quiero animarte a que consigas toda la serie y a que la escuches para que puedas entender lo que estoy diciendo en todo su contexto. Ve a nuestro sitio web donde puedes descargar todos los audios o imprimir todas las transcripciones, AvivaNuestrosCorazones.com.

Si te encuentras pensando o diciendo: «Esa mujer está loca; ¡no hay manera de que esté de acuerdo con ella!» Te animo a que tomes un tiempo para estudiar esto un poco más, y asegurarte de haber leído y tratado de entender lo que la Escritura enseña sobre este tema.

Hemos hablado de la posición complementaria en el hogar y en la iglesia, hoy quiero que veamos las implicaciones de esta visión complementaria más allá de esas esferas ¿Cómo se ven la masculinidad bíblica y la feminidad bíblica en otras relaciones—en otros contextos aparte del hogar y la iglesia?

Creo que es importante que digamos, en primer lugar, que la Escritura guarda silencio o no es muy clara en algunos aspectos específicos relacionados a los roles de hombres y mujeres más allá del hogar y de la iglesia. La Escritura es más clara en cuanto a los distintos roles que los hombres y las mujeres deben tener en el hogar y en la iglesia.

Podemos decir que no es tan clara, y en algunos casos no dice nada. No dice qué roles puede o no puede tener una mujer en el mundo de los negocios, o en el gobierno o en otras organizaciones. No puedes encontrar las mismas distinciones que se hacen en la Escritura en las áreas que ya hemos mencionado. Por lo tanto, debemos tener cuidado de no hablar donde la Biblia no habla.

Sin embargo, todavía estamos llamadas a expresar nuestro diseño distintivo creado por Dios –como hombres y como mujeres– en todas nuestras relaciones, en cada contexto de la vida. El hecho de que seamos mujeres o el hecho de que un hombre sea hombre, tiene implicaciones para toda la vida.

Ahora, la esencia del concepto de la masculinidad y de la feminidad—la mayoría de las personas hoy en día apenas pueden deletrear estas palabras o pronunciarlas. Todo ese concepto ha estado bajo ataque durante generaciones. De hecho, casi se ha perdido en nuestra cultura, y como resultado hoy estamos viendo algunos extremos, cosas que nunca hubiéramos imaginado.

Hoy en día hay muchas publicaciones y artículos que hablan sobre este tema y sobre muchas cosas que hoy estamos viviendo como cultura, pero hace un tiempo leí un artículo y los encabezados decían cosas como: 

¿Cuándo está bien que los niños sean niñas y que las niñas sean niños?

Muchos niños quieren verse y actuar como el sexo opuesto.

Los padres y las escuelas se están adaptando.

Todos estos encabezados son cosas que hoy en día estamos viviendo, y son comunes, recurrentes en nuestra cultura. Esos son encabezados. Y aquí está cómo comenzó el artículo respecto a una escuela:

«(Esta escuela) está borrando las distinciones de género.

Los maestros de la escuela primaria privada de Oakland han dejado de pedirle a los niños que formen una fila de acuerdo al sexo cuando caminan hacia y desde el salón de clase. Ahora dejan que los niños jueguen a las niñas y que las niñas jueguen a los niños en parodias, y hay un baño unisex.

(La) directora de admisiones... incluso es algo apologética porque todavía equilibra las clases por género.

Tenemos que preguntarnos –decía el artículo– «¿qué es género para los niños pequeños?», dijo (la directora de admisiones). «Es un tema tema cada vez más frecuente». 

Ahora, es lamentable y triste el momento en que tenemos que preguntarnos qué es «género» para los niños pequeños.

Peggy Noonan es columnista del Wall Street Journal, y poco después del 9/11, escribió una columna. Allí expresaba su gratitud por los muchos hombres que habían demostrado hombría a raíz de lo sucedido esos días. Su punto era: la hombría está de regreso.

Ella estaba emocionada por esto. En el contexto de esa columna, ella hablaba de cómo la hombría y su hermana la gentileza, la caballerosidad, habían pasado de moda. Ella dice en este artículo:

«Lo sé, porque yo he estado allí. De hecho, puede que yo misma lo haya hecho. Recuerdo exactamente cuándo: fue a mediados de los 70, y yo estaba en mis veinte, y un hombre alto, agradable y de mediana edad se levantó de su asiento para ayudarme a poner una maleta pesada en el compartimiento de arriba en un avión. Yo era feminista, y conocía nuestras reglas y discursos. «Puedo hacerlo yo misma», le dije. «Era importante que él supiera que las mujeres somos fuertes… Avergoncé a este hombre, un caballero que intentaba ayudar a una dama. No fui lo suficientemente dama como para dejarlo ayudarme. Apuesto que nunca se ofreció a ayudar a una dama de nuevo».

Ahora permítanme decir nuevamente, como hemos dicho antes, que la masculinidad y la feminidad no se definen, en última instancia, por una lista de reglas o un conjunto de comportamientos, sino por una disposición, una inclinación del corazón; y esa inclinación, como dijimos anteriormente, se expresa de muchas maneras diferentes en las circunstancias y situaciones de la vida diaria.

Pienso, por ejemplo, en alguien que conocí hace años. Madeline Manning Mims fue medallista de oro en los Juegos Olímpicos de 1968. Ella era una corredora.

Mientras hablábamos un día acerca de todo lo relacionado con la feminidad, ella dijo: «Mi entrenador siempre me dijo: “Recuerda, primero eres una dama, y una atleta en segundo lugar”».

Entonces, no es que el campo del atletismo no pueda ser uno en el que participen las mujeres. Es una inclinación del corazón lo que te hace femenina, sea cual sea el traje que lleves puesto, en cualquier campo en el que estés involucrada.

Me encantan las dos definiciones que nos da John Piper. Las he citado anteriormente en Aviva Nuestros Corazones, y estoy segura de que las citaré nuevamente.

Él aborda todo este concepto de la masculinidad y la feminidad bíblicas, en un pequeño pero poderoso libro llamado, «¿cuál es la diferencia?» Creo que es lo mejor que he leído sobre este tema. Es muy, muy efectivo.

Déjame darte las definiciones que él da de la masculinidad y de la feminidad, donde habla de esta inclinación, esta disposición del corazón. Él dice:

«En el corazón de la masculinidad madura se encuentra un sentido de responsabilidad benevolente (amable o gentil) de liderar, proveer y proteger a las mujeres de maneras apropiadas en las diversas relaciones».

Él continúa y tiene mucho más que decir al respecto. Él dice, por ejemplo, si la mujer que se está protegiendo o dirigiendo es la esposa, entonces se hace de manera diferente que si fuera la secretaria o una mujer con la que se comparte en el equipo de adoración en la iglesia.

Hay diferentes formas que son apropiadas dentro de las diversas relaciones. Pero él dice, no importa cuáles sean las relaciones, sigue siendo una inclinación que tiene un hombre, un sentido de responsabilidad de liderar, proveer y proteger a las mujeres.

Entonces John Piper define la masculinidad como un patrón una iniciativa, la iniciativa para proveer, proteger y liderar. Luego habla de feminidad. Él dice:

«En el corazón de la feminidad madura hay una disposición liberadora (y es que es liberador cuando desarrollas esta disposición por el poder del Espíritu), de hacer que? De afirmar, recibir y cultivar la fuerza y el liderazgo de hombres dignos, de manera apropiada en sus diversas relaciones».

Entonces vemos aquí al hombre como quien toma la iniciativa, el iniciador, y la mujer como la que responde. Es una inclinación. Es una dirección de tu corazón que encontrarás expresándose en circunstancias y situaciones cotidianas.

Los hombres son responsables de proveer esto, de iniciar este liderazgo, esta protección y esta disposición. Pero, ¿qué vamos a hacer nosotras como mujeres? Estamos para afirmarlos, para alentarlos, para recibirlos.

Entonces, amigas, cuando señalamos cuán pocos caballeros hay en el mundo de hoy, quizás nos estemos acusando a nosotras mismas de cuán pocas damas hay hoy. Tengo la firme convicción de que si las mujeres actuáramos como damas, como reinas, los hombres nos tratarían de esa manera.

Ahora, no estoy diciendo que todos los hombres lo harán. Mientras haya pecado en este mundo, habrá hombres que no actuarán como hombres piadosos; y mientras haya pecado en este mundo, habrá mujeres que no actuarán como mujeres piadosas.

Pero creo que los hombres tendrán más poder para ser hombres piadosos y para proporcionar el tipo de liderazgo que anhelamos en lo profundo de nuestros corazones, cuando comencemos a recibir, afirmar y alentar ese liderazgo.

Creo que a medida que los hombres ejercen el liderazgo, se nos alentará a responder como mujeres. Es un baile, por así decirlo. Es dar y recibir, pero no podemos hacerlo por los hombres.

Solo podemos ser lo que Dios nos ha llamado a ser como mujeres. Pero creo que al hacerlo, los hombres se encontrarán capacitados, en un sentido sano, para proporcionar el tipo de liderazgo que anhelamos ver.

Ahora, esto se aplica estemos casadas o solteras. Como solteras—y lo estuve por muchos años, se aplica en el lugar de trabajo, se aplica en las relaciones casuales y las relaciones estrechas, todas las relaciones en todas partes.

Entonces, ¿cómo podría verse esto, esta feminidad madura, esta inclinación, esta disposición a afirmar, recibir y alentar la fortaleza y el liderazgo de hombres dignos? Déjame compartir contigo algunas cosas que he comprendido.

En primer lugar, significa tener un corazón abierto en las relaciones con el sexo opuesto, siendo compasiva y humilde. Significa asumir lo mejor. Significa sacar lo mejor de cada uno, entre hombres y mujeres—en nuestros intercambios, en nuestras conversaciones. Significa demostrar respeto mutuo. Significa, para mí como mujer, hablar con, y sobre los hombres, de manera que muestre respeto por ellos como hombres.

Para mí, esta feminidad significa buscar formas de afirmar, recibir y alentar la fortaleza y el liderazgo en hombres dignos. Significa estar atenta y responder a su iniciativa y a su liderazgo.

De la misma manera, significa no apresurarme a desestimarlos o decir: «No lo necesito». Hemos sido entrenadas para eso. Está a nuestro alrededor, está en el aire que respiramos.

Bueno, no está en el aire, está en nuestra naturaleza pecaminosa decir: «¡Puedo hacerlo yo misma!» Y durante muchas generaciones, a las mujeres se les ha enseñado: «No necesitas a los hombres». Pero están equivocados.

Las mujeres necesitamos a los hombres, y los hombres necesitan a las mujeres. Tenemos que dejar de ser combativas y competitivas, y recibirnos unos a otros, buscando formas de alentar y edificar a los hombres como hombres (varoniles), buscando formas de apoyarlos, animarlos a medida que dan esos pasos.

He escuchado de suficientes hombres como para saber que en el mundo de hoy es algo aterrador que un hombre asuma una posición como varón, porque durante tanto tiempo, muchos hombres han sido debilitados y menospreciados—por así decirlo, cuando ellos intentan ser caballeros.

Por ejemplo (me viene a la mente en este momento), recuerdo que hace años escuché a una mujer decir: «Cuando estábamos recién casados, mi esposo dijo: Oremos y tengamos devocionales juntos. La primera vez que lo hicimos lo critiqué por la forma en que lo dirigió. Pasaron años antes de que mi marido asumiera su rol y tratara de guiarme espiritualmente». 

¿Qué pasó? Él lo intentó, pero fue criticado en su intento, sintió temor y equivocado dijo, «no lo volveré a intentar de nuevo». (No vuelvo a batear). Pero esta mujer fue inmensamente responsable de hacer que este hombre sintiera temor de tomar el liderazgo, no solo en su matrimonio sino en otras relaciones también.

La visión bíblica de la feminidad significa que no seremos competitivas con los hombres. No seremos luchadoras o peleonas en nuestro espíritu. Significa que no habrá ataques contra los hombres. Si estás familiarizada con Aviva Nuestros Corazones, sabes que no permitimos, en este ministerio o en este programa, bromas que hagan que los hombres parezcan tontos, ignorantes o con poca hombría.

No estoy diciendo que ningún hombre actúe de esa manera, pero no es nuestra responsabilidad señalar sus debilidades y defectos. Simplemente no queremos hacer eso.

Mucho del humor hoy es humor de género a expensas de los hombres. Ahora, los hombres pueden ser demandados si hacen ese tipo de bromas sobre las mujeres. Eso no se considera políticamente correcto.

Pero hoy en día es políticamente correcto que las mujeres cuenten todo tipo de chistes que degradan o menosprecian a los hombres. La visión bíblica de la feminidad dice: «No. No vamos a ir ahí. No habrá chistes despectivos, no habrá sarcasmo».

Para mí, ser femenina en un mundo en el que me relaciono con hombres puede significar ceder o diferir. A veces puede significar incluso limitar mi propia libertad o tomar el asiento trasero. Puede significar callar en algunas situaciones, por el bien de una causa y un propósito que es más grande que yo.

¿Cuál es ese bien? Animar a los hombres a ser hombres. Eso no quiere decir que entro a un lugar a señalar. No digo: «Si ustedes, los hombres, simplemente fueran hombres…» A veces significa que simplemente estoy dispuesta a guardar silencio, a ceder en algo, a sentarme, a no ser la primera persona que habla en ciertos lugares.

Quizás te estés preguntando: «¿Por qué debería hacer eso?» Por amor, por humildad, con el deseo de que los hombres sean lo que Dios los creó para que fueran, y saber que cuando lo son, yo también soy libre para ser como Dios me hizo que fuera.

Ahora, todo esto que hemos estado diciendo, para algunas personas puede parecer que es humillante para las mujeres. Puede sonar restrictivo. Puede sonar loco, y para algunas mujeres, estoy segura de que suena algo loco.

Pero quiero decirte que en realidad es extremadamente liberador. Significa que no tengo que vivir resentida. No tengo que afirmarme a mí misma o demostrarme como mujer. No tengo que sentirme amenazada por la tendencia machista que tienen algunos hombres.

No tengo que resentirme con los hombres cuando manifiestan rasgos de la caída. Me libera para ayudar, para amar, para animar, para servir, para dar y para levantar a mis hermanos en el cuerpo de Cristo.

Así que me pregunto: «¿Cómo puedo animar, alentar y fortalecer a los hombres que me rodean, al ser más femenina?»

Ahora, te diré que para vivir esta visión bíblica se requiere que estemos dispuestas a ir en contra de nuestras propias tendencias pecaminosas y carnales. Esto no viene naturalmente. Va contra el deseo de la carne.

Pero he descubierto que mi disposición a abrazar mi feminidad, prueba y revela lo que hay en mi corazón. Prueba mi propia sumisión a Dios, y prueba la condición de mi corazón hacia los demás.

Si me resisto, me resiento y si tengo un espíritu rebelde, eso revelará lo que hay en mi corazón. Y déjame decirte que el verdadero problema no es cómo veo a los hombres, es cómo veo a Dios.

¿Estoy dispuesta a someterme a la autoridad de Dios en mi vida? Si es así, entonces estaré dispuesta, por el poder de Su Espíritu y por Su gracia, a vivir el evangelio; y lo que implica mi feminidad, esa disposición a afirmar, a recibir, y a apoyar la fuerza y el liderazgo de hombres dignos, de manera apropiada en las diferentes relaciones.

Cuando hacemos esto como mujeres, glorificamos a Dios, le damos la preeminencia a Él.

Cuando los hombres y las mujeres hacen esto dentro del cuerpo de Cristo, Dios es glorificado. Las personas ven a Dios de una forma en que no podrían verlo si actuaran de otra manera. Ven el gran plan de redención, y son llevadas a creer y a ser salvas ellas mismas.

Annamarie: Cuando las mujeres abrazamos nuestro diseño como mujeres y en el proceso alentamos la masculinidad en los hombres, Dios es glorificado. Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado explicando esto en la serie titulada, «Una visión bíblica de la feminidad». Ella regresará con unas últimas palabras.

Quizás en algún momento has pensado que no puedes cambiar tu forma de pensar, y es verdad. Pero Dios sí puede tranformarnos por medio de Su Palabra. Escucha de una mujer que nos cuenta cómo ella ha sido transformada.

Mujer: Hace más de un año que Dios puso en el corazón de mi esposo y en el mío, el deseo de que yo renunciara a mi trabajo para que yo me quedara en casa. Por razones económicas no pudimos dar el paso ya que entendíamos que no era responsable. Par de meses atrás mi esposo me comentó la idea de rentar un negocio pero no cualquier negocio, sino el negocio de sus sueños donde había trabajado cuando él tenía 17 años.

Rápido le puse peros, empecé a recordar una experiencia negativa de un negocio anterior, y a través de una enseñanza deAviva Nuestros Corazones me di cuenta de que estaba siendo egoísta y que no lo estaba apoyando como debía. Se lo dije y me disculpé, y Dios fue cambiando mi actitud. 

Los planes del negocio continuaron, y antes de la apertura, mi esposo me dice que está recibiendo el consejo de nuestro pastor, y que entiende que el momento es ya; que llevaba tiempo sintiendo una fuerte convicción de que Dios lo estaba llamando a que hiciera eso, y que aunque sería difícil, nos estaba llamando a depender de Él, y que a la misma vez yo me quedara en casa cuidando de mi hijo, y apoyándolo en lo necesario.

Yo siempre le dije que renunciaría cuando me dijera, pero yo estaba deseosa de que el momento fuera ya.

Lo que al principio yo vi como un obstáculo fue el medio que Dios usó para que diéramos el paso. Yo las exhorto a seguir escuchando Aviva Nuestros Corazones ya que sus enseñanzas son verdaderamente bíblicas, y es Su Palabra la que nos transforma el entendimiento y no deja que nos amoldemos al mundo. El diseño de Dios para la mujer y la familia es el que está en la Biblia, y el mundo lo ha torcido.

Hace varios años yo era de las que no veía a mi esposo como la persona designada por Dios para guiar nuestra familia. Tampoco veía la urgencia de que yo debía cuidar de mi hijo, aunque sí lo deseaba, pero pensaba que debía trabajar porque si no el dinero no nos iba a dar.

Dios fue cambiando todos esos pensamientos. Una amiga me dijo: En este tiempo tendrás que confiar, no en tu esposo y en sus decisiones, sino en el depósito de Dios en él. Lo mismo les quiero aconsejar a ustedes.

Annamarie: Es de mucho gozo para nosotros, aquí en Aviva Nuestros Corazones escuchar testimonios como este—y hay muchos más que quisiéramos compartir contigo. El resultado de la Palabra de Dios obrando en el corazón es una vida transformada, y eso es precisamente lo que queremos experimentar juntas en la Conferencia Mujer Verdadera 20. Se llevará a cabo los días 13 y 14 del próximo mes de marzo.

Ya nos has escuchado hablar esta conferencia, y si no lo has hecho, asegúrate de enterarte de los detalles en MujerVerdadera20.com. Miles de mujeres alrededor del mundo nos estaremos reuniendo para arraigar nuestras vidas en la verdad de la Palabra de Dios y para ser animadas a permanecer firmes sobre la Roca, que es Jesucristo. Si ya te registraste, asegúrate de descargar la aplicación para interactuar con otras mujeres, para compartir peticiones de oración y para mantenerte actualizada.

Bien, ahora Nancy regresa con nosotras para concluir este programa.

Nancy: Estoy segura que algunas de ustedes que han escuchado este programa han rechinado sus dientes, quizás han sentido un golpe en su espíritu, o están resentidas o resisten todos estos conceptos. Quiero decirte que honestamente he estado ahí. Y algunas veces aún me veo ahí.

Pero Dios ha usado esas luchas y batallas en mi propio corazón para mostrarme que mi carne aún debe ser llevada a la cruz y para mostrarme áreas de mi propia vida que necesitan venir bajo el señorío de Cristo. Quiero animarte a buscar al Señor y decirle, «Señor, ¿cómo puede mi vida como mujer reflejar la belleza de quien eres, en las relaciones que tengo con los hombres que me rodean?»

Pídele a Dios que te muestre formas en que puedes reflejar Su belleza al cultivar un espíritu femenino. Quiero decirte, será muy liberador. Encontrarás libertad y gracia al vivir conforme al propósito para el cual Dios te creó.

Gracias, Señor, por tu gracia. Gracias por retarnos en nuestros corazones con esta verdad de tu Palabra. Oro que nos encuentres rendidas diciendo: «Sí, Señor, quiero ser esa mujer que me has creado para ser».

Ayúdanos, Señor, a bendecir a los hombres que nos rodean, a animarlos, fortalecerlos, alentarlos; y a saber que al hacerlo, tú nos fortalecerás y animarás a nosotras. Oro en el nombre de Jesús, amén. 

Annamarie: Permaneciendo en la Palabra de Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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