Podcast Aviva Nuestros Corazones

Alienta a los hombres a ser caballeros

Annamarie Sauter: Al servir en su iglesia, Carolyn McCulley aprendió algo acerca de los hombres y las mujeres.

Carolyn McCulley: Yo llevaba estas cajas todas las semanas, y cada semana mi pastor me veía y me decía: «Carolyn, deja eso. Uno de los muchachos vendrá y lo hará». Yo siempre pensaba en términos de eficiencia. «Puedo llevarlo. De hecho, tuve que poner todo esto en mi auto para traerlo hasta aquí».

Pero no es un asunto de capacidad; se trata de permitir que un hombre tome la iniciativa y extienda bondad hacia ti para honrarte. Me tomó tanto tiempo entender por qué era un honor y no un inconveniente. 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es Éxodo capítulos 1-4.

Nancy continúa en la serie que iniciamos la semana pasada, titulada, «Una visión bíblica de la feminidad».

Nancy DeMoss Wolgemuth: En esta serie hemos estado hablando sobre cómo las mujeres y los hombres hemos sido creados por Dios para complementarnos en algunas esferas y de maneras específicas. Vimos esto desde varios ángulos diferentes. En el ámbito del hogar vimos cómo Dios creó a la mujer para ser ayuda de su esposo, y al esposo para ser un líder piadoso y un siervo para su esposa y para su familia.

También hablamos de cómo los hombres y las mujeres se complementan en el contexto de la iglesia. Luego, en la última sesión, hablamos sobre cómo existen algunas aplicaciones para que los hombres y las mujeres vivan su masculinidad y su feminidad en otras relaciones fuera del contexto de la familia e incluso fuera del contexto oficial de la iglesia.

En el programa de hoy me acompañan mis amigas Holly Elliff, Kim Wagner y Carolyn McCulley. Probablemente las has escuchado antes en Aviva Nuestros Corazones. Llamamos a este tipo de conversaciones, «conversaciones de sobremesa», que no es más que cuando nos reunimos después de alguna grabación para hablar sobre lo que acabamos de tratar y sobre cómo podemos aplicarlo y practicarlo en situaciones de la vida real.

Ellas son mujeres que representan diferentes temporadas en la vida. Dos están casadas. Carolyn está soltera, y yo tengo unos pocos años de matrimonio. Podemos compartir cómo luce lo que hemos hablado a lo largo de esta serie para las mujeres solteras así como para las casadas. Hoy quiero hablar sobre algunas maneras prácticas en las que podemos vivir estas relaciones complementarias, cómo podemos alentar y afirmar a los hombres de manera apropiada.

Permíteme comenzar por volver a una ilustración que di en la última sesión. Cité a Peggy Noonan y su artículo del Wall Street Journal, escrito poco después del 11 de septiembre, luego del ataque a las Torres Gemelas, en el que ella comentaba cómo fue una de las mujeres que hace décadas, reaccionaba cuando un hombre quería ayudarla con su equipaje—creo que fue en un avión.

Holly, tú, Kim y yo estuvimos juntas en una conferencia y estábamos saliendo de nuestro hotel con un carrito lleno de equipaje, y tuvimos una experiencia que tú acabas de recordar.

Holly Elliff: Fue muy cómico porque tiendo hacia la independencia. Pero cuando estábamos sacando ese carrito de equipaje, había allí un pastor local que yo conocía, y él y su esposa estaban saliendo del edificio. Cuando me estaba preparando para cargar las cosas en el auto, él salió y dijo: «Déjame hacer eso por ti».

Después de escuchar a Nancy mencionar la ilustración de Peggy Noonan y el hecho de que ella le dijo «no» a este hombre que quería ayudarla—y al hablar de todo este tema de que los hombres y las mujeres se complementan. . . He escuchado estas enseñanzas, y allí cargando las cosas en el auto mi primer impulso fue decir: «Estamos bien».

Me di la vuelta y le dije a Nancy: «Probablemente debería dejar que él lo haga». Le dije al pastor: «Sería genial si pudieras ayudarnos a cargar estas maletas».

En ocasiones solo es cuestión de ser humilde y receptiva y dejar que un hombre me ayude, aún cuando pude haber puesto las maletas en el vehículo yo misma.

Nancy: Sí, porque no había maletas superpesadas.

Holly: No.

Nancy: Excepto la mía, claro.

Holly: No era que yo estuviera haciendo un esfuerzo para ponerlas en el auto. Pero tuve que elegir ceder mi derecho a cargar ese equipaje porque él se había ofrecido. Fue respetuoso de mi parte simplemente decir: «Muchas gracias por tu ayuda».

Carolyn: Me imagino que hay algunas mujeres escuchándote y pensando: «¿Eso es un acto de humildad? No lo entiendo. ¿Y cuál es el problema con ser independiente?» Pero no se trata tanto de que seamos independientes, sino de que nos sentimos autosuficientes. Cuando un hombre se da cuenta de que otro ser humano necesita ayuda, eso es algo maravilloso. En nuestra iglesia estamos tratando de alentar a los hombres jóvenes a que presten atención a las personas y a sus necesidades.

Así que cuando eso sucede, eso es un acto de humildad que dice: «Quiero recibir algo de alguien, no porque eso represente que soy débil y dependiente, sino porque representa que se me está ofreciendo cortesía».

Somos tentadas constantemente a decir: «No, no... no quiero molestarte. Yo puedo hacerlo sola». Porque la realidad es que a veces es un poco inconveniente que te sirvan. A veces tienes que esperar y esperar hasta que te puedan ayudar en un momento que sea conveniente para ellos.

Eso nos lleva a frenar nuestras propias tendencias pecaminosas a ir por la vida corriendo impacientemente y haciendo las cosas según nuestra agenda. Pero tenemos que madurar y dejar que otros maduren, y eso lo hacemos cuando dejamos que los hombres nos sirvan.

Nancy: Así es.Hablamos de ello después de ese pequeño incidente. Fue justo cuando grabamos esta misma serie en inglés. Acabábamos de grabarla y conversar sobre el tema, y habíamos mencionado lo maravilloso que fue que este hombre mostrara una masculinidad madura al ver que había mujeres allí que llevaban equipaje y que lo estaban metiendo en un auto, y él tomó la iniciativa de decir: «¿Puedo ayudarlas? ¿Puedo servirles?» Y nuestro rol como mujeres de afirmarlo en ese momento, fue afirmar su iniciativa.

Si hubiéramos sido rápidas en decir: «No, gracias» o «podemos manejarlo»—aún habiéndolo dicho con amabilidad y gracia; pero si hubiéramos rechazado de inmediato su oferta, ¿habría eso disminuído su motivación la próxima vez, al ver una necesidad y tomar la iniciativa?

Así que esta es una hermosa ilustración de iniciativa masculina, y de receptividad femenina, fuera del contexto del matrimonio.

Kim Wagner:Y aunque nos estaba sirviendo— acomodando nuestras maletas en el auto, lo cual nosotras podríamos haber hecho (ya que las cargamos cuando llegamos), ahora estábamos sirviéndole al permitirle vivir su masculinidad con nosotras, siendo respetuosas y honrándolo al permitirle hacer eso por nosotras.

Carolyn: Sí. A mí, me costó muchísimo aprender este principio. Recuerdo a mi pastor viéndome cargar las cajas que usábamos cada domingo para llevar todo lo que brindábamos en el compartir que teníamos después del servicio. Yo era la encargada de prepararlo.

Yo llevaba estas cajas todas las semanas, y cada semana mi pastor me veía y me decía: «Carolyn, deja eso. Uno de los muchachos vendrá y lo hará». Yo siempre pensaba en términos de eficiencia. «Puedo llevarlo. De hecho, tuve que poner todo esto en mi auto para traerlo hasta aquí».

Pero no es un asunto de capacidad; se trata de permitir que un hombre tome la iniciativa y extienda bondad hacia ti para honrarte. Me tomó tanto tiempo entender por qué era un honor y no un inconveniente.

Nancy: Es dejarlos ser caballeros.

Holly: Creo que esto se remonta a entender eso de permitir que un hombre sea quien Dios lo ha llamado a ser. No significa que yo no pueda hacerlo, significa que elijo permitirle que viva según algunas de las iniciativas creadas por Dios para él.

Nancy: Creo que uno de los lugares importantes donde tenemos la oportunidad de vivir conforme a la feminidad bíblica es en el lugar de trabajo. Sé que para Kim y para Holly, su lugar de trabajo principal se encuentra en el contexto de su hogar. Pero Carolyn, tú y yo, estamos en un lugar de trabajo fuera de nuestras casas.

Carolyn, has escrito y enseñado bastante y me has ayudado a pensar en algunas formas en que—en el lugar de trabajo, en las relaciones no románticas, podemos vivir la feminidad bíblica, y en el proceso alentar a los hombres en su masculinidad.

Carolyn: Tuve que aprender esto de la manera más difícil. Creo que fue una de las lecciones más importantes que aprendí cuando comencé a trabajar en Sovereign Grace Ministries (el Ministerio Gracia Soberana). En mi mente yo había ido allí a servir, a aportar con todas las capacidades y habilidades que tenía. Y creo que Dios preparó ese tiempo, esos primeros años, para enseñarme algunas lecciones difíciles sobre el orgullo, la justicia propia y la feminidad.

Antes de llegar a ese trabajo había estado en una posición donde fui recompensada por mi ambición egoísta, por ser agresiva y por ser exigente. Traje todas esas habilidades y tendencias conmigo, y esperaba que en este trabajo también me aplaudieran todas esas cosas. Y cuando no lo hicieron, me sorprendió— fue como: «¿Qué está pasando?»

Llegué a entender que mis jefes querían todas esas habilidades, pero querían que se demostraran de una manera femenina. En ocasiones, recibí comentarios sobre lo intimidante que podía ser por la fuerza de mi opinión, pues a veces sonaba más como una imposición.

Fui servida fielmente por estos hombres, quienes me hicieron entender una y otra vez lo contenciosa que podía ser. Ahora, eso podría ser desalentador porque estoy en un ministerio, y ¿no se supone que todos debemos flotar como ángeles y no tener ningún conflicto?

Pues no... Se trata de un grupo de pecadores redimidos que trabajan juntos, y eso nos da la oportunidad de hacernos muchas observaciones entre nosotros. Y a mí me hicieron bastantes observaciones.

Así que una de las formas en las que mi jefe me mostró que podía ayudarlo en su liderazgo era apoyando sus decisiones, especialmente en un contexto grupal. A menudo salíamos con clientes a almorzar, y yo expresaba mi opinión sobre mi preferencia por los restaurantes de tal manera que dejaba a todo el grupo mirándonos como preguntándose: «¿Eh… de quién será la decisión al final?»

Él seguía trayendo esto a mi atención, y yo no lo entendía del todo porque pensaba: «Pero... ¿no quieres mi opinión? ¿No quieres saber lo que pienso?» Finalmente, él me lo explicó: «Mira, si tomo una decisión y no estás de acuerdo conmigo, delante de toda esta gente va a parecer que te estoy ignorando y que no me importa tu opinión, o que no soy capaz de liderar. Si pudieras decírmelo en privado, sería mucho más útil».

No se trataba de su preferencia personal o de su ego, sino de la dinámica del grupo. Lo pude ver y entender en una ocasión en la que todos estábamos en una convención cristiana en Nueva Orleans y teníamos que ir a almorzar.

Giramos en una esquina y percibimos un olor que venía de un restaurante, que era una mezcla como de comida grasienta con desinfectante de cereza.

Kim: ¡UySuena tan agradable!

Carolyn: Realmente era bastante desagradable. Y lo primero que pensé fue: «Qué hedor». Así que lo que salió de mi boca fue «qué hedor»... sin filtro. El grupo se detuvo bruscamente, todos se detuvieron y me miraron como pensando: «Bueno, parece que ella no está de acuerdo en que vayamos a este lugar».

Mi jefe solo me miró y gentilmente dijo: «Está bien, busquemos otro lugar». En ese momento me di cuenta: «Eso es... Eso es lo que él dice que hago. Termino poniéndolo en una situación vergonzosa e incómoda al no apoyar su liderazgo y al hacerlo en público».

Podría haberme acercado a él y decirle: «Me pregunto si este lugar será limpio... Huele un poco extraño». Pude haberlo hecho en privado y darle la oportunidad de cambiar. Pero en lugar de ello, simplemente lo dije.

Esas son las señales sutiles que los hombres captan y que las mujeres piensan: «¿Por qué le dan tanta importancia a eso?» Porque son nuestros pequeños golpes verbales los que hacen que los hombres digan: «Ella realmente no está apoyando mi liderazgo».

Kim: Las mujerespodemos hacer que los hombres parezcan unos tontos. ¡Tenemos la capacidad de hacer eso sin siquiera darnos cuenta! Es por eso que tenemos que ser muy intencionales para honrarlos y respetarlos.

Holly: Creo que hay un espíritu de mansedumbre que tenemos que aprender porque no es innato en nosotras. Y eso, dice mi esposo, significa fuerza bajo control. Así que no es que no tenga una opinión. No es que no tenga la capacidad de hacer eso o de tomar esas decisiones. Pero elijo permitir que el Señor controle lo que sale de mi boca o cuál sea mi respuesta porque lo honra a Él más de esa manera.

Nancy: Carolyn, déjame comentar sobre algo que dijiste hace un momento. Dijiste que como inconversa, o tal vez incluso como una creyente joven, parecía que intimidabas a los hombres. ¿Alguna vez ellos te lo dijeron?

Carolyn: Sí. De hecho, he escuchado eso en varias ocasiones, y a veces me lo han dicho hombres en medio de una cita, lo que le agregaba otra capa de condenación y de incomodidad. No entendía lo que querían decir, porque pensaba: «Bueno, estamos conversando. Tú expones tus ideas, yo te presento las mías, y ahora negociamos». No tenía idea de que para algunas personas eso crea un ambiente estresante y conflictivo. Pensaba que simplemente estaba expresando mi opinión.

Lo entendí mientras visitaba a una pareja casada, teniendo unos seis u ocho meses de haber conocido al Señor. Les estaba describiendo una relación que tenía en ese momento. Al hablarles de ese hombre, la forma en que lo describí fue dura, severa y farisaica. Realmente no era mi intención hacerlo; pensaba que solo estaba explicando los hechos tal y como eran.

El esposo se levantó y se alejó, y al rato regresó y dijo: «Vaya, me alegro tanto de no haberte conocido como hombre soltero». Me quedé paralizada, lo miré y pensé: «¿Qué acaba de decir? ¿Por qué me dice eso?»

Él dijo: «Tienes la lengua muy afilada. Yo habría huido de ti». Fue en ese momento que comencé a darme cuenta de que hay algo en la forma en que hablamos las mujeres—especialmente en la forma en que hablamos de otros hombres, que ellos consideran intimidante. Esa fue la primera de muchas lecciones a lo largo de los años, y hay otras cosas que aún estoy aprendiendo al día de hoy.

Nancy: Tan solo ese concepto sería perturbador para quienes provienen de un contexto más feminista. Lo que a menudo escuchas decir es que las mujeres exitosas o competentes intimidan a los hombres. Pero te he oído expresar, Carolyn, que esa no es la esencia de lo que los hombres realmente encuentran intimidante. ¿Qué es lo que encuentran intimidante en las mujeres?

Carolyn: Es ese espíritu severo y crítico que es intransigente, que les hace pensar que encontrarse contigo es como chocar contra una pared de ladrillos. Y no una simple pared de ladrillos, sino una que además tiene espinas y hace daño. 

No es un asunto de competencia. Es un asunto de arrogancia.

Holly: Kathleen Parker, una columnista exitosa, hizo un gran comentario sobre esto hace un par de años. Ella escribió: «Los hombres no se han apartado de las mujeres inteligentes y exitosas porque son inteligentes y exitosas. Es más probable que se hayan apartado porque el movimiento feminista que alentaba a las mujeres a ser inteligentes y exitosas también las alentaba a ser hostiles y a degradar a los hombres».

El movimiento feminista en sí mismo, el fundamento de su filosofía, es el deseo de controlar, el deseo de salirse con la suya—el egoísmo. El camino de Cristo es el camino de la humildad. Por eso es que cuando queremos lograr nuestra propia agenda, muchas veces, como mujeres, lo haremos de la manera que sea necesario. Ya sea agrediendo verbalmente al hombre—atacándolo verbalmente. Si es lo que tenemos que hacer para lograrlo, lo haremos.

Creo que es muy importante para nosotras como mujeres, pedirle al Señor que realmente nos dé una perspectiva sobre cómo nos ven los hombres que están a nuestro alrededor, ya sea que lo que salga de nosotras sea amabilidad, ánimo y edificación, o como dijo Carolyn, si hay algo en nosotras en la forma en que nos comunicamos o hablamos, que hace que un hombre quiera darse la vuelta y salir corriendo.

Nancy: Sé que nosotras, Carolyn, tú y yo, hemos tenido muchas conversaciones a lo largo de los años en nuestro ambiente de trabajo ministerial, sobre las maneras en que podemos alentar y animar a los hombres que nos rodean con nuestras palabras y nuestro espíritu, o las formas en que podemos desanimarlos y derribarlos.

Me encantan algunas de las cosas que has escrito sobre este tema—algunas de las cosas que me has enseñado sobre cómo hacer esto de manera efectiva en el entorno laboral.

Carolyn: Creo que hay pequeños gestos con los cuales podemos fomentar el liderazgo masculino. Una de las maneras en que podemos hacerlo es haciendo una pregunta en lugar de hacer una declaración definitiva. Y a esto era que apuntaba anteriormente.

No era que mi jefe no quisiera saber mi opinión sobre el restaurante. Fue la forma en la que lo expresé, y el contexto grupal, lo que avergonzó a todos los involucrados, porque no sabían cuál opinión seguir.

Con los años he aprendido la importancia de hacer preguntas. No soy buena en esto. Todavía estoy tratando de crecer en ese sentido. El asunto es que a veces puedo hablar de una manera en la que resumo algo, y cuando lo digo suena como una sentencia celestial. Y comunica el hecho de que creo tener toda la información que necesito, así que ahora puedo demostrar mi capacidad de discernir para que todos puedan aprender de mi conocimiento.

Nancy: También puede tener el efecto de hacer que otras personas se vean como si no tuvieran idea de nada.

Carolyn: Cierto.

Nancy: Y como que no hay otro remedio. «No hay discusión. Tengo razón y Dios acaba de hablar y ¿qué vas a hacer al respecto?»

Carolyn: O puedes hacer una pregunta para obtener información. De hecho, me lo reforzaste hace años cuando nos reunimos una noche para cenar. Te hice muchas preguntas sobre cómo te conduces en el ministerio como mujer, porque acababa de pasar por esa intensa temporada de lo que llamo el fuego del Refinador, donde estaba viendo el orgullo y la justicia propia en gran parte de lo que hacía.

He reciclado gran parte de tu enseñanza y de esas clases privadas que me diste esa noche. Fuiste tú quien me enseñó la importancia de hacer preguntas. Y luego mi propio líder de grupo en la iglesia continuó reforzando esto. Todavía puedo aportar una opinión, una idea o un consejo a un hombre en una situación determinada, pero puedo hacerlo formulando una pregunta con humildad en lugar de solo decirla autoritariamente.

Cuando hacemos una pregunta genuina, no una declaración con un signo de interrogación al final, sino una pregunta que exprese el deseo sincero de recibir información, eso puede crear el espacio para que un hombre dirija. Entonces, por ejemplo, si estoy en una situación en el trabajo donde tengo la responsabilidad de algún proyecto y pido la opinión de los hombres con quienes estoy trabajando, es muy fácil para mí responderles diciendo: «No, eso no...», o no, creo que deberíamos hacerlo de esta manera».

¿Por qué tengo que usar el «no»? ¿Por qué no digo algo como: «Esa idea es interesante. ¿Qué crees si la abordáramos de esta manera?» Cuando hacemos una pregunta estamos reconociendo que podemos estar equivocadas, y esto demuestra humildad y también crea el espacio para que los hombres dirijan y tomen una decisión, aun cuando yo sea la responsable de cierta área.

Es una de esas formas en las que podemos demostrar lo que dice el Dr. Piper, cuando habla sobre las formas en que podemos demostrar nuestra feminidad en las diferentes relaciones según sea apropiado.

Podemos alentar y hacer preguntas, en lugar de expresar firmemente una opinión.

Holly: Si eres una esposa que está escuchando en casa ahora mismo, espero que no te hayas desconectado porque todo lo que acaba de decir Carolyn puede aplicarse maravillosamente a tu esposo y a tu matrimonio mientras intentas acercarte a él y conversar. Muchas de las cosas que hacemos cierran la puerta incluso antes de que comience la conversación.

Nancy: Sabes, gran parte de esto –cualquiera que sea la situación en que lo estemos aplicando– como mujer casada, como mujer soltera, en el lugar de trabajo, en la iglesia, en el hogar…gran parte de esto hace alusión a todo el concepto que leemos en Filipenses capítulo 2, versículos del 3 al 8.

«Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo,no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a Sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (RV60).

Para algunas mujeres, estoy segura de que este tipo de conversación suena un poco como a una muerte. Es morir a mi propia forma de pensar, a mis propios deseos. Pero cuando miramos a Cristo, sabemos que Él no se quedó en esa cruz, que más allá de la cruz, Dios lo exaltó y le dio un lugar exaltado, el lugar más elevado de todo el universo. El resultado final es que toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios el Padre.

Ahí es donde siempre conduce el camino de la humildad. Sí, a veces nos lleva a deponer nuestros derechos, a renunciar a nuestra posición, a estar dispuestas a ser sensibles a las necesidades de los demás, a no tener que ser siempre la primera en hablar o la que tiene la última palabra. Pero, ¿cuál es el resultado? Cristo es exaltado y Dios es glorificado. Y eso lo vale todo.

Eso es a lo que nos referimos cuando hablamos sobre tener esa visión bíblica de la feminidad y de la masculinidad. No competimos sino que sacamos lo mejor de los demás. Entonces nosotras, como mujeres, somos bendecidas y los hombres son bendecidos. Nuestras relaciones son más saludables y más sanas. Y lo más importante de todo, reflejamos al mundo la gloria, la belleza y la maravilla de la relación redentora que el Señor Jesús tiene con Su iglesia. Y eso es lo que glorifica a Dios.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth, junto con Carolyn McCulley, Holly Elliff y Kim Wagner, nos han mostrado cómo luce la feminidad bíblica en el día a día.

¿Qué pasaría si las mujeres abrazáramos el propósito de Dios para nuestras vidas y reflejáramos la belleza y la maravilla del diseño de Dios? ¿Si pudieras ser parte de este movimiento, te unirías? El próximo mes de marzo tendremos la oportunidad de juntas edificar nuestras vidas en la verdad de la Palabra de Dios. Los días 13 y 14, únete a nosotras para la Conferencia Mujer Verdadera 2020 titulada «Arraigadas». Visita MujerVerdadera20.com para obtener más información y, ¡únete al movimiento!

Al hablar de esto de Mujer Verdadera a lo mejor te preguntas: «¿Es eso realmente importante? Bueno, Nancy te hablará acerca de esto mañana. ¡Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones!

Permaneciendo en la Palabra de Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Me Rindo a Ti, Jonathan & Sarah Jerez ℗ 2016 Aviva Nuestros Corazones

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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