Aviva Nuestros Corazones Podcast

Retrato de una sierva efectiva, día 1

Annamarie Sauter: Cuando estás en el ministerio, es fácil olvidar por qué te involucraste en primer lugar.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: La meta en el ministerio no es conseguir más «likes» («me gusta»), no es conseguir más seguidores en Twitter o amigos en Facebook. La meta es conseguir la aprobación de Dios, que Él nos diga: «Bien, sierva buena y fiel».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, autora del libro «Adornadas», en la voz de Patricia de Saladín.

¿Te ves a ti misma como una «líder de ministerio»? A veces usamos la palabra «ministro» para describir a una persona que se dedica a enseñar o predicar la Palabra de Dios, de manera regular. Pero, en su nivel más básico, ministrar significa atender las necesidades de otras personas en el nombre de Jesús. Así que, en cierto modo, todas nosotras somos ministras, y el mensaje de hoy es para todas.

Hoy escucharemos el mensaje titulado, «Retrato de una sierva efectiva», el cual Nancy enseñó a un grupo de líderes de ministerios de mujeres.

Nancy: Cuando estaba en séptimo grado, un señor vino a trabajar a nuestra iglesia, (que en ese entonces era una iglesia pequeña que había comenzado en nuestro hogar; pero para cuando llegó este señor ya nos reuníamos en un establecimiento escolar que habíamos arrendado). Este señor empezó a trabajar como director de educación cristiana, y un día me acerqué a él (yo estaba en séptimo grado) y le dije: «Ron, ¿podrías enseñarme todo lo que sabes acerca del ministerio, sobre el ministerio en la iglesia local, el ministerio de educación cristiana? Te prometo que todo lo que me enseñes, lo compartiré con los demás».

Ahora, estoy tratando de imaginarme a alguien en séptimo grado preguntándome algo así, pero sabes, él estuvo dispuesto. Con la primera tarea que me dio, me dijo: «Quiero que leas 1 Tesalonicenses, capítulos 1 y 2, y quiero que hagas una lista de las características de un ministerio eficaz y las características de personas eficaces que trabajan en el ministerio, los ministros».

Y esa fue mi primera tarea en este tipo de discipulado, aprendiendo acerca del ministerio. Y quiero que dediquemos un tiempo hoy para que veamos 1 Tesalonicenses 2. Te animo a que aceptes este reto y busques estas características en los dos primeros capítulos.

Estuve leyendo esta carta repetidas veces y buscando las características del ministerio que Dios da, y cuáles son las características de una persona que Dios usa en el ministerio. Dejame darte una pequeña parte del contexto: En su segundo viaje misionero, Pablo y sus compañeros llevaron el evangelio a Tesalónica, (Tesaloniqui en griego) que era la capital de la provincia romana de Macedonia; puedes ver esto en las Escrituras.

Tesalónica tenía una población de más de cien mil habitantes en aquellos días, por lo que era una ciudad grande. Poco después de que ellos llegaron allí, Pablo y sus amigos tuvieron que salir forzosamente porque había mucha oposición. Estaban acostumbrados a eso, ya sabes.

Ellos tuvieron que salir de ahí. Luego, Pablo fue a Atenas, luego a Corinto, pero no pudo dejar de pensar en los Tesalonicenses. Ellos estaban en su corazón, aunque él había estado allí por corto tiempo, estaba preocupado por esa pequeña y recién nacida iglesia, así que les envió a su hijo Timoteo, su hijo en la fe, su compañero en el ministerio, de nuevo a Tesalónica. Y le dijo: «Ve para que me informes cómo están todos allá. Verifica. ¿Están firmes en la fe, están firmes en la esperanza, están firmes en el amor? ¿Cómo están?»

Así que cuando Timoteo regresó a Corinto con el reporte, que era bueno, un reporte alentador (¿no te alegran esos reportes así sobre las personas?), Pablo, en respuesta a este reporte, escribió la carta a los Tesalonicenses. Esto es parte del trasfondo.

A lo largo de este libro, aunque nos enfocaremos en el capítulo 2, encontramos mucha información sobre el mensajero, los motivos, los métodos del siervo de Dios, que creo que tienen una gran aplicación a nuestras vidas. Así que quiero leer el texto. ¿Qué características de un ministerio efectivo ves en este capítulo y qué observaciones encuentras sobre la vida, la obra, y el amor de un siervo de Dios? Busca estas cosas mientras leo 1 Tesalonicenses 2.

«Porque vosotros mismos sabéis, hermanos, que nuestra visita a vosotros no fue en vano, sino que después de haber sufrido y sido maltratados en Filipos, como sabéis, tuvimos el valor, confiados en nuestro Dios, de hablaros el evangelio de Dios en medio de mucha oposición. Pues nuestra exhortación no procede de error ni de impureza ni es con engaño; sino que así como hemos sido aprobados por Dios para que se nos confiara el evangelio, así hablamos, no como agradando a los hombres, sino a Dios que examina nuestros corazones.
Porque como sabéis, nunca fuimos a vosotros con palabras lisonjeras, ni con pretexto de lucrar, Dios es testigo, ni buscando gloria de los hombres, ni de vosotros ni de otros, aunque como apóstoles de Cristo hubiéramos podido imponer nuestra autoridad. Más bien demostramos ser benignos entre vosotros, como una madre que cría con ternura a sus propios hijos. Teniendo así un gran afecto por vosotros, nos hemos complacido en impartiros no solo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas, pues llegasteis a sernos muy amados.

Porque recordáis, hermanos, nuestros trabajos y fatigas, cómo, trabajando de día y de noche para no ser carga a ninguno de vosotros, os proclamamos el evangelio de Dios. Vosotros sois testigos, y también Dios, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes; así como sabéis de qué manera os exhortábamos, alentábamos e implorábamos a cada uno de vosotros, como un padre lo haría con sus propios hijos, para que anduvierais como es digno del Dios que os ha llamado a su reino y a su gloria.
Por esto también nosotros sin cesar damos gracias a Dios de que cuando recibisteis la palabra de Dios, que oísteis de nosotros la aceptasteis no como palabra de hombres, sino como lo que realmente es, la palabra de Dios, la cual también hace su obra en vosotros los que creéis. Pues vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea, porque también vosotros padecisteis los mismos sufrimientos a manos de vuestros propios compatriotas, tal como ellos padecieron a mano de los judíos, los cuales mataron tanto al Señor Jesús como a los profetas, y a nosotros nos expulsaron, y no agradan a Dios sino que son contrarios a todos los hombres, impidiéndonos hablar a los gentiles para que se salven, con el resultado de que siempre llenan la medida de sus pecados. Pero la ira de Dios ha venido sobre ellos hasta el extremo.
Pero nosotros, hermanos, separados de vosotros por breve tiempo, en persona pero no en espíritu, estábamos muy ansiosos, con profundo deseo de ver vuestro rostro. Ya que queríamos ir a vosotros (al menos yo, Pablo, más de una vez) pero Satanás nos lo ha impedido. Porque ¿quién es nuestra esperanza o gozo o corona de gloria? ¿No lo sois vosotros en la presencia de nuestro Señor Jesús en su venida? Pues vosotros sois nuestra gloria y nuestro gozo» (1 Tes. 2:1-20). Esta es la Palabra de Dios.

Al leer esto nuevamente, sigo encontrando cosas. Pero examinémoslo juntas, y quiero señalar algunas de las cosas que más me llamaron la atención.

Empecemos con el versículo 1: «Porque vosotros mismos sabéis, hermanos . . .» Ahora, en nuestra audiencia no hay muchos «hermanos», pero esta palabra se puede interpretar como hermanos o hermanas, hermanos y hermanas, así que esto nos incluye a nosotras. Tú encuentras esta palabra «hermanos», cuatro veces en este capítulo, diecinueve veces en la carta 1 Tesalonicenses, y esto me dice que Pablo veía a estos creyentes, a estos bebés cristianos, como familia. Él los veía como familia.

En Cristo, ellos eran una familia. Algunos eran judíos, y otros eran gentiles. Algunos tenían buena educación, y otros no tenían ninguna educación. Ellos eran de diferentes posiciones socioeconómicas. Algunos tenían posiciones de autoridad, otros eran esclavos y no tenían ninguna autoridad.

Pablo era un creyente maduro; estos eran bebés espirituales, pero todos ellos eran parte de la misma familia y Pablo no los despreció. Él los trató como si fueran amigos, hermanos de la misma familia (tal vez él era un hermano mayor, pero era un hermano). Él tampoco se sintió intimidado por ellos porque ellos eran parte de la misma familia.

Ahora, puedes ver más adelante en este capítulo que además de pensar en ellos como hermanos, él también tenía un corazón de padre. En el versículo 7 dice: «Como una madre cría a sus propios hijos . . .»  En el versículo 11: «Como un padre . . .» Lo enmarca en un contexto de relaciones familiares.

Esto me dice que las mujeres a quienes ministramos en nuestras iglesias son nuestra familia. Estamos unidas por la misma sangre. Tal vez sean muy diferentes a nosotras. Tal vez sean como esas, tú sabes, tías y tíos raros en la familia, tal vez son como esos familiares que te vuelven loca, pero son familia.

Tenemos una responsabilidad y un privilegio en ministrarles, cuidarles, y servirles. Ellas no solo son nombres, no solo son personas en una lista . . . ellas son familia.

Luego, justo ahí al principio del capítulo, Pablo introduce el concepto del sufrimiento. En el capítulo 1:6, él primero introduce este concepto diciendo: «recibieron la palabra En medio de mucha oposición». Luego él expande el concepto del sufrimiento en la primera parte del capítulo 2 (versículos 1, 2):

«Porque vosotros mismos sabéis, hermanos, que nuestra visita a vosotros no fue en vano, sino que después de haber sufrido y sido maltratados en Filipos, como sabéis, tuvimos el valor confiados en nuestro Dios, de hablaros el evangelio de Dios, en medio de mucha oposición».

Y ese mismo tema continúa en el capítulo 3:3:

«A fin de que nadie se inquiete por causa de estas aflicciones, porque vosotros mismos sabéis que para esto hemos sido destinados. (¿Qué son “estas” aflicciones?) Porque en verdad, cuando estábamos con vosotros os predecimos que íbamos a sufrir aflicción, y así ha acontecido, como sabéis».

Y a propósito, el tema del sufrimiento no es una lección para cristianos avanzados, para personas con grados universitarios. Estos eran bebés espirituales cuando Pablo empezó a enseñarles sobre la aflicción. Me pregunto si algunas personas no se dejarían arrastrar por la aflicción cuando esta se presente, si desde un comienzo les explicáramos que este es un mensaje acerca de una cruz y que hay aflicción involucrada.

Entonces, al leer este pasaje, veo algunas cosas: primero, espera el sufrimiento.Espera la oposición. No te sorprendas. No esperes que el ministerio, es más, la vida cristiana, sea libre de problemas, libre de dolor. El sufrimiento, la aflicción, los obstáculos, el conflicto, son parte de nuestro llamado de este lado del cielo. Así que no te sorprendas por eso.

En segundo lugar, no dejes de hacer lo que estás haciendo solo porque es difícil. Esa no es una razón para rendirse. Vemos que Pablo dijo: «Tuvimos el valor confiados en nuestro Dios, de hablaros el evangelio de Dios, en medio de mucha oposición». Ahora, finalmente, el Espíritu los guió a que dejaran la ciudad, y algunas veces hay que salir de la ciudad, pero no dejes de hacer lo que estás haciendo. ¡Continúa proclamando el evangelio!

Luego, en los versículos del 3 al 6, vemos algunas palabras útiles, desafiantes, minuciosas acerca de las motivaciones; por qué hacemos lo que hacemos. Eso es importante para Dios, no solo qué hacemos, o cómo lo hacemos, sino por qué lo hacemos. Pablo habla mucho de esto en los versículos del 3 al 6. Él habla de algunas motivaciones que son inferiores, egoístas. Veamos en el versículo 3: «Porque nuestra exhortación no procede de impureza ni de engaño». Él dice: «Nosotros no tenemos motivos personales».

Versículo 4: «Así hablamos, no como agradando a los hombres». Pablo está diciendo: «No estamos tratando de impresionar a las personas, no estamos tratando de ganarnos su favor. Versículo 5: «Porque como sabéis, nunca fuimos a vosotros con palabras lisonjeras». Eso me dice que Pablo no les habló a ellos las cosas que querían oír, sino las cosas que necesitaban oír. Su meta no era hacer que ellos se sintieran bien con ellos mismos, o tener la aprobación de las personas; esa no era su motivación.

Continuando, en el versículo 5: «No con pretexto de lucrar». Él no estaba tratando de obtener algo de ellos; él quería darles algo a ellos, el evangelio. Si tú vas al evangelio para tomar y obtener ganancias, siempre vas a ser herida en el ministerio. Siempre estarás frustrada porque la gente siempre querrá algo de ti. Así que tienes que entrar al ministerio pensando: «Yo no estoy en esto para obtener cosas, estoy en esto para compartir algo que Dios me ha dado». «De gracia recibisteis, dad de gracia». No hay pretexto para la codicia.

Versículo 6: «Ni buscando gloria de los hombres, ni de vosotros ni de otros». La meta en el ministerio no es conseguir más «likes», más «me gusta», no es conseguir más seguidores en Twitter o amigos en Facebook. La meta es conseguir la aprobación de Dios, que Él nos diga: «Bien, sierva buena y fiel».

Pablo también dice: «Aunque como apóstoles de Cristo hubiéramos podido imponer nuestra autoridad». Esto implica: «Nosotros no hicimos eso. No abusamos de nuestra autoridad». Pablo no estaba controlando, imponiéndose. Él vino como un siervo humilde para alentarlos, no para decirles: «Esto es lo que yo soy, esto es lo que ustedes son; tienen que hacer lo que yo diga».

Sabes, hay algo acerca de la autoridad y cómo puede corrompernos tanto, y sacar esa naturaleza controladora que tenemos, particularmente como mujeres. Creo que es algo que está arraigado en nosotras. Pablo dice: «Nosotros nunca hicimos eso».

Ahora, aquí nos dice lo que sí hicieron. Versículo 4, Pablo dice: «Sino que así como hemos sido aprobados por Dios para que se nos confiara el evangelio, así hablamos, no como agradando a los hombres, sino a Dios que examina nuestros corazones». Versículo 5: «Dios es testigo». ¿De qué es testigo Dios? Él ve lo que yo hago, pero Él también ve por qué lo hago, lo que hay en mi corazón.

Pablo está diciendo: Nuestra audiencia es Uno: Dios. Vivimos para agradarle a Él. Dios es quien nos eligió para hacer esto, fue Él quien nos apartó, es Él quien nos ha confiado este santo y sagrado llamado y mensaje. Y Él conoce las motivaciones de nuestro corazón; Él examina los motivos de nuestros corazones, y Él es nuestro testigo . . . el testigo de nuestros corazones.

Cuando hacemos conferencias o escuchamos reportes de nuestra audiencia, trato de hacerlo en el temor del Señor, porque nos dicen: «Estuvo maravilloso. Me encanta lo que están haciendo. Me encanta el programa de radio. Me encantan tus libros», y hay otras personas a las que no les interesa para nada (y también oímos un poco de eso).

Si estoy viviendo no para complacer a la multitud o complacer a la gente, es un asunto enorme, desafiante y difícil en mi vida. Y el Espíritu Santo tiene que seguir sacando eso de raíz. Tengo que confesarlo, y traerlo a la luz, tengo que ponerme de acuerdo con Dios, y seguir recordándome que vivo para complacerlo a Él . . . no a ustedes, sino a Él.

«El temor al hombre es un lazo». Es una atadura. Si el elogio humano te enaltece indebidamente, entonces la crítica de los demás te devastará. Si estás muy influenciada por el elogio de los hombres, entonces cuando te critiquen te destruirá. Así que vive para agradar a Dios, no para complacer a los hombres.

Puedo asegurarte que en el ministerio de mujeres de tu iglesia, no podrás complacer a todas las personas a tu alrededor que tienen ideas de cómo deberías hacer lo que estás haciendo. Es bueno ser humilde. Es bueno escuchar, recibir un consejo. Es bueno escuchar otras ideas.

Siempre le digo a nuestro equipo cuando recibimos cartas con críticas como: «Tú no deberías haber dicho esto . . . Tú no deberías haber dicho lo otro . . . No me gusta cuando . . .»), les digo, «siempre respondan y agradezcan por compartir sus inquietudes con nosotros». Y luego, quiero ver: «si hay una pizca de verdad en lo que están diciendo o tal vez, una gran verdad. ¿Hay algo que podemos aprender de esto?»

Escucha, tus críticos pueden convertirse en tus mejores amigos si escuchas esas críticas con corazón humilde, pero no permitas que esto rija o arruine tu vida.

Ese motivo se reflejaba en la forma en la que Pablo y sus compañeros ministraban, en el tipo de relación que ellos tenían con esos jóvenes creyentes y en la forma en que interactuaban con ellos. Vemos esto en el versículo 7: «Más bien demostramos ser benignos entre vosotros, como una madre que cría con ternura a sus propios hijos, teniendo así un gran afecto por vosotros, nos hemos complacido en impartiros no solo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas, pues llegasteis a sernos muy amados». Puedes ver ahí el corazón de una madre.

Pablo dice: «Como una madre que cría con ternura a sus propios hijos». Estar en el ministerio no es ser una niñera, es ser como un padre, como una madre. Es ese sentido de tener tus propios hijos, y con eso viene este enorme sentido de responsabilidad del que nunca podrás alejarte.

Pero estas «hijas» a las que estamos llamadas a servir, no le pertenecen a otra persona. Son tus hijas, y no las puedes despachar a otra persona si no te gusta su personalidad o no te gusta cómo están actuando. Tú eres su madre espiritual. Y en definitiva, eres responsable.

Ahora, ser madre espiritual no es la única relación que tienes con las mujeres en tu iglesia, pero hay un sentido de tener ese corazón de madre. Ser madre es una responsabilidad 24/7, ¿cierto? No hay días de descanso, ¿cierto? A menudo es incómodo ser madre. Requiere sacrificio y desinterés. Y, debo recordarnos, para aquellas de ustedes que no han tenido hijos o que los tuvieron hace mucho, que los bebés y los niños son desordenados.

¡Ellos hacen desorden! Son indefensos cuando son pequeños. Nos necesitan todo el tiempo, requieren de nuestra atención, y a veces aun cuando no son tan pequeños, y así también son las personas a las que servimos. ¿Y sabes algo más? Nosotras somos así también. Necesitamos un Padre, Dios, que tiene un corazón de padre hacia nosotras, y Él quiere darnos ese corazón para con los demás; un espíritu dulce, afectivo, manso y cariñoso.

Esto es algo que, al haber estado estudiando esto de nuevo, le he pedido al Señor que me dé. Le estoy pidiendo que me dé más ese tipo de corazón, para que las personas sean muy amadas para mí. No soy misericordiosa por naturaleza. No soy relacional por naturaleza. Soy más bien introvertida, y francamente, a veces quisiera que Dios me enviara a una de las regiones deshabitadas del mundo, principalmente porque soy una mujer egoísta.

Pero quiero amar a las personas, y creo que tú también, por eso es que estás haciendo lo que estás haciendo. Dile: «Señor, dame este corazón por las personas, para que ellas sean muy amadas para mí».

Y luego, compárteles el evangelio, pero no solo el evangelio. Según los versículos que acabamos de leer aquí, nos damos cuenta que necesitamos darnos a nosotras mismas. Darnos a nosotras mismas, así como Cristo lo hizo por nosotras. Pablo dice: «No solo les dimos el evangelio» y eso es enorme. Si tú te das a ti misma y no les compartes el evangelio, no has ganado nada para la eternidad.

Dales el evangelio. Pero mientras lo haces, date a ti misma. No es suficiente darles buenos estudios bíblicos, planes de enseñanza, instrucción, programas de servicio, actividades, a estas personas que servimos. Además de eso, necesitamos darles nuestras vidas, entregándonos, sacrificándonos, sirviendo a otros con nuestras vidas. Eso significa que tenemos que dedicarles tiempo en el laboratorio de la vida, donde ellas viven, donde nosotras vivimos.

Escucha, pararme detrás de un podio es la cosa más fácil que hago, en cierto sentido, porque no tengo que realmente amar a las personas allí. Estar en mi estudio es fácil porque no hay nadie allí. Pero cuando vas al laboratorio de la vida, donde la gente está confusa, donde hay relaciones rotas, donde hay vidas quebrantadas, donde hay cosas muy complejas con las que ellas tienen que lidiar, donde hay cosas muy difíciles . . .

Y he hablado con mujeres que están en situaciones muy difíciles, para animarlas, amarlas, tener compasión, sentir con ellas y llevar sus cargas... eso es el ministerio, darte a ti misma.

Ahora, Pablo dice en el versículo 9: «Porque recordáis hermanos, nuestros trabajos y fatigas, cómo, trabajando de día y de noche para no ser carga a ninguno de vosotros, os proclamamos el evangelio de Dios». En los versículos anteriores, vimos el amor del siervo de Dios: «Teniendo así un gran afecto por vosotros, nos hemos complacido en impartiros el evangelio… y también nuestras propias vidas».

Ahora podemos ver la labor, la fatiga, el trabajo de un siervo de Dios. De nuevo, él no hizo esto en un turno de solo ocho horas. Él dice: «Trabajando de día y de noche para no ser carga a ninguno de vosotros». Pablo no usó a estos creyentes para hacer su vida más fácil. Él trabajó duro para poder levantar sus cargas y no ser una carga para ellos.

Él no descuidó otras responsabilidades personales. Pablo se ganaba la vida trabajando al mismo tiempo que era el apóstol Pablo. Él hacía tiendas; estaba trabajando. Él no quería ser una carga para ellos. Así que no descuidó las responsabilidades humanas normales de su vida diaria por ser un ministro.

Creo que cuando estamos en el ministerio es muy fácil pensar: Estoy en el ministerio, puedo hacer cosas en el ministerio, pero no quiero limpiar mi casa. No quiero hacer las comidas. Esos son solo quehaceres domésticos. No, eso es el ministerio. Todo es ministerio. Te diré algo, tengo una gran preocupación porque hay muchas mujeres en el ministerio, empleadas, voluntarias, cualquiera que sean sus responsabilidades (estoy segura que no es intencional), que terminan descuidando sus hogares, su familia, para «ministrar» a otros.

Escucha, si tú no estás ministrando a tus hijos, si no estás amando y atendiendo debidamente a tu esposo, si tu hogar no está en orden, entonces tus prioridades están fuera de lugar. Todo es ministerio, y todo contribuye a que seas una sierva del Señor más eficaz.

Estos versículos nos muestran que el ministerio es trabajo duro. Es un trabajo duro ser madre, enseñar, discipular, cualquier tipo de ministerio que sea de persona a persona. Es trabajo duro; trabajarás largas horas. Te quedarás hasta tarde planificando, estudiando, preparando, limpiando, trapeando, arreglando mientras que los demás están durmiendo, jugando o están de vacaciones. Y no estoy diciendo que nunca duermas, o nunca juegues, o que nunca tengas vacaciones.

¿Pero cuántas veces te has encontrado a ti misma trabajando duro para servir a los demás mientras que ellos se divierten? Bueno, tú necesitas aprender de lo que Dios te ha llamado a hacer, y necesitas redefinir qué es la diversión. ¡Esto es divertido! Seguir con las responsabilidades diarias, además de todo lo que estás haciendo, escribiendo, estudiando, preparando.

Es como preparar una buena comida. Te toma horas prepararla, la sirves, ellos se la comen en ocho minutos, y luego se van a hacer lo que sea, y entonces te quedas limpiando todo por dos horas. ¿No te molesta eso? ¡Sí, claro! Pero eso es parte de nuestro llamado. Cuando se nos dice que debemos servir al Señor con alegría, parte de eso es trabajar duro detrás del telón, sin agradecimiento, sin reconocimiento.

Y podemos decir: «Nadie ve ni sabe las dificultades que he vivido», y estoy ahí quejándome, resentida. Ahora, eso me ha pasado muchas veces y me imagino que te pasa a ti. Por eso es que puedo decirte esto, porque yo sé de lo que estoy hablando. El Señor nos llama a servirle con alegría, sin resentimiento. El ministerio es trabajo duro. Es parte del precio que hay que pagar por ser una embajadora de Cristo.

Así que no retrocedas del trabajo duro. No lo resientas. Déjenme decirles unas palabras a aquellas de nosotras que ya somos de mediana edad o mayores: a medida que envejezco, encuentro que es más fácil pensar: ya hice lo que tenía que hacer; ahora le toca a alguien más continuar con la carga.

Ahora, hay una transición, hay que pasar el batón, hay etapas en la vida, así que no quiero exagerar con esto. Déjame simplemente decir que a medida que envejecemos, no ganamos un pase libre al cielo sin tener aflicción o sin trabajo duro o esfuerzo. Amo a las mujeres como como Susan Hunt, mi amiga, quien ha sido como una abuela para este movimiento de Mujer Verdadera. Me encanta su corazón joven, y amo el hecho de que ella sigue trabajando y sirviendo al Señor. Ella sigue adelante.

He visto esto en algunas de ustedes, mujeres mayores, y esta es la clase de mujer que quiero ser al llegar a esa etapa de la vida. Trabajo duro, ¡no retrocedas! Ministrar, alguien ha dicho:

  • Es dar en vez de guardar
  • Es orar por otros cuando tú necesitas oración
  • Es alimentar a otros cuando tu propia alma está hambrienta
  • Es vivir la verdad ante los demás aunque no puedas ver los resultados
  • Es sentir el dolor de los demás incluso cuando no puedes contar tu propio dolor
  • Es mantener tu palabra aunque no sea conveniente
  • Es ser fiel cuando tu carne quiere que huyas

Eso es el ministerio.

Annamarie: Servir a otros como más lo necesitan puede ser costoso. Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado recordando cuán valioso es este costoso trabajo. Cuando tú sirves a otros, estás sirviendo a Jesús.

Nancy enseñó este mensaje a un grupo de líderes de ministerios de mujeres, y mañana escucharemos la segunda parte de ese mensaje.

Hoy, en la primera parte, escuchamos acerca del amor y la labor de una sierva de Dios. Mañana, Nancy te mostrará la vida de una sierva de Dios, como continuación del estudio de lo que nos dice la Escritura en 1 Tesalonicenses, capítulo 2. Te esperamos aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Escudriñando la Escritura juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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