Podcast Aviva Nuestros Corazones

¿Son los hijos realmente una bendición del Señor?

Carmen Espaillat de Morillo: La Biblia llama a los hijos, «una bendición del Señor». ¿Y tú, realmente crees que es así?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Quizás tengas un árbol genealógico que es un desastre, y puede ser que albergues pensamientos de temor con respecto a traer más hijos en esa descendencia familiar. Pero quiero recordarte que Dios es el Dios redentor, y Cristo puede redimir tu línea familiar.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Las estadísticas dicen que hay más televisores que hijos por casa; pero la Biblia no dice, «la televisión es una bendición del Señor». Hoy descubrirás por qué la Biblia describe a los hijos como una bendición, al Nancy continuar con la serie titulada, «El Manifiesto de la Mujer Verdadera: Afirmaciones, parte 3».

Nancy: Tengo unos amigos muy queridos que la semana pasada cuidaron sus tres nietas durante cinco días, las tres son menores de cinco años; de manera que los papás, (su hija y su yerno) pudieran hacer una viaje especial de aniversario. Como pueden imaginarse, esta no fue una tarea fácil.

Cuando estaban en medio de ese período, recibí un correo de estos «abuelitos» en el que me describían cómo había transcurrido ese día. Aquí está lo que él dijo:

6:45 – Las niñas de 3 y 5 años brincaron en la cama y comenzaron a pelearse.

7:30 – Hora de pañales sucios y de vestirse.

8:00 – Desayuno con una cara de aburridos

9:00 – Jugar con los nietos:

Me acosté sobre el piso de cemento para que ellas pudieran dibujar mi silueta con tiza.

Me senté en el pavimento para que ellas pudieran jugar a la pelota conmigo.

Tuvimos luchas en el césped hasta que ellas pudieron treparse sobre mí.

Montaron bicicleta jugando a estrellarse conmigo…

Eso fue solamente la mañana.

12:00 – Sándwiches de crema de cacahuate con jalea.

12:30 – Llegaron dos nietos más, ahora eran cinco.

1:30 – Anduvieron en la bicicleta otro rato.

2:00 – Se treparon a los árboles y acariciaron los caballos.

3:00 – Compré mi primer helado frapeado en diez años.

3:30 – Fuimos al parque donde me senté en una banca mientras los niños pasaron por cada uno de los aparatos.

4:30 – Absoluta injusticia social –después de todo lo que hice por ellos, en el camino a casa, los niños me llamaron «malo».

5:45 – Salimos a cenar y los tres míos se unieron a seis más.

8:00 – En casa para darles un baño a las niñas.

8:30 – Las chiquillas lloraron, se quejaron y estuvieron infelices (pasada su hora de irse a dormir).

8:30 – Friego los platos para que Nana acueste a las niñas.

9:30 – Espero poder llegar a hablar con mi esposa.

Bueno, algunas de ustedes han estado ahí, y mientras leía esto, me compadecía de los abuelos; pero luego mi corazón realmente se compadeció de la hija que está el resto de los 365 días del año con estas tres niñas y que para esta fecha ya tiene una cuarta niña, la cual en ese entonces la llevaba con ella; de manera que tiene cuatro pequeñas por debajo de los cinco años. A ella le encanta ser mamá, ama a sus hijas, y las considera una bendición, a pesar de que haya días en que diga que no se hace nada más.

Pero todo esto nos trae a un punto feliz en nuestro Manifiesto de la Mujer Verdadera, y uno al que creo que queremos dar un énfasis en particular, y es el que los hijos son una bendición de Dios, y esa es la siguiente afirmación en el manifiesto. Permítanme leer la declaración completa:

«Los hijos son una bendición de Dios; y las mujeres fueron especialmente diseñadas para ser dadoras y sustentadoras de vida, ya sea a sus hijos biológicos o adoptivos, y a otros niños en su esfera de influencia».

Mientras preparaba esta sesión leí un artículo titulado, «¿Nacidas para criar?» Este autor decía,

«Con pocas excepciones, la tendencia global de este a oeste, es postergar el matrimonio, retrasar la maternidad y tener menos hijos. En el Reino Unido lo que está en pleno auge es la industria de las mascotas –3.5 millones de libras esterlinas al año– mientras cada vez más parejas optan por tener mascotas en lugar de bebés.

Estas tendencias han alterado la definición de «familia», e incluso han generado nuevas palabras como DISN, que es el acrónimo para describir a las parejas con «doble ingreso, sin niños». Mientras tanto, en los Estados Unidos el número de clínicas de fertilidad se ha incrementado de manera considerable desde 1986, debido a que más mujeres que retardan la concepción encuentran difícil quedar embarazadas a finales de sus treinta o cuarenta años». (1)

De hecho, en promedio en los Estados Unidos hoy, hay 2.24 televisiones por casa, mientras que hay 1.89 hijos por hogar, o sea que hay más televisores que hijos por casa.

El mundo, aunque no todos en el mundo, pero el mundo en esencia, particularmente en nuestra era moderna, una vez que pasan de ese 1.89, consideran a los hijos como una carga; que son demasiado costosos («no nos alcanza para tener hijos»); que son una interrupción para nuestra vida, para nuestros planes. Los hijos son vistos como un inconveniente.

Qué opuesto es todo esto al punto de vista de Dios respecto a los hijos.

Si realmente te has preguntado respecto a esto y quieres saber, en algún momento haz un estudio de «cómo deberías sentirte respecto a los hijos». Mientras oras y piensas, si te encuentras en una etapa de vida en la que le estás preguntando al Señor si «debes tener hijos, y cuántos hijos debes tener»; pregunta que por cierto, no puedo contestar por ti, ¿de acuerdo? Algunas de ustedes van a escribir y van a decir: «¿Cuántos hijos debo tener? ¿Debo tener más hijos?» No puedo darte la respuesta a esa pregunta, pero lo que puedo hacer es animarte a ir a la Palabra de Dios.

Usa una concordancia y busca todas las referencias que encuentres a los hijos. Esto va a tomarte un buen tiempo porque hay muchas referencias a los hijos, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Pero estudia el contexto y mira lo que la Palabra de Dios dice acerca de los hijos. Ahora bien, hubo hijos buenos e hijos malos, hijos justos e hijos impíos, padres justos, y padres impíos. Encontrarás muchas cosas. Pero observa la manera en que Dios usó a los hijos. Mientras escudriñas la Palabra de Dios, llegarás a la ineludible conclusión de que los hijos son un regalo. Los hijos son una bendición, y vienen de Dios.

Mientras lees a lo largo del recuento bíblico, verás en las Escrituras que los hijos eran algo anhelado. Se rogaba en oración el poder tenerlos. Se recibían con gozo, aún en una edad avanzada, y algunas de ellas en una edad bastante avanzada. ¿Se acuerdan de Sara a los 90 años? Pero Sara, Raquel, Elizabeth, Ana, todas estas eran mujeres que anhelaban tener hijos, que rogaban por tenerlos, que los consideraban como un regalo precioso de parte de Dios.

¿Ves que los hijos son considerados una bendición de Dios? En Génesis capítulo 17, Dios le dijo a Abraham, en relación con su esposa Sara: «Y la bendeciré, y de cierto te daré un hijo por medio de ella» (v. 16). Los hijos y las bendiciones generalmente van de la mano. Él dice, «la bendeciré y será madre de naciones». No solamente de un hijo, sino que será madre de naciones. Y aquí está hablando de una mujer posmenopáusica. Esto es una bendición, «reyes de pueblos vendrán de ti», vendrán de ella.

Luego, en Génesis 28, vemos a Isaac bendiciendo a su hijo Jacob. Le dice: «Y el Dios Todopoderoso te bendiga, te haga fecundo y te multiplique, para que llegues a ser multitud de pueblos». El que tus hijos tuvieran hijos y que sus hijos tuvieran hijos era considerado como un favor, era una señal de la bendición divina.

Hay un pasaje en Génesis 33:5, donde los hermanos, mellizos, Jacob y Esaú, por primera vez en muchos años, después de haber estado separados, se vuelven a ver. Jacob viene con toda una comitiva de mujeres e hijos con él. Esaú levanta sus ojos, y ve a las mujeres y a los hijos, y le dice: «¿Quiénes son éstos que vienen contigo?» Y Jacob le responde: «Son los hijos que Dios en su misericordia ha concedido a tu siervo». Esa es la mentalidad que verás a lo largo de las Escrituras, respecto a los hijos. Son un regalo misericordioso del Señor.

¿Te acuerdas de la historia de Rut y Booz? En el capítulo 4 del libro de Rut, que habiendo sido viuda, ahora Dios trae un marido a su vida, Booz, y en el día de su boda, los testigos dan una bendición a Booz. Le dicen: «Haga el SEÑOR a la mujer que entra en tu casa (esto es, a Rut) como a Raquel y a Lea, (las que fueron las dos esposas de Jacob) las cuales edificaron la casa de Israel» (v.11).

Su oración fue que Rut fuera fértil, que tuviera descendencia, que tuviera numerosos retoños, y se reconoce que es Dios quien abre la matriz. «Haga el Señor a la mujer fértil». Es Dios quien abre y quien cierra la matriz.

Se menciona ahí también a Raquel, quien fue estéril hasta que Dios abrió su matriz, porque Rut había sido estéril en Moab. La oración, la bendición es que, «quiera el Señor ahora darle hijos a tu mujer». Por supuesto, estamos muy agradecidas de que Dios le diese hijos a Rut y a Booz, porque fue a través de esa línea que vino Cristo, nuestro Mesías.

En esta bendición continúan diciendo, «…sea tu casa como la casa de Fares, el que Tamar dio a luz a Judá, por medio de la descendencia que el SEÑOR te dará de esta joven» (Rut 4:12) Las palabras, «por medio de la descendencia que el Señor te dará», es otra expresión de agradecimiento, de que los hijos son un regalo de Dios. No hay duda de dónde vienen estos hijos, son un regalo de Dios.

Ahora, esta casa de Fares, el que Tamar dio a luz a Judá, es una referencia a la que probablemente no le has dedicado mucha reflexión, ni un estudio cuidadoso. Pero es un pasaje fascinante que saca a colación una serie de circunstancias familiares, que pueden compararse con cualquier telenovela moderna de nuestros días.

Judá, fue uno de los doce hijos de Jacob, él se casó con una mujer cananea. Tuvieron tres hijos. Dios les quitó la vida a los dos hijos mayores porque eran malvados, y después de que la esposa cananea de Judá murió, él tuvo intimidad con una mujer que se disfrazó de prostituta y que resultó ser la viuda de su hijo primogénito. Su nombre era Tamar.

Probablemente no hayas entendido todo eso, pero lo que probablemente sí entendiste es que fue una historia verdaderamente enredada, enmarañada. Judá y Tamar, su nuera viuda, que él, por como ella se vistió, creyó que era una prostituta, le dio a luz hijos gemelos, el mayor de los cuales se llamó Fares.

Y dirás, «¡qué enredos son estos!» Ese es un trasfondo familiar que bajo cualquier definición podríamos llamar como disfuncional. Pero Dios es un Dios redentor. Él puede traer bien aún del enredado desorden en nuestra vida.

La verdad es que no has oído que alguien nombre a alguno de sus hijos Fares en estos días, pero él fue un personaje importante. Él fue uno de los ancestros de Booz, y a través de la línea de Fares avanzando hacia Booz, quien se casó con Rut, vendrían los dos reyes más grandes de Israel: el rey David y el supremo Rey, que es el Rey Jesús.

Ahora vamos a aterrizar esto por un momento. Uno o más de tus hijos pueden ser el resultado del pecado o de decisiones tontas, tuyas o de alguien más, elecciones bajo tu control, o fuera de él. Quizás tengas un árbol genealógico que es un desastre a más no poder, y puede ser que tengas pensamientos de temor respecto a traer más hijos bajo esa línea de esa familia. Pero solo déjame recordarte que Dios es un Dios Redentor, y Cristo puede redimir la línea de tu familia.

La bendición aquí es: «Sea tu casa como la casa de Fares, el que Tamar dio a luz a Judá, por medio de la descendencia que el SEÑOR te dará de esta joven» (Rut 4:12).

Sí, hay un lío aquí en el trasfondo, pero que sea como una línea de familia que Dios redima y restaure y haga que todo ello resulte en algo realmente hermoso.

De manera que a través de las Escrituras vemos que los hijos son una bendición del Señor y que el tener hijos es para las mujeres tanto un privilegio como una responsabilidad dentro de la voluntad de Dios.

Ahora, permítanme llevarlas por solo un momento –al hacer esto, voy a ir donde los ángeles temen pisar– pero las voy a llevar a lo que un comentarista ha llamado, «uno de los versículos del Nuevo Testamento más difíciles de interpretar». No lo voy a interpretar. Solo quiero que primero le echemos una mirada rápida a esto.

1 Timoteo 2, muchas de ustedes están familiarizadas con este pasaje. Aquí el contexto está hablando de hombres y mujeres, y las diferencias entre hombres y mujeres en el contexto de la iglesia local. No voy a tomar el tiempo para darles todo el contexto de este pasaje. Ni siquiera voy a tomar tiempo para explicarlo, o llevarles a caminar a lo largo de él, pero sí quiero señalarles un punto que creo que queda muy claro.

1 Timoteo 2, comenzando con el versículo 13,

«Porque Adán fue creado primero, después Eva. Y Adán no fue el engañado, sino que la mujer, siendo engañada completamente, cayó en transgresión» (v. 13-14).

Aquí está lo primero que quiero que vean. Versículo 15. Es uno de los versículos del Nuevo Testamento más difíciles de interpretar. «Pero será salva engendrando hijos...» Puede ser que tu traducción diga,

«Pero se salvará engendrando hijos, si permanece en fe, amor y santidad, con modestia» (LBLA), o puede decir también «la mujer se salvará siendo madre y permaneciendo con sensatez en la fe, el amor y la santidad» (NVI).

Ahora permítanme dejar en claro lo que este versículo no está diciendo. Ciertamente no está diciendo que por tener hijos nuestra alma será eternamente salva o justificada. Eso estaría contradiciendo toda las Escrituras que afirman que somos salvas por gracia solamente, a través de la fe solamente. Entonces, aquí la palabra salva debe tener un significado diferente. Una mejor traducción sería la palabra preservada. Será preservada por engendrar hijos.

Esa palabra preservar puede significar, «rescatar, librar, conservar ilesa y segura». Entonces, ¿qué es lo que Pablo quiso decir aquí, de que «las mujeres serían preservadas engendrando hijos»? ¿En qué sentido podríamos decir que las mujeres son salvas o preservadas por tener hijos? Bueno, de nuevo diré que podríamos pasarnos la eternidad en este versículo, y de hecho he hablado sobre este versículo en otras series, pero solo ponte a pensar, cómo la primera mujer, Eva, influenció y condujo a su esposo, y por lo tanto al resto de la raza humana a pecar.

Esa es una responsabilidad muy pesada de llevar para Eva, y también para nosotras como mujeres; pero por tener y criar esos hijos para que lleguen a conocer y a seguir a Cristo, Dios misericordiosamente le ha dado a las mujeres el privilegio de influenciar generaciones futuras. Así como el pecado de Eva influenció a muchas, muchas generaciones hacia la maldad, así las mujeres que dan a luz y crían a sus hijos, tienen la oportunidad de pasar el legado de justicia a las siguientes generaciones.

Entonces, en la medida en que una mujer abraza y cumple el llamado de Dios en su vida como esposa y como madre, cuando es esa etapa, ella es librada del estigma de la caída, ella es preservada de la inutilidad, ella es librada de una vida insignificante y sin sentido.

Ahora, Pablo no está diciendo que todas las mujeres pueden y deben casarse o tener hijos, porque eso claramente no es cierto. A algunas mujeres, Dios no les trae esposos a su vida. Y algunas mujeres no se casan, quizás haya algunas en nuestra audiencia hoy que han batallado con la infertilidad. Para algunas, Dios no abre su matriz, por razones que solo Él conoce. Eso no significa que Dios esté reteniendo una bendición o juzgándote. Hay mucho más que podemos decir sobre esto, pero Pablo definitivamente no está diciendo que todas las mujeres deben casarse y tener hijos.

Lo que sí creo que él está dejando establecido es un principio general que está enfatizando el significado de nuestro llamado como mujeres a ser dadoras y sustentadoras de vida, ya sea de hijos físicos y/o espirituales. Es un gozo recibir en nuestro blog de Mujer Verdadera y en Aviva Nuestros Corazones, correos y cartas, y comentarios de mujeres que verdaderamente están abrazando su llamado a ser dadoras y sustentadoras de vida, y que están encontrando que los hijos son realmente una bendición cuando los ves desde el punto de vista de Dios.

No hace mucho, en el blog de Mujer Verdadera difundimos un videoclip de una mujer llamada Kari que asistió a una de nuestras conferencias de mujer verdadera, y uno de nuestros camarógrafos la capturó. Ella dio un precioso testimonio de cómo Dios le había dado un nuevo corazón para sus siete hijos; cómo ella había resentido, cómo ella había sentido que ellos le habían impedido hacer todas aquellas cosas que ella había querido hacer y cómo Dios le había dado una nueva perspectiva para que ella llegara a ver a estos hijos realmente como una bendición del Señor.

Posteamos ese corto videoclip de menos de dos minutos en el blog de True Woman y entonces muchas otras mujeres comenzaron a entrar en la conversación, mujeres que tienen hijos, mujeres que no tienen hijos, mujeres en una estación de vida diferente respondiendo a este comentario que Kari había hecho. Permítanme leerles solamente dos o tres de esos comentarios que llegaron. Una mujer dijo:

«Dios nos ha dado seis bendiciones y seguimos contando. Por muchos años albergué un resentimiento contra Dios y contra mi esposo. Resentía la pérdida de mis planes y de mis deseos. Resentía el no poder ir a la tienda cuando quisiera. Ha sido toda una travesía el llegar a estar de acuerdo con Dios en que todo hijo es una recompensa y una vida que debo atesorar. Muchos de nuestros amigos no han podido tener hijos. ¿Cómo puedo comparar un hijo con la libertad para ir de compras? Es sorprendente lo ultrafeministas y antibíblicas que pueden llegar a ser las filosofías de nuestra cultura y qué tan sutilmente ha influenciado mi manera de pensar».

Otra mujer dijo:

«Yo solo tengo cuatro hijos, pero pasé por lo mismo; estar enfocada en las desventajas de tener estos hijos, en lugar de en el regalo que realmente son. Mi hijo mayor tiene 12 años y el más pequeño cuatro años, y por fin me encanta ser mamá. Solamente lamento que me haya tomado tanto tiempo».

Luego otra se unió a la conversación. Y cuánto me alegro por ello, porque refleja a las mujeres que me escuchan hoy en día. Ella dijo:

«Yo me encuentro en el otro extremo, casi cuarenta, soltera y verdaderamente deseosa de tener hijos. Poco después de convertirme a Cristo, a la edad de 17 años, y después de entender el llamado maravilloso y significativo de ser esposa y madre, anticipaba un día poder casarme y tener una gran familia. Quería seis hijos, especialmente porque soy hija única. Pero no ha sucedido, y algunos días me desanimo bastante, pero sé que la voluntad de Dios para mí siempre es buena, y Él me pone en contacto con niños, de muchas maneras hermosas».

Eso trae a la mente muchos comentarios. Primero, no hay interacción ni conversación con mujeres sobre este tema, que pueda quitar el dolor que siente una mujer que ha tenido el anhelo de tener hijos y no ha podido tenerlos; y hay algunas que nos escuchan sé que podrían afirmar esta verdad, y escribir al respecto no hace que ese anhelo se extinga. Rendírselo al Señor no hace que ese anhelo insatisfecho se aleje.

De este lado de la eternidad tendremos anhelos frustrados, y como nos lo recuerda Amy Carmichael, «los anhelos insatisfechos son realmente material para sacrificio, algo que podemos ofrecerle al Señor».

Lo que me impacta es que ambas, tanto las mujeres que tienen hijos, como las mujeres que no tienen hijos, tienen luchas con el contentamiento con las cuales deben tratar. Las mujeres que no tienen un esposo o hijos, piensan, «si tan solo pudiera tener un esposo e hijos, me sentiría plena». Luego tenemos a estas mujeres que tienen seis o siete hijos, y escriben diciendo, «quisiera salir de compras».

Entonces, realmente el descontento es una condición común del corazón humano. Algunas de ustedes tienen las manos llenas de hijos pequeños en estos momentos, y piensan: «¿Alguna vez llegará la ocasión en que pueda ir al baño yo sola, sin que me acompañe uno de mis niños?» Eso es desgastante. Algunas de ustedes están en esa etapa de cuidar muchos pequeños 24/7.

Algunas de ustedes están en la etapa del nido vacío, y están deseando poder oír los pasos de esos piececitos, y las manitas saliendo por debajo de la puerta del baño, diciendo, «¡mamá, mamá!» Darían lo que fuera por eso.

Algunas de ustedes han perdido un hijo, y les encantaría volver a tener algunos de los problemas que vienen con las bendiciones de los hijos.

El contentamiento viene de decir, «Señor, recibo lo que escojas para mí, como un regalo de tu parte. Si ese regalo es hijos, los recibiré como una bendición. Los recibiré de Tu mano».

Entonces el contentamiento como mujer viene de reconocer que Dios nos ha diseñado de manera única para ser dadoras y sustentadoras de vida. Eso puede hacerse de muchas maneras diferentes, y veremos algunas de esas maneras en el siguiente programa. Pero Dios nos llamó para ser dadoras y sustentadoras de vida, y solo decir: «Gracias, Señor, por hacerme mujer. Gracias por ese llamado. Gracias por ese privilegio. Amén».

Carmen: La Biblia describe a los hijos como una bendición, y Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado ayudando a entender lo que esto significa.

Una abuela que ha abrazado esta verdad y la ha aplicado también con sus nietos, nos escribió,

«Mi nombre es Miriam, soy una abuela de 68 años, madre de 4 hijos y por ellos abuela de 12 nietos. Formo parte del cuerpo de Cristo desde hace 20 años y he sido ama de casa por más de 45 años. Ahora ayudo a mis hijos en el cuidado de los nietos, es el trabajo más hermoso que he tenido en mi vida. Llegué a sentirme muy minimizada, por creer que siempre he sido ama de casa, pero ustedes me han llenado de alegría, entendiendo el valor que da el Señor a este gran trabajo. También he sido maestra de mujeres en mi iglesia y de algunas cercanas a mí. Ustedes me animan ya que trabajan en (ayudar a) regresar a las mujeres a valorar el trabajo en el hogar. Es muy gratificante.

Ruego al Señor que bendiga su ministerio, espero usar su material para el grupo de mujeres de nuestra iglesia».

¡Qué hermoso leer testimonios como este, de mujeres que han encontrado satisfacción en abrazar el diseño de Dios para sus vidas!

Sabes… no es necesario tener hijos biológicos para valorar y apreciar la maternidad. Mañana Nancy nos hablará más acerca de esto, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Diciendo: «Sí, Señor» juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 Stacey Wiebe. «Nacida para Sustentar». www.WomenTodayMagazine.com

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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