Podcast Aviva Nuestros Corazones

Carmen Espaillat de Morillo: Ya sea que estés casada o soltera, tengas hijos biológicos o no, puedes nutrir vidas en una variedad de formas.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Las mujeres sin hijos, casadas o solteras, pueden hacer mucho para apoyar el ministerio de crianza de otros en el cuerpo de Cristo.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Si no has descargado e imprimido el Manifiesto de la Mujer Verdadera te invitamos a hacerlo hoy. Encuentra el enlace al mismo en la transcripción de este programa, en AvivaNuestrosCorazones.com.

Durante los últimos programas, Nancy ha estado enseñando a partir del Manifiesto de la Mujer Verdadera. Lo hemos estado viendo a lo largo de varias series este año. Hoy nos enfocaremos en la afirmación que dice:

«Los hijos son una bendición de Dios; y las mujeres fueron especialmente diseñadas para ser dadoras y sustentadoras de vida, ya sea a sus hijos biológicos o adoptivos, y a otros niños en su esfera de influencia».

Nancy: Tengo en mis manos el ejemplar del 3 de mayo de 2010 de la revista Time. Quizás la viste. La portada dice en letras grandes, la píldora, y esta revista está hablando de los 50 años de la píldora. Y el artículo de fondo en este tema fue escrito por Nancy Gibbs. Se llama, «Amor, sexo, libertad y la paradoja de la píldora».

Permítanme leer la primera parte de este artículo. Ella dice:

«No hacemos referencia a tal cosa como el coche o el zapato o el jabón de lavar. Pero todo el mundo sabe cuál es la píldora, cuya aprobación por la FDA hace más de 50 años ha reorganizado la esencia de las relaciones humanas en formas que hemos discutido desde entonces. Hoy en día más de 100 millones de mujeres en todo el mundo (ese número conmocionó mi cerebro) comienzan el día con esta pequeña tableta».

Hay mucha investigación útil, y de la historia del trasfondo en este artículo, que puede ser de mucha ayuda si quieres saber algo más sobre todo el trasfondo. Permítanme leer solo un par de frases.

«En 1960, la típica mujer americana tenía 3,6 hijos. (No sé cómo tú puedes tener 3,6 hijos, pero creo que eso es en promedio). En 1980 (20 años después), el número había caído por debajo de 2. (Lo cual, por cierto, está por debajo de la tasa de reemplazo para una cultura).

Por primera vez, las mujeres se identificaron según sus empleos, más que como amas de casa. «Hay una línea directa entre la píldora y los cambios en la estructura familiar que vemos hoy, ahora», dice la presidenta de la Organización Nacional para la Mujer, Terry O'Neill, «con el 22% de las mujeres que ganan más que sus maridos. En 1970, el 70% de las mujeres con niños menores de 6 años estaban en casa, el 30% trabajaba. (En realidad, todas ellas trabajaban pero el 30% trabajaba fuera del hogar). Ahora esto está invertido».

El Dr. Al Mohler del Seminario Bautista del Sur en Louisville, Kentucky, fue citado en el artículo. Y él dijo:

«La capacidad de controlar la reproducción humana ha hecho más para reordenar la vida que cualquier otro evento desde que Adán y Eva comieron la manzana. Si vamos cien años atrás. La idea de que hubiera adultos que tuvieran la intención de tener una vida sexual activa sin la probabilidad de tener o de incluir a los hijos no existía. Y ahora no es nada excepcional».

Así que hoy se da por un hecho el que se puede tener una vida sexual activa sin considerar la probabilidad de hijos.

El Dr. Mohler en su blog comenta en este artículo del Time, que,

«La idea de que el sexo sería separado de procrear es un concepto muy moderno y un concepto que se hizo significativo solo por el desarrollo de la píldora y de las tecnologías anticonceptivas que le sucedieron. La ruptura de esta relación representa un cambio cualitativo en la vida y en las relaciones humanas, y eso sin hablar de la moral» (de su blog 04.26.10).

Ahora, no es mi intención en este programa hablar de la píldora o del control de la natalidad o de los anticonceptivos. Ese no es el tema que estamos hablando hoy. Estamos viendo el Manifiesto de la Mujer Verdadera y aunque es solo interesante que este artículo apareció en el momento en que me preparaba para esta serie, hoy llegamos a este punto en el manifiesto que dice:

«Los hijos son una bendición de Dios; y las mujeres fueron especialmente diseñadas para ser dadoras y sustentadoras de vida, ya sea a sus hijos biológicos o adoptivos, y a otros niños en su esfera de influencia».

Y como ocurre con tantas áreas de la vida, la trayectoria en que el mundo se está dirigiendo, va en dirección opuesta a la trayectoria de la Escritura, a la cosmovisión de las Escrituras. Y de nuevo, por favor, no me citen como que en este programa queremos sacar conclusiones acerca de la píldora, de la pastilla anticonceptiva. Porque ese no es el punto aquí. El punto es que en los últimos 50 años más o menos, ha habido un movimiento concertado, alejando a las mujeres de tener hijos o de retrasar la maternidad, hasta que realmente está más allá de su momento efectivo u óptimo para tener hijos.

Estas tendencias han tenido consecuencias. El pensamiento tiene consecuencias. Las ideas tienen consecuencias. Y las consecuencias dentro de nuestra cultura han sido significativas en formas que tal vez nunca has pensado.

Pero lo que quiero hacer, es llevarnos a pensar a la manera de Dios, porque la mejor manera de combatir la oscuridad es encender la luz. Y la mejor manera de luchar contra las cosas que no son ciertas es mostrarle a la gente lo que es verdad. A veces pienso que nosotros los cristianos somos vistos como personas negativas, como que estamos en contra de tal o cual cosa. Ciertamente, tenemos que estar en contra del pecado, y tenemos que odiar el pecado, y tenemos que odiar el engaño.

Pero es la verdad que es más poderosa que las mentiras. Así que solo pienso que educando a las mujeres en la Palabra de Dios, en la verdad de Dios, en la forma de pensar de Dios, entonces las luces empezarán a encenderse y las cosas empezarán a hacer clic.

Una mujer se me acercó antes de esta sesión y me dio las gracias por la última sesión en la que hablamos de que los niños son una bendición. Tenía lágrimas que corrían por sus mejillas mientras me decía: «Tengo tres hijos, pero no siempre he considerado a mis hijos como una bendición». Ahora, yo sé que hay momentos en la vida de toda madre cuando bendición no es exactamente la palabra que usarían para describir a sus hijos.

Pero ella me dio las gracias, y me dijo: «Muchas gracias por ayudarme a ver que mis hijos realmente son una bendición». Y entonces ella dijo algo muy interesante, me dijo: «Mis hijos me hacen impaciente». Ahora, yo sabía lo que ella quería decir, pero tomé un momento en esa conversación para recordarle lo que todas necesitamos que se nos recuerde, ya sea que pensemos que son nuestros hijos que nos hacen impacientes o nuestros compañeros de trabajo o nuestras computadoras portátiles, o lo que sea.

Le dije: «Sabes, realmente no son tus hijos que te hacen impaciente. El hecho es que tú eres impaciente. Dios conoce lo que hay en tu corazón y Él te ama lo suficiente como para traer las circunstancias a tu vida (en este caso se trataba de sus tres hijos) que te opriman y saquen a la superficie lo que hay dentro de ti para que puedas ver que eres impaciente y entonces Dios pueda cambiarte y santificarte».

Así que le dije: «Es por eso que tus hijos son una bendición, ya que ayudan a ver las áreas de la vida que necesitan ser cambiadas». Y por supuesto, no le estaba diciendo algo que ella no supiera. Pero así es como tenemos que recordarnos unas a otras de cómo debemos pensar, incluso del reto que son los niños, y que Dios los usa de una manera santificadora en nuestras vidas.

Ahora, con esto me estoy adelantando a mí misma. Quiero que pensemos por un momento acerca de la primera madre. Génesis 3:20 nos dice que «el hombre llamó a su esposa con el nombre de Eva». Ahora, ya él la había puesto nombre a la mujer. Él hombre; ella mujer. Pero él tenía un nombre propio, Adán, y le dio a ella su nombre propio, Eva.

Él llamó el nombre de su mujer Eva. ¿Te has preguntado por qué? Quiero decir, fue porque él buscó a través de un libro con 20 mil nombres? Bueno, no había ningún libro sobre como nombrar a su esposa, y no necesitaban tampoco libros para ponerle nombre a su bebé en ese momento porque no había bebés. Entonces, ¿cómo o por qué se le ocurrió este nombre? Bueno, la Escritura nos dice. Que él llamó el nombre de su mujer Eva «porque ella era la madre de todos los vivientes» (v. 20).

Ahora bien, en algunas versiones de la Biblia, aparece una pequeña nota al margen que dice que Eva suena como la palabra hebrea para dador de vida, y se asemeja a la palabra «vida». Así que Adán llamó a su esposa algo que nos recuerda el ser dadora de vida, vida. Ella es la madre de todos los vivientes.

Cuando se piensa que Adán le puso nombre a su esposa y la nombró dadora de vida, es una declaración de fe que Adán está haciendo en las promesas y en el amor redentor de Dios. Quizás tú te preguntes, ¿cómo así? Adán y Eva acababan de hacer esa elección fatal por la cual Dios había dicho que la consecuencia sería... ¿cuál? La muerte. «En el día que comas, ciertamente morirás» (Gén. 2:17). Sin embargo, Adán le da a su esposa un nombre que destaca la vida y su vocación de ser dadora de vida.

¿Qué nos dice todo esto? Bueno, Dios va a permitir de manera misericordiosa que Eva y las mujeres posteriores a ella puedan dar a luz hijos que le darían continuidad a la raza humana. Así que, sí, Dios dijo: «Has pecado y vas a morir». Pero, sin embargo, Dios ha hecho provisión a través de la maternidad para que haya generaciones posteriores. Para que la mujer que había traído la muerte a la raza humana, la mujer y Adán, ahora fueran dadores de vida a la raza humana.

Dios ha hecho provisión para esta mujer y para su descendencia para que tenga vida eterna. Sí, la paga del pecado es muerte. Pero desde el principio, desde antes de la creación, Dios ya había hecho planes para que la vida eclipsara la muerte por medio de Cristo y de Su sacrificio por nosotros.

Ahora, Adán y Eva no podían haber contado toda esa historia en ese momento. Porque ellos solo tenían diminutos y pequeños atisbos de ella. Pero ahora conocemos la historia. Y nosotros podemos mirar atrás algo que ellos estaban esperando. Vemos que todo esto fue una declaración de gracia. Esta fue una declaración de fe de que Eva sería la madre de todos los vivientes, que aunque hemos pecado y aunque hay muerte, Dios ha hecho provisión para que podamos tener vida.

Así que incluso al ponerle nombre a la primera mujer, hay un inicio del evangelio, un indicio de lo que podemos experimentar a través de Cristo y un recordatorio de que ser dadora de vida para una mujer es un llamado alto, santo y sublime. Necesitamos volver a calibrar nuestro pensamiento. Ahora, hace 50 o 100 años todo lo que estoy diciendo sería, «ajá, obvio». Todo el mundo entendía esto. Pero hoy en día no es así, es realmente una manera de pensar contracultural, el que la maternidad, el llevar, el cuidar, el nutrir la vida, sea un llamado alto y santo en la voluntad de Dios.

A lo largo de las Escrituras vemos que a las madres se les ha dado un lugar de honor. Puedes ver que el corazón de Dios para las mujeres es que tengan hijos. Me encanta el versículo 9 en el Salmo 113 que dice: «Hace habitar en casa a la mujer estéril gozosa de ser madre de hijos». ¡Alabado sea el Señor! Es Dios diciendo que hay algo que celebrar cuando las mujeres dan a luz, cuando las mujeres tienen hijos, cuando las mujeres forman un hogar.

Ahora, como veremos, hay diferentes maneras en que Dios permite a las diferentes mujeres llevar esto a cabo. Pero no quiero pasar por alto la forma física de hacerlo. Ninguna de nosotras estaría aquí si alguna mujer no hubiera dicho: «Estoy dispuesta a llevar en mi vientre y a cuidar de la vida, para tener un bebé». Y podemos ver que las mujeres han sido físicamente y deliberadamente diseñadas por Dios como las únicas que pueden llevar y cuidar la vida. Nuestros cuerpos están diseñados fisiológicamente para concebir y llevar esos niños.

Permítanme decir lo obvio. Los hombres no pueden tener bebés. Y las mujeres están diseñadas fisiológicamente para nutrir y alimentar a sus bebés desde embarazo. Leí este artículo acerca de tener bebés: «Los cuerpos de las mujeres», dijo este autor, «tienden a almacenar grasa». Ahora, no nos gusta almacenar grasa. «Los cuerpos de las mujeres tienden a almacenar la grasa con el fin de alimentar a los bebés tanto durante el embarazo como durante la lactancia. Esa es la forma en que tu cuerpo te protege a ti a tu bebé durante el embarazo del hambre». (1) Así que ¡gracias a Dios por los depósitos de grasa! ¿No es cierto?

Las mujeres han sido diseñadas de manera única para tener hijos. Tenemos un diseño único para nutrir desde que nacemos. Hay una capacidad dada por Dios para alimentar, para amamantar los niños con tu propia leche, los amamantas. Es una imagen de todas las formas en que la maternidad puede manifestarse, con la que Dios nos ha equipado para que podamos derramar de nuestras vidas en las vidas de los demás.

Incluso cuando hablamos de discipulado y mentoría y del mandato de Tito 2, es este concepto de las mujeres que son madres, madres físicas y madres espirituales. Todo este concepto de la crianza es algo que no es tan cómodo para muchas mujeres hoy como lo fue hace un tiempo.

Vi una encuesta realizada por Women Today Online, (Mujeres hoy en línea) en la que la mitad de las encuestadas dijeron que no se veían a sí mismas como que la crianza fuera algo natural para ellas, la mitad de las que contestaron. (2)

Ahora, estas cosas solían ser evidentes. Eran aceptadas. En la década de 1960, si tú eras madre y cuidabas y criabas tu bebé, eras honrada. Se daba por hecho que era así. Había un grado de respeto hacia a esta labor.

Pero en muchos sentidos la cultura ha despojado a la mujer de esto. Hemos tratado en las últimas cinco décadas de erradicar las cosas que Dios puso en la vida de las mujeres, o por lo menos hemos devaluado tantos de estos aspectos. Hemos permitido que nuestros instintos egoístas gobiernen. Y así muchas mujeres de hoy se han puesto en posiciones de asumir la responsabilidad del hombre de proveer, pero entonces no tienen la energía o no les queda capacidad para poder nutrir a sus hijos.

Ahora, de nuevo, estoy tratando de exponer los principios generales. No dejes que tu mente se apresure a decir que estoy haciendo afirmaciones absolutas. Porque no estoy diciendo que ninguna mujer debería estar trabajando fuera de casa. Hemos hecho otras series donde hemos explorado ese tipo de temas. Pero solo estoy diciendo que si nos fijamos en la cultura como un todo, donde las mujeres se sienten como si tuvieran que ir a un lugar de trabajo para que su familia pueda sobrevivir, una de las cosas que esto ha hecho es que las mujeres se sientan exhaustas porque no sienten que tienen la capacidad de darles a sus hijos las mejores horas de su día y el cuidado que ellos necesitan.

Ya no se considera particularmente deseable o significativo que una mujer cuide y nutra las vidas de sus hijos. ¿Qué tipo de ocupación es esa? Más bien, tenemos «súper mamás» que administran sus hijos. Son administradoras extraordinarias. Pero lo opuesto a la crianza es para lo que se les ha entrenado. Es lo que se ha entrado en su sistema. Por el contrario la verdad de Dios tiene que ser enseñada. Tienen que ser entrenadas en eso hoy.

Pero permítanme recordarles –como si fuéramos a remontamos a la creación– que Dios nos ha diseñado y nos ha equipado para ser portadoras y cuidadoras de la vida, tanto física como espiritualmente. El llamado es a rendirnos a la obra del Espíritu en nuestras vidas, ya que como mujeres quizás decimos: «Señor, tal vez la crianza no es algo natural para mí». Tal vez no tengas una madre que haya sido ejemplo. O quizás digas: «No sé cómo criarlos o cómo cuidarlos».

Solía ser que una vez que una mujer sostenía un bebé en sus brazos había algo natural que realmente salía. Pero hoy en día, hay madres primerizas, o que tienen su segundo, o tercer hijo, madres que llevan tiempo haciendo esto, que tienen estos bebés en sus brazos, pero no hay instinto allí. Es raro; no es natural. Ahora, yo no estoy diciendo que tener hijos y cuidar de los hijos es algo fácil, pero solía ser más un asunto instintivo. Aunque Dios todavía pone eso dentro de ti. Si lo permites por Su Espíritu, Él puede poner de manifiesto ese instinto creado por Dios, ese cableado para mantener y alimentar y nutrir la vida.

Puedes leer ese concepto a través de las Escrituras. Me encanta ese pasaje en 1 Tesalonicenses 2, que en realidad no es un pasaje sobre la maternidad en particular. Pero puedes ver a Pablo que describe su ministerio a los Tesalonicenses. Y él dice: «Nosotros fuimos tiernos entre vosotros como una madre que cría con ternura a sus propios hijos» (v. 7). No dijo fuimos tiernos entre vosotros, como un padre que cría con ternura a sus propios hijos. ¡Los papás no pueden amamantar!

Ahora, no estoy diciendo que los hombres no puedan cuidar. Pero sí estoy diciendo que hay un sentido único en el que Dios ha dotado a las mujeres para cuidar y amamantar. Así que Pablo dice: «fuimos tiernos, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos». Eso nos da una imagen de cómo Pablo ministró a estos creyentes.

Así que él sigue diciendo, «teniendo así un gran afecto por vosotros, nos hemos complacido en impartiros no solo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; pues llegasteis a sernos muy amados» (v. 8). Pablo observó cómo se conectan las mujeres y dijo: «Esa es una cualidad»; esa es una cualidad que quería tener en su ministerio.

Elisabeth Elliot escribió hace algunos años un libro, que si puedes conseguir una copia, te recomiendo que lo hagas. No sé si todavía está en la impresión (pudiera ser); se llama: Déjame ser mujer ( Let Me Be A Woman). Un libro fabuloso, escrito, creo, que para su hija si no me equivoco. Y ella dice en ese libro:

«Cada mujer normal está equipada para ser madre. Ciertamente, no todas las mujeres en el mundo están destinadas a hacer uso de la provisión física que les ha sido dada, pero seguramente la maternidad, en un sentido más profundo, es la esencia de la feminidad. El cuerpo de cada mujer normal se prepara en repetidas ocasiones para recibir y llevar una vida. La maternidad requiere entrega, sacrificio y sufrimiento. Descender a la muerte con el fin de dar la vida».

Lo vemos en el salmón nadando corriente arriba, que se remonta a su hogar para poner sus huevos y luego morir. Es una vida de sacrificio. Es una vida de entrega, de sufrir a veces con el fin de cuidar y dar vida.

Ahora claramente sus propios hijos, aquellas de ustedes que han sido bendecidas con hijos, aquí la afirmación es que los hijos son una bendición. Aquellas de ustedes que tienen hijos biológicos o adoptados claramente tienen un llamado a amarlos, a criarlos a cuidarlos, a nutrir sus vidas. Pero hay muchas otras maneras, tanto para las que tienen sus propios hijos y como para las que no lo tienen, en que pueden ser portadoras y cuidadoras de vida, mientras invierten en los hijos de otras personas, mientras se invierten en otras vidas.

Pienso en una mujer de la que escuché hace poco, que nunca pudo tener hijos. Y ella ahora es una mujer mayor que ha guiado a cientos de hijos a través del grupo de jóvenes de su iglesia. Pienso en esos hogares que acogen a aquellos hijos que no son suyos o aquellos que los reciben en adopción y tantas mujeres que aman los niños que no son de su propia carne y sangre.

Así que no sé en qué etapa de la vida te encuentres. Tenemos mujeres de cabellos grises. Tenemos mujeres mucho más jóvenes, mujeres en todas las estaciones de la vida y otras con el nido vacío, algunas de ustedes pasando por el arduo trabajo de tener pequeños en el hogar. Solo quiero decirte que cualquier estación de la vida en la que estés le pidas a Dios que te dé un corazón para proteger y nutrir la vida. Pídele a Dios que te ayude a hacer espacio en tu vida para los niños.

Y quizás tú me digas: pero «tengo siete hijos». Tienes que hacer espacio en tu corazón para esos niños, porque a veces puedes comenzar a resentir esos mismos niños que son una bendición del Señor. Sé que algunas de ustedes están pasando por una temporada difícil en este momento. Algunas de ustedes han estado privadas de noches de sueño y apenas saben cómo funcionar. Ahí es donde algunas como yo, debemos y tenemos que venir a su lado y decirles: «¿Puedo ayudarte a que tomes un descanso y dejar que tanto tú como tu marido puedan escaparse y tener una noche de cita?» O quizás es la ayuda a alguna madre soltera para que pueda ir y hacer algunas cosas que necesita hacer ella misma. Y tú le dices, «déjame llevarme tus hijos».

Ver qué podemos hacer para ayudar a levantar la carga de los demás, invertir en los niños y darnos cuenta de que a medida que lo hacemos, estamos invirtiendo en la próxima generación. Estamos pasando el testigo de la fe a la siguiente generación.

En nuestra audiencia hay mujeres que tienen hijos pródigos y su corazón está cargado por ellos. Y mientras estoy hablando de que los hijos son una bendición, esta persona solo está pensando en la forma en que los hijos le han roto el corazón. No te encantaría tener otras mujeres en el cuerpo de Cristo que vengan y te digan: «Voy a orar por ti y contigo, y por tu hijo o por tu hija que se encuentran lejos del Señor, y voy creer a junto a ti que Dios va a obrar en sus vidas».

A veces hay que estar dispuesta a estar alhí a largo plazo y decir: «¿Cómo puedo orar por ti? ¿Cómo puedo animarte en esta etapa de tu vida?» Los hijos son una bendición del Señor. ¡Qué privilegio Dios nos ha dado como mujeres al habernos diseñado exclusivamente para ser portadoras y cuidadoras de la vida para Su gloria y para el avance de Su reino!

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha desafiado a todas las mujeres. Aún si no tienes hijos biológicos, puedes nutrir y fomentar la vida. Este mensaje está basado en el Manifiesto de la Mujer Verdadera. Encuentra el enlace al mismo en la transcripción de este programa, en AvivaNuestrosCorazones.com.

Una oyente que nos compartió cómo ha sido bendecida con programas como este, nos escribió,

«Le doy gracias a nuestro Señor por haberte llamado a este hermoso ministerio, Nancy, y a cada una de las colaboradoras por traérnoslo en español. Es probable que no veamos la dimensión del fruto que podemos dar cuando escuchamos y obedecemos su voz (refiriéndose a la voz de Dios). No alcanzas a imaginar lo que empezaste y haz alcanzado para el reino de los cielos. En verdad (este ministerio) llega a muchas mujeres para transformarnos y ayudarnos en nuestro proceso de santificación. Que Dios les bendiga grandemente. Amo lo que el Señor ha hecho a través de ustedes».

Si nos escuchas hoy y has sido bendecida con este programa, te animo a compartirlo con otras mujeres. Hazlo fácilmente a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com. Esta es una manera en la que puedes unirte a este ministerio y ayudarnos a llamar a muchas más mujeres a libertad, plenitud y abundancia en Cristo.

¿Cómo definirías la palabra «feminidad»? Y sabes, no necesitas un estereotipo para definirla; necesitas la Palabra de Dios. Descubre la definición de «feminidad» en tu próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Diciendo: «Sí, Señor» juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 http://www.llli.org/NB/NBSepOct00p156.html

2 Stacey Wiebe. “Born to Nurture” – http://www.Womentodaymagazine.com

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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