Podcast Aviva Nuestros Corazones

El Padre Nuestro, día 15

Temporada:  El Padre Nuestro

Carmen Espaillat: Aquí un recordatorio importante sobre la oración:

Nancy DeMoss de Wolgemuth: No le estamos orando a un extraño. No vamos a entregarle las riendas de nuestras vidas a alguien que no nos conoce, pero cuando estás orando a tu Padre que te conoce y te ama, y con quien tienes una relación estrecha, un Padre que cuida de sus hijos, que nos ama, y en quien podemos confiar. Eso nos ayuda a decirle a ese Padre: «Señor, hágase tu voluntad».

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nos encontramos en la serie titulada, «El Padre Nuestro». En programas anteriores Nancy nos explicó las primeras palabras de esa oración, «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre». Entender esta primera parte, es un paso importante para poder orar y creer una frase más difícil. Nancy te dirá cuál es.

Nancy: Hemos llegado hoy a la siguiente petición en el Padre Nuestro, que creo que puede ser la oración de cuatro palabras más difícil de pronunciar y de realmente creer. En la medida en que oramos, «hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo», comenzamos a sentir ese temor en algunos de nuestros corazones que temen y dicen: «¿Qué pasaría si realmente oro y digo esto en serio: Hágase tu voluntad?».

Por otro lado, es una parte del Padre Nuestro que es fácil orar sin pensar realmente en lo que estamos diciendo, y sin realmente sentir lo que estamos diciendo. A pesar de eso, temo que millones de personas lo hacen, y nosotras mismas lo hemos hecho de alguna manera. ¿Cuántas veces nosotras pasamos rápidamente sobre las palabras del Padre Nuestro?

Tal vez algunas de ustedes en sus iglesias oran esta oración cada semana. Alguien me decía hoy que oraba esta oración como familia en las noches. Creo que eso es algo bueno si cuando oras estás reflexionando sobre lo que oras.

Pero, ¿con qué frecuencia solo oramos estas palabras: «venga Tu reino, hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo?» ¿Acaso pensamos en ello? ¿Realmente eso es lo que queremos decir?

Cuando oramos, «hágase tu voluntad», esto implica que le estamos pidiendo a Dios que anule nuestra voluntad si no es la misma que la suya, y eso es difícil. Es difícil de orar porque nacemos queriendo nuestro propio camino, queriendo nuestra voluntad. Pregúntale a tu hijo de dos años de edad. La primera palabra que aprenden los niños pequeños, y no tenemos que enseñarles a decir es,«¡no!».

Hay un conflicto de voluntades. Nacemos con una voluntad que quiere tenerlo todo para mí, a mi manera, y llegar al lugar donde doblegamos o inclinamos nuestra voluntad en sujeción a la voluntad de Dios y decimos: «Señor, hágase tu voluntad», no es una cosa fácil. No es una cosa fácil de orar y de verdad decirlo de corazón.

Ahora, en la medida en que llegamos a esta petición, nosotras vamos a pasar unos días en ella. Quiero enfocarme en esta primera sesión en el aspecto de la sumisión a la voluntad de Dios en nuestra vida personal mientras oramos, «hágase tu voluntad».

Cuando oramos esto, es importante para nosotras recordar dónde comenzamos en toda esta serie. ¿A quién estamos orando? A nuestro Padre. Esta es una oración relacional. Es una oración familiar.

No le estamos orando a un extraño. No vamos a entregarle las riendas de nuestras vidas a alguien que no nos conoce, o a alguien que no puede ser conocido, a alguien que no se preocupa por nuestras vidas.

No caminaría hacia un hombre en la calle, un desconocido, y le diría: «Hágase tu voluntad en mi vida». Pero cuando estás orando a tu Padre que te conoce y te ama, y con quien tienes una relación, un Padre que cuida de sus hijos, que nos ama, y en quien podemos confiar, eso nos ayuda a decirle a ese Padre: «Señor, hágase tu voluntad».

Ahora, orar esta oración no significa que no vamos a enfrentar dolor y sufrimiento. Ya sabes, «si solo pido, Señor, hágase tu voluntad, estoy rindiéndome a la voluntad de Dios y todo irá bien en mi vida».

Todo irá bien en mi vida, como Dios define lo que es «bien», pero no siempre como nosotras pensamos lo que es «bien» para nuestras vidas. Jesús oró: «Hágase tu voluntad», y en cuestión de horas, en esencia, estaba colgado en una cruz.

Él sabía, cuando oró esa oración, que ahí era donde iba a llegar. Ese es un pensamiento aterrador, pero ya veremos mientras entramos en este tema y miramos la Palabra de Dios, que es la única manera de vivir como una hija de Dios.

Como hemos dicho acerca de esta oración, el Padre Nuestro no es solo una manera de orar, es una manera de pensar acerca de toda la vida. Es una manera de vivir toda nuestra vida, con esa actitud del corazón de sumisión a la voluntad de Dios.

Permítanme comenzar a abordar la segunda parte de esta petición: «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo». Creo que para ayudarnos a saber cómo orar, «hágase tu voluntad», ayuda saber cómo la voluntad de Dios se hace en el cielo, porque esa es la forma en que estamos orando que la voluntad de Dios sea hecha en la tierra.

¿Cómo se hace la voluntad de Dios en el cielo? Quizás recuerdas el Salmo 103:20 que dice, «Bendecid al Señor, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su mandato, obedeciendo a la voz de su palabra». Esa es una maravillosa descripción de lo que está sucediendo en el cielo en este mismo momento. Hay ángeles alrededor del trono de Dios. Juan dice en la Escritura que al menos son cien millones de miríadas de miríadas de ángeles.

Ellos son valientes. Son poderosos. Ellos son seres creados. Ellos no son tan poderosos como Dios, en ninguna medida, pero son valientes. ¿Y qué es lo que hacen? Ellos ejecutan la palabra de Dios. Ellos obedecen la voz de Su Palabra.

Los ángeles existen para complacer a Dios. Son sus mensajeros. Son sus siervos. Cuando Dios dice: «Estad quietos y esperad», eso es lo ellos que hacen.

¿Te imaginas en la cruz, mientras los ángeles miraban al Hijo amado de Dios? Al que habían conocido y amado en el cielo, y ahora le veían, sin decir una palabra, como un cordero que va a su muerte, el Cordero del sacrificio de Dios, colgado en una cruz.

¿Puedes imaginarte que esos ángeles estaban un poco irritados? «¡Vayamos allá abajo y destruyamos los romanos!» Imagínense a Dios reteniéndolos: «Esperen. Esto es parte del plan. No bajen aún. No es el momento. No lo rescaten de la cruz. Me preocupa tanto la redención que estoy dispuesto a entregar a Mi Hijo en este momento».

Como Dios dijo: «Esperen». Los ángeles esperaban. Hacer la voluntad de Dios es la razón por la que viven y existen. Es lo que se deleitan en hacer.

Así que, ¿por qué los ángeles obedecen a Dios? ¿Cómo se hace la voluntad de Dios en el cielo? En el cielo, la voluntad de Dios se hace siempre, al instante, con mucho gusto, con alegría, no de mala gana, sino con alegría.

Phillip Keller, en su libro sobre el Padre Nuestro, dice: «En el cielo, no es ninguna dificultad el hacer la voluntad de Dios, sino que es un gozo».1 ¿Quieres saber cómo la voluntad de Dios se hace en el cielo? Mira a Jesús, no solo a los ángeles, sino a Jesús.

Este era el principio que gobernaba su vida, como lo demostró aquí en la tierra: «Hágase tu voluntad». En toda la eternidad pasada, cada momento que pasó en esta tierra, y por toda la eternidad, esto ha sido, es y será el principio rector de la vida de Jesús. Siempre que Su voluntad como hombre era contraria a la voluntad de Dios, Él no insistió en Su voluntad, sino que entregó Su voluntad a la voluntad del Padre.

Amiga, eso es lo que hace una cruz en tu vida. Cuando tu voluntad cruza la voluntad de Dios, y tú dices: «No se haga mi voluntad, sino la tuya», esto es ir a la cruz. Uno da muerte a su voluntad, como Jesús nos demostró.

Jesús dijo en Juan 5:30: «No busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió». Aún más que eso, en el Salmo 40:8 dice, hablando de Jesús, el Mesías que vendría, «Me deleito en hacer Tu voluntad».

Esa es la actitud del corazón que quiero tener acerca de la voluntad de Dios. Por lo general yo siempre termino haciendo la voluntad de Dios, tarde o temprano, a veces a regañadientes, arrastrando los pies. Veo algunas miradas que parece que tal vez algunas de ustedes se identifican con esto.

Saben que es bueno hacer la voluntad de Dios, aunque sea más tarde que temprano, pero ¡cuánto mejor es deleitarnos en hacer la voluntad de Dios!

Anhelo tener una actitud del corazón que no lucha contra Dios, sino que dice: «Señor, esto es difícil, y esto no es lo que yo quisiera, pero más que lo que yo quiero, quiero hacer Tu voluntad, porque Tú eres mi Padre. Tú eres mi Salvador. Tú eres mi Dios. Tú eres mi amante. Tú eres mi Señor».

Es el gozoso consentimiento a la voluntad de Dios, la voluntad de Aquel que amamos. Jesús siempre quería hacer la voluntad de Su Padre. Es una característica de los niños que tienen una relación saludable con sus padres el querer complacerlos.

Es por esto que las palabras de Jesús en Juan 8:44 son tan sobrias. Jesús les dice a los judíos, ustedes «son de su padre el diablo, y quieren hacer los deseos de su padre».

Escucha: Si tú no tienes, en lo profundo de tu corazón, el deseo de hacer la voluntad de Dios, entonces necesitas hacerte la pregunta, «¿soy una hija de Dios?» Jesús dijo que tu voluntad debe ser hacer los deseos de tu Padre, basado en lo que realmente quieres en la vida.

No estoy diciendo que nunca tendremos lucha con la voluntad de Dios, pero si tú no tienes en el fondo el deseo de agradar a Dios, entonces necesitas preguntarte: «¿tengo yo una relación con Dios como mi Padre?».

No podemos orar: «Padre nuestro», y afirmar que somos Sus hijas, y luego decir, «voy a hacerlo a mi manera».

Orar esta oración es orar, «no mi voluntad».

Es renunciar a nuestra propia voluntad, nuestra propia idea de cómo deben ser hechas las cosas.

Es dar muerte a la voluntad propia.

Es alinear nuestros corazones a Su voluntad, y preguntar:

«¿Señor, qué te agradaría en esta situación?

¿Qué te agradaría en nuestra familia?

¿Qué te agradaría en relación a la vida de mis hijos?

¿Qué te haría feliz?

¿Cuál es Tu voluntad?»

No es decirle a Dios lo que me gustaría que sucediera. No es pedirle a Dios que bendiga o que cumpla mi voluntad. Es buscar y conocer la voluntad de Dios sobre un asunto y después orar y pedirle que Su voluntad sea hecha.

Amy Carmichael dijo: «¿Y he de orar para cambiar Tu voluntad, Padre mío, hasta que me otorgues mi voluntad? Pero no, Señor, no; esto nunca debería ser. Más bien te ruego que unas mi voluntad humana con la tuya». 2

Lo que ella estaba diciendo es: «Yo no voy a decir: Señor, ¿quieres ajustar Tu voluntad para que se adapte a lo que creo que será para mí un placer», sino: «Señor, ajusta mi voluntad para que se ajuste de acuerdo con la tuya».

Así que al orar estas palabras, al orar (cuando ores) el Padre Nuestro: «Hágase tu voluntad», ¿es tu intención conocer y hacer la voluntad de Dios? ¿Es eso lo que quieres? ¿Es eso lo que realmente quieres?

¿Es la voluntad de Dios lo que estás haciendo en tu vida? ¿Obedeces a Dios con agrado, en su totalidad? ¿Obedeces a Dios? Si no, entonces cuando oramos esta oración, estamos orando vanas repeticiones sin sentido, repeticiones mecánicas de palabras que realmente no entendemos. No estamos pensando en ellas.

Al hacerlo, estamos profanando el nombre de Dios. No podemos amar a Dios e ignorar o rechazar Su voluntad. Estas no pueden ir juntas. Si tú lo amas, vas a querer hacer lo que a Él le agrada.

Me encanta ver a las parejas que han estado casadas por mucho, mucho tiempo, y han trabajado arduamente en su relación a lo largo de los años, y han llegado a amarse de verdad el uno al otro de una manera profunda, íntima. He hablado con algunas de esas mujeres, y veo que hay justo este deleite en agradar a sus maridos.

Ahora, tuvieron que trabajar duro para llegar a ese punto, y tuvieron algunos baches en el camino. Cada matrimonio los tiene. Pero ellos han llegado al lugar donde lo que quieren es lo que va a complacer a su compañero, porque lo que les hace sentirse bien es saber que su pareja está contenta.

Si amas a Dios, si has estado caminando con Él, quieres hacer lo que le agrada. Para poder orar que la voluntad de Dios sea hecha, tenemos que saber algo acerca de cuál es Su voluntad.

Para poder orar, «hágase Tu voluntad», esto significa que hemos estado en una búsqueda de toda la vida, diciendo: «Señor, yo quiero conocer Tu voluntad».

«Muéstrame Tus caminos, oh Señor; enséñame Tus sendas. Guíame en Tu verdad y enséñame, porque Tú eres el Dios de mi salvación». Esta es una oración del Salmo 25:4-5 que he orado muchas, muchas veces a lo largo de los años. «Señor soy ignorante, yo no sé. Yo sé lo que quiero, pero enséñame lo que Tú quieres».

Permítanme recordarles que la Palabra de Dios es la voluntad de Dios. No necesitamos más de lo que Dios nos ha dado en esa Palabra; que Él ilumina y aplica en nuestros corazones por el poder de Su Espíritu Santo a fin de que sepamos cuál es la voluntad de Dios.

Si tienes una Biblia tienes la voluntad de Dios. ¿Cuántas de nosotras tomamos regularmente elecciones y decisiones que son contrarias a la Palabra de Dios, mientras que afirmamos ser cristianas, haciendo esta oración: «Hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo», pero tomamos decisiones que no son coherentes con la voluntad de Dios como se expresa en Su Palabra?

La voluntad de Dios es la Palabra de Dios. La Palabra de Dios es la voluntad de Dios. Las Escrituras dicen, «estad siempre gozosos...dad gracias en todo (en todas las circunstancias)», 1 Tesalonicenses 5:16-18. Esta es la voluntad de Dios.

Así que si no me estoy regocijando en cada circunstancia, no puedo orar, «hágase Tu voluntad». Yo sé cuál es la voluntad de Dios. Ahora, tengo que tomar la decisión de someter mi voluntad a la voluntad de Dios. No es suficiente con solo orar: «Hágase tu voluntad». Entonces tengo que ejercitarme en someter mi voluntad a la voluntad de Dios.

Esta es la voluntad de Dios, 1 Tesalonicenses 4:3 dice: «Porque esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación; es decir que os abstengáis de inmoralidad sexual». Esa es la voluntad de Dios. Tú sabes cuál es; sin embargo, estás jugando por ahí en una aventura emocional en tu lugar de trabajo, a través del correo electrónico o mensajería instantánea, jugando con fuego y pensando que puedes sobrevivir eso.

Dios dice: «La voluntad de Dios es que se abstengan de la fornicación», y cualquier cosa que pudiera conducir a la inmoralidad sexual no puede ser la voluntad de Dios para tu vida. Así que vemos cuál es la voluntad de Dios. Por lo tanto, nos sometemos. Nosotras decimos: «Sí, Señor, Tu voluntad en este asunto».

Al orar por tus hijos, ora para que la voluntad de Dios sea hecha en sus vidas. Yo estaba escuchando una conversación el otro día con un padre cuyo hijo estaba sintiendo que el Señor quería que fuera al campo misionero; y para un padre, esto es una lucha, va a perder a su hijo en otra parte del mundo que tal vez puede ser un lugar peligroso.

Sé de padres que han tenido que pasar a través de esta situación. Como mamá o papá, ¿te gustaría estar interfiriendo con la voluntad de Dios que está siendo hecha en la vida de tus hijos? No presiones a tus hijos a elegir una carrera donde solo pueden hacer más dinero si eso no es la voluntad de Dios para sus vidas.

Eso es algo muy liberador para un hijo o una hija el saber, «mis padres quieren la voluntad de Dios para mi vida, y están dispuestos a apoyarme mientras busco la voluntad de Dios». No me refiero necesariamente a apoyo financiero, a pesar de que pudiera implicar eso también.

¿Eres intencional en la búsqueda de conocer lo que le agrada a Dios? Tú no puedes conocer la voluntad de Dios si no estás en la Palabra de Dios, si no la lees, la estudias, meditas en ella, pidiéndole a Dios que la aplique a tu corazón.

La voluntad de Dios no es solo algo que nos llega como un rayo, o como que Dios hace señales y prodigios en general para comunicar Su voluntad. ¿Por qué habría de necesitar hacer esto cuando Él nos ha dado Su Palabra?

¿Estás tú buscando conocer lo que agrada a Dios? ¿Hay algo que sabes que es la voluntad de Dios que tú no estás obedeciendo? Piensa en esto. ¿Hay algún aspecto de la voluntad de Dios que estás frenando todavía, diciendo: «Yo quiero hacerlo a mi manera en vez de a la manera de Dios?».

Las personas a veces nos escriben a Aviva Nuestros Corazones, y nos cuentan sobre una situación o nos preguntan, «¿cómo podemos saber cuál es la voluntad de Dios? ¿Debo casarme con esta persona? ¿Debo aceptar este trabajo? ¿Debo vivir aquí o debo mudarme? O mi esposo y yo tenemos diferentes opiniones acerca de lo que ahora es la voluntad de Dios, ¿cómo podemos resolver esto?»

¿Sabes lo que he descubierto en mi propia vida? La mayoría de las veces, el problema no es que no sabemos la voluntad de Dios, el problema es que no queremos hacer la voluntad de Dios. Deseamos que la voluntad de Dios sea algo distinto de lo que es.

Así que la pregunta es: «¿Estás dispuesta a hacer la voluntad de Dios?» ¿Se puede decir que tu corazón está totalmente entregado a Su voluntad, sin reservas, sin tropiezo?

Cuando decimos esto, y cuando oramos esta oración, yo sé que en muchos de nuestros corazones hay un temor: «¿Qué podría significar que realmente le dije y quise decir: Hágase tu voluntad? ¿Voy a ser miserable? ¿Es que Dios va a obligarme a hacer algo que no quiero hacer? ¿Voy a tener que ser uno de esos misioneros en una de las partes peligrosas del mundo?».

O (un destino peor que la muerte para algunas mujeres), «¿Voy a tener que quedarme soltera? ¿Significa esto que nunca tendré un marido?»

O para algunas mujeres que luchan con la infertilidad, «si realmente le oro, Señor, hágase Tu voluntad» ¿Significa que Dios podría no darme el hijo que anhelo tener?»

O para una mamá que tiene un bebé pequeño que está sosteniendo en sus brazos o un adolescente que ella está enviando fuera del nido, «si yo oro, «hágase Tu voluntad» ¿Puedo perder este niño? ¿Podría morir mi marido?

Tenemos algunas oyentes de edad avanzada. Tal vez tienen que tratar con el temor, «¿voy a tener que ir a un asilo de ancianos? ¿Cómo serán satisfechas mis necesidades? ¿Voy a estar sola en el final de mis días? ¿Perderé mi salud?»

«¿Podría Dios obligarme a dar mis ahorros de toda mi vida o tomar un trabajo en un ministerio que exija un importante recorte en mi salario?» En diferentes etapas de la vida, tenemos diferentes temores acerca de lo que puede significar la voluntad de Dios.

¿Puedo simplemente recordarles lo que dice en Romanos 12:2, que dice que la voluntad de Dios es buena; agradable; y perfecta? ¿Crees esto? ¿Realmente crees esto? Si la voluntad de Dios es realmente buena, agradable y perfecta; por qué la rechazamos?

Querer algo, desear otra cosa que no sea la voluntad de Dios es desear menos que lo mejor para mi vida o la vida de las personas que amo. No siempre podemos ver cómo es que esto es así, pero es cierto.

Es el carácter de Dios que nos ayuda a deleitarnos y a que confiemos en Su voluntad, Su sabiduría; el hecho de que Dios lo sabe todo. Un comentarista del Padre Nuestro dijo algo que me pareció muy cierto. Él dijo:

La raíz del asunto de por qué nos resulta tan difícil aceptar la voluntad de Dios es que tan a menudo en la profundidad de nuestro corazón pensamos que sabemos más que Dios. . . Es por eso que mucha gente realmente quiere orar, «que tu voluntad sea cambiada», en vez de «hágase tu voluntad». 3

¿Estás en lo profundo de tu corazón confiando en que Dios sabe, realmente sabe, qué es lo mejor? Alguien ha dicho, y quizás tú me has oído decir esto antes, y probablemente voy a decirlo muchas veces más, creo que es fascinante: «La voluntad de Dios es exactamente lo que elegiríamos si supiéramos lo que Dios sabe».

Un día veremos y conoceremos, y vamos a mirar hacia atrás y a decir: «¿Por qué insistí en hacerlo a mi manera?» Conozco mujeres que hoy están en matrimonios miserables, en algunos casos porque ellas escogieron casarse con alguien fuera de la voluntad de Dios.

Ellas sabían que no era la voluntad de Dios. No podía ser la voluntad de Dios basada en lo que dicen las Escrituras, pero ellas dijeron, «yo me quiero casar (o volverme a casar) más de lo que yo quiero conocer o hacer la voluntad de Dios». ¡Y terminaron miserables!

Ahora, tú puedes escoger tus propios caminos y terminar siendo feliz por un tiempo, porque el pecado por alguna razón nos deleita por un tiempo. Pero al final lo único que nos va a hacer felices es confiar y obedecer a Jesús.

Confía en Su sabiduría. Confía en Su amor. Si realmente creemos que Él es sabio y que nos ama y es digno de confianza, entonces no tenemos nada que temer sobre la voluntad de Dios.

¿Puedo recordarte que al final, la voluntad soberana de Dios es lo que va a ocurrir? Se va a cumplir. «Nuestro Dios está en los cielos; Él hace lo que le place», dice en el Salmo 115:3. Efesios 1:11 dice que Él «obra todas las cosas conforme al consejo de Su voluntad».

Un escritor dijo acerca de esta frase del Padre Nuestro: «Ningún hombre (o mujer) puede violar o resistir la voluntad misteriosa de Dios, sin que al final sea rendido por esa voluntad». 4

Recuerda, cuando estés queriendo seguir tu propio camino, a Nabucodonosor, rey de Babilonia (de quien hablamos en la última sesión). Cómo aprendió de la manera difícil. ¿Recuerdas como él persiguió su propia voluntad?

A él se le dio la oportunidad de arrepentirse y de humillarse, pero él no lo hizo. Al final, terminó enloquecido, un demente. Yo no sé cuál fue su desorden mental, pero él enloqueció, estaba en el patio comiendo pasto, viviendo como un animal.

Cuando finalmente vino al arrepentimiento y a la humildad y entonces volvió en su sano juicio, esto fue lo que él dijo:

«Pero al fin de los días, yo Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo y recobré mi razón, y bendije al Altísimo y alabé y glorifiqué al que vive para siempre; porque su dominio es un dominio eterno, y su reino permanece de generación en generación. Y todos los habitantes de la tierra son considerados como nada, mas Él actúa conforme a su voluntad en el ejército del cielo y entre los habitantes de la tierra nadie puede retener su mano, ni decirle a Él: “Qué has hecho?”» (Daniel 4:34-35).

Dios va a hacer Su voluntad. Dios lo va a hacer a Su manera. Su voluntad es buena. Es un buen camino, es perfecta.

Elije decir: «Señor, hágase tu voluntad», y luego da gracias porque Él lo hará.

Carmen: Cada vez que oras el Padre Nuestro, dices: «Hágase tu voluntad». Quizá no te habías dado cuenta de lo importantes que son estas palabras. He escuchado esta oración toda mi vida, pero la enseñanza de Nancy me ha ayudado a apreciar el profundo significado de esta frase.

Queremos ayudarte a hacer la oración «El Padre nuestro» parte de tu vida, por lo que nuestro equipo ha desarrollado un recurso con el que puedes sacar mayor provecho de esta serie. Profundiza más en esta oración a través del «Devocional de 30 días: El Padre nuestro». Por treinta días podrás refleccionar en un pasaje de la Escritura, leerás una página devocional, y responderás una o dos preguntas que te ayudarán a hacer de lo leído algo personal.

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Cuando compartes de Cristo con otra persona creyente, es más que algo de un momento. Es la entrada a un estilo de vida, es parte de edificar el reino de Dios aquí en la tierra.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 Phillip Keller. A Layman Looks at the Lord’s Prayer. p. 89.

2 John MacArthur, John MacArthur Commentary – Matthew 1-7. p. 383.

3 William Barclay. The Lord's Prayer. p. 70.

4 Phillip Keller, p. 99.

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