Podcast Aviva Nuestros Corazones

Un clima favorable para la vida

Annamarie Sauter: Tu hogar puede ser un lugar de gracia y belleza.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Nuestros hogares están destinados a ser lugares que reflejen a Dios, que reflejen el evangelio. Necesitamos una visión para nuestros hogares. Y creo que muchas personas solo están viviendo, sin pensar en por qué y qué están haciendo con relación a sus familias.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

A través de varias series este año, Nancy nos ha estado enseñando punto por punto, el Manifiesto de la Mujer Verdadera. En la medida en que continuamos hoy, verás por qué tu hogar es tan importante para el reino de Dios. Aquí está Nancy con nosotras.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Algunas de ustedes quizás han visto un ejemplar específico de la revista Buenhogar (Good Housekeeping) que salió a la venta en mayo del año 2010. El artículo de la portada tenía 125 mujeres que cambiaron nuestro mundo. Una de nuestras oyentes me envió un enlace con un artículo de esta edición, con ese artículo principal. Y ella señaló algo que se dijo sobre una de aquellas mujeres –de las 125 mujeres que cambiaron el mundo– una novelista, Virginia Woolf, que vivió a principios de los años 1900. En ese artículo decía que,

«(Virginia Woolf) nos había recordado en su libro, Una Habitación Propia, las cosas importantes y relevantes que las mujeres pudieron haber escrito a través de la historia, si ellas no hubieran estado demasiado agobiadas con las preocupaciones del hogar y las restricciones de la sociedad».

Y nuestra oyente que me envió esta pieza comentó sobre el artículo, y me dijo,

«Mientras lo leía, sentí agradecimiento por las mujeres que sobresalieron y cambiaron el mundo; sin embargo, me pregunté cómo luciría tu lista de las 125 mujeres que cambiaron nuestras vidas. De alguna manera, estoy absolutamente segura de que sus logros han sido mucho más duraderos. Supongo que tu lista nos haría recordar el increíble, duradero, poderoso, y transformador legado que las mujeres han dejado al sacrificarse, amar, y plantar vidas por medio del trabajo en el hogar y a través de entender la belleza de la verdadera feminidad».

Bueno, y eso me recuerda la próxima declaración a la que llegamos hoy en el Manifiesto de la Mujer Verdadera, donde dice,

«Buscaremos establecer hogares que manifiesten el amor, la gracia, la belleza y el orden de Dios; que provean un clima favorable a la vida y que brinden hospitalidad cristiana a aquellos fuera de las paredes de nuestro hogar».

En el día de hoy queremos hablar acerca del tema de tener hogares que provean un clima favorable a la vida, incluyendo el ministerio de la hospitalidad. El hogar, si piensas en eso, fue la primera institución que Dios creó. Es la unidad fundamental de la sociedad. Y si la base se está desmoronando, todo el resto del edificio va a tener problemas.

Andrew Dixon White fue el cofundador de la Universidad de Cornell. Él vivió en los años 1800, y dijo:

«Si el tiempo alguna vez llegase cuando las mujeres no sean cristianas y las casas no sean hogares, entonces habremos perdido los principales pilares sobre los que descansa la civilización».

Nuestros hogares están destinados a ser lugares que reflejen a Dios, que reflejen el evangelio. Necesitamos una visión para nuestros hogares. Y creo que muchas personas solo están viviendo, sin pensar en por qué y qué están haciendo con relación a sus familias. Nuestros hogares deben ser reflejos visuales de nuestro Dios, miniaturas del reino de Dios, de la casa de Dios. Los puritanos vieron la familia como una pequeña iglesia dentro de la iglesia.

Y esto me recuerda algo con lo que me encontré en el internet el otro día, y es tan fascinante. Hay un escultor británico llamado Willard Wigan que hace miniaturas microscópicas detalladas. Su obra más reciente es una miniatura de una iglesia entera. Lo encontrarás difícil de creer, pero es realmente cierto. Está tallada en un solo grano de arena que está metido dentro del ojo de una aguja. Y no puedes verlo a simple vista, tienes que ponerlo bajo un microscopio. Pero cuando lo ves, es una asombrosa semejanza de toda una iglesia en Inglaterra—detalle por detalle.

Y él ha hecho otras cosas, como la Estatua de la Libertad y también personas famosas. Él hace estas miniaturas microscópicas y la gente viene y hace fila en estas exposiciones y muestras por todo el mundo, para mirar a través de estos microscopios. Este es, como te puedes imaginar, un trabajo lento y meticuloso. Sin embargo él dijo: «Quiero mostrar al mundo que las cosas pequeñas pueden ser las cosas más grandes».

Tu hogar puede parecer pequeñito e insignificante al final de cuentas, pero está destinado a ser una semejanza, una miniatura de la familia de Dios, la casa de Dios. Nuestros hogares hablan. Ellos envían un mensaje; ellos comunican lo que realmente creemos. Ellos comunican más lo que creemos que lo que decimos con nuestros labios que creemos.

Así que la pregunta es, ¿qué está comunicando tu hogar? ¿Qué mensaje envía acerca de cómo es Dios? ¿Manifiesta Su amor, Su gracia, Su belleza, y Su orden? ¿Le muestra el evangelio a la gente? ¿Les ayuda a ver su necesidad de un Salvador y les hace sentir sed de Cristo?

Y déjenme decirles, por cierto, ya que estamos hablando del hogar y del cuidado de la casa, que las mujeres solteras no quedan excluidas de esto. Todas nosotras tenemos el privilegio de hacer que nuestros hogares sean lugares de gracia, belleza y orden. Tu hogar puede ser tu lado en tu dormitorio. Puede ser una celda de una prisión. Puede ser un palacio. Puede ser un tráiler de doble ancho. Puede ser una habitación de un hotel, si viajas mucho como lo hice yo durante años. Con frecuencia decía que el hogar es donde duermes en la noche, en el tiempo cuando yo viajaba tanto. Pero podemos hacer hogares en cualquier lugar que Dios nos haya colocado, hogares que ministren gracia, y el evangelio, y la semejanza de Cristo a aquellos que nos rodean.

Mira, Dios es el amo de casa por excelencia. Cuando edificamos, cuando construimos un hogar, estamos reflejando a Dios. Somos extranjeros y peregrinos a quienes Dios ha dado la bienvenida a Su familia de la fe. Y Él está preparando un lugar para nosotras en el cielo, que es Su hogar eterno. Allí vamos a festejar con Él. Y Él será nuestro anfitrión en ese banquete.

La cruz en sí, mientras Cristo extendía Sus brazos en esa cruz, ¿no estaba Él extendiendo una invitación para que vivamos con Él y pasemos la eternidad en Su casa? Dios es un amo de casa. De manera que estamos llamadas a ser deliberada, e intencionalmente mujeres que edifican sus hogares para que honren y glorifiquen a Dios.

Así que déjenme animarlas, especialmente a ustedes esposas y madres jóvenes, a que desde el principio piensen en cómo hacer de sus hogares lugares de refugio, lugares acogedores, llenos de gracia y de paz. En primer lugar, para tu esposo: dale la bienvenida cuando llega a casa del trabajo. A veces queremos hacer de nuestros hogares lugares espectaculares para nuestros invitados pero a los que viven en casa los tratamos como el polvo. Y necesitamos honrar y estimar a los que viven con nosotros.

Tal vez quieras considerar el tener una habitación o parte de tu casa lista para recibir visitas. Que esté suficientemente recogida, y así puedes sentirte cómoda para recibir personas que pasen por tu casa, llevar gente a tu casa, y acoger a las personas en tu hogar.

Queremos establecer hogares –esta parte del manifiesto dice– hogares que provean un clima favorable a la vida. Hoy en día escuchamos mucho hablar sobre las preocupaciones ambientales, el cambio climático, la contaminación, cómo el medio ambiente afecta la capacidad de sostener la vida. Pero no creo que escuchamos hablar lo suficiente acerca de cómo nuestras vidas se ven afectadas por el clima dentro de nuestros hogares.

Ese clima es afectado por nuestras actitudes, por las actividades que tienen lugar en nuestros hogares y por el ambiente general de nuestros hogares. Un clima favorable a la vida será un clima de orden, paz, gracia, amor incondicional, bondad, verdad, un hogar donde experimentamos la realidad y la presencia de Cristo. Donde podemos hablar de Cristo. Donde hablamos de Su Palabra.

Hablamos sobre el evangelio con nuestros hijos. ¿Estás «evangelizando» a tus hijos? ¿Les estás presentando el evangelio? ¿O quizás esperas hasta que vayan a la escuela dominical o a su grupo de jóvenes y dices que ellos los evangelizarán allí? Tus hijos necesitan oírte hablar de Cristo y de las cosas de Dios como un estilo de vida.

Un hogar que provee un clima favorable a la vida es un hogar centrado en Cristo, está empapado por la Palabra de Dios. Todo se relaciona con Él. Ahora, nosotras las mujeres en gran medida establecemos el clima de nuestros hogares.Somos como el termostato, las que establecemos la temperatura. Nosotras determinamos cómo está la temperatura.

Así que tengo que preguntarte, ¿cómo está el clima de tu hogar hoy? ¿Cuál era la temperatura cuando saliste de casa hoy? ¿Es un clima favorable a la vida o es un clima que sofoca y mata la vida?

¿Qué sofoca la vida? ¿Qué mata la vida en nuestros hogares?

Un clima de:

  • Criticismo
  • Perfeccionismo
  • Ira o enojo
  • Egoísmo
  • Orgullo
  • Contenciones, disputas
  • O un amor basado en la actuación o en el desempeño

Si ese es el tipo de clima que hay en tu hogar, pregúntate, ¿cómo estoy contribuyendo a ese ambiente? ¿Estoy haciendo algo que cause que el clima de nuestro hogar sea de esa manera –con mi comportamiento, mi espíritu, mis acciones, mis reacciones?

Sé que tenemos muchas oyentes que están luchando, que están sosteniendo una lucha para vivir con un compañero que no conoce a Cristo y no honra al Señor, o hijos u otros familiares que no son piadosos. Muchas de ustedes han escrito compartiendo eso con nosotros para pedir que oremos por ustedes.

Permítanme decir, que puede que no seas capaz de cambiar el comportamiento y las actitudes de los demás en tu hogar, pero por la gracia de Dios puedes cambiar las tuyas. Tú no eres responsable por las decisiones de los demás o por cómo ellos actúan, pero tú y yo somos responsables por nuestras propias decisiones y por la manera en que reaccionamos a las acciones de otros.

Así que quiero recordarte que fomentar la vida, crear un clima que favorezca la vida, no es una tarea o un llamado a corto plazo. Requiere tiempo, requiere paciencia y requiere una visión a largo plazo.

Sé que a algunas de ustedes les gusta la jardinería, y saben que el cuidado de las flores o el cultivo de los vegetales no sucede de repente. Toma tiempo. Requiere trabajo constante. ¿O no es así? El cuidar, el desyerbar, el fertilizar. Es todo un esfuerzo para nutrir la vida, y requiere que seamos intencionales.

Si no eres intencional con tu jardín, crecerá demasiado y las malas hierbas ahogarán las cosas que realmente quieres—la belleza, las flores, la vegetación.

Si no eres intencional en tu casa sobre la creación de un clima que sea favorable a la vida, las malas hierbas del egoísmo, el orgullo, la rebelión van a crecer y van a ahogar la vida en tu hogar.

Y también quiero recordarles que por último, no puedes hacer que tus hijos, tu familia, o tus amigos crezcan espiritualmente. Pero puedes, por la gracia de Dios, crear un clima favorable a la vida. No puedes hacer que ellos crezcan. Dios es el único que puede hacer eso. Pero puedes crear el clima propicio para su crecimiento espiritual.

Ahora, el manifiesto dice en este punto que crearemos estos hogares. Buscaremos establecer hogares que provean un clima favorable a la vida, y ofreceremos hospitalidad cristiana a aquellos fuera de las paredes de nuestros hogares. A través del Antiguo y del Nuevo Testamento vemos que el pueblo de Dios debía hacer espacio en sus casas y en sus corazones para los extraños, para los de afuera. Ellos debían abrir sus hogares y abrir sus corazones.

Y en el Nuevo Testamento vemos a Jesús sentándose muchas veces con publicanos, con cobradores de impuestos, pecadores, con los marginados. Y vemos en la iglesia primitiva que la comunión y el ministerio tenían lugar en los hogares. A través de las Escrituras vemos que los cristianos somos llamados a abrir nuestros corazones, nuestros hogares y nuestras manos, a los huéspedes, a los viajeros, a los pobres, los necesitados, y a los demás creyentes.

La hospitalidad cristiana tiene una manera increíble de romper barreras, de suavizar corazones. Es una manera tangible de ponerle manos y pies al compartir del evangelio. Hasta hace poco la hospitalidad era la norma, la práctica normativa en toda la historia de la iglesia.

De hecho, las palabras hotel, hospital, hospicio, tienen todas la misma raíz, la misma etimología que la palabra hospitalidad. Y todas estas cosas, los hoteles, los hospitales, y los hospicios, fueron desarrollados en realidad por los cristianos como un medio de mostrar hospitalidad, una manera de responder a algunos tipos específicos de necesidades humanas.

El problema es que nos volvimos dependientes de los hoteles y los restaurantes y otras formas de hospitalidad fuera del hogar. Y hoy en día se ha vuelto mucho más fácil delegar la hospitalidad a los demás, simplemente mandar dinero para que alguien más lo pueda hacer en lugar de hacerlo nosotras mismas.

Pero quiero decirte que usar nuestros hogares para mostrar hospitalidad, cualquiera que sea tu hogar, independientemente de su tamaño o de su valor monetario, mostrar hospitalidad en tu hogar no debe ser la excepción. No son solo algunos creyentes que son buenos en mostrar hospitalidad. Debe de ser la norma.

Ahora bien, reconozco que algunas personas son particularmente dotadas en todo este tema. Pienso en Devi Titus que ha sido oradora en las Conferencias de Mujer Verdadera, ella es increíble con todo el tema de la hospitalidad. Pero eso no debe intimidar al resto de nosotras. Todas nosotras somos llamadas a hacer de la hospitalidad una parte de nuestro estilo de vida. Cuando lo hacemos, expresamos el amor de Dios y la gracia de Dios a los demás.

Eso es lo que leemos en 1 Pedro capítulo 4, en los versículos 8 y 9, donde el apóstol dice,

«Sobre todo, sed fervientes en vuestro amor los unos por los otros, pues el amor cubre multitud de pecados. Sed hospitalarios los unos para con los otros, sin murmuraciones».

Yo puedo mostrar hospitalidad pero algunas veces estoy hirviendo por dentro porque las cosas simplemente no están saliendo bien. Estoy demasiado agobiada.

Recuerda, sin murmuraciones.

¿Qué es lo que está diciendo? No lo mires como una obligación o un deber, míralo como un privilegio, una oportunidad de expresar el amor de Dios.

Y Él continúa diciendo: «Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndose los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios…el que sirve, que lo haga con la fortaleza que Dios da...» Así es como lo haces. Por medio de Su fortaleza. ¿Y por qué? «Para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo» (1 Pedro 4:11).

Y no estamos hablando aquí de entretener a los demás. Estamos hablando de hospitalidad cristiana. Ahora, hay muchos mitos sobre la hospitalidad. Pienso que algunas personas asumen que tienen que tener una casa grande y bonita; que tienen que usar cierto tipo de platos y una cristalería elegante; que tienen que competir con un canal de TV como el de Food Network; que tienes que tener un presupuesto grande o que tienes que ofrecer una comida gourmet y variada; que tu hogar debe estar inmaculado, y que tus hijos deben portarse perfectamente, y que tienes que ser extrovertida y una gran anfitriona.

Déjame decirte que todos esos son mitos. En realidad, cuando te enfocas en tu casa, tu decoración, tu limpieza, tu platería, tus platos, eso fomenta un espíritu de orgullo, de autosuficiencia, de comparación. Pero cuando te enfocas con humildad en Cristo y en aquellos a quienes estás sirviendo, entonces se vuelve un ministerio. No estás tratando de impresionar, no estás tratando de actuar, sino simplemente de abrir tu corazón a los demás, de expresar el amor de Dios, y de compartir con otros de lo que Dios te ha dado y darles la bienvenida, recibirlos en tu vida.

La hospitalidad cristiana no es un evento que ponemos en el calendario. Ahora bien, si vas a tener personas para la cena en tu hogar, sería bueno que lo pusieras en tu calendario, especialmente que le dejes saber con anticipación a tu pareja. Hablen de esto juntos. Pero no es tanto un evento como un estilo de vida, un estilo de vida de compartir, de dar, de amabilidad, de darnos a nosotras mismas primero.

Y yo sería la primera en decir que la hospitalidad no es siempre fácil. El primer año que estuve en mi casa, tuvimos unas 1,600 personas que me visitaron. Ellos no pasaron solo por allí. Muchos de ellos pasaron la noche en casa, y muchos de ellos fueron a comer, o a pasarse el día, o a un estudio bíblico, a lo que fuera, y eso fue cuando estábamos contando cuantas personas venían.

O sea que la hospitalidad implica retos y obstáculos. Hay ajetreo, hay miedo, hay gastos. Algunas personas son por naturaleza más introvertidas, más privadas, yo sería una de ellas. Para aquellas que son un poco más reservadas, la hospitalidad puede ser abrumadora o intimidante, pero no dejes que esas cosas se vuelvan excusas.

Pídele a Dios que te dé fuerzas para servir así como Él promete que hará en 1 Pedro 4. Sé creativa y aprende de otros que expresan hospitalidad de una forma amable. Para ser hospitalaria no tienes que ofrecer comidas completas. No tienes que saber manejar un hotel que ofrece habitación y desayuno. Puede ser una expresión de amabilidad, como hice la semana pasada más o menos, solo les llevé agua y algo de comer a unos niños que estaban trabajando en mi jardín. Eso es hospitalidad. Es mostrar gracia.

Puede ser honrando a las personas que vienen a tu hogar, con notas o con un ramo de flores, o haciéndolas sentir especiales. Y de nuevo, déjame recordarte que comiences con tu propia familia. Con pequeños detalles. Los detalles y las muestras de amabilidad son muy efectivos en mantener un matrimonio fresco, y que tus hijos deseen y quieran estar en tu hogar.

También tenemos la celebración de ocasiones especiales. Por ejemplo, Jessica celebró su 21 cumpleaños, y en este momento su esposo y ella estaban viviendo en mi casa, y tuvimos un desayuno especial de cumpleaños para Jessica. Yo estaba ocupada en esa semana con muchas cosas. Estuve despierta hasta tarde la noche anterior, pero me las arreglé para encontrar algo de tiempo para colgar algunas serpentinas y un cartel que decía: «Feliz cumpleaños Jessica», y participar un poco del desayuno. En realidad fue una bendición para ella, pero también fue una bendición para mí. Eso es amarse unos a otros con generosidad y amabilidad como Dios nos ha amado.

Las comidas que compartes en tu hogar no tienen que ser comidas de cuatro platos. Pueden ser simples. Puedes invitar a alguien a comer palomitas de maíz. No tiene que ser una gran comida. Puedes preparar la comida inclusive junto a tus invitados en la cocina.

Permíteme animarte con algo que he encontrado que es una bendición. Antes de las personas irse de tu hogar, ya sea tu propia familia, tus hijos yéndose a la escuela, o tu esposo yéndose al trabajo, o invitados que han pasado la noche en tu casa, detente y ora con ellos, y ora por ellos.

Sé que cuando estamos hablando de una economía de recesión el extender hospitalidad se hace un poco más difícil. Pero déjame decirte que solo tienes que ser un poco más creativa, y además te ofrece oportunidades para ministrarles a las personas cuando pierden sus trabajos y cuando necesitan un lugar donde quedarse. Me pregunto cuántos dormitorios adicionales tenemos en nuestros hogares vacíos cuando algunas personas necesitan un lugar para alojarse durante una etapa de sus vidas, pero simplemente estamos muy ocupadas.

He tenido la gran bendición durante años de tener una media docena de diferentes matrimonios jóvenes en diferentes momentos y una variedad de estudiantes y de mujeres solteras, que han vivido en mi hogar por un periodo de tiempo que va desde semanas hasta meses, y en algunos años hasta años. Y ha sido una gran bendición para mí. Y además una protección contra el aislamiento y el egoísmo, durante todo ese tiempo en que fui soltera. Porque ellos me mantuvieron adaptable, flexible. Yo los necesitaba allí.

Y es un recordatorio de que nuestros hogares, nuestras casas, no son lugares para almacenar cosas. Todo algún día va a ser quemado. Sin embargo, nuestras casas son instrumentos para servir, para el ministerio, para cultivar la vida, para compartir la gracia de Dios.

Cuando Jesús vino por primera vez a esta tierra, le negaron la hospitalidad. No hubo lugar para Él en la posada. Pero aún así Él vino y abrió Su corazón, Sus brazos, Sus manos, Su hogar para nosotras. Qué increíble privilegio es para nosotras el abrir nuestros hogares y nuestros corazones a los demás. Cuando lo hacemos, pienso que estamos abriendo nuestros corazones y nuestros hogares a Cristo mismo.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado mostrándonos el valor de la hospitalidad, y nos ha hablado acerca del mensaje que podemos comunicar a través de nuestros hogares.

El programa de hoy es parte de una serie titulada, «El Manifiesto de la Mujer Verdadera: Declaraciones, parte 2». Te invitamos a profundizar en el tema de hoy. Visítanos en nuestra página web, AvivaNuestrosCorazones.com. Haz uso del buscador y encuentra recursos relacionados al tema del hogar y de la hospitalidad.

Una oyente que ha sido bendecida con programas como este nos escribió,

Mujer: «¡Buenos días! Dios las bendiga.

Quiero que sepan que a través de este hermoso ministerio de mujeres Dios me ha transformado de una manera asombrosa, paulatinamente, pero de manera radical. Estoy muy agradecida por la vida de ustedes, por su dedicación y entrega, y oro para que pronto pueda ser yo, una contribuyente monetaria activa de esta hermosa obra del Señor.

También sueño con participar de alguno de sus encuentros, presenciar y vivir ese hermoso mover espiritual y conocerlas, abrazarlas, porque las llevo en mi corazón.

… Lo que más anhelo es que más y más mujeres escuchen lo que Dios tiene que decirnos respecto a la feminidad bíblica, a través de este hermoso ministerio de mujeres piadosas».

Annamarie: Amén. Durante varios años hemos estado trabajando en producir recursos en español que sean de beneficio para cada una de ustedes. Te animamos a que, si has sido bendecida con recursos como este programa, a que los compartas con otras mujeres en tu círculo de influencia. Ayúdanos a llamar a más mujeres a libertad, plenitud y abundancia en Cristo.

Nancy dice que aquellas que están casadas—y aún las mujeres solteras, necesitan eliminar una palabra de su vocabulario. Conoce cuál es, en tu próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Diciendo: «Sí, Señor» juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

1 http://swns.com/astonishing-miniature-church-carved-in-the-eye-of-a-needle-251240.html

Me Rindo a Ti, Jonathan & Sarah Jerez ℗ 2016 Aviva Nuestros Corazones.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.