Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Annamarie Sauter: Bill Elliff dice que cuando llegas a la fe en Cristo, Él te da algo importante.

Bill Elliff: La Biblia enseña claramente que cuando Él lo hace, en el momento de nuestra conversión, Él nos da este don espiritual especial para el servicio; una capacidad única para servir a la humanidad.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura bíblica para hoy es Jeremías capítulos 1 al 3.

La lectura bíblica que te recordamos al inicio de cada programa es parte del Reto Mujer Verdadera 365. Escucha lo que una mujer que lo ha estado siguiendo nos escribió:

«Gracias por su amor, tiempo y disposición de traernos la profundidad de la Palabra. Voy al día en mi lectura diaria y deseo mayor compromiso para memorizar y deleitarme en la Palabra. Doy gracias a Dios por sus vidas y su ministerio (que Dios usó) para salvar mi vida y a mi familia hace más de un año. "Gracias" no es suficiente, mil gracias desde lo más profundo de mi corazón».

¡Qué hermoso es ver lo que Dios hace por medio de Su Palabra! Y qué bendición es que las mujeres sean edificadas por medio de los recursos de Aviva Nuestros Corazones para ser luz en sus hogares o bendecir a otras mujeres a través del discipulado. Y en la serie que iniciamos hoy hablaremos precisamente de esto y del impacto que un hogar transformado por la verdad puede tener. Aquí está Nancy con nosotras.

Nancy: ¿Alguna vez has pensado qué dones espirituales tienen tus hijos? Mis amigos Bill y Holly Elliff te ayudarán a pensar sobre esta pregunta. Estaremos escuchando un mensaje que ellos titularon, Epicentro: El impacto transformador de un hogar cristocéntrico.

Bill y Holly Elliff impartieron este mensaje en la conferencia True Woman (Mujer Verdadera) 2012, en Indianápolis. Vamos a ir a ese mensaje en un minuto.

Pero primero, escucha esto que le sucedió a una mujer llamada Susan cuando ella asistió a Indianápolis. Esperaba oír algunos oradores y animarse. Pero durante uno de los descansos, sentada en el área de la comida del centro comercial, escuchó a una mujer que planeaba hacerse un aborto.

Susan: Ella estaba muy animada y se hacía notar. Ella decía: «Tú me metiste en este lío, vas a tener que ayudarme a salir. Tienes que recogerme el jueves para llevarme a mi aborto». Estaban peleando.

Nancy: El Señor movió a Susan a involucrarse y a compartir con esta mujer algo que no le había dicho a nadie.

Susan: Yo le dije: «Yo sé que estás pasando por algo muy difícil en este momento. Solo quiero animarte a que sepas que hay otras cosas por ahí, además del aborto. Hay un montón de chicas que van a las clínicas de aborto que jamás salen». Ella estaba en shock. Le dije: «Te arrepentirás de todo esto los días de tu vida. Lo sé, porque tuve un aborto hace siete años».

Nancy: Más tarde esa noche en la Conferencia Mujer Verdadera, Susan escuchó un mensaje que pareció hecho a la medida para su situación.

Priscilla Shirer (hablando en la conferencia): La gente tiene que escuchar no solo el testimonio que sale de nuestra boca, necesita ver la transformación de nuestras vidas. Necesitan ver a la gente que pueda decir: «Mírame, una vez estuve perdida, pero ahora me he encontrado. Una vez fui ciega, pero ahora puedo ver, una vez fui sorda, pero ahora puedo escuchar. Mira mi vida y cómo Jesús intervino en un momento de mi viaje que nunca pensé que Él sería capaz de hacer algo útil con eso».

Susan: Yo llegué a ver a Dios usar lo peor de mí para Su gloria.

Nancy: No podemos predecir todo lo que Dios hará en estos próximos años en las diferentes conferencias. Pero estamos pidiendo y esperando que Él ayude a miles de mujeres a encontrar una mayor libertad, plenitud y abundancia en Cristo.

Ahora, escuchemos a Bill y Holly Elliff en el Mensaje, Epicentro: El impacto transformador de un hogar cristocéntrico, grabado en Mujer Verdadera 2012.

Bill Elliff: Nunca soñé, cuarenta y cinco años atrás –cuando vi a esa linda chica con el pelo corto sentada detrás de mí en el salón de clases, que estaba apenas floreciendo en el noveno grado y que me dejó un poco sin aliento– que yo pasaría cuarenta años casado con ella y tendría ocho hijos y seis nietos en la actualidad, y contando.

Nunca soñé que estaríamos en la aventura que el Señor nos ha llevado a través de los años, ha sido toda una aventura.

Holly Elliff: Realmente ha sido una aventura, y para aquellas de ustedes que piensan que estamos haciendo esta sesión, porque tenemos el modelo, la familia normal, te puedo asegurar que no hay nada normal en nuestra familia.

Ya has oído a Billy decir que tenemos ocho hijos. Puedo recordar después de que nuestro octavo hijo nació, todos nos fuimos al centro comercial, y me di la vuelta y miré a Billy y le dije: «La gente nos mira». Y él dijo: «Bueno, están tratando de decidir si somos un grupo de viaje o algo así». Pero solo éramos nosotros con nuestros hijos.

La primera vez que grabé Aviva Nuestros Corazones con Nancy, estábamos preparándonos para salir al aire, y yo recibí una llamada telefónica de mi hija mayor, quien dijo: «Mamá, ¿qué hago? Los niños han sacado sus colchones al patio delantero y se están deslizando por la colina».

Colgué el teléfono, y Nancy dijo: «¿Qué fue eso?»

Y yo le dije: «No querrás saber».

Bill: Ha pasado de esa manera desde entonces. El Señor nos ha llevado a través de tiempos bajos y tiempos difíciles y sufrimiento y grandes montañas, como lo hace cada familia. Pero en algún lugar del camino Dios realmente nos secuestró. Nos puso la carga de ver que nuestro mundo cambie para la gloria de Dios.

Puso algo dentro de nosotros que nos ayudó a darnos cuenta, de que en realidad nuestra primera iglesia y nuestra herramienta principal para ver que eso sucediera, era nuestra familia, era nuestro hogar. Eso es de lo que vamos a hablar esta mañana. Me pregunto, mientras iniciamos, Holly, ¿podrías conducirnos en oración?

Pidamos por la presencia del Señor a medida que Él nos habla hoy.

Holly: Oremos: Padre santo, hoy simplemente reconocemos que no hay ninguna verdad que nosotros podamos decir que cambiará alguna vida. Señor, te pedimos que simplemente te hagas presente aquí. Necesitamos Tu presencia. Padre, por tu Espíritu y por medio de tu Palabra, ¿nos darías instrucción?

Te pedimos que nos des oídos para escuchar lo que Tú quieres que escuchemos, y Señor, ¿tomarías estas palabras y las interpretarías de la manera que Tú sabes que cada mujer necesita escucharlas? Te pedimos hacerlo en el nombre de Jesús, amén.

Bill: El domingo 26 de diciembre del 2004, el día después de Navidad, el tercer mayor terremoto jamás registrado en la historia humana, ocurrió en el subsuelo del Océano Índico y tuvo una magnitud en la escala Richter de 9,1. Recuerdo ese momento porque fue la más larga duración de fallas que se observó jamás.

Se prolongó por unos diez minutos bajo el suelo. Causó que todo el planeta vibrara hasta cuatro décimas de pulgada, lo cual era algo increíble. El resultado fue que se creó un tsunami y ese tsunami comenzó en el epicentro, y entonces solo fue a través de cientos y cientos de kilómetros.

Finalmente cuando golpeó un objeto sólido, golpeó catorce países diferentes y creó olas gigantes, o tsunami, con más de cien metros de altura. Más de 230,000 personas murieron en un breve periodo de tiempo. Una de las mayores tragedias fue que más de un tercio de ellos eran niños.

Mujeres, no tenemos que convencerlas del hecho de que en nuestra nación hoy en día, en nuestro mundo, necesitamos un tsunami espiritual. Necesitamos algo que cambie el mundo, ¿amén? Algo que hará que las cosas cambien. «Tsunamis espirituales», como los que vamos a ver hoy, comienzan con un corazón ardiente que crea un impulso, y literalmente, cambia el mundo.

Si tienes tu Biblia, quiero que vayas con nosotros a 2 Timoteo 1. Vamos a ver la historia de tres generaciones de una familia que formaba parte de un grupo de personas en el primer siglo, que literalmente cambió el mundo. Ellos probablemente no tenían idea de las ramificaciones de lo que estaban haciendo, pero la realidad es que lo que sucedió en esta familia –y en otras familias como ellos en el primer siglo– te está afectando esta tarde mientras te sientas aquí en tu silla.

Es una familia de una abuela, una madre y un hijo llamado Timoteo. Vamos a leer el texto juntos, a partir de 2 Timoteo 1:1: «Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, según la promesa de vida en Cristo Jesús, a Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor.

Doy gracias a Dios, a quien sirvo con limpia conciencia como lo hicieron mis antepasados, de que sin cesar, noche y día, me acuerdo de ti en mis oraciones, deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de alegría. Porque tengo presente la fe sincera que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. Por lo cual te recuerdo que avives el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

Por lo tanto, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, prisionero suyo, sino participa conmigo en las aflicciones por el evangelio, según el poder de Dios, quien nos ha salvado y nos ha llamado con un llamamiento santo, no según nuestras obras, sino según su propósito y según la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús desde la eternidad, y que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien abolió la muerte y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por medio del evangelio, para el cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro. Por lo cual también sufro estas cosas, pero no me avergüenzo; porque yo sé en quién he creído, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día. Retén la norma de las sanas palabras que has oído de mí, en la fe y el amor en Cristo Jesús. Guarda, mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros, el tesoro que te ha sido encomendado». (1 Tim. 1:1-14)

Ahora, busquemos 2 Timoteo 2:1: «Tú, pues, hijo mío». Pablo sintió que Timoteo era tan parte de su familia como cualquier otra persona. Más de cuatro o cinco veces lo llama, «mi hijo, mi verdadero hijo, mi verdadero hijo en la fe».

Entonces, aquí tenemos a Pablo, en el papel de padre, diciendo: «Hijo mío, fortalécete en la gracia que hay en Cristo Jesús. Y lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros» (v.1-2).

Holly: Ahora, chicas, saben que cuando cocinamos, es realmente crucial para nosotras tener los ingredientes correctos, ¿verdad? No sale bien si no los tienes. Mi hija ha hecho algunas recetas nuevas que fueron interesantes. Ella una vez hizo un pastel de cumpleaños donde las velas se hundían a media que cantábamos feliz cumpleaños.

Nunca supimos qué fue lo que hizo mal, pero no funcionó porque los componentes esenciales no estaban allí. Así que hoy cuando vemos este pasaje, queremos mirar algunos de los componentes esenciales para que nuestros hogares se conviertan en ese epicentro.

Segunda de Timoteo 2:5, se inicia con una imagen de ese corazón ardiente, ese epicentro, que queremos ver. Cuando Pablo viajó a un pueblo llamado Listra, conoció a una familia, y en este versículo tenemos la oportunidad de conocerlos. Ahí está Loida, que es abuela y madre. Sabemos que Loida era judía. Sabemos que su hija Eunice, también era judía.

Eunice estaba casada con un hombre griego, y hasta donde sabemos, no era creyente. Sabemos que ella era la madre de un hijo adulto, en este punto, llamado Timoteo. Y aprendemos algo más acerca de ellos. Loida y Eunice poseían algo de valor incalculable. Porque Pablo lo llama una fe sincera.

La palabra sincera en el Diccionario Webster de 1828 –el original (que es uno de mis favoritos)– es muy interesante. Lo que realmente significa es «totalmente pura». Es la idea de la «miel sin cera». Ese es el ejemplo que utilizan.

Recuerdo ver a mi tío cargar un cubo grande de miel cruda en un recipiente metálico grande y poner eso frente a mí. Y puedo recordar vívidamente mirar en ese cubo y tenía abejas y partes de abejas, y tenía la corteza, y tenía todo tipo de cosas flotando en la parte superior.

Yo solo había visto la miel en el pequeño oso gracioso –ya sabes el osito de plástico. Esa es la única manera en que yo había visto la miel, y recuerdo vívidamente mirar en ese cubo y pensar, yo nunca voy a comer eso de nuevo. Pero lo que sucedió fue que mi tío tomó esa miel, y la pasó a través de una serie de cedazos. Él la derramó a través de uno, y la corteza había desaparecido. Él la derramó a través de otro, y las abejas se habían ido. Y la derramó a través de otro más, y las partes de las abejas se habían ido.

Entonces, finalmente, todas esas cosas flotando en la parte superior se habían ido, y finalmente tuvo miel pura, sin cera, sin abejas y sin partes de abeja. Era pura. Esa es la imagen de esta palabra sincera que Pablo utiliza, el tipo de fe que Loida y Eunice tenían. La definición continúa diciendo que sincero significa «ser en realidad exactamente lo que parece ser».

No es algo que te pones o asumes por el bien de la apariencia, no es hipócrita, no es pretencioso. En realidad, es muy similar a la definición de una palabra, y esa palabra significa «original», «fundamental», «esencia sin desviación», «algo también puro». ¿Sabes cuál es la palabra? La palabra es radical.

Cuando leí los nombres Loida y Eunice, tendré que admitir que los términos radical y ardiente no fueron las primeras cosas que vinieron a mi mente. Pero eso es exactamente lo que eran estas mujeres. Eran mujeres radicales, ardientes en la búsqueda de Cristo. Vamos a ver más de eso.

Estas mujeres poseían y vivían una fe radical y ardiente delante de su hijo y nieto, Timoteo. La Escritura dice que era real, «que habitaba en ellas», y eso simplemente significa que se estableció en ellas. Se sentía como en su casa, en ellas. Loida y Eunice habían conocido a Jesús, y Él las había cambiado desde adentro hacia afuera.

La relación que Él ofreció no fue una demostración exterior. Habrían visto eso en los fariseos haciendo una manifestación externa de piedad, pero eso no es lo que era. Fue una transformación total en ellas.

Las casas judías en ese tiempo tenían una pequeña caja fuera del marco de la puerta que colgaba en un ángulo, y se llamaba una mezuzá. Contenía las Escrituras, y era un símbolo de que esa casa pertenecía a Dios, que era gobernada por Dios.

Loida y Eunice habrían tenido esto, probablemente, en el marco de su puerta. Pero lo que probablemente no tenían era un letrero en su patio que decía: «También somos cristianos». ¿Sabes por qué no necesitaban esa señal en su patio? Porque era evidente en sus vidas. Eran transparentes, y vivían lo que estaba en su corazón.

Ellas eran la evidencia de esa realidad, ya que habían puesto a Cristo de manifiesto en sus vidas. Era una realidad que no era solo para ellas, sino que también era para Timoteo.

Bill: Esta fe sincera estaba en el corazón –siempre está en el corazón, ¿no?– en el corazón de una familia genuina, piadosa, un hogar centrado en Cristo. Y todo debe ser hecho para asegurar que mi fe es pura, real, auténtica. Pero, además de eso había otros componentes que se encontraban en esta casa y en sus vidas. La segunda cosa que queremos que vean que realmente contribuye a la construcción de un epicentro que puede literalmente cambiar el mundo, es una sólida comprensión y el desarrollo de los dones espirituales.

En el siguiente versículo, él hace esta declaración, en el versículo 6: «Por lo cual te recuerdo que avives el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos». Probablemente, sabes lo que es un don espiritual. La Biblia enseña claramente que cuando venimos a Cristo, Él nos da algo inusual. Él los llama dones, y son los dones espirituales.

Una vez escuché a un hombre definir don espiritual de esta manera: «Es una habilidad dada por Dios para el servicio». Y eso es lo que es. Viene de Dios. No lo eliges. No vas a la tienda y dices: «Quiero este don, aquel no me gusta». Recibes el don que Dios te da, porque Él te conoce mejor que nadie, y también a tus hijos, y a tu esposo.

Y es para un propósito específico. No es solo para ser utilizado en ti mismo, de modo egoísta; es un regalo para servir. Pablo dice: «Timoteo, tienes algunos dones, están dentro de ti, no los malgastes. Necesitas remover esas cosas, necesitas avivar la llama, necesitas encender esas cosas». Puede haber sido el don de liderazgo; o en tus hijos, o en tu vida, o en tu hogar, pueden ser los dones de enseñanza o de exhortación o de servicio o administración –todos esos diferentes tipos de dones.

Ahora, Dios tiene un plan increíble. Es algo hermoso. Su plan es este: Él ha creado a millones de personas, y todos estamos en estas familias.

Cada persona, cada niño, es asombrosa y maravillosamente hecho. Ellos tienen habilidades increíbles, temperamentos, personalidades, y luego en el camino recogemos experiencias de vida –todas esas cosas que nos forman en lo que somos. Pero hay un problema, y el problema es que somos caídos.

Por lo tanto, el plan de Dios, como ya hemos oído en esta conferencia, es redimirnos para que lleguemos al final de nosotros mismos, clamemos a Cristo para que Él nos salve y venga a vivir dentro de nosotros. La Biblia enseña claramente que cuando Él lo hace, en el momento de nuestra conversión, Él nos da este don espiritual especial para el servicio –una capacidad única para servir a la humanidad.

Nuestros hijos no saben esto, a menos que los entrenemos, a menos que se lo enseñemos, a menos que se lo ayudemos a entender. De hecho, si se les deja solos, simplemente pueden pensar exactamente lo contrario, ya que el mundo, la carne y el diablo están constantemente mintiéndoles acerca de su vida.

¿Oíste alguna de estas mentiras mientras tú crecías como niño, o tus hijos quizás las han escuchado? «No eres nada... no puedes hacer nada... eres estúpido... estás por debajo del promedio». O quizás, «simplemente tienes que mezclarte con la multitud y ser como los demás».

Tú miras a otras personas y dices: «Ellos realmente podrían influir en el mundo, pero yo no voy a influir en el mundo». Por lo tanto, si nuestros hijos creen esto, ellos simple y llanamente se conformarán con la mediocridad, y la realidad es que están sosteniendo en su vida –si son seguidores de Cristo– esta increíble dinámica que realmente puede afectar el mundo.

Nancy: Ese es Bill Elliff. Él y su esposa Holly han estado mostrándonos por qué nuestra inversión en la próxima generación es tan importante. Dios diseñó a los jóvenes que te rodean con dones y llamados únicos. Y Bill y Holly han estado retándonos a que desarrollemos esos dones para que el evangelio pueda esparcirse.

Bill y Holly estaban hablando sobre todo a las madres, pero para aquellas solteras, todavía hay mucho que podemos sacar de este mensaje. Hay momentos en que puedo decir algunas cosas a las personas más jóvenes, que tal vez sus padres no puedan decirles o se les haga más difícil de decir. Realmente trato de ser intencional buscando la manera de invertirme en los niños y los jóvenes que Dios ha traído cerca de mi vida. 

Así que si tú eres soltera o eres una abuela o una tía o simplemente una buena amiga de la iglesia, espero que veas el valor de estimular a la próxima generación a buscar al Señor.

Espero que te preguntes a ti misma, ¿hay jóvenes a mi alrededor en quienes pudiera invertirme en esta temporada? ¿Cuáles son los dones que Dios les ha dado? ¿Cómo puedo animarles a usar esos dones para la gloria de Cristo?

Este mensaje es parte de una serie titulada, Epicentro: El impacto transformador de un hogar cristocéntrico. Si conoces padres que se beneficiarían de este mensaje, anímate a enviarles el enlace con el audio o la transcripción.

Annamarie: Gracias, Nancy. 

Puedes compartir fácilmente el audio de este programa a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com, o através de nuestra aplicación Aviva Nuestros Corazones. Allí también tienes acceso a la transcripción en caso de que quieras compartirla o sacar algunas notas.

Y antes de concluir este programa te queremos animar a que cuando nos visites en nuestro sitio web, le eches un vistazo a uno de nuestros recursos más nuevos titulado, «¡No seas una mujer controladora!» por Shannon Popkins. En este recurso Shannon comparte contigo acerca de sus propias luchas y lo estamos ofreciendo este mes de agosto por una donación. 

Hoy, Bill y Holly Elliff te desafiaron a reconocer los dones que Dios les ha dado a tus hijos. Y mañana ellos estarán de regreso con nosotras para mostrarnos cómo podemos comenzar a hacer esto. Acompáñanos para el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Invitándote a pasar de manera intencional las verdades de la Palabra de Dios a la próxima generación, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Viviré para Ti, Sovereign Grace Music, Eres Dios, ℗ 2012 Sovereign Grace Music.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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