Podcast Aviva Nuestros Corazones

Un estado de cautiverio

Annamarie Sauter: En estas primeras semanas del año estamos emocionadas, contando los días y anticipando lo que Dios hará durante nuestra primera conferencia de Mujer Verdadera para América Latina, que se celebrará en Febrero. ¿Ya aseguraste tu entrada? Asegúrate de hacerlo pronto. Visita AvivaNuestrosCorazones.com

¿Consideras que es importante la manera como usas tu tiempo?

Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Nosotros tenemos un enemigo y ese enemigo nos ha engañado. Nos ha mentido acerca de nuestras prioridades; acerca de lo que es realmente importante en la vida, y como resultado de esto, ha esclavizado a la mayoría de nosotras.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

El diccionario define esclavitud como: un estado de atadura, estar bajo un sistema de seguridad, servidumbre involuntaria, esclavitud y cautiverio. Es posible que puedas cambiar la forma en que inviertes tu tiempo… Nancy te enseñará cómo.

Nancy: Hace algunas semanas estuve en una conferencia para mujeres. La primera noche le preguntamos cómo podíamos orar por ellas. Con esto en mente les pedimos que escribieran sus peticiones en unas tarjetitas de oración. Hubo varias peticiones sobre una misma categoría en particular. Me di cuenta de que es un tema que afecta muchas mujeres hoy en día. Les voy a leer lo que escribieron en algunas de esas tarjetitas.

Una de las mujeres dijo, “Yo me siento que estoy corriendo en 16 direcciones distintas y sin poder resolver mucho”.

Otra mujer escribió. “Yo tengo tres niños pequeños, y estoy educando mis hijos en el hogar. Me siento cargada con las responsabilidades diarias, además de tener que lavar los platos, lavar la ropa, y la limpieza de la casa.

Otra mujer, la esposa de un pastor, nos dijo, “Batallo entre el trabajo en la iglesia y las ocupaciones del cuidado de mi familia, aparte de tener que cuidar de mi cordura. Hay mucho que hacer. Constantemente estoy cansada, y siempre tengo la sensación de no poder lograr nada.

Y aquí vemos esta otra etapa de la vida. Esta mujer escribió,

“Mi suegro, tiene Alzheimer, vive con nosotros, con mi esposo y con mis cuatro hijos, sus edades oscilan entre seis meses y 16 años. Siento que alguien siempre necesita algo de mí las 24 horas del día, los siete días de la semana. No sé cómo mantenerme física y espiritualmente viva”.

Otra escribió,

“Acabo de cambiar de trabajo, por lo que estoy trabajando muchas horas. No sé cómo salir de mis compromisos. Por favor oren de manera que pueda tener la sabiduría necesaria, ya que esto está afectando las mujeres que ministro en la iglesia – y es que no tengo tiempo suficiente”.

Nosotros tenemos un enemigo, y ese enemigo nos ha engañado. Nos ha engañado con respecto a nuestras prioridades; con lo que realmente es importante en la vida, y como resultado de esto, nos hemos sido esclavizadas.

La mayoría de nosotras estamos viviendo vidas que son más agotadoras y frenéticas de lo necesario, si solo hubiéramos entendido la verdad.

Cuando pienso en los horarios y las demandas del tiempo, en las prioridades, en sentirme abrumada; agradezco tanto que tengamos un Salvador que se identifica con nuestra situación. En esta tierra no pudo haber nadie que durante toda su existencia tuviera más cosas que hacer que el Señor Jesucristo.

Piensa esto —a Él solo se le dieron 33 años en esta tierra, y tres años y medio de esos años fueron dedicados al ministerio público. En esos tres años y medio, Su descripción de trabajo era llevar a cabo el plan de redención de todo el mundo. Así que estamos hablando de una lista larga de “cosas por hacer”. Jesús supo durante esos años lo que significó tener presión, demandas, necesidades por resolver. Es por eso que Él nos comprende.

Hace algunos días, comencé a leer de nuevo el Evangelio de Marcos. Mientras leía este Evangelio, comencé a anotar cada vez que Jesús tenía personas a Su alrededor presionándolo con diferentes situaciones.

Escucha algunas de estas frases de estos episodios comenzando en el Evangelio de Marcos capítulo uno, este es un día en la vida de Jesús.

Él comenzó el día enseñando en la sinagoga. Mientras estaba ahí, entró un hombre con un espíritu inmundo que interrumpía el servicio. Jesús echa fuera el espíritu inmundo, y luego, después de un día de ministerio, se va a casa con dos de Sus discípulos, Pedro y Andrés. Entonces, en lugar de recostarse y descansar, tuvo que resolver la situación de la enfermedad de la suegra de Pedro, que necesitaba ser sanada.

Entonces llegamos al versículo 32 del capítulo 1, que dice, “A la caída de la tarde, después de la puesta de sol, le trajeron todos los que estaban enfermos y los endemoniados; y toda la ciudad se había amontonado a la puerta” (versículos 32-33). ¿Alguna vez has sentido que tienes a todo el mundo demandando algo de ti?

Luego, muy temprano la próxima mañana, el pasaje nos dice cómo Él salió a orar, y en el versículo 33 dice que, “Y Simón y sus compañeros salieron a buscarle; le encontraron y le dijeron: “Todos te buscan” (versículo 37).

Jesús va al siguiente pueblo al final del capítulo 1. Sana al leproso y le dice, “No se lo digas a nadie”. Pero claro el leproso le dice a todo el mundo. La noticia del poder de Jesús corre y en el versículo 45 nos dice que, “Jesús ya no podía entrar públicamente en ciudad alguna, sino que se quedaba fuera en los lugares despoblados; y venían a Él de todas partes”.

Capítulo 2, versículo 1 dice, “Habiendo entrado de nuevo en Capernaúm varios días después, se oyó que estaba en casa. Y se reunieron muchos, tantos que ya no había lugar ni aun a la puerta... (Versículos 1-2). Versículo 13, capítulo dos: “Y Él salió de nuevo a la orilla del mar; y toda la multitud venía a Él”. También, en el capítulo 3, Jesús se retiró al mar con sus discípulos, y le siguió una gran multitud de Galilea.

Capítulo 3, versículo 31- Vemos que Jesús también tenía relaciones familiares; responsabilidades familiares que le presionaban. “Entonces llegaron su madre y sus hermanos, y quedándose afuera, le mandaron a llamar. Y había una multitud sentada alrededor de Él, y le dijeron: He aquí, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan”.

Que tú haces cuando la multitud te busca, tu madre te busca, tus hermanos te buscan, tu esposo te busca, tus hijos te buscan.

En el capítulo 6, vemos otro momento. Jesús acababa de perder a su primo Juan el Bautista, quien había sido decapitado por el rey Herodes. Los discípulos acababan de llegar de una excursión ministerial, y Jesús les dice, en el versículo 31 del capítulo 6 de Marcos: “Venid, apartaos de los demás a un lugar solitario y descansad un poco. (Porque habían muchos que iban y venían, y ellos no tenían tiempo ni siquiera para comer). Y se fueron en la barca a un lugar solitario, apartado. Pero la gente lo vio partir, y muchos los reconocieron y juntos corrieron allá a pie de todas las ciudades, y llegaron antes que ellos”. (Versículos 32-33).

Cuando Jesús se retiró para sus vacaciones, se encontró con una gran multitud. Él nunca pudo escapar de la multitud, de las personas, los enfermos, los poseídos, de Su familia y de los discípulos— sin embargo, la noche antes de Su crucifixión, Él oró y dijo a Su Padre, “Yo te glorifiqué en la tierra, habiendo terminado la obra que me diste que hiciera”. (Juan 17:4)

Si yo pudiera expresar la meta de mi vida en un solo un versículo, probablemente sería este; el poder decir “Oh Dios, te he glorificado aquí en la tierra. He acabado el trabajo que me diste que hiciera”.

Ahora bien, ¿cómo es posible que Jesús pudiera decir eso con tanta certeza? Todavía había personas que necesitaban ser sanadas. No todos los enfermos, no todos los endemoniados, no todos los perdidos se habían convertido al Evangelio de Jesucristo; no habían encontrado lo que necesitaban. Y aun así Jesús podía decir,

“Yo he terminado el trabajo que Tú me diste para hacer.”

Difícilmente ha habido un día— es más, no puedo pensar en el día que yo pueda irme a la cama pensando, “yo he terminado todo el trabajo que hay que hacer”.

Pues bien, la clave está en la próxima frase: “…el trabajo que Tú me diste para hacer”. No el trabajo que todos los demás me dieron para hacer; no lo que yo pensé que yo debía hacer; no todo lo que tenía que hacerse; sino, “Dios, yo he terminado el trabajo que me has dado para que hiciera”. Es un gran alivio para mi saber que:

● No tengo que hacer todo lo que hay que hacer.

● No tengo que hacer todo lo que yo quiero hacer.

● No tengo que hacer todo lo que yo creo que necesita hacerse.

● No tengo que hacer todo lo que tú y todos los demás piensan que yo debo hacer.

Lo único que tengo que hacer es saber cuál es el trabajo que Dios me ha dado para hacer y hacerlo.

Quizás lo que yo deba hacer no es lo mismo que tú debas hacer en esta etapa de la vida en que te encuentras. Su “lista de cosas por hacer” para mi vida en esta etapa es diferente a la lista que Él tenía hace diez años atrás para mí. En los próximos diez años, es muy probable que también esté en otra etapa.

Es por esto que en cada etapa de nuestras vidas tenemos que detenernos y decir, “Señor, ¿qué es lo que Tú quieres que yo haga hoy? ¿Durante esta etapa? ¿En este periodo de mi vida? La verdad que me hará libre es reconocer que en las próximas 24 horas que tiene el día solo tendré tiempo para hacer aquello que está en Su lista, en la lista de Dios para mí; en la lista particular que Él ha confeccionado para mí, para mi vida, para ese día.

Anteriormente les he dicho esto a las mujeres, y esas palabras vuelven a perseguirme. Tengo que continuamente ministrar mi corazón conforme a las verdades de la Palabra de Dios. Tengo tiempo hoy para hacer todo el trabajo que Dios me ha dado para hacer HOY. Tendré tiempo, a lo largo de toda mi vida, ya sea que esta breve o que esta sea larga, para hacer todo lo que Dios me ha asignado.

Aquí está la otra verdad que te hará libre: y esto es que yo glorifico a Dios cuando hago el trabajo que Él me ha dado para hacer. Esa es mi meta en la vida. Para esto fuimos creadas para traer gloria a Dios. Jesús dijo, “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese”.

¿Tú quieres que tu vida traiga gloria a Dios? ¿Tú quieres cumplir el propósito para el cual tú fuiste creada? La verdad es que tú glorificas a Dios cuando haces el trabajo que Él te ha dado para hacer. Él ha ordenado trabajo para que tú hagas. Él ha ordenado trabajo para que yo haga. Nosotros reflejamos la grandeza y la gloria de Dios cuando hacemos lo que Él nos ha diseñado para hacer, lo que Él nos ha asignado para hacer. Estaremos hablando acerca de cómo descubrir cuál es ese trabajo.

Pero ahora hablemos por un momento acerca del significado de la palabra, prioridad. Viene del Latín prior, que quiere decir “primero”. El diccionario dice que prioridad es: ‘algo que amerita la primera atención; algo que merece la atención antes de otras alternativas que se presenten”. Esto sugiere que hay algunas opciones. Hay alternativas en competencia, pero la prioridad es esa cosa que requiere la atención antes que esas otras alternativas.

Otro diccionario dice que “tiene que ver con precedencia, aquello que se establece por orden de importancia”. Algunas cosas son más importantes que otras. Ahora bien, el hecho es que todas vivimos de acuerdo a prioridades. Tenemos tiempo, dinero y energías limitadas. Así que tenemos que elegir cómo utilizamos estos recursos. Debemos saber si gastar el dinero en esto y no en lo otro; así también tenemos que elegir lo que haremos con nuestro tiempo, si usarlo en esta o aquella actividad.

La pregunta no es, si estamos viviendo de acuerdo a prioridades. Ciertamente todas vivimos de acuerdo a un conjunto de prioridades. La pregunta es: ¿Estamos viviendo de acuerdo a las prioridades correctas? ¿Estamos viviendo de acuerdo a las prioridades que Dios tiene para nuestras vidas y para el uso de nuestro tiempo? ¿Estamos usando nuestro tiempo con propósitos definidos, o de manera intencional?

¿O será que simplemente estamos haciendo lo que la mayoría de las personas hacen al pasar por la vida, andar sin un rumbo fijo? Hay personas que solamente reaccionan a las demandas a su alrededor, reacción ante sus circunstancias, reaccionan según vaya su día, en lugar de tener un propósito y ser intencionales en cómo van a utilizar esos momentos.

Vivir una vida basada en las prioridades verdaderamente significa poner primero lo primero. Lo primero es primero. Lo que realmente importa. De todas las opciones que tengo delante de mí— ¿Qué es lo que realmente importa? ¿Qué es lo que más importa ahora mismo? Esta es otra pregunta que tengo que hacerme. Mirando toda la situación en general, ¿Qué es lo que más importa en este momento? Continuamente encuentro que en mi propia vida hay una constante y es que tiendo a darle más valor a las cosas pequeñas en vez de darle valor a la más importante.

La semana pasada alguien me dijo que estaba camino a una de sus clases de maestría. Ella tiene un trabajo de tiempo completo, y aún no se había preparado, es decir, no había leído o escrito todo lo que se le había asignado la semana anterior; algo que debía haber terminado para esta clase. Ella me comentó, “Esta semana todo se ha convertido en prioridad menos lo verdaderamente prioritario. De forma que tenemos la tendencia a enfocarnos en las cosas menos importantes mientras descuidamos aquellas que verdaderamente importan.

Tenemos la tendencia a invertir las prioridades de Dios. Por ejemplo, El orden de Dios es que lo eterno es más importante que lo temporal o que lo inmediato. Pero ¿cuál es nuestra tendencia? Tendemos a invertir las prioridades y le damos más importancia a lo inmediato y temporal; lo hacemos más importante que lo eterno.

Lo que vamos a estar haciendo es tomando la palabra prioridades-p-r-i-o-r-i-d-a-d-e-s- y haremos un acrónimo con cada una de las letras (siguiendo la palabra en inglés: priorities) como forma de ayudarnos a poner en orden nuestras prioridades.

Ahora bien, en primer lugar, quisiera aclarar que no estoy enseñando este material porque entiendo que he alcanzado un gran éxito en el área de mis prioridades o de las prioridades.

Me he encontrado realmente luchando para poder vivir algunos de los aspectos que yo sé que son ciertos acerca de las prioridades. Estoy compartiendo algunos temas que aun me han servido para ministrar a mi propio corazón, debido al proceso que Dios me tiene a mí, en lo particular, aun en este mismo momento.

P-R-I-O-R-I-D-A-D-E-S. Comencemos con La letra “P”- es en esta letra en la que nos queremos enfocar en el día de hoy: perseverando en la oración. La oración.

Orar. Seguramente algunas de ustedes se imaginaban que comenzaríamos por ahí; con la oración. Quizás pensaron que debí haber escogido algo más práctico. Honestamente yo no les hubiera podido recomendar comenzar con algo más práctico que la oración. Porque orar demuestra humildad, y Dios le da gracia a los humildes. ¿Qué es lo que necesitamos cuando sentimos las presiones porque estamos en contra del tiempo y comenzamos a sentirnos abrumadas? Necesitamos de Su gracia.

Cuando yo oro, lo que le estoy diciendo a Dios es, “Yo no puedo manejar esto sin Ti”. El problema está en que nosotras queremos ser capaces de controlar y manejar nuestras vidas, nuestro tiempo, y nuestros horarios. Queremos que todo se ajuste perfectamente, de manera que trabaje a la perfección. Nosotras no queremos pasar por etapas de nuestras vidas cuando estamos siendo estiradas, o cuando estamos siendo presionadas más allá de lo que sentimos que somos capaces de soportar. Pero son precisamente esas presiones, y esos tiempos de estiramiento lo que nos obligan a reconocer nuestra impotencia y nuestra dependencia de Dios. Todo lo que me obligue a ir de rodillas es una gran bendición.

Cuando oramos, estamos pidiéndole a Dios varias cosas. Primero le estamos pidiendo a Dios sabiduría. Estamos diciendo, “Señor, yo necesito sabiduría.” Las Escrituras dicen: “Si tiene falta de sabiduría, pídala a Dios” (Santiago 1:5, parafraseado). Y lo que estamos diciendo es, “Señor, yo necesito sabiduría para manejar mis prioridades, necesito saber cómo ordenar mi tiempo y mi agenda.”

Proverbios capítulo 2 dice, “Porque si clamas a la inteligencia, y alzas tu voz al entendimiento, si la buscas como a plata, y la procuras como a tesoros escondidos, entonces entenderás el temor del Señor, y descubrirás el conocimiento de Dios. Porque el Señor da la sabiduría, de su boca vienen el conocimiento y la inteligencia. (Versículos 3-6)

Así que cuando oro, estoy diciendo, “Señor, yo no sé cómo llevar a cabo todas estas cosas que me están presionando ahora mismo. Ni siquiera sé con certeza cuáles son las que debo lograr. ¿Me darías la sabiduría que proviene de Ti? Porque del Señor viene la sabiduría —el Señor da la sabiduría.

Al orar estoy pidiendo a Dios que me muestre Su agenda y Sus prioridades para mi vida. Le digo: ¿Señor, que es lo que Tú consideras importante para mi vida? ¿Qué es lo que me has dado para hacer? ¿Qué es lo que quieres que yo haga?"

Pablo dice en Hechos capítulo 20, “Toda mi meta en la vida [lo que importa para mí] es poder terminar la carrera y completar la tarea que el Señor Jesús me ha dado: la tarea de dar testimonio acerca del Evangelio de la gracia de Dios”. (Versículo 24, parafraseado)

Pídele a Dios que te de una declaración de la misión de tu vida, para esta etapa que estás viviendo. Pídele que te muestre para que fuiste creada. ¿Cuál es Su agenda para tu vida?

Efesios capítulo 2 nos dice que: “somos hechura de Dios, y fuimos creadas en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas " (versículo 10, paráfrasis). En la eternidad pasada, Dios ordenó una serie de obras, buenas obras, para mi vida. No son el mismo paquete que Él ordenó para tu vida. Cuando estoy orando, estoy diciendo: "Señor, ¿me podrías mostrar qué es lo que has ordenado para mi vida?"

Cuando oramos estamos pidiéndole a Dios que dirija nuestras agendas, que dirija nuestro proceso de toma de decisiones, y que ordene nuestros pasos. Creo que una de las frases más importantes en las Escrituras que se refiere a este tema de las prioridades es una que leemos varias veces en el Antiguo Testamento. Aprenda “a consultar al Señor; y a inquirir en Su trono". Consultar al Señor. Una y otra vez, en la vida de David, vemos que él inquiría al Señor, y le preguntaba a Dios: "¿Cómo puedo dirigir mi agenda? ¿Debo aceptar esta obligación o no? ¿Debo aceptar esta responsabilidad o no? ¿Debo hacer frente a este proyecto o a este otro primero? "

Pidiéndole que ordene mis pasos. . . Una vez que he inquirido, que he estado en su Palabra y en mis rodillas, buscando su corazón y creo que me ha dirigido, entonces puedo confiar en que tendré la gracia para hacer frente a la presión, incluso si esa decisión me abruma.

Cuando fui retada a hacer un ministerio radial dirigido a mujeres, lo que ahora se ha convertido en Aviva Nuestros Corazones, tengo que decirles que me tomó cerca de 18 meses de oración y ayuno. Bueno, yo no ayuné durante 18 meses, pero durante ese período de 18 meses busqué al Señor, estuve en Su Palabra; busqué consejos piadosos durante esos 18 meses. Porque tenía que saber, antes de decir que “SI", que esto era lo que Dios quería que yo hiciera.

Tuve que llegar al punto de estar segura de que este era el plan de Dios para mi vida; que no se trataba del plan de otra persona para mí, sino que era el plan de Dios. Solo así podría estar segura de que cuando las presiones vinieran—como de hecho vinieron y siguen llegando—que yo podía saber a ciencia cierta que habría la gracia para hacer frente a esas presiones, porque estaba segura de que esto era lo que Dios había ordenado para mi vida.

Al mirar la vida de Jesús, vemos a un hombre que era totalmente dependiente de Su Padre celestial, que buscaba a Su Padre para la toma de dirección, para dirección y que se tomaba el tiempo temprano en la mañana para orar, para escuchar a Dios; para preguntarle a Dios lo que debía hacer. Así fue como supo decirles a Sus discípulos en Marcos capítulo 1 “vamos a otro lugar, a los pueblos vecinos”, cuando ellos le dijeron: "Todo el mundo te está buscando". (Versículo 37).

¿Cómo lo supo? Porque Él había estado en oración. Había estado buscando la voluntad de su Padre —había estado recibiendo la dirección de Su Padre. Esto permitió que el Espíritu le guiara en lugar de ser conducido y empujado y tirado por otras personas hacia un centenar de diferentes direcciones.

Cuando oramos, estamos pidiendo a Dios que nos ayude a ser prudentes y disciplinadas y obedientes en la forma en que usamos nuestro tiempo. "Señor, ayúdame a ser diligente, ayúdame a no ser perezosa". Le pedimos que nos dé sabiduría en cuanto a cómo usamos nuestro tiempo.

También le pedimos a Dios que nos muestre cómo hacer malabares con las demandas de cada etapa de la vida, de forma práctica. Debemos pedirle al Señor creatividad. Él no promete que Él hará que sea fácil el hacer frente a esas demandas, pero Él nos promete que Él dará la gracia. A veces pienso que la gracia significa que Dios nos da nuevas ideas y nuevas formas de hacer las cosas que de otra manera nos hubiesen llevado mucho más tiempo. Pídele al Señor que te muestre cómo hacer esto.

El apóstol Pablo nos dice en 2da a los Corintios capítulo 1, "Estábamos bajo una gran presión, más allá de nuestra capacidad de soportar. Pero eso sucedió para que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios. En Él hemos puesto nuestra esperanza y Él nos librará, en la medida que ustedes nos ayudan con sus oraciones. Entonces muchas personas darán gracias por la gracia concedida a nuestro favor, en respuesta a las oraciones de muchos" (versículos 8-11, parafraseado).

Esto me recuerda una estrofa de este himno:


Oh la paz no encontraría, quien comparta mi dolor,
Todo porque no llevamos, todo a Dios en oración.

Annamarie: La verdad bíblica es increíblemente práctica. Nancy Leigh DeMoss nos ha estado ayudando a entender el uso del tiempo a la luz de las prioridades bíblicas. Este mensaje es parte de la serie Primero lo primero, que hemos venido escuchando.

¿No sería maravilloso si pudiéramos hacer una cita con Dios, y que en esa reunión Él nos señalara nuestra descripción de trabajo para el resto de nuestra vida? Bueno, quizás Dios no se comunique con nosotros de esta forma, pero Él sí puede mostrarte Sus prioridades. Nancy nos explicará esto en nuestro próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries. Y mi mamá es una mujer verdadera.

Toda las Escritura fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.



¡Qué amigo tenemos en Jesús! por Joseph Scriven

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